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Escucho voces

cvnvlcexeaaxf48Nos hemos estremecido con la noticia de una niña de 12 años de San Pedro, en Concepción, que mató a su abuela a martillazos en la cabeza. La niña relató que estaba durmiendo y despertó cuando una voz le dijo “mata a tu abuela o si no ella te va a matar a ti”, según lo que dice la prensa. Este caso no es el único. Recordemos el caso de un joven que hace algunos años asesinó a un cura degollándolo dentro de la catedral de Santiago, asegurando después que una voz le había ordenado hacerlo. Dentro del último mes me ha tocado ser actor en un caso parecido, aunque no tan violento, de una niña de 13 años, sobrina política de una amiga, que se sumió en una profunda depresión, llevándola hasta la internación hospitalaria en donde se le aplicaron numerosos químicos para mantenerla sedada y anestesiada por un par de semanas, quien ha dicho que las voces le dan diversas órdenes.

Estas son muestras simples y claras de posesiones espirituales. No se trata de esquizofrenia, aquella “enfermedad mental” que han inventado los siquiatras que no pueden entender, ni tampoco se abren a comprender el plano paralelo, el de las almas perdidas. Misterios ancestrales, relatados en todos los testimonios y libros religiosos que son negados por la famosa y respetada ciencia. Todos los pueblos originarios saben de esto y tienen siempre entre su gente a algunas personas que saben tratar esto. La iglesia católica tiene también una buena cantidad de sacerdotes que hacen estas labores de “liberación” como llaman ellos. En casos extremos se llega al exorcismo. En el lenguaje coloquial le llamamos “limpieza” o simplemente “desposesión”.

Las posesiones espirituales son causantes de estos “fenómenos” tan habituales. No todas las posesiones son tan violentas como para inducir a alguien a asesinar a otras, sino que las hay en todo el espectro de alteraciones de la voluntad de las personas. Todas causan alteraciones en la conciencia y en el comportamiento, algunas más pronunciadas que otras. Estas pueden ir desde problemas de relaciones personales, pasando por problemas alimenticios, depresión, desarrollo de fobias, comportamiento compulsivo, violencia, cambios súbitos de humor y otras alteraciones.

Hay acusaciones contra los profesionales de la salud quienes estuvieron a cargo de la niña en instituciones de acogida por no prever esta situación, asegurando que no se hizo suficiente en el diagnóstico y prevención. Esto es absolutamente injusto, pero es consecuencia de lo mismo que siembran los médicos en el sentido que se puede prever la enfermedad.

En los casos de posesiones espirituales esto no es posible, por algunas razones. Una de ellas es que la acción del espíritu posesor puede estar silente por períodos y manifestarse en ciertas ocasiones. De hecho, en el caso de la chica de 12 años nada podría haber hecho sospechar que dicha posesión la iba a despertar e inducir a reventar a martillazos a la abuela, porque puede incluso que este espíritu haya aparecido y se haya ido. Es lo mismo que le pasó al asesino del sacerdote de la catedral. Los sicólogos y siquiatras por lo normal no sospechan de esto, porque no está en su sistema de creencias la existencia del plano paralelo y menos entender su funcionamiento, dejando todo este fenómeno en el plano de la superstición y la ignorancia. La gente de pueblo conoce de esto y sabe que hay personas sencillas y sabias que hacen trabajos de limpieza, así como también de muchos otros que, a la inversa, hacen “trabajos” que causan estos fenómenos de posesiones.

En el caso de la pequeña de 13 años, a la cual ayudamos mediante tratamiento a distancia, después de estar amenazada de recibir electroshock por la siquiatra tratante. la llevamos donde un sacerdote, con el cual rezamos largas oraciones de liberación, y recibió además agua bendita y óleo de liberación. Al cabo de unos minutos de finalizar cambió su comportamiento y pronto volvió a ser una chica alegre y comunicativa, todo lo contrario que había sido en las últimas semanas. Sin embargo, a los pocos días nuevamente fue atacada por un par de entidades que la poseyeron, pero prontamente fueron expulsados por mi amiga, quien ayudada por la oración pudo hacer la limpieza. La niña le contó que las voces le decían que le dijera a mi amiga que se fuera, que no tenía que estar ahí. Al final la historia ha tenido un fin alegre. Pero la espada de Damocles sigue pendiendo sobre su cabeza por su delicada situación emocional producto de conflictos familiares.

