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Archive for 23 julio 2011

Hace algunos días atrás un pasajero del Metro de Santiago asesinó a balazos a dos personas, hirió a cuatro más y luego se suicidó en una plaza cercana a la estación. Una persona que pasó al lado de él momentos antes de acabar con su vida comentó que éste “iba hablando solo”, y escuchó que decía “«déjenme, déjenme», como si alguien le persiguiera”. Este hecho que ha causado tanto dolor en muchas familias, ha sido objeto de muchos comentarios de prensa e interpretaciones de los llamados “especialistas” en conductas humanas.

En mi experiencia este caso es uno más de las llamadas posesiones espirituales, que son energías o almas que se alojan en el campo vibratorio de las personas, doblegando su voluntad, induciéndole a realizar acciones que de otro modo no realizarían. El desconocimiento de la realidad espiritual –es decir, el desconocimiento de quienes somos en realidad-; la presión científica y el método científico que es incapaz de dar alguna explicación para lo que no se puede mensurar; las arraigadas y limitantes creencias religiosas y culturales, -en que todo esto es tratado desde el desdén e incredulidad y la burla- son todos impedimentos muy importantes para que las personas afectadas puedan sospechar sobre la existencia e influencia de esta situación, y ni pensar en la posibilidad de tratar el fenómeno. Para poder interiorizarnos en este conocimiento “desconocido” por las academias y estudiantes es necesario ir a lo básico, y es que cada cuerpo humano es habitado por un Alma, quien es la que se manifiesta a través de ese cuerpo físico. Esta Alma es la que comienza su proceso de “alojamiento” desde el momento mismo de la concepción, y que va completando lentamente a medida que el cuerpo crece. Al final, cuando ese cuerpo muere el Alma se desprende de él, y su paso natural es ir a la Luz, donde es recibida con compasión y amor, para seguir su camino de natural crecimiento y aprendizaje. En la Luz puede descansar, y prepararse para la próxima encarnación, en acuerdo con los maestros. Eso es lo natural de todas las Almas. No hay un lugar de castigo ni expiación; no hay un lugar de juicio ni condena, sino solamente un espacio en que se recibe amor. La preparación para una nueva vida considera entonces las acciones pendientes de la o las anteriores, y su aclaración o reparación que se realizarán en ella.

Cuando los cuerpos han sufrido muertes violentas, es común que las Almas no vayan a la Luz, por estar en un proceso de confusión muy profundo, y quedan en un espacio intermedio entre este físico y en siguiente nivel, pudiendo ver, sentir y escuchar todo lo que pasa, pero no pudiendo intervenir en este espacio físico por no contar con un cuerpo a través del cual manifestarse. Es entonces que muchas deciden buscar otro cuerpo, ya ocupado por otra Alma, para alojarse, en la pretensión de seguir teniendo una experiencia humana: estas son las Almas perdidas. Pero, para poder entrar a otro cuerpo y alojarse en el campo vibratorio de esa persona, se requiere que ésta reúna ciertas condiciones que producen el debilitamiento de su campo vibratorio con lo cual puede ser “invadido”, y ello puede producirse por variadas razones: pérdida de conciencia (desmayos, golpes, anestesia general); episodios traumáticos (rabia, furia, peleas, accidentes, situaciones estresantes); enfermedades desafiantes de largo desarrollo u hospitalizaciones prolongadas en que se pierde energía vital;; acontecimientos desvitalizantes (pena, desánimo prolongado, duelo); debilidad o alteración emocional al visitar hospitales, clínicas, cementerios, morgues, cárceles; adicciones (alcohol, tabaco, sexo); ambiente laboral complicado y profesiones inherentes a ellos (hospitales, cementerios –actuales o de antiguos habitantes-, policía, gendarmería, y otros); actividades peligrosas (espiritismo, jugar a la tabla ouija –este es quizás lo más peligroso de todo-); pactos con la oscuridad o ser objeto de trabajos de magia negra; muertes violentas (accidentes automovilísticos o similares, ataques cardíacos, asesinatos, suicidios).

