Me sorprendí cuando una gran amiga –amiga de verdad- me envió un e-mail para saludarme por haber sobrepasado las 50 mil visitas en el blog. Mi sorpresa no es por su saludo, ya que ella acostumbra a estos delicados detalles que le dan alegría a la vida, sino por el hecho de la cantidad de personas que se pasan por aquí para leer lo que he comenzado a escribir y a hacer público. Este blog nació sin más pretensión que ser un lugar desde donde dar a conocer algunas ideas, conceptos y formas de ver las cosas para ayudar a la reflexión, ingrediente esencial para poder ser mejores personas, y contribuir a poner un granito de arena de Luz en las montañas que necesita la Tierra.
La vida es un gran regalo y, como regalo que es, es necesario que la disfrutemos profunda y plenamente. Para vivir hacemos un ejercicio físico que no es consciente, como es el respirar. Entonces, la vida la mantenemos inconscientemente, ya que no podemos dejar de respirar -si no me cree trate de no hacerlo-, pero para vivirla plenamente es necesario que tengamos entusiasmo. El entusiasmo que está definido según la Real Academia Española como «Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño» o «Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive» o «Inspiración fogosa y arrebatada del escritor o del artista, y especialmente del poeta o del orador», nos hace ver que es una condición que si está presente permite que lo que abarque se transforme en fuente de alegría.
En los últimos días he conversado con algunas personas con ciertas dosis importantes de infelicidad en sus vidas por diferentes razones, ya sean laborales, materiales, financieras o afectivas, y lo común en ellas es que los cambios a las que se ven enfrentadas son muy dolorosos y difíciles de afrontar. Lo primero en el asunto y que es, diría yo, lo más complicado de todo es aceptar lo que sucede. La resistencia a aceptar lo que ha pasado y seguir fingiendo que las cosas siguen igual que antes es una constante. Entonces, seguir anclado a la ilusión de cómo debieran ser las cosas, o cómo deberían haber sido, causa inmovilismo y las emociones negativas como la rabia, pena o frustración hacen su agosto, con consecuencias poco alentadoras para ellas y su entorno. Entonces, la aceptación se convierte en la bisagra articuladora que abre la puerta para ver una nueva realidad y comenzar entonces a funcionar acorde a esta. Y una vez que aceptamos lo que ha sucedido como hecho cierto, y dejamos de fingir que no ha pasado nada y que todo sigue igual que antes, podemos enfocarnos y tomar las acciones conducentes a lograr un nuevo estado de armonía, y si esas acciones llevan el entusiasmo en su seno su efecto será más rápido, profundo y duradero.
Es el entusiasmo por la vida un ingrediente esencial para realizar las tareas que necesitamos llevar a cabo para que ella sea grata y entretenida, para mantener el poder personal, ya que impide bajar la guardia y perderlo a la vuelta de la esquina o en el noticiero central de las 9 de la noche en el canal favorito, que presagia siempre el apocalipsis en pequeñas dosis.
Acaba de anunciar “la autoridad sanitaria” que después de “exhaustivos estudios” hechos por “expertos en el tema” que la famosa fiebre porcina, rebautizada como influenza humana, no causa ni por asomo las temidas consecuencias que le fueron aventuradamente colgadas, y expuestas y ventiladas a diestra y siniestra por los “expertos investigadores” hace poco menos de un mes, ya que ahora, aseguran, causa menos mortandad que la influenza estacional, que no es otra cosa también que un bonito nombre para el resfrío común, con el cual hemos convivido desde siempre. Toda la parafernalia, la manipulación periodística, la propaganda incorporada a esta situación es la que quita a las gentes el entusiasmo necesario y la va sumiendo en la negatividad y pesimismo. ¿Puede la gente tener entusiasmo si la amenazan que se contagiará si concurre a lugares en que hay mucha gente? Difícil que ello suceda, si lo primero que se hace en el día es subirse a una micro –en cualquier parte de país- o al metro, que van atestados, de bote en bote, y en que la cara del vecino, la boca y nariz mejor dicho, queda a escasos centímetros de la nuestra.
