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gripeporcina2Me han preguntado en si estoy seguro o si tengo pruebas del actuar de las compañías farmacéuticas en el publicitado asunto de la gripe porcina. Es claro que si las tuviera no estaría tan campante diciéndolo. Eso es obvio. Y desde acá, desde este lejano país, aislado por accidentes naturales de tono mayor difícilmente podré probar algo relacionado con la manipulación y creación de enfermedades. Y me viene a la cabeza que la mejor manera de seguir ocultando lo que hacen es seguir haciendo dudar a la gente de su proceder y hacer crecer su poder por medio del miedo. Ya lo decía hace unas semanas atrás, antes de que apareciera esta “pandemia” que nos quitaban el poder personal con las amenazas de las enfermedades que vienen, manteniéndonos en vilo, intimidados por la llegada de eventos que no podremos contrarrestar.

En la actividad que desarrollo muchas veces me encuentro con personas que me piden que les demuestre que existe Dios, que les demuestre que existe el alma, que les demuestre que existen las vidas pasadas, que les demuestre que existen las almas perdidas y las posesiones espirituales, que les demuestre que existen las abducciones por extraterrestres, en fin, que les demuestre lo que ellos no conocen. Y yo no tengo ninguna obligación de demostrarles nada. La obligación es de ellos de demostrarme a mí que no existe Dios, que no existe la reencarnación, que no existen las posesiones espirituales, que no existe el Alma, que no existen los extraterrestres que secuestran personas para experimentar en ellas.

Yo sé que Dios existe, y que sin Él mi vida no tendría sentido y, es su problema que ellos no hayan creído para poder ver y darse cuenta de la realidad, aquella que no es evidente, aquella que no se aprecia con los ojos abiertos.

Mientras exista la posición de negar lo que no se puede tocar o ver, mientras estemos en la comodidad de menospreciar al que habla de algo que no entendemos, o mientras nos dejemos llevar por el temor ante lo desconocido seremos incapaces de ver lo evidente. Es común que algunos me expresen su incredulidad en el trabajo con las almas perdidas, por ejemplo, indicándome que son asuntos que les atemorizan y que son cosas que no son de Dios, y por ello oscuras, por ejemplo. Pues esas aseveraciones son producto del temor y de la ignorancia solamente, y por ello se les niega la posibilidad de ser conversadas y menos analizadas profunda y seriamente. Entonces, se les juzga negativamente y se niega su existencia. No existe. Lo dramático es que las almas perdidas son los verdaderos pacientes en el trabajo, almas que no descansan, que no han podido ir al lugar y espacio donde deben ir después que los cuerpos mueren, por múltiples razones, y permanecen en un estado diferente al que debieran, con gran incomodidad y sufrimiento, tanto para ellas como para sus anfitriones. Sin embargo, el trabajo terapéutico de las almas perdidas es uno altamente espiritual, en que por lo general participan ayudando nuestras deidades occidentales, como por ejemplo Miguel Arcángel.

Lo mismo sucede con el trabajo con las abducciones por extraterrestres y las consecuencias en la salud física y mental de las personas. Aunque se niegue su ocurrencia ellos existen y secuestran personas para realizar sus experimentos, y muchos se niegan a contar su realidad ante el embate de sicólogos y siquiatras que lo único que pretenden es internarlos y medicarlos químicamente para “hacerlos entrar en razón y volverlos a la normalidad”.

¿Cómo puedo tener pruebas físicas de la existencia del Alma? ¿Alguien ha pesado alguna? Pero el Alma, sabemos, es lo que somos en realidad, y no puede ser pesada ni mensurada. Pero es lo que somos.

Entonces, los que quieren que les pruebe los asuntos que les hablo se equivocan rotundamente. Son ellos los que tienen que demostrarme a mí de su no existencia. Lo mío es un asunto que va más allá de la fe. Afortunadamente recibí una educación jesuita. Ello me ha permitido aprender a reflexionar. Y eso es, entre otros muchos valores, algo que agradezco a Dios que me llevó a ese camino.

A lo mejor las compañías farmacéuticas no tienen injerencia en el asunto actual de la gripe porcina. Pero puedo permitirme el beneficio de la duda. Especialmente cuando lo que sucede hoy día se une con el poder político que busca solamente eso, el poder. Y más aún cuando en el mundo se necesita urgentemente desviar la atención de los acontecimientos económicos en países con niveles alarmantes de anomalías como es Méjico, donde la corrupción es aterradora, el narcotráfico es imparable, la carencia de millones de personas es inmanejable, y además está al lado de la superpotencia del mundo, del que pone las condiciones de convivencia, y se han autoerigido en la policía del mundo, el vigía de occidente, como dice Serrat.

Debemos reflexionar, en la prevalencia de los casos de gripe porcina. En una ciudad de 20 millones de personas como es Ciudad de México, hay 26 personas que se dice murieron por esta enfermedad. ¡¡¡26 en 20 millones!!! En Estados Unidos el presidente pidió 1.500 millones de dólares al congreso para tomar medidas contra la pandemia. Si llegan a diez los casos de contagiados en estudio en USA es mucho. El reinado del terror elevado a su más alta potencia. En Chile se confirmó hoy en la mañana por el organismo oficial responsable que no hay ni un caso confirmado de gripe porcina, ¡¡¡ninguno!!! , y se sigue hablando de la peor epidemia desde hace 100 años. Y los diarios siguen llenando páginas y páginas dedicadas a esta nueva plaga de Egipto. En España hay dos casos de contagio, y todos los periódicos hablan de la peor epidemia desde el año 1918, y alertan que aquella comenzó lentamente también pero pronto fue inmanejable, y se alegran que la OMS haya subido la alerta de nivel 3 a nivel 4. El Tamiflu se sigue vendiendo como pan caliente y los empleados en las oficinas hacen colectas para comprar vacunas para la influenza, o les piden a las empresas que se las financien, presas del terror colectivo. Recuerdo las historias que se cuentan del terror que se creó en Nueva York el 30 de octubre de 1938 cuando el cineasta Orson Welles creó un radio teatro en que difundió una supuesta invasión extraterrestre y la ciudad entró en pánico. La obra se transmitió en formato de noticiero con despachos de periodistas desde distintos lugares de la ciudad y los ciudadanos se aterrorizaron. Coparon los teléfonos de la policía y de los diarios y radios tratando de inquirir detalles del ataque con gas de los marcianos que habían aterrizado. El estado de Nueva Yersey y la ciudad de Nueva York aterrorizadas. Se repite la historia y la histeria, a nivel mundial.

El negocio entonces es quitarnos el poder y someternos. Ya Orson Welles lo probó aunque de forma aparentemente inocente. Ahora lo hacen en forma orquestada y desembozada.

Y me preguntan si tengo pruebas.

Que Dios nos bendiga a todos.

gripeporcina1Me ha llamado la atención desde hace mucho tiempo la coincidencia entra las campañas de salubridad pública y los anuncios de las pandemias que nos azotarán, de la cual no habrá cómo escaparse y cuyos resultados serán desastrosos para la humanidad. Hace unos años fue la famosa gripe aviar de oriente lejano, hoy es otra cepa de virus llamada gripe porcina. Y todo el mundo sumido en el terror, y sin escapatoria. Nada más amenazador para el ser humano que su indefensión completa, impotentes.

Pero quiero detenerme un poco en lo que ha pasado en estos días.

Un virus, según expresan conspicuos científicos y sesudos expertos en salud pública, que ha mutado en combinación con una cepa de gripe aviar que la hace inmanejable, y que es altamente contagioso y para el cual no existe remedio alguno. Bueno, casi ninguno. El germen causante de la influenza o gripe porcina es el H5N1 que es sumamente agresivo en la industria avícola y se transmite al ser humano con nefastas consecuencias para este último. Incluso se ha tratado de hacer creer que sus consecuencias serán peores que las de la pandemia por virus de 1918, que causó muchas muertes en el mundo entero. Se dice que la influenza aviar de ese año causó la muerte de entre 50 a 100 millones de personas en el mundo entero.

