Feeds:
Entradas
Comentarios

Paseaba un día por la plaza de un pequeño pueblo cerca de Chillán haciendo hora mientras esperaba juntarse con una persona por asuntos de trabajo, cuando se le acercó un hombre mayor, con quien inició una conversación, que después del tema del calor y la magnificencia de los árboles derivó en asuntos más trascendentales. Se sentaron en un banco y el desconocido se paseó por distintos temas, siempre con un tema central. Esta es la transcripción de lo que ese hombre le dijo:

“La religión católica, un engendro resultante como hija de la religión judía, es una construcción que ha causado mucho mal en occidente. No analizaré la historia de fechorías, matanzas, robos, conquistas, abusos sexuales, violaciones de derechos básicos de las gentes, atropellos a los derechos humanos y un sinfín de delitos con los que han tapizado su oscuro pasado, y ennegrecido el espejo en el que se reflejan hoy día, sino que iré a analizar un asunto conceptual básico en las creencias arraigadas y que defienden con la espada, o la ley, o ambas, las dos sanguinarias.

“La primera es que han sometido al hombre a una orfandad perversa con el asunto que fue expulsado del paraíso al comer del fruto del árbol del bien y del mal, que muchos lo interpretan como la actividad sexual de un hombre con una mujer, y que constituyó el motivo suficiente para el destierro de tan angelical lugar. La ramplona explicación para algo tan trascendental en la vida del hombre sobre la Tierra como es la ley de la polaridad en que es atrapado desde su concepción hasta su muerte física ha dado lugar a creencias limitantes que han apartado al hombre del goce de la vida en este hermoso planeta, un paraíso en todo su esplendor, y que lo convierten en uno sin conexión con él, lo que hace que no le tenga cariño, que lo deprede, que no tenga unión con el resto de los seres vivos, que lo explote y destruya, llegando a los límites que a los que estamos llegando hoy. La ley de la polaridad, inexorable, es la que nos rige en este planeta, porque no podemos cuando estamos en él apreciar el todo, sino que debemos explicarnos la realidad dividiendo ese todo en pares de opuestos, para así poder definirla. Eso es sencillamente lo que vivió el hombre al principio de todo, salió del Todo y entró en una necesidad de conocerlo, y para ello tuvo que entrar en la polaridad.

“La expulsión del paraíso significó además el castigo de no permitir en el hombre el goce, el disfrute. Como huérfano debió crecer en la rabia, en el dolor, viviendo una vida de sacrificio, sin alegrías, sin risas. Nada de conexión con la naturaleza, sino enemigo de ella, tratando de dominarla, de vencerla. La orfandad esta ha traído nefastas consecuencias a los occidentales y al planeta. Vean ustedes a los pueblos originarios, aquellos que consideran a la naturaleza como su fuente primera, que tienen un respeto reverencial por la Tierra, la Pachamama, por la ÑukeMapu, o como la quieran llamar. Este respeto ha sido siempre su sostén, y se consideran ellos parte de la naturaleza, no que la naturaleza les pertenece, porque la naturaleza es su paraíso, que les brinda todo lo que necesitan, y que les permite vivir vidas llenas de alegría y agradecimiento. Respetando.

“Otro aspecto que a los que hemos crecido en la cultura occidental con sus religiones judeo-cristianas es el tema del pecado y la culpa. El pecado que proviene del pecado original, sí ese de cuando nos expulsaron del paraíso, siempre asociado al sexo y a su manifestación, que el ser humano es concebido en pecado. Sí, en pecado. De ahí nace que el sexo es inmundo, animal. Y luego, la culpa, asociada a toda manifestación sexual, y más allá, asociada a todas las acciones humanas, que no se pueden redimir, sino solamente mantener para recibir el castigo. La mala costumbre de castigar el cuerpo con los famosos silicios que se incrustan en la carne para emular el sufrimiento de Jesús en la cruz, como forma de expiar el “pecado” solamente conduce a un daño emocional irreparable de promover el castigo como sanación, privando a las personas de vivir y aceptar la vida. Y aparece entonces la figura de un Dios salvador, el único que tiene el poder de redimirnos, de salvarnos en este camino de sufrimiento, quitándonos así todo el poder personal, separándonos de la verdadera divinidad, la filiación, en que somos parte de ese Dios.

