Una de las emociones más complicadas es la culpa. Es que el funcionamiento de la culpa es complicado. La culpa funciona con el pasado, con lo que quedó a atrás. Y funciona simplemente con la mención, por alguien, de que lo que hice, o no hice, dije, o no dije, pensé, o no pensé, sentí, o no sentí, de manera tal que me sienta mal con ello, de manera tal de recordarme lo mala persona que he sido por ello.
La culpa tiene una trampa bastante peligrosa, y es que a veces no es necesario que haya otra persona que recuerde o llame la atención sobre aquello que la gatilla. No, la culpa, frecuentemente, la fabricamos nosotros. La culpa tiene otra particularidad, y es que es paralizante. Vale decir, la culpa puede quitarnos tanta energía vital que lisa y llanamente no podemos movernos desde donde estamos hacia otro estado de mayor bienestar, porque, como asociamos inmediatamente el castigo al delito, buscamos, inconscientemente, el castigo. Esto puede mover a situaciones como la llamada depresión. La culpa nos condiciona.
La culpa funciona de maneras muy alambicadas, y una de ellas es cuando creemos que debemos hacer ciertas cosas por el prójimo. Por ejemplo, he visto como se repite la situación de que hay personas que pasan sus días de víctima por la vida, buscando a quienes contarle lo mal que la pasan, lo malos que son sus cónyuges, lo malos que son sus jefes y compañeros de trabajo, lo descariñados que son los hijos y lo malas que son las nueras, y al otro lado hay personas que les escuchan, a pesar que claramente a éstas les hace mal, pierden su energía vital, gastan su tiempo, o sencillamente se agotan, y no son capaces de decirle a su interlocutor/a que no están dispuestos a seguir oyendo sus penas. Eso es culpa. La culpa se produce al pensar que la persona aquella se sentirá mejor si le cuenta, ya que posiblemente no haya otra persona que la acoja. Entonces, es la culpa la que la controla, y le causa claramente lo contrario a un beneficio. Ahora bien, si usted trabaja de consejero profesional, y a cambio de escuchar a esa persona recibe su merecida remuneración la cosa es distinta. Eso es parte de su trabajo. Pero si no lo es, observe bien, porque es la culpa la que está apareciendo y haciéndola actuar.
La Real Academia Española tiene dentro de las acepciones para culpa las siguientes:
-Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta
-Omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado
-Pecado o trasgresión voluntaria de la ley de Dios
<!–[if !supportLists]–>Nosotros, de acuerdo a la sociedad en la que hemos nacido y nos hemos desarrollado tenemos una serie de normas que rigen nuestro comportamiento. Ese código moral es personal. Y en él caben todas las normas que han regido nuestro comportamiento social, el sexual o incluso el deportivo, por ejemplo. Y estas normas están puestas para ser respetadas. Por algo están allí. Y entonces, cuando los seres humanos pasamos por encima de estas pautas rígidas comienza nuestro maltrato interno. Nos decimos las peores cosas que nos podemos imaginar y nos sentimos merecedores de los peores castigos que se nos puedan dar. Nos imponemos los castigos más duros que podamos.
La culpa es un elemento de manipulación muy potente. En general, al que se quiere manipular se le busca primero alguna acción u omisión que le haga sentir la culpa. Una vez encontrada ya la tarea es más fácil. Cualquier forma de manipulación es detestable, pero aquella que se hace con asuntos dolorosos como la salud o los afectos es doblemente infame. Por ejemplo, cuando se le dice a alguien «por tu culpa sufrió un ataque al corazón», o «por tu culpa cayó al hospital». Es necesario reflexionar al respecto si es que utilizamos estas artes para meter en cintura a alguien. También, pareciera ser que es común aquella de «si me quisieras me comprarías tal cosa, o me llevarías a tal parte», como una manera de comprometer las lealtades afectivas basadas en la culpa de no manifestar el sentimiento de amor como la otra persona quiere que sea manifestado.
La culpa es una herramienta eficaz para someter a las conciencias de los seres más pequeños de la sociedad. La culpa es utilizada por las religiones fuertemente, como un modo de condicionar a las personas.
