Hace unos días escribí sobre el cáncer de mama. Hoy quiero hacer algunas precisiones respecto a esta tan importante afección que dentro de los cánceres es el más frecuente en las mujeres, y tiene una significación impresionantemente profunda en cuanto a la femineidad, a lo que representa el pecho femenino, perfecto, delicado y hermoso, símbolo de la maternidad, y órgano de placer y erotismo.
La ubicación del pecho contiguo al corazón debe darnos la primera señal en el análisis de sus afecciones.
El cáncer de mama se desata, en general, cuando la mujer –cada una única e irrepetible, diferente de todas las otras- sufre una pérdida, como lo explicaba. Entonces, este impacto “se toma a pecho” y, aunque la afectada no lo admita o demuestre, ya que pretende fundamentalmente ocultarlo, no mostrarlo, se vive y sufre interiormente, dentro del pecho. Quiero que observen ustedes que en esta sociedad que hemos construido se asume como un buen valor el no molestar a los demás, el no pedir ayuda. De hecho, su máxima demostración es el éxito de la venta de tumbas –con el argumento de que no hay que dejar preocupaciones a los que vienen- y en menor medida la de seguros catastróficos de todo tipo. Entonces, cuando la mujer sufre una pérdida es alabada la “entereza y valentía” con que afronta la situación y hace gala de un estoicismo a toda prueba. Y esa mujer, por muy enojada o desolada que se encuentre por la realidad –especialmente por el abandono- no se permite expresar sus emociones –otro aspecto que está vedado en esta sociedad racional, y que se considera como valor incuestionable- y entonces tiende a recoger el conflicto en su pecho, el que cubre y esconde con sus brazos y manos, y a la larga se manifiesta en forma indecorosa. Sin embargo la mujer afectada siempre manifiesta una profunda pena, y su tristeza es evidente, perdiendo a ojos vista la alegría de vivir.
Dentro de las pérdidas importantes están no solamente las de algún o algunos hombres en la vida sino también la pérdida de la propia vida, la negación de las habilidades propias, de los talentos personales que no son manifestados en la existencia. Ello puede deberse a muchas causas, pero lo importante es que la mujer no hace lo que debe hacer en la vida como misión de ella, y se deja estar en la situación sin cambiarla. Es posible que ella, por condiciones sociales o personales, no posea la voluntad o energía suficiente para luchar por sí misma. En términos generales el cáncer se manifiesta cuando los seres humanos no logran romper las cárceles de barrotes ficticios que han construido con su sistema de creencias y paradigmas y no manifiesten lo que deben manifestar en la vida, perdiéndola entonces, metafóricamente hablando. ¿Qué es lo que hace que la mujer no reaccione airada ante la situación que le produce tanto dolor o rabia?, ¿el miedo?, ¿el orgullo?, ¿las normas sociales?, ¿imposiciones religiosas?, ¿su patrón de creencias? Cualquiera que ella sea es digno de considerarse y analizarse, aunque sea como un poderosa herramienta de desarrollo personal. Llama la atención que en las monjas haya una alta incidencia de cáncer de pecho. Esto sin duda da para pensar en lo relativo a su vocación, a su verdadero camino en comparación al camino elegido. ¿Qué es lo que ha perdido como mujer?, ¿es ese el verdadero camino?, son las preguntas que me permito hacer en este caso.
Cuando reflexiono sobre esta afección tan importante me asoman como explicaciones de su aparición el deseo profundo de la mujer de endurecer aquello que considera blando, para tomar posición de dureza, de firmeza. La connotación sexual del pecho femenino es evidente y es uno de los atractivos más publicitados, y cuando sucede un abandono o una traición masculina el pecho se encarga de manifestarla, endureciéndose. Y cuando el pecho se pierde por la cirugía se va con él parte de la autoestima de la mujer. A veces me pregunto si no será una forma irredenta de no permitir la llegada de nuevos hombres para emprender nuevas aventuras amorosas que pueden ser dolorosas nuevamente.
Hoy día los esfuerzos de la medicina científica occidental están dirigidos al tratamiento de la enfermedad. Quimioterapia, radioterapia, cirugía extirpadora son los mecanismos más usados. Sin embargo, la medicina no hace ningún esfuerzo por ahondar en las causas de la enfermedad. ¿Es que no quiere herir a las mujeres que presentan la dolencia? ¿O no es capaz de manejar los conflictos que se sospecha pueden ser inherentes a su aparición? Es más fácil culpar a la genética o a la alimentación que introducirse en el complejo mundo de las relaciones personales de cada cual. Y mi pregunta es ¿no es acaso cada uno diferente del otro ser humano?
Hace unos años escuché que en un estudio hecho por científicos del primer mundo del norte se había establecido que el cáncer de mamas se debía a la existencia de un gen específico que portaban todas las personas que habían desarrollado la dolencia. Y entonces, ofrecían a las mujeres sanas a estudiar sus características genéticas para determinar si poseían el mencionado gen. En el caso que lo tuvieran ofrecían una cirugía de extirpación de los pechos como mecanismo preventivo. Me ha parecido esto de una crueldad diabólica, pero es científicamente aceptado. Y pobre de los que manifestamos nuestro repudio a semejante práctica de la medicina occidental.
El cáncer tiene que ver con no seguir el propio camino, aquel que nos comprometimos venir a vivir en esta experiencia terrenal, o simplemente en haberlo abandonado en algún recodo o en alguna bifurcación, para seguir otro que no nos permite realizarnos y ser felices. Estoy seguro que las experiencias que se nos presentan son para nuestro aprendizaje -y como todo proviene de Dios y no hay nada que nos dé que no podamos manejar- y cuando se producen los abandonos –las pérdidas entonces- no son más que experiencias a vivir para caminar en el eterno caminar del aprendizaje para llegar a ver a Dios en todas las cosas, personas y situaciones.
En los tiempos actuales las experiencias se están acelerando. Cada día tenemos noticias de que a muchas personas se les presentan seguido situaciones más y más desafiantes. Ello seguirá así y seguirá acelerándose el proceso de aprendizaje. Y todos debemos aprender, y el que no quiera aprender por las buenas aprenderá por las malas, pero deberá aprender. Y el mejor remedio para el cáncer es vivir la vida valientemente, con voluntad de salir adelante, entendiendo que todo está ahí para que aprendamos, que somos seres individuales, únicos e irrepetibles que tenemos una buena y bendita misión en la tierra, y que debemos cumplirla, honrando nuestro compromiso al venir a este hermoso planeta, encarnados en este cuerpo que llevamos a cuestas.
El camino se transita en forma individual en el espacio del colectivo humano.
Que Dios nos bendiga a todos
yo necesito saber como se minifiesta el cancer de mama a mi a los 25 años me sacaron la mitad de una mama era un nodulo venigno pero ahora noto la otra mama grande y me hice una rx de torx la cual me digeron que tenia pulmon de fumador cuando nunca fume. tengo mucho miedo trabajo en un sanatorio donde se ves eso con frecuencia
Claudia, lo que te puedo recomendar es que acudas lo más pronto posible a controlarte con algún especialista en el tema y comiences un proceso de sanación. Si los necesitas aparecerán los médicos adecuados y los terapeutas necesarios para comenzar a andar por el camino que es necesario que camines. El miedo lo puedes superar actuando. Tu sabes lo que tienes que hacer porque lo has visto en el sanatorio en que trabajas.
Vaya para tí mi cariño y mi amor, y toda la fuerza que necesites para comenzar.
Que Dios te bendiga.