Me han preguntado en si estoy seguro o si tengo pruebas del actuar de las compañías farmacéuticas en el publicitado asunto de la gripe porcina. Es claro que si las tuviera no estaría tan campante diciéndolo. Eso es obvio. Y desde acá, desde este lejano país, aislado por accidentes naturales de tono mayor difícilmente podré probar algo relacionado con la manipulación y creación de enfermedades. Y me viene a la cabeza que la mejor manera de seguir ocultando lo que hacen es seguir haciendo dudar a la gente de su proceder y hacer crecer su poder por medio del miedo. Ya lo decía hace unas semanas atrás, antes de que apareciera esta “pandemia” que nos quitaban el poder personal con las amenazas de las enfermedades que vienen, manteniéndonos en vilo, intimidados por la llegada de eventos que no podremos contrarrestar.
En la actividad que desarrollo muchas veces me encuentro con personas que me piden que les demuestre que existe Dios, que les demuestre que existe el alma, que les demuestre que existen las vidas pasadas, que les demuestre que existen las almas perdidas y las posesiones espirituales, que les demuestre que existen las abducciones por extraterrestres, en fin, que les demuestre lo que ellos no conocen. Y yo no tengo ninguna obligación de demostrarles nada. La obligación es de ellos de demostrarme a mí que no existe Dios, que no existe la reencarnación, que no existen las posesiones espirituales, que no existe el Alma, que no existen los extraterrestres que secuestran personas para experimentar en ellas.
Yo sé que Dios existe, y que sin Él mi vida no tendría sentido y, es su problema que ellos no hayan creído para poder ver y darse cuenta de la realidad, aquella que no es evidente, aquella que no se aprecia con los ojos abiertos.
Mientras exista la posición de negar lo que no se puede tocar o ver, mientras estemos en la comodidad de menospreciar al que habla de algo que no entendemos, o mientras nos dejemos llevar por el temor ante lo desconocido seremos incapaces de ver lo evidente. Es común que algunos me expresen su incredulidad en el trabajo con las almas perdidas, por ejemplo, indicándome que son asuntos que les atemorizan y que son cosas que no son de Dios, y por ello oscuras, por ejemplo. Pues esas aseveraciones son producto del temor y de la ignorancia solamente, y por ello se les niega la posibilidad de ser conversadas y menos analizadas profunda y seriamente. Entonces, se les juzga negativamente y se niega su existencia. No existe. Lo dramático es que las almas perdidas son los verdaderos pacientes en el trabajo, almas que no descansan, que no han podido ir al lugar y espacio donde deben ir después que los cuerpos mueren, por múltiples razones, y permanecen en un estado diferente al que debieran, con gran incomodidad y sufrimiento, tanto para ellas como para sus anfitriones. Sin embargo, el trabajo terapéutico de las almas perdidas es uno altamente espiritual, en que por lo general participan ayudando nuestras deidades occidentales, como por ejemplo Miguel Arcángel.
Lo mismo sucede con el trabajo con las abducciones por extraterrestres y las consecuencias en la salud física y mental de las personas. Aunque se niegue su ocurrencia ellos existen y secuestran personas para realizar sus experimentos, y muchos se niegan a contar su realidad ante el embate de sicólogos y siquiatras que lo único que pretenden es internarlos y medicarlos químicamente para “hacerlos entrar en razón y volverlos a la normalidad”.
¿Cómo puedo tener pruebas físicas de la existencia del Alma? ¿Alguien ha pesado alguna? Pero el Alma, sabemos, es lo que somos en realidad, y no puede ser pesada ni mensurada. Pero es lo que somos.
Entonces, los que quieren que les pruebe los asuntos que les hablo se equivocan rotundamente. Son ellos los que tienen que demostrarme a mí de su no existencia. Lo mío es un asunto que va más allá de la fe. Afortunadamente recibí una educación jesuita. Ello me ha permitido aprender a reflexionar. Y eso es, entre otros muchos valores, algo que agradezco a Dios que me llevó a ese camino.
