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Archive for 29 abril 2011

Para sanar el estado de estrés hay que ir a un nivel más alto que el que lo ha provocado, es decir, salir del nivel mental que afectó al nivel físico, para ir al nivel superior, el del Alma. Trabajando entonces el estrés en ese nivel podemos sanarlo en el nivel físico. No podemos sanar el cuerpo físico trabajando en el nivel mental porque es ahí, en ese nivel, en donde se ha provocado.

Pero, para conocer qué es lo que debo sanar debo conocer cuál es el síntoma, o acercarme a su enunciación lo mejor posible.

Qué podemos decir del estrés como definición: que puede ser cuando a un organismo se le exige un rendimiento superior para el que está acondicionado; que puede ser la respuesta del cuerpo a condiciones extremas que alteran su equilibrio funcional; que puede ser la tensión cotidiana a la que está sometida una persona; que puede ser la respuesta del organismo ante situaciones que son percibidas como desafiantes o amenazadoras; que puede ser un estado de fatiga del organismo; que puede ser la consecuencia de fuerzas internas y externas que afectan al cuerpo. En fin, las definiciones pueden ser y son en realidad muchas, y parece ser que cada cual tiene un concepto propio de lo que es el estrés. De hecho la palabra proviene de la inglesa stress, que se traduce literalmente como tensión. La Real Academia Española en una de las acepciones para este último término dice: Estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación. Para estrés dice simplemente: Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.

Es necesario acotar que no solamente los seres humanos se afectan por estrés, ya que también se presenta en todos los seres vivos.

Lo que nos afecta y nos impide desenvolvernos naturalmente en forma fluida provoca que nos veamos impelidos a realizar esfuerzos que nos lleven a encontrar el equilibrio perdido. Los cambios y retos habituales en nuestras vidas llevan el estrés en su seno, y cuando se viven períodos de cambios violentos, profundos y radicales como los actuales es necesario saber tratar con éste, para adaptarnos adecuadamente a las nuevas situaciones. Siempre hay situaciones que desatan el estrés. Los que vivimos en grandes ciudades, en que la congestión vehicular, la agresividad, sumada a la arrogancia, altanería y prepotencia  de algunos de los conductores, las grandes distancias, la mala movilización pública y el alto nivel de ruido ambiente hacen que ya con las primeras luces del día se desate esta presión. Si se suma a ello la tensión producida por las situaciones laborales propias del día, las metas, las tasas de rendimientos laborales, los problemas familiares, financieros, y tantos otros factores tenemos entonces altos niveles de estrés. Cuando sobrevienen acontecimientos traumáticos mayores, como la pérdida del empleo, muerte de familiares directos, separaciones o divorcios entonces los niveles son ya muy altos. Ahora bien, en esta sociedad que hemos creado –asumamos la responsabilidad también de que hemos participado todos en esta creación- en que vivimos angustiados por el futuro por venir nos apartamos del ahora, aumentando la incapacidad de gozar de lo simple y bello del presente.

La medicina occidental moderna ha encontrado en el estrés la mágica explicación de muchos síntomas. Sin embargo, ello no posee  veracidad, ya que la enfermedad se produce no por el estrés que produce la situación, sino porque el Alma está apartada lisa y llanamente de lo que la mente y el cuerpo han decidido por sí solos que está correcto, y que llevan al individuo por caminos que lo hacen perder el equilibrio y entonces, el cuerpo adquiere uno nuevo, pero ahora lo hace por medio de la enfermedad. Y, entonces, se recurre a las drogas y a los productos químicos para buscar el equilibrio anterior perdido. Pero, la verdadera dificultad para sanar estriba en que el conflicto no se produjo en el nivel físico –que es donde actúan los químicos y drogas- sino que se produjo mucho más arriba, y es ahí donde debemos ir para sanar. Mientras no escalemos esa montaña todo intento de mejoría no pasará de ser una quimera.

