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Archive for 26 septiembre 2011

La célula cancerosa o cancerígena no tiene otra finalidad que el crecimiento desmesurado, sin importarle lo que le suceda al resto, sin límites, sin respetar ninguna regla, y haciendo caso omiso a su misión como parte de un órgano en el cuerpo humano. Es agresiva, y no duda en fagocitar a su hermana, y en esclavizar a otras.  No tiene ningún concepto moral y pierde su identidad y función, y deja de ser célula específica. Tiene afán de conquista, y sale a dominar otras células en otros órganos, en lo que la medicina llama metástasis.  Esta célula, la cancerosa, es una muestra de la mayor individualidad que podemos encontrar en la Tierra, ya que no le interesa su equipo original, vale decir las otras células de similar naturaleza y condición de un mismo órgano, que tienen una misión específica y común: piensa sólo en sí misma. Además, siempre anda en estado de urgencia, y no está dispuesta a morir programadamente, como todas las células del cuerpo humano, y no acepta entonces su reemplazo por alguna célula nueva que pueda realizar la función original en la forma establecida. Tiene una imposibilidad de medir las consecuencias de su accionar y no se subordina al bien común.

Pero, la paradoja de la célula cancerosa es que ¡ella muere como consecuencia de la muerte de su anfitrión!

El cáncer puede afectar a casi todos los órganos del cuerpo, con excepción del corazón. ¿No es paradójico esto también? El corazón ha sido siempre reconocido como el órgano en que radica el amor -el amor por el otro u otra, por el compañero o compañera, por el amor filial, por el amor paternal, por el amor por el prójimo, en fin, por la humanidad toda-, que definimos como nuestro centro energético –siempre que hablamos de nosotros mismos señalamos con un dedo la zona de nuestro corazón-, y muchos han hablado del corazón como el lugar en que reside nuestra Alma. El corazón es el órgano al que se le habla cuando se quiere llegar profundamente en los sentimientos de las personas, y se dicen muchas cosas en relación a ello, como por ejemplo hablar de corazón a corazón, o escuchar con el corazón abierto, o actuar de corazón; todas ellas referidas a la pureza más absoluta del amor incondicional.

Hoy, como humanidad nos enfrentamos a un cáncer generalizado, reflejado en un sistema económico cuyos actores actúan todos como célula cancerígena. Observe la naturaleza de ella y compárela con los que participan en este. Los actores del aparato económico piensan que su crecimiento puede ser tan desmesurado –así como el crecimiento de los países-, sin reparar que el planeta es finito. Cada cual actúa como si el otro no importara, en una carrera desenfrenada, con una urgencia sin frenos. ¿No es una muestra esto del error? Observe las características de la célula cancerígena y compárela con cualquier muestra de actores económicos o economías de países, y saque sus conclusiones.

El sistema político tampoco anda ajeno a este reflejo. Estamos acostumbrados a escuchar a docenas de personas que dicen tener vocación de servicio público, y que dicen servirnos al resto con su entrega desinteresada, pero al final dichas personas lo que pretender es servirse del sistema en beneficio propio y particular. El ego de los políticos los lleva a moverse en las aguas turbulentas del provecho personal, utilizando para ello todas las armas posibles, y no dudando en mentir y usar el resto para sus fines. ¿Acaso se diferencia su comportamiento del de las células cancerígenas?

El cáncer comienza después del colapso del sistema de defensa del cuerpo. ¿Cuándo comenzó el colapso de nuestro sistema social, de nuestro sistema económico, de nuestro sistema de vida en el fondo?

El cáncer es el producto de la negación de uno mismo. Cuando no se hace lo que se vino a hacer, -cuando se actúa para satisfacer a otros o al sistema familiar o social-, y él representa fundamentalmente la pérdida de nuestro estado de equilibrio, del desconocer o rechazar la función que vinimos a hacer a la Tierra, para hacer otra cosa, ya sea dominado por emociones negativas como la rabia, el odio o el remordimiento, o la simple –y complicada a su vez- culpa. Hoy estamos asistiendo a la negación cada vez más evidente de lo que somos como hombres seres con cuerpo, mente, emociones, Alma y Espíritu, reduciéndolo todo solamente al cuerpo. Las células cancerosas, con un tremendo aparato de difusión y marketing en funcionamiento, convencen cada vez más a células sanas que su accionar es aceptable, sin reparar que lo que se prepara es fagocitarlas.

