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Archive for 30 enero 2011

La edición dominical de El Mercurio trae un artículo intitulado “Por qué se ha deteriorado la salud de las chilenas”, el que expone lo siguiente en su introducción:

Nada que decir. La salud de las chilenas empeora y los mensajes para tener una vida sana parecen no tener efecto. Esto, a pesar de que son más preocupadas de su salud y, en general, se alimentan en forma más saludable que los hombres. Esta es la paradoja que ha quedado retratada en la reciente Encuesta Nacional de Salud 2010”.

Esta afirmación del principal diario de Chile nos sumerje en una afirmación comúnmente aceptada, y tremendamente repetida, de que la salud está en función de la alimentación, vale decir, lo que comemos es lo responsable de las enfermedades que nos aquejan.

Nada hay más alejado de la realidad que ello.

La medicina occidental nos invade con estudios de todo tipo e índole, con el apellido de científico, y nos fuerza a confundir, como sus cultores lo están, la estadística con la causalidad. Los porcentajes abundan en todos los estudios y las explicaciones, haciéndonos creer que la enfermedad entonces tiene que ver con un número de acontecimientos estadísticamente “comprobados”.

Lo otro que afirma el periodista autor de este artículo sobre la salud de las mujeres chilenas en su introducción es “que son más preocupadas por su salud”. Sin duda que esta otra afirmación está basada en que las personas objetos de los estudios se realizan mucho más exámenes que años antes, o van más al médico o a los consultorios. Pero ello lleva otra visión equivocada en relación a la salud, en que se ha confundido la prevención con la realización de exámenes. Los exámenes no previenen nada de nada, solamente dan una información puntual reducida a ciertos índices expresados en décimales, porcentajes, y medidas y mensuras de volumen, peso y otras unidades físico químicas, que los profesionales del área leen e interpretan. Entonces, se nos ha manipulado hasta el cansancio en el asunto de la prevención, que sería cierta si se conocieran las causas de la enfermedad, pero que como ello no sucede, no pasa de ser entonces mera estadística.

La manipulación a que se nos ha sometido por parte de la industria farmacéutica, por la industria de insumos médicos, por la de equipos de imagenología y monitoreo, apoyada fuertemente por gran parte del gremio médico, nos han apartado de la esencia verdadera de la enfermedad, de sus causas más profundas, centrándo el análisis solamente en los alimentos que ingerimos. El temor a la enfermedad ha pasado a ser ya un asunto que raya en lo increíble, combatiéndose con fiereza y ahinco hasta el más simple de los resfríos.  La fiebre, que no es más que un síntoma que indica claramente un aumento en la función de defensa del organismo, es combatida como si fuera una de las plagas de Egipto. Y entonces, se cataloga de “paradoja” la realidad que aparece por debajo de las falsedades que se han adoptado como dogma de fe. 

La enfermedad no es material en su origen, y no provienen de lo que comemos, sino que obedecen a causas fundamentalmente emocionales. En el estudio que se comenta se trata de asociar la depresión –que no es una enfermedad en sí misma, sino un conjunto de síntomas perceptibles, pero no cuantificables, como la escala de Mercali para expresar la intensidad de los fenómenos telúricos- con el consumo de cigarrillos, creando entonces una peligrosa sociedad que puede llevar a conclusiones erradas sobre la salud de las personas.

Pero, lo más grave de todos los análisis que se hacen, incluído este mencionado artículo, es que parten de la más profunda de las falsas premisas, y es que la enfermedad puede ser evitada. Y esta se basa en que se establece que el ser humano es sano por excelencia y puede ser protegido de la enfermedad bajo ciertas circunstancias y condiciones y acertados métodos. La enfermedad no puede ni podrá ser evitada ni mucho menos erradicada de la faz de la Tierra, ya que ella forma parte de la salud, como polaridad, igual como la muerte forma parte de la vida.

Cuando las personas tratan de “llevar una vida sana” o “comer sano”, lo único que hacen es darle más fuerza a la enfermedad, ya que su preocupación por la mantención de la salud les hace vulnerables a la enfermedad producida por dicha preocupación. 

