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Archive for 14 noviembre 2008

exitoCuando escuché por vez primera que la gratitud es una actitud que conduce al éxito pensé para mis adentros que me había equivocado de conferencia. Nada podía estar más alejado de mí que el agradecer. En esos tiempos sentía mi vida como carente absolutamente, todo me faltaba, nada me conformaba, sentía que no tenía nada. Y como eso sentía lo que tenía no lo gozaba. Iba con la secreta -aunque no tanto- esperanza de aprender a conseguir todo lo que no tenía y sentía que tanta falta me hacía para poder ser feliz, que cuando escuché que una de las claves para lograr lo que queremos es agradecer por lo que ya tenemos no pude más que abrir la boca. Pero no para hablar, sino que de asombro ante tamaña declaración. La incredulidad era total. ¿Agradecer lo que tenía? Nunca había reparado en ello. No se me había ocurrido nunca. Claro, mirando siempre la parte vacía del vaso no podía ver la parte llena. Y comenzó en ese momento para mí un proceso profundo de cambio.

He aprendido que la gratitud es una actitud honrosa, ejemplar. Y es un elemento básico para la manifestación de todas las experiencias que deseo.Cuando me centro en agradecer lo que tengo, que es mucho, pero mucho mucho, me inunda una sensación de seguridad y de certeza que lo bueno que deseo llega a mí sin problemas. Se activa mi conciencia de abundancia y merecimiento. Bendigo lo que tengo, y es mágico, siempre me llega más.

Existimos en una sociedad que vive en el futuro. Pensamos solamente en lo que va a suceder en un tiempo más y en lo felices que seremos cuando tengamos un auto nuevo, o cuando compremos ese televisor que vimos en el catálogo, o el i-phone o la blackberry tal o cual. Nos endeudamos para conseguirlo antes y cuando lo tenemos nos damos cuenta que somos los mismos, pero con un artefacto nuevo. Nada ha cambiado. Solamente que ahora tenemos además del aparato una deuda que pagar. Y nos sobreviene la tensión por el cumplimiento de los compromisos. Ahí la gratitud juega un rol importante, fundamental. Agradecer la abundancia  que tenemos, incluido el aparato recién comprado, y la deuda, es la medicina para la tensión.

Sabido es que en lo que nos centramos es lo que atraemos en nuestra vida. SI nos centramos en el fracaso y la escasez eso llegará. Si por el contrario nos centramos en el éxito y la abundancia eso nos llegará. Tenemos el poder de hacer que las cosas sucedan. Y la llave de ello es la gratitud. Agradecer lo que ya tenemos es el cimiento para la construcción de lo que vendrá.

Mi día comienza agradeciendo la suave y mullida cama en que duermo, las limpias sábanas y las cómodas almohadas. Ya ven, tengo mucho, ¿no?, y eso que recién parte el día. El sol entra por la ventana a raudales, veo la cordillera de Los Andes, con sus montañas nevadas, la temperatura siempre es agradable y puedo incorporarme sin problemas de la buena cama. Agradezco entonces tanta perfección y agradezco por tener tan buena salud. Y todavía no salgo de la cama. He abierto los ojos, por lo tanto veo. Agradezco que puedo ver. Bendito Dios.

Puedo pensar, mi cerebro funciona perfectamente y mi mente comienza su incesante bombardeo de ideas. Me centro en agradecer por poder pensar lo que primero pienso: ¿cómo puedo servir en este día? Y me doy cuenta que respiro, que tengo vida, que puedo hacer lo que es necesario que haga. Agradezco la vida que Dios me ha dado y mantiene, con mi concurso, claro.

Y todavía no salgo de la cama. En invierno, al despertar, aún oscuro, prendo la luz. Oh, bendito invento. Puedo ver con claridad el lugar. Agradezco nuevamente.

Agradezco la ducha caliente, el baño tibio, las suaves toallas, el perfumado y cremoso jabón. El aromático tazón de café, el desayuno, en fin, todo. El comedor y sus sillas, la comodidad de la cocina y la provisión de comida. Mucho que agradecer.

Agradezco por la familia que tengo, toda, padres, hijas, ex esposa, hermanos, sobrinos, tíos, primos, abuelos, los cuales me han acompañado en esta vida, y a los cuales he acompañado yo, y con quienes hemos aprendido tantas cosas, y aprenderemos otras muchas más.

Agradezco a los amigos y amigas que tengo, que son también una bendición. Compañeros de ruta, viajeros del tiempo, aliento permanente.

Agradezco a quienes me han enseñado tanto. Y a quienes han aprendido de mí, porque yo también aprendo de ellos.

Agradezco a mis pacientes, al igual que a mis empleadores, por su confianza en mí.

Agradezco por mi muy buena salud. Estupenda. Físicamente estoy en muy buenas condiciones y no sufro de ninguna afección. Eso agradezco, en silencio, a cada instante.

Agradezco por lo que he viajado, por los sitios que he visitado y por los que he vivido.