Pero ello asegura, al igual que al cuerpo, solamente la muerte del sistema.

Que Dios nos bendiga.

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Invitación a charla sobre fenómenos paranormales, a realizar el martes 27 a las 19:45 horas.

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El día 2 de septiembre de este año, poco antes de las seis de la tarde en aguas del archipiélago Juan Fernández, isla Robinson Crusoe, se precipitó al mar un avión de la Fuerza Aérea de Chile con 21 personas a bordo, resultando todas ellas muertas. Dentro de los pasajeros estaba un animador de la televisión chilena, Felipe Camiroaga, acompañado de gente de su canal, que incluía periodistas y técnicos, un equipo de una organización privada creada con la finalidad de asistir a los damnificados por los efectos del terremoto y maremoto del 27 de febrero del año pasado encabezado por su creador, Felipe Cubillos, y algunos de sus cercanos colaboradores, y personal de la Fuerza Aérea, incluidos altos oficiales. El país se vio convulsionado por las consecuencias de este accidente, por lo popular de algunos viajeros y también por la misión humanitaria en la que estaban involucrados, y que era la que los llevaba ese día, como tantos otros antes, a la isla, y el gobierno decretó dos días de duelo oficial.

He escuchado en repetidas oportunidades, y bastante repetidas por cierto, que el país sufrió una pérdida irreparable, especialmente por la de Felipe Cubillos, quien organizó una misión de ayuda inmediatamente después del 27 F, para socorrer las localidades y personas afectadas, de modo tal que se levantaran y retomaran sus vidas y actividades, sin solicitar ayudas estatales, comprometiendo sus recursos y fundamentalmente su empeño. Felipe Camiroaga cooperaba en la misión, también sin cobrar por ello ni un peso, en su papel de popular comunicador.

Quiero reparar en que estoy seguro que sus muertes no son pérdidas, bajo cualquier prisma que se las mire.

El terremoto y maremoto de la madrugada del 27 de febrero del 2010 fue un acontecimiento muy importante en la vida de muchas personas en Chile, aun cuando muchas de ellas no puedan darse cuenta todavía. Ese fenómeno de la Tierra nos puso de cara a la muerte. El país entero enfrentó a la parca, propia o ajena, porque en un país pequeño como este, en que la zona afectada fue muy extensa, no hubo nadie que no la sufriera, en carne propia o por la de algún querido pariente o amistad. Muchos agradecieron a Dios que no les hubiera pasado nada, otros agradecieron seguir con vida simplemente. Muchos agradecieron a Dios no haber perdido nada material, muchos otros agradecieron poder enterrar sus muertos.

Como consecuencia de ello, ante la precariedad de la vida,  más tarde o más temprano los chilenos nos hemos visto en la necesidad de tomar conciencia de las cosas importantes en la vida. No hay necesidad de hacer juicios –ni tampoco derecho de hacerlos- sobre quienes lo han tomado o quienes no lo han hecho aún, y siguen en su desenfrenada carrera por lo impermanente, porque los tiempos no son iguales para todos, y eso es lo que hace la naturaleza y los acontecimientos como el del avión, recordárnoslo. ¿De qué otra manera se lo va a hacer si no se quiere escuchar?

Por eso esas vidas no fueron una pérdida. Hemos ganado todos los que quedamos vivos gracias a ellos. Su partida nos ha calado hondo, para que meditemos sobre lo que hacemos, sobre lo que perseguimos en este caminar por esta existencia.

No se trata de imitar la vida de alguno de los que se fueron. Ni de continuarla. Ello no es necesario, porque cada cual tiene su propio camino, cada cual tiene su propia misión, porque somos todos diferentes, somos únicos e irrepetibles. Por eso no hemos perdido a nadie, hemos ganado a algunos, que nos sirven como faros en el inmenso mar en que navegamos, para señalarnos el derrotero, para alumbrarnos.

