El movimiento 15-M (15 de mayo) que ha nacido en España ha remecido las bases de ese país. Un fenómeno con todas sus letras. Pacífico, sin líderes identificables, numeroso, transversal, apolítico y antipolítico, contestatario, fuerte y suave, diferente e indiferente, rebelde y revelador, generoso, tolerante, rupturista, moderno. Su convocatoria se ha hecho a través de las redes sociales (tweeter y facebook), en que cada cual se expresa con igual valor que el otro, en un sueño de hermandad cumplido. El movimiento de los indignados agrupa a jóvenes, adultos y mayores, aun cuando el grueso de ellos está en los veintes. Su lema es “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Su reclamo va en contra de la corrupción de los políticos, empresarios y banqueros, lo que se agrava, dicen, por la indefensión del ciudadano común ante la ausencia de un Estado de derecho. Está formado especialmente por los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los que tienen trabajos precarios y por jóvenes desencantados que ven el futuro con preocupación, tristeza y pesimismo. “Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro (cesantía), de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo…”, reza parte de un comunicado de prensa de “Democracia Real ¡Ya!”, una plataforma de internet.
En la madrugada del 16 de mayo fueron detenidos 19 personas que se manifestaban en la Puerta del Sol en Madrid. Al caer la tarde de ese día llegaron no menos de 10.000 personas que a partir de ese día comenzaron a acampar en el lugar. La noche antes de las elecciones se estimó en 80.000 la concurrencia a ese emblemático lugar de la ciudad y de España. Como resultado más inmediato las elecciones fueron un duro traspié para el gobernante PSOE, que bajó en más de 1,5 millones su votación, más de 10%, con relación a la elección anterior. Pero, este movimiento no era en contra de ese partido específico, sino contra el sistema político bipartidista (PSOE y PP), y los jóvenes portaron letreros tan decidores como este: “Mis sueños no caben en vuestra urnas!”. Y con todo esto el movimiento ya ha ganado. Se legitimó. Actuó y produjo resultados.
El movimiento de los indignados ha sido una primera muestra del levantamiento general producido por un cambio de conciencia que se manifiesta a nivel global. Lo que llama la atención es que su aparición se haya producido recién este año, porque la cesantía de los jóvenes de menos de 30 años en España es de más de un 45%, pero desde hace largos años, pero ello tiene relación con la manifestación de ese cambio en el nivel de conciencia colectiva, que ya ha reunido la masa crítica necesaria para producirse.
El fenómeno ha dejado en evidencia algunos aspectos: el descontento de la población ha llegado a alturas indignantes; los partidos políticos no son capaces de canalizar las inquietudes de las gentes; y esas gentes se pueden organizar y movilizar exitosa e independientemente de los medios de comunicación tradicionales, especialmente la prensa escrita. Los medios se enteraban después que se producían las noticias, y estaban ajenos al movimiento, y aún lo están. Llama la atención que uno de los puntos más álgidos está en referencia a los bancos: “¿Por qué hemos de pagar las consecuencias de la especulación financiera ayudando a los bancos a subsistir cuando ellos no conceden apenas préstamos que ayudarían a no cerrar pequeñas y medianas empresas así como a autónomos?
Es un movimiento de bases profundas, alimentadas por décadas por un sistema que ya no da respuestas a las personas, y que se aleja cada vez más de ellas.
En Chile se presentan los mismos síntomas que dieron lugar a este movimiento que tanta solidaridad ha generado en el mundo occidental. Trabajo precario (vea los empaquetadores en los supermercados); subcontratistas en todos los ámbitos y rubros (se evita sindicatos y se mantienen bajas remuneraciones); multiruts ( es decir, que una cadena de supermercados o farmacias con un mismo nombre, logo, giro y accionar tenga un RUT diferente en cada establecimiento: esto hace que sean entonces diferentes empleadores y no haya entonces posibilidad de sindicatos fuertes), personas trabajando una hora el día, sin contrato (es decir sin AFP ni Fonasa), que son consideradas en las estadísticas como personas con trabajo; bancos que logran cifras astronómicas de utilidades; y lo que es peor y más preocupante: una cada vez peor distribución del ingreso. Las cifras macroeconómicas mejoran, como el Ingreso per cápita. Pero lo que no mejora es que un 20% de las cápitas se lleva el 80% del ingreso, y el otro 80% se reparte el 20% restante. Es una bomba de tiempo.
