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Archive for 28 marzo 2013

indignado 001Lo más grave que le sucede al conglomerado de gobierno es la incapacidad de comprender el rechazo que provoca el arte de esgrimir en cada conversación, comunicado o simple propaganda los números que según ellos los hacen merecedores del más alto respeto y de la continuación de sus afanes. Se desesperan porque consideran que la gente es mal agradecida y traidora si no comulgan con su postura de cifras.

Pero hay mucho más de fondo en esta simpleza.

La primera es que se ha hecho creer que lo único válido como sistema económico es el que se implantó a la fuerza durante la dictadura de 1973 a 1990. Todas las críticas que se han hecho y se hacen a este sistema alcanzan de inmediato la calificación de “ideologías”, y se busca su similitud inmediata con los regímenes comunistas que tantas muertes causaron durante el siglo pasado.

El año 2010 Sebastián Piñera presentó su gabinete de gerentes, para hacer la administración pública “más eficiente”. Esa era su promesa. ¿El modelo?, intacto. Solamente había que administrarlo mejor, que rindiera mejores frutos. En fin, un gobierno de “excelencia”. Esos eran sus sueños. Su contendor en las anteriores elecciones fue un hombre que no sedujo a la masa de votantes simpatizantes del conglomerado acostumbrado a estar en el gobierno desde hacía años. ¿Y su modelo?, era el mismo. Pero ninguno de los dos nos entregó sueños, sino solamente cifras y comparaciones entre ellas. Y ganó uno que parecía ser mejor administrador. Adornos más, adornos menos, en el fondo del sentir esa era la promesa. Y todo el país cayó en ese juego en la segunda vuelta, la promesa de la mejor y más eficiente administración.

Pero, este modelo está lejos de cobijar los sueños de la gente, y los grados de infelicidad son cada vez mayores. La competencia comienza en la cuna, y no termina sino con la muerte. La vida se ha convertido en una lucha continua. Darwin es celebrado como un profeta al considerar como válidas sus conclusiones para el hombre, reducido solamente a lo material para la aplicación de sus leyes. Las gentes están presas del sistema consumiendo a pasos acelerados lo que no necesitan, endeudándose para adquirir cosas que aumenta su “nivel social”, y viviendo en ascuas sobre su futuro laboral. Las desigualdades se justifican aduciendo que Dios no nos creó a todos iguales. Y vivimos en un estado militarizado que juzga y no permite establecer otros moldes de comportamiento más que los rígidos que tenemos.

Y ahí estamos con el modelo, uno que no admite los sueños de la gente, y que considera que el objetivo es uno: el progreso. Pero ya hemos visto que el progreso no se satisface a si mismo más que con más progreso, y nunca está saciado. E igual pasa con los seres humanos, nada los satisface. Analógicamente el progreso es como actúa el cáncer. Las células cancerosas no se interesan por lo que les pasa al resto de células, piensan solamente en sí mismas, les asalta siempre la urgencia y son capaces de fagocitarse a sus hermanas sanas, y también a otras no parientes. No conocen los límites y tampoco les interesa conocerlos y no miden las consecuencias de su accionar. No se subordinan al interés común y no están dispuestas a morir programadamente como las otras células del órgano del que forman parte. Y lo más paradojal es que su existencia termina cuando el anfitrión muere como consecuencia de su accionar.

¿Por qué no soñar con un mundo mejor, con igualdad, con compasión y no competencia, en que el más dotado pueda satisfacer los deseos de su alma, pero en el compartir con el resto y no competir dejándose llevar por la avaricia y separándose del resto para huir a las colinas? ¿Por qué no soñar con un mundo más justo?

Atrevámonos a soñar otro mundo y salgamos de la cárcel en que vivimos, que nos agobia en la comparación, preparación y manipulación de cifras, índices y porcentajes. Hay otros modelos posibles de desarrollo humano, descubrámoslos, atrevámonos a soñarlos, seamos valientes.

