Se ha incorporado a nuestro vocabulario un nuevo concepto, especialmente en la juventud, que al igual que otros asuntos incomprensibles y ajenos a nuestra idiosincrasia como el «halloween» están invadiéndonos, para quedarse, y es el de «perdedor/a».
Este es un término estadounidense, que hace referencia a quien en su juventud no es “popular”, no es buen deportista, no tiene éxito con las conquistas con el sexo opuesto, tiene actitudes de timidez, no posee un cuerpo de artista de cine o no tiene simpatía personal. En general, consideraciones externas. Esto se ha trasladado hasta los adultos jóvenes, que corren tras el éxito de manera arrolladora y sin pausas, estableciendo códigos y pautas para dejar atrás a quienes son considerados en esta lucha sin cuartel como «perdedores».
La lucha comienza muy temprano. Pero la limitaré solamente desde el momento en que el niño o niña comienza a dar exámenes para ingresar al colegio o escuela. Lo de antes de eso, incluso lo de antes de nacer de cada uno lo dejaré a su entendimiento. En cada nivel social hay escuelas o colegios apetecidos para los niños y niñas, porque les asegura una cierta condición para ser triunfante en el futuro, como es el pertenecer a un cierto standard socio-económico, una instrucción académica probada como de buenos resultados, y una posibilidad cierta de ascender en la escala de los niveles mencionados.
El opuesto a «perdedor/a» es «ganador/a».
Esto es la piedra angular de la competencia. La competencia despiadada, en que todo se permite con tal de cumplir los estándares del grupo en que se desenvuelve.
Esta competencia despiadada está llevando a niveles de estrés y de falta de comunicación y comprensión alarmantes. Y forma parte de la sociedad chilena actual –y me imagino que de otras también- como un valor irrefutable, que no merece discusión ni cuestionamiento.
Entonces, el niño comienza a los tres años a rendir exámenes, ¡¡para ingresar al jardín infantil!! Y tenemos ya a los primeros “perdedores” y “ganadores”, los que no quedaron y los que quedaron en los establecimientos elegidos por los padres. Y la pregunta mía es ¿y la dignidad del niño o niña, dónde puede quedar al ser sometido a estas evaluaciones? Lo más seguro además es que los padres sean los que se consideren evaluados con la evaluación de su hijo, con las consecuencias previsibles en sus comportamientos futuros.
La base de la competencia es la comparación con otro par. Y todo está organizado para que se cumpla con competir siempre.
Hemos llegado al absurdo de competir hasta en la compra de nuestras sepulturas, incluso con vista al mar. ¡El colmo!
Pero, en el fondo las nuevas palabras tienen que ver con un concepto básico, el éxito.
Analicemos qué es el éxito.
El éxito es una palabra de raíz latina, exitus, cuyo significado es «salida».
La Real Academia Española tiene tres definiciones para el éxito:
1. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
2. Buena aceptación que tiene alguien o algo
3. Fin o terminación de un asunto o negocio
Sin embargo, hay una definición que prefiero personalmente para la palabra éxito, y es «el crecimiento permanente de la felicidad y la realización de metas dignas«.
Normalmente se asocia éxito a riqueza. Eso es lo que se busca en la actual sociedad que compartimos, la riqueza. Esto no es censurable en sí ya que es un comportamiento aprendido por estos lares desde comienzos de los años 1500, en que era el único objetivo aceptable. No es censurable, pero podemos desaprender lo aprendido. Es posible que el éxito traiga riqueza, entendida como el flujo abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros, pero el éxito tiene muchos aspectos y la riqueza material es solamente uno de ellos.
El éxito también está compuesto por muchos otros factores, como son por ejemplo: la salud, el entusiasmo por la vida, la energía, las buenas relaciones, la sensación interna de paz y bienestar, la sabiduría, la comodidad, la libertad, el poder creativo, la estabilidad emocional y sicológica, el tener tiempo, el dar y recibir amor.
Hemos visto que la salud no se compra. Es un estado del ser humano, y se tiene salud cuando la personalidad y el alma van en el mismo camino. Cuando la primera lleva al ser humano a subyugar los deseos y tareas del alma se producen los desequilibrios, que llevan al cuerpo a un nuevo equilibrio, que es la enfermedad. Y conocemos muchos casos en que personas aparentemente exitosas sucumben ante enfermedades desafiantes que no les permiten gozar los tesoros que acumularon a costa de su salud, sirviéndoles ellos para pagar costosos tratamientos médicos solamente. Los casos de muchos exitosos que se han sumido en las adicciones que los han llevado a mundos de oscuridad impensada hacen una buena ruma.
Entonces, la crueldad del nuevo vocabulario, no del soez al cual se ha acostumbrado nuestra juventud y que será la causante de muchos desequilibrios futuros, provocará en ellos un cúmulo de frustraciones que les harán ir perdiendo día a día la alegría que debe primar en el crecimiento, en la exploración de la vida, sumiéndoles en la pena, vergüenza y frustración.
La búsqueda del éxito y el cumplir con los estándares y códigos del mismo nos está llevando a niveles de endeudamiento peligrosos, y asistimos a que el negocio de venta de alimentos ya no es un negocio de venta de alimentos, sino un negocio financiero, al igual que el negocio de vestuario o de artículos para el hogar. Sin embargo, estamos todos en la misma carrera, cual más cual menos, con más o menos ganas, con más o menos recursos para ella, pero todos la corremos. ¿Cuándo dejaremos de hacerlo?