Agradezco por poder servir a mis semejantes, por permitírseme servir.

Y me agradezco a mí mismo por el apoyo que me brindo para seguir adelante en la vida. Y ello lo he logrado mirando hacia atrás, viendo que cada vez que había una dificultad que parecía insalvable de alguna forma la superaba, y seguía adelante. Cantando.

Y agradezco también por aquellas cosas que he deseado y no he conseguido. Es posible que si las hubiere logrado no estaría aquí, en estas condiciones, escribiendo agradecido sobre ello. Y estoy seguro que lo que se me da es lo que necesito para cumplir mi misión en la Tierra.

Y agradezco por los aprendizajes que tengo, aunque en algún momento fueron duros y me estremecieron hasta los cimientos. Así pude aprender.

Y cuando agradezco me doy cuenta lo extremadamente abundante que soy. Tengo todo lo que necesito, y más. Y no puede haber sensación de carencia ni escasez. Lo que necesito se manifiesta. Y es posible que lo que no tengo no sea necesario que lo tenga. A lo mejor es un estorbo para hacer lo que es necesario que haga, como manifestación de mis talentos en esta vida, y que es lo que tengo que manifestar.

Y es que la gratitud es la llave de la abundancia.

Y agradezco a Dios, por la vida, simplemente.

Gracias a Dios, y que nos bendiga a todos.

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Hemos visto que la sangre simboliza la vida. Ella corre por el sistemcano12a circulatorio, y su facilidad o dificultad en el tránsito nos hablan de su dueño y de su manifestación en el mundo. Y el colesterol ha sido sindicado como el causante de su ralentización, ya que al fijarse a la pared interna de las arterias forma placas de grasa que obstruyen la circulación de ella.

Cuando sucede lo anterior se corre el riesgo de presentar varias dolencias, entre las cuales están las cardiovasculares, infartos al miocardio por obstrucción de las coronarias, infartos cerebrales, esclerosis de las arterias de la retina, infartos renales y otras, incluida la parálisis.

El colesterol es el demonio mismo, y ha sido el enemigo público número uno, a quién la medicina occidental busca derrotar por todos los medios. Las personas conversan habitualmente de sus niveles corporales obtenidos en las muestras de sangre y muchos médicos buscan hacerlo bajar todo lo posible, sindicalizándole como responsable de todos los males.

Pero el colesterol está presente en la casi totalidad de los órganos del cuerpo, en la sangre, los tejidos y en todos los líquidos. Es una sustancia hormonal y se requiere para la síntesis de muchas otras hormonas. En resumen, es indispensable para nuestro organismo. Contribuye a la elaboración de la bilis, la vitamina D y de las hormonas sexuales como son la testosterona, estrógenos y progesterona. Pero, lo importante es que solamente poco más del 20% de él procede de nuestra alimentación, de alimentos como los huevos, la mantequilla, las cecinas embutidas, la carne, el queso o la crema. El resto se produce en el hígado.

Entonces, ante este antecedente, ¿qué tiene que ver conmigo el nivel de colesterol que puedo tener?, ¿puedo culpar a la alimentación de lo que me pasa, de lo que sucede con mis arterias?

Me viene a la memoria un familiar que fue operado a los 70 años por obstrucciones coronarias, quien a los 40 dejó de fumar lo poco que fumaba, iba regularmente al gimnasio, al menos 2 horas por tres veces a la semana, caminaba diariamente al menos dos kilómetros, había dejado la mantequilla, las frituras y las grasas, las carnes rojas las había reemplazado por pescados y mariscos, mantenía su peso ideal para la altura y contextura física, – además había sido deportista toda su vida-, y se preguntaba por qué le había sucedido todo esto si le habían asegurado que nada de eso le iba a pasar si hacía lo que hizo. Estando a solas y convaleciente conversamos, y recuerdo su cara de decepción y extrañeza, bajándola y moviéndola de un lado a otro, buscando en el suelo la explicación que la razón y la ciencia no pudieron darle.

Imagino que en la consulta, el médico, a solas, le habrá dicho que influían causas genéticas y además el nivel de estrés. Aclaradas las causas.

No hemos vuelto a conversar del tema.

Hoy la medicina hace una distinción entre el colesterol bueno y el malo. Demás está decir que esta definición es para mí de una simpleza preocupante. Antes de ello me gustaría saber si en el cuerpo humano, después de llevar más de 5 millones de años sobre la faz de la tierra, podemos decir con tanta facilidad que algo es malo en él. Pongo en entredicho esta definición por estimar que detrás de ella se esconde nuevamente un deseo de manipular conciencias y atemorizar a los simples mortales por afanes de ingresos de la industria.

