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Archive for the ‘Del dolor’ Category

El tobillo es una articulación principal de nuestras piernas, y tiene una función principal en nuestro “caminar” por la vida. Como está contenido en las piernas tiene el significado general que ellas representan: son las que nos permiten desplazarnos, ir de un lugar a otro,  e ir al encuentro con el otro (o la otra), y también al encuentro de las cosas, lugares o situaciones que son importantes para nosotros. Los tobillos son en última instancia los que realizan físicamente la acción de la dirección en que nos movemos.  Como son una articulación es ahí donde modulan algunas fuerzas complementarias, que tienen que ver con nuestras creencias, nuestros valores y su manifestación en la vida y en la relación con el mundo que nos rodea –social, laboral, afectivo- y nosotros.

El tobillo es además el puente que nos comunica con la Pachamama, la Tierra, y todo lo que ella representa. Como puente entre el arriba y abajo los tobillos adquieren la importancia de la vía de comunicación, y analógicamente puede interpretarse como el puente entre lo mental (lo de arriba) y lo físico o real (la tierra). Los tobillos son además la antesala de los pies, que son los encargados del apoyo, por lo cual tienen importancia fundamental en ello. En los tobillos se anclan los tendones de Aquiles.  Los tendones representan además las energías mentales. Los problemas a los tobillos pueden dar cuenta de un bloqueo de energía, es decir, energía que no logra producir movimientos en la vida, no pasa a la Tierra.

Los problemas en las articulaciones tienen relación con la rigidez o con la poca flexibilidad en relación a diferentes aspectos de la vida. Las dolencias de los tobillos nos avisan de la rigidez en cuanto a las creencias de los apoyos que tenemos, o simplemente que la “dirección” que lleva nuestra vida en algún aspecto importante no está en consonancia con nuestro propósito o misión de vida. Cuando no somos capaces de tomar una decisión que tenga relación con la dirección que estamos tomando en la vida se presentarán problemas a alguno de los tobillos, lo que deja de manifiesto alguna emoción en relación a ello, como puede ser el miedo o el temor al futuro, o la confusión que nos acarrea el cambio obligado. Para interpretar fielmente las dolencias se debe analizar la lateralidad, es decir, cuál de los dos tobillos es el afectado. Si es el izquierdo puede tener relación con los aspectos femeninos de la vida, con la creatividad o con la o las mujeres importantes en la vida. Si es el tobillo derecho la relación puede ser con lo laboral, con la provisión de fondos, o simplemente con la relación con el hombre o los hombres importantes en la vida.

Las torceduras, los esguinces, los traumatismos y dolores en general dejan en evidencia los conflictos y la necesidad de dar un giro a la vida, aun cuando queda claro lo que cuesta hacerlo, por tener que romper barreras representadas por las creencias que hemos adquirido a lo largo de los años. Por eso es que los niños no presentan problemas de este tipo. Cuando se produce una fractura en el tobillo –por cualquier causa que sea- se manifiesta un conflicto de extrema profundidad, que fuerza entonces a detenerse en el camino que se llevaba, dando la oportunidad de reflexionar y suavizar las posturas y hacerlas más flexibles, para poder retomar el “camino”, o cambiarlo definitivamente.

Que Dios nos bendiga a todos, y nos guíe en la dirección que debemos ir.

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No es extraño que las mujeres cuando tienen relaciones afectivas insatisfactorias, sufridas, tortuosas o simplemente malas con sus respectivas parejas desarrollen dolencias al sistema reproductor. Estas pueden ir desde el desarrollo de hongos hasta herpes o infecciones bacterianas. Reitero que la enfermedad no es material en su origen, vale decir su causa no está en el plano físico, pero sí se desata cuando en él actúan los agentes encargados de manifestarla, como son los hongos, virus y bacterias. Y para sanar definitivamente de ella hay que ir a planos superiores, como el plano del Alma.

