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Archive for 29 agosto 2010

Este artículo fue publicado por primera vez el 23 de julio de 2008.

Han aparecido cosas imprevistas en mi caminar por el sendero de la sanación. Hace algún tiempo en la práctica de la terapia de vidas pasadas -o vida pasada, considerando que nunca morimos y que el tiempo para el alma no existe- he trabajado con la desposesión de los pacientes. Ya he explicado que las posesiones son energías ajenas al dueño del cuerpo y que actúan pegadas a él, tratando de ejercer su voluntad por sobre la de él. Estas pueden ser de varios tipos, especialmente de almas perdidas, que son almas que no han ido a la Luz una vez que el cuerpo muere. Esta situación se puede producir cuando principalmente la muerte es violenta –accidentes, homicidios, suicidios, ataques repentinos- o cuando se produce en algún estado alterado –congelamiento, bajo efecto de anestesia general, enfermedad crónica prolongada-, entre otras, en que el alma súbitamente enfrentada a un cuerpo sin vida o en estado de completa confusión por estar fuera del cuerpo no puede ver la Luz e irse a ella, para continuar el tránsito normal en su devenir, y se queda entonces en este plano –sin que la podamos ver por no tener manifestación física-, y busca entonces quedarse en lugares que le son familiares o busca algún cuerpo que le llame la atención y sea propicio a su invasión para entonces entrar en él. Cuando el alma perdida se queda en algún lugar físico puede producir alteraciones energéticas importantes, llegando a producir efectos notorios en el ambiente y en las personas, y en los resultados de sus actuaciones. Cuando las almas perdidas ocupan un espacio en un cuerpo de otra persona pueden producir alteraciones importantes, como por ejemplo dolores, enfermedades sin causa aparente, adicciones –sexo, tabaco, alcohol, comida, drogas-, cambios de comportamientos repentinos, que pueden hacerse después repetitivos, pérdida de energía vital, dificultad de memoria y falta de capacidad de concentración, desórdenes de personalidad múltiple, obsesiones, entre otras. Muchas hay que parece son casi inocuas, y pasan desapercibidas. Pero van haciendo su trabajo lentamente, como una gota de agua en la roca. He visto como por ejemplo algunas entidades quieren que el anfitrión –el dueño del cuerpo- no sostenga relaciones afectivas con alguna pareja, para tener solamente para sí a la persona. Ello lleva, por ejemplo,  a que ésta vea dificultadas sus relaciones con el sexo opuesto una y otra vez.

El porcentaje de pacientes que presenta esta situación es elevada, y me atrevo a decir que en mi experiencia más del 70% de las personas cargan alguna entidad extraña a ellos, la que produce un efecto no deseado, algunas veces evidente y en otras algo más sutil. La forma de trabajar esta posesión para lograr entonces que vaya a la Luz es un proceso interesante en que dicha posesión se convierte en paciente, quien es tratado, sanado y acompañado a la Luz, completando así su tránsito alguna vez interrumpido. De ese modo sana el alma perdida, que se convierte en paciente secundario, y el paciente original.

Algunas veces estas almas perdidas no se van a la Luz por temor, por desconocimiento o simplemente por la confusión. Cuando no se van por temor manifiestan que no quieren verse enfrentadas al juicio que suponen se les hará ya que están seguros que los mandarán al infierno para siempre (observe el significado impresionante que adquiere la frase “para siempre” en esta situación), ya que sus creencias religiosas han configurado el juicio una vez muerto. Esta situación en apariencia risible causa entonces que algunas almas se queden en un plano paralelo al nuestro, debido a que han hecho en su vida alguna cosa que saben es considerada indigna de perdón. Entonces, se castigan solos y deambulan sin destino, hasta encontrar un anfitrión, al que parasitan.

Muchas almas perdidas manifiestan que el dueño del cuerpo los dejó entrar, al estar en algún proceso emocionalmente complicado, especialmente de soledad o pena. Los estados complicados que favorecen la entrada de almas perdidas son la pena, el dolor profundo, el miedo, pavor, la rabia, el odio, los episodios de violencia física, la desvitalización por enfermedades crónicas o de larga data, la pérdida de conciencia por embriaguez, por golpes en la cabeza, por anestesia general, entre otros. Los niños pequeños son especialmente vulnerables al no tener completo su campo energético, y depender emocionalmente de sus padres quienes tienen la misión divina de cuidarlos, guiarlos y protegerlos. Cuando a un niño se le quita su poder, como por ejemplo cuando se rompe su voluntad golpeándole, sometiéndole físicamente, el niño abre su campo vibratorio y queda expuesto a la invasión de energías extrañas. Por eso se debe evitar a toda costa golpear a un niño.