Es necesario que nos demos cuenta que necesitamos más amor y comprensión y menos armas. Necesitamos más amor y desterrar el miedo que no nos deja movernos hacia lo que nuestra Alma necesita manifestar. Necesitamos ser más hermanos y menos enemigos. Escuchar dos veces y hablar una. Dejar de perseguir bienes materiales para ir a perseguir bienes espirituales, aquellos que nos hacen libres y permiten dar la libertad al resto. Es necesario que dejemos de tener razón para comenzar a tener más corazón, y no hacerlo tan duro que haya que repararlo con cirugías. Necesitamos abrirnos a comprender que somos iguales, y que lo que es bueno para mí a lo mejor no lo es para el prójimo, ese mismo prójimo que dijo Jesús que había que amar. Es necesario que reparemos en que el planeta no tiene repuesto, y que lo que le hagamos a él nos lo estamos haciendo a nosotros y a nuestros seres queridos, a nuestros hermanos, y a los que vendrán, que no podrán ver ni gozar lo que nosotros tuvimos oportunidad.

Por eso las muertes de estas personas no han sido una pérdida. Lo serán si no le damos un giro a nuestras vidas y desterramos aquellas creencias que nos mantienen atados a aquello que no nos podremos llevar cuando emprendamos el último viaje.

Ellos nos han marcado un camino. Aprendamos de ellos.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Uno de los espacios poco explorados en la terapia de vidas pasadas tiene relación con la elección del nombre que se llevará en la vida que está por comenzar. Es habitual que los pacientes relaten que les sugieren el nombre que quieren llevar a sus madres mientras están en el vientre e incluso el nonato influye en ocasiones también en su padre. Mientras el ser humano está en gestación en el útero materno está en una simbiosis completa con su progenitora, y sus emociones y sensaciones son a menudo una confusión en cuanto a su propiedad. Terapéuticamente se trabaja el período de gestación para que el paciente tome conciencia de cuáles eran sus sensaciones y emociones y cuáles eran las de su madre. Las emociones de la madre durante la gestación influyen seriamente en el desarrollo de la personalidad, ya que en muchas ocasiones dejan huella en el hijo o hija, quién no sabe que esas emociones no fueron propias. Una madre que pasa un embarazo con mucho miedo a ciertas situaciones de la vida, como por ejemplo temor a la escasez económica futura como consecuencia de tener que sacar adelante a su guagua, puede influir grandemente en esa hija o hijo, produciendo el mismo temor a la precariedad económica en ella o él, lo que manifestará después en la vida, marcándole. El proceso terapéutico pasa por llevar a vivenciar esas sensaciones y emociones al o la paciente y luego ayudarle a que se dé cuenta que no le pertenecían, para luego cortar con ese lazo energético. Pero la influencia en la elección del o los nombres es de singular importancia, porque además tiene relación con los asuntos que se viene a trabajar o a aprender en la futura vida. Es de suyo complicado este asunto de los nombres, porque representan muchas cosas por sí solos –todos los nombres tienen un significado, que de una u otra forma sabemos antes de nacer-, pero además pueden representan familiarmente  asuntos muy potentes, al igual que en el aspecto social.

El nombre elegido condiciona fuertemente la vida, porque identifica al propietario de él con la vida que va moldeando. Recordemos que el lenguaje condiciona fuertemente nuestro accionar, porque el verbal es el lenguaje del lado izquierdo del cerebro, aquel que se expresa en la vida, tal como expliqué en el artículo Ver las señales (https://caminosdelalma.wordpress.com/2011/09/08/1234/) recientemente publicado. Entonces lo que sucede es que nos vamos identificando con lo que significa o sugiere el nombre –o el apodo- que tenemos, y no es un asunto que se haga conscientemente. Como ejemplo puedo citar que hace un par de meses enterré mi sobrenombre –Lucho- precisamente porque me cansé de luchar. ¡Imaginen cuán poderoso es un apodo como el que yo he tenido siempre! Y toda mi vida, mirando ahora en retrospectiva, ha sido una lucha, (y lo digo con propiedad, porque la conozco bien). Ahora pido que se me llame Luis. Incluso Luis Alejandro. Luis es un nombre de origen germano –guerreros por antonomasia- y quiere decir justamente “guerrero glorioso, o guerrero preclaro”, ¡pero es un guerrero! Alejandro significa “protector”, y es de origen Griego. ¡Cuánta fuerza hay en ambos nombres! Cuando logré darme cuenta de lo poderoso del apodo que he llevado, y lo enterré –literalmente- mi sensación interna comenzó a cambiar, y poco a poco, la lucha va cesando. Tampoco es un asunto de un día para otro porque el proceso que tardó décadas no puede ser erradicado tampoco de una plumada, pero sí es notorio. Ahora, cuando alguien me llama Lucho me percato de inmediato en la fuerza del apodo, y me centro firmemente en mi intención de aceptar y no luchar.