Es necesario cambiar la forma de ver las cosas, en especial lo relacionado con la salud y enfermedad –las dos caras de la misma moneda- para poder llegar a tener una nueva comprensión sobre ambos estados –o uno en el fondo- y convertir entonces a la enfermedad el camino para llegar a la salud, y llevar una vida –la finita que tenemos- en un paso placentero y feliz. Si seguimos acpetando estas ruedas de carreta -y comulgando con ellas- no podremos tener nunca acceso a otro nivel de conciencia y no podremos crecer entonces. Ya he expresado antes que la enfermedad, el envejecimiento del cuerpo y la muerte son inevitables compañeros de nuestra ruta desde que llegamos al planeta, y si los comprendemos, entendemos y aceptamos pueden convertirse en maravillosos amigos que nos ayuden a mantener una salud adecuada en cada etapa de la vida.

Ya son muchos los que nos han dejado como legado el entendimiento que los seres humanos no somos solamente cuerpo que debe funcionar siguiendo ciertas leyes físicas, sino que somos mucho, pero mucho más: somos seres con emociones, con espíritu, con mente y con Alma, habitando un cuerpo que nos ha sido prestado para manifestarnos en esta existencia.

Los síntomas nos dicen lo que nos pasa o ha pasado; dan cuenta de lo que hemos hecho o no hemos hecho; de lo que nos falta; de lo que nos duele; en fin, de lo que nos ha pasado en este hermoso paseo que es la vida: debemos tener la valentía para ver su mensaje y hacer los cambios necesarios, aunque duela, o aunque otros digan que lo que pretendemos no es correcto o sale de lo establecido. A lo mejor los cambios que sugieren los síntomas son los necesarios para transformar una vida de dolor y sufrimiento en una de felicidad y placer.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Hace algunos días un amigo me preguntaba si los accidentes eran casuales o querían decirnos o significaban algo. A no dudar que los accidentes no son casuales, como nada en la vida, y siempre nos dicen algo. Es importante tener presente que siempre buscamos en el exterior –y no dentro de nosotros- la causa de lo que nos pase, de modo tal de no asumir la responsabilidad por lo que nos sucede. Nosotros provocamos, creamos y permitimos todo lo que nos pasa, aunque aparentemente siempre haya algo afuera nuestro que aparece como la más posible causa de ello.  Para saber el significado debemos interpretar sinceramente lo que nos pasa, examinando los problemas que enfrentamos a través de la interpretación completa del proceso del accidente. Es muy importante en la significación estudiar los órganos o miembros afectados y también la lateralidad (el costado del cuerpo que se ha visto afectado), para poder hacer las preguntas de rigor y poder sacar conclusiones. Un accidente siempre trae un mensaje, y aunque este es inconsciente es un buen trabajo su interpretación para aprender de él, y comprender lo que quiere decir.

Uno de los accidentes más típicos son los caseros, y dentro de ellos los cortes por cuchillo en las manos al cocinar. La primera interpretación en este caso debe ser la de analizar el órgano afectado –mano- y conocer cuál de ellas es –lateralidad: izquierda o derecha-, además de la gravedad de la herida, para conocer si es o no invalidante o en qué porcentaje lo es. Hemos analizado el significado de las manos y su capacidad para realizar conscientemente lo que necesitamos manifestar. Las manos toman, acarician, crean, dan, reciben, tocan y sienten. Una herida en ellas priva al herido a hacer lo que necesita hacer. La otra interpretación es el significado profundo del “accidente”. En este caso es necesario hacerse algunas preguntas, siendo las más frecuentes las siguientes:

–          ¿en qué o en quién estaba pensando al momento del producirse la herida? A veces el pensamiento está en alguna situación en la cual no podemos hacer nada, o no podemos manejarla, o creemos que la hemos manejado de mala forma.

–          ¿me siento culpable por algo que necesito “castigarme”?