El estrés es especialmente la antítesis de la espiritualidad. No de la religión, cualquiera que sea ella, sino del recorrer el camino espiritual, ese que enseña que el camino de la aceptación, de la responsabilidad por los propios actos, de la flexibilidad, de la comprensión que el otro, cualquiera que sea, es el prójimo, el camino de la humildad, de la compasión, del perdón y del desapego es el que trae la felicidad y traza el verdadero camino que habremos de recorrer para llegar a ella. Los tibetanos han acuñado un potente término para definir lo que no es importante: lo impermanente. Cuando atisbamos y comenzamos a descubrir aquello, las rígidas estructuras que hemos creado sobre lo que nuestro ego nos dice que está bien comienzan a desmoronarse.

El estrés es la forma que reaccionamos a lo que nos pasa. Simplemente es eso. Lo que nos pasa no lo podemos cambiar, pero esa actitud sí se puede modificar. Lo que nos ha pasado no tiene forma de cambiarse. No podemos retroceder en el tiempo. Lo que es necesario hacer es perdonarnos por la forma que actuamos, por lo que dijimos, por la forma que reaccionamos. Debemos perdonar a las otras personas involucradas con nosotros en los acontecimientos que nos produjeron el trauma.  El soltar el pasado es mágico, porque nos centra entonces en el presente, que es lo único que tenemos. El decidirse a cambiar, a elevar el estado de conciencia, a hacer un verdadero desarrollo personal puede contribuir en forma adecuada a bajar nuestros niveles de tensión.

Las mejores formas que conozco para sanar del estrés es la práctica diaria o habitual de la meditación (https://caminosdelalma.wordpress.com/2011/03/08/meditacion-2/) y la respiración. Muchos sanadores recomiendan la práctica del yoga, del tai-chi o del chi-kung, artes físicas milenarias de oriente. Contribuye grandemente a manejar el estrés, y a bajar sus niveles la práctica de ejercicio físico. Ahora bien, si se hace en forma altamente competitiva se estará agregando más tensión a la ya existente, con las necesarias consecuencias. También ayuda en gran forma el practicar hobbies, que lleven a compartir experiencias de vida con otras personas, y a gozar de los beneficios de los resultados de esta actividad. Cursos de desarrollo espiritual; ponerse en manos de terapeutas calificados o seguir cursos de formas de sanación complementaria; investigar en áreas de la cultura y las artes y practicarlas; la vida al aire libre; el montañismo; y muchas otras actividades que nos permitan conectarnos con nosotros, con lo que somos en realidad, con nuestra Alma, para salir de los dictados del ego que manipula la mente y usa el cuerpo con realidades inexistentes, ficticias. La risa y el humor son potentes segregadores de endorfinas, como todas las actividades antes mencionadas, lo que contribuye enormemente a mejorar nuestras capacidades de respuesta y adaptación al medio cambiante.

Una gran receta para el manejo del estrés es aceptar lo que nos pasa y comprender que eso tiene siempre un objetivo. Pero no quedarse en la comprensión a nivel mental, sino al nivel del corazón. A lo mejor no podemos entender el por qué nos pasa lo que nos pasa, porque la razón puede estar en el futuro y ella será evidente cuando llegue el momento.

