Las caderas forman parte de una región del cuerpo que se siente como insondable. Pertenecen junto a la columna vertebral a la pelvis, en donde se concentra mucha energía. Es la región además de la expresión sexual, donde los dos chakras básicos se localizan y desde donde comienzan a ascender en el camino de la iluminación. En la pelvis es donde alojamos la energía profunda que nos entrega la capacidad de movernos y nos da la necesaria agilidad para la expresión de ese movimiento. Las caderas son entonces las encargadas de la transmisión de ese movimiento y llevarlo a las piernas y se constituyen en el principal apoyo de estas: las caderas son el soporte del caminar, del ir hacia el destino que está esperando.
Las rodillas, el órgano del equilibrio entre la humildad y el orgullo, se doblan hacia adelante. Sus dolencias nos dicen cuando debemos arrodillarnos ante lo que nos pasa. Caemos de rodillas ante el Señor (o el señor o señora), en señal de humildad, y agachamos la cabeza en señal que yo tenemos poder ante Él (o él o ella). La cadera en cambio solamente puede doblarse hacia atrás, y este acto refleja en esta escena la sumisión a Él (o él o ella). En ese acto de caer de rodillas, la cadera se dobla hacia atrás y el tronco hacia adelante, en un acto de sumisión.
Las dolencias a los huesos nos hablan de una profunda desvalorización. Es sabido que muchas veces en los hombres que sufren de cáncer a la próstata –órgano del poder masculino, situado coincidentemente en esta zona pélvica- se presenta metástasis en los huesos, lo que provoca mucho dolor. Esto ejemplifica que el hombre además de sentir que ha perdido el poder sufre una profunda desvalorización interna.
Las dolencias a las caderas –que es un hueso- nos hablan de una parálisis profunda en la expresión de lo que somos. Es tanto que un problema serio a la cadera nos impide movernos. Esa analogía hueso-desvalorización nos lleva a la analogía de la cadera (cualquiera sea el lado afectado) como un órgano de apoyo de las piernas que significa que aquello que creímos era la base más fuerte que teníamos, en lo que nos apoyábamos, es decir las creencias más profundas en relación al recorrido en la vida ya no nos sirven más. Por lo general, y en la analogía de la sumisión, los problemas a la cadera nos dan cuenta de que las creencias que teníamos en la relación con el otro –la pareja- no nos han servido, nos han fallado, y nos quedamos entonces sin apoyo para seguir adelante y entonces nos inmovilizamos, nos paramos, aunque conscientemente no nos demos cuenta. Es necesario además que tomemos conciencia que las dolencias a las caderas inhabilitan para la actividad sexual, que es la expresión máxima de la intimidad con la pareja, y ello significa lisa y llanamente que no se puede seguir adelante con la relación, no se puede “caminar” más, ya no hay apoyo para ello, porque las caderas ya no nos sostienen.
Las caderas representan el órgano del equilibrio entre la sumisión y la independencia, entendida ella como la capacidad de mantener autonomía y libertad para llegar adonde el Alma dice.
Que Dios nos bendiga a todos.