Las dolencias al aparato genital tienen la particularidad de impedir las relaciones sexuales, es decir, lo que no se resuelve conscientemente se resuelve en forma inconsciente. Pero es una forma irredenta de concluirlo, ya que no va, ni por asomo, a la resolución definitiva del problema, y lo mantiene escondido en el fuero más íntimo solucionándolo parcialmente con pastillas, pomadas o antibióticos, hasta la nueva aparición de los síntomas. Cuando aparecen es necesario que pensemos de inmediato en la calidad de la relación con la persona que está siendo importante en la vida como pareja.

Cuando la mujer sufre de infección producida por una bacteria hay que considerar como primera consideración que ella se siente o cree ser producto de una agresión externa, y en su fuero íntimo está presente fuertemente la culpa, ya sea por asuntos antiguos o por mantener la relación insatisfactoria y no ponerle término. Lo mismo puede pensarse para los otros agentes, pero con diferente significado. Los hongos traen aparejado una sensación de suciedad, de oscuridad, y están relacionados fuertemente con la autoestima, y son recurrentes en la sexualidad sin amor: así se manifiesta el conflicto interno de mantener una pareja no deseada íntimamente. El herpes en la zona genital tiene un significado similar, y marcan la presencia de conflictos íntimos tales como sentimientos de impureza, rabia, o simple vergüenza al placer sexual. En todos los casos hay también una alta dosis de miedo –el opuesto al amor-, que lo que hace especialmente es impedir la acción sanadora definitiva.

Puede haber también otra vertiente en relación a estas dolencias, y es la que se relaciona con el crear –que nos remite también irremediablemente al otro en el análisis-, ya que simbólicamente estamos restringiendo el crear vida, ya sea en forma de hijos o, en el lenguaje del Alma, el crear nuevas realidades para nosotros.

Cuando suceden estos eventos es necesario que la mujer afectada sea sincera consigo misma, y analice la calidad de la relación que mantiene, sus orígenes y consecuencias ulteriores y pueda imaginar su felicidad futura, para que de esa manera tome las decisiones con la libertad que necesita tomarlas. Puede ser cierto que las creencias de todo tipo, los hábitos y los mandatos sociales hagan difícil poner ciertos aspectos en la balanza para una toma de decisiones, pero como siempre digo para sanar se necesita mucha voluntad y valentía.

Para sanar es necesaria la valentía de enfrentarnos a nuestra sombra y voluntad para no desfallecer en el intento.

Que Dios nos bendiga a todos.

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El país ha estado conmovido en las últimas semanas. Pasan muchas cosas simultáneamente. Conflicto estudiantil, toma de conciencia que el sistema económico solamente satisface a algunos y que para otros es una carga difícil de sostener, fraudes económicos, crisis institucional, social, religiosa, política, accidentes y muertos. Es época de profundos conflictos, y se vienen uno sobre otro, no se detienen, no dan tregua. Hemos pedido tanto y tantas veces que las cosas cambien que parece que todo se nos viene de golpe. Por eso hay que ser cuidadoso con lo que pedimos, porque puede cumplirse.

El accidente de Juan Fernández, que dejó 21 personas muertas ha remecido al país. Es posible que las razones no las podamos conocer aún, porque ellas lo más probable es que estén en el futuro. Hoy solamente nos aventuramos a dar alguna tímida, esforzándonos algunos en ser lo menos emotivo que se pueda, o lo más que se pueda los más, y las columnas, ruegos y plegarias se suceden una tras otra. Ahora se sumó un nuevo fallecido por un accidente de un avión en tierra. Son entonces 22 los muertos.

Yo no hablo de víctimas ni mártires ni santos. Aunque muchos lo ignoran –o lo quieran ignorar- las Almas tienen un propósito en la vida y se juntan para partir al mismo tiempo. Cada una sabe lo que tiene que aprender en su paso por la vida, y en su muerte, y qué dejar para que el resto aprenda. Todos aprendemos con las experiencias de vida, y esta ha sido una más. Los muertos han terminado su caminar por esta experiencia, aprendiendo de la vida y de la muerte. Los vivos aprendemos de su muerte, y vivimos entonces lo que debemos aprender sin ellos. Pero es todo un aprendizaje, y los que se van son unos maestros para que el resto aprendamos. No hay víctimas, no hay mártires. Cada cual hizo lo que tenía que hacer, como sea que lo hizo ya lo hizo. Y no hay santos, porque el simple hecho de morir no convierte a nadie en santo.

