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Archive for 31 julio 2008

Cuando partí  con el blog hace unos meses atrás no imaginé la acogida que este podría tener. La intención era agilizar mi propuesta que estaba estancada en la página web, inmóvil y sin energía. Una querida amiga, mucho, muy creativa y artista innata, me alentó a su creación y nos pusimos manos a la obra. En un par de horas ya estaba andando. Los mails de aliento, los mensajes de respaldo, incluso en el Facebook, los comentarios de los que participan me dan fuerzas para seguir. Hay ocasiones en que se hace difícil escribir, especialmente cuando se viven procesos internos personales de tomas de conciencia o cuando me enfrasco en trabajos y aprendizajes de asuntos nuevos, como me ha pasado en estas últimas semanas, pero siempre surge algo desde el corazón. Estoy muy contento porque hay mucha gente que accede a estos conocimientos y puede empezar a andar los caminos nuevos de cambio, para que cambie el mundo con amor, comenzando por el amor por nosotros mismos.

El cambio en el mundo es cada vez más acelerado, y es necesario que entendamos que ese cambio requiere que cambiemos internamente para salir al mundo a aportar lo nuestro para ese cambio, para salir al mundo a dar el amor que tenemos, eso que somos intrínsecamente, y no para esperar que el mundo nos cambie a nosotros. Debemos tomar el poder que tenemos cada uno de nosotros como seres individuales únicos e irrepetibles, hijos de Dios, por lo tanto seres de amor puro, para salir al mundo a participar en el cambio, y no esperar que el mundo pase por el lado y nos haga cambiar a la fuerza. Si, ya lo sé, el cambio es a veces –las más de las veces- doloroso, mas es necesario que lo afrontemos y experimentemos voluntaria y valientemente, es decir, poniendo la voluntad en el proceso, sabiendo que al final del camino está la luz, y siendo valientes para poder sobrellevar los desapegos necesarios para recorrer el camino sin esos pesos que nos doblan la espalda.

Llevo años trabajando con pacientes, especialmente en la terapia de vidas pasadas, y siempre, siempre, aparece que lo más importante en cada vida vivida es el amor, el amor que entregamos y el que recibimos –dar y recibir son lo mismo, recordad-, y no tienen ninguna importancia ni las posesiones materiales acumuladas, ni el poder que se ejerce en la vida –o se lucha por lograr-. Un maestro espiritual siempre dice algo así como “Pasarás la vida pendiente de pagar la cuota del auto, la cuota de la hipoteca de la casa, acumulando bienes materiales, y cuando mueras no te podrás llevar nada de eso, solamente te llevarás el amor que diste en esta vida”.

Hoy paso de la política y de otras luchas de poder en que están muchos de mis amigos, compañeros de curso y de universidad. Ya no estoy disponible para participar. El poder es mío, personal, y no depende mi camino de los otros. Pero siguen siendo mis amigos, y siempre estoy para ellos, aceptando que todo lo que sucede está bien, y está puesto delante mío solamente para mi aprendizaje.

Disfrutad el paisaje del camino, eso es lo importante, en vez de pasar a 180 km/hr por él. La meta no es la meta, porque el secreto verdaderamente importante es el recorrido del camino, entregando amor.

Que Dios les bendiga.

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Siempre hay personas que me inquieren sobre por qué muchos de los que conocen no entran al camino del conocimiento y desarrollo personal, sabiendo que les haría tan bien, que podrían mejorar de sus dolencias, mejorar sus relaciones afectivas con sus parejas, sus hijos, sus parientes, jefes y subordinados, por ejemplo. Muchos tienen alguna experiencia de sanación o de acercamiento a personas relacionadas a la medicina complementaria –flores de Bach, de California, de Bush, reiki, magnified healing, terapia de vidas pasadas, acupuntura, reflexología, masajes, digitopuntura, feng shui, biomagnetismo, aromaterapia, etc.-, o leen algún libro de autoayuda de los muchos que hay en circulación por todos lados, o asisten a publicitados seminarios como “El Secreto” por ejemplo, y piensan en lo bien que les haría a los otros los cambios que se ven como promesas.