Esta distinción sí presenta un lado práctico. El colesterol es transportado por dos tipos de proteínas: las LDL (Low Density Lipoprotein) y la HDL (Hight Density Lipoprotein). Estas siglas en inglés diferencian entre la alta y la baja densidad de las lipoproteínas. Las LDL, de baja densidad, transportan el colesterol desde el hígado hacia los tejidos y órganos. Es necesario saber que el colesterol es necesario para la formación y mantenimiento de los tejidos. Recuerdo a un médico que me explicaba que si no tuviéramos colesterol seríamos una masa amorfa ubicada toda a la altura de nuestros pies.

Cuando el colesterol transportado por los LDL es excesivo, es decir, no se requiere en el cuerpo, permanece en el torrente sanguíneo y se deposita al cabo en las paredes de los vasos, se hace espeso y termina por obstruir la circulación sanguínea.

El HDL, de alta densidad, hace el camino opuesto, ya que transporta el colesterol desde los tejidos hacia el hígado, asegurando su limpieza.

Por eso los han denominado a aquel el malo y a este el bueno.

Podemos entonces hacer la analogía. El depósito de colesterol en los vasos significa que no dejamos circular la vida libremente dentro de nosotros, que le ponemos trabas a la alegría de vivir, y que nos cuesta expresar el amor por la vida y vivirla a fondo. ¿Existe algo dentro de nosotros que no nos gusta y tratamos entonces que no se manifieste? ¿Es que nos da miedo el vivir la vida plenamente? ¿Tememos a nuestros instintos o a nuestra intuición? ¿Tememos apartarnos del mismo camino gastado que todos recorren en pos de la seguridad material?

Es necesario preguntarnos, hacernos preguntas sobre el significado del síntoma, ya que él nos hace sinceros. Nuestra sombra, aquello que luchamos –otra vez la palabra lucha, la guerra permanente- por esconder siempre se manifiesta, de una u otra forma.

Con el colesterol alto se impone regular las comidas y la ingesta de alimentos ricos en grasa. Bajar de peso es recomendable. Cambiar los hábitos de alimentación. Pero eso es externo. La verdadera revolución –el cambio que sí importa- es interna, y es necesario hacerla.

Este nos conducirá a darnos cuenta que la seguridad que hemos puesto en lo material es ficticia, ya que ella no existe, y nos puede llevar por caminos diferentes, en que lo material deja de tener la importancia que se le ha asignado –o nos han enseñado a asignarle-, para dar paso a lo que significa el concepto del amor incondicional.

Lo material que poseemos no nos brinda la seguridad. Poner el corazón a disposición de la vida sí lo hace.

Que Dios nos bendiga a todos.

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garganta1En pleno verano, con temperaturas ya altas, de pronto, la garganta comienza a inflamarse, empieza a picar, se hace dificultoso tragar saliva, y a poco andar, mirándose en el espejo, descubre la afectada que las amígdalas están blancas, purulentas. Todo un suceso. Comienza la inevitable búsqueda del o de la culpable, es decir, quién de todos los que ha estado en contacto en las últimas horas es el resfriado. El análisis concluye que nadie. Todas las personas con que se ha relacionado están sanas, y nadie ha dado muestras de molestias. Frustrante, ya que no hay nadie a quien echar la culpa, como estamos acostumbrados. No hay alguien a quien pasarle la responsabilidad por la afección.

La enfermedad como es interpretada por la medicina occidental nos hace completamente irresponsables, al situar la razón de ella fuera de nosotros, como si los síntomas fueran algo que se ha pegado de casualidad. Siempre se anda buscando al culpable de lo que sucede.

Infortunadamente, esta acción es consecuencia del proceso de desarrollo del método científico, que busca el cómo en todo, pero lo hace solamente por el lado de lo tangible, lo mensurable, sin considerar a la persona, su entorno, sus circunstancias, sus vivencias, sus creencias, sus emociones, su vida, en fin. Y digo infortunadamente, porque como sociedad hemos aprendido a buscar el culpable a lo que nos pasa afuera de nosotros, como si fuéramos inocentes, blancas palomas de los acontecimientos, y mientras no aparezca el culpable no hay tranquilidad, no hay la sensación de justicia, de equilibrio.

La enfermedad está puesta para decirnos que el camino que llevamos como personalidad, como ego, no es el camino que nuestra Alma, que habita temporalmente el cuerpo, necesita recorrer para su desarrollo y aprendizaje.

En pleno verano, con temperaturas ya altas, una de las personas más amadas la ofendió gravemente, hiriéndola en el corazón con actitudes que jamás se pensó podría tener. Las expectativas sobre su comportamiento futuro lleno de amor, gratitud, alegría, ternura y cariño se derrumbaron para dar paso a un comportamiento lleno de rabia, amargura y manipulación. Esta situación y sus consecuencias la afectada no las pudo tragar, por más que las masticó. A las pocas horas comenzaron los síntomas que ya describí, que se transformaron pronto en los propios de la rabia –dolor de cabeza- y pena, con los síntomas del resfrío. Y por más que miraba a su alrededor no encontraba a nadie resfriado, ni moquillento siquiera.