La muerte de figuras públicas, especialmente de la televisión, ha causado un fenómeno muy particular, y es la muestra de dolor de mucha gente, que no encuentra consuelo. Pero la pregunta que me hago es, ¿Por qué tanto dolor? Las muestras de dolor vividas y transmitidas a todo color las 24 horas del día por la televisión llegan por momentos a sobrecoger. Llanto, gritos, canciones, flores, lágrimas, algunas reprimidas, velas, fotografías, discursos, gargantas apretadas, desconsuelo desplegado cual bandera al viento. Sin embargo me pregunto ¿qué es lo que se llora? Las personas están tan identificadas con las figuras públicas que viven sus vidas, interpretan sus cosas, visten sus ropas, y la propia vida, la que tienen por misión divina vivir la han dejado de lado. A tanto llega su identificación que comienzan a vivir la vida de la figura pública, y ya no viven la propia. Los programas de farándula y los matinales fomentan el elevar a los más altos altares a sus figuras, y la delgada línea de lo público y lo privado se pierde ante la visión del fuego fatuo de la fama, efímera, y del dinero rápido y cuantioso. Y cuando se comienza a vivir la vida del otro, del famoso, comienza la muerte propia. Ese es parte del dolor que se ha visto profusamente, la propia muerte en vida. Y lo doloroso es darse cuenta que se está muerto en vida, y se vive a través de otro que ni siquiera se ha conocido, sino que solamente se ha visto por la pantalla.

Ha sido de tal magnitud la manipulación de lo acontecido que el país ha estado casi paralizado por días, pendientes todos de la aparición de restos materiales y humanos, buscando culpables y haciendo elucubraciones técnicas y de las otras. Juicios a raudales por doquier, y oraciones para que se cumpla lo que la gente quiere. Lo humano en su más alta dimensión. Incluido el juicio a Dios por la “injusticia” del suceso. Dos semanas en que se abatió la epidemia del resfrío. Claro, la pena cuando no tiene otra forma de expresarse se expresa a través del cuerpo como resfrío. Y ello porque como no estamos preparados para la propia muerte manipulamos el conflicto que se nos provoca su cercanía, resfriándonos.  Cercanía digo porque es cuando nos damos cuenta que es parte de nuestra muerte, de lo que pasó y no nos dimos cuenta, de lo que dejamos de ser para ser otro. A muchas personas se les produjo afección a la garganta, y ni siquiera palabras les podían salir. Perdieron, literalmente, el habla. Otras personas sufrieron problemas circulatorios, algunos graves y otras sufrieron simples alzas de presión. Cuando no se pueden controlar los acontecimientos la presión se dispara. Por eso, el hipertenso, con la sola mención de la muerte se descompone, porque no puede controlar la muerte ajena, y lo que pretende –en el fondo- es controlar la propia. Sabe que algún día el momento de dejar el cuerpo llegará, pero el temor del proceso lo mantiene tenso, muy tenso, hipertenso.

Para aquellos preocupados por las Almas de todos lo que iban en el avión es probable que todos hayan pasado sin problemas a la Luz, ayudados por sus maestros y por los seres de Luz. En mi experiencia personal he visto, y leído en otros reportes, que en el caso de muertes masivas, todas las almas son encauzadas compasivamente hacia la Luz, calmándoseles al ser recibidas con mucho amor. Es probable que haya pasado lo mismo en este caso, y más aún si las muertes son para el aprendizaje y toma de conciencia de los que quedamos aún vivos.