En la interpretación de los llamados accidentes debemos escuchar atentamente el relato de los pormenores de la situación. Como en todo el proceso terapéutico el paciente siempre dirá lo que le pasa, y basta ser cuidadoso y atento en el escuchar para saber lo que le aqueja. La medicina occidental moderna, sometida a estrictos patrones de eficiencia en tiempos limitados no puede permitirse esta práctica de escuchar, y debe entonces en un corto espacio de tiempo recetar químicos para “probar” la resolución forzada del “problema”, para ganar el “combate”. Cuando trabajo con pacientes habitualmente hago que repitan lo que dicen, varias veces, hasta que se dan cuenta de lo que representa lo que dicen. Cuando las personas se dan cuenta sanan.

Para el caso de los accidentes de tránsito hay algunas explicaciones que pueden utilizarse para su interpretación. Por ejemplo, si se pierde el dominio del vehículo puede preguntarse ¿en qué área de mi vida estoy perdiendo el control? Si se embiste a otro puedo preguntar ¿por qué necesito pasar por sobre otro para seguir mi camino?, o ¿a quién estoy rechazando con violencia en mi vida? o ¿quién se ha acercado demasiado a mi que necesito alejarlo violentamente? En el caso que no se haya podido frenar a tiempo puede preguntarse, por ejemplo, ¿por qué ando acelerado por la vida?, ¿en qué área de mi vida ando con demasiada rapidez? ¿en qué área de mi vida debo disminuir mi marcha?

Siempre en la interpretación de los accidentes –al igual que en la de la enfermedad- se deben hacer preguntas concretas, especialmente lo que impide o impone en la vida la situación que se produjo, para con ello poder conocer las respuestas de esa interpretación. Un accidente en un lugar de Ceda el paso o Pare puede significar el deseo inconsciente de seguir adelante, sin miramientos, arrollando lo que se ponga en el camino, para llegar pronto a aquel lugar deseado o establecido como meta.

A veces, los accidentes provocan que el accidentado se vea imposibilitado de trabajar, lo que puede significar simplemente que la persona ha procurado inconscientemente un descanso. Las fracturas normalmente exigen parar.

La culpa está muy presente en los accidentes. Y como siempre somos los más severos jueces con nosotros mismos utilizamos el castigarnos –de alguna forma- cuando nos sentimos culpables por algo, aún cuando no hayamos tenido ni la menor intención de causar o hacer daño a alguien. Ser indulgentes con nosotros mismos, tratándonos amorosamente, puede ser una poderosa herramienta para evitar los “accidentes”.

Nada sucede por casualidad, y los accidentes nos pueden decir –o gritar- lo que nos pasa en la vida. Solamente se requiere valentía, como siempre, para interpretar su significado.

Que Dios nos bendiga a todos.

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La propaganda de la medicina occidental moderna que promete sanar y curar con “remedios” o “medicinas”, que son más que productos químicos que los pacientes deben ingerir conforme la prescripción del médico autorizado a hacerlo, considera la enfermedad como un enemigo a derrotar, al cual hay que combatir, cueste lo que cueste. No importa el precio, ni lo que haya que hacer. Se experimenta con animales y seres humanos, se trafican órganos de niños y adolescentes de países que poco pueden defenderse, y se montan campañas de información y desinformación a diario. Se gastan ingentes sumas de dinero para promocionar diferentes estudios que “demuestran científicamente” todo lo que se quiera como causa de la enfermedad, y se dan los antídotos correspondientes, o sea, los “remedios” adecuados. Se inventan epidemias como la gripe aviar y la famosa gripe humana de reciente creación, y se recetan y reparten miles de millones de vacunas y  dosis de medicamentos para su “combate”, y resultan ser las plagas menos invasivas que el conocido resfrío estacional. Todo esto lo único que hace es aumentar el miedo a la enfermedad, y al final, a la muerte: los verdaderos enemigos de la medicina moderna.

En la medida que se fomente el miedo a la muerte aumentará la enfermedad.

La muerte es parte de la vida, y desde el momento en que somos procreados sabemos que la muerte será un próximo paso. Lo que no sabemos es el momento en que ella sucederá. No existe nacimiento sin muerte. Sin embargo, el miedo a la muerte se hace cada día mayor, y no es considerado como un acto de vida, como parte de ella, sino que es una enemiga a combatir.

