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Archive for 31 mayo 2009

microorg2La medicina actual nos ha tratado de convencer –y vaya que lo ha logrado-  que el hacerse exámenes periódicamente, y que mientras más complejos y numerosos sean ellos mejor será entonces la seguridad del proceso, servirá al objetivo de prevenir las posibles enfermedades. Sin embargo, en el mundo actual en que cuesta enormes sacrificios personales  mantener la medicina de alta tecnología que se ha desarrollado no se ha podido prevenir sino solamente detectar precozmente. Y eso es el asunto importante. Con tanta tecnología y con tanta inversión en estudios ha sido una tarea imposible el prevenir, siendo lo único importante la detección precoz. Pero, ¿es lo mismo? Es posible que en la interpretación de los numerosos exámenes e imágenes pueda llegarse a algo cercano a la prevención, pero para llegar a ello es necesario saber cuál es “la amenaza a combatir”, en el lenguaje de la medicina occidental.

Es necesario reflexionar acerca de los conceptos que se utilizan como sinónimos –prevención y detección precoz-, su origen y sus consecuencias en el presente y en el futuro.

Sin duda alguna que las campañas publicitarias de la industria farmacéutica –laboratorios, fabricantes de equipos de análisis e imágenes- han utilizado fuertemente la tecnología de las comunicaciones para hacer su agosto entre los consumidores racionales –nosotros- creándonos necesidades, informándonos lo que han querido informar, y utilizando los medios como propagadores de sus medias verdades o mentiras completas, convirtiéndoles en agentes publicadores de sus comunicados de prensa.

Como la prevención no es posible, se limitan a sugerir cambios en la alimentación, que es el gran causante de los males del mundo occidental.

En facebook, como entre tanta herramienta publicitaria me ha llegado una petición de ayuda a la prevención del cáncer de mama. Lo más importante en esto es que nadie sabe qué desata el cáncer. Ahora hablan los médicos de procesos emocionales que pueden afectar, pero lo que más se escucha es que es un asunto genético y hay predisposición familiar a ser afectado por este mal. Entonces, ¿de qué se trata la prevención? ¿Qué es lo que proponen normalmente para prevenir el cáncer de mama?: hacerse exámenes, palparse periódicamente y controlarse médicamente cuando haya sospechas. Simple. ¿Pero es esto prevención o detección precoz? Podemos observar que una mujer que a los 40 años comenzó a realizarse mamografías periódicamente ya a los 50 años tiene una carpeta llena de ellas, ¡pero para esta sana mujer  el riesgo de tener cáncer de mama ha aumentado según la estadística de la medicina! Interesante ¿no?

Hace unos meses ensayé algo del cáncer de mamas, lo que pueden consultan en: https://caminosdelalma.wordpress.com/2008/11/03/cancer-de-mama-los-abandonos/

El deseo absurdo de la medicina actual de hacer desaparecer las bacterias, los hongos, virus y microorganismos que coexisten con nosotros en este mundo que Dios nos ha dado está llegando a límites de paranoia colectiva. Las campañas para que nos lavemos  las manos a cada instante han llegado a tal extremo que las personas andan con alcohol gel en los bolsillos y evitan, si, evitan dar la mano a otro por temor a los contagios. ¿Llegaremos a vivir en cápsulas individuales aislados uno del otro? No hay nada más absurdo que el pretender erradicar de la faz de la Tierra a los microorganismos. Nuestro estómago no funcionaría de la forma que lo hace si no tuviéramos lo que se ha denominado la “flora intestinal”, que no son otra cosa que bacterias y microbios que hacen la tarea de ayudar al cuerpo en la digestión y asimilación de los alimentos y producción de los excrementos. Basta saber lo importante que son ellos cuando somos sometidos a los antibióticos para combatir alguna infección y se afecta de inmediato el estómago, su funcionamiento y las deposiciones. “Efectos secundarios” se les ha dado en llamar eufemísticamente.

La medicina occidental actual, auto-validada como única correcta y efectiva, se basa en hacer desaparecer los síntomas y con ello aleja el conflicto adyacente, e incluso tiene la virtud de hacer que los pacientes en riesgo vital puedan conservar la vida, pero no puede curar ni mucho menos prevenir. No puede curar porque el reprimir los síntomas no hace más que retrasar su reaparición o la aparición de otros, que pondrán en evidencia el desequilibrio. Por ello es que siempre es conveniente, una vez pasada la crisis, enfrentarse a la sombra, a aquello que no queremos ver, a aquello que nos atormenta y produce la viga en el propio ojo, para analizar la vida y buscar el verdadero significado de la enfermedad. Pero para realizar la introspección necesitamos ser valientes y comprender que cuando el síntoma nos dé el mensaje habremos de hacer los cambios pertinentes en nuestra vida, que prevendrán de verdad la aparición o reaparición de ellos.

