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Archive for 25 noviembre 2013

trasplante_de_corazon_ampliacionHace unos días fui a renovar mi licencia de conducir y en el trámite hay que responder a la pregunta de si se es o no donante de órganos, más bien hay que responder si se es no donante. Como personalmente soy contrario a la donación de órganos hube de llevar obligadamente una declaración firmada ante notario –obviamente con un costo para mí- en que expresé mi voluntad, ya que no basta manifestarlo personalmente al funcionario a cargo del trámite. Por el sólo imperio de la ley alguien puede disponer de mi cuerpo al momento de morir para hacer con él lo que otro alguien considere es el bien común. Ese simple razonamiento que puede parecer tan loable y humano es quebrar la ley del libre albedrío, ley de todos los universos por lo demás, y que es un derecho inalienable de los seres humanos. No se puede quebrar la ley del libre albedrío bajo ninguna condición.

Veamos ahora el hecho del trasplante. Como primer apunte es necesario saber que no hay donación de muerto a vivo: la donación es de vivo a vivo. No se puede trasplantar de cadáver a vivo. Por lo tanto, cuando se hace una donación se extraen desde un ser humano con vida, vivo. La moderna medicina, aquella que nos maravilla con sus adelantos tecnológicos, ha logrado meter en el sótano el tema ético de matar a otro ser humano al inventar la muerte cerebral como indicio de que se ha terminado la vida del donante. La pregunta es entonces si esa muerte cerebral es real, para comenzar a reflexionar sobre el asunto.

Cuando un cuerpo muere, el Alma, lo que somos de verdad, lo permanente, lo real, lo que no es ilusión, sale de ese cuerpo y hace el camino que hacemos siempre, que es ir a la Luz. Algunos le llaman cielo. En la Luz somos recibidos con amor, compasión y cariño. No hay juicio alguno, y en ese espacio de felicidad y paz restañamos nuestras heridas, recuperamos nuestra energía, recibimos amor incondicional y nos preparamos para volver a vivir otra existencia que nos lleve a conocer entonces lo que necesitamos para completar algún día nuestro peregrinar en el aprendizaje del Amor.

Cuando se produce la muerte forzada –por llamarla eufemísticamente- pasan dos cosas importantes. La una es que el Alma se puede fragmentar. De hecho se fragmenta. Y un trozo de esa Alma se va en el órgano que se extrae de ese cuerpo. La segunda es que con certeza el resto del Alma no irá a la Luz, por no estar preparado para hacerlo, y vagará por los planos paralelos, cual limbo, deambulando sin destino, entregado a un destino incierto y peligroso, pudiendo ser asediado por fuerzas oscuras que buscarán encadenarlo para producir maldad, o simplemente convirtiéndose en Alma perdida que buscará un anfitrión en el cual cobijarse. En ambos casos él o los que producen, participan y autorizan el trasplante llevan su cuota de responsabilidad, que se convierte inevitablemente en deuda o karma, que habrá de ser equilibrado en alguna oportunidad.

El Alma que abandona el cuerpo muerto, ya sea en pequeño o gran fragmento conserva siempre toda la información de la última vida, y en el caso de los trasplantes tienden a querer manifestar los hábitos, gustos, costumbres y deseos de esa última vida en ese cuerpo fallecido. Eso produce claramente “trastornos de personalidad” en el receptor. La lucha entre las Almas, la del anfitrión y el huésped se convierte en una lucha de voluntades, para ver quien impone la suya al final.

El trasplante de órganos va mucho más allá de la simple misericordia cristiana que supone que ante cada sufrimiento o dolor debe acudir a solucionarlo de la manera que se cree adecuada, sin reparar en el libre albedrío y voluntad de las personas. Por lo tanto, puede ser recomendable no dejarse manipular por la culpa y conocer a fondo todas las aristas del trasplante.

Que Dios nos bendiga.

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RodillasUn amigo siempre me decía que las rodillas son el órgano del equilibrio entre la humildad y el orgullo. A mí me parece mejor decir que es entre la soberbia y la humildad. La soberbia la uso como sinónimo de altivez, testarudez. Pero lo de humildad es bastante apropiado. Humildad según la RAE es una acepción que significa sumisión, rendimiento. Esta definición es bien decidora de lo que nos indican los problemas a las rodillas.

Los problemas a las rodillas pueden ser variados; dolores crónicos, repentinos o golpes, como cuando caemos de rodillas.

Cuando tenemos problemas a las rodillas es necesario preguntarse ¿ante qué debo arrodillarme? Esta pregunta nos puede llevar a descubrir aquello que sucede en nuestra vida y no se puede cambiar, por lo tanto debo rendirme a ello y aceptarlo de una buena vez: el asunto es así y no cambiará, por lo tanto me rindo no más. Es necesario aceptar honestamente lo que sucede en la vida, sin fingir que no es así o que no sucede lo que nos pasa.

La sanación sucede cuando tomo conciencia de lo que me pasa, de porqué aparece el síntoma o se produce el accidente.

Una caída de bruces accidental nos puede estar diciendo que inconscientemente tenemos que aprender forzadamente de algo que no tenemos claridad alguna, pero que nos arrodillamos en señal de sumisión, y de que hay algo más grande ante lo cual tengo que bajar la cerviz. Este cuestionamiento brusco y repentino de las acciones que he tomado en la vida como camino es la forma que tiene el Alma de decirnos reflexiona, reconócelo y acéptalo, porque así es. Nos muestra simbólicamente nuestra problemática interna. Ya no puedo mantener la posición erguida, y caigo, revelándose el conflicto que lucha por hacerse consciente. Las rodillas nos hablan de sentimientos, emociones e ideas que no pueden ser aceptadas y son por lo tanto simbólicamente rechazadas.

Si cuando caigo de rodillas llevo algo en brazos o en las manos y debo soltarlo para protegerme o amortiguar la caída, es necesario que reflexione acerca del simbolismo de lo que llevo y ya no soy capaz de asir.

La interpretación del síntoma, si se hace de forma seria, honesta y sincera, puede ayudarnos a superarlo y a recuperar el equilibrio de salud que perdimos, y sabremos que acertamos en la interpretación cuando la observación que hacemos duela, porque toda observación cuando es acertada, duele.

Que Dios nos bendiga.

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