Como ya he explicado las posesiones espirituales no son todas violentas, pero sí son comunes y causan muchos problemas de comportamiento, de salud y de relaciones. Son más comunes que lo que pensamos. Hay muchas preguntas que buscan respuestas en relación a esto, pero nunca debemos olvidar que la sabiduría popular, gente de los pueblos originarios y gente de la religión saben de esto y pueden ayudar a la sanación. No son enfermedades mentales. No es esquizofrenia. Esos son inventos sin ninguna base que lo único que hacen es aumentar el temor y la ignorancia.

Recuerden que Jesús instruyó a los apóstoles en la “expulsión de demonios” y los envió de a dos a los pueblos a hacer la tarea de llevar sanación.

Que Dios nos bendiga a todos.

foto-23612Radio BíoBío en su sitio web del lunes 12 septiembre de 2016 ha informado lo siguiente:

“Un gendarme de 19 años murió al interior de la torre de seguridad donde ejercía labores de custodia, en la cárcel de Quillota.

De acuerdo a los primeros antecedentes, el funcionario se habría disparado haciendo uso de su arma de servicio, a eso de las 02:00 horas de esta madrugada, hechos que son investigados por Gendarmería.”

Es bastante común escuchar que los gendarmes (en Chile Gendarmería es el órgano armado encargado de la custodia de los detenidos procesados, y de las cárceles), tienen altas tasas de licencias médicas, y presentan casos de suicidios. No conozco cifras de retiros, o de alcoholismo, o alguna otra adicción que provoque problemas laborales en la institución, pero supongo, a la luz de lo que plantearé en adelante, que estas cifras deben ser importantes y un continuo dolor de cabeza para sus jefes y autoridades.

Los lugares donde hay sufrimiento y dolor, y muerte, son un reservorio de almas perdidas. Las almas perdidas son almas de personas muertas que por alguna razón no han continuado su camino espiritual y no han ido a la luz -el cielo llamado comúnmente-, y se quedan apegados a la tierra -earthbounding, dicen los escritores en inglés del fenómeno-. En este apegarse a la tierra, se “pegan” al campo vibratorio o campo luminoso -el aura- de las personas vivas, y comienzan a influir en ellas, de diversas formas. Comienza una lucha de voluntades.

Hay algunas personas que son más vulnerables que otras a estas intrusiones, o posesiones como son llamadas comúnmente, por diversos motivos. Entre ellos puedo mencionar. por ejemplo, cuando se sufren golpizas a cualquier edad, pero con mayor efecto cuando se es pequeño; episodios de rabia u odio profundos; peleas físicas; operaciones con anestesia general; accidentes; torturas, es decir, cualquier episodio que cause una alteración de la conciencia habitual y produzca una grave caída en la energía habitual que posibilite estas intrusiones.

Las cárceles son lugares de mucho dolor y sufrimiento. Para empezar los propios de la privación de libertad. Eso ya es traumático. Enseguida vienen los producidos por la violencia al interior de los penales. Violencia física, sicológica y mental. La violencia física propia de quienes han vivido siempre en un modelo social de solución de sus controversias a golpes, con la salvedad que el uso de armas de cualquier tipo es una herramienta de la pelea. También están las agresiones sexuales que tanto se comentan. Estas son verdaderas y agregan más violencia a las cárceles. Por lo tanto, las personas presas son, a no dudarlo, portadoras de almas perdidas, y algunas de ellas muy oscuras.

También está la violencia de los custodios contra los custodiados, no importando si ella es con o sin razón. Existe. Y ello produce un fenómeno muy preocupante: las maldiciones a los custodios.

Los gendarmes entonces están muy propensos a ser “poseídos” por estas almas perdidas que abundan en las cárceles.

Las tienen los presos, las llevan y traen los familiares, y el lugar físico tiene las propias, de aquellos que murieron entre sus gruesas murallas. Y, por si fuera poco, las maldiciones hacen lo suyo con otras entidades de este tipo.

Conocí a un médico jefe de un penal, cuya preocupación constante eran cuidar que no hubiera suicidios entre los presos. Para ello disponía de un arsenal de químicos para mantener a raya los “deseos” de suicidarse de los más complicados. Mantener drogado a muchos es también una constante.