A lo mejor las compañías farmacéuticas no tienen injerencia en el asunto actual de la gripe porcina. Pero puedo permitirme el beneficio de la duda. Especialmente cuando lo que sucede hoy día se une con el poder político que busca solamente eso, el poder. Y más aún cuando en el mundo se necesita urgentemente desviar la atención de los acontecimientos económicos en países con niveles alarmantes de anomalías como es Méjico, donde la corrupción es aterradora, el narcotráfico es imparable, la carencia de millones de personas es inmanejable, y además está al lado de la superpotencia del mundo, del que pone las condiciones de convivencia, y se han autoerigido en la policía del mundo, el vigía de occidente, como dice Serrat.
Debemos reflexionar, en la prevalencia de los casos de gripe porcina. En una ciudad de 20 millones de personas como es Ciudad de México, hay 26 personas que se dice murieron por esta enfermedad. ¡¡¡26 en 20 millones!!! En Estados Unidos el presidente pidió 1.500 millones de dólares al congreso para tomar medidas contra la pandemia. Si llegan a diez los casos de contagiados en estudio en USA es mucho. El reinado del terror elevado a su más alta potencia. En Chile se confirmó hoy en la mañana por el organismo oficial responsable que no hay ni un caso confirmado de gripe porcina, ¡¡¡ninguno!!! , y se sigue hablando de la peor epidemia desde hace 100 años. Y los diarios siguen llenando páginas y páginas dedicadas a esta nueva plaga de Egipto. En España hay dos casos de contagio, y todos los periódicos hablan de la peor epidemia desde el año 1918, y alertan que aquella comenzó lentamente también pero pronto fue inmanejable, y se alegran que la OMS haya subido la alerta de nivel 3 a nivel 4. El Tamiflu se sigue vendiendo como pan caliente y los empleados en las oficinas hacen colectas para comprar vacunas para la influenza, o les piden a las empresas que se las financien, presas del terror colectivo. Recuerdo las historias que se cuentan del terror que se creó en Nueva York el 30 de octubre de 1938 cuando el cineasta Orson Welles creó un radio teatro en que difundió una supuesta invasión extraterrestre y la ciudad entró en pánico. La obra se transmitió en formato de noticiero con despachos de periodistas desde distintos lugares de la ciudad y los ciudadanos se aterrorizaron. Coparon los teléfonos de la policía y de los diarios y radios tratando de inquirir detalles del ataque con gas de los marcianos que habían aterrizado. El estado de Nueva Yersey y la ciudad de Nueva York aterrorizadas. Se repite la historia y la histeria, a nivel mundial.
El negocio entonces es quitarnos el poder y someternos. Ya Orson Welles lo probó aunque de forma aparentemente inocente. Ahora lo hacen en forma orquestada y desembozada.
Y me preguntan si tengo pruebas.
Que Dios nos bendiga a todos.
Me ha llamado la atención desde hace mucho tiempo la coincidencia entra las campañas de salubridad pública y los anuncios de las pandemias que nos azotarán, de la cual no habrá cómo escaparse y cuyos resultados serán desastrosos para la humanidad. Hace unos años fue la famosa gripe aviar de oriente lejano, hoy es otra cepa de virus llamada gripe porcina. Y todo el mundo sumido en el terror, y sin escapatoria. Nada más amenazador para el ser humano que su indefensión completa, impotentes.
Hoy hace un año que este espacio vio la luz. Es un aniversario, el primero. Me he dado un buen gusto al escribir de los temas que me apasionan, con la única finalidad de ponerlos en el tapete como instrumentos de reflexión para llegar adonde se llegue. Ha sido un buen año. Ya el blog está cerca de recibir 45.000 visitas, lo que indica la recepción que ha tenido de parte de todos ustedes, los que leen y hacen comentarios o envían mails.
