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Archive for 23 febrero 2014

Vieja estirada1) No puedo vencer a la muerte, ni la mía ni la de los otros.

2) No puedo impedir que mi cuerpo envejezca.

Estas son dos de doce verdades enunciadas por Jorodowsky, y qué tremendas son.

En el mundo actual todo está enfocado a combatirlas. Por una, quiere vencerse a ambas, utilizando todo artificio posible, desde la tecnología hasta los “alimentos naturales” y también los producidos tecnológicamente. Los tibetanos comienzan la formación de sus monjes haciéndoles meditar por largos años sobre la muerte, para que de esa manera puedan comprender y conocer la vida. Ni siquiera sé si esos verbos sobre las consecuencias son correctos, pero el asunto importante es reflexionar sobre la muerte. La muerte es parte de la vida misma: desde que nacemos comenzamos a llevar un cadáver con nosotros; a cada instante algo muere, algo nace y se renueva, pero el todo físico se encamina a la muerte, y no se puede evitar, ni menos vencer. Es efímera la vida.

La paradoja es que nadie quiere morir, pero nadie quiere llegar a viejo. Se desecha lo antiguo, se destruye, se bota, se denigra. No se acepta la sabiduría de los viejos sino se les desprecia. No hay espacio ni tiempo para masticar la sabiduría en la vorágine del futuro que amenaza con llegar a cada instante. El mañana domina sobre el hoy, que es donde mora la sabiduría adquirida en el ayer. No hay presente, sino solamente futuro.

Y como nadie quiere llegar a viejo se modelan los cuerpos con cirugía, con ácidos, siliconas y bótox, para dar la impresión de ser dotados de cuerpos perfectos y eternamente juveniles. Las drogas legales de las farmacéuticas y las ilegales de los narcotraficantes, los químicos en bebidas artificiales y alimentos energéticos entregan la ilusión de apariencia y funcionamiento perfecto. Pero ello no es nada más que el temor a conocerse a sí mismos, a aceptar que somos lo que somos, mortales.

Escapamos todo el tiempo, despreciando incluso aquello en lo que nos convertimos, escondiéndolo. Pero no nos podemos esconder de nosotros mismos ni del mundo que hemos creado. Pero no podemos escapar a la muerte, que se viene tan callando, como dijo el poeta.

El drama es que por evitar la muerte no se vive la vida.

Que Dios nos bendiga.

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Identidad

mbaPara cambiar la realidad es necesario que cambiemos lo que nos contamos a nosotros mismos sobre lo que somos, sobre cómo somos. Hay que ir más arriba de esos falsos cuentos, mucho más, para permitirnos volar para llegar a lo que seremos, el ser de verdad.

Hay que cambiar las creencias que tenemos, aquello que pensamos que es una verdad irrebatible, y despojarnos de los títulos que nos aprisionan, que nos ponen barrotes infranqueables, y nos hacen interpretar un cierto papel, que es que creemos debemos representar.

Hay que ir más allá de los roles que creemos debemos demostrar, y ser libres para experimentarlo todo, para así conocer a Dios en todo.

Cuando dejamos las etiquetas, los roles, los títulos, los papeles, y dejamos de vernos según lo que creemos que somos –o lo que es peor: según lo que otros dicen que somos-, podemos ser libres y volar en las alas de los cóndores y las águilas para que nos lleven muy arriba, a mundos inexplorados, llenos de vida, de emoción y aventura, de amor.

Es normal que te pregunten, por ejemplo, ¿qué estudiaste?, y la respuesta común es “soy arquitecto, o soy periodista, o soy enfermera”. Ya eso te restringe absolutamente. Como el lenguaje crea realidades defines lo que eres, pero eres mucho más que ingeniero, kinesióloga o abogado, pero mucho más. Hubiera sido más conveniente en términos de libertad contestar a esa pregunta tal cual fue formulada: estudié pedagogía general, o ingeniería, o sociología. Eso define lo que estudiaste, la profesión que aparece en el cartón del título, no lo que eres. Por regla general el título te aprisiona en lo que lo define. Si pasas por períodos complicados en que no logras encontrar trabajo en la profesión que escogiste –o que te escogió- puede que ese título te mantenga aprisionado y no te deje aventurar en otras áreas diferentes, en las cuales es posible sean de mayor gratificación. Al final es una cadena. Los niños y los jóvenes son más sabios y tienen abiertas las puertas al mundo de las infinitas posibilidades, las que vamos cerrando a medida que nos vamos rigidizando, siendo presa de tanta creencia limitante.

Una enfermedad social es el cáncer: la negación de nosotros mismos, de nuestro ser más íntimo, para hacer lo que otros nos dicen que es lo que es conveniente que hagamos. Y el cáncer no se combate, porque todo lo que se combate toma más fuerza. Es necesario comprenderlo, conocerlo, aunque sea una dura tarea, porque es nuestra sombra profunda manifestada, e iluminarla; es aciaga tarea, pero necesaria para sanar.  Parar, detenerse en esa carrera de representar un papel es necesario, hace bien al cuerpo. Cambiar los sentimientos hacia nosotros, nuestra valoración, puede hacer una gran diferencia. El Alma necesita un respiro, para ser lo que se vino a ser.

