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Archive for 30 diciembre 2009

Promesas y votos

La Terapia de Vidas Pasadas, TVP, es una terapia del Alma, porque a través de su sanación se logra sanar físicamente y entonces es una sanación profunda y duradera. No requiere fármacos ni productos químicos ni tampoco de una aptitud psíquica especial, sino solamente la necesidad y ganas de sanar. Lo que nos está afectando en esta vida es resultado de experiencias anteriores que no han sido superadas y que han dejado una huella profunda, y como para el Alma el tiempo no existe, todo está sucediendo en el aquí y ahora. La terapia trabaja en áreas bien definidas, como son las vidas pasadas, la vida fetal, el nacimiento, la niñez y temprana juventud, las almas perdidas y las abducciones extraterrestres. En las vidas pasadas las experiencias de muerte son generalmente las responsables de traumas que se arrastran al presente, y el trabajarlas, experimentando el proceso de la muerte en esa o esas vidas, es lo que ayuda a sanar.

Los capítulos de almas perdidas y secuestros por extraterrestres son asuntos de muy difícil aceptación. Si ya es difícil la comprensión de la las vidas pasadas, de que no morimos nunca y que cada vida es una experiencia de aprendizaje lo anterior es muy árido, y se evita por lo general su discusión.

La vida fetal y el nacimiento son dos etapas muy trascendentales en la terapia. Atravesar estos acontecimientos es muy importante y sanador. Se descubren muchos aspectos que han incidido en grado muy alto en la vida.

En las vidas pasadas hay algunos acontecimientos que marcan las vidas futuras con mucha fuerza. Uno de ellos son las promesas. Otro son los votos.

Las promesas son compromisos que adquirimos voluntariamente para cumplir alguna misión o comprometernos en una obligación. Por ejemplo, una promesa de amor, de muerte a alguien, de militancia religiosa o política. Puede haber muchos casos diferentes de promesas. La dificultad con ellas es que llevan involucrada la voluntad y si se ha agregado las palabras “para siempre”, o “por toda la vida”, puede estar afectando la vida actual en gran forma. Por ejemplo, si en alguna vida se prometió pertenecer a un grupo por siempre, o amar a una persona por toda la eternidad, y en esta vida las cosas son diferentes, o deben ser diferentes para aprender lo que se deba aprender, la promesa va a estar afectando fuertemente. Será como una soga que amarra, y de hecho así funciona, como una soga de energía, y que es necesario cortar. Además lleva el problema de que si no se cumplen en esta vida las condiciones necesarias para que la promesa se lleve a cabo, como por ejemplo una promesa de amor hecho entre un hombre y una mujer que ahora son ambos del mismo sexo, ya sea hombres o mujeres, y que si se cumple la promesa deberá aceptarse la condición sexual diferente.

Los votos son promesas más potentes, porque se hacen a Dios. Cuando se rompe una promesa la decisión es más fácil de tomar, ya que cuando se trata de votos se puede sentir la deslealtad, la traición a Dios y a las deidades.

Los votos más comunes son los pronunciados en general por los curas cuando su ordenación: castidad, pobreza, obediencia, celibato, silencio.

El voto de castidad parte de la convicción de que vivir la sexualidad es algo reñido con Dios, con la espiritualidad. El haber pronunciado este voto puede ser causa de algunos trastornos como disfunción sexual, ya sea impotencia o frigidez, ausencia de deseo sexual, represión de la sexualidad hasta llegar a negarla o esconderla. A veces pienso que la obesidad denominada estómago en delantal tiene que ver con esconder los genitales, para no usarlos. Los problemas sexuales en la intimidad de la pareja pueden deberse a que alguno de los dos ha pronunciado los votos de castidad, ya sea como monja o fraile en alguna vida anterior.

El voto de pobreza tiene su origen en que el dinero es considerado profundamente “malo” por algunas organizaciones religiosas, ya que no es espiritual sino mundano, y por añadidura sucio. En la práctica de la TVP se puede ver que personas altamente creativas, con gran visión y perseverancia levantan empresas y pequeños imperios económicos, los cuales pierden con facilidad, para volverse a levantar tan exitosos o más que con antes en otra o la misma actividad. Ellas tienen vigente el voto de pobreza de alguna organización filosófica o religiosa. Es posible que alguna persona con el voto vigente pueda presentar problemas financieros continuos en esta vida.

El voto de obediencia es muy fuerte, porque implica una sumisión completa de la voluntad y el impedimento de la reflexión. Solamente se obedece. Ello puede llevar a haberse convertido en asesino torturador de la inquisición, por ejemplo, o cruzado matador de moros infieles, asuntos hechos bajo votos de obediencia. Esta situación, o alguna otra parecida, en que en otra vida se obedeció ciegamente, causando daño irreparable a otro u otros seres humanos, pueden desencadenar en esta vida un conflicto permanente con la autoridad, ya sea política, laboral o familiar, desafiándola continuamente. Puede causar también problemas serios en cuanto a victimizarse por haber cometido atrocidades en otra vida.