Si somos ciegos a todo esto el movimiento de los indignados va a aparecer. Lo malo será que en un país como Chile la “acampada” no será pacífica, sino que será dolorosa y violenta, porque la idiosincrasia nacional es así: no habla y destruye.
El sistema que hemos creado ya no sirve. No hay equidad. Hay personas que quedan fuera del sistema con demasiada rapidez, y el sistema no espera a que se reincorporen. Pero el sistema es frágil, y basta que Europa, USA o ahora China estornude para que nos pesquemos una pulmonía en Chile. Pero los cambios son inevitables, y vendrán por algún lado, al igual como apareció el movimiento de los indignados en España.
En Chile hemos visto nacer una ola de protestas por lo de Hidroaysén. Partió con una aprobación ambiental hecha por funcionarios públicos obedientes al poder central, lo que constituye un fraude. Aunque sea la institucionalidad que se ha dado el poder político ya desligitima todo lo que sigue. Contra ese tipo de cosas nacieron los indignados. Y nacerán en otras partes.
Requerimos rectitud, seriedad, pulcritud, y como dicen los indignados en España : “…Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas…”
La felicidad de las personas…
Somos todos uno y lo mismo, y cuando actuamos en contra de la Unidad lo hacemos en contra nuestra también.
Que Dios nos bendiga a todos, y nos ayude a ser felices.
A nuestra sociedad le falta mucho por crecer aún. Con un sistema político social que siempre deja personas afuera y con un centralismo imperante y terco, está lejos Chile de crear puentes para la paz social con crecimiento equitativo y ecológico.
No puede una nación con la geografía como la nuestra depender porfiadamente del peso eleccionario central y que en función de éste todo el resto del país respire.
Creo deberá aparecer gente totalmente distinta con deseos de hacer, de crear, de compartir y de empujar para beneficio más amplio, más generoso. Tenemos gobernantes que poco han aprendido de malas prácticas anteriores y siguen subyugados a las jugarretas de siempre: de allí la baja credibilidad y apoyo a la actual gestión de Piñera y su gente. Más de lo mismo de antes con otro tinte.
Los noticiarios dan pena, todos los días lo mismo, enfocados en la página amarilla y la roja, en el pelambre de un político sobre otro y lo que dijo el último y etc, etc; nada productivo como ya vimos el 21 pasado donde los oficialistas encuentran todo maravilloso y los opositores nada nuevo. Más de lo mismo otra vez.
Y de lo anterior las personas estamos cansadas y malhumoradas sobretodo los jovenes que no creen en tanta promesa y quedan perplejos con una desigualdad que no somos capaces de aminorar.
Y cada pueblo con su problema: aquí en Temuco hace 16 años que cada invierno compromete la salud de los ciudadanos por la calidad del aire. Y se sigue quemando y devastando el bosque y se llenan los servicios de la salud atendiendo problemas respiratorios y esta vez hay más promesas y ahora que el problema es la leña seca insuficente o equipos anacronicos.
Cada día la población crece y con ello las demandas de bienes y servicios y queda claro que nuestro esquema no ha sido capaz de ponerse al día; siempre detrás, siempre corto, siempre insuficiente. Creo ya no da para más y de no modificar con firmeza su rumbo se vendrá pronto la indignada chilena que por cierto es bastante bárbara comparada con su simil española.
Y en lo que a HidroAysén se refiere una pequeña observación nada más: no hay credibilidad de las personas en compromisos prometidos respecto de la actitud en beneficio del medio ambiente. La destrucción del medio natural por caminos y edificaciones realizados por nuestra gente es prueba de la falta de conciencia, del respeto al planeta, a nuestra casa. ¿Qué dejará la línea de transmisión en su recorrido monumental de cientos de kms?
A mi parecer hay aún otras alternativas antes de abordar ésta.
Alfonso
Alfonso, gracias por tus aportes.
Coincido contigo en muchas de las cosas que indicas.
Que Dios te bendiga.