Los síntomas del cuerpo son en algunos casos susurros del Alma. En otros son voces altas. En otros son gritos. Cuando el Alma ya ve que el camino del hombre se aparta de su verdad, de su finalidad en la Tierra, se convierten en alaridos. La verdadera prevención está basada en la necesaria interpretación de las primeras manifestaciones que llevan al cuerpo al desequilibrio y que necesita remedios, o sea, sustancias que lo lleven de nuevo al “medio”, al equilibrio, para que el Alma entonces no necesite expresarse en voz alta, lo que sin duda contribuye a ser feliz.

La verdadera prevención está en realizar las tareas pendientes en la vida, pero primero hay que identificarlas. Para ello se requiere valentía. Para lo anterior más aún. Si no, el cuerpo nos dirá lo que nos ha faltado para estar en equilibrio.

Que Dios nos bendiga a toda su creación, incluidos los microorganismos.

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farmaciasExiste una ley inmutable y además inexorable, y es la ley de causa y efecto, o ley del karma. Esta es la ley del equilibrio que pone al hombre ante la misma situación una y otra vez hasta que por medio de sus acciones la supere, una vez aprendida la lección. Entonces, a cada acto humano –y también a los pensamientos- le corresponde uno en dirección opuesta. Los que han estudiado física conocen la tercera ley de Newton, o ley de acción y reacción, que enuncia que a cada fuerza ejercida sobre un cuerpo este responde con una fuerza de igual magnitud pero de sentido y dirección contrarios. Lo mismo pasa en la existencia humana, en que todos nuestros actos son nivelados, más temprano que tarde, por un movimiento en dirección inversa. Este tema fue presentado en https://caminosdelalma.wordpress.com/2008/05/18/el-karma/, hace un año atrás. La ley del karma nos señala que es posible que hoy estemos equilibrando alguna acción del pasado, y que lo que hacemos hoy se compensará en el futuro.

Hemos sabido por una denuncia de una abogado que una cadena de farmacias ha comprado a las isapres los datos de sus cotizantes, referidos a las patologías que presentan. El uso que se ha dado a esta información ha sido comercial, en el sentido de crear ofertas específicas y particulares por las medicinas necesarias para combatir el o los males de los clientes. Conociendo cómo se manejan los negocios hoy en día, y a la vista de la colusión de las principales y fuertes cadenas de farmacias para subir los precios al público de algunas decenas de medicamentos, podemos inferir que el mencionado comportamiento puede haber sido utilizado también por otras cadenas. Esta situación está reñida con toda norma ética, y se constituye en la muestra más clara de la forma en que se actúa hoy en los negocios, buscando de cualquier forma el obtener beneficios. Por donde se mire esta situación es oscura y crea solamente desconfianza, temor y desazón, además de extender un manto negro sobre la libertad de emprendimiento y la libre competencia. Es la voracidad de los actores del sistema lo que va matando al mismo, igual como la célula cancerígena, que no descansa hasta morir ella misma, una vez que el anfitrión, el que la cobija, deja de existir. La codicia inherente al sistema, y que actúa libremente, se encargará de asesinarlo. El problema, es que hoy en el mundo estamos todos dentro del sistema, cada cual con algún mayor o menor grado de libertad, pero incorporados al fin. Un sistema en que las formas importan más que el fondo de las cosas y las personas, un mundo de apariencias. Un mundo en que lo que dice una joven mujer que ha pasado por el quirófano una docena de veces para modelar sus curvas antes de haber terminado de leer un libro siquiera es más importante que lo que dice un rector universitario y tiene mucha más tribuna, espacio en los diarios y tiempo en la televisión que éste.

La corrupción gana espacios diariamente. Lo que han hecho las farmacias y las isapres es corrupción. Y son socios de ella sus ejecutivos, sus directores, sus accionistas, y los empleados que sabiendo lo que se hace no se quitan de hacerlo. Y esa corrupción es alabada en círculos de profesionales deseosos de éxito profesional, que titulan las mentiras y corrupción como agresividad en los negocios, y sueñan emularlas, para así aumentar sus ingresos mensuales y optar a jugosos bonos de fin de año. Poco importa el fondo entonces. Solamente la forma es la válida, donde las apariencias son las que mandan.