Por eso, la explicación de lo que ha pasado es probable que esté en el futuro, y no seamos capaces aún de verla, pero mientras podemos hacer algo por nosotros mismos, y es tomar nuestra vida en nuestras propias manos, vivirla, soñar, recorrer el mundo, sentir la Tierra bajo nuestros pies, gozar de los atardeceres y contemplar los amaneceres, abrazar a los seres queridos, reír, divertirnos, hacer más de lo que queremos y menos de lo que no queremos, ser congruentes con nuestra Alma, para hacer lo que tenemos que hacer y no lo que nos conviene en un determinado momento, porque lo mismo que hoy es la fuente de nuestra tristeza mañana será la de nuestra alegría.

Que Dios nos bendiga a todos.

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La muerte de un menor en el vehículo de su profesora parvularia ha conmocionado a nuestro país, una vez más. E inmediatamente se han levantado voces exigiendo castigos ejemplares y mayor y más fuerte fiscalización de los vehículos de transporte de menores escolares. Y la consabida búsqueda de culpables. Y de penas. Y aparecen las preguntas sobre la actuación de Dios en este acontecimiento, y las fuertes críticas hacia Él.

Los que tenemos fe en Dios sabemos que nada sucede sin su consentimiento, y que de Él provienen todas las cosas. Por lo tanto, lo que ha pasado, independientemente de lo que pensemos o de la emoción que nos embargue, cualquiera sea ella, es también parte del plan divino. Aunque nos rebelemos. Aunque reneguemos. Aunque rezonguemos. Podemos comprender y solidarizar con el dolor que sufren los familiares del niño y su comunidad cercana. Incluso podemos comprender el profundo dolor de la familia de la profesional que tenía a su cuidado el niño, y de su círculo personal y laboral. Podemos incluso sentir esas emociones que acompañan esta nueva realidad, como pena, frustración y rabia. Sin embargo, lo necesario es solidarizar, realizando acciones de bondad como orar por todos, enviar la Luz, meditar, y aquietarnos. Es necesaria ahora la compasión. Y compasión no es más que amor. No es compasión el juicio rápido y severo, la condena y la búsqueda de revancha. El juicio no es de Dios, es de los hombres. Cuando hacemos el juicio y emitimos las consabidas opiniones de búsqueda de culpables y petición de penas y castigos, y tildamos de injusto e incomprensible lo sucedido no estamos haciendo nada más que enjuiciar al mismo Dios. Los seres humanos no podemos, ni por asomo, conocer el plan divino para cada uno, para la comunidad, para el planeta Tierra ni para el Universo. Dios sí lo conoce, sí lo sabe. Y lo que sucede está en ese plan. La humildad para aceptar ese plan es dura tarea.

Nuestra actual existencia, la de todos, no es más que como lo es un día de colegio en todo el proceso educacional, y el objetivo de ella no es más que aprender, igual que en el colegio. Todos pasamos por diferentes existencias, y en ellas lo que hacemos es aprender, para poder algún día completarnos y volver al lado de Dios, desde donde salimos algún día para conocerlo en toda su magnitud. Es un largo camino, aceptado, en el cual gozamos, como desde siempre, del libre albedrío, la gran ley universal. Cuando tenemos una experiencia terrenal, vivimos como humanos, y adquirimos experiencia, y creamos nuestras realidades. Cuando actuamos contra la ley divina del amor universal, de nuestro amor filial, creamos deuda, la cual debe en algún momento ser saldada. Los tiempos de Dios no son los mismos nuestros, y es posible que se liquide en una o unas de las siguientes experiencias en la Tierra. Y ello no tiene otro fin que aprender. Siempre aprendemos, nos guste o no. No sabemos y es posible que ni siquiera sospechemos cuál debe ser el aprendizaje de los actores de esta tragedia humana: el niño, sus padres, sus abuelos, sus familiares directos, la profesora, sus padres, sus hijos si los tiene, sus abuelos, su familia directa, las comunidades de cada cual, compañeros de colegio, de universidad, de trabajo, la comunidad entera, el país todo.

El Padre Nuestro que aprendí en mis días de infancia decía:

…perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…

Esas deudas a las que se refería eran precisamente las que habíamos generado y creado. Pero se nos ofrecía y pedíamos perdón, por nosotros y los otros. Todos con derecho al perdón.

El niño muerto ha cumplido un rol importante, y es un vehículo de aprendizaje. Y él ha aprendido por sí sólo. A lo mejor, solamente Dios lo sabe, ha equiparado acciones pasadas en las que estuvo involucrado. O ha venido a aprender todo lo que puede desprenderse de una temprana muerte. O ha venido a servir con su corta existencia para el aprendizaje de los padres, o de todos los que lo rodean y que nombré antes. Su muerte como servicio permite hacer una reflexión, como la que me atrevo a hacer ahora. Podemos pensar en muchas cosas, en muchas razones más. Como por ejemplo que sus padres deban aprender con su pérdida, para prepararse para otra existencia en la que deberán ayudar a otros en esta misma condición. O para ayudar en esta existencia. Como aquel padre de un niño discapacitado que fue capaz de desarrollar la silla de ruedas, que ha ayudado a millones de seres humanos desde ese día. Seguramente ha habido muchos padres que han mejorado los diseños e incrementado las prestaciones de ellas para ayudar a algún familiar cercano. Pero, debía existir algún discapacitado necesitado para que con su servicio pudiera alentar a otro a servirlo. La profesora puede estar equilibrando acciones pasadas, cobrando cuentas, o simplemente siendo parte por omisión de esta situación. Solamente Dios sabe de esto. Pero ninguno es inocente: alguna vez acordaron pasar por la experiencia.

La oración en silencio, las cadenas de oración por el alma del pequeño, enviar la Luz, esas son acciones que hoy sirven. El alma de ese niño tiene que hacer su tránsito hacia el plano espiritual en buena forma, seguro, completo. De otra forma, si abundan las emociones negativas puede ser retenido y quedarse apegado a la tierra, pero en el campo energético de alguien, con las consiguientes consecuencias negativas para ambos.

Eso podemos pedir a Dios, pero siempre se hará su voluntad. Y eso es lo que pedimos cuando oramos:

…hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo…

Entonces aceptemos su voluntad.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Algunos beneficios terapéuticos de la TVP

Dentro de la amplia gama de síntomas que pueden tener un exitoso tratamiento con la Terapia de Vidas Pasadas, se destacan, entre otros, el tratamiento de algunos dolores físicos, fobias, crisis de pánico, irritabilidad, miedos y adicciones.

Recuerdo que hace algunos años, una regresión que hice a una querida amiga, en que descubrimos la causa de su migraña –dolor de cabeza recurrente- producto de un trauma de una vida pasada. En el trabajo terapéutico fue a una vida hace unos cientos de años atrás, en que era un miembro de una tribu indígena centroamericana,  y cuya labor era ser cazador y proveer comida para su gente. En una salida de caza se alejó de su territorio, persiguiendo a un animal, y no se percató que comenzó a internarse en terrenos desconocidos para él, hasta que finalmente fue hecho prisionero por miembros de otra tribu. Fue llevado al poblado y puesto en una choza en que había un tronco al medio de ella. Ahí fue amarrado a él, y como característica especial fue amarrado por la frente, con lo cual estaba completamente inmovilizado. Al cabo de unos días murió, después de una agonía dura, sin alimentos ni agua. El dolor de mi amiga en esta vida tenía las mismas características que la presión que hacía la cuerda en la frente en aquel cautiverio. Al trabajar terapéuticamente la situación pudo terminar con las sensaciones y emociones de esa muerte y salir del atrapamiento que le producía en esta vida los insoportables dolores, que la forzaban a andar con medicamentos en su cartera. Según me comentó, no ha vuelto a sufrir de migraña.

En otra oportunidad una señora relata que tiene imposibilidad de tomar cuchillos, con las imaginables complicaciones que ello ha acarreado en su vida. Esta señora, ya mayor, sufría con sólo ver algún cuchillo. El trabajo terapéutico consistió en llevarla a la vida en que se originaba el problema con dichos artefactos, revivir la situación y agotar las emociones involucradas en aquella muerte. Había sido asesinada en una vida anterior en forma sádica y violentamente acuchillada. Al terminar el trabajo, y mientras conversábamos, fui a la cocina y sin disimulo traje un cuchillo con una manzana en un plato y lo puse sobre la mesa en que nos apoyábamos. Le pasé el cuchillo, el que tomó en su mano, y con la otra comenzó a pasar sus dedos sobre la hoja del utensilio. Sonrió y me miró con una mezcla de sorpresa y naturalidad, y me dijo que jamás pensó antes en poder tomar el cuchillo.