Todos hemos realizado alguna vez en la vida acciones que, conforme a nuestro código de conducta aprendido o adquirido, son vergonzosas, o francamente execrables. Pero no debemos perder nunca de vista que somos seres en evolución, que estamos aprendiendo, y que somos intrínsecamente buenos, por ser divinos, es decir, hechos a imagen y semejanza de Dios, y que tenemos la facultad de reparar lo causado, por ejemplo, reconociendo nuestro error, si es que hemos causado daño a otro u otros, y pedir perdón.
En mi camino terapéutico me he encontrado con almas de personas muy religiosas, que en vida han pertenecido a movimientos ultra conservadores, que al momento de la muerte, y ante el temor al falso y famoso juicio a que creen nos someterá Dios, se privan de su derecho de irse a la Luz, y se quedan en el plano paralelo, sin pasar al otro estado. El temor al juicio, en el que deberán responder –según sus creencias alimentadas desde pequeños- por la o las acciones detestables que cometieron en vida –acciones inconfesables por lo demás-, y que los llevará directamente al infierno, “donde arderán por los siglos de los siglos”, les fuerza a no ir a la Luz, para quedarse deambulando como ya dijimos. Esto se ha hecho muy común, debido a que muchas personas han hecho cosas que no son confesables por temor a verse excluidos de las organizaciones de sus pares, o simplemente por admitir que pueden no ser merecedores de perdón. Es un asunto doloroso.
El pasado no se puede cambiar. La culpa no lo cambiará. Está ahí. Inmutable. Lo que podemos cambiar es nuestra reacción ante él. Solamente podemos aprender de él, y podemos ser mejores personas, si sacamos el aprendizaje necesario de lo que nos ha pasado y de lo que hemos hecho. Todo forma parte de un todo, del que no tenemos control ni conocimiento y, es posible que lo que hayamos hecho haya servido para nuestro aprendizaje y el de las otras personas involucradas. Dios nos ama y nos ha amado siempre, somos sus hijos, y siempre nos perdona, siempre. Entonces, comencemos por aprender a perdonarnos nosotros y erradiquemos la culpa de nuestro comportamiento, para poder evitar ser manipulados y controlados y poder ser libres finalmente, como Dios quiere que seamos, con todo nuestro poder.
Que Dios les bendiga.
Luis
Realmente la culpa es una emoción complicada de entender, nos atrapa y no nos deja avanzar. He tratado con tu ayuda de liberarme de ella, pero no me ha sido fácil, sé que debo seguir intentándolo y eso me hará bien para vivir en paz.
Te felicito por todos tus artículos, para mí han sido un estupendo regalo.
Un fuerte abrazo
Querida Sole, sin duda que la culpa es un asunto complicado. Y se usa como elemento de manipulación. Hay vidas de esclavitud creadas por algún sentimiento de culpa, en que la vida del «culposo» se convierte en un verdadero calvario, encadenado a algo que ya pasó y no se puede cambiar.
Los que nos criamos en ambientes católicos nos vamos dando cuenta poco a poco la cantidad de culpas que cargamos, por vivir la infancia y juventud dentro de normas rígidas, sin ningún grado de libertad. Pero hace pocos días escuché una culpa que según una persona teníamos, y era la de ser culpables de la muerte de Cristo. No quiero ni imaginar el calvario de esa persona y su nula capacidad de gozar de la vida. ¿Te parece?
Muchas gracias por tus palabras, me alientan a seguir adelante, siempre. Me ayudan a seguir con mi servicio.
Un abrazo y que Dios te bendiga
Uf
Mala cosa ®.
La culpa es una más del grupo de “no fecundo” jaja. creo yo…
He ido trabajando aquello. Asumiendo mi responsabilidad pues.
Mala cosa la religión también con esos JUCIOS valóricos, apesta eso.
Pero bue, concentrémonos mejor en ir trabajando estos defectillos de a poco, con paciencia y amor, para que mejoremos, y puedan ir naciendo en nosotros sentimientos fecundos, que nos ayuden a ser mejores, por nosotros mismos, y por los demás obviamente, claro está.
Una sanidad personal que sea contagiosa.
Bechos!
(p+)
dije como dos veceslo mismo d emejorar, pero anyway, jajaja. Se entiende.
