Del dolor y sufrimiento
¿Existe alguna persona que no haya sufrido una pérdida, un desengaño de alguna amistad, una desilusión amorosa, una situación traumática, el dolor de una partida, el quebranto de una despedida, el daño de un despido laboral, la pérdida de los estudios, la realidad de una tragedia física, una penosa enfermedad propia o de un pariente cercano, un perjudicial accidente, o en fin, alguna situación de lo haya sumido en el dolor y el sufrimiento? Yo creo que es difícil encontrarla.
Las huellas de estos traumatismos si no están en la frente están en el alma.
Pero, les invito a reflexionar ahora no sobre lo evidente, sino más bien en las explicaciones de estos dolores y sufrimientos, en las causalidades.
El dolor y el sufrimiento pueden tener como objetivo el desnudarnos.
Las historias de los cambios en el nivel de conciencia que trae consigo un acontecimiento que provoca un intenso dolor en las personas son múltiples. Las hemos escuchado de siempre.
Desde hace mucho asisto a estas experiencias dolorosas, y he podido ver cómo ellas acercan a las personas a nuevas realidades espirituales. Por regla invariable aquellas situaciones que nos parecen unas catástrofes en el momento se convierten en aquellas bendiciones que gatillan nuestra comprensión, nuestro paso a otras realidades, y vislumbramos por fin que de no haber sido por esa situación no hubiéramos accedido a esos entendimientos, a esos estados de conciencia. Comienzan las preguntas que nos mueven siempre y que cuando pensamos que estamos bien se callan y olvidan: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿adónde voy?, ¿quién soy?, ¿qué he hecho hasta ahora?, ¿qué haré?
El sólo hecho de hacerse preguntas ya es sanador. Porque nos va centrando en la búsqueda de las respuestas. Quizás esas respuestas no sean aquellas que queremos escuchar para seguir en nuestra comodidad, en nuestro aprendido acontecer, en nuestros rituales y en nuestros hábitos. Seguramente las preguntas nos llevan a respuestas que conocemos, y que nos dicen los caminos que necesitamos recorrer, y nos enfrentan a la búsqueda de la valentía necesaria para hacerlo.
Entonces, cuando ello sucede es necesario tener fe, una comprensión profunda que lo que necesitamos nos será dado, nos será provisto por Él. ¿Qué padre da a sus hijos piedras cuando piden pan? Entonces, en esos momentos duros, en que somos y nos sentimos vulnerables, cuando nos conectamos con la fragilidad y entendemos que necesitamos al prójimo, es cuando necesitamos tener la humildad de pedir ayuda. Es cuando estamos desnudos, sin nada de lo material, aquello que hemos luchado y luchado por conquistar y ganar; estamos desnudos ante lo insondable, ante lo desconocido.
Necesitamos atravesar la oscura noche del alma, en la que estamos desnudos, y al amanecer saldremos fortalecidos, y para atravesarla podemos pedir a Dios, o a quién creas puede guiar tus pasos, para que te guíe en el camino en esa noche, confiado en que te llevará de su mano prendido al alba, a la claridad.
Al que acompaña al doliente vaya mi aliento en su empeño. Su servicio es sagrado.
Al doliente, todo mi amor.
Por último, un regalo del maestro Khalil Gibrán:
DEL DOLOR
Y otra mujer pidió:
“Háblanos del dolor”.
Y él contestó:
“Vuestro dolor es la irrupción de la envoltura que encierra vuestro entendimiento.
Así como la semilla de la fruta debe romperse para que su corazón se descubra al sol, así debéis conocer el dolor.
Y si pudierais mantener el corazón en asombro ante los cotidianos milagros de vuestra vida, el dolor no os parecería menos maravilloso que la alegría.
Entonces admitiríais las estaciones de vuestro corazón, tal como admitís las estaciones que pasan sobre los campos.
Y velaríais serenamente a través de los inviernos de vuestra aflicción.
Muchos de vuestros dolores los escogéis vosotros mismos. Son la pócima amarga con la cual el médico que lleváis dentro cura vuestras enfermedades.
Por tanto, confiad en el médico y bebed su remedio en silencio y tranquilamente.
Porque su mano, aunque dura y pesada, es conducida por la tierna mano del Invisible.
Y la copa que ofrece, aunque queme vuestros labios, ha sido modelada con la arcilla que el Alfarero humedeció con sus propias y sagradas lágrimas”.
Extraído del libro “El Profeta” de Gibrán Khalil Gibrán
Que el dolor tenga forma de espiral, que se curve, que suba o que baje…
Pero que no sea circular.
Es bonito salir después de un parto.
Cariños, amigo.