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Archive for 25 enero 2013

Hay algunas personas quTranque Caimanese consideran que no tiene nada de espiritual el participar en asuntos mundanos como la política o tener alguna actividad económica. Asumen conforme a sus creencias que un ser espiritual debe ser un monje o un asceta, manteniendo siempre silencio y acogiendo a los sufrientes, aconsejando en cómo realizar rituales o viajes místicos, y se debe vestir con ropas raídas y escasas, ser vegetarianos de preferencia y beber solamente agua, ojalá de vertiente, y no cobrar nunca por sus consejos, su compañía  o artes de sanación.

El hombre es un ser espiritual en el tránsito de su experiencia terrenal. Y la experiencia terrenal tiene todos los ingredientes que conocemos, todos los ámbitos en que nos desenvolvemos, en los planos que conocemos. Nada escapa a su experiencia y todo tiene importancia en su devenir.

En el mundo ha habido seres altamente espirituales preocupados de asuntos mundanos, incluido la forma de gobernar, el sistema económico, las libertades individuales, las relaciones entre etnias, la esclavitud, las guerras, los asuntos religiosos, el bienestar general, la salud de las gentes y otros aspectos. En general estas personas, en su actuar, han puesto de manifiesto los problemas y han alertado además acerca de las consecuencias que acarrearía la mantención de los estados sobre los cuales se expresan. Como muestra tenemos a Lincoln, Martin Luther King, Nelson Mandela, Mahatma Ghandi, Jean D’Arc, Teresa de Calcuta, Alberto Hurtado,  el Rey Salomón, Jesús de Nazareth, Francisco de Asís y muchos más. Todos ellos dejaron huellas.

Sin embargo, su actuación hizo cambiar el mundo conocido, después de alertar sobre las consecuencias que acarrearía el mantener el status quo imperante en la forma de relacionarse, en la forma de gobernar y de concebir el mundo. Revelaron realidades indeseables y se rebelaron, actuando desde su espiritualidad en el plano físico.

Por lo tanto, participar en asuntos mundanos es una obligación, más aún cuando se previene a las gentes sobre las consecuencias de seguir haciendo lo que se está haciendo. Alguien tiene que tener la capacidad de ver más allá de lo aparente, de lo evidente y poder decirlo. Distinto es que a muchas personas ello les incomode y decidan expresar su disconformidad tratando de reducir el radio de acción de los que muestran estas realidades que a veces no se ven. Nada hay de censurable en participar en la vida de la sociedad. Quien lo quiera censurar debe ser capaz de observar qué es lo que lo mueve a esa reprobación, qué está detrás de esa actitud, aunque generalmente es la emoción del miedo. Quien se sienta particularmente tocado por lo que se expresa sin duda cambiará su actitud ante el ámbito denunciado, pero quien no se sienta conmovido será necesariamente por el temor al cambio y a los efectos que imagina tendrá en él o ella.

No dejaré de advertir que el modelo de crecimiento basado en la explotación irracional de la naturaleza traerá penurias en el futuro, debido a que no podemos aspirar a crecer infinitamente en un planeta finito que además se agota y reduce su hábitat utilizable. Los residuos de la sobreexplotación minera, con el envenenamiento de las aguas que utiliza y de la tierra circundante a la actividad productiva son cada vez más alarmantes. El agua desaparece en regiones donde el equilibrio entre la desertificación –muerte- y el verde –vida- se ha movido siempre por la cornisa, debido a la codicia. El agua que sobra no se puede ocupar debido a que es veneno puro. Entonces, el ser humano y toda la vida circundante está destinado a desaparecer. La sobreexplotación de los peces en la mar es otra arista en que se ve cómo la codicia del ser humano lo inhabilita para ser capaz de observar lo más simple de la naturaleza. La sobreexplotación de la tierra por doquier, en que se le utiliza sin importar las consecuencias, como la creación de bosques de pinos y eucaliptus en el sur de Chile, que generan erosión, embancamiento de ríos y sequía, y pobreza para todos los habitantes, excepto para los grandes inversionistas, que no viven ni por asomo en esos lugares. La demanda por energía eléctrica para satisfacer a la minería y a la industria anexa lleva a considerar como buenas aberraciones monumentales, destruyendo cuanto se encuentre a mano para el objetivo.

Hoy lo único que interesa es rentabilizar la acción en términos monetarios. Cualquiera que ella sea. Se ha reducido todo, naturaleza incluida, a recursos monetarios, a divisas, perdiéndose todo respeto por ella. Ha olvidado el hombre que por millones de años ha mantenido un equilibrio con la Tierra, que le ha proveído de cuanto ha necesitado para su vida. Hoy la desconoce y la agrede con fiereza, sin detenerse a observar que esa agresión es hacia él mismo. Se observa en esto que se pierde con ello toda norma ética, porque lo que prima es solamente el enriquecimiento, obviando que en poco tiempo más no quedará dónde gozar de dicho enriquecimiento.

El crecimiento no es sinónimo de desarrollo. El crecimiento son solamente cifras que muestran cuán rápido y en qué extensión vamos destruyendo el planeta en que vivimos, sin mirar el futuro. Y en pos de ese crecimiento vamos dejando la ética detrás de la puerta para poder dejar entrar el dinero.

Es necesario advertirlo, aunque muchos piensen que no tiene nada de espiritual.

Que Dios nos bendiga a todos

Foto: Tranque El Mauro, Caimanes, Región de Coquimbo, Chile.  Servirá de depósito de 1.700 millones de toneladas de relaves tóxicos, ubicado a sólo 8 kilómetros de la comunidad de Caimanes. El tranque es el relave más grande de Sudamérica y el tercero del mundo.

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Ignorancia1Hay asuntos que sin violentos de por sí, aunque no reclamen cuotas de sangre ni sufrimientos físicos. Uno de ellos es el suponer lo que los ciudadanos quieren, -y uso la palabra ciudadano para darle la connotación justa a lo que quiero expresar, que es la de aquel ser humano que forma parte de la estructura moderna de vida, como sujeto de derechos- sin preguntarles a ellos.

El sector más conservador -y con más creencias religiosas arraigadas- del actual gobierno se ha esforzado en hacernos creer que no importa a los ciudadanos ni la reforma al sistema electoral –y en especial el binominal-, ni la propiedad de las escuelas y colegios, ni su administración, ni la gratuidad de la educación o del sistema público de salud o pensiones, o la propiedad de los “recursos naturales” –minería, agua, pesca, bosques, glaciares, desierto-, sino que son importantes el empleo –por ende el sueldo a fin de mes-, la delincuencia y la salud.  Se solazan blandiendo encuestas que dicen que más del 60% de la gente no tiene idea lo que es el binominal, por ejemplo, y concluyen por tanto que la gente anda preocupada de otra cosa, de lo importante. Eso lo demuestra, y basta.

Cuando los ciudadanos de una nación como Chile no conocen asuntos que constituyen la realidad del país debiera darnos vergüenza el que hemos construido, uno sin cultura cívica, sin educación, sin capacidad de pensar en el futuro. Un país regido por lo evidentemente rápido. Ni siquiera es lo urgente, sino lo rápido. ¡Cuán diferente es de aquel de antaño, en que se soñaba el país que queríamos tener, y se nos alentaba a soñarlo, y a participar en él! Hoy es un arma de marketing –y de diseño de políticas públicas- la ignorancia de las gentes, y no para sacarlas de la ignorancia precisamente.

¿Pero quién piensa en el país que queremos, en ese más justo, más solidario, sin exclusiones, sin discriminaciones por clase social, por aspecto racial, por apellido, por cuna, por vecindario, por colegio secundario, por aspecto físico, por color de ojos, por apariencia, por forma de pronunciar la ch –o x, perdón-, por color de pelo, en fin, por genética? ¿Quién se atreve a avizorar el Chile de 30 años más? Bueno, aquel sector del gobierno, lo hace, pero proyecta cifras de lo que llaman “desarrollo” –o crecimiento-, anunciando la llegada al grupo selecto del primer mundo en el año tal o en el año cual. ¿Y qué del desarrollo humano, aquel que no puede traducirse en cifras de anuarios? Ya no es asunto de televisores más o lavadoras menos, porque el “progreso tecnológico” no nos ha traído más desarrollo humano. Puede haber traído más comodidad física, pero no más felicidad. Y lamentablemente la estadística nos dice que si su vecino tiene dos Mercedes Benz en su casa y usted ninguno el resultado es que en promedio tienen un Mercedes cada uno.

Y la delincuencia tiene lazos muy fuertes con el desarrollo humano, o la falta de él.

Hace pocos días el estudiante que obtuvo el único puntaje máximo en la prueba de selección universitaria de lenguaje dijo que a los que poderosos que mandaban en Chile no les convenía que la gente leyera, por eso no había más como él. Toda una gran verdad dicha por un joven de 18 años. A esa edad parece que somos más valientes y tenemos las cosas más claras. Toda una lección para los que vamos de vuelta.

Un sistema económico basado solamente en las cifras, en el “crecimiento”, en las estadísticas, en la productividad, en la competencia, en la rapidez, y que avala las acciones sin ética, no hace más que olvidarse de los seres humanos que están detrás de esos números, los ciudadanos, que ven que los poderosos solamente tienen ojos para las propias utilidades futuras sin pensar en el bienestar de todos, pero disfrazan su voracidad –y en el fondo su tremendo miedo- haciéndonos creer que ellos en su “inmensa vocación de servicio público” están para servir al pueblo, a los ciudadanos.

Que Dios nos ampare.

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