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Archive for 30 junio 2008

Una querida amiga me ha preguntado por las desilusiones, no solamente amorosas, sino también las de amistad. Me ha dejado pensando mucho y solamente atino a creer que, al igual que todas las desilusiones, ellas provienen de las expectativas que nos hacemos cuando vivimos en la amistad. No hay duda alguna que a veces muchas amistades que parecen serlo no son más que circunstanciales, es decir, las une algún acontecimiento de la vida, cualquiera sea su naturaleza, y que finalizada la etapa de vida esa amistad se convertirá solamente en un hermoso recuerdo, y, a veces, algunas otras son solamente manifestaciones de algún interés que se disfraza de amistad.

Pero hay que considerar además un asunto particular también y es que todos vivimos en constante cambio. Tanto nosotros como los otros, incluidos los que nos desilusionan, cambiamos continuamente y sin parar. Entonces, puede suceder que cuando transcurre el tiempo y volvemos a ver a antiguas amistades ellas ya no sean las mismas, y lo que es un hecho de igual importancia, nosotros tampoco lo somos. Entonces, ya no podemos identificar a quienes tenemos enfrente y ellos no nos pueden tampoco reconocer a nosotros en el patrón de recuerdo anclado en la memoria. Puede suceder también que esas amistades que recordamos con tanto cariño y con quienes nos ilusiona tanto volver a compartir nuestro tiempo queden en el recuerdo idealizado, como sucede siempre, que engrandecemos las situaciones, lugares y personas que hemos dejado atrás, pudiendo conectarnos placenteramente con ese recuerdo.

Esta desilusión puede afectarnos en el ánimo en forma pasajera, aunque normalmente los recuerdos nos conectan con la pena y ella nos puede llevar al resfrío, por ejemplo. Es necesario que comprendamos que no es un agravio el que nos han hecho sino solamente un hecho de la naturaleza que no podremos nunca detener, como es el proceso de cambios, tanto externos como internos. Es también recomendable observar que es posible que nosotros hayamos generado desilusiones en mucha gente, especialmente si hemos seguido conscientemente el proceso de desarrollo personal, evitando las rigideces y sobre todo dejando de empujar  el río, lo que significa que los procesos de cambio que vivimos son profundos y evidente su manifestación para los otros que han seguido en el mismo mundo y modo de vida que compartimos con ellos en su momento.

Pero la desilusión viene producida por un juicio anterior. Y ese juicio anterior tiene que ver con lo que consideramos que es patrón aceptable de comportamiento. Vale decir hemos hecho el juicio de lo que está bien, un juicio anticipatorio, y si las situaciones son diferentes a las idealizadas lo que nos ocurre es que condenamos de inmediato interpretando que aquello que sucede no está bien. Pero eso que ha pasado está ahí para nuestro aprendizaje y no podemos caer en un ejercicio -que es de base cultural- bastante arraigado en nosotros, la culpa. Ya hemos hablado de ella y conocemos la profundidad con la que nos puede afectar. Para los que visitan este espacio por primera vez les recomiendo que den una vuelta por el artículo Culpa, culpable, culposo. No podemos culpar a los otros por los cambios que han experimentado, ni nos podemos culpar nosotros por no poder comunicarnos ahora con ellos. El cambio ha hecho que vibremos en frecuencias diferentes y eso es una señal de nuestra evolución. Es necesario entonces que vayamos dentro de nosotros a buscar lo que necesitemos en vez de poner la expectativa en otros, fuera de nosotros.

Las expectativas no son sinónimo de deseo. No, son dos asuntos diferentes. En el caso de las amistades nuestro deseo tal vez sea estar de nuevo con ellos pero la expectativa puede ser que sean como los recordamos, aunque ella sea inconsciente, y entonces se produce la desilusión por el proceso vivido y nuevas experiencias acumuladas.

Las desilusiones forman parte de nuestro crecimiento, y debemos aprender de ellas. Parece ser que nos van templando, lentamente.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Algunos amigos me han preguntado por ciertos casos de las manos. En otras personas he observado cuando conversamos de sus circunstancias de vida lo que les afecta en las manos. Algunos se comen las uñas –yo lo hacía de joven-, otros se cortan los dedos, algunos tienen las manos secas, y algunos tienen inflamaciones o dolores. En fin, las manos son visibles casi tanto como la cara, y nos aportan gran parte de la comunicación no verbal. A veces las manos nos dicen claramente lo que las personas se callan u omiten. Los seres humanos tenemos una particularidad en las manos, y es que tenemos un dedo prensil, el pulgar, opuesto a los otros, que permite tomar los objetos que queremos –o podemos- tomar. Sin duda alguna que este diseño físico nos permite una serie de acciones que de otro modo serían imposibles. Las manos tienen variados significados en la vida del hombre, y si observamos sus afecciones nos podemos introducir en el conflicto personal de su dueño o dueña, que busca su equilibrio a través de las manifestaciones en ellas.

