Mi profesor José Luis Cabouli ideó una regresión grupal que llama «El espacio entre vidas antes de nacer», en que los participantes pueden acceder a ese tiempo en que se hacen los acuerdos de las condiciones en que se desarrollará y viviremos la vida actual. Podemos entonces lograr información valiosa sobre aspectos importantes de nuestra existencia, como por ejemplo conocer el objetivo de la vida; logros que se esperan concretar; aspectos que serán dificultosos de aprender; aprendizajes que se tendrán; elección de los padres y las razones de esta preferencia; asuntos que serán difíciles de trabajar con ellos; aprendizajes para los padres con nuestra existencia, y otros aspectos importantes de esta vida actual. Este ejercicio es de mucha profundidad y una buena ayuda terapéutica. Los participantes de esta regresión grupal obtienen mucha información de utilidad para la vida y pueden tener tomas de conciencia sobre los por qué de muchas situaciones que han atravesado. Los reportes de las personas que hacen este ejercicio son siempre profundamente conmovedores, porque hablan de asuntos que les tocan profundamente, y les permiten en unos pocos minutos darse cuenta de muchos detalles, algunos incluso ya olvidados de la vida.
En este espacio entre vidas se produce el acuerdo con los padres que tendremos y podemos acceder a alguna información acerca de la calidad de las relaciones que hemos tenido con ellos en existencias anteriores, dándonos cuenta de si hay asuntos que aclarar con alguno –o con ambos- y de si la decisión de acordar la filiación se toma en forma alegre o hay cierta reticencia a hacerlo. Pero al final, el acuerdo es voluntario –recordemos que tenemos siempre nuestro libre albedrío- por todos los actores de esta escena. En un artículo anterior escrito hace algún tiempo ya he tocado esta situación – http://caminosdelalma.wordpress.com/2009/12/24/un-acuerdo-entre-tres/ – y he intentado explicarla en profundidad.
Lo verdaderamente importante es que podemos acceder a esa información almacenada en algún espacio-tiempo que en un estado de conciencia normal es difícil de lograr, y con esa información poder sanar. Esa sanación proviene del darse cuenta de las elecciones que hicimos y honrarlas entonces, y de comprender cómo ellas afectan nuestra vida actual.
Cada uno de nosotros forma parte de un gran concierto universal que está ahora siendo interpretado, en que cada cual toca su propio instrumento, manifestando sus dones únicos e irrepetibles, y ningún instrumento está sobrando y toda la orquesta suena en armonía. Nada es al azar, porque todo tiene un propósito. Entonces esta analogía nos permite entender que tenemos un papel único, y que venimos a desarrollarnos, a crecer a este hermoso planeta, y que si estamos aquí es porque hemos elegido ser testigos y actores de este momento tan importante en la Tierra. Tenemos que descubrir qué es lo que venimos a manifestar como parte de esa orquesta, y es necesario desarrollar nuestra individualidad, y atesorarla para brindarnos a la vida. Es posible que ello sea muy difícil, porque hemos acordado ciertos aprendizajes que se hacen muy dificultosos de lograr debido a que las condiciones en que se desenvolverá nuestra vida lo harán difícil. La elección de la familia en la que vendremos –ya sea monoparental o con ambos progenitores, o también con otro sustituto, o sustitutos- nos pondrá en una situación social, racial, económica, política, religiosa, geográfica o física que nos marcará e influirá poderosamente en nuestras creencias y desarrollo personal, y si todo esto está en abierta oposición a lo que nos comprometimos a manifestar necesitaremos mucha fortaleza para sacarla adelante. A lo mejor todas esas dificultades son precisamente parte de una escena mayor en este concierto en que nosotros y también otros sacan aprendizajes de este ejemplo.
Lo importante en todo esto es vivir de acuerdo a lo que somos y acordamos, y esas son las llaves de la puertas de la salud, de la alegría de vivir y de la felicidad.
Que Dios nos bendiga a todos en la manifestación de lo que somos.
Me encanta el mundo espiritual, me encanta reflexionar sobre la vida e ir salvando los obstáculos que en ella se presentan, aprender, evolucionar… Me encanta todo eso pero no me gusta sentarme a meditar!!!!! El hecho de sentarme en una posición super incómoda para repetir cosas en mi cabeza y que no ocurra nada me tira para atrás. Muy muy muy de vez en cuando lo hago pero me da sensación de ser una hipócrita, como mucha gente que medita y se creen super maestros… Cómo lrches hago entonces? No se si soy la única…
Mas, mientras no aprendas a meditar no podrás saber lo que es. El secreto a lo mejor es no ser hipócrita como los otros que mencionas y ser entonces muy auténtica.
Que Dios te bendiga.