El camino del desarrollo personal es como dice, personal. Se requiere de voluntad para hacer los cambios necesarios de hacer para lograr entonces los objetivos que se vislumbran con estos contactos iniciales a las diferentes aristas que presenta esta senda. Eso es lo principal, la voluntad. La voluntad es la que potencia el valor para seguir, sabiendo que lo que viene es un profundo proceso de cambio.

El seguir el camino del desarrollo personal asegura que los demás van a cambiar. Eso es básico de entender. Pero el secreto verdadero es que los demás van a cambiar como reacción a los cambios que se operan en la persona que siguiendo el camino comienza a manifestar.

Uno de los puntos que traen más complicaciones en el desarrollo personal son los apegos. Muchos no dejan lo que tienen para ir por lo que quieren, y se agarran con dientes, muelas y uñas –y así es el dolor que provocan- a otros y otras, y a posesiones materiales, pensando en la imposibilidad de la existencia sin ellos. Esa es una gran trampa. Es como estar en un pantano de arenas movedizas: cada vez nos tragan más. Muchas veces, el camino sigue su escondida senda detrás de los apegos, y mientras se esté en ellos no se podrá ver el recodo que conduce a la gran autopista pavimentada. Esa puede ser una labor de muchos años de trabajo, pero que finalmente entrega la tranquilidad. Entonces, la voluntad y la potenciación del valor que lleva a hacer los cambios necesarios son los primeros pasos. Cuando hablo de la voluntad me refiero a esa chispa interna, al libre albedrío, a la facultad de decidir y actuar por propia decisión y gusto. Muchas veces el comienzo del camino tiene que ver con la voluntad de romper las cadenas ficticias que nos atan a alguno, alguna o algunos que no nos quieren dar la libertad de ejercerla simplemente por su propio egoísmo y avaricia.

El Dr. Bach ya lo decía hace ochenta años casi: La codicia  lleva al deseo de poder. Es una negación de la libertad y de la individualidad de todas las almas. En lugar de reconocer que cada uno de nosotros está aquí para desarrollar libremente en su propia línea según los dictados del alma solamente, para mejorar su individualidad y para trabajar con libertad y sin obstáculos, la personalidad codiciosa desea gobernar, moldear y mandar, usurpando el poder del Creador.

El camino del desarrollo personal exige desapegarse, y ello puede ser una tarea que se puede ver como impracticable, como imposible por ser insoportablemente dolorosa. No todas las personas en esta vida deben seguir el aprendizaje del desarrollo personal. No a todos les toca. Lo verdaderamente importante no es ver en el otro lo que ese necesita, sino ver en uno mismo qué es lo que se necesita para hacer los cambios para tener una vida más plena, alegre, abundante y feliz e ir hacia esos cambios que llevan a ella. Lo que hagan los demás es asunto de ellos, a lo mejor están ahí frente a nosotros para ser nuestros maestros, para indicarnos el camino que es necesario que abandonemos, así como hay otros que ya lo han comenzado a caminar y que están también como maestros para guiarnos hacia adelante en la senda. Pero todos son maestros. Por eso es conveniente abandonar los juicios y agradecer a cada persona por ser nuestros maestros.

Y cuando cambiamos los otros cambian con nosotros. Y cuando cambiamos desaparecen de nuestra vida aquellos que nos hacían daño, y aparecen los angelitos para arrullarnos. Esa es la promesa que se cumple.

Que Dios nos bendiga a todos.

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¿Debería?

La vida está llena de deberías. Lo escuchamos siempre, y son la base de los juicios que hacemos los humanos. Los debería nos fuerzan a seguir los comportamientos que se establecen como buenos y normales. Son además la base para fijar normas objetivas, y estas no son más que buenos argumentos para obligar a todos. Sin embargo, ¿cómo sabemos que ese debería es correcto?