Despojémonos de los títulos, para alcanzar la libertad. Y toda nuestra realidad cambiará. No será necesario que cambie la otra, o el otro, o la sociedad, o quien sea. Ahí serás libre. Y todo habrá cambiado. Saquémonos las etiquetas y no etiquetemos, que estamos aprendiendo a vivir, aprendiendo a ser, y si nos encasillamos es lo mismo que cortarnos las alas.

Somos mucho más que lo que podemos llegar a identificar en nosotros. Dejemos que ello se manifieste.

Que Dios nos bendiga.

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casa1El cambiarse de casa es un hecho muy significativo en la vida de las personas. Los lugares están asociados a acontecimientos importantes y almacenan recuerdos y esos lugares ocupan espacio en nuestro ser. Una casa es un lugar que nos ha acogido, nos ha dado seguridad, cobijo, protección; ha conocido nuestros más íntimos secretos, nuestras alegrías y nuestros llantos. Sus paredes han escuchado nuestras plegarias y ruegos por nosotros, por la familia, por los familiares cercanos y por los seres queridos que comparten o han compartido nuestros días. Sus techos llevan grabadas nuestras miradas de desolación en esas noches de insomnio interminables, en aquellas noches oscuras del Alma, en que nada anda bien, y en que no se ve ni un camino a seguir. La casa ha sido testigo de acontecimientos importantes, tanto como nacimientos, muertes. Nacimientos y muertes de seres queridos, de hijos, padres, abuelos, y también nacimientos y muertes de amores y de relaciones. Ha visto cómo se han desarrollado situaciones desafiantes, traumáticas, gritos, dolores y desamores, reconciliaciones y separaciones, esperanzas y desilusiones, llantos, peleas, discusiones, sonrisas, risas y suspiros; todos muestras de lo humanos que somos. Sus puertas han abierto oportunidades y desafíos, y se han abierto a invitaciones y se han cerrado en las despedidas; conocen las frentes derrotadas apoyadas en ellas y los sollozos que quedan cuando aquella persona las cierra llevándose todos los cariños y abrazos que no se dieron, dejando atrás encerrado con ellas los reproches, la ira y la violencia.

La casa nos ha visto crecer. Nos ha visto pasar por las diferentes etapas de la vida. Mudo testigo de nuestras experiencias y de los silentes miedos que van quedando en el pasar. Ha visto el llanto de una madre cuando su primer hijo o hija deja el nido para salir a tener su propia experiencia de vuelo en la vida, que expresa en esas lágrimas los dolores y alegrías futuras que ese viaje le causará e ella misma.

Cuando dejamos la casa es necesario hacer un ritual de despedida. No es solamente la casa la que dejamos atrás. Es también nuestra piel, igual que hace la serpiente, la que dejamos atrás para cambiarla por una que nos permita recorrer los nuevos caminos con belleza, con elegancia. Y lo primero que es necesario hacer es agradecerle por lo vivido juntos. Dar las gracias es estar en ayni, como reciprocidad.

Como ritual podemos hacer un ayni despacho, con la pura intención de agradecer todo, incluso aquello que ya hayamos olvidado consciente o inconscientemente. Podemos poner en él algunos objetos que manifiestan ese agradecimiento, simbólicamente. Todo aquello que hemos vivido. Podemos escribir los agradecimientos por todo lo vivido y lo experimentado, y depositarlos en el despacho. Este ritual puede ir acompañado con un recorrido por ella, antes de remover nada, con una vela blanca, dando las gracias, luego pararse frente a ella, en una acción de humildad y agradecer. Antes de irse, hay que botar todos los paños, escobas, trapos y traperos, esponjas y fregonas, del aseo de baños, cocina, patio y casa, y no llevarlos a la nueva residencia. El despacho tiene que ser en un papel de regalo muy hermoso, muy lindo, lo mejor que se pueda encontrar disponible. Junto a todo lo anterior es conveniente comunicarse con la casa y pedirle al Alma de ella que se comunique con la nueva para que nos reciba con amor.

Este agradecimiento a la casa es un acto sublime, porque damos dignidad al lugar que nos conoció, nos vio crecer y envejecer y nos prepara para el siguiente lugar, para hacernos dignos de él.

Los rituales son necesarios en la vida, porque son del Alma. No hay para qué hablar, a no ser que las palabras salgan desde el corazón más puro.

Que Dios nos bendiga.

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ritos de pasoCuando se termina una etapa en la vida y comienza otra, ocurren muchas cosas interna y externamente, y es necesario verlas, sentirlas, comprenderlas y hacer el proceso del paso de una a la otra. En occidente estamos perdidos en relación a estos ritos, llegando a confundirse con fiestas y acontecimientos comerciales, que están lejos de representar la espiritualidad inherente a esos momentos, y que el Alma añora. Cuando pasamos de una etapa a otra suceden dos cosas; la primera es que parte de nosotros se muere, se deja atrás para ya nunca regresar, y otra comienza, con todas las incertidumbres que ello trae. Esta incertidumbre se acrecienta cuando no hay un ritual, un rito de pasaje, que de por concluida la etapa anterior y de la bienvenida a la nueva etapa.