Los temas de la medicina actual se van revelando poco a poco. Nos hemos dejado conquistar durante décadas por el temor a la enfermedad, por el miedo. Y ese temor fue sembrado por otros hombres como nosotros, pero deseosos de dominarnos al resto, para vendernos entonces sus artes, sus técnicas, su tecnología. El mundo no quiere pensar, y busca hoy día lo que algunos pensadores han dado en llamar el easy going, es decir, la obtención rápida y fácil de dinero y bienes; la superficialidad de los análisis; la búsqueda irrefrenable del placer por el placer; el atontamiento por la televisión que machaca día a día con conceptos falsos; la comida chatarra y la fiesta sin fin; el evitar el dolor; ocultar con tintes las canas y las arrugas con productos químicos; y el detener la muerte. En fin, la ligereza que va permitiendo entonces lo que sea necesario para lograr los objetivos. El mundo no quiere tampoco ver ciertas cosas evidentes, como por ejemplo el financiamiento de los laboratorios a los profesionales de la salud, para que sostengan las verdades que han inventado y nos conviertan a las personas que formamos parte de la sociedad en consumidores racionales. O el tráfico de órganos desde países pobres a países del primer mundo. Pero somos nosotros los que hemos comprado esas medias verdades o estas monstruosas mentiras. Y hemos permitido todo esto.

Pero, la ley del karma no puede ser evadida. Se cumple a rajatabla. Y entonces, el que nos vende los dogmas para dominarnos; el que ha hecho de la corrupción una forma de vida y lucha por hacernos creer que esa es la buena forma de obtener lo necesario para vivir; el que miente con descaro para poder mantener sus prebendas; el que quita con la mano izquierda lo que da con la derecha; y el que inventa enfermedades para vender sus productos químicos deberán atenerse a su cumplimiento. Por eso, las crisis no cejarán y se harán más pronunciadas, y veremos caer a quienes estaban aparentando su fortaleza subidos sobre débiles tarimas construidas con palos de fósforos, equilibrando lo que construyeron.

Y lo que ha pasado con las farmacias tiene mucho eco porque estamos como sociedad toda y como personas individuales fuertemente condicionados por el miedo a la enfermedad. Por ello es que estos asuntos importan tanto. Porque sabemos lo que es estar enfermos. Sin embargo, hay situaciones que no nos son familiares y por lo tanto no estamos sensibilizados respecto a sus consecuencias, como por ejemplo la contaminación ambiental de las grandes empresas de la minería, o la explotación irracional de los mares, o la experimentación genética de los alimentos, o al abuso en la alimentación de animales y aves de consumo humano, y muchas otras atrocidades. Pero, en el Universo todos somos uno, y lo que se hace al más pequeño se nos hace a todos, y entonces la ley del karma entrará en operación y funcionará. Y nadie quedará fuera de su ámbito de acción.

Habrá llanto y crujir de dientes. Ya lo sabemos. Aún estamos a tiempo para cambiar el destino de la Tierra y el de sus habitantes, entre ellos nosotros.

Que Dios nos bendiga

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Entusiasmo

Abrazo234Me sorprendí cuando una gran amiga –amiga de verdad- me envió un e-mail para saludarme por haber sobrepasado las 50 mil visitas en el blog. Mi sorpresa no es por su saludo, ya que ella acostumbra a estos delicados detalles que le dan alegría a la vida, sino por el hecho de la cantidad de personas que se pasan por aquí para leer lo que he comenzado a escribir y a hacer público. Este blog nació sin más pretensión que ser un lugar desde donde dar a conocer algunas ideas, conceptos y formas de ver las cosas para ayudar a la reflexión, ingrediente esencial para poder ser mejores personas, y contribuir a poner un granito de arena de Luz en las montañas que necesita la Tierra.

La vida es un gran regalo y, como regalo que es, es necesario que la disfrutemos profunda y plenamente. Para vivir hacemos un ejercicio físico que no es consciente, como es el respirar. Entonces, la vida la mantenemos inconscientemente, ya que no podemos dejar de respirar -si no me cree trate de no hacerlo-, pero para vivirla plenamente es necesario que tengamos entusiasmo. El entusiasmo que está definido según la Real Academia Española como «Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño» o «Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive» o «Inspiración fogosa y arrebatada del escritor o del artista, y especialmente del poeta o del orador», nos hace ver que es una condición que si está presente permite que lo que abarque se transforme en fuente de alegría.