Terrorífico ¿no?, alarmante ¿no?

Claro, y parece que no hay escapatoria posible. Y la figura de la parca se alza majestuosa con sus ropajes al viento y su guadaña en ristre por doquier. Los seres humanos comienzan a ponerse en los peores escenarios, propios y ajenos. Comienzan a ver a sus hijos huérfanos, desvalidos, solos frente a un mundo cada vez más duro y cruel, sin nadie que los proteja -futura presa fácil de los villanos que han conocido en vida y que juegan con ella, con los recursos, con la salud física y mental, y con el futuro de la humanidad- ante su partida inminente al más allá por los efectos de la cruel gripe porcina. Nadie se escapa al miedo creado. Nadie.

¿Pero es solamente el miedo lo que se ha instaurado?

¿De dónde vienen estas cepas de virus? ¿Cómo aparecen? Hoy ha aumentado mi suspicacia sobre estas cuestiones. Hay mucha información en internet de asuntos tan oscuros como los chemtrails, la manipulación de las cepas de virus y los procesos de desarrollo de remedios. Alarmante.

He estado leyendo muchas cosas en estos días y ha comenzado a aumentar mi suspicacia ante este embate del terror, ante este ataque de fuerzas oscuras y malvadas, en forma de virus mutante de características alarmantemente agresivas. Me llama la atención la ocasión, el momento en el que se produce, y lo ávido del sistema del periodismo mundial para incorporarse de lleno a esta noticia de primera plana. Hasta hace una semana el mundo estaba sumido en una crisis económica de magnitudes casi desconocidas. La debacle financiera seguía cobrando sus víctimas por todos lados. Economías entrando en recesión. El desempleo aumentando rápido. Sectores productivos en franca caída. Todo producto de la especulación y de la sinvergüenzura de muchos que aprovechándose del sistema y de los seres humanos que lo conformamos y cegados por su avaricia y orgullo han llevado al mundo a una desestabilización gigantesca. Hoy, eso ha quedado en el olvido, no es noticia al lado de las muertes por la fiebre porcina. ¿Para quién es conveniente ello?

Hoy, las acciones de la industria farmacéutica se han ido a las nubes. Se ha anunciado, al parecer por la OMS –Organización Mundial de la Salud- que un compuesto químico, el Tamiflú, creado para combatir (la medicina siempre combatiendo) la gripe aviar –aquella que iba a causar la muerte de miles y miles de personas hace unos cuatro o cinco años atrás- coincidentemente pareciera funcionar con la influenza porcina y entonces, ¡eureka!, las acciones de la compañía suiza Roche, su creadora, se han disparado. Además, otros dos laboratorios, Byocrist Pharmaceuticals y Novavax, han anunciado que tienen medicinas en fase de experimentación para elaborar un remedio, y ello ha bastado para un fuerte aumento de cotizaciones en la bolsa. Han ganado mucho dinero, y no han producido aún nada. Se agotan las mascarillas, guantes, y otros elementos de protección. Dinero a raudales. A raudales.

La tan publicitada gripe aviar desde que fue graciosamente descubierta hace 10 o 12 años en Vietnam y que iba a sumir al mundo en una espiral de muerte espantosa no ha matado a más gente que un resfrío común desde su aparición. Y, después que se publicitó su capacidad destructiva se produjo la noticia que el Tamiflu era la panacea. Pues bien, este remedio, no solamente no cura la gripe o fiebre porcina, sino que apenas alivia algunos síntomas del resfrío común, y ya está en las bodegas de los sistemas de salud de algunos países y pronto comenzará su entrega, con donaciones de la OMS.

Estamos asistiendo a una farsa más. A una nueva manipulación de quienes ostentan el poder, y no trepidan en lucrar con la sangre de humanos, sometiéndoles de esa manera por el miedo, por el terror.

Ya estamos acostumbrados a esas manipulaciones. Como la de las vacunaciones contra la influenza que hacen a los mayores. Sabemos desde hace muchos años que las vacunas funcionan con las bacterias y no sirven con los virus, por la alta capacidad de mutación de ellos, entre otras científicas razones. Pues bien, cada año, se vacunan a miles de personas de la tercera edad, lo que produce, por un lado, la impresión de una autoridad sanitaria preocupada y atenta, lo que se publicita con todo lo posible, y por otro lado, otra situación sin publicidad, que son los ingentes ingresos para las farmacéuticas que venden las vacunas. Buen negocio para todos. Unos ganan votos –y aseguran sus ingresos- y los otros ganan dinero.

Recuperemos el poder personal y no nos dejemos avasallar por estas manipulaciones que nos quieren llevar a sumirnos en el miedo. Nada más alejado de lo que necesitamos para seguir la vida, como es la fe en el futuro, la esperanza. La maravilla de la vida en el planeta. Unos pocos nos están quitando cada día esa capacidad de creer en el futuro.

Ya no se trata de creer en la bondad del ser humano. Solamente se trata de que comprendamos que no todos son lo buenos que dicen ser, y que la bondad de los que sí lo son les ha servido para fortalecerse y con ello pretender someternos a sus designios.

Espero que Dios nos proteja a todos de estos desalmados modernos.

Que Dios nos bendiga a todos.

foto_medicamentos1Hoy hace un año que este espacio vio la luz. Es un aniversario, el primero. Me he dado un buen gusto al escribir de los temas que me apasionan, con la única finalidad de ponerlos en el tapete como instrumentos de reflexión para llegar adonde se llegue. Ha sido un buen año. Ya el blog está cerca de recibir 45.000 visitas, lo que indica la recepción que ha tenido de parte de todos ustedes, los que leen y hacen comentarios o envían mails.

Ha habido también hitos importantes en mi recorrido, como el de concluir el curso de terapia de vidas pasadas con mi maestro José Luis Cabouli en Argentina, incluidas las nuevas amistades -¿o son antiguas?- que en él hice. El camino se va recorriendo paso a paso, y lo voy disfrutando. También han ocurrido algunos acontecimientos poco gratos, especialmente en lo referente a asistir a luchas de poder mundano que han dejado una secuela de dolor y llanto silencioso de hombres maduros, con heridas que no se quieren restañar. Y eso es también aprendizaje, con dolor. Como el de las semillas que caen en la tierra y deben pasar por el proceso de oscuridad enterradas en ella antes de emerger como nueva y fuerte vida.

Los cambios en la vida son precedidos por períodos de crisis, sean ellas profundas o no. Y siempre después del caos que viene con ellas se producen los nuevos equilibrios, y ahí a seguir con la vida nuevamente. Hoy asistimos a una crisis que por todos lados se trata de evitar o morigerar. Pero es crisis igual, y ella entregará un nuevo equilibrio, diferente al anterior. Ahora bien, el detener la crisis significa nada más que detener los procesos de cambio para que ellos no se profundicen, y seguir entonces en forma parecida a lo que había antes. La crisis trae aparejado múltiples conflictos, y con ellos aparecen emociones como la rabia, el desaliento, la pena, la vergüenza, la frustración y desánimo, los que se van pasando del ámbito personal al colectivo. El desánimo colectivo va haciendo más difícil la salida hacia los nuevos equilibrios, porque se pierde el poder de reacción ante la situación de crisis. En suma, las gentes pierden el poder personal para producir los cambios necesarios para salir del caos.

Sin embargo, muchos aún pretenden que los cambios sean producidos por grandes masas organizadas que presionen en base al poder que emana de su número, para mantener el status quo, perdiendo de vista que la forma de producir los cambios que realmente vayan en beneficio de las personas como individuos y de ahí como colectivo de ellos es en forma personal, cambiando desde adentro, para influir entonces en los otros. Al estar en la masa no hay poder personal, se pierde, se anula.