Por lo general el paso de una etapa a otra es un proceso intimidante, y confuso. Hay algo que se está muriendo, dejando atrás, para asistir a un nuevo nacimiento, en la misma vida. Ya el nacimiento es un gran rito de pasaje: dejamos el tibio y seguro vientre materno, para enfrentarnos a lo desconocido de un mundo agresivo. El nacimiento es un rito de pasaje, donde somos recibidos, celebrados, alentados a comenzar a andar por nuestra cuenta, aunque sea con mucha ayuda, pero ya respiramos por nosotros mismos, y la alimentación es externa y no automática. Pues bien, las etapas siguientes son también un nuevo nacimiento. Siempre que comienza un cambio se está en el proceso del despertar. En este proceso comienzan las incomodidades de que lo conocido ya comienza a ser molesto. Sin embargo deseamos aferrarnos a lo conocido hasta ese instante, comenzando una lucha interna para mantener la comodidad conocida, ya que el miedo a lo desconocido que comienza a aparecer intimida y paraliza.

El despertar es entonces una parte importante de cada proceso de cambio. A veces este despertar es violento, porque puede provenir de un accidente, de una enfermedad, de alguna situación no deseada, o no planeada, como por ejemplo un embarazo no planificado. Pero, por lo general, el despertar se produce al pasar naturalmente los acontecimientos de la vida.

Una de los acontecimientos más importantes en la mujer es la menarquia, su primera menstruación. Esta marca el fin de la niñez y el comienzo de la mujer. En las culturas naturales, este acontecimiento es celebrado con respeto y alegría, y se realizan rituales especiales para honrar este suceso. Hay muchos relatos de los ritos que se hacen, pero el factor común es el respeto, cariño y amor con que las mujeres adultas reciben a la niña a esta su nueva realidad, dándole la bienvenida afectuosamente: es una celebración.

Luego del despertar comienza el tránsito a la nueva realidad que se hace patente. En esta etapa nos damos cuenta que ya no sirve el conservar las antiguas creencias, los antiguos hábitos y las antiguas formas, para decidir entonces a cambiar de piel; es la gran partida. Hacer conscientemente esta gran partida ayuda a comenzar a ver en quien te convertirás, en vez de quedarte anclado en lo que has sido hasta esa hora.

Cuando completamos la gran partida, y hacemos voluntariamente el cambio, comienzan las pruebas del camino. En esta etapa, nos enfrentamos a todos los demonios que hemos creado en nuestra mente, y comenzamos el recorrido del camino épico que debemos recorrer en cada etapa.

Al final, llegamos a la iluminación, que no es  ni más ni menos que la culminación del gran viaje en esta etapa de nuestra vida, en que comprendemos que todo ha sido un aprendizaje, y aceptamos todo cuanto hemos sido y vislumbramos todo cuanto podremos ser en el futuro. Nos convertimos en maestros en esta etapa. Ya estamos completos.

Entonces, cuando pasamos de una etapa a otra en la vida, es necesario que hagamos un rito de pasaje, consciente, hermoso, místico, espiritual, y físico. Este rito es necesario que sea siempre simbólico, para ir lejos de lo literal, porque el rito es al Alma, y el lenguaje del Alma es simbólico, no verbal ni literal. Siempre digo que Jesús hablaba en parábolas, que son simbólicas, por eso llegaba al Alma de quienes le escuchaban.

Los ritos que se hacen con los niños necesariamente deben ser acompañados por la bendición de los padres, como una forma de autorizar al pequeño o pequeña a continuar su camino, dándole con ello la energía necesaria para que puedan hacer los cambios. Siempre la bendición de los padres es muy importante, porque de otra forma pareciera que los pasos naturales se hacen en contra de lo natural: los padres se supone ya hicieron todos los procesos por eso son naturales.

Podemos identificar hoy muchas etapas importantes: el nacimiento, el primer día de escuela, la menarquia, el desarrollo sexual en los adolescentes (edad del pavo), el primer pololeo, la salida del colegio y la entrada a la educación superior, la graduación de esta, el primer trabajo, la adultez, el matrimonio, el ser padres, y así muchas más, que fácilmente podemos identificar.

En todas estas etapas puedes hacer ritos. Si tienes hijos los haces para ellos. Si son tus procesos los haces para ti. Pero es necesario hacerlos para conectarnos con lo que hemos sido, aceptándolo, honrándolo, y para conectarnos con quien podemos ser, para darle la bienvenida, y bendecirnos por ambas.

El rol del chamán es acompañar, y muchas veces es ayudar a despertar. Luego sigue la vida.

Y cada ceremonia del ritual de pasaje debe ser impresionante, de forma que el mensaje sea tan simbólicamente profundo que el Alma lo pueda captar en forma completa.

Confíe en su sabiduría ancestral, sabrá hacer el ritual que necesita en cada oportunidad.

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