El voto de celibato es también una fuente de conflicto  poderosa, ya que lleva aparejado que uno se casa con Dios, y entonces se niega a ejercer la sexualidad en la vida. La manifestación de la existencia de voto de celibato hecho en vida anterior o vidas anteriores está dada cuando se presenta un miedo a adquirir un compromiso amoroso formal, o cuando se rompen muy de continuo relaciones que parecen estables.

El voto de silencio es también poderoso y puede afectar la expresión de las personas, impidiéndoles manifestarse como son en la realidad. Los votos de silencio se pronuncian en órdenes religiosas extremistas, en que se considera que la palabra es una arma del diablo para cautivar a los humanos. Una persona con voto de silencio sin romper puede presentar problemas para expresar sus ideas ante algunas personas o para hablar en público.

Los votos y las promesas se pueden romper, y en la TVP se utilizan técnicas para el efecto. Esta técnicas parten por la voluntad de la persona para liberarse para siempre de lo que lo atormenta.

Imaginar lo poderoso que puede resultar un voto que además sea acompañado de las palabras “por toda la eternidad” o “por o para siempre”.

Por eso, piense antes de expresar una promesa o un voto, porque su felicidad futura puede depender de ello.

Que Dios nos bendiga a todos.

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La conciencia está presente en el embrión desde antes que lo sea. Cuando ya lo es el Alma ya está y ahora se multiplican las células en forma exponencial con una rapidez asombrosa. Uno de los más grandes misterios de la naturaleza se pone en marcha. Así nacemos todos a cada una de nuestras vidas. Usted, yo, él, ella, nosotros, ellos, todos, sin excepción.

En la Terapia de Vidas Pasadas (TVP) uno de los temas importantes es la vida fetal. Esta etapa es fundamental en la vida, ya que todos los acontecimientos que le rodean, desde la concepción misma, influyen en la personalidad y en la conducta de cada cual. La experiencia me ha demostrado- y así lo reportan también los terapeutas de TVP en sus escritos o relatos de su práctica- que todo lo que sucede en el vientre materno, todo lo que piense o sienta la madre, o el padre, y todo lo que suceda en su entorno familiar es conocido por el ser en gestación. Nada escapa a su conocimiento, se da cuenta de todo lo que pasa, y no existen los secretos para él, o ella.

El ser en gestación sabe todo lo que ocurre. Y cuando pasa por acontecimientos traumáticos quedan huellas profundas en él, que condicionan su comportamiento futuro, y con ello los resultados que logre en la vida. Sabe desde el comienzo si es o no uno deseado. Independientemente del acuerdo que hace antes de encarnar, comienza su transitar por la vida que eligió. Es posible que parte de su acuerdo haya sido equilibrar acciones pasadas en que engendró hijos sin desearlos, y que ahora sea necesario que atraviese por la misma circunstancia, siendo él el no deseado. Puede que incluso alguno de sus progenitores haya sido su víctima en otra existencia. Sabe desde el comienzo si su madre deberá vérselas sola con su embarazo sin su padre presente, ya sea por falta de amor de ella hacia su padre, o por abandono de él, o simplemente por cualquier razón, por fea y ruin que nos pueda parecer. Y experimentará todas las sensaciones y emociones que estas situaciones provoquen en él, además de vivir las de la madre como propias, lo que puede contribuir a su confusión, y eso irá dejando sus huellas.

Es posible que sea un niño deseado, pero su sexo, el que eligió o acordó para esta vida sea el contrario al que su o sus padres desean. Entonces, un padre presente, con fuertes lazos de amor con la madre y el bebé piense y repita que quiere un niño para llevarlo al estadio el domingo, o para que le acompañe en sus excursiones de pesca y caza, o para que sea un boxeador famoso, actividades predominantemente masculinas, y este sea uno de sexo femenino. O sueña alguno de ellos –o ambos- con tener una niña que repita la vida de su madre o de alguna abuela, por la razón que fuera. El simple hecho que el gestante escuche los deseos paternos o maternos y no pueda complacerlos puede llevar a un miedo continuo, en que sienta de antemano –ya en la vida en desarrollo- que no podrá satisfacer los deseos de los seres queridos, de los padres, de sus pares amorosos o de sus superiores jerárquicos.