Que Dios nos bendiga.

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Educación en libertad2La educación se ha convertido en una de las preocupaciones centrales del último tiempo y ha generado muchas discusiones especialmente en torno a su gratuidad y calidad. Lo primero es fácilmente entendible y argumentable tanto en pro como en contra y depende solamente del grado de compromiso que se tenga o no con la creencia que es un bien de consumo para alinearse con uno u otro bando. El concepto de calidad sin embargo es bastante más etéreo y no tiene una forma tan fácil como la anterior para poder identificar sus características a pesar de que cada cual tiene una idea instalada respecto a ello. La discusión sigue y se ve evidente que no va a parar en un buen tiempo, y me atrevo a augurar un crecimiento de ella, especialmente porque las diferencias de apreciación se harán más profundas.

Hoy la educación está diseñada para ser una cinta transportadora de niños hasta que salen al otro lado de la usina educacional convertidos en jóvenes insumos para el aparato productivo.

No hay hoy en la educación lugar para los sueños, para desarrollar los dones ni los talentos propios, sino solamente para repetir lo que alguien en una oficina cómoda y con aire acondicionado, con un buen y seguro sueldo a fin de mes, ha dispuesto que debe ser el programa educacional. No hay lugar para salir del molde. No hay posibilidad alguna. Hoy se parte de la base que todos los niños, sin excepción, son iguales y todos deben hacer lo mismo, y lo que es peor, ser lo mismo. El que se aparta o manifiesta cierta disconformidad y no acata las reglas de quien dirige el adoctrinamiento impuesto por ese alguien y no obtiene la calificación establecida como patrón adecuado es seguro candidato al Ritalín o algún químico similar.

Mientras no exista en la educación lugar para los sueños no habrá futuro. Hoy se aprende por aprender, sin objetivo más que las notas de los exámenes. Los niños no tienen meta alguna y su mirada no tiene ninguna perspectiva. Solamente viven aguijoneados por los padres que les inoculan el veneno de “estudia porque si no lo haces te vas a morir de hambre”, sin saber ellos tampoco si lo que están dando a los niños es lo adecuado. Es cierto, no solamente no lo saben sino que ni siquiera lo sospechan. Se criaron ellos en la creencia que lo único aceptable para forjarse el futuro era la rígida educación formal. Como ejemplo podemos ver la cantidad de jóvenes que abandonan las carreras recién comenzando a estudiarlas, o bien aquellos que las terminan y no tienen ninguna identificación con ellas. Han estudiado por el simple hecho de estudiar, “para no morirse de hambre”.

Mientras no tengamos una mirada espiritual no tendrán sentido ni el colegio o la escuela ni el estudio. Peor será para aquel que carece de cierto nivel cultural porque será dominado por otro que posee mayor preparación para “competir” en el mundo actual, porque pondrá las reglas a las cuales habrá que someterse, y su mirada será más estrecha. Y una sociedad que castiga severamente al que se sale de los moldes será el corolario para la cárcel social. Hoy, la vida carece de sentido para mucha gente. Todo se resume en actuar como corderos dentro de un sistema económico que gasta las mejores energías de las gentes, convirtiendo el mundo en una pesadilla de ruidos, apuros, peleas, discusiones, competencias, tacos, créditos, cuentas por pagar, contaminación, sequía, desertificación y falta de amor.

La falta de sentido en la vida actual convierte el estudio en algo a lo cual no se le puede tomar aprecio ni cariño. Y ello se está trasladando a todo ámbito de la existencia. Le estamos traspasando el sentido metafísico, el sentido espiritual de la vida al “progreso”. Pero el progreso no tiene ningún objetivo sino que alimentarse a sí mismo con más progreso. Es como la célula de cáncer que no respeta límites y no tiene consideración alguna por la célula vecina, y vive con urgencia, y, lo peor, es que no está dispuesta a morir programadamente. Y al progreso todos se rinden.