Con las manos hacemos lo que queremos hacer. El escritor escribe. El pintor pinta. El sanador cura. El artesano se manifiesta. El amante acaricia. El niño explora. El guerrero golpea. El violinista toca. El avaro cuenta. En fin, las manos son al final -y son justo el final además- las que realizan lo que creamos en la mente, las que manifiestan nuestras emociones. Una lesión en las manos nos deja indefensos, no podemos defendernos, y no podemos entrar en el mundo físico. La mano manifiesta lo que somos. La mano encarna –sugerente verbo- la etapa final de todos nuestros actos. Y los dedos encarnan –otra vez- la destreza con que hacemos ese acto de habilidad. Ya vamos entonces haciéndonos una idea de lo que pueden significar las lesiones en las manos.

Siempre me ha llamado la atención que las manos lleven marcado todo nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, asunto que “leen” las personas que tienen la habilidad de hacerlo, los quirománticos y quirománticas.

Las afecciones en las manos nos hablan –curioso es que las manos hablen- de que lo que creamos mentalmente o las emociones que tenemos no están alineadas con la manifestación que hacemos en nuestra vida. Si tenemos problemas para cerrar la mano o para asir utensilios podemos pensar de inmediato en que podemos estar siendo incapaces de sostener nuestra realidad en algún plano de la vida. Entonces, es posible que nos estén diciendo que es necesario no seguir apretando, no seguir sujetando aquello que nos atormenta o que ocupa nuestros pensamientos, para dar lugar a soltar, a que fluya la situación. Es con las manos que empujamos, entonces, puede ser que nos digan que dejemos fluir el río, que dejemos de empujarlo.

Los problemas en los dedos son algo más específicos que las manos y nos hablan de las dificultades más finas, de los detalles de nuestro actuar.

Las manos tienen a cargo uno de los sentidos del hombre, el tacto. Con ellas nos ponemos en contacto con los otros seres humanos, acariciamos, abrazamos, nos saludamos. Con las manos podemos expresar nuestra ternura y cariño, y podemos también ayudar a atenuar el dolor de otras personas. Es posible que una afección a las manos nos impida hacer lo anterior, y puede que manifieste el temor que tenemos a hacerlo. ¿Tememos el rechazo? ¿Tememos revivir antiguas experiencias? ¿Tememos que nos juzguen de débiles o emocionales?

La mano agresiva se muestra con el puño cerrado. La mano cordial se muestra con el puño abierto, y justamente con la mano extendida se puede ver claramente el dedo del corazón como el de mayor tamaño. ¿Otra coincidencia? La mano con dolor, aquella que aprieta demasiado puede reflejar un miedo a perder lo que tiene entre manos, lo que ha acumulado, las posesiones que ha atesorado o el trabajo que tiene. A veces cuando las personas hacen por mucho tiempo lo que no quieren las manos se agarrotan, o presentan problemas reumáticos o artritis, como manifestación última de lo que sienten íntimamente y no expresan con su boca. El cuerpo grita por alguna parte, y siempre nos hace sincerarnos, nos obliga a hacerlo, aunque no queramos verlo.

Una mano con la piel seca es aquella que no es capaz de manifestar las emociones, las que se reprimen. El agua ausente nos habla de las emociones que no están presentes en la manifestación gruesa ni en los detalles de la vida, y debe entonces sustituirse a la fuerza por cremas hidratantes. ¿Por qué tememos acariciar? ¿Tememos el rechazo? ¿Por qué tememos ser sutiles y cuidadosos?

Los que llamamos accidentes no existen. Son solamente manifestaciones del inconsciente. Entonces, cuando nos hagamos un corte en la mano o los dedos es conveniente que recapacitemos sobre las tareas que llevo a cabo, sobre los niveles de autoridad que acepto o rechazo, sobre lo que sostengo y no quiero mantener o sobre el miedo a tomar algo entre manos. Las manos y los dedos nos hablan de todo ello. Es importante que observemos la lateralidad, es decir si es la mano izquierda o derecha, que tiene también un profundo significado, aunque a veces no evidente. El lado derecho tiene que ver con la racionalidad, con lo masculino, con las relaciones con los hombres en nuestra vida, con la autoridad y el poder, con la masculinidad, con la provisión y con las normas rígidas. El lado izquierdo tiene que ver con la intuición, con la femineidad, con las manifestaciones creativas y artísticas, con la ternura, con las relaciones con las mujeres de nuestra vida. La mano derecha es el símbolo del poder y se alza en señal de mando, y es la que entrega, la que da. La mano izquierda es la que lleva el anillo de matrimonio, la que recibe.

Una última cosa respecto a las manos, y es que juntas expresan nuestra mayor humildad, cuando rogamos, cuando oramos. Juntas son el símbolo de la espiritualidad.

Que Dios nos bendiga a todos.

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El afán de las personas desde hace ya algunas décadas es controlarlo todo, y lo que no controla lo asegura. Menuda vida. Nada se deja que fluya sólo. No es aceptable que las cosas tengan un ritmo natural, y se trata siempre de torcer la nariz a los acontecimientos. No somos capaces de aceptar que somos parte de un plan mayor, en que jugamos un determinado papel, y que no podemos manejar dicha planificación según nuestros deseos. Y nos encontramos otra vez con la fe, con esa certeza que lo que necesitamos nos será provisto. Cuando todo nos está saliendo bien en la vida actuamos con fe, y cuando las cosas se ponen difíciles nos cuesta mucho tenerla. Somos humanos al fin. Pero la vida está más allá de nuestro control. Es verdad que podemos ser razonables y manejar fríamente la vida desde el cerebro, pero las cosas nunca podrán controlarse. Es imposible detener el río de la vida. Este es un río que fluye siempre y no puede ser empujado. En el cuerpo humano tenemos un órgano que equilibra la razón y el amor, y ese es el corazón.