Las madres deben comunicarse desde un primer instante con el nuevo ser y mantener con él o ella siempre una buena comunicación. Hace un tiempo un paciente me relató que su nombre lo sugirió él a su madre. Esto lo corroboré después con otras pacientes que relataron algo similar. Entonces, una buena cosa es preguntarle al niño o niña cómo quiere que lo llamen, y la madre escuchar dentro de su corazón la respuesta. No hay que ser médium ni tener desarrolladas facultades psíquicas para lograr esa comunicación. Basta estar presente y conectarse con la guagua y pronto se sabrá. Hay que confiar solamente. Es recomendable que hablen continuamente con él, decirle que lo esperan con amor y cariño, para que venga con confianza a vivir esta nueva experiencia, que será cuidado, amado, guiado y protegido. Explicarle que es una nueva vida, y que todas las experiencias anteriores eran eso, anteriores, y que esta es una nueva oportunidad para experimentar el amor, dándolo y recibiéndolo. Hay que acariciar la panza, la barriga de la madre, ambos deben hacerlo, y si están los hermanos mayores también, hablándole cariñosamente.

Cuando la madre va a los controles médicos explicarle que todo va a estar bien y que no habrá nada que le pueda hacer daño, y que todo es un asunto de rutina y, si existe algún examen invasivo, explicarle que no es para provocarle a él o ella ningún daño. Recuerdo una paciente que durante su período fetal no sentía ningún cariño por el médico obstetra de su madre, y que cuando la recibió al nacer lo hizo de forma fría y distante. Ya sabía ella cómo era el médico. Por lo tanto las madres deben observar las reacciones de sus bebés ante estas figuras como son los médicos y las matronas. La comunicación ya se establece desde mucho antes de nacer.

No puedo dejar de referirme al parto por cesárea que tanta difusión tiene hoy día, especialmente en Chile. Las cifras de cesáreas son alarmantes, en desmedro de los partos por los canales naturales como ha venido ocurriendo en la humanidad desde hace ya varios millones de años. Si, millones de años. Es verdad que algunos partos son complicados y pueden presentar problemas y algunos de ellos poner en riesgo la vida de la parturienta o de la guagua. Es verdad. El Dr. Claudio Naranjo sitúa esta cifra en menos de un medio por ciento (0,5%) de los partos, y reclama que esos casos son los que deben ser asistidos con los recursos tecnológicos y humanos de los hospitales y clínicas. El resto debe nacer por las vías naturales. Sin embargo, en los países que se dicen civilizados más de la mitad de los partos son por cesárea. Y ello es simplemente porque los médicos lo recomiendan así. Han desaparecido las comadronas y las matronas y los partos en la casa están prohibidos casi por ley. Todos los nacimientos son hoy a una hora dada, acordada entre equipo médico, clínica –por disponibilidad de quirófano- y parturienta. Está todo programado, por hora. El médico y su equipo cobra lo mismo por un parto por cesárea que por uno normal. Pero con uno programado puede programar su tiempo con rigurosidad casi matemática y continuar con su agenda. Con un parto normal no puede existir agenda más que tentativa. Y el cobro por los servicios profesionales es el mismo. La cesárea no respeta los tiempos naturales y requiere de drogas y anestesia que el feto no puede dejar de consumir. Poderoso caballero es Don Dinero.

Cuando el paciente relata su experiencia de la cesárea que lo sacó del vientre materno por lo general lo asocia con un trauma profundo. Siente cuando comienza el primer corte en la piel de la madre, aún cuando ella no sienta dolor; pero él escucha el corte. Y así con los tejidos interiores, hasta que llegan a él. Es tomado generalmente de debajo de los hombros y arrancado de ese lugar, sin estar terminada su gestación –las matemáticas de las cuentas no cuadran con el período de gestación personal- para llegar a un lugar frío, lleno de luz enceguecedora, y sin completar el ciclo que la naturaleza ha reservado para los seres humanos. Ha nacido aterrorizado, y desconectado de su madre. No nos extrañemos si en el futuro este ser nacido de esta forma no puede establecer relaciones amorosas duraderas ni de calidad, incluso con su progenitora.

Los seres humanos somos seres humanos desde hace millones de años. Y el espacio fetal y el nacimiento marcarán a fuego nuestra futura vida. Las carencias afectivas, los traumas como el de la cesárea mencionado, las muestras de rechazo o agresión, quedarán impresas en el ser naciente, y el parto agresivo marca profundamente. Y a veces me pregunto los porqué de la vida y sociedad que tenemos y hacia adonde vamos, y pienso en asuntos como estos, en que la agresión está presente en nuestra entrada al mundo.

La gestación y el parto deben ser espacios llenos de amor solamente para que podamos tener después seres humanos que brinden amor y reciban amor. Tenemos mucho que aprender y recobrar. La ciencia nos ha quitado importantes dosis de amor y nos ha sumido en el miedo por excepción. Y ello deben comprenderlo las futuras madres.

