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Archive for 24 mayo 2011

El movimiento 15-M (15 de mayo) que ha nacido en España ha remecido las bases de ese país. Un fenómeno con todas sus letras. Pacífico, sin líderes identificables, numeroso, transversal, apolítico y antipolítico, contestatario, fuerte y suave, diferente e indiferente, rebelde y revelador, generoso, tolerante, rupturista, moderno. Su convocatoria se ha hecho a través de las redes sociales (tweeter y facebook), en que cada cual se expresa con igual valor que el otro, en un sueño de hermandad cumplido. El movimiento de los indignados agrupa a jóvenes, adultos y mayores, aun cuando el grueso de ellos está en los veintes. Su lema es “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.  Su reclamo va en contra de la corrupción de los políticos, empresarios y banqueros, lo que se agrava, dicen, por la indefensión del ciudadano común ante la ausencia de un Estado de derecho. Está formado especialmente por los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los que tienen trabajos precarios y por jóvenes desencantados que ven el futuro con preocupación, tristeza y pesimismo. “Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro (cesantía), de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo…”, reza parte de un comunicado de prensa de “Democracia Real ¡Ya!”, una plataforma de internet.

En la madrugada del 16 de mayo fueron detenidos 19 personas que se manifestaban en la Puerta del Sol en Madrid. Al caer la tarde de ese día llegaron no menos de 10.000 personas que a partir de ese día comenzaron a acampar en el lugar. La noche antes de las elecciones se estimó en 80.000 la concurrencia a ese emblemático lugar de la ciudad y de España. Como resultado más inmediato las elecciones fueron un duro traspié para el gobernante PSOE, que bajó en más de 1,5 millones su votación, más de 10%, con relación a la elección anterior. Pero, este movimiento no era en contra de ese partido específico, sino contra el sistema político bipartidista (PSOE y PP), y los jóvenes portaron letreros tan decidores como este: “Mis sueños no caben en vuestra urnas!”. Y con todo esto el movimiento ya ha ganado. Se legitimó. Actuó y produjo resultados.

El movimiento de los indignados ha sido una primera muestra del levantamiento general producido por un cambio de conciencia que se manifiesta a nivel global. Lo que llama la atención es que su aparición se haya producido recién este año, porque la cesantía de los jóvenes de menos de 30 años en España es de más de un 45%, pero desde hace largos años, pero ello tiene relación con la manifestación de ese cambio en el nivel de conciencia colectiva, que ya ha reunido la masa crítica necesaria para producirse.

El fenómeno ha dejado en evidencia algunos aspectos: el descontento de la población ha llegado a alturas indignantes; los partidos políticos no son capaces de canalizar las inquietudes de las gentes; y esas gentes se pueden organizar y movilizar exitosa e independientemente de los medios de comunicación tradicionales, especialmente la prensa escrita. Los medios se enteraban después que se producían las noticias, y estaban ajenos al movimiento, y aún lo están. Llama la atención que uno de los puntos más álgidos está en referencia a los bancos: “¿Por qué hemos de pagar las consecuencias de la especulación financiera ayudando a los bancos a subsistir cuando ellos no conceden apenas préstamos que ayudarían a no cerrar pequeñas y medianas empresas así como a autónomos?

Es un movimiento de bases profundas, alimentadas por décadas por un sistema que ya no da respuestas a las personas, y que se aleja cada vez más de ellas.

En Chile se presentan los mismos síntomas que dieron lugar a este movimiento que tanta solidaridad ha generado en el mundo occidental. Trabajo precario (vea los empaquetadores en los supermercados); subcontratistas en todos los ámbitos y rubros (se evita sindicatos y se mantienen bajas remuneraciones); multiruts ( es decir, que una cadena de supermercados o farmacias con un mismo nombre, logo, giro y accionar tenga un RUT diferente en cada establecimiento: esto hace que sean entonces diferentes empleadores y no haya entonces posibilidad de sindicatos fuertes), personas trabajando una hora el día, sin contrato (es decir sin AFP ni Fonasa), que son consideradas en las estadísticas como personas con trabajo; bancos que logran cifras astronómicas de utilidades; y lo que es peor y más preocupante: una cada vez peor distribución del ingreso. Las cifras macroeconómicas mejoran, como el Ingreso per cápita. Pero lo que no mejora es que un 20% de las cápitas se lleva el 80% del ingreso, y el otro 80% se reparte el 20% restante. Es una bomba de tiempo.

Si somos ciegos a todo esto el movimiento de los indignados va a aparecer. Lo malo será que en un país como Chile la “acampada” no será pacífica, sino que será dolorosa y violenta, porque la idiosincrasia nacional es así: no habla y destruye.