Una última reflexión: “Nada te será dado que no puedas manejar”.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Estimados amigos, el 2012 anunciado no será el fin del mundo, sino que es la culminación de un proceso de cambio de estado de conciencia. Para que ello ocurra deben haber ciertas catástrofes -como fue anunciado: terremotos, temblores, maremotos, huracanes, sequías, inundaciones, lluvias torrenciales-. Sin embargo cuando se nos ha hablado de terremotos, por ejemplo, también están los terremotos personales, que son aquellos acontecimientos traumáticos que nos mueven el piso y que nos indican entonces que debemos movernos hacia otro lugar, hacia otra realidad, en fin, a tomar conciencia de lo que pasa. A muchos se nos mueve el piso con los asuntos laborales -¿cuántos hay que ven su vida laboral finalizada a temprana edad, sin cabida en los especializados mercados?- , financieros -pérdidas de patrimonio, deudas con instituciones financieras-, afectivos -disolución de vínculos, separaciones, divorcios, muertes de seres queridos-, o de salud -aparición de cada vez más síntomas y nuevos síntomas-. Nadie se escapa. Eso es el 2012, que es un proceso y no un fin en si mismo. El piso se nos mueve, y eso nos mueve al cambio. Ya nos está pasando, lo estamos viviendo, y estamos todos aprendiendo de ello, aunque nos duela. No existe inmunidad, y lo que le pasa al del lado es también lo que me pasa a mi.
El 2012 es el nacimiento a una nueva realidad, a una nueva manera de relacionarnos, a una nueva manera de convivir en el mundo y con el mundo. Pero para que ello se produzca se nos debe sacar el piso para movernos hacia otro espacio diferente, en que seremos diferentes. La pregunta es , ¿y es que ya no lo somos? Evidentemente que con la simple experiencia de examinar lo que nos pasa, mirar nuestra realidad, podemos ver que somos diferentes a como éramos, y eso es avanzar en el desarrollo del estado de conciencia. Hoy ya tomamos conciencia de lo que somos, para dónde vamos, qué realidad queremos y qué mundo queremos dejar a los que vienen.
Se nos pondrá a prueba para aprender el desapego, para mirar aquellos lugares dentro nuestro que no nos gusta ver, para ver nuestra sombra y enfrentarla y sanarla convirtiéndonos en Luz, y para practicar el amor y la compasión.
El que no quiere aprender por las buenas aprende por las malas, pero debe aprender.
El gran secreto ahora es que en este período de cambio tan acelerado, drástico e impredecible en dimensión y destino, el futuro pasa a ser algo tan incierto que se hace válida la acepción de su no existencia, para dejarnos entonces lo único importante: el presente. Es ello también parte del 2012, enseñarnos -o recordar- a vivir el presente como lo único que tenemos. Este concepto de vivir el presente -el aquí y el ahora- adquiere tal relevancia que afecta el sistema social que tenemos creado, y que se basa en el miedo como herramienta de motivación para la actuación de los actores de este sistema. Eliminando el descontento, aquella artimaña mental que nos niega el presente y que hace que nos identifiquemos con una situación ideal que solamente está en la imaginación, podremos vivir el presente como un acto de agradecimiento por haber llegado hasta donde estamos.

El 2012 es terremoto, crisis, cambio acelerado, pero también toma de conciencia. La serpiente muda su piel cada cierto tiempo, para dar nacimiento a una nueva, más grande. Hagamos como ella, aceptemos los cambios y mudemos la piel para que crezcamos. A lo mejor esas crisis es lo que necesitamos para que se afloje la nuestra, la que nos mantiene prisioneros a las situaciones que no nos gustan y que no nos sirven.

Mas, en este período de cambios acelerados, profundo y remecedores es necesario recordar la promesa: Nada se te dará que no puedas manejar.