En los últimos días he conversado con algunas personas con ciertas dosis importantes de infelicidad en sus vidas por diferentes razones, ya sean laborales, materiales, financieras o afectivas, y lo común en ellas es que los cambios a las que se ven enfrentadas son muy dolorosos y difíciles de afrontar. Lo primero en el asunto y que es, diría yo, lo más complicado de todo es aceptar lo que sucede. La resistencia a aceptar lo que ha pasado y seguir fingiendo que las cosas siguen igual que antes es una constante. Entonces, seguir anclado a la ilusión de cómo debieran ser las cosas, o cómo deberían haber sido, causa inmovilismo y las emociones negativas como la rabia, pena o frustración hacen su agosto, con consecuencias poco alentadoras para ellas y su entorno. Entonces, la aceptación se convierte en la bisagra articuladora que abre la puerta para ver una nueva realidad y comenzar entonces a funcionar acorde a esta. Y una vez que aceptamos lo que ha sucedido como hecho cierto, y dejamos de fingir que no ha pasado nada y que todo sigue igual que antes, podemos enfocarnos y tomar las acciones conducentes a lograr un nuevo estado de armonía, y si esas acciones llevan el entusiasmo en su seno su efecto será más rápido, profundo y duradero.

Es el entusiasmo por la vida un ingrediente esencial para realizar las tareas que necesitamos llevar a cabo para que ella sea grata y entretenida, para mantener el poder personal, ya que impide bajar la guardia y perderlo a la vuelta de la esquina o en el noticiero central de las 9 de la noche en el canal favorito, que presagia siempre el apocalipsis en pequeñas dosis.

Acaba de anunciar “la autoridad sanitaria” que después de “exhaustivos estudios” hechos por “expertos en el tema” que la famosa fiebre porcina, rebautizada como influenza humana, no causa ni por asomo las temidas consecuencias que le fueron aventuradamente colgadas, y expuestas y ventiladas a diestra y siniestra por los “expertos investigadores” hace poco menos de un mes, ya que ahora, aseguran, causa menos mortandad que la influenza estacional, que no es otra cosa también que un bonito nombre para el resfrío común, con el cual hemos convivido desde siempre. Toda la parafernalia, la manipulación periodística, la propaganda incorporada a esta situación es la que quita a las gentes el entusiasmo necesario y la va sumiendo en la negatividad y pesimismo. ¿Puede la gente tener entusiasmo si la amenazan que se contagiará si concurre a lugares en que hay mucha gente? Difícil que ello suceda, si lo primero que se hace en el día es subirse a una micro –en cualquier parte de país- o al metro, que van atestados, de bote en bote, y en que la cara del vecino, la boca y nariz mejor dicho, queda a escasos centímetros de la nuestra.

El entusiasmo se pierde con las noticias de la televisión, porque nos sume en la tragedia, en el dolor, en la muerte, en la miseria humana -la física, la mental y la espiritual-, en el miedo y la inseguridad. Las noticias debieran llamarse de otro modo, porque son solamente un compendio de desastres de todo tipo. ¿Podemos entusiasmarnos con la vida después de una hora de desánimo? Y ahora, como eso es poco, existen canales de pago que transmiten noticias 24 horas al día, y repiten hasta el cansancio las tragedias diarias, ya sean verdaderas o creadas, como la de la gripe porcina. ¿Qué sucede si recibimos directamente al cerebro –y sin anestesia- diariamente un par de horas de negatividad pura? ¿Podremos actuar con entusiasmo? Posiblemente algunos lo logran, pero con el costo de un gran consumo de energía personal para sobreponerse a tanta desdicha y desventura, pero la gran mayoría no lo logra. Y quiero que observen bien lo que digo, porque ya nuestra vida está dominada por la desventura, ya que los pensamientos giran alrededor de las enfermedades, de los planes de las isapres, de los exámenes médicos –que ahora incluyen los de rutina-, de la inseguridad, de los seguros, de la violencia, de la muerte, de las carencias y de la maldad del hombre. Poco hay de la esperanza, de la fe en el futuro, de la salud, del cielo azul y el futuro esplendor. Nada de entusiasmo.

No dejemos que nos quiten el entusiasmo por la vida. Reclamemos nuestro derecho a vivir con alegría. Entendamos que detrás de los exámenes médicos de rutina está el negocio de unos pocos que nos convencieron que estar sano no es normal, que algo tenemos que tener de malo, que algo se debe corregir, y que tenemos tal o cual riesgo futuro, y que debemos sentirnos culpables si no pensamos en nuestros hijos, en los sobrinos, en los padres, en el cónyuge o en quién sea, por lo que debemos cuidarnos. ¿Hacerse un examen es cuidarse, si seguimos haciendo lo mismo que hemos hecho por años; si seguimos pensando lo mismo que hace 20; si seguimos en las mismas relaciones tóxicas de siempre con distintos actores solamente; si seguimos pensando en que la vida es injusta; o si seguimos pensando que el trabajo es un sacrificio?