“Y ahora, que ya hemos vivido la vida, llegamos a la muerte. Aquello que se evita, que se esconde y no se habla. La religión nos habla del juicio final, en que seremos juzgados para decidir nuestro destino ya sea a vivir en la gloria eterna o a rescaldarnos en el fuego hasta el final de los tiempos. Esta mentira del juicio, de que hay uno de barba blanca y larga con un manojo de llaves al cuidado de las puertas, que nos abrirá uno u otra según hayamos actuado, según cuánto pesen nuestros pecados, nuestras faltas, no nos permite vivir la vida a plenitud. La farsa que se ha inventado de la absolución de los pecados por el simple expediente de contárselos a un cura que impone una multa consistente en rezos variados, o en prender velas a algún santo, no hacen más que profundizar la desconexión con nuestro ser interno, con ese Dios que llevamos dentro, que es solamente amor, y que no lleva ninguna anotación, porque siempre ventilan que hay pecados que no tienen perdón de aquel Dios. Por lo tanto, llegan a la muerte con una mochila de pecados que han de ser expiados allá abajo, en el llamado infierno. ¡Cuántas personas demoran en el proceso de muerte natural acicateados por ese temor a enfrentarse al de barba!, ¡cuánto sufrimiento adicional soportan esos creyentes!

“No, la muerte no existe. Es solamente un paso de un nivel a otro. Se deja el cuerpo para ir lejos de él, sin que importe ya. Fue el ropaje de la vida, el que le llevó por los distintos caminos que había que recorrer. Al morir, somos recibidos en aquel lugar donde todo es amor, todo es goce y alegría, donde no hay juicios, y se reparan las emociones y restañan las heridas. Al morir somos recibidos con amor, mimados, acogidos. Aceptados en plenitud.

“Cuánto más felices seríamos sin los inventos de la religión. ¿No es cierto?

“Si anda por aquí la próxima semana podremos conversar más de estos asuntos. Que disfrute la tarde.”

Se paró, le estiró la mano, estrechó la suya y le regaló una ancha sonrisa. Luego se dio media vuelta y caminó hasta doblar la esquina de la casa colorada, y se perdió por esa calle. Nunca lo volvió a ver, aunque regresó religiosamente, mire usted la ironía, todas las semanas durante dos meses. Aún medita lo que le dijo.

A quiet place

A Quiet Place es una película de 2018, del género terror-ciencia ficción, que me recordó la famosa película “Alien” con Sigourney Weaver, de 1979. Tiene la particularidad de haber sido dirigida, escrita y actuado por John Krasinsky como Lee Abbott, con Emily Blunt, como su esposa Evelyn, -su mujer en la vida real-, como coprotagonista, y Millicent Simmons, como la hija sorda de nacimiento, y Noah Juper y Cade Woodward como sus hijos pequeños.

La acción transcurre en el 2020, y la Tierra ha sido asolada por unos seres extraños, ciegos, pero con un oído extremadamente sensible, que captan los ruidos que hacen los seres vivos -humanos y animales- y cuando los descubren proceden a aniquilarlos. Así, el planeta se ve sumido en el desastre, y casi toda la población ha sido ya destruida. La familia Abbott, compuesta por Lee,  Evelyn, Regan, Marcus y Beau, luchan juntos por sobrevivir a estos terroríficos entes, de caparazón casi indestructible, rápidos como un celaje, y despiadados como desalmados. En la primera escena de la película aparece la familia completa buscando provisiones, completamente en silencio, en un local comercial abandonado, poniéndonos en contexto de inmediato en la acción que se desarrollará, y que no dará respiro.