Hoy, el proceso de aprendizaje de la afectada está en pleno apogeo. Y sin duda que cuando los síntomas se vayan, igual que como aparecieron, será otra, porque habrá aprendido algo más acerca de sí misma y de lo que le pasa. Y así cumplirá lo que su Alma necesita, que es aprender. Y con ello su relación con la enfermedad ya no será de odio, no será la de combatirla –como lo hace la medicina occidental, en que todo se ha convertido en enemigo-, sino la de entender su significado para poder de ese modo sanar, es decir, crecer.

Quiero que observe el parangón de la medicina occidental en su búsqueda permanente y constante de enemigos a quienes combatir con la organización social de las potencias militares, que siempre necesitan un enemigo a quien derrotar, no sin antes permitir que la imagen de ese antagonista al que pintan de casi invencible -imagen siempre creada con el concurso de los medios de comunicación, y por organizaciones que cumplen siniestros papeles- siembre el terror entre los honestos ciudadanos. Entonces, se puede combatir con todo el rigor que permiten los elementos, y además con una justificación valórica.

En pocos días el proceso de la enfermedad habrá terminado. Nada grave ni preocupante mientras se resuelva el conflicto sin manipularlo. Y la afectada será otra. Sin duda. Habrá aprendido.

Que Dios nos bendiga a todos.

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obesidad41La enfermedad no es en sí misma ni mala ni buena, y no es conveniente darle una connotación positiva ni tampoco negativa. Es solamente una manifestación de algún conflicto más profundo. El Alma nos habla a través del cuerpo, y sus manifestaciones pueden ser casi imperceptibles o llegar a alaridos. El asunto es darse cuenta de lo que nos quiere decir la enfermedad, para poder de esa manera hacer los cambios en nuestra vida para mejorar los aspectos que provocan los síntomas. Es resorte de cada cual el hacerse consciente del mensaje de su enfermedad para mejorar. Este mejorar no es solamente salir del síntoma sino hacer las transformaciones necesarias en la vida para comenzar a recorrer el camino de la felicidad. No es conveniente tampoco utilizar la interpretación de los síntomas de la enfermedad como una forma de enjuiciar a otra persona, ya que lo que no necesita nadie es el juicio de otra sino más bien su comprensión, ayuda y compasión. Esa es una dura y necesaria tarea para ir en auxilio del prójimo. La enfermedad es intrínseca al ser humano,  y el transitar por ella es siempre una oportunidad de crecimiento y una forma de aprendizaje, aunque suene duro admitirlo.

Sin embargo, la interpretación de la enfermedad desde esta visión no académica ni científica, en que buscamos el ”por qué” en vez del “cómo”, sin buscar culpables ni hacer recriminaciones estériles, es un asunto personal, muy íntimo. Puede que sea evidente el mensaje de mi enfermedad, pero es posible que no sea capaz de verlo –recordemos que podemos ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio- y por lo tanto sea incapaz de interpretarla, culpando a los elementos físicos, a la comida, a los virus, al polen, a las bacterias, a los hongos o al aire y sus condiciones de su producción y manifestación. La enfermedad a través del síntoma nos hace sinceros, y debemos tener la valentía necesaria para proceder a la imperiosa interpretación, pero más valentía debemos tener para seguir los caminos de la sanación, que traen aparejados cambios en nuestra vida. Podemos seguir entonces un camino diferente, y que es una resignificación de los síntomas. Esto quiere decir simplemente que dejamos de combatir el síntoma –es decir salir de la interpretación negativa de ella- para interpretarlo y de ese modo averiguar lo que le sucede al paciente, para poder sacar a la luz el conflicto subyacente.

Uno de los síntomas preocupantes del mundo actual es la obesidad o el sobrepeso.

Es cierto que el sobrepeso es una comparación con una medida aceptada, es decir, el exceso de peso medido contra una norma que considera el peso ideal conforme la altura, sexo, raza y edad de las personas. Es posible que con el correr de los años la norma sea más estricta que lo que era hace cincuenta o más años, influenciada por exigencias de los medios de comunicación o del mundo de la moda. Pero, vamos a suponer que la norma está bien calculada e implementada, -asunto que íntimamente dudo, ya que creo está influenciada por razones estéticas provenientes de la alta costura y la farándula-, para facilitar nuestro análisis.

Cuando se tiene miedo al futuro, y no se tiene la seguridad de que lo que se necesite va a ser provisto, es decir, cuando se teme que falte hará que las personas ingieran hoy día lo que creen no va a haber mañana. De ese modo se almacena para los tiempos de vacas flacas.

Los medios de comunicación y los agoreros de siempre, aquellos que nos bombardean con lo difícil que será el futuro y lo mal que lo vamos a pasar por las crisis tales y cuales, hacen un flaco favor a la sociedad, ya que la sumen en el miedo y en la sensación de inseguridad, conectándolas con la precariedad, con la escasez, haciendo que las gentes coman hoy –que es cuando hay certeza de que hay disponibilidad de alimentos-  lo que creen no van a tener para llevar a sus bocas mañana. La obesidad se fomenta en Chile desde pequeños, especialmente cuando se fuerza a los niños a comer más de lo que requieren para su desarrollo y crecimiento y gasto de energía diario, guiadas las madres por este sentimiento inconsciente de la falta futura.