Hay nombres muy potentes. En nuestra cultura cristiana occidental uno de los nombres más poderosos es María. María simboliza una serie de cosas, como pureza, castidad, virginidad, virtud, decencia, decoro, moralidad, candidez, por nombrar las más comunes. La mujer que lleva este nombre íntimamente ha adoptado estas características, las que conscientemente puede tratar de respetar. Puede que el respeto a ese nombre sea lo que tenga relación con su aprendizaje en la vida, con su misión u objetivo, por lo que ayudará grandemente. Pero, por el contrario, si no fuese ese su objetivo el nombre claramente producirá –íntimamente, repito- consecuencias adversas. Más aún, si la mujer es de creencia católica su actuación divergente al significado del nombre puede provocar culpas.

Hay nombres muy sugerentes, que tienen mucho poder. Son nombres comunes, que van poniéndose de moda por épocas, pero que van marcando. Algunos no necesitan de mayor explicación: María Soledad, por ejemplo. O simplemente Soledad. Ambos nombres de mucha fuerza. Amparo es otro nombre con un significado claro. Imagine ahora María Amparo. Puede tener un tremendo impacto en la vida. O Pilar, o María del Pilar. Una Pilar siempre llevará ese significado y de alguna forma se constituirá en un pilar para otros, y puede que se abandone a sí misma para servir de pilar a esos otros. María Auxiliadora es otro nombre poderoso. Pamela significa en griego miel, dulce. Pastora es la que apacienta el rebaño.  En nombres de hombres hay también ejemplos significativos. Sebastián, por ejemplo, significa venerado, o augusto, es decir que merece respeto y admiración por su majestad y excelencia. Miguel, nombre de un arcángel (príncipe de ángeles) significa Dios es justo. Un nombre como Miguel Ángel es doblemente poderoso, y ejercerá un significado importante en la vida. Jorge es un nombre griego que significa el que trabaja la tierra, o agricultor. Dámaso es el domador. Marcial es el guerrero, nacido bajo el signo de Marte, el dios de la guerra. Nazareno es de origen hebreo y significa corona, o flor. Osvaldo es el gobernante divino. José es un nombre hebreo que significa al que Dios engrandece, o el que añadirá, y es una derivación de Yahvé, el nombre de Dios, por lo tanto tiene una potencia muy marcada.

El nombre tiene una importancia principal en la vida, y puede marcarla, a lo mejor en modo imperceptible, poco a poco, pero es muy importante entender que ello sucede, en mayor o menor grado dependiendo de cada quien. Hay muchas personas que se cambian el nombre y se ponen otros diferentes para identificarse. Ello se da en las artes -poetas  como Neftalí Reyes Basoalto que pasó a llamarse Pablo Neruda y Lucila Godoy Alcayaga que fue Gabriela Mistral, por ejemplo-, artistas de cine y televisión, escritores, guías espirituales, pintores, cantantes (Roberto Sánchez era el recientemente fallecido Sandro), deportistas y otras expresiones del acontecer humano.

Las familias tienden a repetir los nombres de los progenitores en la descendencia, y suele ocurrir a menudo que éstos repiten las actuaciones, gustos, preferencias, profesiones y personalidades de aquellos.

El nombre tiene mucha importancia en nuestra vida, y tiene también una razón de ser. No es casual, como nada lo es.

Que Dios nos bendiga a todos.

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El país ha estado conmovido en las últimas semanas. Pasan muchas cosas simultáneamente. Conflicto estudiantil, toma de conciencia que el sistema económico solamente satisface a algunos y que para otros es una carga difícil de sostener, fraudes económicos, crisis institucional, social, religiosa, política, accidentes y muertos. Es época de profundos conflictos, y se vienen uno sobre otro, no se detienen, no dan tregua. Hemos pedido tanto y tantas veces que las cosas cambien que parece que todo se nos viene de golpe. Por eso hay que ser cuidadoso con lo que pedimos, porque puede cumplirse.

El accidente de Juan Fernández, que dejó 21 personas muertas ha remecido al país. Es posible que las razones no las podamos conocer aún, porque ellas lo más probable es que estén en el futuro. Hoy solamente nos aventuramos a dar alguna tímida, esforzándonos algunos en ser lo menos emotivo que se pueda, o lo más que se pueda los más, y las columnas, ruegos y plegarias se suceden una tras otra. Ahora se sumó un nuevo fallecido por un accidente de un avión en tierra. Son entonces 22 los muertos.