Creo que las religiones captan fieles o más bien seguidores mayoritariamente por la tradición familiar y luego relacionado con lo que tú dices utilizan la culpa para mantenerlos, más aún, me atrevería a decir con mucho respeto por la conciencia y opinión de cada una de las personas que el motivo “insconsciente” de participar de una religión (no digo pertenecer) es culpa disfrazada de la palabra fé. Vuelvo a insistir que lo hago con mucho respecto y con toda la libertad que mi experiencia me permite, nada más que eso.
Ahora voy a comentar algo que es parte de mi experiencia de la que comentaba recién:
Hace algunos años tuve la oportunidad de ver los últimos minutos de vida terrenal a una anciana que terminó muy sola sus últimos días. Fui a buscar a la persona encargada de entregar la extrema unción y fue increíble ver y sentir la liberación,descanso y tranquilidad que esta abuelita logró después de realizado el rito. Como dice la tradición murió en paz, tuvo una transición con mucha calma. Yo en ese momento dí gracias a Dios, pero ahora me pregunto lo siguiente:
¿Que hubiera sucedido si no llega la persona a tiempo a entregar ese servicio?, a lo mejor sucede lo que mencionas Lucho de privarse de ir a la luz y quedarse en un plano paralelo.
¿Puede ser que esta mujer cargara con una culpa por algún acto muy reprochable y tenía la creencia desde pequeña que la única forma de liberarse de esa culpa era a través de la extrema unción?. Agrego que ella podía hablar nada, y tal vez demoraba su transición para que a una de las dos personas que estábamos ahí se nos ocurriera ir en busca de lo que ella necesitaba.
¿Habrá pensado ella que si ya nadie iba a visitarla en esos momentos y que si no se nos hubiese ocurrido llevarle a quien llevamos existía la posibilidad de enfrentar sola a su culpa y de perdonarse a sí misma?
Finalmente creo después de lo sucedido que ella expiró perdonándose a sí misma pero sin darse cuenta.
Que Dios te bendiga, Lucho Flores.
Paloma, eso es, creo yo, de a poco, pero sin desfallecer. Los frutos se verán cuando venga la cosecha. Mientras, a trabajar duro. Para mejorar. Gracias por tus aportes.
Un abrazo y que Dios te bendiga.
Joselo, gracias por lo que compartes. Es bien importante lo que dices. Lo de la anciana es muy decidor. Es posible que hubiera desechado el camino hacia la Luz, solamente por miedo a ser enjuiciada y, lo que puede ser más doloroso, es que su falta, su pecado, haya sido alguna cosa nimia, que no causó daño a nadie, alguna culpa asumida, como por ejemplo por pensar alguna vez en que deseaba que su marido muriera, por ejemplo, y cuando ello sucede se carga con la culpa del deceso. Es duro, pero es así.
Interesante lo que planteas, para reflexionar.
Siempre digo que la reflexión es lo que nos llevará a la comprensión. Debemos atrevernos a ir más allá de las creencias que nos limitan, para aventurarnos a nuevas respuestas, que nos llevarán a otra comprensión. Si cambiamos las creencias se nos abren mundos hoy desconocidos, en los cuales podemos encontrar lo que andamos buscando, y podemos crecer, y comprender, pero ello requiere valentía.
¿Hay algo más difícil que el perdón a nosotros mismos? creo que somos los jueces más estrictos que podemos elegir. Pero, lo dramático, es que somos además los peores verdugos, los más certeros, los más sanguinarios. Nos causamos el mayor daño posible con la culpa, afectando seriamente nuestra salud, y afectando además a nuestro entorno familiar y social. La culpa puede llevar a la producción de enfermedades desafiantes, severas, invalidantes, tal como creemos es el castigo que merecemos por los actos del pasado.
Gracias de nuevo por compartir con nosotros tus vivencias Joselo, son de gran utilidad y ayudan a la comprensión de lo que somos en realidad.
Un abrazo y que Dios te bendiga
Mmm… tengo amplia experiencia en gente cansadoramente quejumbrosa, las mujeres en general se reúnen a quejarse y contar desgracias y miserias … se compadecen, son víctimas, comparan sus problemas y si no tienen uno personal más desgraciado que el de las otras, cuentan el que escucharon en la tele, o el problema de la vecina de la tía, da lo mismo, lo que importa es contar la historia más truculenta … ya no me siento culpable al no escucharlas … debe ser por eso que tengo pocas amigas.