Otra vertiente en el análisis del sobrepeso y la obesidad es la necesidad que tiene el afectado de “aumentar su volumen”. Esto puede ser por un íntimo deseo de tener un volumen que lo haga digno de ser considerado, o sencillamente como una manera de crear una “protección”, como armadura a su alrededor. Esto puede darse en situaciones de amenaza física permanente, que requieren mayor envergadura para defenderse. La capa de grasa nos protege del exterior, nos mantiene aislados, nos imaginamos entonces invulnerables y entonces nada nos puede dañar ni hacer sufrir. Nos sentimos protegidos.

Puede ser también que la gordura u obesidad provenga de un deseo inconsciente de afearse. Este conflicto puede desatarse cuando las personas han sufrido decepciones amorosas serias, ya sea de parte de parejas afectivas o de dificultades con los padres –por ejemplo una separación-, en que el autoestima y la propia valoración se van al piso, y entonces se come y come ganando peso para producirse un castigo, para liberarse de la culpa.

Últimamente he visto como las personas que dejan el cigarrillo suben rápidamente de peso. La medicina científica lo asocia a uno de los tantos compuestos químicos permitidos que se le adicionan al cigarrillo y que aparte de producir adicción química actúan como supresores del apetito. Sin embargo, mi explicación va por el lado de la necesidad de llevarse algo a la boca, en un reflejo inconsciente de sentir la teta materna, producto de un conflicto afectivo no resuelto con la madre, y que busca equilibrio y satisfacción.

La obesidad está profundamente ligada a la conciencia de escasez. Y cuando la persona además es muy sensible y se ve afectada por todo cuanto pasa a su alrededor saciará su necesidad de seguridad comiendo en exceso.

Aprendamos a confiar en el futuro, en la vida. Confiemos en que nada nos va a faltar, y que cuanto necesitemos nos va a ser provisto por Él, para no comernos hoy día lo que nos corresponde ingerir mañana. Aprendamos a poner límites y de ese modo no nos permitiremos confundirnos en los excesos de los placeres, que pareciera ser lo que se busca y aprecia en la sociedad actual.

Nada nos va a faltar y tendremos todo lo que necesitamos para nuestro desarrollo y crecimiento, tanto en la parte física como en la espiritual.

No se nos dará nada que no podamos manejar.

Que Dios nos bendiga a todos.

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sinusitis3Para que el aparato óseo de la cabeza no pese tanto –y de ese modo no sea tan difícil mantenerla erguida- se han desarrollado unas cavidades en él, los llamados senos faciales que tienen la particularidad de estar conectados con la nariz, y que son llamados también senos nasales accesorios. Estas pequeñas cavidades están situadas en los huesos de la cara a ambos lados de las aletas de la nariz, en la base de ella, y encima de los ojos. Estos senos, según la literatura médica, tienen varias funciones -aparte de aligerar el peso-,  entre ellas la de ser una caja de resonancia de magnífica calidad, para ayudar en la audición y en la ubicación de la procedencia de los sonidos; sirven para la vocalización de ciertos sonidos, dependiendo del idioma; entibian el aire que entra por la nariz hacia los pulmones, o sea sirven como aparatos intercambiadores de calor; y filtran el aire a través de los minúsculos filamentos de las mucosas, además de humectarlo.

La sinusitis es la inflamación de las membranas que recubren estos senos, y ello provoca obstrucción, producción de mucosidad verdosa, y dolor o sensación de presión facial. Produce también otros hechos importantes como son dolores de cabeza, pérdida del olfato, halitosis –mal aliento-, decaimiento general, tos, dolor de garganta, congestión nasal, en algunos casos fiebre, y dolor de oídos. Recuerdo a ustedes que el sufijo «itis» significa inflamación, y se utiliza en la medicina para la descripción de las enfermedades. Por ejemplo hepatitis significa inflamación del hígado. Lo inútil de esto es que mucha gente se conforma con el nombre y no se adentra en lo que significa la enfermedad, abocándose a luchar contra ella, sin detenerse en su comprensión.

Los síntomas de la sinusitis son variados y muy decidores.