Junto a la muerte se combate con fiereza los signos de la vejez, aquella a la cual todos buscan llegar, dejando sus mejores años haciendo lo que no quieren hacer, soportando lo que no pueden soportar, viendo lo que no quieren ver, para acumular lo necesario para una vejez “digna”. Linda paradoja: todos quieren llegar a viejos, pero nadie quiere envejecer (y mucho menos mostrar los signos de ello). Entonces, la medicina ahora se encarga de esconder toda muestra externa del paso de los años, y ya no se conocen las arrugas ni los efectos de la gravedad: vivimos la sociedad de la eterna juventud. ¿Es ello medicina? ¿Es ello digno? La enfermedad, el desgaste del cuerpo y su decadencia, y la muerte son parte de la vida, y aceptarlas como parte fundamental de la vida puede traernos paz y entendimiento.

Asistimos al embate de las figuras de la publicidad, del marketing y del retail, de la industria del cine y la televisión, que no soporta la vejez, y con ello nos quieren implantar a la fuerza nuevos valores, los de la piel tersa y suave, rellena con productos químicos, pero que solamente aportan vacío al hombre, y lo apartan de su naturaleza mortal.

En el ejercicio de la Terapia de Vidas Pasadas nos encontramos a diario con muchas experiencias de muerte, producto del proceso de revisión de las vidas pasadas, en las cuales indefectiblemente se hubo de morir en alguna ocasión. De esta práctica puedo rescatar que la muerte es un proceso bastante más simple y fácil que el nacimiento, ya que éste es, a veces, traumático y difícil. Con el nacimiento comienzan los dolores y sufrimientos; con la muerte se produce la liberación del cuerpo físico, y no hay ni dolores ni sufrimiento.

Sin embargo, el miedo a la muerte se ha convertido en una constante por doquier.

Muchos plantean que tienen tareas que completar en la tierra antes de morir. Sin embargo, esas tareas son desde la vertiente material: criar los hijos hasta que estén recibidos (antiguamente era hasta que pudieran valerse solos); completar alguna tarea de negocios; cuidar de las propiedades; terminar de comprar o construir o implementar algo, etc. Lo peor es que las personas se toman estas situaciones como obligaciones que no permiten licencias: ¡no me puedo morir antes de dejar a todos con una carrera universitaria!, ¡no me puedo morir antes de dejar a todos con una posición económica asegurada! Ya comprar la sepultura en el mejor cementerio -con la mejor vista, por supuesto- para la familia completa no es suficiente, ahora se trata de solucionarle la vida a los que vienen detrás. Y mientras mejor solucionada es mejor. No se considera vida la que deba contemplar el sacrificio y la aventura de buscarla tras la muerte de los mayores si ella es de apreturas y restricciones. No, la vida debe quedar solucionada para dos generaciones por lo menos.

El miedo a la muerte puede producir muchas enfermedades. El miedo no es buen compañero. Por ejemplo, el miedo puede llevarnos a desear controlar lo que nos pase, y puede llevarnos a hacer lo que creemos debemos hacer para vivir una vida de una cierta forma, como por ejemplo dedicar una vida a atesorar dinero y bienes materiales, o a seguir una profesión que era la del abuelo y la del padre. El control puede llevarnos a las enfermedades coronarias y al ataque al corazón. El miedo a lo que nos pase puede llevar a que se cristalice dicho temor, y se conviertan en cálculos renales. El miedo puede ser mal consejero y no permitirnos tomar el camino que debemos tomar, aunque sea el menos transitado, o el que se vea con más dificultades.

La paradoja es que la preocupación por la salud de las personas –hoy se hacen exámenes “preventivos” cada tanto tiempo- no es más que el miedo a morir, y este miedo a la muerte va haciendo que las gentes cada día disfruten menos la aventura de la vida. El vivir la vida y tener menos preocupación por la enfermedad de seguro mejorará la salud, y no al revés. Los exámenes preventivos no previenen nada, solamente dan cuenta de lo que pasa en el cuerpo, producto del pasado y no del futuro de cada cual. Por eso, la profusión de exámenes preventivos no hacen más que dar cuenta del miedo que nos inunda por todos los costados.

