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Archive for 22 julio 2013

Prayers-of-the-Shaman“Nosotros, la Gente Medicina, vemos cosas que otros no pueden ver. No somos nosotros quienes lo hacemos, es el Gran Espíritu.”
Trueno Rodante, Hombre Medicina del pueblo shoshone.

Cuando suceden hechos traumáticos es muy probable que un trozo de nuestra alma se escape. La cultura popular da cuenta de ello, cuando se dice, por ejemplo, “le dio tanta pena que se le salió el alma”, o “se le partió el corazón”, o “quedó con el alma en un hilo”, o “parece que me hubiera partido en pedazos”, o “sentí que se me salió el alma”, en fin, muchos, muchos dichos populares ancestrales dan cuenta de esta situación. ¿Cuándo se viven experiencias traumáticas? Especialmente cuando hay penas profundas, dolores que se creen serán irreparables como la partida del ser amado, o un cambio de ciudad o país; cuando se viven episodios de mucho miedo o terror, como presenciar accidentes, actos de violencia, o sufrir las agresiones físicas como golpizas, violaciones o vejaciones; cuando se experimentan situaciones dolorosas como el anuncio de enfermedades desafiantes como las autoinmunes, sobre las cuales existe la creencia que no hay cura; o cuando hay episodios fuertes como quiebras financieras, pérdidas de fuentes de trabajo, separaciones de seres queridos, adicciones a las drogas, al alcohol u otras sustancias o situaciones, u otro acontecimiento similar. Sin lugar a dudas la pérdida de un fragmento del alma trae consigo consecuencias en el bienestar de las personas. Una de ellas es que el espacio que deja el trozo de alma (energía pura) puede ser ocupado por otro trozo de alma, pero de alguna entidad que conduce a conductas poco agraciadas o induce a algunas desastrosas. Fundamentalmente la situación emocional que dio lugar a dicha pérdida del alma queda almacenada en el campo vibratorio o campo luminoso de las personas, lo que se llama atrapamiento de la conciencia, y esa emoción almacenada mal informa al resto de los cuerpos, y no deja progresar a la persona afectada. Así, si en alguna vida anterior se ha sido sometida a escarnio público una mujer acusada de bruja –justa o injustamente-, y ha sido, por ejemplo, quemada en la hoguera, puede acarrear enfermedades físicas como asma, pero fundamentalmente huirá como de la peste a todas las manifestaciones que siquiera se parezcan en algo a las prácticas ocultistas o que se aparten de lo aceptado por lo establecido socialmente en la actualidad, y ocultará con todas sus fuerzas sus percepciones o intuición, por más desarrolladas que estén, porque el recuerdo de lo vivido estará siempre presente emocionalmente.
Una práctica chamánica es ir al pasado para ver dónde ocurrió la situación traumática que dio lugar al atrapamiento de conciencia, la pérdida del alma, y recuperarla para el paciente. Se trae el trozo del alma y se le sopla al paciente. Hay algunas otras cosas que hacer en ese momento como son recuperar la energía perdida a manos de quienes ocasionaron el daño, entregar la energía que se tiene de él, ella o ellos, reparar las heridas (curar, suturar, etc.), enviar trozo de alma a la Luz, y revisar los contratos o promesas pronunciadas en el estado de sufrimiento, y limpiar de entidades extrañas. Por ejemplo es común escuchar que una persona quemada por los curas en la edad media acusada de bruja al momento de morir se promete nunca más ayudar a sanar a las personas, o a trabajar con yerbas o a ser simplemente partera. Debo recordar que en esos años de oscurantismo cualquier acusación que hacía la iglesia y sus fanáticos curas y frailes y seguidores era prácticamente una sentencia de muerte a personas que hacían cosas simples como curar con yerbas, por ejemplo. Mi consulta está plagada de esos relatos. Los libros de historia los corroboran. Esos contratos deben ser revisados para ser cambiados. El paciente debe trabajar con distintas técnicas, como por ejemplo hacer mandalas, hacer flechas de muerte para quemar en el fuego, cambio de contratos para internalizarse mentalmente de lo nuevo, meditaciones, ceremonias, contacto con la naturaleza para anclar lo nuevo, u otras que se pueden acordar y que sirvan al efecto. De esa manera se recupera el trozo de alma, la energía atrapada o robada, se cura el cuerpo físico y se repara el campo vibratorio, lo que trae sanación a la persona.
Pero, en el mundo actual tenemos la convicción de que cuando sucede algo doloroso es injusto. Cuando se muere alguien es injusto. Cuando se muere un niño es injusto. Cuando alguien sufre penas de amor es injusto. Todo es injusto. Nadie tiene responsabilidad por lo que pasa y se va al ámbito de la más pura inocencia para lamentarse por la injusticia vivida. Todo es lamentable e injusto. Sin embargo, vivimos regidos por la ley del karma, y esa es una indefectible: debemos equilibrar lo hecho antes.
A veces, como práctica para mis pacientes, y como mayor comprensión, sobre todo en esta época intelectual en que vivimos, los llevo a que revivan o vean aquella vida en que dieron ellos lugar a la situación que se debe equilibrar. Por ejemplo, recuerdo mi mala relación con un hombre mayor que yo, y que tenía cierto poder en asuntos laborales sobre mí, y que yo atribuía a encono personal del cual era “inocente” y lo sentía injusto. Cuando fui terapéuticamente guiado al pasado a ver la raíz del asunto descubrí que yo lo había asesinado en una vida muy anterior, reventándole la cabeza con un palo. Desde ahí se comenzaron las venganzas.
La labor terapéutica puede tener muchas aristas, y hay que recorrerlas todas, para ayudar a quien se pone en nuestras manos, o en las manos del Espíritu que actúa a través nuestro, los chamanes y sanadores. Es nuestra labor amorosa.
Que Dios nos bendiga a todos.