Que Dios nos bendiga

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Los tiempos que estamos viviendo son turbulentos. Ya nos lo habían anunciado los comunicadores de pueblos antiguos: los hopis, los mayas, los incas. Mas, no hemos querido escuchar sus predicciones ni tampoco sus peticiones, porque no los avala el “rigor científico”. Sin embargo, hoy nos vemos afectados por diversos fenómenos en muchos ámbitos del acontecer diario y seguimos adormecidos, y nos vamos acostumbrando a vivir con esa presión. En poco más de un año –desde el terremoto de Haití hasta el de Japón- hemos sido testigos de varios movimientos telúricos en diferentes partes del mundo, con una impresionante cantidad de víctimas fatales, una mayor de damnificados y afectados y con la naturaleza seriamente dañada, ahora bien a fondo con la liberación al mar de miles de toneladas de agua con material radiactivo, que circunscribe la última catástrofe ya no solamente a un pequeño y remoto lugar en Japón, sino que a una parte importante del planeta. El océano es una inmensa cadena alimenticia, y los desechos radiactivos viajarán desde el más pequeño ser vivo al más grande, y con unos y otros y a través de otros, a enormes distancias, a través de peces y aves, algas y moluscos, plancton y agua. Nadie ha aventurado siquiera a cuantificar la catástrofe. Es mejor, dicen algunos que ven sus economías personales y corporativas seriamente amenazadas, no pensar en lo que puede venir, ejercer sus influencias para bajar el tenor de las comunicaciones, pagar a prominentes universidades y a influyentes “investigadores” para que digan lo que se quiere decir y que no se alarme nadie. Y aquí no ha pasado nada.

Pero los tiempos que corren no están para estos cálculos y actuaciones. Son tiempos en que lo que se ocultó, utilizando el poder especialmente,  salga a la luz, y se vayan conociendo los detalles de una verdad diferente a la que se nos contaba y contó, una verdad que va despertando conciencias y creando opinión fuerte, poderosa, que ya no se deja manipular ni comulga con ruedas de carreta. Es tiempo de cambios, y cada vez más pronunciados y dramáticos. La naturaleza ya no admite más errores; no es capaz de soportar más depredaciones; no puede resistir más contaminación; no puede ya aguantar más explotación irracional. Actuemos, aunque esa actuación sea a nivel personal, por mínima que sea. En cualquier ámbito, en cualquier circunstancia. Tomemos el poder de nuevo, a nivel humano.

Pero la crisis no solamente es ecológica, en que la parte física de la Tierra está amenazada, enferma de muerte, sino que también es crisis espiritual. Cuando hablamos de espiritual inmediatamente la mente nos hace volar hacia las religiones, pero el concepto es mucho mayor que eso. Las religiones ya no dan respuestas válidas, sino que están llenas de rituales monolíticos, muchos de ellos incomprensibles, áridos, repletos de dogmas que en vez de dar fuerzas le quitan el poder a las gentes, y que no permiten al hombre, como ser humano, cambiar, elemento indispensable para elevar el estado de conciencia que le signifique comprender la realidad que se ha creado y se sigue creando. Las religiones crean sus propios enemigos, que son todos aquellos que no las siguen. El amigo es el que está al lado; enemigo el de la vereda de enfrente. ¿Y dónde está Dios, el Amor mismo? Cada uno se dice dueño de Su palabra, de Su verdad, pero ha permitido matar al prójimo sin miramientos, o lo ha hecho por mano propia. ¿Y Dios, el creador de todas las cosas, incluido el prójimo, dónde está?

La espiritualidad es mucho más que la religión, y cuando la religión se convierte en organismos para manipular las conciencias, y para crear organizaciones en pos del poder político, administrativo, financiero, y mucho más, entonces ya la espiritualidad se pierde. El verdadero enemigo del Amor es el miedo, y el miedo es la llave maestra de la manipulación. No nos damos cuenta cuando nos manipulan por el miedo y nos hacen permitir entonces las aberraciones que se comenten en nuestra contra, sin siquiera percatarnos. Por ello es que debemos tomar conciencia.

Miedo es, por ejemplo, inventar vacunas contra gripes inexistentes: ahí aparecen los gobernantes preocupados por la gente. Ganan votos, se gastan los impuestos, justifican su sueldo, y su ego se satisface. ¿Quién paga los costos?: los contribuyentes que fueron manipulados. ¿Quién recibe los beneficios?: los políticos que serán votados en las próximas elecciones y los accionistas de las grandes compañías farmacéuticas. ¿Se sana la gente?: ¿de qué va a sanar, de lo que no existe?