Cuando una persona se suicida, su alma, lo que somos de verdad, sale despedida del cuerpo, para graficarlo, y en un estado de confusión tal que normalmente no es capaz de ver la luz, ni mucho menos irse a ella, para completar su viaje espiritual. Por el contrario, no quiere ir a la luz cuando la ve, ya que en su confusión cree que su intento de suicidarse falló, al ver que continúa con sus sensaciones y emociones, aunque ahora sin cuerpo físico, lo cual tampoco comprende ni menos puede aceptar. Entonces esta alma se convierte en una apegada a la tierra, que buscará un anfitrión que la cobije y le entregue la energía que necesita para seguir su proceso. Entonces buscará a alguien que vibre en su vibración, o parecido, y se “le pegará”.

El alma perdida siempre mantiene el recuerdo de su última existencia en un cuerpo, por lo tanto, un alma de un suicida recordará esa, con esa realidad, pero, en su confusión cree que el intento falló por lo cual tratará de repetirlo, para ver si ahora tiene éxito. Y entonces ahí se produce la lucha de voluntades con el alma dueña del cuerpo, para ver quién manda y toma el mando de las acciones. Si el alma anfitriona es débil, seguramente ganará la huésped y entonces se producirá el intento de suicidio. Si el alma es fuerte, es decir, mantiene una fortaleza propia de un ser que es amado y respetado no podrá haber derrota y no habrá posibilidad de un suicidio. Pero, si esa alma decae en sus fuerzas, producto de algún proceso emocional como relaté antes más arriba, puede existir la probabilidad de atentar contra su vida.

Eso es con seguridad lo que sucedió con este jovencito de 19 años que se suicidó.

Bajó la guardia, fue poseído, y fue inducido al suicidio por el alma errante apegada a la tierra, el alma perdida de un suicida.

Imaginen ustedes qué fortaleza puede tener un muchacho de 19 años que se ve enfrentado a un mundo donde viven aquellos que han vivido en la violencia y han cometido delitos, muchos de ellos atrocidades en contra de otros seres humanos.

El amor es el que da la fortaleza a nuestro campo luminoso, y lo que nos mantiene firmes y protegidos.

Que Dios nos bendiga a todos.

mhALB3QCuando afirmo que con ciertas actividades como artísticas, artesanales, sanación alternativa, cultivos a baja escala, emprendimientos caseros y otras expresiones de la creatividad del alma no se puede subsistir estoy en la creencia que solamente hay una manera aceptable de ganar el dinero que necesito para vivir, y que es la que conoce cada cual desde el hogar de origen. Si te criaste escuchando que debes estudiar como chino para ser profesional y luego emplearte y ganar un sueldo seguro a fin de mes, y esa fue la manera que aprendiste desde tu más tierna infancia como la única válida, es posible que no puedas estar abierto a emprender algo alternativo, porque muy profundamente pensarás que no es lícito ganar dinero de esta forma. Ahora bien, si además escuchaste que hay que evitar los riesgos, y que emprender un negocio personal puede llevar a perder toda la plata, la creencia se hace más arraigada, y pronto, cuando comience la vida ya de adulto/a no serás capaz de emprender caminos alternativos.
Aún más profundo es que como validarás que la plata se gana con esfuerzo, sudor, trabajo agotador, no estarás abierto a recibir dineros por otras vías, como por ejemplo juegos de azar, y no ganarás nunca; no aceptarás dinero por tus creaciones artísticas, o por productos de tu huerta. No considerarás correcto recibir una herencia de un familiar no directo, o simples regalos, porque lo válido es el sueldo a fin de mes.
Y aún más profundo se hará entonces el no moverte de tu trabajo, porque ninguna posibilidad de ganarte la vida será validado, y cualquier cambio generará un miedo muy grande, pavor en el fondo. Este miedo hace que no se pueda pensar en otra forma de ganarse la vida, aunque el alma esté gritando por los cambios, y como no se producen habla a través del cuerpo, enfermándose.
Es muy importante darse cuenta que lo que pensamos de nosotros mismos es una verdad irrebatible para nosotros. Creamos así nuestro mundo, y cuando no nos resultan las cosas como queremos o como son nuestras expectativas, nos frustramos a tal grado que empezamos a culpar a otro o a otros, o a esta u otra institución, de lo que nos pasa.
Muchos de nosotros tenemos ideas muy absurdas de quiénes somos en la vida, y jugamos ese papel rígidamente, sin salirnos ni un ápice de ese rol. O tratando al menos. Y tenemos reglas estrictas sobre cómo ha de ser la vida, y cómo ha de vivirse. El desafío entonces es darnos cuenta que esas reglas no necesariamente deben seguir respetándose y poder tener la voluntad y la fuerza para dejar atrás estas creencias y poder reemplazarlas por otras ideas motivadoras de mayor libertad.
Y cuando juzgo la manera en que la plata llega a mi vida estoy juzgando a Dios, porque muchas veces es la forma que Él elige para que podamos hacer lo que vinimos a hacer en la vida, para apoyarnos en lo que necesitamos. ¿Qué padre le da piedras a su hijo cuando él le pide pan?
Muchas veces sucede algo traumático que viene a hacernos mover de las creencias que nos tienen paralizados, prisioneros o encadenados a cosas, personas, instituciones, países, ciudades, u otra realidad física o emocional, forzándonos a tomar otros caminos diferentes. Estos empujones nos remueven las creencias iniciales y nos sirven para darnos cuenta muchas veces de lo poco aconsejable que es seguir en lo mismo, por ser algo que no nos funcionó.
Cambiar las creencias requiere también de valentía. Porque cambiar las creencias también es sanar. Y el cuerpo, al final de la cadena, lo agradecerá.
Que Dios nos bendiga a todos.