Cuando digo cosas imprevistas hablo de cosas nuevas que aparecen en mi camino. Desde hace más de un año he experimentado con la práctica de la desposesión a distancia, vale decir, utilizando una persona de intermediario para sanar a otra no presente. Ha sido una situación novedosa y que me ha traído también muchas satisfacciones en este camino de servicio.

Pronto ahondaré en esta técnica y en otro tipo de posesiones.

Que Dios les bendiga.

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Nota: este artículo lo publiqué por vez primera el 8 de mayo de 2008

Hace unos días, jugando a la pelota, o fútbol, para los más finos, me lesioné duramente la rodilla izquierda. Aguanté el partido, casi a la rastra, pero el dolor era francamente insoportable. Un amigo me dio un anti-inflamatorio, y me lo tomé, pero solamente uno. Cómo sería mi dolor que lo acepté. Poco después de terminado el partido ya no podía doblar la rodilla y me costaba caminar. Una rodillera hacía algo de soporte y lograba movilizarme. Durante todo el día estuve pensando en el mensaje de la lesión. El pelotazo en esa parte y el esfuerzo desplegado a mis 55 años, sin entrenamiento formal por más de 8, sin zapatos de fútbol –chuteadores decíamos en mis años mozos- y sin hacer siquiera un precalentamiento adecuado, son solamente detonantes de la lesión. Podría, hecha esta somera descripción de mi forma, haberme lesionado de uno de los tobillos, de algún dedo de algún pie, de algún problema muscular como desgarro en alguno de los muslos, de algún problema en algún tendón, de alguna lesión en los hombros, o los brazos, o en cualquier otra parte del tensionado cuerpo físico. Pero, ¿por qué fue justamente la rodilla?, ¿y a qué se debe que sea la rodilla izquierda y no la derecha?

Y mi cabeza corría a mil por hora: ¿cuál era el mensaje del síntoma? Analizaba el síntoma y bullía.

Las preguntas de rigor para el análisis como siempre son:

-¿Qué me impone el síntoma?

-¿Qué me impide el síntoma?

Analicé entonces:

Me impone quedarme quieto, no moverme.

Me impone pedir ayuda para movilizarme.

Me impone depender de otros.

Me impone ser cuidadoso por donde camino, cuando debo desplazarme.

Me impone estar rígido.

Me impone descansar.

Me impide moverme sueltamente.

Me impide ser flexible.

Me impide ir adonde quiero o donde debo ir.

Me impide pasarlo bien al 100%.

Me impide saltar como niño o joven.

Pero no podía entender. No había caso.

Comencé a analizar el costado del cuerpo en donde se produjo la lesión, el izquierdo.

El costado izquierdo corresponde al área que maneja el lado derecho del cerebro, que dice relación con lo intuitivo, con lo afectivo, lo emocional, es decir lo irracional de nuestro ser. También manifiesta las relaciones con las distintas mujeres que en nuestra vida ha habido: madre, abuelas, novias, amantes, esposas, hijas. Entonces el análisis seguía a full.

La rodilla es el órgano del equilibrio entre la humildad y el orgullo decía un distinguido y antiguo profesor con el cual estuve algunos años estudiando estas artes curativas. Decía que cuando éramos demasiado orgullosos la rodilla acusaba el golpe, lesionándose. Yo he modificado un poco esta acepción, diciendo que es el órgano del equilibrio entre la humildad y la soberbia. Parecido, comprendo.

Cuando no queremos aceptar lo que nos sucede, o lo que le sucede a alguien cercano en nuestra vida, la rodilla lo acusa inmediatamente. Es entonces también el órgano de la aceptación. Esto significa sencillamente que cuando no aceptamos lo que sucede en la vida la rodilla nos obliga a arrodillarnos ante ella, y a aceptar lo que sucede. Aceptar no significa que nos guste lo que sucede, sino actuar responsablemente y ser humildes ante los acontecimientos que están ahí para nuestro aprendizaje. Entonces para mí la rodilla tiene otra interpretación y es el órgano de agachar el moño.

Cuando nos arrodillamos ante alguien -como se arrodillan los súbditos ante los reyes-, o ante Dios estamos reconociendo conscientemente la autoridad o el poder superior, y entonces somos humildes.

Y también están relacionadas con la flexibilidad, y son imprescindibles para mantener la posición.

Pero ¿cuál era el mensaje de la lesión de mi rodilla izquierda?

Mi rodilla es parte de mí, por lo tanto tiene que ver conmigo la lesión. No puedo separar la rodilla de mi ser. Está conmigo, ha estado siempre conmigo, desde que se formó, ahí en el útero de mi querida madre, con mi cuerpecito. ¿Entonces, qué me quiere decir la lesión?

La lesión de la rodilla manifiesta arrogancia, soberbia. Que no se quiere agachar el moño. Puede manifestar también una alta dosis de inflexibilidad, de obstinación. Y entonces el caminar hacia adelante –y hacia atrás- por la vida es dificultoso y doloroso.