El corazón es el único órgano que no es afectado por el cáncer. Esto es interesante y sugerente, a lo menos. Es una bomba de dos partes, una que recibe y otra que entrega, -ya hemos visto que dar y recibir es lo mismo- , un músculo que funciona independientemente de la conciencia. El corazón está ahí, donde –como dije- indicamos cuando hablamos de nosotros. Cuando digo “yo siento tal cosa”, o “yo digo tal otra” o “esto me llega a mí” indicamos con nuestro dedo el centro del pecho, ahí donde está ese músculo que no deja de latir, y que pierde su ritmo habitual cuando una emoción nos invade, por ejemplo, como cuando aparece la persona que amamos al llegar a una cita cargada de romanticismo. O cuando el miedo nos paraliza y dispara los latidos para que la sangre fluya a raudales por el sistema circulatorio llevando la adrenalina que hace alistar los músculos para huir o luchar. Los males del corazón nos hablan del control, del control de la vida, del controlar las emociones. Esas emociones que deben ser mantenidas en estrecha vigilancia y no permitir que se manifiesten. No vaya a ser que alguno nos tilde de tener un corazón blando. Entonces, como signo de los tiempos, el ser humano no se permite dejarse llevar por las emociones –asunto que está mal visto socialmente además- y lo único aceptable es la razón, no permitiendo bajo ningún concepto ser manejado por los sentimientos.

Hasta hace algunas décadas los males al corazón eran patrimonio masculino. Se nos enseñaba que las emociones y sentimientos eran cosa de mujeres. Los hombres no lloran, escuchamos desde pequeños, y debíamos dominar el llanto, así fuera sufriendo dolores físicos o emocionales muy fuertes, so pena de ser tratados de “mariquitas”. Los hombres no podían mostrarse emotivos, porque era cosa de mujeres. Ahora, las mujeres, que adquieren en esta sociedad que hemos creado papeles del rol masculino tradicional, han comenzado a manifestar dolencias cardíacas, al igual que su sexo complementario. Los males del corazón entonces nos hablan de la represión de las emociones en beneficio de la razón y la norma, de lo establecido por otros como guía para nosotros, y nos hablan de la dificultad en expresar nuestro amor, o de entregarlo vivamente. Cuando sobreviene el ataque al corazón es cuando la balanza se inclinó definitivamente por la razón, por la preocupación por los temas materiales -¿le sugiere algo al amable lector que en la sociedad materialista en la que estamos los males cardíacos sean la principal causa de muerte?- por las posesiones materiales, por la productividad y por los rendimientos. Se dejó de lado las caricias, las manifestaciones simples de la vida, los descansos y las conversaciones por el placer de tenerlas solamente, sin competencias ni comparaciones contra patrones establecidos. El poder de una caricia, de una palabra amable, de una visita no programada, de una flor cortada en el jardín de la esquina para alegrar a la mujer amada son cosas que la razón ya no permite. La razón es un argumento para obligar, y al final el corazón se va perdiendo entre tanta rigidez.

Cuando la preocupación por lo material, por la provisión futura, no deja espacio a la manifestación del amor –comenzando por sí mismo- el corazón se va endureciendo, y sólo se rompe lo que es duro.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Uno de los deseos del hombre en el mundo actual es controlar los acontecimientos. La vida se ha vuelto como un proyecto a administrar, con sus etapas bien definidas, planificar, organizar, dirigir y controlar. Nada puede salirse de los cauces previstos, y cuando ello sucede todo se torna una tragedia griega, sobrevienen las frustraciones y al final las depresiones. Cuando no es la misma persona la que planifica la vida son otras las que lo hacen por él, o son simplemente las campañas publicitarias y las normas de convivencia y valores de la sociedad en la que estamos insertos las que se encargan de dar las pautas.

Cualquier cosa que signifique dolor, sufrimiento, salir de las normas esperadas es inaceptable. Se toma como una maldición o castigo divino, sin atisbar el aprendizaje que hay detrás de ello.

Las compañías de seguros dirigen los destinos de las personas, dan empleo, manejan importantes cuotas del mercado financiero, y por sobre todo, manejan el miedo al futuro de las personas. Lo singular de todo es que el nombre “seguro” no asegura nada. El seguro de accidente no nos protege del accidente mismo, sino que paga la reparación. El seguro de vida no asegura la vida, sino que se hace efectivo a la muerte del que lo ha pagado. Ya que hemos tocado el concepto de la vida aprovechemos de introducirnos en él.