El sistema que hemos creado ya no sirve. No hay equidad. Hay personas que quedan fuera del sistema con demasiada rapidez, y el sistema no espera a que se reincorporen. Pero el sistema es frágil, y basta que Europa, USA o ahora China estornude para que nos pesquemos una pulmonía en Chile. Pero los cambios son inevitables, y vendrán por algún lado, al igual como apareció el movimiento de los indignados en España.

En Chile hemos visto nacer una ola de protestas por lo de Hidroaysén. Partió con una aprobación ambiental hecha por funcionarios públicos obedientes al poder central, lo que constituye un fraude. Aunque sea la institucionalidad que se ha dado el poder político ya desligitima todo lo que sigue. Contra ese tipo de cosas nacieron los indignados. Y nacerán en otras partes.

Requerimos rectitud, seriedad, pulcritud, y como dicen los indignados en España : “…Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas…”

 La felicidad de las personas…

Somos todos uno y lo mismo, y cuando actuamos en contra de la Unidad lo hacemos en contra nuestra también.

Que Dios nos bendiga a todos, y nos ayude a ser felices.


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Hoy conversaba con un par de amigos y colegas ingenieros comerciales acerca de la factibilidad de incorporar las terapias complementarias a una clínica de especialidades médicas tradicional. Ya son pocos los que dudan de los buenos resultados que tienen estas prácticas en la salud de las gentes, así que la idea por lo menos se discute, aun cuando incipientemente. Sin embargo, la incorporación de las terapias complementarias -o alternativas, como suelen llamarse- a un establecimiento requiere de al menos igualar la rentabilidad de la medicina alópata tradicional. Y esa, hoy por hoy, es una quimera, debido a que los conceptos base de ambas son diferentes.

En la medicina alópata tradicional el poder lo tiene el médico. El paciente es un mero espectador del proceso de sanación, que actúa cuando se lo instruyen. El “paciente” paciente es quien espera que el responsable por su salud le llame a viva voz dentro de la sala de espera llena de otros “pacientes” pacientes, para entrar en el mundo desconocido y en el cual no tiene ningún poder. Es el receptor de las instrucciones, de las normas y de las recetas que prescriben fármacos y drogas, llamados “remedios”.  La medicina occidental ha erigido a los médicos como los responsables de la salud de los pacientes. Los pacientes les han dado el poder, que ellos han rápidamente tomado, basados en la supuesta sabiduría que da el conocimiento adquirido en largos años de estudios y especializaciones de las especializaciones, en concluyentes estudios científicos, y en la asistencia interesada de la industria farmacéutica que provee de los milagrosos químicos que permiten atacar y combatir la enfermedad. Hoy día el “paciente” paciente no tiene poder alguno: todo lo tiene el médico, al cual no se le puede rebatir siquiera.

La medicina además sitúa la causa de la enfermedad afuera del individuo. Siempre hay una causa ajena que desata los síntomas: virus, bacterias, hongos, los alimentos, los hábitos, alérgenos, herencia familiar, genes, y ahora el estrés de la vida moderna. Y, el médico tratante, con el fin de rentabilizar su tiempo y el balance y estado de resultados de la organización que lo cobija –clínica, consulta, hospital, consultorio- debe atender al paciente por un lapso no mayor a quince minutos, como norma. La primera atención siempre termina con uno o dos formularios de solicitud de exámenes de laboratorio o imágenes. Durante la consulta el médico rara vez le pregunta al “paciente” paciente el nombre, ya que o está escrito en la ficha que le entrega la secretaria que ya ha hecho el trabajo de anotar datos biográficos, o bien ya está en la pantalla del computador que está al lado del médico, y que es alimentado por el sistema de información central del establecimiento. Queda menos entonces para conversar y tomar contacto con el paciente. Y el paciente paciente sale entonces a realizar su periplo tecnológico hasta tener todo lo solicitado, para llevar a la segunda visita al médico. Aquí ya viene la segunda parte en que termina la entrevista con una senda receta de drogas o fármacos químicos, y en ocasiones algunas recomendaciones de alimentación. Y, “veamos cómo andamos con estos remedios, y dentro de quince días –u otro lapso- nos vemos de nuevo, y si no funcionan los cambiamos”.

Las terapias complementarias o alternativas parten del principio que quien sana no es el terapeuta sino el mismo paciente. El terapeuta es un facilitador del trabajo que debe hacer para sanar: se despierta el sanador interno del paciente para que actúe haciendo lo necesario para la sanación. Y ello es porque se reconoce que la enfermedad no es material en su origen, y que la manifestación física es solamente la representación de un conflicto de larga data, y que mientras más profundo el conflicto más complejos son los síntomas. En las terapias alternativas el terapeuta se pone al servicio del paciente, y lo que busca es que este se empodere, y no al revés. Cuando el paciente recupera su poder puede entonces, en base a su voluntad, comenzar a sanar.