 

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La retirada: diabetes

La diabelectriccelloetes se caracteriza porque el azúcar no está en la célula sino en el torrente sanguíneo. La célula entonces no tiene la energía necesaria para hacer su cometido. Cuando la producción de insulina es insuficiente para poder transportar el “combustible” a la célula se hace necesario inyectarle insulina al paciente, para que de ese modo se cumpla la función que el cuerpo ya no es capaz de asumir.

Esta retirada del azúcar la podemos interpretar  como la retirada de la energía a las células para que no sigan haciendo lo que han hecho hasta la hora. Y como las células no andan solas por la vida sino que forman parte de alguien nos lleva a inferir que ese alguien se retira de la vida. Ya no quiere seguir haciendo lo que hacía y como no lo sabe hacer de forma directa –o no tiene la valentía de afrontar el conflicto que se produciría a nivel personal, familiar o social- lo hace de forma irredenta, enfermándose.

El páncreas está protegido por el hígado, es decir, el hígado es el que primero procesa el conflicto de la vida de ese alguien dueño de las células, y como el hígado es el órgano que acusa las frustraciones y las rabias podemos inferir que el primer conflicto entonces pasa por la frustración –en primera etapa- que nos produce hacer lo que hemos hecho. ¿Será nuestro trabajo de esclavos al pasar toda la vida como burro de carga produciendo para el futuro que nunca llega y que cuando llega lo hace en forma violenta y dura, y no en forma dulce como se esperaba (nótese que cuando llega lo esperado no es dulce, no hay dulzura, la misma que no hay en las células diabéticas)?, ¿será que mantenemos una relación amorosa o un matrimonio infructuoso de felicidad y alegrías, y que solamente lo mantenemos porque alguien o algunos dicen que es necesario mantenerlo y es bien visto entonces hacerlo así, aunque haya que inyectarse insulina para mantener la apariencia?. La segunda etapa en la escalada del conflicto es la rabia, la ira, que se va acumulando cual pila cargada en el sujeto, para ir derramándose como la hiel, llenando de amargura.

El diabético se retira a sus cuarteles de invierno. Su actividad sexual desaparece, por lo que la creatividad pasa a ser asunto del pasado; el chakra afectado es el segundo, el de la creatividad, el sexual. Evita los conflictos porque ya no quiere ni tiene energía para participar y tomar partido en alguno, lo que es confundido con la sabiduría de las canas. Aquí aparece la dualidad del diabético, la división: por un lado aparece como una persona amable, suave y condescendiente que quiere “tener la fiesta en paz”, y quiere que todos la tengan, y por otro su interior sin dulzura alguna, más bien de amargura constante,  que requiere de ayuda externa para volver a la “normalidad”. Las normas rígidas del pasado, el exceso de reglas y procedimientos cobran su precio.  Está dividido por su deseo íntimo y no expresado de retirarse, de entregar las herramientas, porque lo que ha hecho ya fue, y no ha tenido sentido más que cumplir las normas que alguna vez creyó eran las que debían regir su vida.

El perdón, especialmente el perdón a nosotros mismos puede ser una llave que nos libere de la “genética” o de los mandatos de las creencias paternas o de quienes nos inculcaron la normas cuando pequeños. El perdón a nosotros mismos es fundamental porque de ese modo nos dejamos de recriminar que no hicimos lo que debimos haber hecho como mandato del Alma.  Si queremos liberarnos de las ataduras debemos cambiar entonces los cuentos, los mitos que nos contamos a nosotros mismos de quienes somos y de los papeles que debemos representar en la vida, y comenzar a hacer lo que vinimos a hacer. Cerrar los ojos y lanzarnos a la vida, como los picaflores, a buscar las flores más bellas y a chupar los néctares más dulces, para cumplir el mandato del trabajo del Alma en la vida. Necesitamos perdón y valentía. Valentía para atrevernos a salir de lo antiguo, que nos compramos alguna vez como cierto. Si en nuestra familia hay “antecedentes” es necesario que revisemos lo que creemos sobre la vida, sobre las normas y los comportamientos y lo que debemos ser, para encontrar la ruta de escape y poder cambiar entonces el destino escrito por dichos antecedentes.

Que Dios nos bendiga a todos.

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