Es tiempo de cambios, es tiempo de despertar. La vida de nuestros hijos, de nuestros nietos, está en peligro, porque la Tierra está en peligro.

Podemos hacer cambios, microscópicos, pero cambios al fin. Uno de ellos, es dejar de ver los noticieros en la televisión. No digo que no haya que enterarse de lo que pasa, pero hay que evitar la vibración del miedo a la hora de las noticias: muertes, accidentes, balaceras, guerras, drogas, enfermedades, tragedias. Es el miedo en su más alta expresión. Y el miedo es todo lo contrario del Amor.

Se nos anunciaron catástrofes naturales y tecnológicas, ya están aquí. Las crisis ya se instalaron y no se detendrán: se caen a pedazos las “instituciones”. Y solamente cambiando, volviéndonos hacia el sentir -que no necesita de “método científico” para estar ahí, ni requiere comprobación- desde el corazón, aplicar el saber –esa sabiduría interna, que está con nosotros desde siempre- y no la información, nos podrá asegurar aumentar nuestro nivel de conciencia y con ello ir dejando un mejor planeta Tierra donde podrán vivir los que vendrán, los hijos de los hijos de nuestros hijos.

Que Dios nos bendiga.

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En el artículo Abducciones extraterrestres https://caminosdelalma.wordpress.com/2011/04/01/abducciones-extraterrestres/ expliqué algunos detalles del objetivo y de los procedimientos que realizan con los abducidos. Hoy quiero explicar lo que a mucha gente le ha sucedido, y que no tienen a quien contarle, por lo demás.

A veces nos encontramos con personas que les cuesta mucho quedarse dormidas. Incluso funcionan hasta muy tarde evitando a toda costa ir a la cama. Y una vez allí la televisión o los libros son inseparables compañeros. Insomnio se llama a esta situación. Hay muchas explicaciones para ello.  Basta dar una vuelta por internet y descubrirlas. Se habla de la alimentación, del tabaco, del alcohol, del ejercicio, de los efectos secundarios de los medicamentos químicos, el ruido, la luz, la temperatura, el café, el té, bebidas cola,  etc. Ahora le han agregado el estrés  a las causas. ¿Se han fijado que el estrés es el compañero perfecto para la alimentación para explicarse las causas de la enfermedad? Y los médicos ponen cara de serios y circunspectos cuando explican de esa forma alguno o algunos síntomas de sus pacientes. Y de ahí la receta mágica, para “probar con este remedio, y si no funciona vuelva dentro de 7 días y probamos con otro (drogas y fármacos que tienen cien nocivos efectos colaterales, que no los explican).”  Debo reconocer eso sí que dentro de las razones para el insomnio he encontrado algunas que llaman la atención, como son por ejemplo las consecuencias de una intervención quirúrgica o de algún trauma físico producto de algún golpe o de un accidente, o alguna emociones como el miedo o pavor. Debo confesar que esta causa ya me hace más sentido a lo que he ido conociendo y experimentando con mis pacientes. Muchos relatan que les cuesta quedarse dormidos por temor precisamente a dormir, independiente del grado de cansancio.  Y es que durante el período de sueño se sufren los embates de los extraterrestres, quienes en la quietud de la noche se presentan a los pies o a los lados de la cama y proceden a abducir a las personas. Este fenómeno se ha dado en llamar “los visitantes nocturnos”.

Los visitantes nocturnos llegan en la noche y se ubican al lado de la cama. Si la persona duerme acompañada a su acompañante lo inmovilizan, lo paralizan, de modo que no tome conciencia de lo que pasa. Y a la persona elegida la abducen. Hace pocos días una amiga personal con la cual conversamos en algunas oportunidades del tema me relató que sufrió el acoso de estos seres, y se tuvo que esforzar negándoles el permiso para que se la llevaran, lo que al final no lograron.