Cuando un Alma perdida se instala en el campo vibratorio de una persona esta comienza a tener actitudes, emociones, conductas o pensamientos que no le son propias, y que nunca lo fueron antes. Algunas personas se dan cuenta de ello, pero la gran mayoría no son conscientes de lo que sucede, ya que siempre se cree que lo que sucede es propio, y no se piensa en alguna influencia externa.

Las manifestaciones más comunes de este fenómeno –y que son relatadas por quienes las sufren, por los parientes cercanos de éstos o por quienes les conocen- son, entre otras: escuchar como si alguien le hablara, le sugiriera o le dictase órdenes; sentir claramente pensamientos ajenos; tener conductas que no le son propias (“cuando toma un trago se transforma”, “parece que no es él (o ella)”, “hay momentos en que pienso que es otra persona”, o asuntos parecidos); sentir como si alguien tratase de forzar la voluntad (que es claramente lo que sucede).

La posesión puede comenzar desde la más tierna infancia, ya que las situaciones que debilitan el campo vibratorio no tienen relación con la edad. Es más, los niños pueden ser más susceptibles de sufrir algún episodio que le haga abrir su aura (campo vibratorio), como por ejemplo algún episodio de pena o de desprotección, como la que sucede cuando son golpeados por quienes tienen la misión de cuidarlo y protegerlo, como son los padres. Las consecuencias de las posesiones pueden ser tan importantes como ser causa de homosexualismo –al estar invadido desde muy pequeño o pequeña por un Alma perdida del sexo opuesto, que comienza a dominar al anfitrión al enfrentarse a la madurez sexual, induciéndole entonces a buscar relaciones del mismo sexo-.

Es necesario comprender que el Alma se fragmenta, y ello sucede cuando ocurre alguno de los fenómenos descritos anteriormente. Al suceder la fragmentación hay un espacio vacío, que debe ser llenado por otra energía, y estas provienen de las Almas perdidas.  Algunas de las manifestaciones de estas pueden ser, entre otras: trastornos de conducta; obsesiones (de todo tipo); cambios de humor repentinos; cansancio crónico; falta de voluntad y energía; conflictos de pareja y afectivos; fobias; miedos; ideas de suicidio; enfermedades sin explicación médica; cambios de conductas acostumbradas –social, sexual-; depresión; anorexia; obesidad, entre otras.

En el caso que nos preocupa el relato que hace la señorita que se cruza con él poco antes de su suicidio es bastante decidor de lo que le podría haber sucedido a esta persona, y que dice relación con la posesión espiritual por al Alma o energía que le indujo a realizar la matanza. El autor de los disparos, según relata el periodismo, estaba en situación delicada emocionalmente por haber estado sin trabajo desde algún tiempo, y esta baja de su energía pudo haber gatillado la invasión externa. Sin embargo, puede también haberse tratado de una posesión antigua, que va adquiriendo con el tiempo mayor preponderancia en la manifestación de la personalidad, y que termina por imponerse a la propia voluntad.

Una nota sobre la tabla ouija. Esta tabla adivinatoria tiene como característica principal que los participantes en ella abren su campo vibratorio, por su involucramiento en la actividad, y el juego permite la apertura de portales a otras dimensiones, donde se encuentran muchas almas esperando alguna oportunidad para manifestarse. Sabemos que como es abajo es arriba, por lo que no es improbable que se encuentren espíritus de baja calidad y peores características, y que ante la menor oportunidad proceden a invadir un cuerpo convirtiéndose en  molestos huéspedes. Alguno de ellos pueden servir al principio al anfitrión, haciéndole obtener algunas ventajas en la vida, ganándose la confianza poco a poco, hasta llegar a empezar a sugerir tomar conductas conflictivas o francamente negativas, como por ejemplo, cometer acciones deleznables con otros seres humanos.

Es posible que la influencia haya venido manifestándose desde ha ya mucho, y haya entrado al anfitrión en alguna oportunidad de gran conflicto afectivo o físico, y culminó con la acción de violencia que costó la vida a otras personas y a él mismo. Es posible que el Alma perdida haya sido la de un suicida, que cree que su acto fue infructuoso y busca repetirlo para tener el buscado éxito, que no llegará jamás porque nunca morimos: lo único que muere es el cuerpo que habitamos.

Que Dios nos bendiga a todos.

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