Ya es un asunto sabido que los sistemas actuales no dan satisfacción a las necesidades de las personas que formamos parte de ellos. Los que están a cargo de los sistemas actuales tampoco dan el alto para ofrecer buenas alternativas que solucionen los problemas existentes. Los sistemas como organización han llevado al planeta a los límites que vemos hoy día. El clima ya no obedece patrón alguno; la contaminación es alarmante; la corrupción alcanza alturas insospechadas; las drogas se convierten en un lucrativo negocio que mueve economías enteras; el mercado de las armas utiliza la sangre humana para llenar billeteras de inescrupulosos de marca mayor; las industrias farmacéuticas nos tienen aterrorizados con las enfermedades descubiertas y las por venir; el poder de influencia de las grandes compañías impide cualquier reacción de cuidado de la ecología y la salud del planeta y sus habitantes dentro de los cuales estamos los humanos, etc., etc. La lista es larga y podríamos seguir gastando páginas y páginas para describir los muchos acontecimientos nefastos para el ser humano.

Las acciones como masas no sirven ya. Están obsoletas. Fracasadas. Debemos reconocer que la única forma de hacer los cambios necesarios parte del propio poder personal, construyendo cada cual su propia realidad, reclamando ese poder y no entregándolo a otros.

Hace unos días conocimos un hecho execrable, como ha sido la colusión de las cadenas de farmacias para fijar precios de medicamentos, dejando de lado la supuesta competencia por captar al consumidor. Esto nos habla del desplome de la ética en el manejo de las empresas. La comunidad reacciona como bloque haciendo un día de boicot a las cadenas de farmacias coludidas. Pero ello no tiene ningún efecto sobre ellas, porque lo que no se compra en ese día se compra al siguiente o subsiguientes. El verdadero efecto se logra con los cambios personales, pequeños, llenos de poder personal, que van modificando entonces el comportamiento y con ello las consecuencias serán mayores en el futuro. Y el verdadero cambio en el sistema debe venir de la comprensión de las gentes que el estado natural que tenemos es el de la salud y no de la enfermedad, como nos quieren hacer creer con sus campañas de marketing tanto las cadenas de farmacias como las compañías de la industria farmacéutica, y que la verdadera felicidad se encuentra dentro de cada cual y no en la pastilla tal o la medicina cual. Esos son cambios verdaderos. Los que están basados en el poder personal. Cuando se tiene el poder personal, y no se le da a una cadena o a una gragea el efecto será notorio y duradero, sin posibilidad de rearticulación de los verdaderos derrotados.

Necesitamos retomar el poder. Necesitamos quitarlo a las organizaciones que nos engañan y no nos dan lo que creemos -inocentemente- que nos deben dar. Las cadenas de farmacias deben más explicaciones a las personas. Una de ellas es el lucrativo negocio que hacen de la venta de las bases de datos de las recetas médicas a la industria farmacéutica, que es usado para gratificar a los profesionales que recetan los medicamentos de su fabricación, y con ello aumentar sus niveles de venta y por ende sus utilidades.

Pero la mayor deuda es a nivel de conciencia. En su colusión con la industria farmacéutica invierten ingentes sumas en campañas de marketing destinadas a quitarnos nuestro poder personal, queriendo hacernos creer que nuestro estado natural es la enfermedad y que nuestra felicidad depende de sus drogas y medicamentos. Eso es lo más grave. Ha sido una campaña silenciosa, soterrada, auspiciada por los laboratorios y sostenida por muchos médicos que inocentemente –o no- nos han bombardeado con la creencia de que el hombre es un ser enfermo por naturaleza, ya sea física o mentalmente, y que las enfermedades se pegan, se heredan, van en los genes y muchas otras monstruosidades que lo único que han hecho ha sido darle un poder enorme a las enfermedades quitándonos el nuestro. Financian a prestigiosas universidades para realizar estudios que demuestran cualquier cosa que quieran demostrar para vender después sus medicamentos, llenando de miedo al consumidor acerca de la nueva o nuevas plagas de Egipto. El asunto es apropiarse de nuestro poder.

En estos días vi un reportaje al mercado de los sicotrópicos y a la creación de falsas enfermedades mentales por los siquiatras en USA –y a los cuales todos en el mundo siguen- que es francamente alarmante. Eso es una muestra más de la forma de quitarnos el poder personal.

Necesitamos nuevos líderes en las empresas y en los gobiernos, nuevas gentes. Hombres nuevos. Gentes con elevados principios, con valores e ideales, con visión de servicio al prójimo, que respeten, valoren, comprendan, apoyen de verdad a las personas, y que les devuelvan el poder personal en vez de quitárselo.

Pero ellos van a llegar cuando comprendamos que sí tenemos el poder personal, el poder para producir los cambios necesarios, y que debemos conservarlo y no entregarlo a otros. Con ese cambio se producirá el cambio en el que comparte al lado nuestro, hasta hacer la masa crítica que produzca lo necesario para el cambio global.

Es necesario cortar lazos con lo que sabemos no sirve, para recuperar el poder personal y sumarlo al de otros. De ese modo somos responsables con la vida que se nos ha regalado.

Que Dios nos bendiga a todos.

cientificoEl advenimiento del materialismo y el método científico siguen sumiendo al mundo en una creciente infelicidad, debido a que en su obsesiva búsqueda de los cómo separan al mundo en porciones manejables a su entendimiento y amaño para realizar en ese ámbito sus experiencias y sacar entonces conclusiones que -arrogantemente- extrapolan a lo mayor. Esta separación, clave de su filosofía, no permite el hombre analizador ver el conjunto, lo global, quedándose en lo particular. Es como que el árbol no deja ver el bosque. Por ello, es que pierde la capacidad de analizar los acontecimientos de su vida en un contexto general manteniéndose en lo particular solamente, perdiendo el sentido de su existencia, subyugándose entonces a las reglas obtenidas por su forma de analizar la realidad y las conclusiones así derivadas. Y la razón no admite en la búsqueda del conocimiento otra forma de acercarse a él, y entonces no está permitida ninguna forma espiritual –o mental si lo prefiere- de adquirirlo.

El materialismo ha ganado la batalla, y ha hecho presa fácil de aquellos que se han erigido a través de los siglos en los encargados de recordarnos que somos seres espirituales, los religiosos, confundiéndoles entonces al mantenerlos en las cárceles de su forma de conocimiento, que no admite otra forma de aproximarse a él. Entonces al perder el hombre la visión global y establecerse en lo particular se llena de sensaciones de injusticia en el mundo. En el ámbito más sensible donde se aprecia este fenómeno que describo es en la medicina occidental, que es al parecer uno de los aspectos que más preocupan e intimidan al hombre moderno. La enfermedad es percibida como un castigo particular, muchas veces enviada por ese Dios castigador al cual se nos enseño a temer, el cual utiliza algún agente identificable–virus, bacterias u otro vehículo-, o alguno no identificable –ADN o el estrés- para enviar entonces el escarmiento por los pecados cometidos.

Esta pobreza a la que nos lleva el materialismo, cuyo estandarte de lucha entonces ha pasado a convertirse la que han llamado imperfección del mundo y de su gente y la desigualdad e injusticia social y material, nos golpea fuertemente impidiéndonos poder mirar el futuro con optimismo y alegría haciendo, por el contrario, que la negatividad se apodere cada vez más de las conciencias de los humanos, impidiendo entonces que las personas hagan los cambios necesarios para acercarse a niveles de bienestar y felicidad.