Yo no hablo de víctimas ni mártires ni santos. Aunque muchos lo ignoran –o lo quieran ignorar- las Almas tienen un propósito en la vida y se juntan para partir al mismo tiempo. Cada una sabe lo que tiene que aprender en su paso por la vida, y en su muerte, y qué dejar para que el resto aprenda. Todos aprendemos con las experiencias de vida, y esta ha sido una más. Los muertos han terminado su caminar por esta experiencia, aprendiendo de la vida y de la muerte. Los vivos aprendemos de su muerte, y vivimos entonces lo que debemos aprender sin ellos. Pero es todo un aprendizaje, y los que se van son unos maestros para que el resto aprendamos. No hay víctimas, no hay mártires. Cada cual hizo lo que tenía que hacer, como sea que lo hizo ya lo hizo. Y no hay santos, porque el simple hecho de morir no convierte a nadie en santo.

La muerte de figuras públicas, especialmente de la televisión, ha causado un fenómeno muy particular, y es la muestra de dolor de mucha gente, que no encuentra consuelo. Pero la pregunta que me hago es, ¿Por qué tanto dolor? Las muestras de dolor vividas y transmitidas a todo color las 24 horas del día por la televisión llegan por momentos a sobrecoger. Llanto, gritos, canciones, flores, lágrimas, algunas reprimidas, velas, fotografías, discursos, gargantas apretadas, desconsuelo desplegado cual bandera al viento. Sin embargo me pregunto ¿qué es lo que se llora? Las personas están tan identificadas con las figuras públicas que viven sus vidas, interpretan sus cosas, visten sus ropas, y la propia vida, la que tienen por misión divina vivir la han dejado de lado. A tanto llega su identificación que comienzan a vivir la vida de la figura pública, y ya no viven la propia. Los programas de farándula y los matinales fomentan el elevar a los más altos altares a sus figuras, y la delgada línea de lo público y lo privado se pierde ante la visión del fuego fatuo de la fama, efímera, y del dinero rápido y cuantioso. Y cuando se comienza a vivir la vida del otro, del famoso, comienza la muerte propia. Ese es parte del dolor que se ha visto profusamente, la propia muerte en vida. Y lo doloroso es darse cuenta que se está muerto en vida, y se vive a través de otro que ni siquiera se ha conocido, sino que solamente se ha visto por la pantalla.

Ha sido de tal magnitud la manipulación de lo acontecido que el país ha estado casi paralizado por días, pendientes todos de la aparición de restos materiales y humanos, buscando culpables y haciendo elucubraciones técnicas y de las otras. Juicios a raudales por doquier, y oraciones para que se cumpla lo que la gente quiere. Lo humano en su más alta dimensión. Incluido el juicio a Dios por la “injusticia” del suceso. Dos semanas en que se abatió la epidemia del resfrío. Claro, la pena cuando no tiene otra forma de expresarse se expresa a través del cuerpo como resfrío. Y ello porque como no estamos preparados para la propia muerte manipulamos el conflicto que se nos provoca su cercanía, resfriándonos.  Cercanía digo porque es cuando nos damos cuenta que es parte de nuestra muerte, de lo que pasó y no nos dimos cuenta, de lo que dejamos de ser para ser otro. A muchas personas se les produjo afección a la garganta, y ni siquiera palabras les podían salir. Perdieron, literalmente, el habla. Otras personas sufrieron problemas circulatorios, algunos graves y otras sufrieron simples alzas de presión. Cuando no se pueden controlar los acontecimientos la presión se dispara. Por eso, el hipertenso, con la sola mención de la muerte se descompone, porque no puede controlar la muerte ajena, y lo que pretende –en el fondo- es controlar la propia. Sabe que algún día el momento de dejar el cuerpo llegará, pero el temor del proceso lo mantiene tenso, muy tenso, hipertenso.

Para aquellos preocupados por las Almas de todos lo que iban en el avión es probable que todos hayan pasado sin problemas a la Luz, ayudados por sus maestros y por los seres de Luz. En mi experiencia personal he visto, y leído en otros reportes, que en el caso de muertes masivas, todas las almas son encauzadas compasivamente hacia la Luz, calmándoseles al ser recibidas con mucho amor. Es probable que haya pasado lo mismo en este caso, y más aún si las muertes son para el aprendizaje y toma de conciencia de los que quedamos aún vivos.

