Vivimos un mundo lleno de contradicciones. Por una parte creemos que el progreso traerá felicidad y bienestar a nuestras vidas, y vemos no solamente que ello no es así, sino que a mayor progreso mayor es la brecha entre los que pueden acceder a él y los que no pueden. Con el agravante que este segundo grupo se incrementa porcentualmente día a día. El progreso material nos prometió darnos tiempo libre para poder dedicarnos a ser mejores, a gozar de la vida, a cultivar las artes y el espíritu, pero no solamente no ha cumplido, sino que cada vez nos queda menos tiempo, ya que corremos apresuradamente para obtener recursos para comprar el último adelanto tecnológico, producto de ese progreso. Y ya no hay tiempo para el prójimo ni para nosotros. Por otro lado el miedo a la muerte hace a las personas tener la esperanza de no morir o morir a la más avanzada edad posible, pero se vive en un mundo en que el culto a la juventud valora en nada a la vejez, y nadie quiere envejecer o ser considerado viejo. Esta paradoja de esforzarse en alcanzar algo que nadie quiere tener es digna de Ripley. Así, aumentan vertiginosamente las cirugías estéticas que esconden el paso de los años, brindándonos penosos ejemplos, especialmente de figuras públicas del espectáculo, y aumentan también los profesionales de la medicina dedicados a esta “especialidad” o “arte” del rejuvenecimiento. Pero, el tiempo no puede detenerse, y sigue haciendo su trabajo y junto a la ley de gravedad van modelando los cuerpos. El tiempo equivalente a su peso en oro –difícil medición aquella-, o tiempo igual a dinero es lo que nos va marcando como sociedad. Y se quiere comprar el tiempo con dinero, aunque sea en forma figurada e inútil, como lo es con la falsa apariencia lograda a partir de la cirugía estética. Sin embargo, no se puede comprar el tiempo, y la muerte llega inexorablemente. El mayor drama reside en que estamos convencidos que debemos agotarnos en nuestro período productivo para lograr dinero para prepararnos para el futuro, lo que lleva a que muchos trabajen sin cesar logrando una cantidad de dinero que no podrán gastar y que menos podrán llevarse consigo a la tumba. Eso es ni más ni menos que no vivir la vida aplazándola para el futuro, para más tarde, cuando ya sea efectivamente tarde.
Uno de los peores signos de este mundo que deja de lado el ser humano para manejarse con el criterio del progreso, de la productividad y el crecimiento es el cambio de hora que se hace en algunos países. En Chile, el cambio de hora se institucionalizó en el año 1968, en que algunos iluminados propusieron a las autoridades de turno instaurar un horario de verano, para de ese modo ahorrar energía eléctrica, que era producida exclusivamente por centrales hidroeléctricas, que estaban afectadas seriamente en sus reservas de agua producto de una intensa y prolongada sequía. A partir de ese momento, y hasta ahora, hemos debido sufrir incesantemente el ajustar nuestro reloj biológico dos veces al año. Lo más grave de todo es que nadie ha podido probar el verdadero ahorro –si es que lo hay- de la infausta medida. Es más, establecer si hay ahorro debiera producirse midiendo las situaciones en forma simultánea, lo que es imposible de hacer. Entonces, debemos conformarnos con la palabra de algún o algunos “expertos” que nos hacen creer en la importancia del ahorro de energía eléctrica. Y me pregunto entonces, ¿qué es más importante, el supuesto y no probado ahorro de energía o el existente y sólido ser humano que ve alterado su metabolismo dos veces al año? Hoy, ya dependemos cada vez menos de la producción hidroeléctrica, y ya no hay razones para querer buscar el supuesto ahorro: la producción de energía eléctrica depende cada vez menos de las lluvias.
Las voces de personas estudiosas se alzan cada vez con más fuerza para denunciar la farsa e inefectividad del cambio de hora, así como las consecuencias en la salud de la población. Cuando se produce el cambio de horario de invierno al de verano, debemos adelantar en una hora nuestra agenda para lograr el objetivo de ahorrar energía eléctrica. Pero eso significa levantarse a oscuras nuevamente, como durante todo el invierno, con las inevitables consecuencias de irritabilidad, somnolencia, y cansancio. Diversos estudios en países en que se sigue practicando el cambio de hora muestran que el abrupto corte en el período de sueño que se experimenta tras adoptar el horario veraniego está relacionado con un aumento en la incidencia en las lesiones comunes y graves en los lugares de trabajo. En un estudio en la minería ha probado que en los lunes que siguen a la entrada en vigor del horario de verano aumenta el número de lesiones tanto leves como graves que sufren los trabajadores. Se probó además que los trabajadores duermen en promedio 40 minutos menos. Por el contrario, en los lunes que suceden al cambio de hora normal, es decir, de invierno, no se presentan diferencias significativas en los patrones de sueño, cantidad de lesiones o gravedad de las mismas. Hay también estudios de salud en que se prueba que el organismo se acopla rápidamente a la progresión estacional del horario normal o estándar de invierno mas no al de verano, especialmente en lo que se refiere a los patrones de sueño y actividad. Un médico mejicano especialista en endocrinología advierte que “mientras no haya evaluaciones científicas de la forma en que el cambio de horario impacta la fisiología humana y la productividad en las escuelas, empresas y centros de trabajo, será imposible saber si sus beneficios exceden a los perjuicios que pudiera ocasionar. Cuando uno se habitúa a trabajar en un horario determinado es porque ya ha ajustado su reloj biológico y éste tarda desde dos hasta ocho semanas en acoplarse; en ese tiempo de adaptación disminuye el rendimiento escolar en los jóvenes y el laboral en las personas productivas. Por esto considero que evaluar el horario de verano con una visión única de ahorro de energía es una medida demasiado reduccionista.”
