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Archive for 3 agosto 2013

hipertensiónLos seres humanos tenemos una misión en la vida, y es cumplir precisamente con nuestro objetivo: la misión en la vida. Pareciera una suerte de redundancia, pero no lo es. El desconocer que tenemos una misión es una falta, -la ignorancia-, y es más importante y profunda que no conocer dicha misión. Primero viene el darse cuenta que tenemos una, y luego viene la pregunta ¿y cuál es mi misión en la vida? A lo mejor nos pasamos la vida buscando la misión. Recordad que Jesús dijo “Buscad el reino de los cielos y todo se te dará por añadidura”. Pero lo importante es que dijo “buscad”, y eso es simplemente ir en pos de la misión en la vida. ¿Qué puede ser más importante que la misión que tenemos? Nada ni nadie. Además, somos criaturas divinas, hijas de Dios, y por lo tanto nuestra misión es sagrada. Por lo tanto, la sola pregunta ¿y cuál es mi misión? ya es redentora, porque es el comienzo de la búsqueda.

Pasamos por la vida escondiéndonos de esa misión que desconocemos, y nos dejamos maravillar por otras luces que creemos son nuestra misión, y tomamos en nuestra marcha otros estandartes, como el culto al tener, a las posesiones materiales, a la acumulación, al poder, a la codicia y a la avaricia. En fin, nos dejamos poseer por el temor y comenzamos desde temprano en la vida a “hacer lo que conviene”. Pero siempre lo que conviene está dirigido al poseer, presente o futuro. Y dejamos de ser, porque el ser está implícito en nuestra misión en la vida, lo que desconocemos.
Es posible que el análisis que hago lleve al juicio de que es uno básico o liviano, o sin peso, mas es una interpretación que le brinda sentido al síntoma físico para entender lo que el cuerpo quiere decir, ya que solamente el ocuparse de la superficialidad del síntoma hace perder el sentido de la enfermedad y su mensaje del alma. Y no pretendo ni por un momento entrar en el campo científico, que suficiente daño ha causado en estos ámbitos, quizás equivalentes a los beneficios que posiblemente ha aportado.
Una de las consecuencias que está teniendo este desconocimiento de la misión en la vida es la enfermedad, no solamente a lo que se llama el nivel mental, sino también a nivel físico, y ella se manifiesta en las enfermedades del aparato circulatorio y su órgano principal, el corazón. La más común es la hipertensión. Hemos visto en otro artículo que la sangre simboliza la vida, y que el querer manejarla, controlarla, lleva a acumular grasas en las arterias, elevando entonces la presión que ejerce sobre las paredes que la contienen.

(https://caminosdelalma.wordpress.com/2008/11/13/colesterol-otro-enemigo-mas/).

Como vivimos en un mundo regido por la ley de la polaridad es fácil inferir que lo que no queremos que suceda sucede, es decir, queremos controlar la vida y lo que sucede en ella. El hipertenso se las sabe todas, y lo dice, aunque solamente suponga a grandes rasgos de lo que se trate: el miedo le habla al oído y le hace aparentar que sabe lo que no sabe; es omnipotente, ya que piensa, y lo dice, que sin ellos la familia se muere, o simplemente se plantea que qué va a ser la familia cuando él no esté; si él desaparece todo desaparece, porque tiene todo bajo control. Esa es la verdadera trampa de la ignorancia en que vive el hipertenso, ya que cree que tiene una misión que se expresa en controlar lo que sucede, sin dar lugar a lo inesperado o espontáneo, y no comprende –o no quiere comprender- su verdadera misión: desconoce lo espiritual. Cuando hablo de espiritual no me refiero a los ritos de la religión, que son solamente eso, ritos, alejados de la verdadera espiritualidad, la que está en el interior de cada cual.

La misión que tenemos en la vida se mantiene desconocida para el hipertenso, porque además no quiere conocerla, porque la vida que ha construido en base los pilares de sus creencias materialistas le es cómoda y cambiarla sería un desafío titánico, porque además eso le exigiría dejar lo que tiene y, lo que es peor para él, dejar de controlar lo que sucede a su alrededor. Sin duda alguna que la hipertensión debe hacernos reflexionar sobre su relación con la soberbia, aquel pecado capital del cual se dice se derivan los demás pecados capitales, y cuya principal característica es el deseo de considerarse más importante, atractivo o poderoso que los demás, sin importar en el fondo el resto. Es en resumen la soberbia una falla de la personalidad, que lleva a una sobrevaloración personal, a buscar la satisfacción de la propia vanidad. A satisfacer el ego.

Sabemos que a veces la sola mención de la muerte hace que al hipertenso le suba la presión. Y ello sucede no por lo que cree el común de la gente que es que tiene temor de lo que va a encontrar en el otro plano una vez llegue la parca, sino que sucede la subida de los índices porque el hipertenso teme que la muerte le encuentre antes de haber hecho lo que vino a hacer, su misión, la que ha dejado en la sombra por seguir lo que ha creído ha sido su “misión” en la vida.
Es necesario entonces buscar el reino de los cielos para que todo nos sea dado por añadidura, incluida la salud.
Una curiosidad, y es que al corazón es el único órgano del cuerpo humano al que no le ataca el cáncer.
Que Dios nos bendiga a todos.

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