La vida en el cuerpo humano está representada por la sangre. De hecho, el lenguaje popular define claramente esta afirmación, «se le escapa la vida por la herida» se dice siempre cuando una persona sufre una hemorragia por alguna herida abierta. No en vano la sangre la encargada del transporte de lo que necesita el cuerpo para mantenerlo con vida; es la sangre la que da la vida. Ésta fluye por los vasos sanguíneos, las arterias, que llevan la sangre oxigenada a los órganos, y las venas, que llevan la sangre ya utilizada hacia el corazón. Las arterias dan y las venas reciben. Es del dar y recibir expresado en el cuerpo. Como siempre, dar y recibir son lo mismo, y en el cuerpo el corazón, ubicado en el centro del pecho, allí donde indico con el dedo cuando hablo de mí, es el encargado del fluir de la sangre por arterias y venas. Las arterias llevan el oxígeno y los nutrientes a todas las células del cuerpo. Las venas reciben y transportan las toxinas y el gas carbónico. El dar y recibir eterno del cuerpo. Es curioso que los problemas a las venas sean frecuentes en mujeres más que en hombres. ¿Será que las mujeres afectadas creen que no reciben suficiente y están siempre dando lo más preciado de sí mismas? Para reflexionar al respecto.

Cuando nos esforzamos en controlar la vida el sistema circulatorio lo acusa de inmediato. Es evidente la analogía. Observemos el circular de la sangre por el sistema circulatorio. Cuando la circulación es libre, sin imposiciones, sin barreras, sin normas rígidas, sin esclusas ni diques, la sangre corre sin problemas, es decir la vida fluye naturalmente. Es el caso de los niños. En la medida que nos vamos poniendo barreras, limitaciones, nuestra zona de comodidad se va estrechando, vamos adquiriendo creencias limitantes, y formamos barreras, diques y tranques a la vida, es decir la vamos queriendo controlar, aparecen las formaciones de estrecheces en el sistema circulatorio, que van ralentizando la vida y la van haciendo controlada, hasta llegar a límites. ¿Qué quieren decir estos controles? Solamente eso, controles de la vida. Manipulación y negación de emociones, negación de su manifestación, por ejemplo.

La sangre de nariz, epistaxis, por ejemplo, puede tener algunos significados importantes, y uno de ellos es dejar salir la presión que tenemos en la cabeza. Cuando nos sentimos fuertemente presionados puede suceder que se rompan los vasos capilares de la nariz, produciéndose el sangrado. Algunos estudiosos afirman que la hemorragia nasal en los niños puede deberse a la existencia de alguno de los padres demasiado exigente, que ponga mucha presión en el niño, especialmente en sus desempeños escolares o deportivos. Vea que sugerente es el término de “mucha presión”. Dicha exceso busca escape, para poder llevar al cuerpo de nuevo al equilibrio natural.

Los problemas circulatorios entonces no son más que un reflejo de que no dejamos circular libremente la vida en nosotros, o que nosotros no somos capaces de tomar el ritmo libre de la vida, de la naturaleza, con sus reclamos continuos de simpleza y alegría.

Como la sangre representa la vida la falta de ella denota entonces también falta de ella. La anemia, por ejemplo, que es la falta de glóbulos rojos denota en la persona una falta de vitalidad, un miedo a la vida, y buscará entonces la seguridad material en forma externa a ella, ya que en la sangre propia no la encuentra, como representación del fierro ausente en los glóbulos rojos. El miedo a lo que viene, al futuro, a vivir la vida, y la falta de alegría por la vida convierten a las personas con anemia crónica en pasivas y calculadoras, pero por sobre todo en personas sin la chispa de vida.

Uno de los problemas que se producen con mucha frecuencia en la actualidad es el de la hipertensión. La tensión significa presión. Y es la presión que ejerce la sangre sobre las paredes que la contienen la que se denomina tensión. Cuando ella está por sobre lo que se considera normal o aceptable se dice que estamos en presencia de hipertensión. Pero lo que existe no es la hipertensión, lo que existe es el hipertenso. Entonces el hipertenso está sometido a una gran presión, la que ejerce contra lo que lo contiene. Entonces, el hipertenso debe hacerse la pregunta ¿cuáles son las paredes que me contienen y no puedo atravesar?, ¿qué o quién me oprime de tal manera?

El hipertenso reprime fuertemente las emociones, no se permite manifestarlas y es por lo general muy sensible. Sufre por los dolores ajenos y quisiera solucionar los problemas de todos asumiendo papeles y roles que no le corresponden y para los cuales no está preparado. En general el hipertenso no logra comprender la polaridad del ser humano, en que necesitamos la enfermedad como par de la salud, la escasez como par de la abundancia, el dolor como par de la alegría, la fealdad como par de la belleza, y pretende que todo sea solamente de color de rosa. El hipertenso no logra sanar mientras no comprenda que la vida es justa y cada cual tiene lo que recibe por derecho propio como consecuencia de sus acciones pasadas y por su necesidad de aprendizaje. Una realidad del hipertenso es que no atraviesa las paredes que lo contienen por miedo. Miedo a encontrar situaciones que no puede manejar más allá de las paredes, en que su híper emotividad lo pondrá en aprietos. Entonces, prefiere mantenerse dentro de los límites, haciendo fuerza mental contra ellos.