El entusiasmo se pierde con las noticias de la televisión, porque nos sume en la tragedia, en el dolor, en la muerte, en la miseria humana -la física, la mental y la espiritual-, en el miedo y la inseguridad. Las noticias debieran llamarse de otro modo, porque son solamente un compendio de desastres de todo tipo. ¿Podemos entusiasmarnos con la vida después de una hora de desánimo? Y ahora, como eso es poco, existen canales de pago que transmiten noticias 24 horas al día, y repiten hasta el cansancio las tragedias diarias, ya sean verdaderas o creadas, como la de la gripe porcina. ¿Qué sucede si recibimos directamente al cerebro –y sin anestesia- diariamente un par de horas de negatividad pura? ¿Podremos actuar con entusiasmo? Posiblemente algunos lo logran, pero con el costo de un gran consumo de energía personal para sobreponerse a tanta desdicha y desventura, pero la gran mayoría no lo logra. Y quiero que observen bien lo que digo, porque ya nuestra vida está dominada por la desventura, ya que los pensamientos giran alrededor de las enfermedades, de los planes de las isapres, de los exámenes médicos –que ahora incluyen los de rutina-, de la inseguridad, de los seguros, de la violencia, de la muerte, de las carencias y de la maldad del hombre. Poco hay de la esperanza, de la fe en el futuro, de la salud, del cielo azul y el futuro esplendor. Nada de entusiasmo.
No dejemos que nos quiten el entusiasmo por la vida. Reclamemos nuestro derecho a vivir con alegría. Entendamos que detrás de los exámenes médicos de rutina está el negocio de unos pocos que nos convencieron que estar sano no es normal, que algo tenemos que tener de malo, que algo se debe corregir, y que tenemos tal o cual riesgo futuro, y que debemos sentirnos culpables si no pensamos en nuestros hijos, en los sobrinos, en los padres, en el cónyuge o en quién sea, por lo que debemos cuidarnos. ¿Hacerse un examen es cuidarse, si seguimos haciendo lo mismo que hemos hecho por años; si seguimos pensando lo mismo que hace 20; si seguimos en las mismas relaciones tóxicas de siempre con distintos actores solamente; si seguimos pensando en que la vida es injusta; o si seguimos pensando que el trabajo es un sacrificio?
Disfrutemos la vida, con entusiasmo.
Que Dios nos bendiga a todos.
Luis
No dejes nunca de tener ese entusiasmo que te caracteriza y que dan ganas de seguir poniéndole color a la vida.
Este blog para mí ha sido un gran regalo, he aprendido mucho y te felicito por el gran éxito que ha tenido, se que tu espíritu de servicio está siempre presente y que puedo contar contigo.
Gracias por todo amigo, te quiero mucho
Un fuerte abrazo
Sole, muchas gracias.
Un abrazo para tí, y que Dios te bendiga.
cada uno
vive la vida
que puede imaginar!!!!
saludos lucho
M
Saludos.
Ciertamente lo que predomina ante todo es la mala onda, el compartir las neurosis y construir con eso la vida… a veces pienso que es una manera de resolver la vida y de cómo las personas hacen secuestros emocionales de los demás a partir de sus vidas , y no muchas veces como las viven sino como las cuentan,,, Aún así me parece una postura triste para pararse frente a lo que tenemos, y a lo que ni si quiera sabemos pero que de todas maneras debe ser algo bueno, por algo estamos acá…muchos luchan por estar acá y se van …y los que seguimos estamos por algo.
Sin embargo, me parece que lo que tenemos en general lo tenemos todos los humanos, unos pensamos y tomamos la vida para estar bien consigo mismo y los demás , trabajamos por estar bien y otros sólo escuchándose y proyecctando miserias que al fin y al cabo reciben lo que quieren y usufructan de eso. Me parece una opción enferma, pero existe y hay que crear protecciones para que a uno no le dañen….
Nuestra cultura es muy paradojal, en vez de decir lo que sentimos, decimos lo contrario, lo que se ve a diario y que termina enfermando a las personas….uno lo ve a diario,,,
upss,,,,se me ocurren mil, muchas cosas al respecto, por mi área de trabajo estoy atenta a eso y es lo que me ha hecho tomar conciencia conmigo frente a estos temas, reconocerlos en algunos ámbitos y trabajar arduamente para cambiarlos….en fin, por muchas cosas.
Molly
Molly, me alegran tus comentarios, voy aprendiendo con ellos.
Lo importante para sanar es darse cuenta, tomar conciencia, y eso requiere trabajo y valentía.
Un abrazo y que Dios te bendiga