Los jóvenes intuitivamente saben que algo anda mal en la educación. Y han protestado por ello. Los adultos, aterrados por los posibles cambios, se miran entre sí. Los que no quieren cambios los combaten con violencia. Pero el problema persiste, y mientras sigamos con la mentalidad de dictadura, en que solamente un camino es el bueno y adecuado y todo lo demás altera el curso del desarrollo viviremos en conflicto, el mismo que se vive al interior de las personas, que se traslada a la calle, o al fondo del corazón y se transforma en desesperanza.

El progreso no puede convertirse en un nuevo Dios. A lo más es un ídolo con pies de barro. La educación merece otro futuro, como nuestros niños y jóvenes.

Que Dios nos bendiga a todos.

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73023_409905732416574_1050648338_nPara poder incursionar en la sanación es necesario entrar en el mundo de la interpretación de los procesos personales, íntimos. Los hechos no tienen un significado por sí solos, sino por la interpretación que cada uno le atribuye, y es ahí donde hay que incursionar profundamente. Pero ella debe ir más allá de lo puramente físico, hay que ir a un marco conceptual más elevado, ojalá sin marco, allá arriba, bien arriba en un mundo indeterminado, fuera de las formas. Asi como en la interpretación de los sueños es necesario descifrar el simbolismo de las formas y de los mensajes para llegar a un mundo coherente y con significado que pueda ayudar a elegir los caminos a seguir y hacer los cambios necesarios en la vida para mejorarla, en la interpretación de los procesos personales es necesario ir a ese simbolismo abstracto, buscarlo y descifrarlo. Uno de las propiedades de un buen sanador es ayudar al sufriente a esa interpretación, a dar significado a lo que le pasa, desde la profundidad del ser y hacia lo más alto de su alma para que pueda despertar su sanador interior y empezar a caminar entonces la senda de la libertad de la salud. Para poder cambiar el seguro futuro que tenemos –y que no deseamos para nosotros- es cambiar ahora las creencias a las que nos aferramos, las historias que nos contamos sobre nosotros mismos y sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Ello nos abre las puertas a una realidad más luminosa y sana.

Siempre decimos lo que pasa, lo expresamos verbalmente. Por eso es que es necesario aprender a escuchar profundamente, a respetar al otro mientras habla, para de ese modo conectarse con él, con su nivel energético y sentir las dimensiones de sus cambios sutiles, de sus inflexiones y respiraciones, y procesar sus palabras que están diciendo a gritos lo que sucede en sus niveles interiores.

En la interpretación de la causa de la enfermedad es necesario comprender la diferencia entre síntoma y enfermedad. La enfermedad se produce en los planos superiores al cuerpo, y el síntoma se manifiesta en él. Este es la manifestación palpable y visible de una situación interna, y es nada más que una señal. Para dilucidar qué es lo que lo provoca es necesario buscar más allá del cuerpo. No es lo mismo entonces síntoma que enfermedad. Y enfermedad es el estado de equilibrio opuesto al de salud, un equilibrio al que se llega porque algo falta en el individuo. Por lo tanto el síntoma no es el enemigo a derrotar, sino que es la campanada de alerta que se nos está dando para indicarnos que hay una falencia, hay un problema, un conflicto. Una vez que comprendemos esta realidad podemos entonces llegar a un segundo estado, que es reconocer al síntoma como una ayuda para poder guiarnos en la búsqueda de lo que adolecemos, o develarnos el conflicto, y poder entonces volver al equilibrio original, el de la salud.

Y he ahí la importancia del lenguaje y la capacidad del sanador, -el que ayuda al paciente a que haga su proceso de sanación-,  para oír lo que es necesario y guiar a la toma de conciencia para la resolución del conflicto interior.

La medicina tradicional académica se queda en el plano corporal, es decir en el síntoma. No considera los otros niveles, el mental, el emocional, y el del alma. Por eso son limitados sus acciones, y solamente llegan a curar y no a sanar. La enfermedad entonces va más allá del síntoma, y cuando sanamos de la enfermedad es cuando hemos adquirido conciencia de nosotros y lo que nos pasa, es cuando hemos crecido interiormente, cuando estamos más completos. Y ahí, cuando hemos adquirido conciencia sanamos, los síntomas desaparecen y la enfermedad deja paso a la salud.

La enfermedad entonces es la forma en que se manifiestan nuestros más sentidos conflictos para que podamos aprender de ellos y tomar conciencia del camino que es necesario sigamos en la vida para ser mejores y más felices.

Que Dios nos bendiga.

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Analogías

Analogías (o una forma de acceder a la interpretación de los síntomas)pies vendados

Lo que nos pasa no es casual. Todos provocamos, permitimos o creamos lo que nos pasa, aun cuando no seamos conscientes de ello. Y para poder tener una comprensión del significado de lo sucedido es necesario un ejercicio de valentía, ya que es nuestra sombra la que se manifiesta. Cuando me refiero a la sombra hablo de aquello que no podemos ver, que no tiene suficiente luz para que lo podamos ver a simple vista o con un simple análisis o fácil introspección. Sabemos que los acontecimientos no tienen un significado en sí mismos, pero este significado está dado por la interpretación que les damos. Un buen secreto para caminar con propósito por la vida es interpretar los acontecimientos que nos suceden. La búsqueda del significado puede ser una tarea ardua y dolorosa, pero de seguro es liberadora y sanadora, ya que dará las señales para hacer los cambios que tenemos que hacer en la vida.

Es necesario comprender entonces que la enfermedad no se produce en el plano físico sino que en el nivel de la conciencia. Algunos dicen que la enfermedad, el nuevo equilibrio diferente al equilibrio de la salud, se produce en los niveles o mental o emocional o del alma. Y se manifiesta por el síntoma a nivel físico. Por lo tanto, es necesario buscar en ellos lo que genera el nuevo equilibrio, el de la enfermedad, repito, para poder sanar a nivel físico.

Una forma de interpretar los síntomas es usar la analogía como forma de análisis. La Real Academia de la Lengua (RAE) define como analogía:

1. f. Relación de semejanza entre cosas distintas.

2. f. Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.

La enfermedad no es lo mismo que el síntoma. A través de la interpretación analógica del síntoma podemos llegar a la causa de la enfermedad. Una vez hecho este proceso se pueden hacer los cambios necesarios en la vida y con ello sanar la enfermedad y la remisión de los síntomas.

Por ejemplo, si analizamos un problema en el pie debemos hacer la analogía por medio de preguntas:

¿Para qué sirven los pies?

Esto nos puede llevar a muchas respuestas, que ahora se hacen presentes. Por ejemplo, entre otras: para sostenernos, para caminar, para impulsarnos hacia adelante o hacia arriba. Entonces aquí es donde vienen las respuestas que es necesario interpretar analógicamente: ¿en qué área no me logro sostener?, ¿hacia dónde voy que no puedo ir?, ¿quiero ir hacia donde me dirigen mis pies?, ¿temo dar algún salto?, ¿temo avanzar en alguna relación?, ¿es conveniente ir más adelante en esa situación?, ¿sería mejor detenerse? Todas las preguntas que se puedan hacer requieren de la valentía para su formulación y la sinceridad de la respuesta. Como siempre sucede, a un cierto nivel conocemos la respuesta y no hacemos el cambio, por la razón que sea. Eso es lo que nos llevó a la enfermedad.

El análisis puede seguir con la lateralidad, es decir en el caso presentado si es el pie derecho o el izquierdo, para así tener más claridad sobre el conflicto subyacente.

La interpretación analógica es una forma adecuada para llegar a la sombra. Solamente es necesaria la valentía y vencer el miedo, que es el opuesto al amor. Con amor no hay enfermedad.

Que Dios nos bendiga.

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