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Archive for 15 febrero 2009

El materialismo

cientificoEl advenimiento del materialismo y el método científico siguen sumiendo al mundo en una creciente infelicidad, debido a que en su obsesiva búsqueda de los cómo separan al mundo en porciones manejables a su entendimiento y amaño para realizar en ese ámbito sus experiencias y sacar entonces conclusiones que -arrogantemente- extrapolan a lo mayor. Esta separación, clave de su filosofía, no permite el hombre analizador ver el conjunto, lo global, quedándose en lo particular. Es como que el árbol no deja ver el bosque. Por ello, es que pierde la capacidad de analizar los acontecimientos de su vida en un contexto general manteniéndose en lo particular solamente, perdiendo el sentido de su existencia, subyugándose entonces a las reglas obtenidas por su forma de analizar la realidad y las conclusiones así derivadas. Y la razón no admite en la búsqueda del conocimiento otra forma de acercarse a él, y entonces no está permitida ninguna forma espiritual –o mental si lo prefiere- de adquirirlo.

El materialismo ha ganado la batalla, y ha hecho presa fácil de aquellos que se han erigido a través de los siglos en los encargados de recordarnos que somos seres espirituales, los religiosos, confundiéndoles entonces al mantenerlos en las cárceles de su forma de conocimiento, que no admite otra forma de aproximarse a él. Entonces al perder el hombre la visión global y establecerse en lo particular se llena de sensaciones de injusticia en el mundo. En el ámbito más sensible donde se aprecia este fenómeno que describo es en la medicina occidental, que es al parecer uno de los aspectos que más preocupan e intimidan al hombre moderno. La enfermedad es percibida como un castigo particular, muchas veces enviada por ese Dios castigador al cual se nos enseño a temer, el cual utiliza algún agente identificable–virus, bacterias u otro vehículo-, o alguno no identificable –ADN o el estrés- para enviar entonces el escarmiento por los pecados cometidos.

Esta pobreza a la que nos lleva el materialismo, cuyo estandarte de lucha entonces ha pasado a convertirse la que han llamado imperfección del mundo y de su gente y la desigualdad e injusticia social y material, nos golpea fuertemente impidiéndonos poder mirar el futuro con optimismo y alegría haciendo, por el contrario, que la negatividad se apodere cada vez más de las conciencias de los humanos, impidiendo entonces que las personas hagan los cambios necesarios para acercarse a niveles de bienestar y felicidad.

El método científico, al alojar la responsabilidad de la enfermedad en los agentes mencionados, entre otros, la ha situado fuera del hombre, al cual ha hecho absolutamente irresponsable por lo que le aqueja, sumiéndole en el miedo ante cualquier posible ataque externo. No es concebible para la medicina moderna alguna otra explicación más que agentes externos que actúan por causas desconocidas –de puro malos no más que son, parecen decir los médicos- para causar los daños. A tanto ha llegado el ansia por buscar las razones materiales de la enfermedad que ahora uno de los responsables máximos en los males es la comida. O sea los alimentos son los responsables por las enfermedades que se producen. Y es más, hay sesudas investigaciones, científicas todas, con pruebas de doble ciego incluida, y fuertemente financiadas por laboratorios farmacéuticos o por fabricantes de equipos y suministros de la industria médica, que demuestran que lo que comemos desde los albores de la humanidad, desde que somos humanos en el planeta Tierra, es lo que nos produce los males. Eso lo encuentro inconcebible y sin sustento alguno que no sea el miedo que nos inculcan a cada rato. La investigación siempre va acompañada de fuertes campañas publicitarias, en la cual se invierten grandes sumas, las que se recuperan con los medicamentos que después nos recetan y a los cuales nos esclavizamos, y con los exámenes de laboratorio e imágenes.

Nadie se detiene a pensar que la enfermedad tiene una misión, un objetivo. No, solamente es un enemigo al cual derrotar. Igual que a la muerte. Porque hemos perdido la capacidad de ver el contexto general. La enfermedad no es externa en su origen. Está puesta para avisarnos que es necesario que hagamos cambios en nuestra vida, que nos liberemos de aquello que nos mantiene prisioneros, y que no hay nada malo en ella, ni hay un castigo de Dios. ¿Cómo va a ser concebible que Dios nos quiera castigar, si somos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza? Somos los seres humanos, quienes nos perdemos utilizando solamente la razón como fuente de conocimiento, desconociendo que somos seres completos, indivisibles en cuerpo, mente, alma y espíritu. Es necesario que despertemos y no demos por válido lo que nos dicen, inculcan y machacan por los medios de comunicación. Muchos “serios estudios científicos” no son más que proyectos de inversión que buscan generar beneficios económicos, utilizando para ello bajas maquinaciones –como campañas de terror- y aprovechando nuestra bondad y credulidad en que los que lo dicen son seres revestidos de un aura de solemnidad e integridad a toda prueba. No, no nos dejemos engañar y comencemos a abrir los ojos, dejemos el temor atrás para enfrentarnos a esta ola que todo quiere arrasar despojándonos de nuestra característica fundamental de seres espirituales que somos amados en cualquier circunstancia por Dios, nuestro verdadero señor.

No somos solamente este cuerpo que tenemos. Eso es una ilusión, que cada instante que pasa muere un poco más, hasta que se convertirá en un cadáver, indefectiblemente, lo queramos o no.  Más vale que más temprano que tarde lo aceptemos y comprendamos que lo que verdaderamente somos está más allá de la prisión de este cuerpo en el que nos encontramos hoy día, y que es necesario que sigamos los dictados de nuestra alma para hacer lo que debemos hacer en la vida, para poder tener entonces en el proceso de ella con el cuerpo que llevamos a cuestas una mejor salud, y poder ser entonces responsablemente felices. El materialismo y el método científico no han aportado más felicidad al hombre, porque han pretendido apartarlo de su esencia divina, y mientras permanezcamos obnubilados por sus aparentemente maravillosos resultados técnicos permaneceremos en las tinieblas y no podremos ver la luz. Somos seres espirituales y tenemos derecho a la felicidad y a tener un cuerpo saludable. Reclamemos entonces ese derecho no dejando que sea robado por la ilusión de lo material.

Que Dios nos bendiga a todos.

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