El objetivo de estos seres es experimentar con los seres humanos. Toman el cuerpo físico de la persona, o el etérico, (que es un cuerpo energético, idéntico al cuerpo físico) dejando este en la tierra, y proceden entonces a hacer sus experiencias.

Entonces, me he encontrado con pacientes que hacen cualquier cosa para no irse a dormir, cualquier cosa por no dormir incluso, pues temen que si lo hacen van a presentarse de nuevo los extraterrestres y procederán a llevárselo, de la forma que sea, para experimentar con él.

Reitero que para este tema no hay pruebas científicas. Es decir, el fenómeno no puede ser medido, ni pesado, es decir no puede ser registrado. Sin embargo, el paciente sufre de insomnio porque expresa que si se duerme se lo llevan, lo secuestran y realizan en él los experimentos en forma reiterada, introducen en él implantes para monitorear el progreso de ellos, para seguirlo, o simplemente para tomar su energía, que es otro de los propósitos de estos seres. (Les recuerdo que tampoco hay ni una prueba científica, ningún exámen de laboratorio, prueba radiológica o similar que pruebe los desequilibrios químicos en el cerebro -donde han supuesto que se aloja la mente- que los psiquiatras usan para basar sus diagnósticos de síntomas y síndromes y recetar sus drogas.)

Ha habido muchas personas que me dicen que no puede haber solamente extraterrestres malos y que debe haber también buenos.  He ahí una muestra más del actuar, mucho más adelantado “científicamente” que nosotros de estos seres y sus jefes. Al terminar sus “trabajos” y al volver a las personas a su estado natural y normal –aunque nunca más volverá a ser normal-  introducen instrucciones post-hipnóticas intimidantes y aleccionadoras. Dentro de estas últimas están aquellas que inducen a decir a la gente que “vienen a salvar el planeta”, “si existen vienen a ayudar”, “son más adelantados que nosotros y nos vienen a prevenir”, y otras parecidas que con seguridad ha escuchado en más de una oportunidad. Mi experiencia con ellos es solamente terapéutica y no investigo sus naves, su forma de propulsarse, ni su origen. Solamente me interesa y me mueve asistir a las personas que han sido víctimas de abducciones y ayudarlos a curar sus heridas y superar el impacto del o los acontecimientos, y con ello, superar los síntomas que presentan, como por ejemplo el insomnio.

Es llamativo que una de las consecuencias de las abducciones, y que se considera por muchas personas como efecto positivo de ella es que se despierta una “conciencia de unidad”, por llamarlo de alguna forma. Esto lleva a que el o la abducida comienza a tener ciertos poderes de sanación. Por ejemplo, puede poner las manos y transmitir energía sanadora, curadora, transmitir calma. Puede ser que comiencen a ver el aura, con las consecuencias de desorientación que ello trae. Puede ser que comiencen a practicar y a escribir sobre métodos de sanación novedosos, o a tener la capacidad de ver los registros akásicos o akáshicos, vidas pasadas. A otros se les despierta la visión ecologista profunda, ya que por lo general, los extraterrestres les ofrecen un paseo virtual por una futura tierra arrasada por el hombre, con los mares contaminados, los bosques talados, la superficie de la tierra erosionada, desiertos por doquier y otras componentes de este mal.

Hay algunos síntomas que hacen presumir la abducción como he mencionado: sangrado de narices cuando niño o adolescente, abortos espontáneos, marcas en la piel –como trozos faltantes como para una biopsia- sanaciones espontáneas, sensación de ser observado, tener que hacer algo sin saber qué es o para qué, desorientación en la vida en general, y otras que enumeré en el artículo mencionado.

Mi último párrafo va para el cambio que experimentan los abducidos en su relación con la religión. El saber que hay otros seres más allá de lo que nos han acostumbrado a creer, con mucho poder, y que estamos indefensos ante ellos puede traer consecuencias en la conducta. Y ello no se sana con pastillas, psicotrópicos y otros, y ni con tratamientos de sanación “mental”.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Publicado originalmente en Julio 12, 2009.

