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Archive for 25 diciembre 2008

Asma

hoguera-san-juanEl asma se caracteriza por ser una sobrereacción. Esta sobrereacción hace que el asmático tenga plena normalidad para tomar el aire hacia sus pulmones, pero sea incapaz de soltar el aire hacia afuera de ellos. Es más, al exhalar pueden sentirse con pánico. El asma se relaciona con la respiración, y es una muestra ejemplar del doble juego de ella, igual al dar y recibir.

Sin duda alguna el respirar nos relaciona con el contacto. Los pulmones son órganos de contacto, el que no podemos evitar. Definitivamente debemos oler lo que no queremos, u olemos cuando algo no anda bien, o anda de maravillas: “esto huele mal” o, por el contrario,  “esto huele bien”. En el caso del asma la persona siente un ahogo intenso, y siente que pone en riesgo su vida, y no puede soltar el aire hacia afuera. Observe la sintomatología: no puede soltar el aire. Pero siempre trata de absorber aire, jadeando y se produce una silibación al soltarlo.

Se asocia el asma a la dificultad que tiene el paciente para dar, para soltar. El necesario equilibrio entre el dar y el recibir está alterado, toma más de lo que necesita, incluso cuando debe dar trata de tomar aún más, pero es incapaz de soltar. Al parecer, la incomprensión de la necesidad de dar para recibir, y de recibir para dar, lo lleva a acumular por no saber dar y con ello no puede volver a tomar el aire que tanto quiere. Como no da no puede volver a recibir. Cuando hablo de dar y recibir no solamente me refiero analógicamente a lo material. Puede darse en varios planos: emocional, material, laboral, amoroso o de relaciones, u otro. Ya hemos hablado en otras oportunidades de la necesidad de comprender el ritmo de la vida y el dar y recibir como complementos, que cuando se equiparan conducen necesariamente a la abundancia. El aire es abundante y está disponible para todos, sin embargo, el asmático lo toma pero no lo puede soltar.

Para una mayor comprensión de esta situación cabe preguntarse simplemente ¿en qué áreas de la vida quiero tomar –y tomo- sin dar?, ¿qué área de mi vida no está en equilibrio entre lo que tomo y lo que doy?

En la TVP se da a menudo que muchas situaciones de asma se ven solucionadas con la exploración de una vida pasada en que ocurrió una muerte traumática. Esta muerte requiere ser elaborada terapéuticamente, para vivenciar las emociones no elaboradas completamente, de modo de liberar al paciente de esa experiencia que se repite en esta vida impidiéndole la vida normal. ¿Cuáles son las muertes traumáticas más comunes en casos de asma? Una de ellas es la muerte en la hoguera. En este caso la muerte no se produce por el fuego, sino que por asfixia por el humo que se inhala. Esta situación deja una huella tan profunda en el paciente que asocia algunos acontecimientos como conducentes al mismo desenlace pasado, y se desatan las emociones que conducen a tomar aire y a no soltarlo, para no consumir el pesado, caliente y asfixiante humo producto de la hoguera. Otra situación similar son las muertes en incendios. Otra en cámara de gas. O intoxicación por inhalación de productos químicos, que puede ocurrir en situaciones laborales de manipulación de los mismos o en guerras o en experimentos. También se da la situación en muertes por ahogamiento en agua, ya sea en la mar, el río o el lago. Otras situaciones pueden ser muertes por degollamientos y decapitaciones. Entonces, lo que sucede en esta vida y que desata el episodio de asma es que la persona vivencia las mismas emociones que experimentó en la vida anterior, y que formaron parte del proceso del suceso que las llevó a experimentar la muerte en forma traumática.

También el asma se asocia a un deseo de dominar a otros o un rechazo a ser dominado por otro u otros. Es como un grito de alarma que indica la necesidad de soltarse de las garras de aquel o aquellos. Sin embargo, su carácter doble, de tomar y dar, funciona como una trampa, porque nos habla de la necesidad imperiosa de estar con el causante de la situación, y de liberarnos de él.

El asma se asocia fuertemente con la alergia. Y es en este caso cuando adquiere su manifestación, ya que la alergia es una sobrereaación, una manifestación de profundo rechazo al otro, y es en esta violencia donde se expresa la alergia.

El asma, en fin, es un síntoma que podemos relacionarlo con el amor. El individuo asmático tiene necesidad de amor, lo requiere con ansias –por eso es ansioso-, y lo inspira profundamente. Sin embargo, no puede dar amor, no puede soltarse ni soltar su ansiedad, y tiene problema para soltar el aire.