Llama la atención antes que nada el significado de la obstrucción. Al estar los senos obstruidos no pueden ellos cumplir sus funciones. Y la obstrucción y congestión del paciente es la misma congestión y obstrucción en algún aspecto de su vida, que lo lleva a estar “hasta las narices”, como dicen en España, con algo o en alguna relación con alguien. La obstrucción no permite que el refrescante aire nuevo llegue a la cabeza, renovando la energía de esa zona tan especial, de comunicación con el sexto sentido, con la intuición, y sumerge al paciente en una irritación emocional permanente, especialmente cuando la sinusitis es crónica. ¿Existe algún conflicto emocional –con mi pareja, con mi desarrollo laboral o profesional, con mi desarrollo personal, con mi familia- que se arrastre y no sea capaz de manifestarlo, de expulsarlo? Los mocos en la sinusitis hay que expulsarlos violentamente, con fuerza, para despejar las vías respiratorias, para que nos dejen respirar. En la vida la situación es la misma: ¿qué queremos o necesitamos expulsar con fuerza para poder respirar libremente? Puede que el conflicto entre lo aceptable interior y exteriormente sea fuerte, y manifestemos un compromiso ambiguo, es decir, aceptar por fuera lo que no aceptamos por dentro, ya sea por comodidad o por conveniencia, o por ego.

Se suma al síntoma la pérdida del olfato. Esto es también un buen indicio del significado de la sinusitis. Cuando no podemos olfatear el ambiente no podemos darnos cuenta de para dónde van las cosas, cuando no podemos oler lo que puede venir no tenemos capacidad de ver los caminos futuros, cuando no podemos oler la caca en la que estamos sumidos debemos seguir en ella, ya que no identificamos que es caca. La pérdida del olfato, uno de los sentidos primarios del hombre es perder la capacidad de identificar lo bueno, o, al afectado por la sinusitis todo lo que olía le apestaba, entonces renuncia al olfato, renuncia a la intuición y se convierte en un devoto de la razón, de los juicios y de las consideraciones racionales y científicas. Por medio del olfato el hombre es capaz de identificar asuntos tanto nauseabundos como placenteros. Dentro de estos últimos tenemos los olores provenientes de las comidas, de la naturaleza y sus productos, y de las señales sexuales del sexo opuesto. Negarse a ellos puede indicar una falta de capacidad de gozar las cosas buenas de la vida, las placenteras, para seguir sumidos en la rabia.

La halitosis, que frecuentemente acompaña a la sinusitis nos habla de la incapacidad de comunicación del paciente, ya que sus pensamientos se pudren en la boca y no llegan a la garganta para ser expresados, aumentando la sensación de agravio, de injusticia. ¿Hay alguna situación que no se puede digerir, y que se pudre en la boca, sin poder hablar de ella?

La sinusitis es también prima hermana del resfrío, que sabemos está relacionada con la pena, con la necesidad de caricias, protección y cobijo, como nos brindaba nuestra madre cuando pequeños. Entonces, cuando estamos ofendidos, especialmente por estos problemas emocionales que no queremos ni oler, cuando nos sentimos agraviados por ellos, y no tenemos el aire suficiente para movernos con energía desde donde estamos prisioneros, cuando perdemos la libertad para ir donde nuestra Alma nos ha dicho que vayamos, previa expresión de lo que nos pasa, aparece entonces la manifestación por medio de la obstrucción, llena de mocos, de la sinusitis, con su secuela de dolor. Este dolor hace evidente que se necesita echar afuera la rabia, para dejar ver a los otros la necesidad de reafirmarse en el entorno, en el plano de las ideas especialmente, para confrontar a quien o a quienes se les ha dado por mucho tiempo la autoridad o el poder de decisión de asuntos que nos involucran.

Esta situación es la que nos mantiene ofendidos, agraviados, especialmente cuando la sinusitis es crónica.

Debo mencionar que existe una similitud entre el significado de la alergia y la sinusitis, y es que en la alergia se percibe el mundo exterior como amenazante, agobiante, inmanejable, o francamente agresivo, y se pretende expulsarlo violentamente de nosotros –por eso los estornudos frecuentes, tratando de expulsar algo, o a alguien-, y en la sinusitis tratamos de sacar también violentamente los mocos que nos tienen “hasta las narices”.

Que Dios nos bendiga a todos.

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dolor-de-estomagoEl estómago tiene relación con la asimilación de los aspectos materiales de la vida. El estómago es el encargado de digerir los alimentos que han ingresado por la boca y sometidos a la masticación. Entonces, el estómago tiene la tarea de asimilar los alimentos. Analógicamente el estómago tiene la misión de asimilar los aspectos materiales de nuestra vida. Y a través de este proceso podemos llegar al miedo, que es la antítesis de la valentía y fuerza, que se expresa con la frase “este tiene estómago”.

He podido observar que muchas personas que tienen permanentes dificultades estomacales son aquellas que son temerosas y temen perder la seguridad en el futuro. Son personas estructuradas que desean tener seguridad material. La seguridad material viene dada, por regla general, por el trabajo remunerado, y cuando se duda en mantener dicho trabajo, y por lo tanto aparecen las dudas sobre la alimentación y bienestar futuro comienzan los problemas estomacales.

Es común que los problemas estomacales se presenten con diarreas. Esto no significa otra cosa que no se puede asimilar lo que se ingiere, es decir que lo que pasa no se puede digerir, o sea es tan complicado de aceptar, de asimilar, que pasa rápidamente por el cuerpo y es expulsado.

Como la función del estómago es asimilar la analogía es clara: la persona tiene dificultad seria de asimilar lo nuevo, ya que ello lo llena de inseguridad y por último de miedo. Las personas no cambian por temor, porque temen perder su posición en el mundo, que es la posición conocida y que les es cómoda, precisamente por conocida.

Cuando se presentan estados de crisis, como la ampliamente publicitada por estos días, las personas comienzan a ser carcomidas por los miedos y las preguntas silenciosas tales como “¿qué vamos a comer mañana?” o “¿qué vamos a vestir?”, por ejemplo. Pero esta acción presenta una perspectiva diferente en el análisis del problema, porque el silencio forma parte del proceso, ya que el enfermo rehuye el conflicto, para llevarlo en silencio. Los ácidos del estómago hacen la labor de digerir lo indigerible. Lo importante del asunto es que por lo general el rehuir el conflicto hace creer al enfermo que éste se va a resolver por sí sólo.

Sin duda que confiar en el curso de la vida, en que todo va a estar bien es el mejor tratamiento para los problemas estomacales. La conexión con la naturaleza y su sorprendente y maravillosa inteligencia es un poderoso remedio, ya que permite conectarse con los ritmos de la vida, entendiendo que todo está y estará bien. También la comprensión profunda que la vida es un cambio permanente, como se desprende del proceso de la naturaleza, ayuda a la mejoría.

Entonces, como la enfermedad nos hace sinceros, cuando nos enfermamos del estómago debemos comer alimentos blandos, en forma de puré, sin aliños, sin condimentos, casi sosos, y sopa. Nada de fibras ni alimentos difíciles de digerir. Observe la palabra: digerir. Entonces, con esta comida se cumple el deseo inconsciente del enfermo de regresar a su primera niñez, con comidas suaves y sin problemas. Si, sin problemas, que son los que no quiere entonces ahora enfrentar. He ahí la sinceridad profunda del síntoma.

Entonces, para escudriñar en la sinceridad del síntoma, y en el deseo de aprender de él, es necesario comprender que hay algo, alguna situación, especialmente laboral o material, que no es posible digerir o aceptar. Puede ser ella también alguna situación emocional o personal que no se puede aceptar y que hace que el afectado se consuma por dentro, que el ácido del estómago lo carcoma.

Es común escuchar a las personas relatar que antes de conversar temas que son considerados complicados o delicados, o de cuyo resultado depende una situación personal –laboral, emocional, amorosa- comienzan a tener problemas estomacales. Las “mariposas” antes de los exámenes; las diarreas antes de los viajes; la inapetencia ante la inminencia de un acontecimiento, etc., son muestras claras de cómo funciona el estómago. “Tengo un nudo en el estómago” es una frase muy decidora y que habla por sí sola justo antes de enfrentar lo que se viene.

Es necesario comprender los ritmos de la vida y aceptar que los cambios están instalados en nuestra vida, y vivir con fe, para evitar complicaciones estomacales. Los procesos de cambio se están acelerando sobre la superficie del planeta, y se suceden con una rapidez vertiginosa, y cada día serán más frecuentes. Aceptémoslo, primero mentalmente, y luego con el resto del cuerpo, para que no afecte el estómago. Esa es la tarea.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Hace unos días escribí sobre el cáncer de mama. Hoy quiero hacer algunas precisiones respecto a esta tan importante afección que dentro de los cánceres es el más frecuente en las mujeres, y tiene una significación impresionantemente profunda en cuanto a la femineidad, a lo que representa el pecho femenino, perfecto, delicado y hermoso, símbolo de la maternidad,  y órgano de placer y erotismo.

La ubicación del pecho contiguo al corazón debe darnos la primera señal en el análisis de sus afecciones.

El cáncer de mama se desata, en general, cuando la mujer –cada una única e irrepetible, diferente de todas las otras- sufre  una pérdida, como lo explicaba. Entonces, este impacto “se toma a pecho” y, aunque la afectada no lo admita o demuestre, ya que pretende fundamentalmente ocultarlo, no mostrarlo, se vive y sufre interiormente, dentro del pecho. Quiero que observen ustedes que en esta sociedad que hemos construido se asume como un buen valor el no molestar a los demás, el no pedir ayuda. De hecho, su máxima demostración es el éxito de la venta de tumbas –con el argumento de que no hay que dejar preocupaciones a los que vienen- y en menor medida la de seguros catastróficos de todo tipo. Entonces, cuando la mujer sufre una pérdida es alabada la “entereza y valentía” con que afronta la situación y hace gala de un estoicismo a toda prueba. Y esa mujer, por muy enojada o desolada que se encuentre por la realidad –especialmente por el abandono- no se permite expresar sus emociones –otro aspecto que está vedado en esta sociedad racional, y que se considera como valor incuestionable- y entonces tiende a recoger el conflicto en su pecho, el que cubre y esconde con sus brazos y manos, y a la larga se manifiesta en forma indecorosa. Sin embargo la mujer afectada siempre manifiesta una profunda pena, y su tristeza es evidente, perdiendo a ojos vista la alegría de vivir.