El método científico, al alojar la responsabilidad de la enfermedad en los agentes mencionados, entre otros, la ha situado fuera del hombre, al cual ha hecho absolutamente irresponsable por lo que le aqueja, sumiéndole en el miedo ante cualquier posible ataque externo. No es concebible para la medicina moderna alguna otra explicación más que agentes externos que actúan por causas desconocidas –de puro malos no más que son, parecen decir los médicos- para causar los daños. A tanto ha llegado el ansia por buscar las razones materiales de la enfermedad que ahora uno de los responsables máximos en los males es la comida. O sea los alimentos son los responsables por las enfermedades que se producen. Y es más, hay sesudas investigaciones, científicas todas, con pruebas de doble ciego incluida, y fuertemente financiadas por laboratorios farmacéuticos o por fabricantes de equipos y suministros de la industria médica, que demuestran que lo que comemos desde los albores de la humanidad, desde que somos humanos en el planeta Tierra, es lo que nos produce los males. Eso lo encuentro inconcebible y sin sustento alguno que no sea el miedo que nos inculcan a cada rato. La investigación siempre va acompañada de fuertes campañas publicitarias, en la cual se invierten grandes sumas, las que se recuperan con los medicamentos que después nos recetan y a los cuales nos esclavizamos, y con los exámenes de laboratorio e imágenes.

Nadie se detiene a pensar que la enfermedad tiene una misión, un objetivo. No, solamente es un enemigo al cual derrotar. Igual que a la muerte. Porque hemos perdido la capacidad de ver el contexto general. La enfermedad no es externa en su origen. Está puesta para avisarnos que es necesario que hagamos cambios en nuestra vida, que nos liberemos de aquello que nos mantiene prisioneros, y que no hay nada malo en ella, ni hay un castigo de Dios. ¿Cómo va a ser concebible que Dios nos quiera castigar, si somos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza? Somos los seres humanos, quienes nos perdemos utilizando solamente la razón como fuente de conocimiento, desconociendo que somos seres completos, indivisibles en cuerpo, mente, alma y espíritu. Es necesario que despertemos y no demos por válido lo que nos dicen, inculcan y machacan por los medios de comunicación. Muchos “serios estudios científicos” no son más que proyectos de inversión que buscan generar beneficios económicos, utilizando para ello bajas maquinaciones –como campañas de terror- y aprovechando nuestra bondad y credulidad en que los que lo dicen son seres revestidos de un aura de solemnidad e integridad a toda prueba. No, no nos dejemos engañar y comencemos a abrir los ojos, dejemos el temor atrás para enfrentarnos a esta ola que todo quiere arrasar despojándonos de nuestra característica fundamental de seres espirituales que somos amados en cualquier circunstancia por Dios, nuestro verdadero señor.

No somos solamente este cuerpo que tenemos. Eso es una ilusión, que cada instante que pasa muere un poco más, hasta que se convertirá en un cadáver, indefectiblemente, lo queramos o no.  Más vale que más temprano que tarde lo aceptemos y comprendamos que lo que verdaderamente somos está más allá de la prisión de este cuerpo en el que nos encontramos hoy día, y que es necesario que sigamos los dictados de nuestra alma para hacer lo que debemos hacer en la vida, para poder tener entonces en el proceso de ella con el cuerpo que llevamos a cuestas una mejor salud, y poder ser entonces responsablemente felices. El materialismo y el método científico no han aportado más felicidad al hombre, porque han pretendido apartarlo de su esencia divina, y mientras permanezcamos obnubilados por sus aparentemente maravillosos resultados técnicos permaneceremos en las tinieblas y no podremos ver la luz. Somos seres espirituales y tenemos derecho a la felicidad y a tener un cuerpo saludable. Reclamemos entonces ese derecho no dejando que sea robado por la ilusión de lo material.

Que Dios nos bendiga a todos.

pendule-oeil-tigreHe recibido en estos días mucha retroalimentación –feedback dirían algunos más propensos a lo anglo- sobre lo que he escrito en estos últimos días. Y esa retroalimentación es directa, en forma de comentarios al blog, llamados telefónicos, mails, chat, y otras formas modernas, y también más sutil, en forma de silencio. Todo me habla, o no, de lo que escribo, indefectiblemente.

El considerar la vida como finita, vale decir con un comienzo material -¿cuándo comienza?, ¿será acaso cuando se produce la invasión del óvulo por el espermatozoide triunfante?, ¿o cuando ya fecundado el óvulo se produce la primera división celular?, ¿o cuando el embrión adquiere alguna característica como el desarrollo del corazón, por nombrar algún órgano funcional?, ¿o cuando se nace?- y un final también material -¿cuándo dejamos de respirar?, ¿o cuando no hay actividad cerebral?, ¿o cuando se dilatan las pupilas?, ¿o cuando se detiene el corazón?, ¿o cuando se ponen rígidos nuestros órganos?- es una simplificación que como ya he dicho conduce a la irresponsabilidad y a las confusiones.

De partida la primera confusión que se produce es aprender a juzgar a las personas, a las situaciones, a los acontecimientos. Y ya esos juicios son culturales, y no nos podemos casi dar cuenta de su importancia. Por ejemplo, el primer juicio que nace con este concepto es el de injusticia. Cuando alguna persona, alguna familia, algún colectivo, algún país o grupo de países, sufren algún acontecimiento traumático, que trae dolor y llanto, lo primero que se hace es tratar el asunto de injusto. Cuando alguna persona, o grupo de ellas, o familia o familias, sufren escasez material, pobreza o dificultades económicas, lo primero que se hace es tildar el asunto de injusto. Que personas sufran es considerado de inmediato una injusticia. Que alguien se quede sin trabajo es una injusticia. Que alguien tenga una desilusión amorosa es injusticia. Que alguien sufra un traspié financiero es una injusticia, que alguien tenga un duelo es una injusticia. Que alguien se enferme es una injusticia. Y entonces, ¿qué es justo?, ¿pasar por la vida caminando por un sendero tapizado por perfumados pétalos de flores, con todas las necesidades y deseos satisfechos, sin carencias, dolores, enfermedades, duelos, dificultades o sinsabores? ¿Qué sentido puede tener una vida así?

Cuando hacemos el juicio de definir algo como injusto definimos lo justo. Entonces podemos inferir que todo lo que pasa es injusticia y al final catalogamos la vida de injusta. ¿Acaso no lo escuchamos siempre como frase de profunda filosofía, en todos los estamentos sociales y culturales?

El tildar un asunto de injusto, fuera de definir lo que sería justo, pone al juez en una posición de Todopoderoso, y ese papel, según mi entender, ya está asignado hace mucho, pero mucho tiempo.

No me cansaré de insistir en que la confusión del juicio lapidario conduce irrefutablemente a la irresponsabilidad. ¿Cómo? Simple. El juicio de lo que es o no justo determina que las personas, cuando sucede aquello que se juzga injusto, se sientan claramente ofendidas, violadas, violentadas, en su pretendida inocencia: “¿por qué a mí?”, “ ¿por qué a ella, que era tan generosa?”, “¿por qué a él, que era tan solidario?”, “¿por qué a aquel, que era tan bueno?”, “no se merecía lo que sucedió”, son algunas de las muchas frases que se escuchan cuando sucede algo que genera lamentos. Incluso la muerte es un hecho “lamentable”. Nos escapamos cada día más de los procesos naturales del hombre para tornarlos desgracias y catalogarlos de injustos.

El hombre es un ser espiritual, que viene a tener experiencias de vida terrenales con el único objeto de aprender. Este camino de aprendizaje, largo en el tiempo, y que requiere de voluntad férrea para seguirlo sin repetir, conlleva muchos errores y también muchas oportunidades para corregir lo hecho, y lo omitido. Diferente es si el hombre acepta el camino del aprendizaje o no lo acepta conscientemente. Este tránsito ineludible es el encargado de que cada uno de nosotros aprendamos lo que hemos de aprender, y el camino es de una justicia que no admite sobornos ni prebendas, ni tampoco atajos, hasta asimilar el conocimiento especialmente duro de aquello que menos queremos aceptar y que más resistencia origina.