El advenimiento del materialismo y el método científico siguen sumiendo al mundo en una creciente infelicidad, debido a que en su obsesiva búsqueda de los cómo separan al mundo en porciones manejables a su entendimiento y amaño para realizar en ese ámbito sus experiencias y sacar entonces conclusiones que -arrogantemente- extrapolan a lo mayor. Esta separación, clave de su filosofía, no permite el hombre analizador ver el conjunto, lo global, quedándose en lo particular. Es como que el árbol no deja ver el bosque. Por ello, es que pierde la capacidad de analizar los acontecimientos de su vida en un contexto general manteniéndose en lo particular solamente, perdiendo el sentido de su existencia, subyugándose entonces a las reglas obtenidas por su forma de analizar la realidad y las conclusiones así derivadas. Y la razón no admite en la búsqueda del conocimiento otra forma de acercarse a él, y entonces no está permitida ninguna forma espiritual –o mental si lo prefiere- de adquirirlo.
He recibido en estos días mucha retroalimentación –feedback dirían algunos más propensos a lo anglo- sobre lo que he escrito en estos últimos días. Y esa retroalimentación es directa, en forma de comentarios al blog, llamados telefónicos, mails, chat, y otras formas modernas, y también más sutil, en forma de silencio. Todo me habla, o no, de lo que escribo, indefectiblemente.
El temor a la muerte es quizá uno de las emociones más difundidas en los seres humanos de la órbita occidental del planeta. Uno de los primeros traumas que tenemos los hombres es la comprensión consciente que nuestros padres se van a morir algún día. El segundo es cuando comprendemos que nosotros también vamos a morir. Y ese viene casi simultáneo con el primero. Todos sabemos que la muerte llegará algún día, como hecho cierto, sin embargo evitarla es una aspiración secreta, en muchos, y como ello no es posible entonces se hace lo imposible por retrasarla. Asistimos hoy día incluso a una profusión de cirugías estéticas que tienen como misión hacer aparentar que el día del último suspiro sigue tan lejano como cuando teníamos la piel estirada, tersa, suave y firme. Sin embargo, los segundos siguen corriendo raudos y el final está cada vez más cercano. Aunque se quiera desconocer ello.
Gloria ha hecho algunas preguntas, y la de hoy me he permitido responderla en este espacio, la que comparto:
El asma se caracteriza por ser una sobrereacción. Esta sobrereacción hace que el asmático tenga plena normalidad para tomar el aire hacia sus pulmones, pero sea incapaz de soltar el aire hacia afuera de ellos. Es más, al exhalar pueden sentirse con pánico. El asma se relaciona con la respiración, y es una muestra ejemplar del doble juego de ella, igual al dar y recibir.
Hace un par de días conocimos un video tomado con un celular sobre una intervención de urgencia en una paciente moribunda efectuada por un médico en el hospital de La Calera. En dicha atención el médico tratante procedió a intubar a una paciente de 76 años, quien estaba en muy malas condiciones físicas producto de un paro cardiopulmonar. En un minuto y 23 segundos se aprecia la maniobra y el pedido del médico de ser grabado, y al cabo de su maniobra, que dura quince segundos, es aplaudido por el personal, en medio de carcajadas generales.
Tener un cuerpo saludable es natural. Nuestro derecho es ser saludables. Mi derecho es ser saludable. Sin embargo, la enfermedad es, insisto, el resultado de desequilibrios emocionales profundos, a veces de larga data, y que somos, normalmente, incapaces de solucionar por nosotros mismos. Muchas veces no somos capaces de ver el conflicto –no podemos ver la viga en nuestro propio ojo- que hay detrás de nuestros síntomas y necesitamos ayuda para identificarlo y a continuación para trabajarlo y superarlo, y con ello recuperar el equilibrio perdido y que se manifestó en la enfermedad.