Las terapias complementarias no combaten, no atacan la enfermedad, sino que buscan comprender al enfermo. Y ello no puede hacerse en un espacio de tiempo restringido durante el cual no puede establecerse un vínculo entre paciente y terapeuta. Los terapeutas complementarios no tienen ninguna pretensión de ser científicos, sino que su ámbito de acción va por la comunicación profunda y sincera que permiten todos los sentidos, para poder llegar a conocer el significado de los síntomas. El terapeuta sabe que para sanar de la enfermedad debe salir del ámbito físico e ir a un plano superior, ya sea al nivel emocional, al mental o más allá, al nivel del Alma. Una vez que el conflicto es solucionado en el nivel que se produjo sana el cuerpo. De otra manera no hay redención posible, y el síntoma que desaparece hoy aflora mañana en otro órgano o sistema.

En la terapia complementaria el poder lo tiene el paciente, y no el terapeuta,  y con cada día de trabajo que pasa lo recupera aún más.

Por eso, la dificultad de incorporar la medicina complementaria a las rentables organizaciones médicas privadas es una quimera, porque el paciente a veces sana con la acogida del terapeuta, y ella puede tomar más de los quince minutos de que dispone el médico como norma. La medicina complementaria tampoco receta drogas ni fármacos, por lo que otro negocio queda cojo. La medicina complementaria tampoco necesita exámenes de laboratorio –porque no receta fármacos- ni imágenes, con lo cual otra pata del negocio de las clínicas también falla. Así las cosas la rentabilidad por metro cuadrado disminuye. Los números no cierran.

Yo estoy convencido que muchas personas que van a la atención primaria de salud lo hacen porque necesitan ser cobijados, y si hubiera una red de terapias complementarias que los recibieran se evitaría que los síntomas físicos de muchas personas se agravaran, ahorrándose así recursos en atenciones de medicina especializada o de urgencia.

La enfermedad hoy manda, y en un mundo en que se nos bombardea con ideas que no son verdad y que se convierten en creencias, como son las que nos tiene acostumbrado el gremio médico, la enfermedad sigue creciendo. Para comprenderlo revise los spots de la televisión y los tips que se repiten, como por ejemplo que la lluvia es sinónimo de resfrío, o que la gente que come carne con grasa seguro se muere del corazón. Los que trabajamos en medicina complementaria, y no estamos en el negocio sabemos que ello no es efectivo, y que la salud está en el verdadero poder que tiene cada ser humano.

He visto un hospital que posee una sección de medicina complementaria, ejercida por profesionales colegiados del área de la salud. Y funciona. Pero en una clínica privada, cuyo fin último de los propietarios es maximizar el beneficio por acción tener esto es una utopía.

Pero, confío en que todo cambiará, para maximizar el beneficio de los “pacientes” pacientes.

Que Dios nos bendiga a todos los pacientes de este mundo.

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Uno de los períodos más trascendentales de la vida se produce en esa etapa que va entre la gestación y el parto. Hechos los acuerdos previos se produce la concepción y comienzan nueve apasionantes meses. Esta etapa puede marcar los acontecimientos de la futura vida de ese ser que desde dentro del útero puede darse cuenta de todo cuanto pasa a su alrededor. Desde el primer momento ese ser chiquito va sintiendo y escuchando todo lo que sucede; va experimentando su vida intrauterina. Cuando llevo a los pacientes a ese espacio de tiempo relatan con lujo de detalles asuntos muy emotivos: cuando la madre se da cuenta que está embarazada; la reacción de la madre cuando esto sucede; cuando la madre le cuenta al padre de su embarazo; la reacción del padre al escuchar la noticia; cuando le cuenta la madre a los abuelos y la reacción de éstos. Estos relatos y estos darse cuenta no necesariamente están rodeados de felicidad, como inmediatamente suponemos, sino que muchos de ellos tienen una carga emocional negativa muy profunda, que evidentemente tendrán efecto en la vida futura: un padre que no acepta ni reconoce la paternidad; una madre que no quiere estar embarazada; una situación social o familiar complicada o no aceptada; o muchas otras que se pueden imaginar. Aunque se haya hecho un acuerdo en el espacio entre vidas antes de la concepción estas situaciones se producen y en ello no hay error, ya que a nivel de la energía el error no existe, y son, estas situaciones, las felices y las traumáticas, nada más que oportunidades de aprendizaje.