Que Dios nos bendiga a todos los hijos, o sea a todos los humanos.

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Mi profesor y maestro, José Luis Cabouli, http://www.vidaspasadas.com.ar/, dice que la concepción es una cita para tres. Lo ha definido especialmente bien para comprender el asunto. Sin embargo, como buen alumno, quiero agregar algo: la concepción es un acuerdo entre tres.

Muchas veces, durante mi infancia, adolescencia y juventud, en ocasiones en que tenía mucho dolor y sentía pena pensaba: “yo no pedí que me trajeran”, “yo no pedí que me tuvieran”, o el famoso “ellos querían tener un hijo, pero yo no pedí venir”. Duros días de incertidumbre, oscuridad, rabias, penas, soledad y desamparo. Sin consuelo. Y sin rumbo. Aparente al menos.

Sin embargo, con el correr del tiempo me he encontrado que la verdad es otra, muy diferente, y que si la hubiera sabido –o alguien me la hubiera dicho, o hubiera estado preparado para escucharlo, o hubiese sido la hora de saberlo- habría sido diferente mi camino. Claro que si hubiera sido distinto a lo mejor no estaría escribiendo esto. En fin, la verdad es otra, y es que sí elegimos venir a vivir la vida.

Muchos pacientes en la exploración de la vida pasada –o vidas pasadas- han podido experimentar nuevamente el momento en que diagraman la actual existencia –si, esta, en que estás leyendo estas líneas-, y acuerdan con quienes serán sus padres su condición de hijo o hija. Es una experiencia mística, de descubrimiento y de profunda sanación. Nadie viene a la vida sin haberlo acordado, por un asunto bien simple: el libre albedrío. Es este derecho divino el que nos conduce por la senda de lo que somos, y siempre podemos ejercerlo. Cuando acordamos con nuestros padres el venir a la vida como su hijo o hija lo hacemos ejerciendo el libre albedrío, y cada uno de ellos tiene además el libre albedrío de aceptarlo a su vez, por lo que cuando ya se ha hecho el acuerdo entre los tres, se puede producir la cita entonces.

Muchas personas me han relatado cómo es este acuerdo y su belleza intrínseca. Hace pocos días fui parte de una experiencia muy hermosa y gráfica, cuando una paciente, en búsqueda de aquellos acontecimientos que marcan su vida actual y para la cual busca sanación, llega a ese momento en que encuentra a sus padres y acuerda con ellos que lo sean. El encuentro se produce, y al momento de acordarlo sus energías se entrelazan, como en un círculo –si pudiéramos graficarlo en la dimensión física humana como si se tomaran por los hombros-, y sus energías se funden y recorren, hasta quedar unidos los tres.

Este descubrimiento de la asociación es de una alegría y felicidad impresionantes, y las personas nunca vuelven a ser las mismas después de ello. Comienzan a comprender su responsabilidad por ser parte de este acuerdo. Quiero hacer notar que a nivel de almas no existe el tiempo, por lo cual las tres son de la misma categoría e importancia, no habiendo jerarquías como se dará en la vida humana que harán juntos. La responsabilidad pasa porque la vida que esa alma que viene como hijo o hija tiene una misión de aprendizaje, y los padres elegidos o acordados van a ser profesores principales en el cumplimiento de él, y siempre también, el hijo o hija será un maestro para cada uno de los progenitores. En suma, todos aprenderán de la experiencia de ser sus padres o su hijo o hija. No hay por lo tanto inocencia en ningún nacimiento. Observen que no solamente los padres y el hijo o hija aprenderán, sino que además lo harán las familias materna y paterna, la sociedad y el mundo entero.

No hay ningún embarazo no deseado a nivel espiritual. Puede que a nivel físico existan los embarazos no deseados, especialmente por convenciones sociales, religiosas, culturales o económico-materiales, pero a nivel espiritual eso no existe. A nivel espiritual no hay embarazos erróneos, o equivocaciones de ningún método o fallas de los sistemas anticonceptivos. No, los padres están acordados con el hijo para venir a la vida, y el hijo vendrá, cuando llegue el tiempo acordado para venir.

El poder acceder a este conocimiento aumenta el nivel de conciencia y se puede comprender entonces que la elección de los padres tiene un objetivo muy claro y preciso, que no es otro que tener la experiencia para aprender con ellos y poder cumplir la misión de la vida. No existe entonces ninguna persona que sea víctima del destino, ni tampoco la suerte o las coincidencias. No, el asunto es aprender, todo está puesto para el aprendizaje. Puede que a nivel consciente no nos guste el aprendizaje, que lo consideremos muy difícil, que las condiciones sean precarias, o sean poco halagüeñas por cualquier razón, como por ejemplo de impedimentos físicos, condiciones personales, niveles de inteligencia o desarrollo y manifestación de talentos, o por deficientes condiciones materiales o económicamente de miseria y pobreza, pero a nivel inconsciente, a nivel del alma todo está perfecto.