En mi vida he conocido sólo una persona que conoce tan bien el límite de sus fortalezas, que puede ayudar escuchando, es una cualidad admirable, una virtud, salirse del Yo-Yo, él tiene sus propios problemas, como todos, pero siempre está abierto a escuchar y ofrecer ayuda, no sientes culpa al traspasarle un poco de tu propio dolor. No es lo mismo pagar por desahogar los problemas, que sentir que alguien desinteresadamente te ayuda con el peso que te agobia.
Para no sentir “culpas varias”, como en todo, es bueno el equilibrio, ni muy tolerante, ni muy poco.
Mariana, gracias por compartir tu experiencia. Eso nos permite a todos aprender y crecer un poco más.
Interesante lo que mencionas de la capacidad de escuchar, para ayudar. Es un talento deseable. Y lo del equilibrio, siempre todo tiende a un nuevo equilibrio. Desde el desequilibrio al equilibrio.
Un abrazo y que Dios te bendiga
Parece que mis culpas tiene que ver con el “deber ser”. Porque cuando pienso en lo que quiero ser y no en lo que debo ser, me siento libre pero aparece la culpa. ¿?. ¡Estoy entrampada!
Gloria, gracias por tu sinceridad y confianza al plantear tu situación.
Me parece que te estás dando cuenta de muchas cosas, y ello es señal inequívoca de crecimiento.
Creo que no estás entrampada ni nada por el estilo, solamente te pasa que si tomas alguna decisión que implique un cambio va a llevar a alguno que otro dolor, y a veces es más fácil seguir en lo conocido, por conocido, que aventurarse en lo que puede ser prometedoramente bueno, pero desconocido.
Venimos a la vida a ser quien debemos ser, y no tenemos obligación alguna de satisfacer las expectativas de nadie, por más cercano y querido que sea. Solamente debemos ser fieles a lo que somos, y aportando desde ese ser amoroso podremos entregar amor a la humanidad.
Vaya para tí todo mi ánimo y fuerza para que lleves adelante los cambios.
Que Dios te bendiga
Estimado Luis; siento que mi fuerte sentido de culpa no me deja alcanzar algo de paz. Tuve un problema de infidelidad hace un año aproximadamente. Yo y mi esposa nos refugiamos al consejo de un pastor; funciono bien al comienzo. Pero ahora me siento manipulado por su discurso hipermoralista; que me crea mas situaciones de culpa, y mi esposa no pierde oportunidad de atacarme, utilizando el discurso del pastor en mencion.
Espero tu comentario .
Gracias.
Paul, una de las cosas más importantes para poder pasar a otro estado y salir del estado de dolor en que se ha convertido tu vida es antes que nada aceptar lo que sucede, como consecuencia de lo que relatas, sin hacer creer a tí y a los demás que el asunto fue de otra manera, y hacerte responsable de las consecuencias de ello. Aceptación y responsabilidad. Cuando esto se dé podrás entonces tomar las acciones necesarias para encaminar los cambios que necesitas hacer para ir encontrando un nuevo equilibrio.
Sin embargo me pregunto a qué se debe que tuviste que buscar esa experiencia y qué es lo que andabas buscando, y qué esperabas encontrar.
A lo mejor las respuestas a estas preguntas nos llevan ver alguna luz en el camino.
Que Dios te bendiga.
Hola Luis, lei tus conceptos sobre la culpa. He pasado unos meses muy feos debido al suicidio de mi pareja, en nuestra habitacion y a los pies de mi cama. No llego a comprender toda esta situacion, y mi culpa ha crecido desmedidamente y realmente no puedo dar un proximo paso. Gracias por el consejo que puedas darme.
Juan Manuel, gracias por la confianza que manifiestas para contar lo que te ha sucedido. Comprendo tu dolor.
Antes que nada creo que es necesario que reces profundamente por tu pareja. Pide cadenas de oración por ella, para que pueda ver la Luz y pase a ella. Tú personalmente pide a Miguel Arcángel ayuda para que pueda asistirla a ir a la Luz. Puedes rezar la novena del Padre Pío, y pides por su alma, para que haya compasión por ella, para que pueda pasar a la Luz.
Eso como primera medida.
Luego me cuentas cómo evolucionas.
Un abrazo y que Dios te bendiga.
Sin ninguna pretención, El libro de Job ayuda a entender muchas cosas…
Gracias por el dato Molly.