El ser humano que está en el útero hace toda una travesía de experimentación y no hay nadie, ninguno de nosotros, que haya eludido esta responsabilidad. Durante esta etapa de gestación este pequeño ser es influenciado por los sentimientos, emociones y experiencias de la madre, especialmente, y por las reacciones que la madre tiene ante estos. Hay una superposición de campos vibratorios de la madre y el feto, y este último puede confundir, y de hecho lo hace, las emociones de la madre con las suyas propias, con las consiguientes consecuencias en su vida futura. Por ello, por ejemplo, si una madre se siente abandonada por el progenitor de la guagua, aunque este quiera al ser por nacer y desee su venida al mundo,  el feto sentirá el abandono como propio, y reaccionará ante esa situación en todos los planos. Dentro de las situaciones de mayor efecto futuro están además la indiferencia, la apatía y el rechazo de uno o de ambos padres.

Es importante recalcar que a nivel de energía no existe el error, y no hay ni víctimas ni victimarios, ni tampoco inocentes o culpables, y todo lo que pasa no es más que una oportunidad de aprendizaje.

Es necesario que comprendamos que el espacio de vida intrauterina tiene una enorme importancia en la futura vida de ese ser. Como desde el primer momento el ser en formación tiene plena conciencia y se da cuenta de todo, lo que viva, escuche o sienta en ese período le marcará grandemente. Un embarazo rechazado, rodeado de violencia, de abandono y desamor puede incidir grandemente en una vida en que todas estas experiencias estén presentes repitiéndose a lo largo de ella. Si se une a todo esto la intención o el intento físico de provocar un aborto puede acarrear una vida dolorosamente violenta.

Dentro de los traumas creados en este espacio de vida vienen algunos dados por el sexo que ha elegido el nuevo ser, especialmente cuando éste es el opuesto al que el padre, la madre o ambos desean. En general, los reportes de los deseos de las madres es que aceptan conscientemente el sexo que sea, pero los padres, al revés, tienen una marcada predilección por los varones. Y entonces cuando el padre empieza a expresar sus futuros deseos para vivir con un hijo varón –ir a pescar, ir a jugar al fútbol, salir de caza, realizar excursiones, u otras actividades y deportes predominantemente masculinos- y la guagua que viene es una niña produce en ésta diferentes reacciones físicas, emocionales y mentales, que se traducen en problemas en el nacimiento y en la vida después de nacer. No hay nada más duro para una niña escuchar que su padre repite durante todo el embarazo que quiere un niño.  Y ello puede tener desastrosas consecuencias en su vida, ya que en el espacio intrauterino puede tomar decisiones que la afectarán en su existencia futura. Una guagua en este trance puede tomar decisiones voluntariamente las que cumplirá después a rajatabla, sin medir las consecuencias cuando lo hace. Por ejemplo una niña que escucha a un padre que quiere un niño para realizar acciones que requieran fortaleza física puede inducirla a comer en exceso desde pequeña, para ser “fuerte”, como escuchó que quería su papá, y eso la lleve a tener sobrepeso.

Quiero recalcar un aspecto poco explorado y menos aceptado en la sociedad en la que vivimos, y es que no existe la inocencia. Nadie encarna siendo inocente, ya que todos traemos de una u otra forma la carga de las acciones de las vidas pasadas que se traduce en asuntos que se deben reparar o simplemente experimentarse para aprender de ello, y la vida intrauterina ya es un espacio en que este aprendizaje se comienza a realizar. Repito que, a nivel de la energía no existe el error, ni la víctima ni el victimario, y todo es solamente experiencia. Estamos acostumbrados al lenguaje de los medios de comunicación en que todo es “lamentable”, apartándonos radicalmente de lo que simplemente es. Las consecuencias del pasado pueden condicionar la vida desde la concepción.

Mi consejo a los futuros padres es que acaricien la guata –panza- de la futura madre, hablándole dulcemente al futuro hijo o hija, expresándole el amor con la que lo o la esperan, diciéndole que será bien recibida y que se le dará todo el amor, cuidado y cariño que necesita, y que las experiencias pasadas ya son pasadas y que honrarán el acuerdo; que no se preocupe de nada y que crezca feliz, segura y tranquila en el útero de la madre.

Los padres deben abstenerse de expresar verbal o mentalmente las ideas de escasez, de estrechez económica que creen que producirá la llegada del nuevo integrante así como las ideas de complicaciones de vida y deben evitar anticiparse a las posibles incomodidades o problemas que acarreará su llegada al mundo. De ese modo podrán recibir al futuro hijo o hija confiando en que lo que pase será lo que tenga que pasar y que todo estará perfecto para el aprendizaje de todos.

Para los que quieran ahondar en el acuerdo que se hace entre los padres y la guagua antes de encarnar les recomiendo que lean el artículo:

https://caminosdelalma.wordpress.com/2009/12/24/un-acuerdo-entre-tres/

Que Dios nos bendiga a todos, especialmente a los que no han nacido aún a esta vida.

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