Disfrutemos la vida, con entusiasmo.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Mikroskop_180_tcm503_16432Son comunes las advertencias que me hacen algunas personas acerca de mi calidad de “extraño” o “raro” o “esotérico”, ya que ella, a su juicio, causa rechazo en ciertas personas. Puede que ese rechazo en ocasiones sea cierto –y a veces lo percibo, es verdad-, sin embargo no se convierte ello en mi preocupación debido a que no falto a ninguna regla ni provoco mal alguno. Solamente digo lo que sé –lo que trato de hacer en forma suave, por lo general-, y algunas cosas de las que me voy dando cuenta, y que forman parte del recorrido en esta vida. Lo que sí es claro es que no le entrego mi poder a los asuntos del ego o a las manipulaciones de la ambición. En los últimos días hemos asistido a una exposición de las debilidades humanas más grandes de los últimos tiempos como ha sido el publicitado mini apocalipsis de la fiebre porcina que aniquilaría al mundo sin contemplaciones. El miedo ha llegado a corroer a personas que son consideradas como muy inteligentes, cultas, influyentes y con poder de decisión. Este miedo no les permite razonar ni reflexionar suficientemente profundo para llegar a descubrir lo evidente. Comprendo que el miedo haya hecho presa de aquellos en los cuales se ha arraigado por condiciones culturales, sociales o educacionales precarias, sin embargo me resisto a creer que domine a algunos y algunas que claramente tienen los recursos personales para dilucidar el dilema. Pero sucede.

Hoy sábado 8 de mayo, aparece en la página A31 del diario El Mercurio de Santiago una noticia referente al engaño sostenido de una revista científica. Esto es lo que dice el artículo:

 «Parecía una revista médica, la publicaba la prestigiosa editorial científica Elsevier y entre 2000 y 2005 editó seis números con decenas de estudios, casi todos mostrando resultados favorables de fármacos del laboratorio Merck. Y es que en realidad, el Australasian Journal of Bone and Joint Medicine era un producto de marketing cuidadosamente planeado por este laboratorio, sin que esto se revelara a los médicos que recibían la publicación. El fraude, admitido por la filial australiana de Elsevier, ahora se ventila en tribunales de ese país

 

A esto es a lo que me he referido durante tanto tiempo y especialmente en las últimas semanas. Esa es la forma en la que tratan de quitarnos el poder. Ese poder intrínseco que tenemos como seres humanos divinos –hijos de Dios, y hermanos todos- que nos permite recorrer el camino de la vida en forma cierta y segura en nuestros medios, con fe en el futuro, esperanzado en que la luz triunfará sobre la oscuridad, siempre. Nos inventan enfermedades, nos inventan resultados asombrosos de fármacos, nos inventan resultados sorprendentes de tratamientos y procedimientos médicos y nos inventan todo lo que puedan para quitarnos el poder.

Y esto se ve en todas las actividades de la vida: la motivación general de las personas es buscar mantener lo que se tiene, viéndose como tragedia el perder algo. Ello lleva a la industria del miedo a hacer su agosto. La industria financiera asegura, y el seguro no es más que la materialización del cautiverio por el miedo. La industria farmacéutica asegura –vacunas de por medio, por ejemplo- la mantención de la salud. La industria de las Isapres asegura la atención cuando se pierda la salud, por lo tanto hay que imaginarse antes las catástrofes por venir y actuar en consonancia, vale decir, previniéndolas. Claro, pero previniéndolas en forma de asegurar monetariamente la atención una vez se declaren los síntomas, sin embargo, nadie repara en que lo que llevará a esa manifestación de la enfermedad es la creación que de ella se hace con la antelación que hoy pongo en evidencia.

El miedo hace gastar ingentes recursos al fisco en el área de la salud y los resultados de los ofrecimientos de mejor salud son siempre precarios. Y es que los actores del sector “salud” les han quitado el poder a las gentes en el mundo, y esas masas condicionadas responden a lo aprendido, como en el experimento de Pavlov, y ante el más pequeño estímulo corren en tropel a reclamar a los que se han erigido en los responsables por su salud por las promesas efectuadas con anterioridad.

