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Archive for the ‘Gibrán Khalil Gibrán’ Category

En estos días los egresados de la educación media en Chile rinden la prueba de selección para ingresar a la educación superior. Los niveles de nerviosismo y preocupación son evidentes y numerosos. Cuando este nerviosismo e intranquilidad son de los jóvenes es entendible, y natural, pero cuando se ve acompañado por la angustia de los padres el asunto toma otro ribete. Los examinados han pasado 12 años sometidos a la presión de este acontecimiento en el que deciden su futuro laboral y personal, según lo que se les ha inculcado -falsamente, por cierto- desde la más temprana infancia, por lo que las reacciones que tienen son comprensibles. Muchos de estos jóvenes son sometidos por sus padres y sus médicos a recetas de productos químicos para adormecer su alterado estado, lo que solamente hace que la situación se vuelva más preocupante, ya que los jóvenes cuerpos reciben sustancias que son claramente nocivas. Pero se las justifican dado el grado de angustia de los futuros examinados. ¿Podremos comprender alguna vez que los medicamentos no son inocuos, y que el templo que tenemos como cuerpo no considera natural la ingesta de estos productos? Los medicamentos alteran el funcionamiento de los órganos componentes de nuestro cuerpo. Los hay algunos que estimulan a dichos órganos para que funcionen a mayor velocidad o produzcan más y más rápido; y los que inhiben otros órganos, para que no funcionen con normalidad o produzcan menos y más lento. Pero nada es normal, y lo que se cree hoy –con toda la campaña publicitaria de laboratorios y médicos- que la ingesta de químicos es beneficiosa y mejora rendimientos y resultados es claramente una situación anormal. Pero, la presión por rendir, en la búsqueda del siempre esquivo éxito, es aliciente suficiente para atiborrar a los seres humanos de toda clase de productos de dudosa calidad y reputación. Los miles de millones de dólares de las campañas publicitarias han relegado a la anormalidad lo que es normal.

Cuando los padres viven este paso natural de sus hijos con evidente nerviosismo el asunto es preocupante. Los argumentos para la preocupación son variados, pero todos apuntan al temor de que el joven o jovencita no obtenga el puntaje deseado para lo que creen es lo que deben estudiar. Es cierto que la preocupación por el rendimiento puede ser lícita y no censurable: la experiencia que tenemos actúa como patrón de medida en lo que creemos debe ser lo “mejor” para el niño o niña.

Pero el asunto llega a límites impensados, a los cuales son arrastrados los padres en forma inconsciente, al manifestar muchos el temor que sus hijos no sean nada en la vida si es que no entran a la carrera que ellos creen les asegurará el futuro. Y esa presión la hacen sentir a quienes son los actores de esta situación.

Los padres debemos abstenernos del deseo de moldear a la joven conciencia, y más aún de decidir lo que deben estudiar. El sólo hecho de pensar en que la vida se les convertirá en una tragedia griega y de pobreza continua si no estudian lo que pensamos deben estudiar es una muestra de desamor de tamaño mayor, ya que se está desconociendo de plano que el niño o niña ha venido a la Tierra con sus talentos propios, diferentes y únicos. Lo que debemos hacer es solamente dar cariño, guiar, y proteger, pero no ordenar ni someter, para que se desarrollen seguros, confiados, amados, y puedan entonces manifestarse en plenitud en un mundo que crece cada día más, obra de los que se van sumando a los procesos creativos y productivos. Un joven aceptado desde su individualidad, cualquiera que ella sea, no podrá más que manifestarse amorosamente en el mundo, desarrollándose y trabajando en lo que sus talentos le indiquen. El desafío para los padres es alentar a que los jóvenes desarrollen sus capacidades, apoyando, sin críticas.

El trabajo es una manifestación del amor hacia nosotros y el prójimo, y ese amor es pleno cuando se hace lo que se vino a hacer al planeta. Cuando se hace lo que no se quiere, cuando se hace lo que se obliga, no hay manifestación de amor. Gibrán Jalil Gibrán dice del trabajar con amor:

“Es tejer el vestido con fibras extraídas de vuestro corazón, como si fuera para vestir al ser más amado. Es construir una morada con cariño y embellecerla como si fuese para albergar al ser más amado. Es sembrar con ternura y cosechar con regocijo, como si el fruto fuese para alimentar al ser más amado.”

En la actualidad, la interferencia en la vida de los jóvenes es muy alta, y solamente se les transmite temor e inseguridad y no valentía y deseos de vivir la vida.

El Dr. Bach dijo: El maestro deberá siempre tener presente que su oficio consiste únicamente en ser agente que dé al joven guía y oportunidad de aprender las cosas del mundo y de la vida, de forma que todo niño pueda absorber conocimiento a su manera, y, si se le da libertad, pueda elegir instintivamente lo que sea necesario para el éxito de su vida.

A lo mejor, esta prueba de selección será para muchos jóvenes una primera oportunidad de liberarse de las imposiciones paternas, eligiendo de corazón aquella carrera que se pueda ajustar a sus intereses y talentos.

Los padres debemos entender que si supiéramos lo que es bueno debimos haberlo hecho nosotros antes, y que si no lo hicimos es una clara muestra de nuestra incapacidad, y no podemos entonces exigir a los que empiezan el camino que sigan la senda que creemos será la pavimentada para ellos, ya que esa senda es solamente ilusión. Y esa ilusión puede convertirse en un infierno para aquel o aquella que decimos tanto amar.

Es bueno confiar en Dios y en los caminos que él ha diseñado, aunque sean, a veces tortuosos e intrincados, pero son sus caminos. Confiemos entonces en los hijos.

Que Dios nos bendiga a todos.

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