manos-ayudaHay un taller que realizo desde hace muchos años, que se llama “El Propósito del Alma”, cuyo creador es José Luis Cabouli, mi querido y recordado profesor de mi curso de formación como Terapeuta de Vidas Pasadas, en Argentina. En ese taller, que se hace bajo la forma de una regresión, vamos al espacio entre vidas, antes de nacer a esta vida actual, y en él se revisan los diferentes aspectos de lo que será lo que viene, la forma en que se diagrama la existencia futura y las elecciones y acuerdos que se hacen para llevarla adelante. Es un taller muy poderoso, de mucho descubrimiento, de mucho trabajo interno, y de sanación profunda.
Hace dos días fui invitado a un taller de mi querida amiga Cecilia, donde nos planteó la revisión de lo que era ayudar y servir, y una cosquilla recorrió mi espalda, al recordar el ejercicio cuando lo hice de alumno de José Luis en el curso de formación hace algunos años, por lo que ello significaba como concepto.
Nada hay casual en la vida en este planeta de aprendizaje.
A continuación transcribo el ejercicio que hice ese día, como lo ha escrito José Luis en el libro llamado “El Propósito del Alma”, en que recopila su trabajo, y lo pone a disposición de las gentes:

-¿Cómo es el espacio donde tu alma se encuentra diagramando el anteproyecto para esta vida?
Es un ambiente alegre y vívido.
-¿Estás sólo o acompañado?
Está mi maestro y hay tres energías mayores.
-Fíjate quienes son y qué aspecto tienen los seres o energías que te acompañan
Son altos maestros del consejo kármico. Ellos son los que tienen los libros y los hojean. Revisan los libros de allá    para acá y de acá para allá a medida que yo expongo el plan.
-¿Qué te dicen estos seres?
Me dicen que debo ser consciente; que el plan será difícil, será duro y requerirá mucho esfuerzo.
-Fíjate cómo se prepara tu anteproyecto para esta vida. ¿Lo decides por ti mismo o te ayudan estos seres?
El plan lo diseño yo mismo. Lo discutimos seriamente, pero es lo que yo propongo. Yo lo tengo preparado, pero ellos me sugieren que lo haga más suave. Mi maestro se preocupa mucho. Me dice que soy muy porfiado y se molesta bastante al principio y trata de hacerme ver la necesidad de suavizarlo, pero después acepta el plan y me da su amor y decide apoyarme firmemente. Ellos están contentos por mi proposición de esfuerzo y me preguntan si dispongo de la fortaleza para cumplirlo.
-¿Cuál es la idea básica de este anteproyecto?
Servir y aprender.
-Fíjate qué otros aspectos acompañan a la idea central de tu plan de vida.
Son regalos para cumplir el plan. Será difícil, pero hay que ser valiente.
-¿Qué parte o aspecto de este plan te resultará lo más difícil de realizar o aprender?
Lo más difícil será trabajar la soberbia y el orgullo.
-¿Traes alguna asignatura pendiente de otras vidas? ¿Hay algo de otras vidas que tengas que resolver ahora?
Arrastro culpas, rabia y frustraciones. Tengo que resolver relaciones. Está todo acordado. Así será.
-¿Qué es lo que tu alma espera lograr al término de esta experiencia?
El plan es aprender pronto y trascender. Espero acelerar el proceso de aprendizaje, hacer algo de peso y dejar de sacar el pasaje de vuelta a la Tierra.
-¿Qué ayuda o compañía tendrás del espacio para desarrollar esta experiencia?
Mi maestro me guiará y me llevará al encuentro con los que me asistirán para cumplir el plan.
-¿Hay algún otro aprendizaje a realizar?
Tener fe. De eso se trata.