Ya he analizado lo inadecuado que resulta analizar la vida como un hecho aislado, en que para algunos el punto de partida es infinitamente más cómodo que para otros, y que a todas luces fundamenta el juicio de lo justo o injusto, entre otros. A veces, escuchamos que es la voluntad de Dios que el orden sea así, y no podemos entonces inmiscuirnos en su decisión. Y entonces viene la pregunta: ¿podrá ser Dios injusto? Claramente, aquel que no considere la existencia de Dios se ahorrará –por ahora- todo el análisis. Sin embargo, aquel que si la considere no podría, ni por un instante siquiera, pensar que puede tener tamaño defecto. Por lo tanto, la vida sí es justa.

Pero veamos qué es lo que la rige además de lo explicado anteriormente como proceso de aprendizaje, y es nada más ni nada menos que la ley de causa y efecto. Esta ley, que en algunas culturas se conoce como ley del karma, determina las condiciones básicas de despliegue de características y condiciones que se han de vivir y superar en la vida terrenal. No es nada más ni nada menos que el equilibrio entre la causa y efecto de los acontecimientos del pasado y los actuales. Una buena pregunta al paciente en la terapia de vidas pasadas cuando se encuentra con relaciones tormentosas en una y otra oportunidad es “¿qué le hiciste antes tú a él o ella?”. Con esa sola pregunta se abren las cortinas de la comprensión de lo anterior que condiciona lo actual: la causa y el efecto.

La ley de causa y efecto es inmutable, ineludible e inevitable. Es la ley del equilibrio. El ser humano deberá con su acción -significado por lo demás de la palabra karma-  enfrentarse a los problemas una y otra vez, hasta que los supere y complete el aprendizaje, y se libere de una vez y para siempre de la rueda de la reencarnación.

La ley de causa y efecto hace que el hombre comprenda y acepte que lo que sucede está bien, y tiene un destino superior, haciéndole completamente responsable de lo que le acontece –y de lo que no le ocurre-, eximiendo al ordenamiento social, o al gobierno de turno, o al sistema económico, o a la globalización, o a la tecnología, o a la crisis financiera, o a los virus o bacterias, o a la pura casualidad- de la responsabilidad por su situación personal, por la situación de la persona del lado, del grupo de más allá, del país aquel o de la raza aquella.  El hombre, avalado por la religión, ha desechado la idea de la encarnación reiterada –del aprendizaje continuo-,  por ser cómodo y no requerir de mayor trabajo. Pero a esta situación, para que pueda convertirse en un análisis, le falta un ingrediente principal, que es la honestidad. Y esta honestidad es la necesaria entonces para asumir la responsabilidad por la vida, por lo que le pasa y por lo que no le pasa, por lo que vive y por lo que no vive, por lo que sufre y por lo que no sufre, por lo que tiene y por lo que no tiene. Esa es la responsabilidad.

La vida es justa. Proviene de Dios, que es amor, que es justo.

No podemos ser tan arrogantes de juzgar su obra perfecta, incluidos nosotros, los hombres.

Que Dios nos bendiga a todos.

sunraysEl temor a la muerte es quizá uno de las emociones más difundidas en los seres humanos de la órbita occidental del planeta. Uno de los primeros traumas que tenemos los hombres es la comprensión consciente que nuestros padres se van a morir algún día. El segundo es cuando comprendemos que nosotros también vamos a morir. Y ese viene casi simultáneo con el primero. Todos sabemos que la muerte llegará algún día, como hecho cierto, sin embargo evitarla es una aspiración secreta, en muchos, y como ello no es posible entonces se hace lo imposible por retrasarla. Asistimos hoy día incluso a una profusión de cirugías estéticas que tienen como misión hacer aparentar que el día del último suspiro sigue tan lejano como cuando teníamos la piel estirada, tersa, suave y firme. Sin embargo, los segundos siguen corriendo raudos y el final está cada vez más cercano. Aunque se quiera desconocer ello.

La muerte se asocia a la vejez, y ella se quiere evitar, casi a cualquier precio. Nadie quiere llegar a viejo. Y sin embargo, cuando el cuerpo se deteriora producto del desgaste de los años, y el desenlace se va haciendo más cercano, se recurre al gran arsenal que posee la medicina científica moderna para mantener los cuerpos con vida, a todo trance. Incluso se mantiene artificialmente a las personas con signos vitales, impidiendo su partida.

La comprensión de la muerte como un fenómeno que se debe evitar, combatir –como bien lo cataloga la medicina científica moderna-, mueve a acciones que pasan a ser ya abiertamente antinaturales, distinto a como la vida y la muerte son.

La cultura religiosa occidental nos ha planteado siempre que cuando muramos podemos acceder al cielo a gozar de los mayores placeres, comodidades y alegrías, siempre y cuando nuestros actos hayan sido del agrado de su dueño –o del o de los administradores designados-, o rescaldarnos por siempre en el infierno, sometidos a los mayores oprobios por su astado patrón y sus feroces secuaces. Esta simpleza, escuchada desde la más tierna infancia, va calando hondo en el hombre, y le va quitando libertad de pensamiento y dificulta su reflexión acerca de qué es lo que hay más allá del instante de la muerte, y el significado de la vida. Lo más dramático de esta simplificación es que creemos que si obramos en la vereda opuesta de lo que se conoce como el bien tenemos nuestro pasaje listo para el caluroso paraje, y no podremos tener nunca más paz. Y mientras más rígido sea nuestro concepto del bien mayores serán las posibilidades de no ser aceptados en las blancas nubes y nuestros nombres no aparecerán en las listas de aceptados.

La muerte no es más que el paso a otro estado de nuestra evolución. Dejamos el plano físico, en el que hemos estado en el cuerpo que hemos creído que somos, para pasar al plano espiritual. Por lo tanto la muerte como tal no existe. Lo que sucede es simplemente que el cuerpo que hemos habitado por tantos años ya no funciona más.

Cuando el cuerpo deja de funcionar deja de vibrar. Y el alma, que ha estado unida a él sigue vibrando a alta velocidad y no puede acoplarse al cuerpo. Entonces sale y comienza su tránsito hacia la Luz. La Luz es todo lo que existe.

Es común escuchar que las personas cuando están cercanas al último suspiro sufren de “alucinaciones”, y ven seres fantásticos a su alrededor, tales como familiares fallecidos antes que ellos, figuras religiosas, santos, ángeles y vírgenes, maestros, seres ascendidos y otros, que vienen a explicarles lo que están viviendo, el proceso por el cual están pasando. Muchos no se atreven a contar estas experiencias por temor a ser ridiculizados por el personal a su cargo, que no comprende esta realidad. Esos seres, las más de las veces familiares queridos que se han anticipado en el camino, tienen como misión acompañar al moribundo en el proceso. Cuando las personas comprenden pueden partir en paz y calma.

La muerte no es un castigo. No. Es un paso más en nuestra evolución.

La muerte no es un enemigo. No. Es parte nuestra.

La muerte es un proceso natural.

El temor a la muerte es lo que nos hace culturalmente evitar conversar e investigar sobre ella. Esta disposición lleva claramente a evitar adquirir el conocimiento necesario para poder dominar y vencer el miedo, y pasar a otro estado de conciencia. Y esta toma de conciencia, este despertar ante esta realidad, nos puede permitir hacer los cambios que necesitamos para ser felices en esta existencia.

Ha habido en los últimos 40 o 50 años mucha investigación acerca del tema que nos convoca hoy, y lentamente la nueva comprensión se va abriendo camino, para entregarnos mayor conocimiento acerca de nuestro destino, de nuestro camino, de nuestro derrotero como almas. Somos seres espirituales que no morimos nunca, y el cuerpo que ocupamos en esta vida es solamente un vehículo necesario para manifestar aquello que hemos venido a hacer como tarea en esta vida, que es como un día en el colegio como dice el Dr. Bach. Y ese cuerpo no somos nosotros. Es lo que vemos exteriormente, nuestro envase. Lo importante es lo de adentro.