Vivamos la vida, que merece ser vivida. No vivamos la muerte anticipadamente.

Que Dios nos bendiga, haciéndonos gozar la vida, viviéndola como una aventura.

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Hay dos cosas que me hacen cavilar en estos días de fines del 2010 y comienzos del 2011. La una es que ciertamente los cambios seguirán siendo una constante en la vida de los seres humanos, y los conflictos serán compañeros inseparables de nuestro peregrinar. Lo segundo es que los deseos siempre se cumplen, y lo que nos falta conocer es la forma de pedir las condiciones de satisfacción que requieren los deseos para que se cumplan satisfactoriamente.

Estamos en un período de la vida del ser humano en el planeta en el que los cambios son ya una constante. Hace algún tiempo comprendimos una repetida frase que era “los cambios llegaron para quedarse”. Ahora hay que agregar que esos instalados cambios vienen acompañados con episodios muchas veces catastróficos, dolorosos, duros. Los hemos vivido casi constantemente desde hace tiempo, y recién estamos tomando conciencia de ello. Como siempre digo, no hay familia en la que algún integrante de ella no esté en algún tipo de conflicto que saca al entorno familiar del equilibrio, ya sea por problemas de salud, de dinero, de trabajo, de relaciones amorosas (divorcio, separaciones, rupturas) o afectivas (conflictos con padres, con hijos, con familiares), de pérdidas, dificultades profesionales (desempleo, falta de vocación), en fin de cualquier índole.

Los cambios están acelerados, y vienen muchas veces acompañados de catástrofes, como las que hemos vivido en Chile en el 2010. Nadie puede decir cómo viene el futuro ni cómo serán los acontecimientos, pero de seguro vendrán episodios dolorosos, que nos remecerán hasta los cimientos, y nos harán aprender.

Esta situación complicada se contrapone con el creciente empeño de las gentes en buscar la seguridad. Como vivimos en un mundo polar, cuando crece un polo debe crecer el otro para equilibrar la situación, y si crece la necesidad de seguridad, y se hacen esfuerzos por buscarla y por obtenerla, debe aumentar en el mismo grado aquello que mantenga el equilibrio, y aparecen entonces las pérdidas y las incertidumbres, que son cada día mayores, igual como es la búsqueda de la sensación de seguridad.

La seguridad no existe, pero el hombre gasta ingentes recursos en perseguirla, dejando incluso la salud –muy a menudo por lo demás- en ello. La vida se ha hecho enemiga de la aventura, incrementando la búsqueda de certezas. ¿Cuándo comprenderemos que la vida es una aventura y que merece ser vivida, a fondo?

Comprendamos de una vez que la seguridad no existe, y que su búsqueda no hace más que alimentar el polo opuesto, la incertidumbre, y los conflictos que la acompañan. Por ello, es que todo lo que nos sacará del equilibrio se hará más fuerte y repetido.

Durante los primeros minutos del año se producen siempre las peticiones de los deseos para los próximos 12 meses. Cada año se aumentan las supersticiones, los rituales y elementos utilizados para pedir lo que se quiere para el período: comer lentejas (ahora he sabido que le han agregado porotos y garbanzos), usar ropa interior amarilla (algunas lo hacen con ropa de color rojo), comer 12 granos de uva (sin conocer ni su significado ni origen), sacar las maletas a dar una vuelta a la manzana (para asegurarse de tener un año bien viajado), poner plata en los zapatos, abrazar primero a un varón si somos mujeres, o a una dama si somos hombres, comer esto o aquello, dejar en el velador esto o lo otro. Toda una gama de cábalas, para asegurar lo que se quiere por los próximos 12 meses.