Etapas del Duelo II

Conversábamos ayer sobre las diferentes etapas del duelo, y dejamos para analizar en forma separada un par de ellas, quizás las que más se aprecian externamente cada vez que algo muere en nuestra vida, como son la tristeza y la pena.
Es necesario decir antes del análisis que me asiste el convencimiento que nada de lo que pasa es casual y que una perdida puede ser un hito que nos cambie la vida de manera drástica, puede ser el hecho constitutivo del despertar a otro nivel de conciencia que nos lleve a otra forma de vida, algo que nos remezca hasta los cimientos y nos catapulte a un cambio drástico, y que lo que vivimos como una tragedia no tiene que serlo, sino convertirse en una puerta a otra etapa, una que se nos presenta de esa forma, pero para vivir una vida más sana.
Vivir la tristeza del duelo puede llegar a ser la tarea más dura por la que tenemos que pasar: esta emoción siempre está presente en una pérdida. Nos sentimos solos, vulnerables, impotentes y desvalidos; nada nos satisface; nos marginamos de lo social y dejamos de comunicarnos verbalmente; rehuimos los contactos físicos y queremos estar en soledad, recluirnos y estar con nosotros mismos. Nos convertimos en ermitaños. Nuestros ojos expresan esta tristeza que se graba si no en el corazón en la frente.
Junto a la tristeza puede comenzar a manifestarse lo que llaman depresión. Es común que durante este gran período de pena la tristeza y la depresión hagan su aparición, y permanezcan por un largo período. Es cuando tomamos conciencia que ese alguien que se fue, ya sea un familiar muerto, el marido, o la novia, ya no estarán más, que no los volveremos a ver. ¿Qué voy a hacer?, ¿qué puedo hacer?, son preguntas recurrentes en esta etapa. La soledad y la tristeza y el dolor se hacen carne en nosotros. Esto mismo nos puede pasar cuando perdemos un trabajo, tenemos una crisis financiera, cuando nos tenemos que cambiar de ciudad obligadamente, cuando perdemos el hogar, o alguien querido, o nosotros mismos, sufrimos una enfermedad desafiante. Hemos estado acostumbrados por largo período de nuestra vida a esa persona, a ese trabajo, a los trayectos, a esa casa, y nuestra rutina se ha hecho ya dura, cuando sucede lo impensado, lo imprevisto, y tenemos que reconocer que todo ha cambiado y ya nada volverá a ser igual.
Es muy importante poder reconocer las señales de la depresión asociada a esta tristeza y pena, porque si es muy larga puede dejar secuelas físicas. Sin embargo no hay que temerle, porque la depresión es pena de amor, y una vez que se sale de ello siempre se está un peldaño más arriba de cuando se entró en ella. Siempre hay una toma de conciencia asociada a la depresión.
Los síntomas de la depresión son variados y conocidos. Muchos de ellos los traté en el artículo Depresión de hace algunas semanas: https://caminosdelalma.wordpress.com/2014/10/28/depresion/
Hay que agregar que en el caso de la muerte de parientes cercanos es común que se comience a manifestar en algún deudo las mismas características de personalidad del difunto. Ello puede producirse porque un trozo del alma de este último se queda con aquel, por alguna circunstancia. También puede suceder que la depresión lleve asociado ideas suicidas. En los casos en que el duelo sea por alguien que murió por propia mano esto es frecuente, y es justamente provocado por el fenómeno descrito antes.
El miedo es también parte de esta etapa del duelo, especialmente en este mundo moderno que nos ha condicionado a ser ansiosos, a vivir en el futuro, a andar siempre preocupados por el porvenir, por acaparar, lo tener lo que pensamos nos dará seguridad. Así, este miedo y la ansiedad pueden manifestarse de distinta forma, como por ejemplo: dolores de cabeza, dolores de estómago, pérdida de apetito, dificultad para tragar alimentos, insomnio, falta de higiene personal, desinterés por lo cotidiano, desconexión con los cercanos.
Es conveniente entender que lo que nos pasa cuando procesamos el duelo es algo completamente normal y no es señal de desórdenes mentales o de locura. Por favor entienda que no es necesario tratamiento siquiátrico para llevar el duelo. Desde que el mundo es mundo, es decir desde hace millones de años, desde que comenzó la vida en el planeta ha existido la muerte, porque una no puede ser sin la otra. Son los pares opuestos en este mundo polar. Y por ello tenemos el duelo incorporado en nuestra existencia, en nuestra sabiduría. Debemos aceptarlo y vivirlo, ceremonialmente incluso, como cerrando etapas. Expresar los sentimientos, vivir el duelo, sentirlo a fondo, puede parecer duro, pero es necesario, porque para sanar es necesario ser sinceros, y la expresión de las emociones ayuda en esa sinceridad. No es conveniente reprimir las lágrimas, porque ellas son necesarias y un buen llanto puede ser liberador y llevarse la pena y la tristeza. Ahogar el llanto puede ser perjudicial a la larga.
Luego de pasar por la tristeza, por la pena y por la depresión damos paso a la aceptación, que es la etapa final del duelo, y tal como decía ayer, es ahí cuando podemos descubrir las oportunidades que aparecieron después de nuestra pérdida, de lo que ocasionó el duelo, y seguir con lo hermosa que es la Vida en este planeta.
Que Dios nos bendiga a todos.