La vida es hermosa, atrevámonos a vivir la vida, dejemos que la vida nos guíe. Confiemos en Él, que nos dio la vida para vivirla plenamente, sin diques, sin esclusas, circulando libre por nuestras venas y arterias, siendo parte de una naturaleza plena, que no controla, sino solamente se da por el placer de darse.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Para recuperar la salud es necesario conocer el mensaje de la enfermedad, y para ello se precisa darse cuenta de la correspondencia entre el órgano afectado y la dolencia. De ese modo se llega a la causa, pasando por el efecto que ha causado en el cuerpo. La enfermedad está ahí para decirnos que algo en nuestra vida no funciona, que estamos en desequilibrio. El equilibrio natural es estar en salud. Con la enfermedad el cuerpo busca un nuevo equilibrio, el de la enfermedad. Esta es la manifestación externa de un desorden más profundo, que ocurre en nuestro interior, y es allí donde hay que buscar la causa y con ello la sanación definitiva. Apagar el síntoma con medicamentos es equivalente a darle un martillazo al tablero del auto cuando se prende alguna luz roja. Si somos conscientes y responsables detenemos el auto y pedimos asistencia a un especialista para ver la causa del desperfecto, y arreglarlo de raíz. En el caso de la enfermedad es conveniente actuar en forma análoga e ir más allá del síntoma, para llegar a la raíz del conflicto que la provoca, y producir la sanación definitiva.

La medicina occidental moderna –y la no tanto- ve al hombre como un conjunto de piezas que encajan en una gran maquinaria. Con la tecnología disponible llega cada vez más profundamente dentro de las células, de los órganos, de los funcionamientos, de la bioquímica del cuerpo, y busca las causas de los desórdenes en esos pequeños componentes. Ha perdido la capacidad de ver al hombre como un todo, un ser con cuerpo, mente, alma y espíritu. El enfoque rígido en el síntoma no le permite observar esos componentes y, con el advenimiento de los enfoques economicistas, de resultados, de rendimientos en base a la inversión, se hace imposible entonces abarcar el asunto del hombre en forma completa. No podemos, ni por un instante culpar –no es conveniente nunca culpar- a los profesionales de la salud por lo que sucede, ya que el sistema económico hace que cada día se aparten más de la comunicación con el paciente. ¡Los médicos ya no tocan a los pacientes casi, y se pierde así la primera herramienta de sanación que es el contacto entre humanos!, se remiten a pedir exámenes y más exámenes, pensando no solamente en el síntoma sino en el posible juicio por responsabilidad civil que pudiere entablarse contra él si es que el desenlace no es el buscado o deseado. La medicina moderna no puede responder al por qué sino solamente al cómo, y lo busca en las casualidades, en la suerte, o en los factores externos como son los alimentos, los virus, las bacterias, los hongos, el estrés, el medioambiente. Utiliza la correlación estadística como causalidad, quedando entonces atrapada en esta telaraña.

El ser humano es indivisible. Al dividirlo cometemos el primer error en la sanación. Somos seres espirituales, dentro de un cuerpo físico, que abandonaremos en el instante de la muerte.

Muchos estudiosos plantean el asunto de la salud como un coche tirado por caballos, y conducido por un cochero, que recorre el camino de la vida terrenal, donde los caballos representan a las emociones y el cochero a la mente, siendo el coche el cuerpo. Cuando los caballos van en una dirección y el cochero indica otra es posible que el coche se salga del camino y comience a sufrir entonces los avatares de esta situación, pudiendo sufrir desperfectos desde menores a graves, incluso quiebres de ejes o salidas de ruedas, que forzarán a detener la marcha. Esta analogía puede darnos una idea del significado e importancia de los síntomas.

El Dr. Bach plantea que la enfermedad proviene de los defectos del hombre, siendo los siete principales los siguientes:

El orgullo

El orgullo se debe, en primer lugar, a la falta de reconocimiento de la pequeñez de la personalidad y de su absoluta dependencia del Alma, y a no ver que los éxitos que pueda tener no se deben a ella sino que son bendiciones otorgadas por la Divinidad interna; en segundo lugar se debe a la pérdida del sentido de proporción, de la insignificancia de uno frente al esquema de la Creación”.

La virtud a desarrollar ante este defecto es la humildad.

Hago notar que el Dr. Bach indica que el defecto indicará la dolencia y el órgano. El orgullo pasa por las dolencias a las rodillas, como ya lo hemos visto anteriormente.

El orgullo que es arrogancia y rigidez de la mente, dará lugar a enfermedades que producen rigidez y entumecimiento del cuerpo”.

La crueldad

Es la negación de la unidad de todos y un no lograr que cualquier acción contraria a otra se opone al todo, y es por tanto una acción contra la Unidad”.

La virtud a desarrollar es la compasión.

El dolor es el resultado de la crueldad”.

El odio

Es lo contrario al amor, el reverso de la Ley de Creación”.

La virtud a desarrollar es el amor y el servicio.

Los castigos del odio son la soledad, los enfados violentos e incontrolables, los tormentos mentales y la histeria”.

El egoísmo

Es una negación de la Unidad y de nuestro deber para con nuestros hermanos los hombres, al anteponer nuestros intereses al bien de la humanidad y al cuidado y protección de quienes nos rodean”.