Hace un par de semanas atrás, coincidiendo con un seminario de actualización en Terapia de Vidas Pasadas que dió mi profesor José Luis Cabouli en Buenos Aires, fui invitado a compartir micrófonos en el programa Menage a trois que conduce mi amiga y condiscípula Laura Cardellini y que se transmite los jueves a las 21:00 en Radio Cristal de Buenos Aires, por el 89.7 FM. En esta especial oportunidad el tema a tratar eran los extraterrestres.

Uno de los panelistas, Marcelo Lippi, antes de comenzar el programa me consultó si era yo un ufólogo, es decir un investigador del fenómeno de los ovnis, a lo cual respondí que no lo soy, sino que lo que me interesa y es mi afán solamente el tratamiento terapéutico de los resultados de las abducciones extraterrestres y que el paciente sane sus emociones, y que los avistamientos de naves extra planetarias y otros detalles adjuntos no son de mi interés actual. La pregunta de Marcelo es común entre las personas, quienes no pueden entrar en detalles que van más allá de lo material, es decir, solamente aquello que pueden ver y tocar, y no pueden romper la barrera que deja entrar al más allá, a lo que hay tras los sentidos, a lo acostumbrado, a lo aprendido. Sin duda alguna, este buen hombre, no imaginaba lo que hablaríamos en el programa en el cual él lleva la voz cantante por su amplia experiencia y amor a esa actividad.

Las personas comunes no imaginan –y debo confesar que hasta no ha mucho yo tampoco- que suceda y haya sucedido desde antiguos tiempos el fenómeno de las abducciones por extraterrestres. Abducción significa literalmente secuestro, y es precisamente lo que hacen estos seres, y es un asunto que trae múltiples consecuencias en la vida de los afectados, especialmente en la salud física y en conflictos emocionales de diferente grado.

El fenómeno de la abducción extra terrestre tiene, según relatan los pacientes, ya sea en estado de conciencia expandida o en estado de conciencia normal, siempre la misma estructura y proceder. En estado de conciencia normal no es común que las personas relaten sus experiencias, debido fundamentalmente a que se les tachará de locos y pronto los médico siquiatras les llenarán de químicos y tratarán de internarle en algún establecimiento de “salud” mental. Y los sicólogos tampoco sirven porque los enviarán donde los anteriores. Por lo tanto prefieren guardar sus experiencias para ellos mismos o para un círculo muy pequeño y seguro.

La experiencia comienza con la aparición de extraños seres, algunos en forma y apariencia humana, que aparecen cuando se atraviesa algún proceso emocional especialmente significativo. Aparecen de la nada, pueden atravesar paredes sólidas, y su lenguaje es telepático. Nunca las personas relatan haber sentido temor ante su presencia sino, por el contrario, sienten mucha paz y tranquilidad. Muchas narran ver una brillante luz blanca, hacia la cual se sienten atraídas, algunas otras refieren escuchar un ligero zumbido, y al estar en contacto con estos seres se sienten cobijadas, comprendidas y acogidas. El objetivo de los seres extraterrestres es lograr que los contactados entreguen su consentimiento –ley de los universos para poder hacer cualquier intervención- para llevarlos a la nave a realizar la misión que se les ha encomendado. Por lo general el consentimiento es obtenido en forma engañosa, prometiéndole a la persona afectada algún beneficio que no guarda relación con lo entregado. Por ejemplo, un jovencito de 10 años estaba particularmente triste por no haber algún amiguito con quien jugar, y se sentía bastante apenado y melancólico. Aparecen estos seres, desde alguna parte, y le preguntan si quieren que le acompañen por un rato y si quiere jugar. El niño pregunta que a qué cosa y ello contestan que a lo que quiera él. Cuando el pequeño dice que sí, en ese momento, es abducido y llevado a la nave, como si fuera chupado en un haz de luz. Dentro de la nave es puesto sobre una camilla metálica e inmovilizado, sin necesidad de cuerdas, y sin que él se dé cuenta siquiera. En este lugar, que los pacientes describen como correctamente iluminado, limpio, aséptico, circular, o semicircular, con máquinas metálicas y tableros y equipos electrónicos, igual a un quirófano de alta tecnología, se le practican procedimientos médico quirúrgicos de variado tipo. Son comunes los sondajes recto intestinales, los procedimientos urológicos y ginecológicos, exámenes manuales, instrumentales, extracción de muestras de tejidos –cabellos, piel, óvulos-, fluídos –sangre, semen-, etc.  También proceden a dejar implantes en zonas específicas del cuerpo –nariz, mentón, frente, cerebro, hipófisis, manos, brazos, piernas, dedos, corazón, etc.- y a colocar sensores para monitoreo desde las naves.