Dentro de las pérdidas importantes están no solamente las de algún o algunos hombres en la vida sino también la pérdida de la propia vida, la negación de las habilidades propias, de los talentos personales que no son manifestados en la existencia. Ello puede deberse a muchas causas, pero lo importante es que la mujer no hace lo que debe hacer en la vida como misión de ella, y se deja estar en la situación sin cambiarla. Es posible que ella, por condiciones sociales o personales, no posea la voluntad o energía suficiente para luchar por sí misma. En términos generales el cáncer se manifiesta cuando los seres humanos no logran romper las cárceles de barrotes ficticios que han construido con su sistema de creencias y paradigmas y no manifiesten lo que deben manifestar en la vida, perdiéndola entonces, metafóricamente hablando. ¿Qué es lo que hace que la mujer no reaccione airada ante la situación que le produce tanto dolor o rabia?, ¿el miedo?, ¿el orgullo?, ¿las normas sociales?, ¿imposiciones religiosas?, ¿su patrón de creencias? Cualquiera que ella sea es digno de considerarse y analizarse, aunque sea como un poderosa herramienta de desarrollo personal. Llama la atención que en las monjas haya una alta incidencia de cáncer de pecho. Esto sin duda da para pensar en lo relativo a su vocación, a su verdadero camino en comparación al camino elegido. ¿Qué es lo que ha perdido como mujer?, ¿es ese el verdadero camino?, son las preguntas que me permito hacer en este caso.

Cuando reflexiono sobre esta afección tan importante me asoman como explicaciones de su aparición el deseo profundo de la mujer de endurecer aquello que considera blando, para tomar posición de dureza, de firmeza. La connotación sexual del pecho femenino es evidente y es uno de los atractivos más publicitados, y cuando sucede un abandono o una traición masculina el pecho se encarga de manifestarla, endureciéndose. Y cuando el pecho se pierde por la cirugía se va con él parte de la autoestima de la mujer. A veces me pregunto si no será una forma irredenta de no permitir la llegada de nuevos hombres para emprender nuevas aventuras amorosas que pueden ser dolorosas nuevamente.

Hoy día los esfuerzos de la medicina científica occidental están dirigidos al tratamiento de la enfermedad. Quimioterapia, radioterapia, cirugía extirpadora son los mecanismos más usados. Sin embargo, la medicina no hace ningún esfuerzo por ahondar en las causas de la enfermedad. ¿Es que no quiere herir a las mujeres que presentan la dolencia? ¿O no es capaz de manejar los conflictos que se sospecha pueden ser inherentes a su aparición? Es más fácil culpar a la genética o a la alimentación que introducirse en el complejo mundo de las relaciones personales de cada cual. Y mi pregunta es ¿no es acaso cada uno diferente del otro ser humano?

Hace unos años escuché que en un estudio hecho por científicos del primer mundo del norte se había establecido que el cáncer de mamas se debía a la existencia de un gen específico que portaban todas las personas que habían desarrollado la dolencia. Y entonces, ofrecían a las mujeres sanas a estudiar sus características genéticas para determinar si poseían el mencionado gen. En el caso que lo tuvieran ofrecían una cirugía de extirpación de los pechos como mecanismo preventivo. Me ha parecido esto de una crueldad diabólica, pero es científicamente aceptado. Y pobre de los que manifestamos nuestro repudio a semejante práctica de la medicina occidental.

El cáncer tiene que ver con no seguir el propio camino, aquel que nos comprometimos venir a vivir en esta experiencia terrenal, o simplemente en haberlo abandonado en algún recodo o en alguna bifurcación, para seguir otro que no nos permite realizarnos y ser felices. Estoy seguro que las experiencias que se nos presentan son para nuestro aprendizaje -y como todo proviene de Dios y no hay nada que nos dé que no podamos manejar- y cuando se producen los abandonos –las pérdidas entonces-  no son más que experiencias a vivir para caminar en el eterno caminar del aprendizaje para llegar a ver a Dios en todas las cosas, personas y situaciones.

En los tiempos actuales las experiencias se están acelerando. Cada día tenemos noticias de que a muchas personas se les presentan seguido situaciones más y más desafiantes. Ello seguirá así y seguirá acelerándose el proceso de aprendizaje. Y todos debemos aprender, y el que no quiera aprender por las buenas aprenderá por las malas, pero deberá aprender. Y el mejor remedio para el cáncer es vivir la vida valientemente, con voluntad de salir adelante, entendiendo que todo está ahí para que aprendamos, que somos seres individuales, únicos e irrepetibles que tenemos una buena y bendita misión en la tierra, y que debemos cumplirla, honrando nuestro compromiso al venir a este hermoso planeta, encarnados en este cuerpo que llevamos a cuestas.

El camino se transita en forma individual en el espacio del colectivo humano.

Que Dios nos bendiga a todos

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