La virtud a desarrollar es el dar. Pero dar y recibir son lo mismo, dos caras de la misma moneda.

Las enfermedades de la introspección –neurosis, neurastenia y condiciones semejantes-, que privan a la vida de tanta alegría están provocadas por un excesivo amor a sí mismo, egoísmo”.

Observen la analogía con la diabetes.

La ignorancia

Es el fracaso del aprendizaje, el negarse a ver la Verdad cuando se nos ofrece la oportunidad y lleva a muchos actos equivocados como los que sólo pueden existir en las tinieblas y no son posibles cuando nos rodea la luz de la Verdad y el Conocimiento”.

La virtud a desarrollar es la sabiduría.

La ignorancia y la falta de sabiduría traen sus dificultades propias a la vida cotidiana, y además, si se da una persistencia en negarse a ver la verdad cuando se nos brinda la oportunidad, la consecuencia es una miopía y mala visión y audición defectuosa”.

La inestabilidad

La inestabilidad, la indecisión y la debilidad resultan cuando la personalidad se niega a dejarse gobernar por el Ser Superior, y nos lleva a traicionar a los demás por culpa de nuestra debilidad. Tal condición no sería posible si tuviéramos en nosotros el Conocimiento de la Divinidad Inconquistable e Invencible que es en realidad nuestro ser”.

La virtud a desarrollar es la fuerza.

La inestabilidad de la mente debe llevar en el cuerpo a la misma cualidad, con todos esos desórdenes que afectan al movimiento y a la coordinación.”

La codicia

Lleva al deseo del poder. Es una negación de la libertad y de la individualidad de todas las Almas. En lugar de reconocer que cada uno de nosotros está aquí para desarrollarse libremente en su propia línea según sus dictados del Alma solamente, para mejorar su individualidad y para trabajar con libertad y sin obstáculos, la personalidad codiciosa desea gobernar, moldear y mandar, usurpando el poder del Creador.”

La virtud a desarrollar es el respeto.

El resultado de la codicia y del dominio de los demás son esas enfermedades que harán de quien las padece un esclavo de su propio cuerpo, con los deseos y las ambiciones frenados por la enfermedad.”

Las enfermedades cardiovasculares tienen relación estrecha con este defecto.

Finalmente, el Dr. Bach nos alienta a desarrollar las virtudes que nos traen la felicidad y por ende la salud, en vez de combatir la enfermedad:

Sin embargo, no hay por qué desesperar. La prevención y curación de la enfermedad se logrará descubriendo lo que falla en nosotros y erradicando ese defecto con el recto desarrollo de la virtud que la ha de destruir; no combatiendo el mal, sino aportando tal cantidad de virtud opuesta que quedará barrido de nuestras naturalezas”.

Que Dios nos bendiga y acompañe en el desarrollo de las virtudes necesarias para vivir una vida plena.


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Resciliencia

La resiliencia o resciliencia es un término de la ingeniería, que se entiende como la capacidad que tienen los metales de volver a su condición original después de haber sido sometidos a esfuerzos. A pesar de no estar en nuestro diccionario español es una palabra que ya circula ampliamente, especialmente en el dominio de la sicología y se la entiende como la capacidad de las personas para seguir adelante con su vida a pesar de los acontecimientos traumáticos, amenazadores, a pesar de las dificultades y de los temores del futuro. Sin duda que el concepto nos sitúa en varios aspectos necesarios para llevar la vida adelante, como son la perseverancia, resistencia, fortaleza, tolerancia, adaptabilidad, flexibilidad, confianza. Estas características permiten al ser humano tener la capacidad de transformar aquellos acontecimientos y situaciones adversas en factores estimulantes, para crear, para transformar, para crecer.

Los tiempos que vivimos son turbulentos y los cambios ya no solamente son ciertos y seguros que ocurrirán, sino que son cada vez más frecuentes en la vida de las personas. La velocidad, la vorágine de nuestra existencia sometida por la tecnología que reduce al tiempo a una variable más valiosa que el espíritu humano, nos trae a cada instante esos cambios profundos y radicales. El hombre busca y lucha a cada instante por la seguridad futura, y se proyecta al futuro en cada acción y palabra, pero como toda lucha –paradójicamente- es sistemáticamente perdida. Observe la lucha contra la enfermedad, contra la pobreza, contra cualquier cosa. En la lucha siempre se pierde.

Para las empresas la resiliencia les fuerza a inventar día a día, momento a momento, los modelos de negocios que permitan mantenerse activos y presentes en el mediano plazo. Normalmente se buscan gurúes que den recetas de cocina diarias basadas en el pasado para un futuro que será distinto, porque las mismas empresas lo harán diferente. ¿Funcionarán las recetas de horno de barro para la nueva tecnología? Los plazos de largo plazo ya son escasos y lo que entendíamos hace 20 años por el mediano plazo ha pasado a ser ya la base de proyección de largo plazo. El mundo se ha transformado en un lugar cada vez menos predecible, y lo será aún menos con el correr de los días, ya no hay nada seguro, y este desarrollo de las empresas y su mundo asociado de tecnología, marketing, moda, reducción de costos, imagen, disponibilidad, acceso y desechabilidad –puedo inventar algún termino yo también- pone a prueba el espíritu humano con cada segundo que pasa.

