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Archive for 28 abril 2008

Trabajar con amor

Trabajar con amor

 

En el avión encontré una revista llamada In de este mes de abril en que aparece una entrevista a Tetsuya Wakuda, considerado el mejor chef de Australia. Wakuda, dice:

 

“Queremos agasajar al amigo que llega desde lejos. Ese es mi restaurante, pero también mi casa; mi equipo es mi familia. Cocinar, para mi, es un acto de amor… es compartir con aquellos a quienes quieres”.

 

Asistimos aquí a uno de los secretos más conocidos de los exitosos que en el mundo se ven, y es que el trabajo es amor.

De ello quiero hablar ahora, del amor, del trabajar con amor.

Hace algunos años atrás, cuando vivía con serios conflictos vocacionales, un amigo me propuso que preguntara a muchas personas acerca del trabajo y su significado. Lo importante era que además me fijara en la realidad circundante del consultado, su calidad de trabajo, su desarrollo y en todos los detalles que lo componían como un todo, para de esa forma comenzar a darme cuenta yo mismo de lo que es el trabajo.

 

Comencé mi encuesta y aparecieron las primeras y más comunes respuestas:

 

·         El trabajo es un sacrificio

·         Es dinero

·         Es un medio para lograr un objetivo, el sueldo

·         Es esclavitud

·         Es explotación

·         Es seguridad

·         Es obligación

·         Es castigo

 

Miraba además la realidad de cada uno de los encuestados e invariablemente comencé a ver datos que no veía antes de reparar en ellos, como es el entorno y su realidad económica, social y laboral. Comencé a ver a través de sus respuestas miedo y escasez. Comencé a ver que las personas no son capaces de conectarse con el presente y viven en función del futuro. Aquel futuro que nunca llega, porque es futuro, y que niega el presente, lo que es, lo que existe.

 

A veces surgían, de tarde en tarde, respuestas como las siguientes:

 

·         El trabajo es servicio

·         Es vida

·         Es gratitud

·         Es alegría

·         Es una bendición de Dios

 

Las personas que respondían ésto no necesariamente eran altos ejecutivos, empresarios o directivos, sino que incluían a una variada gama de gentes, incluso a una persona que lustraba los zapatos en una concurrida esquina y a una señora que tenía un kiosco de diarios, revistas y confites, y todos, invariablemente manifestaban alegría, paz, tranquilidad y algunas cosas que me sorprendían, como por ejemplo la capacidad de escuchar.

 

Empezaba a comprender lo que era trabajar con amor.

 

Pronto comenzaron a aparecer entre las personas que preguntaba aquellas que me decían “haría lo mismo que hago ahora aunque no me pagaran”. Acostumbrado desde chico a escuchar que había que emplearse para que llegara el sueldo a fin de mes, aunque fuera poco, pero seguro, mi sorpresa era total ante estas respuestas.

Y seguí observando con detenimiento. Descubrí que las personas del último grupo ven en las personas lo positivo que tienen, su vocabulario verbal y gestual es amable, su expresión facial es tranquila y sus ademanes agradables. Son además personas con mucha energía.

 

Ya empezaba a descubrir lo que era trabajar con amor.

 

Y comprendí que el trabajo que hacían las personas que tenían estas respuestas sorprendentes para mí, como era aquella de hacer lo que hacían aunque no les pagaran, era que consideraban su trabajo un servicio al prójimo. Un servicio por amor. Lo contrario al sacrificio, a la obligación, a la explotación, a la esclavitud, a la necesidad, a la escasez. Y el chef Wakuda es un ejemplo de ello.

 

Por eso hoy día, cuando me consultan, digo que hay que permitirse hacer lo que se viene a hacer a la vida. Cuando estamos cumpliendo la misión nos invade la felicidad, y aparecen los recursos, las ganas, la energía, y todo el Universo se confabula para que hagamos lo que hay que hacer. Cuando se manifiesta la intención absolutamente todo se alinea para seguir el camino, van apareciendo las personas y las situaciones que van llevándolo a uno de la mano.

 

Hoy yo hago lo que hago aunque no me paguen. Es mi camino. Dios se encarga de que a mi vida llegue todo lo que necesito. Y por ello solamente doy gracias.

Gracias a Dios.

 

 

Para terminar un regalo del maestro Khalil Gibrán:

 

DEL TRABAJO

 

Un campesino dijo:

“Háblanos del trabajo”.

Y él contestó:

“Trabajáis para marchar en armonía con la tierra y con el alma de la tierra.

Porque estar ocioso es ser un extraño para las estaciones y desertar del cortejo de la vida, que marcha con majestad y orgullosa sumisión hacia el infinito.

 

Cuando trabajáis, sois una flauta en cuyo corazón el murmullo de las horas se vuelve música.

¿Quién de vosotros querría ser un caramillo (flauta aguda) mudo y silente, cuando todos los demás canten al unísono?

 

Siempre se os ha dicho que el trabajo es maldición, y toda labor, infortunio.

Mas yo os digo: cuando trabajáis, cumplís con una parte del más remoto sueño de la tierra, asignado a vosotros desde su nacimiento, y manteniéndoos siempre laboriosos, amaréis realmente la vida.

Y amar la vida merced al trabajo es intimar con el secreto más oculto de la vida.

 

Pero si en vuestra pena llamáis dolor al nacimiento y maldición grabada sobre vuestras frentes al sostén de la carne, entonces os advierto que no hay nada mejor que el sudor de esas frentes para borrar lo que lleváis grabado.

También se os ha dicho que la vida es ciertamente tenebrosa, salvo cuando hay actividad.

Y toda actividad es ciega si no la acompaña el conocimiento.

Y todo conocimiento es vano, salvo cuando hay trabajo.

Y todo trabajo es infructuoso si no lo acompaña el amor.

Y cuando trabajáis con amor, os unís uno al otro y a Dios.

 

¿Y qué es trabajar con amor?

Es tejer el vestido con fibras extraídas de vuestro corazón, como si fuera para vestir al ser más amado.

Es construir una morada con cariño y embellecerla como si fuese para albergar al ser más amado.

Es sembrar con ternura y cosechar con regocijo, como si el fruto fuese para alimentar al ser más amado.

Es infundir a todas las cosas que creáis un soplo de vuestro propio espíritu, y saber que todos los muertos sagrados os rodean y vigilan.

Con frecuencia os he oído decir, como si hablarais en sueños:

– Aquel que trabaja el mármol y cincela la forma de su propia alma en la piedra es más noble que el que ara la tierra; y el que se apropia de los colores del arcoiris para plasmarlos sobre una tela en el retrato de un hombre vale más que el que hace sandalias.

Pero yo digo, no en sueños, sino cuando más despierto estoy, que el viento no habla más dulcemente a los gigantescos robles que a la más insignificante de las hierbas.

Y sólo es grande aquel que por su propio amor convierte la voz del viento en un canto más dulce.

El trabajo es amor hecho realidad.

Y si no podéis trabajar con amor, sino con disgusto, será preferible que abandonéis el trabajo y os sentéis a la puerta del templo, y ahí pidáis limosna a los que trabajan con regocijo.

Porque si amasáis con indiferencia, haréis un pan amargo que calmará a medias el apetito de un hombre.

Y si os repugna extraer el mosto, vuestra repugnancia destilará un veneno en el vino.

Y si queréis cantar con voz angelical y no amáis el canto, sólo taparíais el oído del hombre para que no escuche las voces del día ni las voces de la noche”.

 

Extraído del libro “El Profeta” de Gibrán Khalil Gibrán

 

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Cuando me hice cargo de esta pequeña misión del compromiso con estos seres nuevos, no sabía lo que eran los niños cristal, ya que los confundía con los llamados niños piel de cristal, cuya impactantes imágenes se ven en la prensa escrita y televisión con cierta regularidad. Nada puede estar más alejado de lo que se describe como son estos nuevos seres humanos que según los datos que he investigado están llegando a compartir sus días con nosotros.

Los niños cristal son llamados así porque su campo vibratorio, su aura, es cristalina, transparente, según aquellos que tienen el don de poder ver los campos magnéticos de los seres vivos. Esa aura es acorde con sus características tan especiales que han venido a manifestar.

Se dice que son los que vienen a continuación de los índigo –que al día de hoy somos muchos de ellos adultos-, que vinieron a romper esquemas, a abrir los caminos para producir los cambios necesarios en el mundo para hacer de la tierra un mejor lugar donde vivir.

Las características descritas por los estudiosos para los niños cristal coinciden en que el primer llamado de atención son sus ojos grandes, penetrantes, intensos, que parecen transmitir los pensamientos que tienen, y leer los pensamientos de quienes les rodean. Por eso se dice que utilizan la telepatía para comunicarse, y que cuando llegan a algún espacio éste se llena de paz y amor.  Se dice que cuando un cristal mira a los ojos se siente que ha penetrado dentro del alma. Esta forma tan desarrollada de comunicarse pareciera que los hace ser muy tardíos en desarrollar la comunicación hablada, pero utilizan en cambio un lenguaje de señas muy claro y preciso, con el cual se dan a entender en forma clara y sin dudas. Muchos en vez de hablar se comunican por medio de canciones, y es común que desarrollen esta habilidad antes de comenzar a hablar. Esta dificultad en comunicarse por medio del habla les hace ser fácilmente diagnosticados por la medicina tradicional como autistas, asunto que, como se puede intuir ya, está completamente equivocado, ya que el autista vive en su mundo y está desconectado de los demás, y el cristal por el contrario es comunicativo –aunque hemos visto que de modo diferente-, cariñoso, cuidadoso, amable y sensible. Se ha alertado que desde la aparición de los niños cristal ha aumentado alarmantemente el diagnóstico de autismo entre los niños, especialmente de EE. UU.

Son como dije, extraordinariamente sensibles y cariñosos. Por eso se afectan mucho con medios de mucha negatividad, y son muy sensitivos y empáticos. Son auténticos, y los sentimientos de maldad, falsedad y envidia son desconocidos en su entorno. Su conexión con la naturaleza y los animales es sorprendente, y demuestran un enorme interés por los cristales y las rocas. Presentan también una visión de la vida diferente a la que presentan los demás.

Se muestran muy equilibrados emocionalmente, y son muy apacibles, suaves y amorosos, y poseen la virtud de perdonar fácilmente a los demás. Poseen una gran capacidad de sanación, y con frecuencia ponen sus manitas para sanar, y prefieren las comidas de alta vibración como verduras, frutas y sus jugos a la tradicional. No solamente curan los cuerpos de las gentes, sino también sus corazones.

Los niños cristal nacen con dones síquicos. Son comunes los relatos de madres que cuando ven a su recién nacido sienten cómo este les clava la mirada, sin pestañar siquiera, y le transmite sus pensamientos de calma, paz y amor, logrando entonces una atmósfera de una quietud y comunicación inmensa entre ambos. ¡Por esta forma de comunicarse es que cada día se escuchan más reportes de padres de niños y niñas que pasan con mucho el tiempo considerado “normal” para comenzar a hablar!

Les fascina el dibujar, pintar y crear cosas. Al parecer el predominio del hemisferio derecho del cerebro les hace estar muy conscientes de sus emociones, ser altamente intuitivos, filosóficos, con gran desarrollo motriz, y una marcada orientación espiritual y musical.

Es fácil imaginar que la llegada al planeta de estos niños con este elevado nivel de conciencia, cuyos precursores han sido los índigo, producirá cambios notables, especialmente cuando comiencen a actuar en la vida pública en cargos directivos.

¡Imaginemos lo que sería la tierra con los cristales a cargo de los gobiernos, la justicia, los negocios, la economía y  la política!

Se dice que los niños cristal han empezado a hacer su aparición desde el año 1995 aproximadamente, por lo tanto ya los tenemos entre nosotros entre los adolescentes actuales.

Los niños cristal son otro regalo de Dios a la Tierra.

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Es necesario cambiar

Es necesario cambiar

 

El mundo de hoy vive en un impactante estado continuo de cambio. Nada será igual a como fue hace un día. Vivimos una época de cambios de velocidad asombrosa y de profundidad extraordinaria. Necesitamos ajustar nuestra vida para poder ser felices, asimilar todo lo que nos ha pasado y desarrollar nuevas habilidades, desarrollar nuestros talentos, que nos permitan amoldarnos a los nuevos tiempos que hemos venido a vivir, los tiempos que hemos elegido vivir.

El desarrollo de los talentos puede ser una tarea dura y complicada, especialmente cuando ellos se han escondido por muchos años, a cambio de funcionar adecuada y productivamente en el medio que nos desenvolvemos, por medio de técnicas aprendidas, y aunque ello deje huellas en nuestra salud, asunto evidente en la actualidad, seguimos insistiendo en seguir haciendo lo mismo, de la misma forma, en los mismos ambientes, logrando siempre los mismos resultados. Un guía espiritual que conozco dice que una buena definición de locura es seguir haciendo lo mismo esperando resultados diferentes.

No puedo desconocer que a muchos de nosotros nos ha tocado pasar por experiencias poco gratificantes, por decirlo suavemente, como abusos de todo tipo, desencantos, decepciones, duelos, pérdidas y un sin número de situaciones que nos generaron emociones negativas como el miedo, la rabia o el odio. Pero esas cosas ya quedaron atrás. Ya pasaron. Y no podemos cambiarlas, porque ya sucedieron así. (Ojo que digo que ya pasaron y no podemos cambiarlas, no que no podamos trabajarlas para sanarlas. De hecho la TVP trata las huellas de los episodios traumáticos del pasado, para sanar el presente. Ver el artículo Sanación del Alma). Y si se miran en perspectiva esas situaciones fueron, por lo general, cortas, pasajeras. Y esas situaciones momentáneas del pasado que anclan a las personas a ellas, y no les permiten vivir el presente recuerdan la alta resistencia al cambio que manifiestan. Esta resistencia hace que muchos se den vueltas en esas situaciones desagradables del pasado y no se decidan a vivir lo que se les presenta hoy día y no puedan ver las oportunidades que les ofrece la vida. Entonces, cuando sucede esto y permitimos que las experiencias marcantes nos gobiernen no hacemos más que construir cárceles ficticias, con barrotes falsos, que no nos dejan salir de donde estamos para tomar el control de nuestras vidas y cambiar entonces. Cuando ello sucede es cuando nos enfrentamos a la resistencia a cambiar nuestras creencias, aquellas ideas que pensamos o estamos convencidos que son verdad, y que nos permitirían lograr los avances en la vida, hacia un estado de mayor felicidad. Cuando quedamos varados en esas situaciones que nos marcaron queda la tendencia a  definirnos desde lo que apreciamos. Y esas situaciones se repiten una y otra vez. La física cuántica nos lo ha demostrado, y dice que nuestros receptores neuronales de acostumbran a ciertos estímulos y reaccionan a ellos, no pudiendo reconocer otros, aunque ellos estén presentándose continuamente. Ello quiere decir simplemente que no somos capaces de reconocer otras cosas que no sean aquellas con la que nos identificamos, como por ejemplo, cuando quedamos pegados en los acontecimientos del pasado.

¿Qué hacer entonces para cambiar? Lo primero es contar con la necesaria voluntad para hacerlo. Basado en el convencimiento que la vida que llevamos, que lo que comúnmente hacemos no nos trae felicidad, no nos gratifica, podemos decidir hacer los cambios. Y ellos parten por reconocer que lo que nos pasa tiene que ver con la forma en que reaccionamos al mundo que nos rodea, y no con la forma en que creemos que nos trata el mundo en el que nos desenvolvemos. Dejamos de ser víctimas, y comenzamos a tomar la vida en nuestras manos. Eso implica muchas cosas, una de ellas es que debemos aceptar la responsabilidad de lo que hacemos, debemos hacernos cargo de las consecuencias. Entonces, podemos analizar las creencias en las que basamos nuestro actuar. Debemos identificarlas. Una vez hecho esto, asunto no menor ni sencillo, podemos comenzar a permitirnos ver la situación desde otra perspectiva, diferente a la de la creencia que nos identifica y mueve, para cambiarla por una nueva, que sea expansiva, que nos de libertad y termine con las restricciones. Las nuevas creencias generarán nuevas realidades. Cambiar las creencias para cambiar los resultados de la vida. Ver los hechos desde otra perspectiva no los va a cambiar, permanecerían igual, pero nos permitirá cambiar las creencias, y con ellos cambiarán nuestras actitudes, y con ello nuestros comportamientos y con ello cambiarán los resultados.

Pero, insisto, es un asunto de voluntad. Pura voluntad.

La vida es un aprendizaje continuo. Más ahora que vivimos con un cambio continuo. Si mantenemos las mismas creencias, los mismos patrones anticuados, viejos, no lograremos los cambios necesarios para ser felices.

Me he encontrado con personas que permanecen aferradas a antiguas creencias, a pesar que su realidad ha cambiado radicalmente, que su entorno ha cambiado profundamente, que sus niveles de gratificación son muy bajos, y que sus momentos de alegría efímeros, pero no tienen la voluntad de cambiar, y permanecen logrando los mismos resultados de siempre. Lo que les pasa no les hace aprender, e insisten en hacer más de lo mismo creyendo que la práctica va a cambiar el escenario y con ello los resultados. El avance de las enfermedades, algunas desafiantes, persistentes, tenaces, relacionadas con los niveles de frustración, con los niveles de insatisfacción, con la negación de lo que son intrínsecamente, y con la negación a cambiar es un hecho creciente.

Es más fácil enjuiciar lo que pasa, que cambiar. Y los juicios nos mantienen en donde mismo y el mundo cambia, nos pasa por el lado. El juicio nos separa, nos aleja del prójimo y no nos deja cambiar. El juicio proviene del miedo, de la baja autoestima. Proviene del lado fácil. Lo difícil es cambiar para que cambien los resultados que obtenemos en la vida.

El objetivo de la vida es la felicidad. No el sacrificio. Tenemos derecho a ser felices. Y perseguir la felicidad implica lisa y llanamente hacer los cambios necesarios para alcanzar ese estado. Y ello parte por cambiar nuestras creencias limitativas por otras que nos permitan expandirnos, crecer, aprender. Gozar de la vida.

Los hombres si lloramos. Y no solamente de pena. También de felicidad. Y lo hacemos sin vergüenza. Los hombres si lloramos. Aunque durante décadas nos quisieron enseñar lo contrario. Los hombres si lloramos. Pudimos dejar atrás esa creencia limitativa de que los hombres no lloran. Afortunadamente.

Atrevámonos a cambiar, a salir a buscar el futuro, que nos está esperando. Aprendamos de lo que nos pasa, para poder cambiar y crecer en la vida. El futuro nos está esperando, hay que ir con fe hacia él. Nada nos faltará, todo nos será provisto. Confiemos en Él.

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Los niños índigo y cristal

 

Algunos días atrás me llegó un mensaje sobre la necesidad de ayudar a los niños índigo y cristal. Me sorprendí mucho con ello y a partir de ahí comencé a investigar sobre estos niños, y ya no tan niños, tan especiales. Grande ha sido mi sorpresa al descubrir no sólo que muchos niños y jóvenes que conozco presentan las características que menciono más abajo, sino que además, muchos padres y madres con las que he conversado han quedado asombradas al descubrir que sus propios hijos o hijas presentan muchos de los patrones que los caracterizan.

Y he descubierto que hay adultos índigo. Hoy lo hice. Y me llenó de alegría ese descubrimiento.

Esta es entonces mi primera pequeña contribución a esa otra tarea que me ha sido sugerida.

 

Los índigo

 

Hace algunas décadas atrás, algunas personas con la capacidad de ver con claridad el campo energético de las personas, repararon en la aparición de niños de color índigo.

La primera persona que da a conocer pública y masivamente esta situación es Nancy Ann Tappe, una vidente norteamericana, quien en 1982 publica un libro en que relata que el color del aura de estos niños con características personales tan especiales es de color índigo. De ahí su nombre. El color índigo se conoce también como añil, y es una variedad de color azul intenso.

 

En la actualidad algunos autores afirman que la mayoría de los niños (80%) que han venido al mundo desde fines de la década del ochenta y principios de los noventa son índigo, aunque muchos de ellos en forma latente.

Los índigo se han llamado también los niños de la nueva era o del nuevo milenio, y presentan un estado de conciencia más elevado que el que manifestamos quienes llegamos antes. Ese estado de conciencia superior se manifiesta por las siguientes características, entre varias otras:

·       Ser muy independientes, autónomos. No necesitan a otros para lograr lo que quieren.

·       No permitir que se les influencie. Si no les convencen los argumentos no se dejan influir y siguen dedicados a lo que están.

·       No adaptarse a lo establecido como norma única e irrefutable. Han venido a destruir lo establecido, y son por lo tanto desafiantes.

·       Ser muy reflexivos, cuestionándose lo que sucede en todo ámbito.

·       Los índigo (ya no podemos hablar de niños índigo solamente ya que hoy hay adultos índigo) son personas altamente sensibles y empáticas, es decir, se identifican especialmente con los sufrimientos de otros, fundamentalmente cuando atraviesan situaciones de enfermedad, de desamparo o de dolor.

·      Se sienten los reyes de la casa, y actúan como tales. Tienen un alto concepto de su valor personal, de quienes son y actúan de acuerdo a la misión que están seguros  y saben que tienen.

·       No funcionan con el temor ni con las amenazas fundadas en el temor. No aceptan las amenazas ni las imposiciones. No pueden ser manipulados con el sentimiento de culpa, ya que parecen no sentirla, debido a que creen firmemente en su verdad.

·       Poseen gran voluntad y determinación.

·       No les gusta que se les mande sin entregarles buenas razones.

·       Aborrecen la deshonestidad. Exigen a los demás que se les trate con franqueza, y no soportan que se les mienta.

·       No son capaces de soportar la injusticia (los jóvenes de hoy gritan al unísono “injusticia, injusticia” cuando hay situaciones que lo son, asunto que los mayores no hacíamos).

·       No les gusta ser objeto de manipulación, y reaccionan fuertemente ante los intentos de manipularles.

·       Son confrontacionales con la autoridad, especialmente si perciben que ella no es congruente. Son maestros de la pregunta “¿por qué?”. Exteriorizan una franca rebeldía a las pautas rígidas de disciplina.

·       Poseen un alto sentido de lo que significa ser íntegro.

·       Recuerdan con facilidad episodios de vidas anteriores, y muchas veces los relatan con gran detalle, con gran sorpresa de sus mayores, que creen que los niños imaginan cosas.

·       No se permiten juzgar.

·      Desde pequeños prefieren la compañía de adultos emocionalmente estables

·       No rechazan desafíos, y se toman el tiempo necesario para resolverlos y superarlos.

·       Les atraen los aparatos electrónicos de última generación. Ninguno parece que tuviera secretos para ellos. Los dominan a la perfección, sin mirar manuales ni instrucciones, como si nacieran para hacerlo.

 

Los índigo han venido a romper esquemas, a destrozar paradigmas y anticipar una nueva humanidad. Son altamente intuitivos (¿de qué manera podrían manifestar algunas de las características mencionadas arriba si no?) y son sanadores por naturaleza. Aquellos que los han estudiado han quedado asombrados de su poder de sanación con las manos, por ejemplo. Mucha literatura habla que tienen un marcado desarrollo de características como clarividencia, clariaudiencia, canalización o contacto con otros planos.

Muchos de los niños índigo han sido diagnosticados con el síndrome de déficit atencional, y algunos adicionalmente con hiperactividad, y medicados con Ritalín. Demás esta decir que creo en lo más profundo de mi ser que el diagnóstico está errado y el tratamiento invasivo, agresivo e inútil no puede traer sanación a un niño que no ha sido nunca un enfermo.

Los niños índigo parecen saber que muchas cosas que tratan de embutirles en las escuelas y colegios no les servirán en el futuro. ¿No han escuchado en repetidas oportunidades a los niños decir que eso no les servirá en el futuro, aún cuando se sacan muy buenas notas? Poseen sus propios métodos de aprendizaje, especialmente en matemáticas, y en general su propio sistema es a  través de la exploración. La resolución de problemas parte con la aceptación de la existencia del problema, pero el camino a la solución es según su parecer.

Parecen saber antes que se termine de explicar la materia todo lo concerniente a ella, y manifiestan entonces un marcado desinterés. Los sistemas anticuados no funcionan con ellos, y las tareas repetitivas y sin sentido profundo que no despiertan su interés terminan normalmente por desalentarles. Entonces, se aburren en clases.

En los test de medición de IQ (test de inteligencia) normalmente están en los límites superiores.

 

Pienso desde hace algunos meses que el levantamiento de muchos escolares a las protestas del año 2007 –independientemente de las motivaciones políticas y la manipulación que se hizo del conflicto- obedeció a que intuitivamente los jóvenes saben que el sistema educacional no sirve para el futuro que viene, no funciona, y por ello protestaron y protestarán.

 

Si es usted padre o madre de algún o algunos niños que presenten varias de las características mencionadas arriba le sugiero consulte literatura especializada en el tema antes de seguir en los sistemas tradicionales que pueden llevar al niño o niña a alguna situación difícil. Hay colegios especializados en acoger a estos niños, en que son tratados con respeto por lo que son, aún cuando sean diferentes a “la norma” establecida socialmente. Y olvídese del Ritalín, por favor. Los índigo han venido a la tierra a producir cambios, y de hecho ya lo están logrando –en efecto, yo hoy escribo sobre esto y usted lo lee, y eso es un gran cambio en nuestro nivel de conciencia-, y sus esfuerzos están por erradicar la violencia, la competencia, la mentira, para llegar a un mundo con cooperación, cordialidad y lleno de amor. Esa es su misión.

 

Los índigo son un regalo de Dios.

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Del dolor

Del dolor y sufrimiento

 

¿Existe alguna persona que no haya sufrido una pérdida, un desengaño de alguna amistad, una desilusión amorosa, una situación traumática, el dolor de una partida, el quebranto de una despedida, el daño de un despido laboral, la pérdida de los estudios, la realidad de una tragedia física, una penosa enfermedad propia o de un pariente cercano, un perjudicial accidente, o en fin, alguna situación de lo haya sumido en el dolor y el sufrimiento? Yo creo que es difícil encontrarla.

Las huellas de estos traumatismos si no están en la frente están en el alma.

Pero, les invito a reflexionar ahora no sobre lo evidente, sino más bien en las explicaciones de estos dolores y sufrimientos, en las causalidades.

El dolor y el sufrimiento pueden tener como objetivo el desnudarnos.

Las historias de los cambios en el nivel de conciencia que trae consigo un acontecimiento que provoca un intenso dolor en las personas son múltiples. Las hemos escuchado de siempre.

Desde hace mucho asisto a estas experiencias dolorosas, y he podido ver cómo ellas acercan a las personas a nuevas realidades espirituales. Por regla invariable aquellas situaciones que nos parecen unas catástrofes en el momento se convierten en aquellas bendiciones que gatillan nuestra comprensión, nuestro paso a otras realidades, y vislumbramos por fin que de no haber sido por esa situación no hubiéramos accedido a esos entendimientos, a esos estados de conciencia. Comienzan las preguntas que nos mueven siempre y que cuando pensamos que estamos bien se callan y olvidan: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿adónde voy?, ¿quién soy?, ¿qué he hecho hasta ahora?, ¿qué haré?

El sólo hecho de hacerse preguntas ya es sanador. Porque nos va centrando en la búsqueda de las respuestas. Quizás esas respuestas no sean aquellas que queremos escuchar para seguir en nuestra comodidad, en nuestro aprendido acontecer, en nuestros rituales y en nuestros hábitos. Seguramente las preguntas nos llevan a respuestas que conocemos, y que nos dicen los caminos que necesitamos recorrer, y nos enfrentan a la búsqueda de la valentía necesaria para hacerlo.

Entonces, cuando ello sucede es necesario tener fe, una comprensión profunda que lo que necesitamos nos será dado, nos será provisto por Él. ¿Qué padre da a sus hijos piedras cuando piden pan? Entonces, en esos momentos duros, en que somos y nos sentimos vulnerables, cuando nos conectamos con la fragilidad y entendemos que necesitamos al prójimo, es cuando necesitamos tener la humildad de pedir ayuda. Es cuando estamos desnudos, sin nada de lo material, aquello que hemos luchado y luchado por conquistar y ganar; estamos desnudos ante lo insondable, ante lo desconocido.

Necesitamos atravesar la oscura noche del alma, en la que estamos desnudos, y al amanecer saldremos fortalecidos, y para atravesarla podemos pedir a Dios, o a quién creas puede guiar tus pasos, para que te guíe en el camino en esa noche, confiado en que te llevará de su mano prendido al alba, a la claridad.

Al que acompaña al doliente vaya mi aliento en su empeño. Su servicio es sagrado.

Al doliente, todo mi amor.

 

Por último, un regalo del maestro Khalil Gibrán:

 

 

DEL DOLOR

 

Y otra mujer pidió:

“Háblanos del dolor”.

Y él contestó:

“Vuestro dolor es la irrupción de la envoltura que encierra vuestro entendimiento.

Así como la semilla de la fruta debe romperse para que su corazón se descubra al sol, así debéis conocer el dolor.

Y si pudierais mantener el corazón en asombro ante los cotidianos milagros de vuestra vida, el dolor no os parecería menos maravilloso que la alegría.

Entonces admitiríais las estaciones de vuestro corazón, tal como admitís las estaciones que pasan sobre los campos.

Y velaríais serenamente a través de los inviernos de vuestra aflicción.

Muchos de vuestros dolores los escogéis vosotros mismos. Son la pócima amarga con la cual el médico que lleváis dentro cura vuestras enfermedades.

Por tanto, confiad en el médico y bebed su remedio en silencio y tranquilamente.

Porque su mano, aunque dura y pesada, es conducida por la tierna mano del Invisible.

Y la copa que ofrece, aunque queme vuestros labios, ha sido modelada con la arcilla que el Alfarero humedeció con sus propias y sagradas lágrimas”.

 

 

Extraído del libro “El Profeta” de Gibrán Khalil Gibrán

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El camino que no elegí

 

Robert Frost

 

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo

y lamentablemente no pude recorrer los dos.

Y siendo yo un viajero solitario, largo tiempo me detuve.

Y miré por uno de ellos, tan lejos como pude

Hasta donde se perdía en la maleza.

 

Entonces consideré el otro, tan recto como el anterior

y poseedor quizá de mejor derecho,

porque el pasto era más alto y deseaba ser recorrido

aunque quienes habían pasado por allí

los habían desgastado casi por igual.

 

Y ese mañana ambos se tendían

en hojas que ninguna pisada había ennegrecido

¡Ah, dejé el primero para otro día!

Y sin embargo, sabedor de que un camino lleva al otro,

dudé si alguna vez regresaría.

 

Debería decir esto con un suspiro

en algún momento, dentro de muchas eras;

dos caminos se bifurcaban en el bosque, y yo,

yo tomé el camino menos transitado.

Y esa ha sido la diferencia.

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