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Archive for 17 julio 2010

La medicina actual nos enseña –forzadamente- a que busquemos siempre la causa de la enfermedad fuera de nosotros, como si en ella no tuviéramos ninguna responsabilidad, y cuando comienza  a incursionar algo en las verdaderas causas aparece la frase “bajaron las defensas”, y con ello entonces se acaban las preguntas.  Bueno, hay otras célebres como “condición genética”,  “agentes patógenos”, “contaminación del aire”, “alimentación poco sana”, “estrés”, en fin, siempre algo externo. Desde  hace siglos –pero con énfasis en los últimos 50 años- la medicina cierra filas en el concepto de erradicar –combatir- la enfermedad, creyendo que eliminando las “causas” podrá lograr esta utopía. Pero la enfermedad que no es más que el espejo de la salud, es tan flexible, misteriosa y seria que siempre encuentra modo de manifestarse.

Somos responsables  de la enfermedad que nos aqueja. Ella tiene una misión y que no es otra que manifestar el conflicto que llevamos a cuestas en la vida. Si el conflicto es menor entonces el síntoma es de menor magnitud. Si el conflicto es mayor y de larga data sus resultados son entonces también de mayor magnitud.

Lo interesante es tener la valentía de conocer lo que quiere decir la enfermedad, para ver qué es lo que nos falta, qué es lo que no permitimos que suceda en nuestra vida, o lo que tenemos que hacer. Cuando aparece un síntoma, el que sea, puede ser interpretado –y esa es una verdadera tarea responsable- para conocernos. Por eso es que la enfermedad nos hace sinceros, pero hay que ser capaces de enfrentarnos a la sinceridad del síntoma: hay que ser valiente.

Un buen ejercicio es preguntarse “¿de qué está rodeado el órgano enfermo?”. Por ejemplo, si hay alguna persona enferma del hígado es un buen ejercicio preguntarse de qué está rodeado ese hígado, que no es otra cosa que del dueño del cuerpo: eso permite analizar ya asuntos importantes de cómo es y cómo actúa la persona cuyo órgano se ha afectado, y luego preguntarse “¿de qué está rodeado el dueño del órgano?”. Y así van apareciendo las situaciones personales que dieron origen a la afección que manifiesta el hígado. Ahora bien, el órgano afectado tiene siempre una relación con el conflicto. El hígado por ejemplo se relaciona, primariamente, con la frustración y con la rabia, y su afección tiene claras causas en las situaciones frustrantes y rabiosas de la vida.

La enfermedad no es material en su origen, y por más esfuerzos que se hagan en combatirla para tratar de erradicarla jamás habrá éxito en el empeño, porque la enfermedad y la salud son las caras de la misma moneda, tal como lo son la vida y la muerte.

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