La actuación de Emily Blunt es de primer nivel, y ya le valió ganar el SAG Award como mejor actriz secundaria por este rol. Este año ha sido un año especial para Blunt porque además por su papel en Mary Poppins ha sido nominada varias veces en los distintos premios. La película, además, ganó el premio como mejor película en apartado Ciencia ficción-Terror de los Critic’s Choise Awards. Krasinski en su doble papel, productor-actor principal, está muy acertado en ambos, exhibiendo seriedad y solidez. Una película sin palabras no es fácil de hacer y dirigir, y más de actuar. Me parece que es una prueba máxima para un actor, transmitir las sensaciones, las emociones y el hilo del guión sin palabras. Eso es un punto notable de la película. La música incidental también le agrega un sello de calidad. El sonido es una nota alta, y está nominada al Óscar como mejor edición de sonido, y a los Bafta como mejor sonido.

A Quiet Place, mantiene desde el principio hasta el final en máxima tensión. Si le gusta este género de combinación ficción-terror esta le satisfará perfectamente. Si no es su pasión se encontrará con una película de buena factura que se deja ver fácilmente, y entretiene.

A Quiet Place, calificación: 7,3 sobre 10.

 

Boy Erased

Boy significa “niño borrado”, y es una película basada en el libro “Boy erased, a memoir”, de Garrard Conley. Es una historia real, muy bien lograda. En español podría traducirse como “Niño ignorado”, y sería más fiel a la comprensión de la historia. Es una de las buenas películas de la temporada. La música acompaña muy bien la historia y centra aún más la atención en los asuntos que el director Joel Edgerton quiere transmitir en el guión que él mismo escribió. Edgerton, actor australiano, tiene ya una larga y fructífera historia como actor, guionista, productor y director. Lo hemos visto el “Loving”, una hermosa película sobre un matrimonio interracial, en que su coestrella Ruth Negga fue nominada al Óscar como mejor actriz secundaria el 2017, en “Red sparrow” con Jennifer Lawrence, en el papel de un espía de la CIA, en “It comes at night”, en “Bright” junto a Will Smith, en “The gift”, en la saga de “Star Wars”, y en cuántas más. En esta ocasión, interpreta a Victor Sykes, quien oficia de director del centro terapéutico “Love in Action”. A este centro envía Marshdall Conley a su hijo Jared, a someterse a terapia de rehabilitación por su homosexualidad.

La película gira en torno al rechazo que sufre Jared Conley en su familia, -de ahí el nombre de la película-, cuando cuenta a sus padres que es gay, tras lo cual es presionado a internarse en este centro, en el que tienen como especialidad “curar la homosexualidad” por medio de tratamientos vejatorios, violentos, indignos y desmoralizadores, debido al enfoque religioso de ellos que lleva la culpa y el castigo como armas afiladas que atacan el corazón de seres humanos desvalidos, solitarios débiles, de lo contrario será repudiado por la familia, por la comunidad de la iglesia donde Marshdall es pastor, y por sus amistades. Las afirmaciones basadas en las creencias que vemos que se usan para “las terapias” las escuchamos a menudo, hoy, más de lo que quisiéramos: “el matrimonio es entre un hombre y una mujer”, “sólo un hombre y una mujer pueden procrear”, “el amor homosexual está castigado por Dios”. El tratamiento parte con un “Inventario moral”, en que los internos deben hacer un listado de los “pecados” y pedir perdón a Dios. Además, deben preparar un “árbol genealógico” con los pecados de los familiares, indicando quienes han consumido drogas, han sido alcohólicos, has tenido abortos, promiscuidad (homosexualidad), enfermedades mentales, apostadores, etc. La masturbación está en la lista de los pecados personales a confesar, y les está prohibido ir al baño en solitario; alguien debe ir con ellos a vigilarlos. Todo esto lleva a configurar un ambiente que denigra completamente a quienes sufren los tratamientos.