En Chile, se produce el debate de la validez del cambio de hora cada comienzo de otoño y de primavera. Se han empezado a levantar voces de estudiosos como el astrónomo Fernando Nöel, que aboga por abolir la medida del cambio de hora y volver al huso horario oficial de GMT-4, basado en las consideraciones dadas anteriormente, manifestando que la hora oficial debe estar basada en información técnica y no en ocurrencias personales. Debo decir que concuerdo absolutamente con el sr. Nöel.
El progreso tiene como objetivo solamente más progreso. Esa es su filosofía. No busca darnos más tiempo para nosotros mismos o aumentar nuestras dosis de felicidad: nada de eso. El progreso solamente se satisface con más progreso. Y el cambio de hora es parte de él. No está concebido para hacernos más felices o darnos más salud o darnos más tiempo.
Ruego a Dios que las autoridades se iluminen y terminen con la infausta medida del cambio de hora. Pero dudo que lo hagan.
Que Dios nos bendiga.
Acá en Uruguay también se comete esa estupidez de cambiar la hora, y yo me sigo preguntando a quién le sirve.
Niiños que nacen y de pronto les cambian su hora de alimento, ancianos y gente enferma que se vé obligada a cambiar sus ritmos y medicación, acostumbrar al organismo de pronto a otra cosa sin motivo.
Las facturas de la luz no bajan su costo…
Entonces … ??? ”
Dicen que es por el turismo, así están en la playa hasta más tarde …
De las ocho de la noche pasamos de una a las nueve de la tarde y otra vez en marzo volvemos a que son las 7 de la tarde y las ocho de la noche.
Mi locura no entiende la de otros muchos, creo que cada uno carga con la suya pero en colectivo …
Muchos saludos
Ines, lo del cambio de hora es una mala práctica extendida. Y hay muchas justificiaciones, de todo tipo, para poder mantener una medida que al escarbar en ella demuestra toda su insanía.
Ojalá que se tome conciencia que debemos vivir los ritmos normales y no someternos a cada rato a estos arrebatos poco agradables.
Que Dios te bendiga
Estamos ad-portas del cambio al horario de verano.
Los que creen que habrá una hora más de luz deben salir de su ignorancia: esa hora de luz que van a utilizar en la tarde es la misma que no van a disponer en la mañana.
¿Alguna vez comprenderemos que el progreso no tiene más objetivo que más progreso, y pasa por sobre el hombre, arrollándolo en su vertiginosa carrera, y no tiene la capacidad de detenerse para socorrerlo?
Acá en Uruguay ya ocurrió la estupidez anual; una de tantas; el cambio de hora, ya, en Octubre ! asi se descompagina todo, todo se vuelve confuso, y asi se supone que es como debemos vivir.
Cuando tuve que cambiar el reloj, lo primero que pensé fue en este tema del que ya habías hablado el año pasado, lo primero !!!
Bueno, ahora habrá una hora más para tomar mate en la rambla y hacer ruido siempre con algo … y buéh ! o aceptamos que es asi o nos vamos a vivir a otra galaxia o a uno de esos pueblitos en donde no se enteran de nada, felices de ellos.
Un Abrazo !
Inés, lo de otra galaxia parece que no es resorte consciente nuestro. Lo de irse a un pueblito en que el patrón de la hora lo da el ritmo de la naturaleza y de la luz solar puede ser decisión personal. Y ya hay muchos que se bajan del carro del modernismo y lo hacen conscientemente.
Que Dios te bendiga.
Si, hay personas que le pusieron distancia al “progreso” y viven a la “antigua”, y seguro se lo están pasando muy bien.
Por ahora, eso vive en mi fantasía, estar en un pueblo en donde los niños sigan jugando en la calle y el reloj siga siendo el Sol y la Luna.
Abrazos !
Hace un par de días un amigo me decía ¿vámonos a India? Un escalofrío me recorrió la espalda, y no porque encontrara descabellada la idea, sino porque lo he pensado muchas veces…, allá el reloj de seguro es como dices….
Que Dios te bendiga