Los automóviles al final de la línea de producción salen todos iguales. Se ven todos iguales, salvo por el color. Incluso huelen iguales. Y tienen el mismo precio.
Cuando un automóvil salido de esa línea sufre un desperfecto en una pieza de él y necesita ser reparado, lo más simple es tomar la pieza, sacarla y reemplazarla por una nueva. La fallada se bota a la basura. Un buen mecánico puede hacer el trabajo en forma rápida, limpia y eficiente, y el automóvil vuelve a la circulación en óptimo estado nuevamente. Los automóviles pueden ser arreglados completamente, y sus piezas pueden ser todas reemplazadas. Los manuales de reparación y sustitución abundan en detalles de su construcción y manutención que no dejan ningún detalle librado al azar.
Esa es la mecánica automotriz. Simple en su complejidad y absolutamente comprensible.
Y la medicina utiliza el mismo procedimiento para analizar e intervenir en el ser humano. Lo considera un artefacto funcional perfecto.
Pero el automóvil, a diferencia del ser humano, es solamente un artefacto formado por muchas partes y piezas que encajan y funcionan perfectamente, pero no tiene mente, emociones ni alma. Entonces, si se saca la pieza que ha fallado y se reemplaza por una nueva o en buen estado, el automóvil sin duda alguna seguirá en operación. Esto mismo es lo que trata de hacer la medicina occidental con los seres humanos. Si no se puede obtener el repuesto de un ser vivo para ser injertado en otro, se diseña y produce lo necesario, igual que un repuesto automotriz.
Volvamos al principio. Los seres humanos no salimos de una línea de producción en serie. Somos producidos de a uno por vez. Con características propias, únicas e irrepetibles. Nuestro cuerpo es único. Nuestra mente es única. Nuestra alma es única. En fin, somos únicos.
Hoy escuchaba por la radio los resultados de sesudos estudios científicos referentes a la causalidad del cáncer de mama, y a los “factores de riesgo”. Lo primero que me llama la atención es que al parecer todas las mujeres del estudio son iguales, es decir, salidas de una línea de producción. Porque lo que analizan es lo que comen, las dietas a las que están sometidas. Eso las diferencia. El asunto cambia cuando menciona el estudio que las mujeres que han tenido parientes cercanas que han sufrido el mal la probabilidad de presentar el síntoma se multiplica por seis. Pero, hay, según el estudio, una buena forma de disminuir el riesgo y es hacer ejercicio. Según el estudio se demostró, si, se demostró, que un porcentaje importante de ellas lo disminuía cuando hacía ejercicio. Fantástico. El cuerpo pasa a una reconversión industrial por medio del ejercicio. De una fábrica a otra.
En ninguna parte del estudio se menciona a la mujer afectada de cáncer de mama como un ente único, con un mundo interno y externo. Nada de eso importa. En ningún momento se menciona su historia de vida, sus creencias, sus costumbres, sus normas y rigideces, sus altibajos, sus emociones, sus amores, sus logros y sus pérdidas. En ninguna parte se menciona por el papel de mujer que ha desempeñado en la vida como madre, compañera, amante, hija, esposa, amiga. Nada de eso importa en el estudio.
La medicina sigue confundida como el mundo. O sigue al mundo en su confusión, o el mundo la sigue a ella. Confunde la correlación estadística con la causalidad.
El cáncer de mama en las mujeres está fuertemente relacionado con las pérdidas. Las pérdidas de los hombres –especialmente- que en la vida han sido importantes. El primer novio –pololo en Chile-, el novio que se fue, el marido que la abandonó, el hijo que se fue para no volver, el marido o el padre muerto, etc. Es notorio que el cáncer se repite en mujeres que han perdido a un hombre importante en su vida. Puede que pasen muchos años, pero el sentimiento, la emoción de la pérdida sigue vigente. Y ello lleva consigo pena, rabia u odio. Emociones desencadenantes de procesos de cáncer.
Quiero detenerme en el asunto del “factor de riesgo” de tener parientes que han tenido cáncer. Ello es cierto. Pero la medicina científica lo busca por la genética. O sea, desde el cómo. Yo lo explico desde una vertiente diferente: los patrones de comportamiento. Eso es explicarlo desde el por qué. Las mujeres de una misma familia poseen el mismo patrón inconsciente de creencias. Y entonces, tienden a repetir los comportamientos. Eligen el mismo tipo de hombre y entonces viven las mismas experiencias que las otras. En una misma familia es común ver cómo se eligen a hombres abandonadores. O a hombres mujeriegos, que tienen y mantienen más de una relación. Ya lo explicaba hace un par de semanas atrás, los seres humanos tendemos a fidelizar con los antepasados, especialmente con uno de nuestros padres, y repetimos sus comportamientos, inconscientemente. La nueva terapia llamada “constelaciones familiares” trabaja precisamente esta realidad que no se ve, para poner en evidencia aquellas situaciones de la familia que marcan la historia de las personas de ella. Ello permite evidenciar los secretos, las realidades ocultas de la familia, para sanarlas entonces grupal y personalmente a la vez, de modo que no se repitan, y que entonces no haya necesidad de fidelizar con nadie para seguir repitiendo los procesos dolorosos.