Esto es preocupante porque el hombre está perdiendo la libertad, encadenándose a los compromisos adquiridos, sin posibilidades de emprender aventuras por el peso de estas cadenas, acumulando dosis de frustración y rabia que deben necesariamente buscar su salida. Algunas lo hacen por el cuerpo, otras lo hacen con la agresividad y falta de cortesía con el prójimo. Nos estamos convirtiendo en lo contrario a lo que nos ha llevado como seres humanos hasta este instante y la cooperación, la comprensión y la tolerancia están ausentes de nuestro actuar. Salga a la calle y observe las actitudes de los conductores, de los peatones, de los usuarios de la locomoción colectiva, en fin, de los que nos rodean. Y observe las suyas.
El éxito es vivir en forma armónica con el prójimo, y ello parte con la armonía interna.
El deseo de acumular, de poseer, de atesorar, ¿no será una muestra inconsciente de la sabiduría que tenemos de comprender que todo se va a acabar algún día si seguimos así, y que como competimos siempre tenemos que asegurar lo que creemos es nuestro ante esta inminente debacle?
Hay muchos componentes del éxito, y hay que irlos aquilatando para poder gozarlo.
¡Qué goce su éxito!
Que Dios le bendiga.

Qué razón tienes Luis, estamos en una vorágine de acontecimientos que nos obligan a vivir en constante competitividad con el resto, hasta para las cosas más nimias.
El problema está en “¿quién le pone el cascabel al gato?”. La gente hace de todo por sobresalir, porque si no despuntas “no eres nadie”. Además, ese sobresalir a veces implica pasar por encima de cualquier cosa (incluso generando cadáveres) y por ir más allá, recurriendo a actitudes maquiavélicas que puedan disfrazar mentiras, corrupciones, etc. Es muy muy triste, pero se ha convertido en un tren arrollador que parece imposible parar.
Me carga eso.
Mejor quedarse calladito, y mirar paciente.
Lo que para mí es un éxito en mi vida, para otro puede ser un fracaso. Y no está mal que se piense así. Depende de que habilidades tenemos, y como nos desempañamos en aquello.
Cariños
(p+)
Todo caerá por su propio peso. Con o sin cascabel como señala Gema.
No hay comunidad que haya resistido una existencia basada en pilares corruptos. La historia nos dice que al final sucumbe una sociedad por sus intestinos aunque siglos les haya tomado a algunas, pero colapsaron.
Localmente nuestra sociedad muestra señales de impotencia para detener la corrupción, signo patente de una postura enfermiza por apropiarse de lo ajeno para fines de lucro. De este a oeste, de sur a norte. Es ajena a toda ideología política como dijo la presidenta. Y no basta conformarse con el saberlo.
Pero la génesis de estas actitudes son las que nos deben importar si queremos una sociedad justa, cooperativa, participativa, humanitaria. ¿Porqué se está dispuesto a perder toda dignidad y arriesgar hasta cárcel en el propósito de acumular riqueza y arrollar de paso lo que sea en el intento?
Está enraizado en la conciencia individual. Allí tenemos que hurgar.
Qúe puede hacer un mandatario(a) aplicando leyes y controles si el corazón de sus gobernados está envenenado?, creo muy poco o nada. No estoy generalizando porque hay mucha gente honesta, pero mientras no impongamos la excelencia como ejemplo y que sea asimilada como afán de vida, tenemos para rato así como estamos.
He allí otra posible explicación de la desidia de tanto joven chileno en no participar de la actividad política. Simplemente no hay credibilidad y no se ha logrado aún revertir esa actitud. ¿Creeremos que esto pasa por un tema de inscripción automática o cualidad del voto?
Lo más patético es que veo a diario el despelleje de los que detentan el poder y el de los que lo desean. Codician lo mismo y han transformado esto en una dictadura de sus partidos y muy poco les preocupan sus electores.
Difícilmente veo algún cascabel en el camino…..
adc
Gema, a veces pienso en el caos que se generaría si decidiéramos, a una masa crítica, un buen día, bajarnos del tren. Pero no es el caos lo que me interesa, digo, sino más bien el nuevo orden que se generaría. Pero ello requiere mucha fuerza y valentía, ¿no?
Por ahora es hora de tomar consciencia de lo que nos sucede, para luego actuar.
Que Dios te bendiga.
Paloma, más vale hacerse el de las chacras que andar en coche decían los viejos. Claro està que cada uno debe hacer lo que debe, y lo que es bueno para uno no necesariamente lo es para otro.
Que Dios te bendiga.
Alfonso, hoy participaba en el blog de Emol, en una carta sobre las inscripciones electorales. Creo que un poco de desobediencia civil nos vendría bien. ¿Qué pasaría si la inscripción y el voto fuese voluntario? Piénsalo por un instante. A lo mejor nadie se interesa por inscribirse ni por votar. Entonces eso desligitimaría de inmediato el sistema político y a los políticos que tenemos. Cualquier cosa que sea por la fuerza, impuesto desde afuera, quita libertad, y la participación legitima a quienes nos la quitan.
Para poder ver soluciones a veces es necesario salir del marco en el cual nos desenvolvemos, en el cual estamos cómodos. Y hay que atreverse.
Solamente hay que reflexionar para saber.
Gracias por tu participación. Eres siempre bienvenido.
Un abrazo y que Dios te bendiga