Nos hemos equivocado mucho en los últimos años, y entregamos nuestro poder, adoramos falsos ídolos. Bueno, nos queda el consuelo de que no hemos sido los primeros y no seremos los últimos –espero- en equivocarnos. Y además, siempre pensamos que los que vinieron antes se equivocaron y nosotros no lo haremos, pero la historia se encarga de demostrarnos lo contrario permanentemente, a cada instante que pasa. Recuperemos nuestro poder, ese que nos roban inconscientemente cada vez que repetimos como choroyes (loros) lo que otros nos han marcado a fuego en la mente.

Cuando comprendamos que no debemos entregarle el poder a los otros, que somos suficientemente poderosos como para no temer y que la vida es un regalo que merece ser vivida a cada instante, podremos darnos cuenta que los seguros no nos aseguran la vida, que hay cientos de mitos creados en relación a las enfermedades, que nuestra condición natural es ser sanos y no enfermos, y que hemos llegado hasta aquí, hasta este momento de la evolución después de millones de años en la Tierra, -si, millones- con nuestras madres pariéndonos por los canales naturales y que hemos sobrevivido perfectamente bien.

La vida tiene un propósito, y no es ese el acumular ni el asegurarnos, sino otro diametralmente opuesto, que tiene que ver con vivirla plenamente, con libertad.

Que Dios nos bendiga a todos.  

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Esotérico

sabio4La palabra esotérico es utilizada como un término descalificador y hasta discriminatorio por quienes ven en ello algo oscuro, liviano, poco riguroso y simple. Sin embargo nada está más lejos de la verdad que esos prejuicios.

 La Real Academia Española define esotérico/a de la siguiente forma:

  • Oculto, reservado
  • Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente
  • Se dice de la doctrina que los filósofos de la antigüedad no comunicaban sino a un corto número de discípulos
  • Dicho de una doctrina: Que se transmite oralmente a los iniciados

De esta definición pueden sacarse algunas conclusiones que sí son correctas. Por ejemplo, el esoterismo es reservado, evita a toda costa la presentación pública. Y ello viene dado de que el saber no es transmisible, ya que proviene de la toma de conciencia personal, y es entonces el darse cuenta -el saber, en buenas cuentas- el resultado de una experiencia personal, indelegable, intransferible. El esoterismo ha existido desde mucho antes que la visión científica que hoy trata de dominar el mundo. Y el esoterismo busca siempre explicarse los fenómenos –cualquiera que este sea- preguntándose no solamente el cómo se producen sino también el por qué se producen. Con ello indaga acerca del verdadero sentido de las cosas, pasando más allá del simple funcionamiento que pretende la ciencia al resolver el cómo. Y he ahí desde donde sobresale una de sus características básicas y que es su transmisión al hombre en forma individual –que puede estar representado por el iniciado en alguna corriente doctrinaria o filosófica- ya que para ello necesita la voluntad del aprendiz para ir más allá de lo evidente y entrar entonces en el saber.

En los tiempos actuales la ciencia nos ha acostumbrado a pensar en forma absolutamente funcional. Observe usted lo que sucede con la medicina occidental en que los científicos buscan y buscan más y más profundamente en el cuerpo humano –con la ayuda ahora de tecnología impresionantemente desarrollada- aquello que es lo que falla y produce el síntoma. Siempre está buscando el “cómo”, y para cada enfermedad se llega a compuestos o microorganismos o a órganos cada vez más pequeños. Y así seguirá la ciencia, que no puede descansar buscando. Y la búsqueda del cómo no podrá aportarle nunca descanso porque lisa y llanamente no da respuesta al sentido de lo que sucede. Y desafortunadamente la ciencia se ha arrogado el papel de guardián de la explicación del mundo que nos rodea. Nada que no sea comprobable científicamente presenta hoy validez en el mundo. Y las personas entonces no le dan validez a lo que no lo sea. Sin embargo, ese problema de la ciencia nos muestra su principal trampa: como solamente puede ser creíble lo que es demostrable científicamente lo demás no existe. Sin embargo, la ciencia se sigue arrogando el derecho de ser la única forma de representar la realidad, y lo que no es mensurable o visible no existe por tanto.

La palabra esotérico proviene del vocablo griego esoteros que significa simplemente lo interno. Y es de esa manera que los esotéricos se unen en los círculos que los cobijan y al que han llegado buscando el conocimiento, aquel que es vedado a las masas. Y cuando se llega a buscar el conocimiento que está más allá de lo transmisible –como es la ciencia- se llega al verdadero saber. No a aquel conocimiento que otros han puesto en los textos y que es fácilmente comprensible con una pequeña dosis de talento y algo de dedicación, y que luego recitan muchos como loros, descalificando a quien ose no recitar lo mismo.