La palabra debería tiene en su seno un veneno paralizante y negativo de una fuerza tan poderosa como un viento huracanado, como la erupción volcánica, y este veneno viene en diferentes frascos, de diferentes tamaños. Los primeros frascos salen de la boca de nuestros mayores, luego de los profesores de primaria, y cuando ya leemos se nos agregan los que vienen envueltos en diferentes papeles, de variadas calidades y grosores. Pero todos son frascos que contienen el concepto de que no lo hacemos bien, que estamos equivocados. Ese es el trasfondo de la palabra debería, el concepto de equivocación. Es común escuchar a las personas aconsejar a otros “deberías hacer tal o cual cosa”. Esto lleva implícito el castigo por la supuesta equivocación del aconsejado, porque se le está diciendo que lo que ha hecho ha estado mal y lo que hará en el futuro, si persiste, estará igual de mal.

Este juicio que se hace al usar la palabra “debería” es de una profundidad tal que permea la protección de la seguridad para la afirmación del ser en crecimiento, afectando la autoestima, ya que lleva implícita la negación del otro en su quehacer, en su actuar, en su expresarse. No es una palabra afectuosa y por el contrario le quita el poder a quien se dirige, y el mayor problema es que es usada por aquellos a quienes se les ha dado el poder sobre nosotros, nuestros padres, nuestros profesores, nuestros guías espirituales, nuestros guías religiosos, o nuestros jefes.

El debería es una forma de manipulación de los niños por sus mayores, para que actúen y hagan lo que ellos creen que es correcto, lo que ellos creen que está bien. Siempre aconsejo a los mayores que me consultan que observen cuan perfectos han sido, son y serán ellos como para establecer lo que los hijos “deberían”. La toma de conciencia es dolorosa. Mucho. Y ella viene de entender que si fueran todo lo perfectos que creen ser, y que si les funcionaran todos los debería que inculcan ellos serían exitosos en todos los planos de la vida, tendrían óptimas relaciones, trabajos gratificantes, plenos y realizadores, serían de mucha abundancia material y tendrían un feliz amor de pareja y además óptima salud. Pero, ¿es ello así?, ¿se cumple acaso?

En términos generales nos movemos guiados por normas emocionales, de comportamiento intelectual o por las normas provenientes de los sentimientos de las personas que conforman la sociedad en que nos desarrollamos, por las normas establecidas por las religiones o filosofías imperantes, y todas están llenas de deberías. No comprenden esas normas el sentido de lo que somos los seres humanos, hechos a imagen y semejanza del Creador, que no considera los debería sino que está a la altura de lo que somos, no de lo que mostramos o podemos ver. Los debería que hemos seguido nos pueden llevar  a hacer y ser quienes no hemos nunca querido hacer ni ser, y eso solamente por complacer a alguien, alguien a quien amamos y que nos puede causar dolor y sufrimiento si nos quita el amor si no hacemos esos debería. Quizás para un niño el más doloroso después del de los padres es perder el amor de Dios.

Somos seres únicos, irrepetibles, con nuestros propios talentos que pueden ser incluso insospechados para aquellos que quieren dictar los debería en nuestras vidas, con una misión por cumplir en el camino del aprendizaje, de conocer a Dios en todas las cosas y no puede permitirse el manipular las pequeñas conciencias, ni las grandes, para satisfacer deseos personales, y ya bien lo decía el Dr. Bach que ello era una muestra de codicia inaceptable.

La palabra debería crea una cárcel para la verdad. La aprisiona. Pero la verdad, ¿quién la tiene?, ¿quién es dueño de ella?

Si los mayores entendiéramos que los debería que hemos seguido nos sumen cada vez más en el tipo de sociedad que hemos construido, en que no imperan justamente aquellas cosas que decimos perseguir seríamos más cuidadosos en nuestra forma de guiar a los que crearán la sociedad del futuro, nuestros hijos, quitando la palabra debería del vocabulario.

Sabemos lo que venimos a hacer a la tierra. Alentemos a los menores a desarrollarse, sin introducirlos en el temor a la vida, sin llenarlos de trabas, barrotes ni cadenas, sin deberías.

Que Dios les bendiga.

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