Por eso, la explicación de lo que ha pasado es probable que esté en el futuro, y no seamos capaces aún de verla, pero mientras podemos hacer algo por nosotros mismos, y es tomar nuestra vida en nuestras propias manos, vivirla, soñar, recorrer el mundo, sentir la Tierra bajo nuestros pies, gozar de los atardeceres y contemplar los amaneceres, abrazar a los seres queridos, reír, divertirnos, hacer más de lo que queremos y menos de lo que no queremos, ser congruentes con nuestra Alma, para hacer lo que tenemos que hacer y no lo que nos conviene en un determinado momento, porque lo mismo que hoy es la fuente de nuestra tristeza mañana será la de nuestra alegría.

Que Dios nos bendiga a todos.

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He recibido en estos días alguna demanda para asistir a personas con adicción al tabaco. A continuación explico a grandes rasgos el tema de las adicciones y una forma de tratamiento.

Uno de los trastornos que nos ha traído la vida moderna, que al parecer tiene más de moderna que de vida –como dice Mafalda-, son las adicciones. Dentro de las más conocidas están la adicción al tabaco, al alcohol, a las drogas –marihuana, cocaína, heroína, hachís-, al sexo, al juego, al riesgo, a los medicamentos y productos químicos y a la comida. Se ha gastado mucha tinta en relación a este tema, y no aparece aún una sanación “tradicional” que satisfaga. Los profesionales de “la salud” -léase psiquiatras- tratan estas adicciones con drogas, las que no logran su objetivo, y los resultados son precarios. Claro, es que “combaten”, y no comprenden la adicción ni los por qué se produce.

En otros artículos he tratado el tema de las posesiones espirituales, y las consecuencias que ellas acarrean en la vida de las personas. Sin duda que este tema atemoriza a muchos, y como decía el Dr. Ronald Schulz G., médico chileno especialista en regresiones, ya fallecido, en su libro “Desatando nudos”: «Estoy consciente que entro en un terreno difícil de explicar, y más aún, de manejar. Pero no podría dejar de hacerlo, porque en mi trabajo de regresiones, sin querer ni buscarlo, di de lleno con él.

Para un médico que ha tenido una formación universitaria de siete años, y más adelante un posgrado de cuatro años, más todo un quehacer con la metodología científica, no es fácil adentrarse por estos terrenos. Son campos con sabor a brujería y medioevo, o mejor, a tiempos bíblicos, en que se expulsaba a los demonios y espíritus inmundos. Pero así y todo, yo di en él, y he aprendido de mi trabajo diario, sobre todo porque el fenómeno es más frecuente de lo que yo jamás hubiera imaginado

Mi estimado y querido profesor Dr. José Luis Cabouli escribe: «El desconocimiento de la realidad espiritual, el escepticismo, el cientificismo y las creencias culturales y religiosas facilitan el accionar de estas energías intrusas e impiden que una persona pueda tomar conciencia de la influencia de estos seres en su vida.»

Hoy día la bibliografía sobre el fenómeno es amplia y de muy buena calidad, y el estudio y la experiencia en el tema es vasta, por lo que ya ha dejado de ser atemorizante. Es verdad que para trabajar con las posesiones hay que tener una comprensión acabada y completa del asunto, y como dice la Dra. Irene Hickman «Otro requisito es una profunda comprensión de la filosofía en la que se basa la terapia de la regresión. … La seguridad y la confianza en sí mismo son de gran ayuda, por lo que los timoratos es mejor que se abstengan de involucrarse en el trabajo de desposesión.»