Cuando converso de la rodilla me viene a la mente la situación de futbolistas de elite que sufren lesiones invalidantes en las rodillas. El caso de Salas cuando fue a la Juventus, después de haber estado en Roma viviendo cómodamente. En ese período además se separó. No fue capaz de aceptarlo. Otro caso es Redondo, un excepcional jugador argentino del Real Madrid que fue transferido, después de pasar varias temporadas en Madrid, al Milan en Italia. No alcanzó a jugar cuando su rodilla izquierda se reventó. Nunca más volvió a mostrar su talento en las canchas, retirándose al cabo de un par de años, vencido absolutamente.

¿Adónde iba entonces el análisis de mi lesión? ¿Qué parte de mi vida estaba aflorando inconscientemente?

Pero, había algo más que analizar. Las rodillas son parte de las piernas, y éstas son las que nos llevan hacia el objetivo en la vida, por lo tanto representan la dirección que seguimos.

Entonces, ¿qué no quería aceptar?, ¿qué no me gustaba de la dirección que estaba tomando mi vida?

El día domingo siguiente fue de profunda reflexión, y ya en la tarde estaba bastante aliviado, sin calmantes ni anti nada. Ya podía caminar y sostenerme. Pero el conflicto no estaba aclarado.

El lunes ya estaba bastante bien y caminaba con una cojera leve, con algún dolor, pero soportable. Debía acomodarme al sentarme y al caminar, pero la mejoría era evidente. El martes y el miércoles vieron fuertes progresos. Y el jueves fui donde mi terapeuta favorito a conversar con él y a ponerme en sus manos.

Al final lo comprendí, supe cual era la mujer involucrada en el conflicto, y revisé mi vida calmadamente. Mi sanador actuó. Y Juan Carlos me hizo el tratamiento.

Hoy ando normalmente y pegué un trote corto ayer. Sin consecuencias.

Las rodillas me enseñaron lo que debían, y hoy estoy más conectado con el pasarlo bien, y cuando lo esté pasando bien en el futuro mi rodilla izquierda no me detendrá en el goce.

Podemos ser felices por derecho de conciencia.

Que Dios les bendiga

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El espacio entre vidas antes de nacer es aquel período que pasamos justo antes de venir a tener la experiencia de vida . En él hacemos, por lo general junto a nuestros guías y maestro, un análisis de los principales puntos de nuestra futura existencia, especialmente de lo que será la misión que habremos de realizar, es decir, lo que será el propósito de nuestra vida. A no dudar, ni por un instante, que las experiencias futuras y los detalles de la vida estarán relacionados con ese proyecto: nada es casual en nuestra existencia y todo tiene un propósito claro y definido, aunque no lo podamos ver de buenas a primeras, y ese fin es solamente el aprendizaje. Cada vida lleva consigo una misión que cumplir, para completar, paso a paso lo que debamos aprender para volver completos algún día a Dios, a la Unidad. Como bien dijo el Dr. Edward Bach, cada vida es como un día de colegio: “tenemos que darnos cuenta de que nuestro breve paso por la tierra, que conocemos como vida, no es más que un momento en el curso de nuestra evolución, como un día en el colegio lo es para toda una vida, y aunque por el momento solo entendamos y veamos ese único día, nuestra intuición nos dice que nuestro nacimiento estaba infinitamente lejos de nuestro principio y que nuestra muerte está infinitamente lejos de nuestro final. Nuestras almas, que son nuestro auténtico ser, son inmortales, y los cuerpos de que tenemos conciencia son temporales, meramente como caballos que nos llevaran en un viaje o instrumentos que utilizáramos para hacer un trabajo dado.”

En el espacio entre vidas acordamos asuntos propios como el sexo, la nacionalidad, condiciones físicas, quienes serán nuestros padres, nuestras relaciones amorosas, nuestro oficio o profesión, y todos los detalles que conforman la existencia. Ojo que no estoy hablando de que con esto esté escrito lo que va a pasar y que entonces no tendríamos ninguna alternativa ni escape, no, no es así, ya que tenemos el libre albedrío. El mismo con el cual hacemos los acuerdos es el que actúa para mantenernos en ellos y respetarlos, o no. Lo que sí es claro es que los acuerdos del espacio entre vidas se han hecho para cumplir una misión, que es lo importante, y hacia allá es adonde apunta el accionar. Me detengo en la elección de los padres, ya que en la comprensión de este pequeño gran detalle del espacio entre vidas se plasma nuestra responsabilidad por venir a vivir la vida: nadie viene de casualidad ni inocentemente, todos venimos porque así lo hemos elegido. Y esa comprensión nos dice que mientras respiremos algo tenemos que hacer en este planeta.

La siguiente es una entrevista hecha a mi estimado profesor José Luis Cabouli en la que toca, entre otros, este tema, la que aprovecho de compartir:

Que Dios nos bendiga a todos.

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