¿Cómo podemos ser resilientes entonces en este marco en el que nos desenvolvemos? Lo primero es entender claramente que como seres humanos que somos necesitamos de los seres queridos que están a nuestro lado. Esa es una red de apoyo, de la cual formamos parte como apoyados y apoyadores. Las personas estamos pasando por situaciones traumáticas, y no es raro encontrar un grupo familiar en que uno, al menos, de sus componentes esté experimentando dificultades laborales, financieras, vocacionales, de salud, o afectivas, entonces esta red pasa a ser parte importante de la recuperación de los equilibrios. ¿Somos capaces de pedir ayuda cuando la necesitamos? ¿Somos capaces de dar ayuda cuando nos la piden? Lo segundo es lograr tener la capacidad de comprender que cada cual ocupa un lugar importante en esta red, y que las crisis son todas superables, con mayor o menor velocidad, pero todas superables. La compresión de que todo va a pasar es un asunto importante. No digo que lo que pase no genere emociones como la pena, la rabia, la tristeza, el desánimo, sino que comprender que son naturales pero pasajeras. Habrá al cabo un nuevo equilibrio, y ese es el cambio que es necesario aceptar. No podemos detener el cambio y las situaciones adversas que suceden, pero podemos elegir la actitud ante ellos. Y las preguntas aquí son: ¿acostumbro a tratarme bien o me atormento y culpabilizo a cada instante?, ¿guardo la esperanza en que todo va a mejorar?, ¿confío en mis talentos y virtudes?

Cuando pasamos por situaciones desafiantes se nos presentan oportunidades de desarrollo, oportunidades de descubrirnos, de crecer, de conocer otras personas que nos abren los ojos acerca de nuestras virtudes y talentos, y al ir equilibrándose de nuevo la vida resulta un aumento de nuestro poder personal. Aceptar los cambios que se producen como consecuencia lógica de los desafíos de la vida es un paso importante.

Sin embargo, la resciliencia o resiliencia necesita no solamente de la voluntad de salir adelante, de continuar caminando, necesita de un ingrediente adicional, que es el gusto por la vida, que se manifiesta por la alegría de vivir. Ese gusto por la vida nos debe llevar a aceptarla con sus vicisitudes, con sus altos y bajos, con sus logros y retrocesos, con sus sumas y sus restas, para seguir entonces, aún en la tempestad. Mañana saldrá el sol otra vez, por el mismo lugar donde sale siempre, para todos.

Lo más probable es que después que atravesemos por aquella situación traumática, por aquella situación dolorosa quede una huella sino en el corazón en la frente, pero es necesario levantarla para ver el futuro que se presenta ante nuestros ojos. La resiliencia es un concepto de la ingeniería de los metales, que podemos aplicar en nosotros, los humanos.

Cuando sufrimos de problemas de articulaciones puede ser una señal de que nos falta flexibilidad, condición necesaria para ser rescilientes y poder seguir en la vuelta que da la Tierra. Y entonces, es conveniente observar cuáles son los cambios que no acepto y a los que no puedo amoldarme.

Ser rescilientes significa que debemos poseer una serie de atributos, que ya hemos nombrado, pero, reitero, el principal es el gusto por la vida. Déjese llevar por ella, por la alegría de vivir, sabiendo que mañana tendrá lo necesario para seguir en el camino de su misión en la vida, aquello que haciéndolo le hace ser feliz.

Que Dios les bendiga.

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Hay asuntos que son paradójicos y que me llaman la atención, y uno de ellos son los problemas a los ojos.

Los ojos son interesantes, ya que tienen a su cargo uno de los sentidos del cuerpo, la vista, y el mecanismo de funcionamiento necesita de un par. Es verdad que uno solamente basta para mirar, pero el trabajo de ambos permite abarcar espacios que son muertos para uno sólo, y, además, aporta profundidad. Con uno solamente se pierde el sentido de la profundidad. Haga ahora la prueba. Ponga un bolígrafo o algún objeto a unos 50 cm de usted, o escoja uno de los que hay ahora al alcance de su mano. Tápese un ojo con una de sus manos y tome a la misma velocidad habitual el objeto elegido.

¿Qué ocurrió?

Exactamente, tuvo alguna dificultad para tomarlo. No es invalidante, pero algo de dificultad se experimenta.

Necesitamos entonces para estar completos los dos ojos.

Los problemas a los ojos pueden tener diferentes interpretaciones, siendo generalmente la principal la de representarnos cómo vemos la vida. Cuando tenemos problemas en alguno de los dos, antes de interpretar su lateralidad es necesario comprender que puede haber una componente espacial, es decir, ver el espacio que ocupo en algunos de los dominios en los que participo. Incluso, responder a cómo me veo en ese espacio.

A los ojos les hemos dado desde siempre un significado muy importante, y el lenguaje coloquial, los dichos y refranes hablan a las claras acerca de ello:

¡A ella le tengo echado el ojo!

Este tiene muy buen ojo

¡Es que eso salta a la vista!

Eso lo hace con los ojos cerrados

¡Él habla con la mirada!

Me cuesta un ojo de la cara y la mitad del otro

A ese no lo puedo ver

Esto nos habla de la sabiduría ancestral, ya que estos dichos se repiten en todos los idiomas en todas partes del mundo, y nos hablan a las claras entonces de lo que representan los ojos. Y el uso continuo y prolongado de estos dichos provoca entonces la aceptación inconsciente de la analogía, y por ende en los problemas del órgano son claramente expresados nuestros problemas de vida.

Los ojos son la ventana del alma. La ventana por la cual podemos ver a la otra persona y por la cual nos ven los otros a nosotros. Es una ventana desnuda, sin cortinajes, que no permite esconder nada. «No confíes en quién no mira a los ojos» es un dicho antiguo, y que representa claramente la opinión de que quien no nos muestra su alma no es para entregarse.

Para meditar, contactarnos con nosotros mismos y con los seres superiores, con deidades, maestros ascendidos, para viajar a otros planos, y para dormir necesitamos cerrar los ojos. Vemos nuestro interior con los ojos cerrados. Con los ojos cerrados vemos lo que no se ve.

Las interpretaciones de los problemas a los ojos son bastante personales. Distintas emociones y realidades pueden causar los síntomas. Sin embargo, hay algunas interpretaciones que son claras. Una de ellas es la presbicia, que indica a las claras que se pierde interés en los detalles, en el ahora, y se quiere mirar lo que está lejos, el futuro, que es lo que preocupa. Es una de las complicaciones de la edad madura, derivadas de la pérdida de flexibilidad. Igualmente pasa por la visión borrosa de los objetos lejanos, la miopía, cuyo mensaje es que por alguna razón no podemos o no queremos ver el futuro mediano o lejano. ¿Rabia, impotencia, miedo, inseguridad, decepción? Cualquiera de ellas puede ser la causante, pero el hecho es uno sólo, tenemos dificultad para ver el futuro.

La sociedad actual valora enormemente el alargamiento de la vida. Es una aspiración de mucha gente, la mayoría, creo, el vivir muchos años. Pero siempre con una condición: con salud, pudiéndose valer por sí mismo, no depender de otros. Y vivimos más, y los cuerpos se deterioran, y las capacidades disminuyen, y aparece la soledad, el abandono en muchos casos. Entonces es normal que las personas mayores presenten problemas oculares, porque ya tienen problemas para ver la vida, o ya no quieren verla. Ejemplo de ello son las cataratas, que es ya la manifestación extrema de no querer seguir viendo lo que pasa o va a pasar. Como no puedo cerrar los ojos y no me los puedo tapar entonces hago una catarata y así lisa y llanamente no veo lo que viene. Y ojo, que esto que es extremo tiene gananciales, y uno de ellos es lograr la atención, idealmente permanente, de alguna persona en la plenitud de sus condiciones, y a la cual no es necesario mirarla. Cuando me pica un ojo, y necesito refregármelo puede significar que hay algo –o alguien- que he visto o estoy viendo que me causa irritación, y quiero entonces con ese movimiento –involuntario casi- sacarlo de mi vista.

Los problemas de ojos secos, que pueden ser por problemas de obstrucción de los conductos lagrimales, o mal funcionamiento de las glándulas, indican claramente que hay lágrimas no derramadas. Aquellas que en el proceso de duelo no se vertieron hacen falta hoy para lubricar los ojos. O lisa y llanamente la persona se niega a manifestar sus emociones, las controla al límite. Y entonces se debe recurrir a los lubricantes artificiales. Como siempre, es más fácil y rápido ir a la farmacia y tomar o ingerir alguna sustancia, y someter una vez más el problema emocional que causó el desorden al destierro en la bodega del fondo del patio o del subterráneo, y seguir por la vida como si nada, aunque sin solucionar el problema real, que hará su reestreno en otro órgano más temprano que tarde.

Hablamos con los ojos, siempre. Decimos cómo somos con ellos. Muestran siempre la emoción y los sentimientos que tenemos, o que no tenemos. Somos sinceros a través de ellos. Y alguna vez entenderemos que no es normal ni hereditario perder la capacidad visual. Aprendemos, tenemos comportamientos aprendidos, mentalmente, que nos llenan de dudas, de miedos, de temores a lo que viene. Y además, el sistema que hemos creado, y al cual rendimos pleitesía, nos convence de que el futuro es algo temible y para el cual debemos prepararnos, aun a costa de no vivir el presente. Y paradójicamente, cuando el futuro comienza a acortarse, comienzan las dificultades de los ojos. Pero antes hemos “visto” nuestra sepultura en el cementerio aquel, y obviamente, hacemos realidad la “visión”, adquiriéndola a tiempo, para dejar solucionado “el problema” del depósito de nuestro cadáver cuando haya llegado la hora.

Somos lo que creemos. Y seremos en el futuro lo que creemos ahora. Y los dichos populares que utilizamos generalmente nos dan la clave del porqué en los problemas en los ojos.

Hasta más ver, y que Dios nos bendiga a todos, y nos permita ver lo que no podemos, o no queremos, ver.

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