Las adicciones son un fenómeno que habitualmente producen las posesiones por las almas perdidas. Estas son trozos de almas de personas que han muerto –por lo general- en condiciones traumáticas. Y cuando acontece la muerte el Alma -o un trozo de ella- no se va a la Luz –espacio al que van todas las Almas cuando la vida llega a su fin-, y permanecen pegadas al espacio terrestre, desorientadas, confundidas, sin saber qué hacer y sin dirección. Muchas de ellas han decidido no atravesar el portal e ir a la Luz, a pesar de que los salen a buscar y los llaman amorosamente desde allá sus seres queridos o los seres de Luz, o ángeles o maestros. Muchas Almas prefieren ignorar el llamado, como consecuencia de su condición de confusión por la muerte traumática. Estas Almas sienten que no han completado lo que tienen que vivir, y como no están preparadas para pasar al otro plano deciden quedarse en este. Lo lamentable para ellas es que ya son incorpóreas, y en esta condición no pueden interactuar con los seres humanos. Cuando un Alma perdida se queda en el plano terrestre queda con los recuerdos de la última vida que vivió. Si en la vida fue una prostituta seguirá con la necesidad de tener sexo. Si era un drogadicto seguirá con la necesidad de consumir drogas. Si era un alcohólico seguirá con la necesidad de tomar alcohol. Si era un glotón seguirá con el deseo de comer en abundancia o exceso. Y entonces, al quedarse en este plano, buscan un huésped en el cual alojarse, para continuar con lo que creen “es la vida humana”, tranmitiéndole entonces su adicción a esta persona. Es, repito, una lucha de voluntades, la del invasor y la del invadido, por imponer la voluntad. Cuando se produce la adicción es claramente la voluntad del invasor la vencedora.

El trabajo de dejar las adicciones es un trabajo de limpieza de energías ajenas al adicto, de desposesión. En la regresión se identifica a aquella Alma perdida que induce al anfitrión a seguir con la adicción del huésped, para luego lograr que siga su proceso natural de ir a la Luz, a descansar, a regenerar su energía, a recibir amor y cuidados, librando de ese modo a aquel de la adicción. Sin duda alguna que el período que el paciente ha pasado en la adicción ha dejado una huella en su personalidad, y en sus cuerpos físico, mental y emocional, por lo que es posible que a pesar de las instrucciones que se le dan en el estado de conciencia expandida en que se trabaja se vea en dificultades para poder superar dicha adicción. Por ello la férrea voluntad del paciente es tan necesaria. Por de pronto la primera expresión de ello es someterse a la terapia, y la siguiente es dominar los posibles deseos de reincidir en la adicción. En la adicción al cigarrillo el asunto es de singular importancia, ya que el tabaco contiene más de 100 productos químicos autorizados, algunos de ellos adictivos, y otros producen variados efectos, como por ejemplo, supresores del apetito. Por ello cuando las personas dejan de fumar aumentan de peso.

Una vez realizada la desposesión y liberado el paciente de la causa primaria de su adicción, y reforzada la nueva realidad con las poderosas instrucciones en estado de conciencia expandida –de rechazo especialmente-, es recomendable realizar una iluminación al paciente, limpiando de los centros energéticos la energía antigua que informa al cuerpo y predispone a la adicción, y poner energía limpia y pura, lo que contribuye a cortar la afinidad con las posibles energías intrusas similares a las que se sacaron y que pueden llegar para hacer repetir las conductas anteriores, y reforzando entonces la fortaleza personal para mantenerse en la nueva condición.

Además, siempre es necesaria y bienvenida la ayuda de los seres de Luz, de los Arcángeles protectores, de los Maestros y sanadores del otro plano para completar estos tratamientos. Ellos protegen, dan fuerzas y seguridad para poder mantener la férrea voluntad necesaria para completar la sanación.

Pero, la terapia es mayormente efectiva cuando el paciente se compromete firmemente a sanarse.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Cerebro

Cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles esperamos siempre las señales para salir de ellas. A menudo el leer las señales es complicado y pueden no verse con claridad, más aún en un estado de las cosas en que lo que se privilegia es el uso del lado izquierdo del cerebro, aquel encargado de razonar, de poner todo en compartimentos para analizarlo cada uno por separado, el encargado de lo material, lo tangible, lo mensurable. Ese es el lado en que las palabras y el lenguaje se utilizan para la comprensión,  es el lado lógico, práctico, y se basa en hechos. Ese es el lado del cerebro utilizado por quienes dictan las normas, y ellos hacen saber que quién no se guíe por esas normas está fuera del sistema.  El sistema educacional tradicional está basado en esta estructura de funcionamiento, la del lado izquierdo del cerebro. El lado derecho del cerebro, por el contrario, es el que gobierna la imaginación –si es que algo puede gobernarla-, y su lenguaje está formado por símbolos e imágenes, que van más allá que las palabras y el lenguaje –que solamente las limita-, y utiliza la percepción espacial en vez de la compartimentada. Este lado es el que abre la comprensión de las infinitas posibilidades para todo, el que corre riesgos –en vez de buscar la seguridad como lo hace el lado izquierdo-, y se encarga de fomentar las artes –en todas sus formas-, propende a la filosofía y las emociones. El lado izquierdo es verbal y analítico, y el lado derecho es simbólico y global.