Marshdall Conley está interpretado por Russell Crowe en una actuación convincente, seria y pulcra. No es de las mejores que le conocemos, y tampoco físicamente está como en “Gladiador” o como el capitán del barco inglés en “Master and Comander (Capitán de mar y guerra)”. Los años no pasan en vano. Nancy Conley, la madre de Jared es interpretada por Nicole Kidman, de muy buen trabajo, convincente, versátil, y segura. Un papel diferente a los que le hemos visto, difícil, pero muy interiorizada. Ella ya estuvo nominada como mejor actriz de reparto por esta actuación en los Critic´s Choise Awards. No sé si este trabajo tendrá la altura como para competir por los Óscar, porque este año la competencia que tiene es muy amplia y fuerte. Jared está interpretado por Lucas Hedges, a quien ya hemos visto en buenos papeles en “Manchester by the Sea” junto a Cassey Afleck, en “Lady Bird” con Saoirse Ronan, y otras. Su actuación es sólida, valiente, convincente, y con mucha fuerza. Hedges es un actor joven que se ha codeado con directores y actores como los mencionados. Ha dado muestras de versatilidad y de mucha calidad en sus actuaciones.

La música es de Jonny Greenwood, de Radiohead, quien hizo la música para “The Phantom Thread”, que fue nominada a los Óscar del 2018. Como dije, es una banda sonora muy especial, que aumenta la concentración en los instantes importantes.

“Boy Erased” un drama de actualidad, que no puede dejar de verse. Es una más de las ocasiones disponibles que tenemos para tomar conciencia de las formas perversas que tiene la religión para apartarse del amor universal, y hacer de las personas religiosas unas personas fanáticas, ciegas, e irreductibles en sus creencias anquilosadas, que creen que con dichos comportamientos están ganando el favor de Dios.

“Boy Erased”, imperdible.

Green Book

The Negro Motorist Green Book (El libro verde del conductor negro), más conocido como Green Book, era la biblia de los viajeros negros en EEUU durante gran parte del siglo pasado, porque era una guía de restaurantes, garages, estaciones de servicio, moteles, hoteles, y pubs donde la gente de color podía concurrir sin peligros. Esta guía del viajero negro fue hecha en 1936 por un cartero negro del Harlem, en Nueva York, llamado Víctor Hugo Green, -de ahí su nombre-, quien recibía información de parte de otros carteros repartidos en el país y la agregaba periódicamente. Esta guía circuló hasta 1967. En los años en los que Green publicó la guía, existían en EEUU las llamadas “leyes de Jim Crow” que imponían la segregación racial en el sur del país, vigentes desde el siglo XIX hasta 1965. La parte principal de las leyes se resumían en la frase “iguales, pero separados”. Debido a estas leyes, muchos establecimientos no recibían a los afrodescendientes y estos sencillamente no podían compartir espacios públicos con los blancos, so pena de maltratos o incluso de riesgo de sus vidas si trataban de hacerlo. El llamado “libro verde” era entonces una ayuda invaluable en un mundo de intolerancia y violencia racial, porque proveía información de verdaderos refugios para los “colored” en sus viajes, especialmente por el sur de EEUU. Sin duda alguna este librito, de dimensiones justas para llevar en la guantera del auto, pudo no solamente hacer más llevaderos los viajes de muchos, sino también salvar la vida de unos cuantos de ellos.

La película es la historia real viaje de un artista negro, un eximio y delicado pianista de música docta llamado Don Shirley, interpretado magníficamente por Mahershala Alí, con su conductor blanco Tony Vallelonga, interpretado por Viggo Mortensen, en un recorrido de dos meses dando conciertos en distintos lugares y escenarios, a lo largo de varios estados del sur de EEUU, los estados más segregacionistas del país. La película es dirigida por Peter Farelly, con un guión escrito por el hijo de Tony, Nick Vallelonga, junto al mismo Farelly y Brian Hayes Currie. Esta comedia dramática -en el lenguaje cinéfilo- relata una travesía de aproximadamente dos meses, en que se muestran dos hombres diametralmente opuestos, que poco a poco van rompiendo sus moldes dados por sus propias realidades sociales, culturales, raciales, crianzas, y creencias personales, para ir forjando una relación se mutuo aprendizaje, llena de dignidad, fuerza y compasión, en medio de la hostilidad racial del sur de EEUU.

Sin duda alguna que es chocante ver hoy la realidad de la segregación racial, que dio origen a tanto dolor, sufrimiento e injusticia en carne de seres humanos con un color de piel diferente, cuyos antepasados fueron alguna vez llevados encadenados a servir como esclavos, para hacer surgir la economía de un emergente país. Esa misma segregación racial que conoció la lucha de Martin Luther King, y por la cual pagó con su vida, al ser asesinado en Menphis, Tennessee, por un segregacionista blanco de un disparo de rifle en su garganta, en abril de 1968.

La película ha recibido una magnífica crítica a nivel mundial, y es segura candidata a varios premios Óscar. Su principal competidora será Vice, si no lo es Roma que podría competir como mejor película de habla no inglesa, lo que dejaría la competencia entre estas dos. Green Book ya ganó el Golden Globe como mejor película en la categoría comedia venciendo precisamente a Vice, y a otra gran candidata, The Favourite, de Yorgos Lanthimos. Por su actuación Viggo Mortensen es serio candidato al Óscar como mejor actor. Ya lo vimos el año pasado también nominado por su magnífico papel en “Captain Fantastic” (Capitán Fantástico), película que pasó sin bombos ni platillos por los cines nacionales. Sin duda ese ha sido uno de sus papeles memorables en una estupenda película, que quiebra los moldes de una sociedad estructurada, clasista y carcomida por el neoliberalismo. A lo mejor por eso no fue un éxito de taquilla. Por su parte Mahershala Alí ha ganado ya el Golden Globe y el Critic´s Choise como mejor actor secundario, dejando pocas dudas que será el más serio candidato a los Óscar de este año. Sin duda alguna su actuación es soberbia, convincente y fácilmente querible. La historia llega hondo al corazón y genera prontamente un fuerte lazo de solidaridad con ambos y con las peripecias del viaje. El director Peter Farelly también ha estado nominado este año a ambos premios, uno, como mejor director, y dos, en la categoría de mejor guión original, el cual ganó en los Globos de Oro, venciendo a Vice, Roma, The Favourite y a If Beale Street could talk, que son según la prensa y los críticos, las mejores películas de este año. (Al final, Green Book ganó el Óscar a la mejor película y Alí al mejor actor de reparto).

Green Book, una película muy bien hecha, que no puede dejarse pasar, con grandes actuaciones, y con un tema central que impacta.

Green Book, en la lista de las imperdibles de este año.

RBG

RBG son las iniciales de Ruth Bader Ginsburg, y es un documental biográfico de la CNN del año 2018. Dirigida por Betsy West y Julie Cohen, nos muestra la vida y la obra de la mujer que ha llegado a ser jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos, desde su nacimiento en el seno de una familia inmigrante en Brooklyn, Nueva York, su período estudiantil y luego como profesora de la escuela de leyes, su carrera como abogado y luego los nombramientos como jueza federal bajo la presidencia de Jimmy Carter, y luego como jueza de la Suprema por el presidente Bill Clinton.

Ruth Bader Ginsburg es excepcional. Es uno de esos seres humanos que se dan pocas veces. Con una inteligencia privilegiada, una capacidad de trabajo sobrehumana, una voluntad férrea, con principios intransables y una dedicación incansable. Fue la mujer que introdujo el concepto de “discriminación por género” en la justicia estadounidense, y llevó seis casos a la Corte Suprema basados en ese concepto, y los convirtió, para siempre, en concepto jurídico. Ganó cinco de ellos, y sentó un precedente en la justicia, que tuvieron impacto en ese país, y luego mundialmente. El primero que ganó fue el de una mujer contra la Fuerza Aérea de EEUU, y luego ganó un juicio representando a un hombre discriminado por género también al no recibir una ayuda estatal que estaba destinada solamente a las mujeres viudas. Ella representó a este hombre, que era discriminado en razón de su sexo, y ganó la demanda. Otro caso notable fue el caso contra una academia militar que sólo recibía hombres, y nunca a postulantes mujeres. Luego de ganar el caso la afamada academia es mixta.

Con el correr del tiempo la Suprema se ha convertido en un bastión de la derecha conservadora, y ella, con sus votos de minoría disidentes ha contribuido al debate nacional sobre los derechos de las minorías, y principalmente de las mujeres. Han sido famosas sus alocuciones en contra de Trump, de las cuales hubo de arrepentirse públicamente. Trump le dedicó palabras ácidas y destempladas, en su estilo.

RBG, un gran documental que está seleccionado en la competencia de los Óscar en su categoría. Es un gran trabajo, sobre una mujer de excepción, llena de conocimientos, camino a la sabiduría y con un gran sentido del humor. La canción final, “I’ll fight” con letra y música de Diana Warren está también seleccionada en la categoría mejor canción original, dándole la pelea a Lady Gaga, entre otras.

RBG, es una muy buena película, que es recomendable ver. Ayuda a comprender que las luchas por aumentar la conciencia de la gente, para tener un mundo más armonioso y amoroso también se dan desde los estudios y la erudición. La jueza Ginsburg es un buen ejemplo de ello, y puede servir de una excelente inspiración para muchos y muchas.

Este documental está entre las imperdibles de las películas del 2018.

RBG, un 7,5 sobre 10.

Beautiful Boy

Beautiful Boy

Basada en una historia real, plasmada en los libros “Beautiful Boy: A Father’s Journey Through His Son’s Addiction” por David Sheff y “Tweak: Growing Up on Methamphetamines” por Nic Sheff la historia de Beautiful Boy es hoy tan común. El mundo de las adicciones a las drogas, al alcohol, al sexo, al juego, deja a todos con un sabor amargo en la boca después de conocer las dramáticas historias que viven los involucrados. Por eso, cuando termina la película es inevitable no estar sobrecogido por ella. Sin embargo, esta trata muy bien el problema de la drogadicción, pero no desde el punto de vista del morbo que ella tiene en sus situaciones límite, sino en la relación de un padre con su hijo, en el amor incondicional de un padre desesperado, que no sabe qué ni cómo hacer para ayudar a su tan amado hijo.

Steve Carrell, -a quien hemos visto en buenas actuaciones desde hace mucho, con excelentes caracterizaciones como en La batalla de los sexos, The Big Short, y Foxcatcher, por el cual fue nominado a los Óscar como mejor actor- en el papel de David, el padre cariñoso y lleno de ternura y Thimotée Chalamet -a quien vimos el año pasado en Call me by your name, por lo cual fue nominado a los Óscar como mejor actor- en el rol de Nic, el hijo desesperadamente perdido en el mundo de las drogas, hacen un conjunto que muy pronto captura la atención total del espectador en este drama que emociona rápidamente. La película se basa en guión muy potente y bien escrito por Luke Davies, y la dirección de Félix Van Groeningen, a quien conocimos en aquella joya belga que fue “The Broken Circle Breakdown”, historia de una pareja unidos por la música que sufren la muerte por cáncer de su hijita de seis años, y que fue seleccionada en los Óscar en el capítulo Mejor Película de habla no inglesa en 2013, y que a mi gusto debió ser la ganadora.

A no dudarlo esta no será una película del gusto general, porque nos hace ver, desde el lado humano, el tremendo conflicto de la adicción a las drogas duras, en este caso la crystal meth o metanfetamina, y como no gustamos de ver ni vivir esas emocionalidades entonces las evitamos. Pero es una película muy buena, llena de amor, de aprendizaje. Notable es la confidencia del experto que consulta el padre cuando le dice que el éxito de las clínicas de tratamiento no es de dos cifras, como acostumbran a decir en la publicidad, sino que alcanza a una esmirriada una cifra, es decir, un éxito bajo el diez por ciento. Esta película nos pone de frente con los métodos de sanación, y, a los que hemos investigado más en estos temas, nos pone de cabeza en lo poco convincentes que son los diagnósticos, reduciéndolos a temas físicos o mentales, y obviamente, a esos niveles no pueden tener éxito los tratamientos. Por eso, el padre desespera, llega a límites, viendo que a su hermoso hijo amado no puede ayudarle.

La película es un grito a los “científicos”, a los profesionales de los “síntomas mentales” a que recapaciten y abran sus mentes a otras gentes que no ven en las radiografías los problemas de los pacientes, ni tampoco ven en los fármacos la solución. Es una película que debe ser vista por un amplio abanico de personas, como una forma de tomar conciencia de la devastación que producen las drogas.

Las actuación de Chalamet impresiona. Ya dejó de ser una promesa en el cine actual, es ya una realidad, y al parecer nos habituaremos a verle en las entregas anuales de premios de la industria del celuloide. La buena actuación de Carell en general decae cuando debe enojarse, porque no se hace muy creíble en el doble papel. Sin embargo, son notables las escenas donde transmite desazón e impotencia. Las actuaciones secundarias de Maura Tiurney como Karen la esposa actual de Jeff, y de Amy Ryan como Vicky, la madre de Nic, cooperan a la vivencia del drama y sus papeles son creíbles y sólidos. No tienen grietas.

Beautiful Boy, para mí una de las mejores películas de este año, independientemente de si gana premios o no. No se puede dejar pasar.

Beautiful Boy, puro amor incondicional.

 

Brexit

A vuelo de pájaro. Crítica de cine.

Benedict Cumberbatch encarna en “Brexit: the uncivil war” a Dominic Cummings, uno de los tres hombres que idearon la campaña del “Leave” en el Reino Unido, y que dio origen al comienzo de su separación de la Comunidad Europea. El film, dirigido por Toby Haynes, con un guión de James Graham, producido por Channel 4 en colaboración con HBO, narra desde sus comienzos la campaña mediática de ambas opciones, Leave o Remain (Abandonar o Permanecer), introduciéndonos a una nueva era de captación de votos, basada en el uso del cruce de las redes sociales (facebook y twitter especialmente) y las interacciones y publicaciones de los potenciales votantes, con sus datos demográficos, geográficos y sociales.

La película, rápida y ágil, nos introduce dramáticamente en la separación de dos mundos, el tradicional, en que las campañas se hacían puerta a puerta, gastando no solamente la suela de los zapatos sino también las manos de tanto estrechar la de los posibles adherentes, y la nueva forma, impersonal, lejana, anónima, basada en algoritmos matemáticos, que cruzan información y de ese modo permiten manipular la voluntad del destinatario. Informar, dirán algunos, que se llama esta nueva modalidad, para de ese modo darle mayores opciones para fundamentar su voto, o lograr que voten.

La película narra magistralmente la irrupción de las nuevas formas, de la mano de un irreverente Cummings. Su forma de vestir, de hablar, de movilizarse, sus silencios, ironías y altanería ante los políticos de corbata y traje tradicional, retrata claramente lo que el director quiere transmitir como imagen: el éxito de lo moderno por sobre lo acostumbrado, lo nuevo por sobre lo viejo, el cambio por sobre lo cómodo. Cumberbatch se muestra convincente en el papel, aún cuando en ciertos pasajes se ve algo sobreactuado en su afán de hacer más profundo el desarrollo del personaje. Tal vez se muestre algo exagerado en mi opinión, asunto que los ingleses evitan en forma natural. Sin embargo, se logra crear la sensación de atrevimiento apelando al conservadurismo y su actuación supera largamente a la de sus compañeros de trabajo. Quizás no esté tan brillante como ha estado en Sherlock, o en The Imitation Game (El código enigma), en que estuvo nominado a mejor actor en los premios Óscar, pero es una estupenda actuación.

Por otro lado, los exponentes de la campaña de Remain, exponen la forma tradicional de llevar adelante la empresa, provista de un buen número de cifras, valga la redundancia, y una alta dosis de inoculación de temor en la población. Esos dos elementos los conocemos de sobra por estos lados, y sabemos su efecto devastador en las esperanzas del progresismo. Quizás está un poco exacerbado el carácter perdedor de esa opción, ofreciendo personajes algo recargados, que se hacen antipáticos al espectador, especialmente del jefe de la campaña, bien interpretado por Rory Kinnear.

Los planos exteriores y la aparición de personas reales, políticos como Theresa May, David Cameron, u otros, son ágiles, y acompañan el desarrollo de la película dándole mayor fuerza argumentativa. La banda sonora que realza los momentos importantes de la película, acompañando el efecto que el director pretende lograr impresionando con rapidez. La introducción de los personajes bajo el embrujo del Himno de la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven logra un efecto de fuerza en ellos que difícilmente se hubiera logrado de otra forma. Sin duda la música incidental apoya la trama de este drama moderno.

La película parte advirtiendo que está basada en hechos reales y en entrevistas a personas que fueron actores claves en ellos. “Todos saben quién ganó, pero no todos saben cómo”, es la frase del monólogo del personaje de Cumberbatch, y que es lo fundamental del film, lo que le da vida. El uso de la información de las redes sociales que los votantes comparten para así hacer el perfil de cada uno y poder entonces influir en su decisión de voto es la parte crucial de esta buena producción. Nadie puede quedar indiferente ante estas revelaciones, ya que estos hechos están configurando un nuevo orden mundial, que aparentemente escapa a los deseos de la mayoría de los electores, los cuales ven cómo quienes no tienen todas las credenciales democráticas se hacen elegir en cargos de importancia, como Trump o Bolsonaro. En Chile, tuvimos la experiencia en la elección de diciembre de 2017, en que la campaña de Piñera utilizó software que se reconoció tenía al menos uno de los partidos de su coalición, RN, conocido como Instagis, que además había sido financiado en su adquisición por Corfo. (Ver https://ciperchile.cl/2018/01/03/instagis-el-gran-hermano-de-las-campanas-politicas-financiado-por-corfo/). Al final, se da a conocer con todas sus letras la friolera cifra de mil millones de mensajes que se enviaron a los votantes mediante un software especializado, apareciendo como operadora la conocida empresa Cambridge Analytica.

Una buena película que dudo importe a las distribuidoras a traerla a las salas de cine, ya que parecen más interesadas en vender cabritas y bebidas cola a precios exorbitantes -lo que parece ser el corazón de su negocio en vez de la exhibición de buenas películas- y que nos sume de frente en el marco ético de las feicnius (fake news), de los mensajes dirigidos a un público específico dispuesto a dar su voto por una causa que puede no tener relación alguna con su preferencia política pero que fue inoculada en forma calculada para ese efecto, y la elección de personas que están lejos de representar los deseos de la mayoría, o de lograr hacer ganar a una opción en el referéndum del Brexit, el “leave”, lo que ha sumido a Inglaterra en una gran crisis, y que le ha hecho perder credibilidad frente a sus aliados naturales  como son los países más importantes de Europa, especialmente Alemania.

La película abre una interrogante potente sobre el futuro, y hace desconfiar en la capacidad de los buenos para derrotar a los malos, asunto que siempre está presente en el cine, desde los albores de la industria.

“Brexit: the uncivil war” o la manipulación tecnológica para lograr que el Reino Unido abandone la Comunidad Europea de Naciones.