Una adecuada terapia para tomar conciencia acerca de los miedos inherentes a su existencia puede ayudar al paciente asmático a asumir su enfermedad, a comprenderla y por fin, tomando conciencia de sus problemas, pasar a otro estado, en que no habrá necesidad de retener, equilibrando en dar y el recibir, reencantándose con la vida.

Que Dios nos bendiga a todos.

 

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olimpo3Hace un par de días conocimos un video tomado con un celular sobre una intervención de urgencia en una paciente moribunda efectuada por un médico en el hospital de La Calera. En dicha atención el médico tratante procedió a intubar a una paciente de 76 años, quien estaba en muy malas condiciones físicas producto de un paro cardiopulmonar. En un minuto y 23 segundos se aprecia la maniobra y el pedido del médico de ser grabado, y al cabo de su maniobra, que dura quince segundos, es aplaudido por el personal, en medio de carcajadas generales.

Al ser el médico enfrentado por una hija de la paciente le expresó que él no había hecho la grabación y le recordó que él le había salvado la vida a la  su madre.

Para hacer declaraciones a la prensa sobre lo acontecido el médico solicita diez millones de pesos, según un escrito dejado en el hospital donde trabaja.

Hoy  él y el equipo enfrentan una querella en tribunales por violación de privacidad.

Lo anterior es una muestra de lo que ha llegado a ser la práctica de la medicina por algunos médicos y por el personal asociado a su labor. La indolencia y nula conexión con el paciente, y el afán de lucimiento personal, un ego cultivado y elevado al Olimpo producto de la toma de poder desde los pacientes al tener la facultad de administrar drogas y ordenar tratamientos terapéuticos, sin atisbos de compasión ni amor por el prójimo, ni mucho menos servicio a otro ser humano.

Un artista tecnológico en el escenario de una sala de urgencias, con un público cautivo ávido de demostrar su admiración ante tamaña muestra de habilidades, pero practicando en un ser de su misma naturaleza y condición, humano y mortal por lo tanto, el cual es considerado solamente un instrumento de experimentación.

El sumum de la actuación viene después de finalizada, cuando el público es otro, y que le reclama la falta de probidad, al cual expresa que no se debe olvidar que le salvó la vida a la paciente. Es decir, el sólo hecho de realizar una maniobra técnica para la cual ha sido entrenado y que conlleva mantener con vida un cuerpo le hace pensar que tiene derechos divinos para hacer lo que se le venga en gana, y además, una vez más, subirse al pedestal para hablar a los inferiores en las condiciones que estime.

La medicina actual, con los adelantos tecnológicos pareciera llegar a un estado en que es considerada casi mágica y omnipotente. La profusión de artilugios, procedimientos, exámenes de laboratorio, drogas y fármacos –amén de la propaganda y publicidad- hacen de la práctica médica occidental algo dotado de un halo de virtud y majestuosidad cercana al altar de Dios. Los hombres, centrados en nuestro miedo, ya sea al dolor, a la indefensión, a la dependencia de otros o simplemente a la muerte, le hemos dado ese poder. Sin embargo, el poder se lo hemos dado desde una posición de igualdad como seres humanos, desde nuestra condición fraternal, como hijos de Él, pero ha sido tomado para ascender un peldaño por quienes practican las artes del combate a la enfermedad, como es el caso de este particular médico de La Calera, curioso ejemplo repetido por doquier.

¡Como extrañamos en la medicina actual una apertura amorosa hacia el paciente que acude por ayuda! No es común encontrar humanización en el mundo de la medicina, y cuando los que están en la cúspide tienen los comportamientos observados los que están bajo ellos no lo podrán hacer mejor. Cuánta falta hace recorrer el camino de la ternura, de la buena voluntad, del servicio, en fin, del amor.

Creo que hemos venido a la Tierra con dones únicos e irrepetibles, para donarlos a la humanidad, en toda condición, y nadie puede hacerlo por nosotros. Somos únicos. Lo que traemos para dar nadie más lo puede entregar. Y eso debemos darlo con amor, amor por nosotros y por el prójimo, igual que la semilla que se convierte en árbol, igual que la oruga se convierte en mariposa, para regalarse a otros. El servicio a otros ayuda a crecer. Nos ayuda a ser mejores, y a acercarnos cada vez más a ese lugar desde donde alguna vez salimos a recorrer el camino como seres humanos, a ese lugar en que compartimos con Dios.

Que Él nos bendiga a todos.