El objetivo de todo ello no es otro que experimentar con los contactados, y obtener información sobre el funcionamiento del cuerpo humano. Una de las experiencias que describen habitualmente los y las pacientes son las de reproducción híbrida –humana-extraterrestre-, con el fin de crear una raza nueva que permita sobrevivir a la alienígena, cuya existencia está amenazada por alguna razón que no es del caso analizar ahora. Otro objetivo es poder tomar de la energía de los seres humanos, que la transmiten por medio de los sensores, para aprovecharla ellos.

Dentro de los relatos más impactantes están los de mujeres que han sido abducidas y fecundadas con óvulos híbridos. Ellas cobijan el ser durante un tiempo y luego les es extraído el feto, el cual toman y se lo llevan a algún lugar. Es notorio que las abducciones de jovencitas pre y púberes se produce para extraerles óvulos.

Como terapeuta mi trabajo va dirigido a la sanación de las emociones de los pacientes, y en los abducidos las secuelas emocionales son variadas: miedos –agujas, hospitales o quirófanos, viaje en avión, oscuridad-; fobias; bloqueos; depresiones; crisis de pánico; ansiedad grave; insomnio; obesidad; cefaleas; trastornos sexuales; confusión mental, etc.

Sin embargo, algunos de los abducidos presentan un conflicto muy profundo, que se ha dado en llamar el shock ontológico, vale decir, el trauma de la significación del ser, su trascendencia y sus características fundamentales, dentro de la cual está la relación con algún ser superior. Cuando sucede la abducción o secuestro los abducidos relatan que no hay ayuda posible y no la obtienen, y al estar en la mayor de las indefensiones no reciben ayuda de ese ser que ellos invocan. Este parece ser uno de los traumas más importantes. “Nadie me puede ayudar”.

Hay algunas complicaciones físicas que me ha sido posible observar como experiencias en el camino terapéutico, como son la obesidad, la sangre de narices, los abortos espontáneos y el insomnio. La obesidad pareciera ser una constante en aquellos a los cuales se les experimenta en la hipófisis –glándula especializada ubicada en el cerebro encargada de la producción hormonal, y que estudian para conocer el funcionamiento reproductivo y sexual-, al alterarse su funcionamiento. La sangre de narices se produce porque llegan a través de ella al cerebro y a la hipófisis, utilizando instrumentos quirúrgicos que destrozan los tejidos internos. Los abortos espontáneos se producen porque retiran los óvulos fecundados después del tiempo necesario. Por último el insomnio se produce porque el paciente no quiere quedarse dormido, porque es en la noche cuando duerme cuando lo abducen desde su cama. Esto último es muy aterrador. Las abducciones de este tipo se han dado en llamar como “visitantes nocturnos”.

No soy investigador del fenómeno de los ovnis. Soy solamente un terapeuta y me mueve únicamente ayudar a sanar las emociones de quienes solicitan mi asistencia.

Ese es uno de mis servicios a la humanidad, porque a eso vine, a servir.

Que Dios nos bendiga a todos.

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