Sin duda alguna el asunto da para pensar, y cada caso es diferente del anterior. No podrá alguien poner una regla y medir el asunto, porque cada persona es diferente, y cada uno debemos vivir lo nuestro como seres únicos individuales e irrepetibles que somos; no podrá alguien poner una balanza y pesar la experiencia de cada cual. No, eso constituiría un juicio, y el juicio nos separa de lo que somos, hijos de Dios, que vivimos las experiencias terrenales para conocernos, y con ello conocerlo a Él, y poder volver a Él algún día.

La comprensión de que la concepción es un acuerdo entre tres, que lleva a la cita del trío, es un asunto de superior importancia, que trae sanación, paz, tranquilidad y permite sentir, vivir, expresar y manifestar amor. Nada es casual, nada es azar, y todo tiene una finalidad, y venimos a la vida con los padres que tenemos, usando el libre albedrío. Y comprender este asunto hace que tomemos el poder de nuestras vidas en nuestras manos y abandonemos el papel de víctima.

Una cosa antes de terminar: a veces, el alma del hijo o hija que debe venir a tener su experiencia acordada a nivel espiritual con los padres influye en los acontecimientos terrenales, para propiciar el que los padres se junten. Por ello, suceden muchas veces encuentros llamados fortuitos o del azar, o desenlaces de situaciones alambicadas en que finalmente los padres se pueden conocer y juntar. Con eso se cumple el acuerdo que se suscribió en el plano espiritual, en uso del sagrado derecho del libre albedrío.

Que Dios nos bendiga a todos.

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De vidas pasadas…

Siempre digo que para obtener respuestas hay que hacerse las preguntas. Ellas son la base del conocimiento. Si no las hacemos nada se mueve. Y con las preguntas viene la reflexión y la búsqueda y ello lleva a las respuestas. Puede que el camino hacia la respuesta sea largo, pero con seguridad nos llevará a recónditos rincones llenos de sorpresas, situaciones nuevas, personas extraordinarias que de otro modo hubieren pasado por nuestro lado sin que las descubriéramos, sin sospechar siquiera las joyas que nos pudieren revelar.

La sola mención del concepto o idea de la existencia de las vidas anteriores produce en nuestra cultura un rechazo instantáneo. Las condiciones religiosas y culturales, nos marcan como sociedad y personas, y generan condicionamientos realmente difíciles de remover en las conciencias de los hombres. Sabido es ya que la iglesia católica suprimió de los libros oficiales toda mención a la reencarnación, allá por el siglo 4 de nuestra era, o sea hace ya más de 1500 años. Posterior a ello tuvo lugar la época del oscurantismo, en que el planeta asistió con horror al advenimiento de las censuras y restricciones culturales y de investigación, que al final desencadenó en la temida inquisición, que pretendió borrar, con la tortura y la muerte, todo aquello que no se encuadrara dentro de los rígidos dogmas de la iglesia. No voy a entrar en detalles de lo que todos estos procesos produjeron, pero sin duda alguna fueron la semilla del terror que hasta el día de hoy se puede sentir. Fueron borradas todas las menciones a las vidas pasadas, aún cuando algunas quedaron. Una de las más decidoras fue aquella en que Jesús le dice a sus discípulos que para poder juzgar a alguien se debe conocer toda su vida actual y siete vidas anteriores. Interesante, ¿no? El cambio que se produce en el concepto de emitir juicios es notable.

No puedo entender esta vida sin las vidas anteriores. Nada tendría sentido si no las hubiera. La comprensión de las vidas anteriores conduce necesariamente a una dimensión mayor en que las piezas van encajando en un rompecabezas. Cuando pienso en ello no puedo dejar de imaginar un puzzle tridimensional, ya que en un solo plano bidimensional siento que no tienen cabida todas las experiencias anteriores, con todos los seres con los que he vivido.

La terapia de vidas pasadas utiliza la técnica de la regresión para traer a la conciencia experiencias del pasado que han dejado una huella traumática o importante y que influye en la vida actual.

Dentro de las críticas que se escuchan a la terapia es que la regresión a vidas pasadas es un ejercicio de imaginación del paciente, influido por la literatura, el cine, la televisión y la memoria. Puede ser ello cierto, no lo niego -¿cómo podría?-, pero cuando el paciente imagina lo que imagina ¿por qué imagina eso y no otra cosa?, ¿y por qué la imaginación va acompañada de emociones?, ¿por qué va acompañada de sensaciones? En todas las regresiones las emociones se hacen presentes, y las sensaciones físicas siempre están presentes. Entonces, ¿de qué memoria afloran las emociones y sensaciones?