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sonrisas1Tener un cuerpo saludable es natural. Nuestro derecho es ser saludables. Mi derecho es ser saludable. Sin embargo, la enfermedad es, insisto, el resultado de desequilibrios emocionales profundos, a veces de larga data, y que somos, normalmente, incapaces de solucionar por nosotros mismos. Muchas veces no somos capaces de ver el conflicto –no podemos ver la viga en nuestro propio ojo- que hay detrás de nuestros síntomas y necesitamos ayuda para identificarlo y a continuación para trabajarlo y superarlo, y con ello recuperar el equilibrio perdido y que se manifestó en la enfermedad.

El transitar el camino de la sanación es un proceso, un camino, en que el resultado pasa a ser al final una consecuencia de su tránsito, lleno de descubrimientos, en que con seguridad nos vamos convirtiendo en mejores personas, haciendo un profundo trabajo de desarrollo personal. Sanar no es instantáneo, y no depende de una o varias pastillas, ya que mientras no desaparezca el conflicto la dependencia de los fármacos no cesará, y el desequilibrio se manifestará sucesivamente en diferentes órganos y funcionamientos.

El recuperar el equilibrio significa un proceso que involucra voluntad, valentía, perseverancia y mucho amor por nosotros mismos.

Requiere de voluntad para seguir adelante con lo que sea necesario para sanar. Ello puede ser duro y puede significar –las más de las veces así lo es- realizar cambios importantes en la vida. La cultura occidental promueve la búsqueda de la seguridad, que es el enemigo natural de los cambios, ya que por su simple concepción la seguridad busca mantener todo sin cambio, para no alterar lo que debemos transitar.

Requiere de valentía para afrontar los cambios que significará vivir el proceso de sanar. Ello puede llevar a desapegarse de cosas y personas que están involucradas en nuestro conflicto. Esta valentía será necesaria para trabajar con los sentimientos, sensaciones y emociones que se manifestarán con fuerza al reconocer las situaciones que han llevado a esos desequilibrios.

Y el cambio radical que es necesario hacer, y que requiere de toda la voluntad y la valentía que podamos tener, para comenzar el camino a sanar es el cambio de creencias. Las creencias sabemos que son ideas que creemos que son verdad, y que han normado nuestro comportamiento. Las hay de todo tipo, y cumplen la función de mantenernos encarcelados en una jaula de barrotes ficticios. Las creencias religiosas, sexuales, de relaciones, especialmente de pareja, sobre el dinero, la pobreza y el trabajo son especialmente marcantes, y nos limitan en nuestra comprensión y actuación. Muchas veces el cambio de creencias, al pasar de creencias limitantes a otras expansivas, nos permite aumentar nuestro nivel de conciencia y pasar a otro estado de comprensión, donde se abren inmensos horizontes. Pero cambiar las creencias lleva a cambiar la forma de ver la vida y la forma de vivirla.

Requiere de perseverancia, para trabajar con las emociones inherentes a los problemas que llevamos a cuestas,  y esos problemas no han sido creados de forma instantánea sino que también perseveraron y del mismo modo requieren ser trabajados.

Requiere de amor por nosotros mismos, para apoyarnos y darnos fuerza y motivarnos en la tarea, por dura que ella parezca, para recorrer el camino de descubrimiento, para vivir el proceso de sanación. La recompensa es valiosa y permanente.

Muchas dificultades se presentarán en el camino de la sanación, y debemos ser conscientes de ellas. Las emociones se desatarán y habrán de ser vividas. Y el sanar lleva a la transformación de esas emociones negativas, que nos juegan en contra, por otras que sí son beneficiosas. Habremos de reconocer en el camino sentimientos y emociones escondidas, asumiendo que existen en nosotros y que no somos solamente luz sino que tenemos sombras, que son las que no queremos ver,  o no nos atrevemos a hacerlo. Habremos de trabajarlas, para poder atravesarlas y cambiarlas por aquellas que nos jueguen a favor. Por eso hablo de un proceso, no de una mejoría instantánea. A lo mejor una pastilla puede ayudarnos a paliar el dolor, a disminuir la inflamación, a funcionar con normalidad física, pero ello será sólo un alivio temporal y poco duradero si no hacemos las transformaciones necesarias, que llevarán más tiempo que el que requiere ingerirla y ver su efecto físico.

Se nos presentarán en este proceso las dudas, perezas, indefensión, vulnerabilidad, vergüenza, debilidades, ansiedades, tristeza, pena, culpas, rabia, miedo. Todas emociones que no nos favorecen en nuestro devenir. El trabajo es transformarlas en emociones que nos ayuden, en emociones positivas.

Al final del proceso, en el cual se van cerrando círculos, ciclos de la vida, en que vamos levando anclas, dejando el pasado atrás, con su carga emocional, para navegar de nuevo por la vida, sanos de cuerpo, mente y alma, estaremos rebosantes de amor.

Que Dios nos bendiga a todos.

 

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