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Archive for 27 enero 2012

La Real Academia Española de la lengua nos define como símbolo lo siguiente: «Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada», y son esos símbolos los que tomamos para interpretar la vida y el mundo que nos rodea. La simbología está en todos y en todo, y así aprendemos. Todas las culturas, desde los albores de la humanidad han tomado los símbolos para guiarse e interpretando entonces la naturaleza, es decir todo lo que es, poder subsistir y prosperar como especie.
Hoy en día en que asistimos a una creciente separación del hombre y la naturaleza debido a que se ha comprado la errada idea moderna de que la naturaleza pertenece al hombre no podemos ver los símbolos y corremos detrás de falsas luces de la modernidad sin poder ver aquellos. En el fondo no queremos observarlos porque no tenemos ninguna pista de qué camino seguir para cambiar nuestro destino, el que vamos viendo cada vez más complicado. El perseguir el desarrollo infinito en un planeta finito nos hace cerrar los ojos ante las barbaridades que se comenten en su nombre y en el del progreso, este que no tiene más objetivo que más progreso, alejado de la felicidad del hombre base sobre la cual se ha montado su campaña de marketing mundial. Es más fácil no ver los símbolos y escuchar lo que queremos y que se acomode a nuestra comodidad y hábitos, para no tener que movernos y cambiar estos últimos. Pero, el hecho que cerremos los ojos y no veamos lo que sucede no detiene nada de lo que pasa, porque destruimos nuestro lugar sagrado, la Tierra, a cada segundo. La economía en infinita expansión en este planeta finito manifiesta un conflicto que cada vez se vuelve más grave, ya que los que detentan el poder político, social, religioso (porque muchos órganos de poder se construyen alrededor de las iglesias o sus sectas) y político no logran saciar su codicia depredándolo todo -los mares, los bosques, la tierra, los cultivos, el agua-, apropiándose de todo, incluso las patentes de los granos, y la Tierra simboliza para el ser humano ancestral lo maternal, es decir la energía femenina, la que da la vida y nutre.
Elementos fundamentales de la Tierra son el aire y el agua. El aire, símbolo de la libertad, está cada vez más enrarecido y contaminado producto de la tala indiscriminada de los bosques –lo que además erosiona la superficie del planeta-, por el uso de combustibles fósiles y la acelerada industrialización, y el agua, símbolo de creación de vida, está cada vez más escasa producto del aumento de su consumo por las industrias y por la desaparición de las reservas como glaciares en la cordillera debido al calentamiento global. Y la rapiña del hombre por el control del agua simboliza la última desesperación del control de unos pocos sobre los muchos.
El modelo económico imperante se basa en el consumismo desenfrenado, porque el sistema funciona solamente consumiendo. ¿Qué pasaría si detuviéramos la alocada demanda por todo? El simbolismo de este consumo sin freno está en la ansiedad y aceleración que tenemos los seres humanos que corremos por todo y por todos lados, sin descanso y en el que este ha sido proscrito, como símbolo de flojera. Pero este sistema tiene también otra simbología negativa, y es que se asocia al consumo compulsivo el desechar lo antiguo. La obsolescencia hoy es de una rapidez abismante y ello pega a los seres humanos fuertemente porque va simbolizando lo rápido que llega la hora en que será desechado por no ser útil y convertirse en carga, lo que ocurrirá a temprana edad.
Hoy no hay una forma clara de cómo cambiar lo que pasa en el mundo. Eso es también un símbolo, el de la confusión. Aquellos que dominan el sistema económico productivo no querrán que cambie nada, y eso es un símbolo de lo conservador. A través de la historia eso ha sucedido siempre, y el símbolo del cambio que no se quiere aceptar se produce violentamente por las personas que se organizan y salen a la calle.
Los símbolos están, como puede verse, pero el asunto es justamente eso, verlos. Y eso es el desafío para todos los que conforman la sociedad, para poder tener un mundo feliz para todos. Puede ser doloroso ver los símbolos, incluso estremecedor, pero es indudable que no podemos cerrar los ojos ante ellos creyendo que así desaparecerán –como cuando los niños se tapan los ojos creyendo que así no estará más lo que tienen ante sí-, porque seguirán ahí esperando ser vistos.
A nivel micro, personal, es necesario ver también el simbolismo de la enfermedad, para sanar de verdad. No es conveniente tapar los síntomas con fármacos para no ver la simbología de ella, porque entonces no habrá sanación sino una curación transitoria y pasajera. Y el simbolismo de lo micro es el mismo simbolismo de lo macro: lo que nos sucede en forma personal es lo mismo que le sucede al planeta, y es necesario dotarnos de valentía para ver aquello que está y estará siempre: los símbolos.
Que Dios nos bendiga.

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