Si quiero hacer una construcción mental acerca del paso del consciente al inconsciente, o al revés, y de de ahí a la resignificación e interpretación lo puedo hacer, y siempre lo podré hacer y siempre encontraré un marco teórico ad-hoc, mas, siempre será teórico. La terapia de vidas pasadas no interpreta nada, solamente revive el conflicto que afecta a la persona. No se enmarca en ninguna teoría. Es solamente la persona la que trabaja. Y, el enfrentamiento con la psicología está en que no hay que contener ninguna situación del paciente, sino que hay que agotar la emoción. El paciente siempre entiende. Porque él es y ha sido el protagonista de su historia, y la comprensión profunda de su vida –completa- le lleva a la explicación y a las respuestas que buscaba. Nadie interpreta nada. Solamente es. Y no necesita contención. Lo que sí necesita es seriedad, comprensión, rigurosidad, amor y compasión.

A lo largo de mi investigación, estudio y práctica de vidas pasadas me he encontrado con personas que les cuesta mucho por un asunto de dogma de fe, el aceptar la existencia de vidas pasadas. Sin duda alguna ello puede provenir de alguna vida anterior en que sufrieron justamente por ello. La persecución religiosa duró muchos siglos. Desde Europa, desde donde venía de antiguo, continuó a América, y sus estragos se difundieron profundamente. Hoy se está superando ese temor ancestral, y muchas personas están en el camino de la sanación y las terapias alternativas, curando con las manos, hierbas, flores, y otros elementos de la naturaleza, como se hacía antaño, cuando no existían las drogas ni los productos químicos sintéticos que hoy forman la base de la farmacia occidental.

También es bastante cómodo no hacer cambios sobre las creencias, especialmente la de la existencia de una sola vida, la actual, finita. ¿Qué pasa si comienzo a pensar en que esta vida es consecuencia de lo que hice en el pasado? ¿Qué sucede con mi marco de referencias si comienzo a explicarme los detalles de mi vida desde un contexto más amplio, obedeciendo a un verdadero plan de crecimiento? ¿Cómo es ese plan? ¿De dónde viene? ¿Cómo puedo conocerlo?

Nada existe en el planeta que comience de la nada y termine en la nada. Pero así es el concepto de la vida única y finita que nos han contado, que tiene un comienzo y un final. Antes de lo primero no había nada y después de lo segundo no habrá nada. Y lo que yo sea entre medio es solamente casualidad. Da lo mismo si soy torturador o el torturado. Si soy rico o mendigo. Si soy hombre o mujer. Si soy chino o noruego. Si soy bueno o malo. Si soy ladrón o robado. Todo es casual. Es lo que me tocó y con eso debo conformarme. No, la cosa no es tan simple. Es más compleja. Como un puzzle tridimensional comparado con uno bidimensional. Nada sucede por casualidad, sino por causalidad. Y a lo mejor, ya en otra vida me ahorcaron, o me quemaron en la hoguera por predicar la existencia de las vidas pasadas, y eso permanece en alguna parte y me condiciona a rechazar de plano la sola idea. No vaya a ser que me ahorquen o me quemen de nuevo. Gracias a Dios hoy día ya no nos queman ni nos asesinan por pensar en ello. Y esas atrocidades se hacían en nombre de Dios.

Que Dios nos ampare y bendiga a todos.

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La responsabilidad dice un filósofo es responder con habilidad (respons–abilidad). Esta definición, hecha de un juego de palabras, es poco satisfactoria de buenas a primeras, no obstante ser bastante certera en fijar el centro de nuestra vida en nosotros, aunque lo haga en forma alambicada. Sin embargo, entiendo como responsabilidad el asumir las consecuencias de todos nuestros actos, sean ellos “buenos”, “malos” o “errados”, y no culpar a nada ni a nadie por lo que nos sucede.

Pero, de inmediato surgen preguntas: ¿cómo sabemos que algo es bueno? ¿o que es malo? Lo podemos hacer definiendo lo contrario, es decir, para saber lo que es bueno debemos conocer lo que es malo, y viceversa: la polaridad en el fondo. Y ¿cómo pueden surgir buenas acciones que reparen lo malo, si esto no sucede? Necesitamos entonces lo malo para que nazca lo bueno. Igual cosa si reparamos en lo errado o en lo correcto. Entonces el bien y el mal, lo errado y lo correcto son dos caras de la misma unidad. Y se necesitan una a la otra para poder vivir. No puede existir la una sin la otra.

Cosechamos lo que sembramos. Aunque la siembra haya sido hecha hace mucho –en tiempo medido- siempre cosechamos. Y he ahí uno de los signos de la responsabilidad: comprender que lo que nos pasa no es fruto de la casualidad, sino que está puesto ahí para superarlo, para atravesarlo, para vivirlo. Aunque no nos guste o lo encontremos terrible o injusto. La responsabilidad nos lleva a un gran paso, que es la aceptación. La aceptación es lograr la comprensión de que lo que nos sucede no es casual y que tiene una razón, y actuar entonces en consecuencia. Y esta actuación es con responsabilidad. Al aceptar lo que nos sucede no fingimos otra cosa. No actuamos frente a los otros. No simulamos lo que no es. Y al suceder ello podemos hacer lo que tenemos que hacer. Desde el alma.

El desapego, aquel duro aprendizaje, nos lleva por el terreno de la responsabilidad. El desapego es libertad. Sin embargo, desapego no significa no amar. No, pero significa estar más allá del simple deseo por el deseo, más allá del control. Y desapego significa comprender los ritmos propios de la naturaleza, incluida la humana, para poder entonces, cuando sobrevienen los cambios, transitar en forma responsable por el camino que atraviesa esa naturaleza. Desapego significa que aceptemos la partida de un ser querido –cualquiera que sea esa partida- sin andar por el camino del sufrimiento social acostumbrado o condicionado. Desapego significa poder dar la libertad a quien parte, por amor. Y al dar la libertad recibimos libertad de vuelta.

Por eso, todo es parte de la misma unidad.

No hemos venido a la Tierra por casualidad. No, hemos acordado vivir en ella, y hemos acordado los aprendizajes que vamos a tener. Para ello elegimos –o se nos impone- ciertos condicionamientos físicos, ambientales, familiares, geográficos, religiosos, culturales, y otros más.

Cuando no aceptamos lo que somos, incluida nuestra sombra, aquella parte oscura y siniestra que aflora sola, nos rebelamos en contra de nosotros mismos, y actuamos entonces en contra de la unidad que somos, separándonos de nuestra alma que sabe los caminos que debemos transitar.

Una de las formas que los seres humanos manifestamos el desequilibrio que se produce cuando no hacemos lo que tenemos que hacer, es decir, cuando no somos responsables de nuestros actos, es mediante la enfermedad. El desequilibrio viene por la manipulación de los conflictos que vienen con la vida. Eludimos enfrentar los problemas, no los aceptamos, no los reconocemos y esperamos que el tiempo los solucione. Eso es no tener responsabilidad. El desapego, aunque duro en apariencia, facilita la responsabilidad por la vida que tenemos, porque escapa a las convenciones que atan, que condicionan o pretenden manipular, y nos lleva por la senda única e irrepetible que debe transitar cada cual, para ir dejando la huella que deja en su vida.

Y responsabilidad también significa a veces decir “hasta aquí no más llego”, porque si sigo en esta senda mi desequilibrio se manifestará en forma potenciada. Y la conciencia de desapego podrá ayudar a tomar esta decisión con mayor facilidad.

Para practicar el desapego –y ante todo para aprenderlo-, y para ser responsable, se requiere de una dosis extra de valentía, primero para aguantar las críticas de los de siempre y segundo para seguir adelante a toda costa: dura tarea.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Genética y karma

La enfermedad tiene un sentido, y no es una maldición, ni tampoco una bendición, en el sentido estricto de las palabras, y el sentido o mensaje de ella es lo que hay que buscar. La enfermedad no es material en su origen, sino un conflicto profundo, entre la personalidad y el alma de cada cual. A veces, las enfermedades están puestas para aprendizaje de otro u otros, incluído algún colectivo de personas.

Para poder comprender el contexto de la enfermedad del hombre es necesario ir a la constitución del ser humano. El ser humano es un ser espiritual, que tiene encarnaciones sucesivas, lo que conocemos como el proceso de reencarnación. El objeto de esas encarnaciones es aprender y equilibrar todas las acciones pasadas para salir de la rueda de encarnaciones y pasar a un estado superior, en que ya no es necesario volver a venir, y si se viene es por una decisión propia y única, con un fin determinado, y que es por norma general una enseñanza a los que permanecen en los niveles inferiores de desarrollo de conciencia. Son como faros en la noche tormentosa del océano ignoto, salvaje, agitado y profundo. Ellos han sido los maestros que de tarde en tarde aparecen y que, casi por regla general, mueren violentamente, a manos de otros seres humanos: Sócrates, Jesús, Martin Luther King, Juan Pablo II (casi asesinado), etc.