El lado izquierdo es el del intelecto, y el del lado derecho es el lado de la intuición. ¿Cuál es más válida para el aprendizaje? ¿Cuál es más válida para vivir la vida? Se dice siempre que el lado izquierdo es el masculino y el derecho es el femenino, y como tales tienen de inmediato una connotación de aceptación y rechazo. El sistema social que vivimos rechaza las funciones del lado derecho del cerebro, no las da por buenas, no les asigna valor. Por el contrario, todo aquello que vaya acorde a las normas establecidas, es decir lo que dicta el lado izquierdo del cerebro está aceptado. El método científico está basado exclusivamente en las funciones del lado izquierdo del cerebro, y desdeña las del lado derecho. Y hoy, todo lo que se apellide “científico” está de antemano aceptado, y no se somete a mayor análisis.

El lado izquierdo es analítico, y el lado derecho es holístico. En la medicina occidental tradicional, dominada por el lado izquierdo, el hombre se considera solamente como un cuerpo que tiene sistemas y funciones, que a su vez se subdividen en otros subsistemas con sus funciones, los que a su vez se subdividen en otros subsistemas con otras funciones específicas, y así hasta casi el infinito. Pero no considera al hombre en su totalidad, y en vez de ir hacia afuera, a verlo como un ser más allá de sus funciones corporales, con mente, emociones, Alma y espíritu, lo va compartimentando cada vez más. En la medicina oriental, china, india, por ejemplo, el ser humano es considerado un ser integral, no solamente un cuerpo funcionando, vale decir holístico, y la sanación del hombre implica una sanación a todos los niveles, para que el último, el físico, esté en armonía y funcione adecuadamente.

El lado derecho del cerebro es analógico, vale decir utiliza analogías, como las que usaba Jesús para dirigirse a sus oyentes. La analogía es hacer razonamientos de hechos o situaciones basados en la existencia de atributos o características semejantes en personas o cosas. Además es simultáneo, y permite comprender la simultaneidad del pasado, del presente y el futuro, todo sucediendo en el mismo momento, en vez de la comprensión del tiempo como algo sucesivo, en que el pasado está atrás y el futuro adelante.

Entonces, para buscar las señales es necesario permitir –más que permitir es validar- las funciones del hemisferio derecho, y captar entonces, en un grado completo, cuáles son ellas, y confiar, para que nuestra vida tome un rumbo diferente.

El lado izquierdo del cerebro es el que valida la perseverancia como una gran virtud, y el que aboga para repetir hasta el cansancio aquello que no sale bien hasta que resulte. Al igual que las marchas militares: repetirlas hasta que todo el escuadrón funcione como un solo hombre. Pero la perseverancia no sirve si no va acompañada de la visión completa, la holística, de lo que somos y lo que necesitamos en la vida para vivirla plenamente.

Hace pocos días, se anunció que se está estudiando alargar la estadía de los estudiantes en las escuelas y colegios, para insistir en el sistema educacional, entregándoles más de lo mismo que se les entrega ahora. Esa es lejos la peor decisión que se puede tomar con nuestros niños y niñas. Una muestra más del dominio del lado izquierdo sobre el derecho. Los niños necesitan menos horas de clases y más tiempo para jugar, para entretenerse, para dedicarse a las artes, a la creación, para cultivar su lado derecho, y no seguir repitiendo lo que no funciona más.

Un amigo tenía una definición para locura: “Locura es seguir haciendo lo que siempre se ha hecho esperando resultados diferentes”.

El lado derecho del cerebro está proscrito. Adivina quién lo proscribió: el lado izquierdo. Cuentan que en el principio, cuando fue el verbo, el lado izquierdo del cerebro comenzó a tratar de dominar el cerebro completo, y como tenía lenguaje comenzó a insultar al lado derecho, y éste, como no podía decir lo que pensaba se sumió en el silencio y obligado entonces se dejó dominar.

Que Dios nos bendiga a todos y permita la expresión del lado derecho del cerebro en sus hijos, el lado de la poesía.

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