Etapas del Duelo

Decimos en el chamanismo que el camino a la maestría tiene cuatro etapas:
1 – el despertar
2 – la gran partida
3 – las pruebas del camino
4 – la iluminación
Siempre se nos dice que los chamanes somos sanadores heridos, y lo vamos comprendiendo en nuestro proceso de toma de conciencia. A menudo cuento la historia que dicen que el chamán se hace picar por la serpiente para saber cómo es la picadura, qué se siente, cuáles son los síntomas físicos, mentales y emocionales que se presentan, y luego va a buscar los minerales, las raíces, las flores o las aguas que pueden curarlo. De ese modo, sabe entonces cómo asistir a los que vienen a él buscando ayuda cuando son picados por la serpiente. Esa es la analogía de la capacidad de sanación.
Cuando hay una pérdida en nuestra vida, como son la muerte de un ser querido, el término de una relación amorosa, un divorcio, el fin de una actividad o proyecto, el despido de un trabajo, un cambio de casa, de ciudad o de país, se produce inevitablemente un duelo. Este duelo puede ser pasajero o muy largo, dependiendo del grado y calidad de la relación con lo que se ha perdido.
Nosotros decimos que cuando se produce una situación como esta es muy posible que el Alma se fragmente, y un trozo de ella se salga de nosotros. Observen que el lenguaje popular siempre da cuenta de ello: “se le partió el Alma cuando él la dejó”, “se le fue el Alma al suelo cuando se dio cuenta que lo despedían”, “su corazón se quedó en su pueblo natal”.
Y un duelo muchas veces es lo que constituye el despertar en el camino a la maestría.
El duelo tiene varias etapas más o menos definidas en sucesión.
La primera de ellas es la etapa del shock. Este shock habla de la incredulidad, ya que todo se pone patas para arriba, y se siente que no hay control de lo que sucede. En esta etapa puede que no sepamos comprender el impacto que el acontecimiento trae a nuestra vida y no podamos aceptarlo como algo real. Frases como “no puede ser”, “no lo puedo creer”, “no puede estar muerto”, “esto no me está pasando”, son comunes muestras de estar viviendo esta conmoción.
Esta etapa puede incluso durar meses, y durante este período parece que hasta se camina con lentitud, es difícil sostener conversaciones con atención, se olvidan detalles cotidianos y hasta puede haber pérdida de memoria. Poco a poco vamos saliendo de este estado de shock, hasta que comenzamos a comprender la realidad.
La segunda etapa del duelo es la negación. A veces se manifiesta simultánea con el shock, y funciona como un amortiguador de la situación que ocasiona el duelo. La negación se hace casi exclusivamente para no vivir el dolor y no pasar por la pena y tristeza que ocasiona la pérdida. Nos hemos criado en una sociedad que promueve el escapar de las emociones. Así, en vez de pasar por este estado emocional lo ahogamos en alcohol, lo recubrimos de drogas –recreativas o fármacos-, o bien comenzamos otra relación amorosa inmediatamente después del quiebre –un clavo saca otro clavo reza el dicho popular-, sin darnos la oportunidad de vivir el duelo en forma sana. Pero, para poder curarnos debemos pasar por la pena, y llorarla, como en una ceremonia. Cuando somos capaces de sentir y vivir la pena somos capaces de sentir todas las otras emociones, incluidas las que nos curarán.