Antes de terminar quiero compartir que a lo largo de los años que trabajo con pacientes en terapia de vidas pasadas me he encontrado siempre que una vez que se produce la muerte el Alma se va a la Luz, donde es recibida por seres de Luz, maestros, parientes y familiares, seres bondadosos, llenos de amor, que acompañan al alma a esta, su morada temporal nuevamente, para recibir amor, compasión, cuidados y sanación. Jamás he visto que alguna sea rechazada, discriminada o enjuiciada por lo sucedido en la Tierra. Somos recibidos con amor, la esencia de lo que somos. Como Dios, que es amor.

Que Dios nos bendiga a todos.

reading_x-rayGloria ha hecho algunas preguntas, y la de hoy me he permitido responderla en este espacio, la que comparto:

Pregunta: Luis… Primero que nada te cuento que ya se me pasó el malestar que tenía y ya llevo dos noches durmiendo super bien… Si lo hablara con un medico, me diría que es porque la enfermedad cumplió su ciclo… yo creo que si, pero también hay algo más, asociado a la reflexión y el manejo de las energías… sacando pa fuera la mala onda y resignificando un montón de cosas… En eso estoy ahora…. Pero te tengo una pregunta… ¿porque se enferman los niños?. Ellos son individuos super sensibles y fragiles pero menos enrollados que los adultos… ¿Porque hay niños que viven con alergias o con amigdalitis o con resfrios?. Y las otras enfermedades más raras como canceres, diabetes, meningitis, que son desvastadoras para los niños y las familias… ¿me vas a decir que tienen un sentido “superior”?… porque si es así me parece super injusto. No sé… injusto, doloroso y frustrante… Un amigo me dice que la gente se debe morir de algo, que nadie es eterno y que las enfermedades hay que saber llevarlas… Yo no sé… ¿que opinas tu?

Respuesta: Gloria, me alegra mucho que hayas empezado a recuperar el equilibrio que habías perdido y ello se vaya manifestando en tu cuerpo físico. Claramente la enfermedad cumplió su ciclo, y el médico no se equivocaría al decirlo. La diferencia está en la comprensión de la forma de la sanación que has experimentado, ya que has aumentado tu nivel de conciencia y has permitido a tu sanador que actúe, comprendiendo por qué te habías enfermado. Cuando te das cuenta del conflicto que desencadena el resfrío  los síntomas de este comienzan a remitir.

La enfermedad está ahí con un propósito, y ese es nada más que te des cuenta qué es lo que debes corregir en tu vida, para permanecer en equilibrio. La enfermedad tiene un propósito, y es que aprendas de ella. La sanación necesita cambios, y ellos se comienzan a producir cuando comprendes lo que te pasa. Luego vienen los cambios que requieres hacer en la vida para que no se repitan las situaciones y por tanto la enfermedad. Hacerlos no es fácil, y puede conllevar muchas emociones fuertes como el dolor, por ejemplo. Es más fácil tomarse una pastilla –o dos- y esconder el síntoma, pero sin que nada en la vida cambie, hasta la próxima oportunidad en que debas tomar de nuevo dos pastillas –o tres-, para seguir el ciclo de combatir los síntomas, sin aprender nada de lo que la enfermedad te quiere avisar. Hay enfermedades que susurran, otras hablan alto, otras gritan y otras dan alaridos, diciéndonos que cambiemos.

Interesante lo que planteas de la resignificación. No es una palabra fácil, pero sí comprensible. Y ella tiene que ver con algo muy simple, y es que cuando cambiamos la forma de mirar las cosas las cosas cambian.

Los niños para su desarrollo necesitan energía, la que toman de sus alimentos y de la energía de sus padres. Hasta los cuatro años, aproximadamente, están en plena formación de su sistema de defensa, en que la cercanía con sus padres es fundamental en el desarrollo. Pero, los niños son seres grandes en envases pequeños, con dificultades para manifestarse, para movilizarse, y no pueden ser autosuficientes. Pero son almas a lo mejor mayores que las nuestras, en esos cuerpitos indefensos. Y en ese período están continuamente en procesos emocionales que los pueden hacer vulnerables a la enfermedad, y los adultos tenemos pocas habilidades para observarlos y darnos cuenta de ellos, y son los que afectan a los niños. Además, ellos, al estar tan en contacto con la energía de sus padres, captan los procesos emocionales de ellos, manifestando sus desequilibrios también en sus cuerpos. Los niños pueden sufrir procesos emocionales complicados sin que los adultos se percaten. Basta que los padres salgan en la tarde –en forma imprevista para él- y dejen al niño a cargo de alguien para que se desencadene un conflicto. Es posible que el niño se imagine que está siendo abandonado, olvidado, no querido por sus padres, y se atormente durante el espacio de tiempo de la ausencia de ellos. Eso basta para que a las pocas horas se desencadene un proceso de resfrío, en que se vuela de fiebre, por ejemplo, para levantarse al otro día tan fresco, después de pasar sus padres una noche miserable. ¿No lo has visto nunca eso acaso?

Sin embargo, estoy convencido que cuando los conflictos de los padres son evidentes, especialmente cuando se manifiesta falta de amor entre ellos, los pequeños sufren continuos episodios de síntomas de resfrío. Pero eso es nada más que el conflicto de los padres que el niño hace suyo.

Ahora bien, nadie llega impoluto a esta vida. Eso es un asunto que debemos comprender muy bien para poder analizar los procesos de la vida y por lo tanto de la enfermedad. Nadie es inocente. En nuestras experiencias de vidas anteriores hemos acumulado situaciones que debemos aclarar y equilibrar, que nos llevan en esta vida a situaciones difíciles de manejar, y que pueden claramente incidir en nuestra salud. Por ello, hay niños que desarrollan estas enfermedades que consideras injustas. Hay al respecto más cosas, pero quiero aclarar algo antes de seguir en esta respuesta: la vida no es injusta, no tiene nada de injusta. Todo está bien. Que no nos guste es otra cosa, pero está todo perfecto. Que no lo aceptemos es otro asunto, pero así está dispuesto. Y quizás es una oportunidad que se te presenta para que comiences a cambiarlas, a actuar para que cambien. Es una oportunidad para ti para que cambies, y ayudes a cambiar el mundo. ¿Acaso no necesitamos que cambie?

La noción de justa o injusta nace solamente de la arrogancia del hombre quien juzga a Dios. Dios ha obrado, y nuestra arrogancia consiste en calificar su obra en vez de aceptarla y actuar en consecuencia. Volvamos a la enfermedad de algunos niños, que son en apariencia injustas. Si consideramos la vida como estamos acostumbrados, vale decir con un concepto finito que va desde la fecundación hasta la muerte física, obviamente que nos parecerá injusto el sufrimiento o el dolor o la enfermedad o la pobreza o la riqueza o la soberbia o la muerte, ¿verdad? Nos preguntamos permanente y duramente ¿por qué a mí? o ¿por qué a ese niño o niña? Sin embargo, si comprendemos que no morimos nunca, que lo que muere es nuestro cuerpo solamente, y que tenemos diferentes existencias para aprender, para conocer a Dios en todo y en todos, para algún día terminar el proceso y volver definitivamente a Él la vida adquiere otra dimensión, y podemos entonces entender el proceso y el papel que podemos estar jugando en esta vida. Nada es injusto. Todo es perfecto. Y está puesto para nuestro aprendizaje solamente.

Quiero que observes lo siguiente: la comprensión occidental que tenemos de la existencia es que después de la muerte se acaba todo, y ya no hay nada más que un juicio en que “alguien” determinará si vas al cielo, a gozar eternamente, o al infierno a consumirte por el fuego eternamente. Siendo esto así no hay posibilidad de reparar, de equilibrar, de aprender. ¿Qué sentido tiene entonces nacer, vivir y morir? ¿Qué de trascendente tiene todo ello? Y si naces pobre, ¿por qué no naciste rico?; y si naces enfermo, ¿por qué no naciste sano? Claro, si miras la vida en esta finitud será siempre injusta.

Es posible que el niño o niña que sufre un proceso de cáncer esté ayudando a sus padres a aprender algo –humildad, por ejemplo-, o esté aprendiendo él lo que es vivir en esa condición porque no ayudó en otra vida a alguien en la misma situación. O bien porque necesita aprender de ello porque en la próxima experiencia será un connotado investigador de esa enfermedad, y podrá llevar alivio a muchos de sus semejantes. ¿Quién sabe?: solo Dios. Y he ahí donde ha estado nuestra arrogancia, al juzgar su obra. Todo proviene de Dios, Él sabe los porque. Y puede haber mil razones para ello. Siempre me emociono cuando escucho de padres que han desarrollado artefactos o medicinas para sus hijos enfermos que después han servido para otros millones de niños del mundo entero. Esos niños y esos padres cumplieron su misión y llevan alivio y amor a la humanidad. Recuerdo que me contaron hace años que la silla de ruedas la diseñó un padre para su hijo que sufría de polio, y aún me emociono. Imagínate la misión de ellos en esa existencia. Regalaron amor, a partir de su sufrimiento.

El dr. Bach dice: “…tenemos que darnos cuenta de que nuestro breve paso por la tierra, que conocemos como vida, no es más que un momento en el curso de nuestra evolución, como un día en el colegio lo es para toda una vida, y aunque por el momento solo entendamos y veamos ese único día, nuestra intuición nos dice que nuestro nacimiento estaba infinitamente lejos de nuestro principio y que nuestra muerte está infinitamente lejos de nuestro final. Nuestras almas, que son nuestro auténtico ser, son inmortales, y los cuerpos de que tenemos conciencia son temporales,…”

Todos morimos. Recuerda que andas con un cadáver a cuestas. Eso que crees que eres tú, tu cuerpo, algún día morirá. Pero eso que eres tú, tu Alma, lo que de verdad eres, habitante de ese cuerpo, no morirá nunca. Y nuestra misión en cada vida es servir, dando amor al prójimo. Y el prójimo somos todos, incluida tú, y yo.

Que Dios nos bendiga a todos.

Asma

hoguera-san-juanEl asma se caracteriza por ser una sobrereacción. Esta sobrereacción hace que el asmático tenga plena normalidad para tomar el aire hacia sus pulmones, pero sea incapaz de soltar el aire hacia afuera de ellos. Es más, al exhalar pueden sentirse con pánico. El asma se relaciona con la respiración, y es una muestra ejemplar del doble juego de ella, igual al dar y recibir.

Sin duda alguna el respirar nos relaciona con el contacto. Los pulmones son órganos de contacto, el que no podemos evitar. Definitivamente debemos oler lo que no queremos, u olemos cuando algo no anda bien, o anda de maravillas: “esto huele mal” o, por el contrario,  “esto huele bien”. En el caso del asma la persona siente un ahogo intenso, y siente que pone en riesgo su vida, y no puede soltar el aire hacia afuera. Observe la sintomatología: no puede soltar el aire. Pero siempre trata de absorber aire, jadeando y se produce una silibación al soltarlo.

Se asocia el asma a la dificultad que tiene el paciente para dar, para soltar. El necesario equilibrio entre el dar y el recibir está alterado, toma más de lo que necesita, incluso cuando debe dar trata de tomar aún más, pero es incapaz de soltar. Al parecer, la incomprensión de la necesidad de dar para recibir, y de recibir para dar, lo lleva a acumular por no saber dar y con ello no puede volver a tomar el aire que tanto quiere. Como no da no puede volver a recibir. Cuando hablo de dar y recibir no solamente me refiero analógicamente a lo material. Puede darse en varios planos: emocional, material, laboral, amoroso o de relaciones, u otro. Ya hemos hablado en otras oportunidades de la necesidad de comprender el ritmo de la vida y el dar y recibir como complementos, que cuando se equiparan conducen necesariamente a la abundancia. El aire es abundante y está disponible para todos, sin embargo, el asmático lo toma pero no lo puede soltar.

Para una mayor comprensión de esta situación cabe preguntarse simplemente ¿en qué áreas de la vida quiero tomar –y tomo- sin dar?, ¿qué área de mi vida no está en equilibrio entre lo que tomo y lo que doy?

En la TVP se da a menudo que muchas situaciones de asma se ven solucionadas con la exploración de una vida pasada en que ocurrió una muerte traumática. Esta muerte requiere ser elaborada terapéuticamente, para vivenciar las emociones no elaboradas completamente, de modo de liberar al paciente de esa experiencia que se repite en esta vida impidiéndole la vida normal. ¿Cuáles son las muertes traumáticas más comunes en casos de asma? Una de ellas es la muerte en la hoguera. En este caso la muerte no se produce por el fuego, sino que por asfixia por el humo que se inhala. Esta situación deja una huella tan profunda en el paciente que asocia algunos acontecimientos como conducentes al mismo desenlace pasado, y se desatan las emociones que conducen a tomar aire y a no soltarlo, para no consumir el pesado, caliente y asfixiante humo producto de la hoguera. Otra situación similar son las muertes en incendios. Otra en cámara de gas. O intoxicación por inhalación de productos químicos, que puede ocurrir en situaciones laborales de manipulación de los mismos o en guerras o en experimentos. También se da la situación en muertes por ahogamiento en agua, ya sea en la mar, el río o el lago. Otras situaciones pueden ser muertes por degollamientos y decapitaciones. Entonces, lo que sucede en esta vida y que desata el episodio de asma es que la persona vivencia las mismas emociones que experimentó en la vida anterior, y que formaron parte del proceso del suceso que las llevó a experimentar la muerte en forma traumática.

También el asma se asocia a un deseo de dominar a otros o un rechazo a ser dominado por otro u otros. Es como un grito de alarma que indica la necesidad de soltarse de las garras de aquel o aquellos. Sin embargo, su carácter doble, de tomar y dar, funciona como una trampa, porque nos habla de la necesidad imperiosa de estar con el causante de la situación, y de liberarnos de él.

El asma se asocia fuertemente con la alergia. Y es en este caso cuando adquiere su manifestación, ya que la alergia es una sobrereaación, una manifestación de profundo rechazo al otro, y es en esta violencia donde se expresa la alergia.

El asma, en fin, es un síntoma que podemos relacionarlo con el amor. El individuo asmático tiene necesidad de amor, lo requiere con ansias –por eso es ansioso-, y lo inspira profundamente. Sin embargo, no puede dar amor, no puede soltarse ni soltar su ansiedad, y tiene problema para soltar el aire.

Una adecuada terapia para tomar conciencia acerca de los miedos inherentes a su existencia puede ayudar al paciente asmático a asumir su enfermedad, a comprenderla y por fin, tomando conciencia de sus problemas, pasar a otro estado, en que no habrá necesidad de retener, equilibrando en dar y el recibir, reencantándose con la vida.

Que Dios nos bendiga a todos.

 

Dioses del Olimpo

olimpo3Hace un par de días conocimos un video tomado con un celular sobre una intervención de urgencia en una paciente moribunda efectuada por un médico en el hospital de La Calera. En dicha atención el médico tratante procedió a intubar a una paciente de 76 años, quien estaba en muy malas condiciones físicas producto de un paro cardiopulmonar. En un minuto y 23 segundos se aprecia la maniobra y el pedido del médico de ser grabado, y al cabo de su maniobra, que dura quince segundos, es aplaudido por el personal, en medio de carcajadas generales.

Al ser el médico enfrentado por una hija de la paciente le expresó que él no había hecho la grabación y le recordó que él le había salvado la vida a la  su madre.

Para hacer declaraciones a la prensa sobre lo acontecido el médico solicita diez millones de pesos, según un escrito dejado en el hospital donde trabaja.

Hoy  él y el equipo enfrentan una querella en tribunales por violación de privacidad.

Lo anterior es una muestra de lo que ha llegado a ser la práctica de la medicina por algunos médicos y por el personal asociado a su labor. La indolencia y nula conexión con el paciente, y el afán de lucimiento personal, un ego cultivado y elevado al Olimpo producto de la toma de poder desde los pacientes al tener la facultad de administrar drogas y ordenar tratamientos terapéuticos, sin atisbos de compasión ni amor por el prójimo, ni mucho menos servicio a otro ser humano.

Un artista tecnológico en el escenario de una sala de urgencias, con un público cautivo ávido de demostrar su admiración ante tamaña muestra de habilidades, pero practicando en un ser de su misma naturaleza y condición, humano y mortal por lo tanto, el cual es considerado solamente un instrumento de experimentación.

El sumum de la actuación viene después de finalizada, cuando el público es otro, y que le reclama la falta de probidad, al cual expresa que no se debe olvidar que le salvó la vida a la paciente. Es decir, el sólo hecho de realizar una maniobra técnica para la cual ha sido entrenado y que conlleva mantener con vida un cuerpo le hace pensar que tiene derechos divinos para hacer lo que se le venga en gana, y además, una vez más, subirse al pedestal para hablar a los inferiores en las condiciones que estime.

La medicina actual, con los adelantos tecnológicos pareciera llegar a un estado en que es considerada casi mágica y omnipotente. La profusión de artilugios, procedimientos, exámenes de laboratorio, drogas y fármacos –amén de la propaganda y publicidad- hacen de la práctica médica occidental algo dotado de un halo de virtud y majestuosidad cercana al altar de Dios. Los hombres, centrados en nuestro miedo, ya sea al dolor, a la indefensión, a la dependencia de otros o simplemente a la muerte, le hemos dado ese poder. Sin embargo, el poder se lo hemos dado desde una posición de igualdad como seres humanos, desde nuestra condición fraternal, como hijos de Él, pero ha sido tomado para ascender un peldaño por quienes practican las artes del combate a la enfermedad, como es el caso de este particular médico de La Calera, curioso ejemplo repetido por doquier.

¡Como extrañamos en la medicina actual una apertura amorosa hacia el paciente que acude por ayuda! No es común encontrar humanización en el mundo de la medicina, y cuando los que están en la cúspide tienen los comportamientos observados los que están bajo ellos no lo podrán hacer mejor. Cuánta falta hace recorrer el camino de la ternura, de la buena voluntad, del servicio, en fin, del amor.

Creo que hemos venido a la Tierra con dones únicos e irrepetibles, para donarlos a la humanidad, en toda condición, y nadie puede hacerlo por nosotros. Somos únicos. Lo que traemos para dar nadie más lo puede entregar. Y eso debemos darlo con amor, amor por nosotros y por el prójimo, igual que la semilla que se convierte en árbol, igual que la oruga se convierte en mariposa, para regalarse a otros. El servicio a otros ayuda a crecer. Nos ayuda a ser mejores, y a acercarnos cada vez más a ese lugar desde donde alguna vez salimos a recorrer el camino como seres humanos, a ese lugar en que compartimos con Dios.

Que Él nos bendiga a todos.

sonrisas1Tener un cuerpo saludable es natural. Nuestro derecho es ser saludables. Mi derecho es ser saludable. Sin embargo, la enfermedad es, insisto, el resultado de desequilibrios emocionales profundos, a veces de larga data, y que somos, normalmente, incapaces de solucionar por nosotros mismos. Muchas veces no somos capaces de ver el conflicto –no podemos ver la viga en nuestro propio ojo- que hay detrás de nuestros síntomas y necesitamos ayuda para identificarlo y a continuación para trabajarlo y superarlo, y con ello recuperar el equilibrio perdido y que se manifestó en la enfermedad.

El transitar el camino de la sanación es un proceso, un camino, en que el resultado pasa a ser al final una consecuencia de su tránsito, lleno de descubrimientos, en que con seguridad nos vamos convirtiendo en mejores personas, haciendo un profundo trabajo de desarrollo personal. Sanar no es instantáneo, y no depende de una o varias pastillas, ya que mientras no desaparezca el conflicto la dependencia de los fármacos no cesará, y el desequilibrio se manifestará sucesivamente en diferentes órganos y funcionamientos.

El recuperar el equilibrio significa un proceso que involucra voluntad, valentía, perseverancia y mucho amor por nosotros mismos.

Requiere de voluntad para seguir adelante con lo que sea necesario para sanar. Ello puede ser duro y puede significar –las más de las veces así lo es- realizar cambios importantes en la vida. La cultura occidental promueve la búsqueda de la seguridad, que es el enemigo natural de los cambios, ya que por su simple concepción la seguridad busca mantener todo sin cambio, para no alterar lo que debemos transitar.

Requiere de valentía para afrontar los cambios que significará vivir el proceso de sanar. Ello puede llevar a desapegarse de cosas y personas que están involucradas en nuestro conflicto. Esta valentía será necesaria para trabajar con los sentimientos, sensaciones y emociones que se manifestarán con fuerza al reconocer las situaciones que han llevado a esos desequilibrios.

Y el cambio radical que es necesario hacer, y que requiere de toda la voluntad y la valentía que podamos tener, para comenzar el camino a sanar es el cambio de creencias. Las creencias sabemos que son ideas que creemos que son verdad, y que han normado nuestro comportamiento. Las hay de todo tipo, y cumplen la función de mantenernos encarcelados en una jaula de barrotes ficticios. Las creencias religiosas, sexuales, de relaciones, especialmente de pareja, sobre el dinero, la pobreza y el trabajo son especialmente marcantes, y nos limitan en nuestra comprensión y actuación. Muchas veces el cambio de creencias, al pasar de creencias limitantes a otras expansivas, nos permite aumentar nuestro nivel de conciencia y pasar a otro estado de comprensión, donde se abren inmensos horizontes. Pero cambiar las creencias lleva a cambiar la forma de ver la vida y la forma de vivirla.

Requiere de perseverancia, para trabajar con las emociones inherentes a los problemas que llevamos a cuestas,  y esos problemas no han sido creados de forma instantánea sino que también perseveraron y del mismo modo requieren ser trabajados.

Requiere de amor por nosotros mismos, para apoyarnos y darnos fuerza y motivarnos en la tarea, por dura que ella parezca, para recorrer el camino de descubrimiento, para vivir el proceso de sanación. La recompensa es valiosa y permanente.

Muchas dificultades se presentarán en el camino de la sanación, y debemos ser conscientes de ellas. Las emociones se desatarán y habrán de ser vividas. Y el sanar lleva a la transformación de esas emociones negativas, que nos juegan en contra, por otras que sí son beneficiosas. Habremos de reconocer en el camino sentimientos y emociones escondidas, asumiendo que existen en nosotros y que no somos solamente luz sino que tenemos sombras, que son las que no queremos ver,  o no nos atrevemos a hacerlo. Habremos de trabajarlas, para poder atravesarlas y cambiarlas por aquellas que nos jueguen a favor. Por eso hablo de un proceso, no de una mejoría instantánea. A lo mejor una pastilla puede ayudarnos a paliar el dolor, a disminuir la inflamación, a funcionar con normalidad física, pero ello será sólo un alivio temporal y poco duradero si no hacemos las transformaciones necesarias, que llevarán más tiempo que el que requiere ingerirla y ver su efecto físico.

Se nos presentarán en este proceso las dudas, perezas, indefensión, vulnerabilidad, vergüenza, debilidades, ansiedades, tristeza, pena, culpas, rabia, miedo. Todas emociones que no nos favorecen en nuestro devenir. El trabajo es transformarlas en emociones que nos ayuden, en emociones positivas.

Al final del proceso, en el cual se van cerrando círculos, ciclos de la vida, en que vamos levando anclas, dejando el pasado atrás, con su carga emocional, para navegar de nuevo por la vida, sanos de cuerpo, mente y alma, estaremos rebosantes de amor.

Que Dios nos bendiga a todos.

 

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