Lo esotérico nada tiene de secreto ni oculto. Los conocimientos están ahí, disponibles para quien quiera ir hacia ellos. Sin embargo, no están a la vista de cualquiera. Se requiere de voluntad, de sacrificio, y de elevar el nivel de conciencia, para que dicha elevación lo lleve al saber.

Cuando alguno desprecia a otro por esotérico se desnuda su visión de la vida y sus precarios límites en los cuales se desenvuelve, siendo ellos dictados por la ignorancia en la que se mueve. Esa ignorancia que no le permite observar lo que es evidente al ojo del que sabe, del que ha expandido su conciencia y ha podido ir más allá. El saber comprendido en el esoterismo no está disponible para cualquiera, ya que el que lo ignora no podrá comprender su simbolismo y considera todas las teorías como cuentos sin sentido. Pero claro, si a un campesino que no ha accedido a estudios superiores le presento una compleja ecuación matemática con integrales o derivadas posiblemente considerará todo ello como un montón de rayas y símbolos que no tienen significado. Eso pasa con aquel que juzga lo que no está a su alcance. Lo mismo sucede con las notas musicales. Si no soy capaz de leer la notación musical debo esforzarme y aprenderla y no exigirle a la música que utilice un sistema de escritura que yo sea capaz de leer, o dejar entonces en el limbo mi comprensión profunda de este precioso arte y limitarme a ser solamente oyente. Pero debo darme cuenta que el saber lo tiene quien ha podido utilizando el lenguaje cifrado de musas y corcheas componer las maravillosas piezas que regocijan el corazón del hombre.

Y el esoterismo es una forma de caminar por la vida. Y para caminar hay que dar un primer paso. Y ese puede ser el que cueste y el que haga la diferencia entre el que descalifica y el que lo vive y accede al saber. Ese saber que lo pone en el camino de la verdad, que es independiente de la política, la cultura, la religión, la posición social, el poder, el ropaje, el dinero y el tiempo. La ciencia no significa en modo alguno un compromiso de la persona con lo que estudia. El esoterismo significa compromiso vital. Y la diferencia entre ambos es como el hacer huevos con jamón: la gallina está involucrada en el plato y el chancho está comprometido. El esoterismo lleva la evolución en su seno.

Por eso, lo interno -esoteros- es lo que nos lleva a otro estado de conciencia, y que nos acerca a lo que somos de verdad, a lo que tiene sentido, a Dios.

Que Dios nos bendiga a todos, a todos, sin distinción.

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Miedos

gripeporcina3A no dudarlo, el miedo es una de las emociones que se imponen con regularidad en el mundo. Este tema de la publicitada fiebre porcina, rebautizada ahora como influenza humana –al menos se está exculpando a los marranos de este “flagelo” y ya uno de los jinetes del apocalipsis no tiene las orejas puntiagudas ni la cola enroscada- ha puesto en evidencia la facilidad que presentamos los seres humanos de ser manipulados por otros. La manipulación es claramente enemiga del amor, porque precisamente no permite que se desarrollen las condiciones en que este florece y llene de felicidad lo que toque.

El miedo ha estado presente en el hombre desde los albores de él mismo como ser viviente. Es una emoción que es parte nuestra.

En los tiempos que corren el miedo comienza su andar en el vientre materno. Basta que una mujer quede embarazada para que comience la escalada de miedos. Por un lado están aquellos que pregonan las futuras dificultades materiales, económicas y financieras y las tribulaciones que se vivirán ante esta maternidad. Los costos de los controles, las posibles dificultades laborales y los costos asociados al parto. Luego están los miedos del mundo académico. Esto está dado por cualquier indicación de que algo no anda bien en la gestación. Por mínimo que ello sea, hasta la indicación de los riesgos del parto natural, dolores incluidos, que llenan de dudas y miedos a la novel madre y al padre, y también a la criatura dentro del vientre. Los inventos de la ciencia moderna para una de las funciones más antiguas del ser humano como tal en la tierra como son concebir, gestar y parir, para hacerlos aparecer como asuntos riesgosos, llenos de complejidades y peligros no hacen más que esparcir un miedo que nunca debió aparecer. Luego vienen los miedos de la escasez en la crianza de ese niño o niña. La conexión con la precariedad es al parecer automática, y antes de que nazca ya están faltando los recursos para alimentarlo, vestirlo y educarlo.