Se conoce en forma coloquial al proceso de encarnación y sus resultados y acciones propias como el karma. La gran mayoría entendemos que el karma es la consecuencia lógica de nuestras acciones, en el sentido de equilibrio de acciones pasadas. ¿Pero cuán pasadas? Como somos seres espirituales el tiempo es una variable que no existe, ya que el tiempo está asociado a la experiencia física, a la experiencia terrenal. Es en el proceso de encarnación que cobra sentido el concepto del tiempo entonces, esa dimensión tan especial, y es tiempo pasado el transcurrido en cada experiencia como ser encarnado. Entonces, el karma es un asunto acumulado, de muchas existencias, y que tiene entonces un papel que jugar en nuestra actual vida. Y cada cual viene con su mochila de experiencias acumuladas, con posibilidades ciertas de ser trabajadas en esta existencia, con acuerdos ya hechos ante los maestros, y de los cuales participaron nuestros padres y ancestros, nuestros hijos y descendientes, y todas las personas con las que nos relacionamos. Por lo tanto, cada uno viene con una personalidad definida, y con tareas a trabajar. Y es el alma la que debe llevar adelante las tareas, para que la personalidad vaya a la par y sea entonces una mixtura que produzca los frutos esperados, y sea la vida una de felicidad y salud.

Cada cual debe trabajar ciertos aspectos de su vida, y se ha comprometido a ello con anterioridad. Entonces si un alma viene a encarnar en una familia y su tarea es desarrollar una cierta faceta específica, una labor dada, y ella además involucra a otros miembros de la misma puede que esa tarea sea desarrollada a través de una enfermedad. Y obviamente que la enfermedad no se desarrolla si no viene con la clave genética dada, y si no actúan los agentes físicos que la desaten ni las vivencias mentales y emocionales necesarias para el desencadenamiento de ella. Por ello es que cada cual somos como somos. Ahora bien, se plantea que dos hijos de los mismos padres llevan una estructura genética similar. Entonces, ¿por qué solamente uno de ellos enferma y el otro permanece equilibrado en salud? ¿Qué es lo diferente? Es posible que si se escarbe en el ADN se llegue a una millonésima parte de diferencia y sea a esa minúscula parte achacada la causa. Pero, yo planteo una razón mucho más simple: la persona debía enfermarse de lo que se enfermó por alguna razón específica, ya sea para su propio aprendizaje, para aprendizaje de su familia, de su grupo social, de su país, en fin, del mundo. Y más profundo aún, es posible que la enfermedad de uno de sus miembros no sea más que la forma de lograr el equilibrio de acciones de vidas pasadas.

En la práctica de la Terapia de Vidas Pasadas se suele ver que en algunas vidas se viva una vida de prostración y enfermedad, de mucho sufrimiento. El enfermo es posible que viva esa vida como una de aprendizaje para una futura en que será sanador o médico o alguien relacionado con la sanación y compasión, o simplemente viva esa vida porque en otra actuó de mala manera produciendo heridas o amputaciones que hacían que los que las sufrían vivieran prostrados. Se devuelve así la rueda y el que fue mutilador violento sufra ahora las consecuencias de beber de su misma copa. Pero, los familiares de ese enfermo pueden tener otras motivaciones para vivir esa vida –y haberla acordado con el enfermo antes de venir-, y una de ellas puede ser que deban aprender a cuidar enfermos para poder en otras futuras encarnaciones hacerlo en condiciones más estresantes –por ejemplo tragedias o guerras- o porque van a ser profesionales del área de la salud, o bien porque en otra vida le negaron a ese enfermo los cuidados que debían darle. Por ejemplo, un hijo no reconocido, en que se repudió a la madre, o el engendrar un hijo en un acto de violación, y desconocer entonces la responsabilidad paternal. O bien, alguna persona a la cual se asesinó en otra vida y a la cual ahora se le deba dar todos los cuidados posibles. Y una forma de no poder escabullir el bulto es con una enfermedad invalidante.

Las posibilidades son tan amplias como amplia es la naturaleza humana. Con seguridad usted tenga otras razones que pueda sumar a las que expuse someramente y puedan darle más sentido aún a la existencia de un enfermo llamado “congénito”.

Las enfermedades necesitan de un agente físico: virus, bacterias, etc. Ahora le agregan los científicos la genética. Pues bien, esos son solamente agentes. La verdadera razón detrás de la enfermedad es el aprendizaje. Y ella se va a producir siempre que haya que aprender algo.

No venimos a la vida de casualidad. No sirve eso de “me tocó esta vida”. Eso no es así. Venimos con condiciones dadas generadas en nuestro pasado. Nada es casual ni injusto. Aunque pensemos que ello es así. Solamente venimos a aprender. Y el mayor aprendizaje es aprender a amar, a amar a nuestros semejantes, a nosotros mismos, al planeta, a los que nos hacen daño, en fin, a manifestar el amor. Eso es lo único que queda al final, y lo único que nos saca de la rueda de encarnaciones, el amor.

Que Dios nos bendiga.

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