La medicina seguirá equivocando el camino de la causalidad, y hará contribuciones tan importantes como “el estrés” para explicarse y explicarle a los que les demanda explicación de las causas de la enfermedad. Y confunden a los simples mortales con el avasallador aumento de la tecnología –y de los costos de los tratamientos- como muestras de los importantes logros de la medicina. Pero no es así. No hay que confundirse. Los seres humanos cada día se enferman más y más. Aparecen patologías nuevas y más y más complicadas enfermedades. Para qué vamos a hablar de las llamadas enfermedades sicológicas que asuelan la sociedad moderna y suman cada día más y más sufrientes. No, no nos dejemos confundir con los supuestos avances de la medicina y la farmacopea, porque la enfermedad campea por sus fueros con intensidad y fiereza, sin visos de ser derrotada. Claro, es que se combate y no se comprende. Y he ahí el error de concepto.
La enfermedad no podrá ser derrotada jamás, porque es la manifestación del Alma, que nos advierte que vamos por caminos que no nos corresponden, y que entonces nos habla a veces en voz baja, como cuando nos resfriamos, por ejemplo, o nos grita como cuando aparece el cáncer de mamas.
Y la buena medicina no es igual que la mecánica de automóviles.
Que Dios les bendiga, que nos bendiga a todos
Quedo atento a tus próximas palabras….me evocaste aquel libro de esa mujer que en Valdivia controló y detuvo la enfermedad en una lucha personal digna de un guerrero espiritual.
Un abrazo amigo,
ADC
Buena. Esos estudios no logran “meterme cuco”.
besotes
(p+)
amigo!! cuando termine de leer:
imagine un librito con todos tus textos….
=)
Alfonso, hay muchos casos de mujeres que han sanado de esta cruel enfermedad.
Es importante salir de las estadísticas, como un mecanismo, ya que la mujer antes de manifestar la enfermedad no estaba en ella. Es un buen mecanismo considerar que no se es parte de ella, sino un ser único e irrepetible, con su historia particular.
Hoy he cumplido con lo prometido.
Un abrazo y que Dios te bendiga
Paloma, los estudios “científicos” a mí igual me tienen sin cuidado. Hay algunos tan ridículos que llegan a ser risibles. Detrás de ellos están la industria farmacéutica, la de equipos médicos de alta tecnología, la de insumos médicos, la de clínicas y hospitales y la de muchos inescrupulosos que lucran con el dolor ajeno. Y como hay tantos y tantos seres humanos en el área de la salud, que deben comer, pagar sus cuentas, llevar una familia, pagar estudios de hijos, pagar hipotecas y otras yerbas, que siguen las indicaciones que se van presentando por conveniencia propia se permiten entonces indicar a los simples mortales el camino a recorrer para tener “salud”.
Hay que ser cuidadoso con lo de los estudios. Ayer veía en la TV al decano de la facultad de economía de la UC analizar la hipertensión y la diabetes como enfermedades causadas por la alimentación, y cómo una cadena de comida rápida había incorporado a su menú comida sana basada en vegetales, para combatir dichos males. O sea, los “científicos” venden la pomada de la causalidad y todo el mundo se alínea con esa “verdad” y debe obrar en consecuencia, aunque no se reflexione sobre ello. Esa es la cultura de la sabiduría de etiqueta universitaria incuestionada. Y otro “respetado” ha comprado el asunto que ahora usa para sus propios planteamientos. Notable.
Un fuerte abrazo.
Matías, eso es un sueño. ¿Lo veremos concretado?
Un abrazo y que Dios te bendiga
Por favor explicarme los siguientes padecimientos.
Tengo 56 años, soy escritora y maestra.
tENGO DABETES TIPO 2, HIPERTENCIÓN, SOBREPESO, DOLORDE PIERNAS Y PIE. sOY LA MAYOR DE MI FAMILIA.
Lucía, antes que nada vaya para tí mi paz. Me gustaría ayudarte enormemente, pero creo que en unas líneas simples es bastante difícil. Las enfermedades pueden tener diferentes orígenes, siendo algunas manifestaciones por problemas emocionales, conflictos de la vida sin afrontar ni resolver, creencias en las que basamos la vida, pérdida del poder personal, conflictos no resueltos de otras vidas, intrusiones extrañas a nosotros, disfunciones físicas provocadas por agentes externos, y muchas otras que -es posible- no conozcamos ni atisbemos aún. Por lo tanto, entregarte una opinión sobre las causas de tus dolencias no está a mi alcance y sería una irresponsabilidad el intentar hacerlo desconociendote a tí y tu vida o vidas.
Mi humilde sugerencia es que busques ayuda, para que puedas llegar a darte cuenta del por qué se han manifestado las enfermedades, y desde allí comenzar el proceso de sanación. Observa bien que he usado la palabra proceso, que es la misma para ambas, para la enfermedad y para la sanación, aunque en dirección inversa. Recuerda que al que pide se le dá y al que toca se le abre. No puedes ser la excepción.
Un abrazo y que Dios te bendiga.