Luego vienen los miedos físicos de la crianza. Hoy a los niños hay que criarlos asépticos totales. Falta que existan máquinas desinfectantes a la entrada de las casas y burbujas para instalar a los niños en ellas, con tal que no tengan ninguna posibilidad de pescar algún bicho, por una parte, y no corran ningún riesgo físico que pueda poner en peligro su integridad, por otra. Los padres de hoy deben observar lo que están haciendo con los niños y con ellos mismos, viviendo en un mundo ficticio, irreal -perfecto y desinfectado-, viendo amenazas por doquier y que no hacen más que crear miedos.

Los miedos nacen en el hombre por su falta de fe en el futuro. En los tiempos que corren vemos con creciente preocupación que los esfuerzos por asegurar el futuro son cada día más exigentes y terminan por desmembrar los castillos que la ilusión desde la temprana infancia ha ido construyendo en nosotros. La ansiedad hace presa fácil de quienes aceleradamente esperan que se concreten esos sueños y deseos largamente anhelados. Entonces, la expectativa de un futuro incierto se acrecienta a medida que aumenta la sensación de amenaza. Inconscientemente vamos alimentando dicha sensación, que va moldeando nuestros caracteres, y nos lleva a asumir actitudes acordes a ello, obteniendo entonces los resultados que acompañan a nuestros comportamientos, y que no son otros que los que vemos hoy campear en el mundo y que –paradójicamente- tanto criticamos, y que, además, forman parte de nuestra sombra, aquella que no queremos reconocer ni menos aceptar. Los miedos forman parte de las campañas de marketing de instituciones financieras, compañías de seguros, compañías de inversiones y otras. Todas las estrategias de comunicación están basadas en los miedos. Los seguros son la muestra más patente de ello. Nada quiere dejarse a su desarrollo. Todo debe ser asegurado. El miedo es una segura forma de ingresos. Basta encontrar la forma de gatillar en la gente el miedo para vender el producto asociado. Observe un producto solamente: el seguro de vida. El seguro de vida no le asegura la vida –lo he repetido mucho-, pero es un producto que se compra y paga como propio. Y el beneficio viene una vez que se ha perdido aquello que se quiere asegurar, la vida. Como el cerebro entiende –o cree entender- que se asegura la vida, funciona entonces conforme a ello, y se adoptan entonces las formas de vida riesgosas, como es la actual vida moderna.

La anticipación de los futuros hechos poco felices no manifestados es lo que desata el temor. Es verdad que anticiparse a los hechos hace prevenir asuntos claves en la vida, y es parte del hombre prevenirlos y preverlos para poder asegurar su permanencia como especie en la Tierra, pero de ahí a dejarse dominar por solamente pensamientos catastróficos es crear las angustias y los miedos. Es verdad que es necesario ser precavido, pero debemos también vivir, y el vivir necesita un margen de aventura que puede darle sal a la vida. La actual vida nos lleva a angustiarnos por lo que va a venir, por el futuro. Todo lo que hacemos en el presente es pensando en el futuro. Ya se calcula todo. Desde la más tierna infancia comienza la programación paterna del futuro niño, como si los padres supiéramos lo que el niño necesita y como si los adultos hubiéramos construido un mundo deseablemente bueno para ellos.

En los tiempos que corren, en que hay muchos poderosos de organizaciones poderosas que buscan más poder, hemos asistido al bombardeo incesante de situaciones angustiosas futuras. En Chile un parlamentario anunció que los muertos podrían llegar a 100 mil, y nadie ha osado decirle nada, ya que sus cálculos se basan en las predicciones desastrosas de la industria interesada en el fenómeno social y que se dicen científicas y serían por lo tanto irrefutables.

Entonces, reflexionemos en lo que hemos hecho, en lo que hemos convertido al mundo que nos rodea y del cual formamos parte. Ese que es necesario someter, derrotar para ser exitosos, y que nos asusta cuando aparece algo en el horizonte que puede echar por tierra nuestras proyecciones, nuestros anhelos, como una simple enfermedad viral.

Los signos de los tiempos son evidentes. Y parece que no hay vuelta atrás. Le hemos dado el poder a quienes no tienen otra finalidad que utilizarlo en beneficio propio y no de la humanidad, como dicen que lo hacen. La realidad parece desmentirlos, a pesar que muchos no quieran –o no puedan- cerrar los ojos a la ilusión que creemos es la vida correcta y reflexionar sobre ella.

El futuro aún no existe, y es necesario que hagamos como mandó Jesús cuando aparecen las fuerzas oscuras prediciendo las calamidades y castigos tal como si se hubiere abierto la caja de Pandora: “No os inquietéis por el mañana, ni por lo que habréis de comer y de vestir, porque a cada día le basta su propio afán”.

Que Dios nos bendiga a todos, a todos.

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