El pedir está bien, es necesario hacerlo, para que Quien está encargado de escucharnos haga lo necesario para satisfacernos. Sin embargo, las peticiones deben ir necesariamente acompañadas de condiciones de satisfacción. Estas condiciones son las que acompañan el deseo, para que se pueda cumplir en un entorno que podamos manejar y no se convierta su realización en fuente de conflictos. Por ejemplo, podemos asociar la ropa interior amarilla y el abrazar a una persona del sexo opuesto para que en el año que comienza podamos disfrutar de una relación amorosa. Pero, ese deseo o petición no va acompañado de condiciones de satisfacción: ¿qué tipo de persona buscamos?, ¿qué características de personalidad?, ¿edad?, ¿condición social, económica, cultural, física, de salud?, ¿profesión, hobbies, intereses?, ¿creencias políticas, religiosas?, ¿color de ojos, de pelo, piel?, ¿altura, peso?, etc., por mencionar algunas. Sin duda alguna que puede llegar a vivirse una relación amorosa, pero los detalles que menciono pueden constituirse en fuente de conflictos si no son los que se esperaban de la deseada pareja, y llevar a cambiar una vida (o dos) placentera por una de dolor e incomprensión, por mencionar posibilidades ciertas.

Los deseos expresados siempre se cumplen. Siempre. Por lo tanto hay que ser muy cuidadoso en lo que se expresa como deseo, porque tarde o temprano se cumplirá, y cuando ello ocurra ¿estaremos preparados para lo que ese deseo cumplido trae consigo? Como ejemplo extremo podemos pedir que se nos regale un auto deportivo nuevo de gran valor, ¿pero qué pasa si no tenemos plata para pagar el combustible ni los repuestos que necesita para su funcionamiento?, ¿nos conformaremos con subirnos a él sin poder andarlo?, ¿y si no tenemos estacionamiento donde dejarlo en la noche, podremos dormir en él para que no nos lo roben completo o por partes? O bien pedimos dinero, mucho dinero, y a lo mejor nos ganamos una fuerte suma de dinero en la lotería del país. Eso producirá de inmediato gran alegría y un gran aumento de las expectativas de mejoramientos de condiciones materiales de vida. Sin embargo, si el ganador o ganadora tiene conciencia de pobreza, es decir, no conoce las reglas de la abundancia económica, muy pronto ese dinero se irá como agua entre los dedos, y la alegría inicial se convertirá en pena y desazón.

Como recomendación me atrevo a sugerir que  hay que pedir siempre, pero lo que pedimos debe tener condiciones de satisfacción claras y ciertas, detalladas al máximo, para que el Encargado haga lo necesario. Sin embargo, la petición debe especificar además que lo que sea “sea para los más altos fines y el bien mayor”. Eso asegurará que lo que nos llegue estará de acuerdo con lo que necesitamos en nuestro tránsito por la vida, porque lo podremos manejar y no será causa de conflictos ni nos sacará del equilibrio.

Antes de terminar una reflexión: normalmente cuando se pide a las personas que expresen lo que quieren tienen dificultades para hacerlo. Tienen claro lo que no quieren, y eso verbalizan, pero no son capaces de decir lo que quieren. Y si se dice lo que no se quiere eso es lo que escucha el Responsable de satisfacernos. ¿Puedes hacer una lista de lo que quieres en las áreas más importantes de tu vida: amor, dinero, profesión y trabajo, salud, relaciones, etc.?

Deseo que tus deseos se cumplan, siempre que sean para los más altos fines y tu bien mayor, y con todas las condiciones de satisfacción necesarias.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

Imagen destacada

Alrededor de 3 millones de personas visitan el Taj Mahal cada año. Este blog fue visto cerca de 45,000 veces en 2010. Si el blog fuera el Taj Mahal, se necesitarían alrededor de 5 días para visitarlo.

 

En 2010, publicaste 31 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 125 entradas. Subiste 39 imágenes, ocupando un total de 5mb. Eso son alrededor de 3 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 9 de junio con 287 visitas. La entrada más popular de ese día fue El propio karma.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran mail.live.com, search.conduit.com, facebook.com, vidaspasadas.com.ar y mail.yahoo.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por manos, dioses del olimpo, culpa, niños cristal caracteristicas y el secreto.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

El propio karma junio, 2010
17 comentários

2

Los niños cristal abril, 2008
194 comentários

3

Dioses del Olimpo diciembre, 2008

4

La manifestación, las manos… junio, 2008
17 comentários

5

¿Penas de amor? agosto, 2008
67 comentários

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