La tercera etapa del duelo es lo que llamamos de los contratos. Como es casi seguro que hemos perdido un trozo de nuestra bella Alma, comenzamos a hacer contratos, prometiendo cosas o comportamientos con dos fines: uno, tratar que la situación vuelva a ser como antes, lo que es imposible, y dos, que en el futuro no se vuelva a presentar de nuevo una situación similar. Esto es como un proceso de aprendizaje. Estas promesas son escritas a veces a fuego sobre pergaminos que comienzan a hacerse leyes en nuestras vidas, con consecuencias que no son del todo sanadoras. Son los contratos que hacemos cuando se nos escapa un trozo de nuestra Alma.
La cuarta etapa que podemos diferenciar en un duelo es la de la rabia. Y la rabia procede de la impotencia que sentimos ante situaciones que no podemos controlar. En esta etapa buscamos a los que creemos son los responsables de lo que sufrimos y queremos castigarlos: la esposa que nos dejó, el personal médico que creemos no actuó responsablemente, la ambulancia que no llegó a tiempo, a Dios por permitir que suceda lo que sucedió, al jefe que nos despidió, y también a uno mismo. Esos juicios contra nosotros son muy lapidarios.
La rabia es conveniente expresarla, y no guardarla. Es sabido que la acumulación de rabia no expresada causa muchos problemas físicos como enfermedad, especialmente en la vesícula y en el hígado, dificultades en nuestras relaciones con otros, disminuir la capacidad de trabajar y también llevarnos a una situación de depresión.
Esta etapa puede durar mucho tiempo, incluso el resto de la vida. Es necesario saber manejarla.
La quinta etapa es la culpa. Repito que en general no es tan fácil identificar la etapa porque suelen presentarse varias de ellas en forma copulativa, con probable mayor manifestación de alguna.
En esta etapa concluimos por culparnos a nosotros por lo que pasó, y es una trampa para la sanación. La culpa es una emoción proveniente de la religión, y tiene como objetivo manipularnos. Pero en la cultura occidental la hemos internalizado y la usamos para castigarnos. Sentirse culpable por algo que pasó claramente no cambiará lo que sucedió, e impedirá la sanación. Es conveniente darse cuenta de qué es lo que tengo que aprender de lo que pasó, y ver si ello me convertirá en una mejor persona en el futuro, y avizorar cómo cambiará mi vida luego de todo lo que pasó.
La sexta etapa es la etapa de la tristeza y de la pena. Esta suele ser la etapa más dura, y puede venir acompañada por la depresión. De esta etapa hablaremos en extenso en otra oportunidad.
La etapa final del duelo es la aceptación. Cuando ello sucede podemos comenzar a mirar la vida, a las gentes, a los que nos rodean, a la sociedad y al mundo que nos rodea de otra forma. Somos capaces de analizar la situación que causó nuestro duelo de una forma diferente, sanadora. Es aquí cuando podemos sinceramente comenzar a respondernos preguntas como ¿qué me ha enseñado todo esto que viví?, ¿qué tan diferente soy ahora?, ¿qué nuevas competencias tengo para la vida?
En esta etapa, podemos descubrir las oportunidades que aparecieron después de nuestra pérdida, de lo que ocasionó el duelo, y seguir con lo hermoso que es la Vida.
Y desde ahí podemos hacer la gran partida hacia la maestría.

Comunicación

Hoy inauguro una forma diferente de presentar los artículos: