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Archive for 12 noviembre 2012

A diario circulan en las redes sociales y medios de comunicación campañas para “combatir” algo. Todos conocemos alguna campaña para algún combate: combatir la delincuencia, las drogas, el alcoholismo, el tabaquismo, el cáncer de mamas, la violencia de género, el terrorismo, etc., etc. El resultado es siempre el mismo: no hay victoria en este combate, y por el contrario, el enemigo combatido sale más fuerte que antes. Lo que sucede es bien simple: en aquello que pones tu intención pones tu energía. Y como pones la intención en el combate éste se potencia, porque recibe energía. Y como se pone la intención en combatir algo o alguien ese algo o alguien se potencia. Los ejemplos son muchos. Combate a la delincuencia, y la delincuencia campea. Combate al cáncer de mama, y el cáncer de mama sigue aumentando. Combate al infarto al miocardio, y se convierte en la primera causa de muerte en el país. Todo lo que se combate crece. Sin excepción. La Madre Teresa de Calcuta decía que no la invitaran a una manifestación en contra de la guerra porque no iría. Si la invitaban a una manifestación a favor de la paz sí iba a ir. Simple. Muy simple. Sin embargo no se aplica. Es más fuerte una campaña en contra de algo que a favor de algo.

Siempre digo que para superar las posiciones políticas, económicas, sociales y laborales conocidas en el país hay que soñar un Chile nuevo, atreviéndose a vislumbrar, a visualizar, a sentir un país distinto, en que todo sea armónico, pacífico, justo, equitativo, alegre, saludable, y no centrarse en lo negativo que poseen las posiciones del bando contrario. Por ello, los grupos existentes crecen en vez de disminuir, y los sueños tardan en aparecer. Es el tiempo propicio para comenzar a manifestar los cambios que queremos, el mundo que soñamos, pero debemos atrevernos a soñarlo. Hoy están cayendo instituciones que hasta hace unos años parecían graníticas. La iglesia católica que se ufanaba de tener casi dos mil años y ser la institución más firme a través de la historia, y que había sorteado todos los conflictos sociales mundiales y regionales, ahora se desmorona ante la muestra de los abusos sexuales de sus sacerdotes. Paradójicamente, los abusos son en un área en la cual están las mayores creencias de esa religión, la sexual. Eso ha hecho tambalear la estructura granítica. Y al parecer no se puede parar el desmoronamiento, ya que cada día aparecen más casos de abusos.

En el área de la salud el combate a la enfermedad, basado en el miedo que se ha infundido hacia ella, se hace cada día más fuerte y las derrotas se suceden una tras otra. En el área de la seguridad ciudadana el combate a la delincuencia reúne cada vez más recursos profesionales, humanos y materiales, pero las derrotas son alarmantes. En muchas otras áreas también pasa lo mismo.

Entonces, lo que se combate siempre es el síntoma de algo profundo, cuyas causas se desconocen. ¿Cómo combatir algo cuyo origen se desconoce? No se puede. Solamente se combate entonces el síntoma, sin atacar el origen. Y como se ataca y combate el síntoma crece.

Para poder entonces superar las amenazas nombradas se deben conocer las causas de ellas, y actuar en ese nivel. Lo demás es solamente efectista, publicidad, marketing político o comercial, sin efectos verdaderos en el bienestar de las gentes.

Por eso, el combatir no lleva a buen puerto. Hay que hacer el ejercicio de buscar la causa y no dejarse atrapar por el síntoma, aunque ese ejercicio sea extenuante y nos lleve a oscuras y temidas profundidades, desde donde tendremos que aprender a ver la luz para encontrar la salida, y construir una realidad nueva. Pero antes, soñémosla, para que pueda hacerse realidad.

Que Dios nos bendiga y nos permita soñar con lo nuevo.

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