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Archive for 20 septiembre 2016

foto-23612Radio BíoBío en su sitio web del lunes 12 septiembre de 2016 ha informado lo siguiente:

“Un gendarme de 19 años murió al interior de la torre de seguridad donde ejercía labores de custodia, en la cárcel de Quillota.

De acuerdo a los primeros antecedentes, el funcionario se habría disparado haciendo uso de su arma de servicio, a eso de las 02:00 horas de esta madrugada, hechos que son investigados por Gendarmería.”

Es bastante común escuchar que los gendarmes (en Chile Gendarmería es el órgano armado encargado de la custodia de los detenidos procesados, y de las cárceles), tienen altas tasas de licencias médicas, y presentan casos de suicidios. No conozco cifras de retiros, o de alcoholismo, o alguna otra adicción que provoque problemas laborales en la institución, pero supongo, a la luz de lo que plantearé en adelante, que estas cifras deben ser importantes y un continuo dolor de cabeza para sus jefes y autoridades.

Los lugares donde hay sufrimiento y dolor, y muerte, son un reservorio de almas perdidas. Las almas perdidas son almas de personas muertas que por alguna razón no han continuado su camino espiritual y no han ido a la luz -el cielo llamado comúnmente-, y se quedan apegados a la tierra -earthbounding, dicen los escritores en inglés del fenómeno-. En este apegarse a la tierra, se “pegan” al campo vibratorio o campo luminoso -el aura- de las personas vivas, y comienzan a influir en ellas, de diversas formas. Comienza una lucha de voluntades.

Hay algunas personas que son más vulnerables que otras a estas intrusiones, o posesiones como son llamadas comúnmente, por diversos motivos. Entre ellos puedo mencionar. por ejemplo, cuando se sufren golpizas a cualquier edad, pero con mayor efecto cuando se es pequeño; episodios de rabia u odio profundos; peleas físicas; operaciones con anestesia general; accidentes; torturas, es decir, cualquier episodio que cause una alteración de la conciencia habitual y produzca una grave caída en la energía habitual que posibilite estas intrusiones.

Las cárceles son lugares de mucho dolor y sufrimiento. Para empezar los propios de la privación de libertad. Eso ya es traumático. Enseguida vienen los producidos por la violencia al interior de los penales. Violencia física, sicológica y mental. La violencia física propia de quienes han vivido siempre en un modelo social de solución de sus controversias a golpes, con la salvedad que el uso de armas de cualquier tipo es una herramienta de la pelea. También están las agresiones sexuales que tanto se comentan. Estas son verdaderas y agregan más violencia a las cárceles. Por lo tanto, las personas presas son, a no dudarlo, portadoras de almas perdidas, y algunas de ellas muy oscuras.

También está la violencia de los custodios contra los custodiados, no importando si ella es con o sin razón. Existe. Y ello produce un fenómeno muy preocupante: las maldiciones a los custodios.

Los gendarmes entonces están muy propensos a ser “poseídos” por estas almas perdidas que abundan en las cárceles.

Las tienen los presos, las llevan y traen los familiares, y el lugar físico tiene las propias, de aquellos que murieron entre sus gruesas murallas. Y, por si fuera poco, las maldiciones hacen lo suyo con otras entidades de este tipo.

Conocí a un médico jefe de un penal, cuya preocupación constante eran cuidar que no hubiera suicidios entre los presos. Para ello disponía de un arsenal de químicos para mantener a raya los “deseos” de suicidarse de los más complicados. Mantener drogado a muchos es también una constante.

Cuando una persona se suicida, su alma, lo que somos de verdad, sale despedida del cuerpo, para graficarlo, y en un estado de confusión tal que normalmente no es capaz de ver la luz, ni mucho menos irse a ella, para completar su viaje espiritual. Por el contrario, no quiere ir a la luz cuando la ve, ya que en su confusión cree que su intento de suicidarse falló, al ver que continúa con sus sensaciones y emociones, aunque ahora sin cuerpo físico, lo cual tampoco comprende ni menos puede aceptar. Entonces esta alma se convierte en una apegada a la tierra, que buscará un anfitrión que la cobije y le entregue la energía que necesita para seguir su proceso. Entonces buscará a alguien que vibre en su vibración, o parecido, y se “le pegará”.

El alma perdida siempre mantiene el recuerdo de su última existencia en un cuerpo, por lo tanto, un alma de un suicida recordará esa, con esa realidad, pero, en su confusión cree que el intento falló por lo cual tratará de repetirlo, para ver si ahora tiene éxito. Y entonces ahí se produce la lucha de voluntades con el alma dueña del cuerpo, para ver quién manda y toma el mando de las acciones. Si el alma anfitriona es débil, seguramente ganará la huésped y entonces se producirá el intento de suicidio. Si el alma es fuerte, es decir, mantiene una fortaleza propia de un ser que es amado y respetado no podrá haber derrota y no habrá posibilidad de un suicidio. Pero, si esa alma decae en sus fuerzas, producto de algún proceso emocional como relaté antes más arriba, puede existir la probabilidad de atentar contra su vida.

Eso es con seguridad lo que sucedió con este jovencito de 19 años que se suicidó.

Bajó la guardia, fue poseído, y fue inducido al suicidio por el alma errante apegada a la tierra, el alma perdida de un suicida.

Imaginen ustedes qué fortaleza puede tener un muchacho de 19 años que se ve enfrentado a un mundo donde viven aquellos que han vivido en la violencia y han cometido delitos, muchos de ellos atrocidades en contra de otros seres humanos.

El amor es el que da la fortaleza a nuestro campo luminoso, y lo que nos mantiene firmes y protegidos.

Que Dios nos bendiga a todos.

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