Últimamente he sido requerido para ayudar a dejar de fumar a algunos pacientes. Este trabajo consiste en investigar para determinar en dónde se produce, y cómo, la adicción, y desde ahí hacer los cambios necesario para dejarla. Se complementa el trabajo con algunas técnicas de refuerzo, para no recaer. En muchos casos el tratamiento es exitoso, y en alguno es necesario un nuevo trabajo de reforzamiento para completar el proceso definitivamente.

Hay muchos dolores que se solucionan con una sesión de trabajo. Dentro de ellos puedo mencionar por ejemplo los dolores de la espalda superior. Una de las razones puede ser que en alguna vida pasada la persona encontró la muerte acuchillada por la espalda, por ejemplo. El dolor puede presentarse o verse acrecentado cuando él o la paciente atraviesa por alguna situación en que se siente traicionado , –o sencillamente lo es-, en algún ámbito de su vida –amoroso, laboral, negocios, etc.-  por lo que se desatan las mismas emociones y sensaciones que tenía cuando sufrió el ataque primero. Al trabajar terapéuticamente la fuente original del dolor este se soluciona y deja de presentarse en esta existencia.

La TVP puede llevarnos a solucionar problemas como los descritos, sin traumas, sin químicos ni largos y tediosos tratamientos, que además cuestan mucho dinero. A veces basta una corta sesión para sanar conflictos de larga data como los que he descrito hoy.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Este artículo es una reedición del publicado el 20 de agosto de 2008.

Ayer me estremecí al conocer la muerte por suicidio de una médico siquiatra en Chillán, la ciudad donde pasé parte de mi infancia y juventud y a la que guardo tanto aprecio. La noticia apareció en el diario La Discusión de Chillán el 19 de agosto de 2008.

Sin lugar a dudas que las muertes por suicidio son doblemente dolorosas, pensando en los deudos, seres que se quedan sumidos en la pena e impotencia, y en el muerto, cuya alma no logra el descanso. Cuando una persona se quita la vida el alma sale despedida del cuerpo y no puede volver a él. Esto lo puedo explicar de la forma siguiente: cuando alma y cuerpo están vibrando a la misma velocidad permanecen unidas, y cuando el cuerpo ya no tiene vida, el alma, que vibra a una velocidad superior no puede “acoplarse” a éste. Entonces, el alma, lo que verdaderamente somos, observa el cuerpo inerte, y sumida en su anterior estado de angustia, desesperación, miedo, odio o rabia, se le agrega la confusión por estar vivo, pero en otro plano, diferente del que conocemos como plano físico, dándose cuenta que no solucionó nada con la decisión que adoptó. El alma se sume en la desesperanza e impotencia, abatimiento y frustración, y entonces es incapaz de ver la Luz, el espacio donde vamos una vez que abandonamos el plano físico citado. Como no puede ir a la Luz esa alma se queda anclada a algún lugar o deambula durante largo período de tiempo, buscando algún cuerpo en el cual alojarse para buscar continuar lo que cree es “la vida”. Es posible que el alma migre de diversos huéspedes buscando solución para su situación de desesperanza.

Cuando las almas de los suicidas encuentran un cuerpo donde alojarse pueden intentar provocar en el que los cobija doblegar su voluntad –recordemos que estas almas se encuentran en la confusión total, y las más de las veces no reconocen estar en un cuerpo ajeno- llevando a la persona anfitriona a repetir los comportamientos que tenía en su truncada vida y que le llevaron a la solución que encontró. Quiero hacer notar que las almas no saben lo que hacen, no tienen conciencia del mal que están haciendo, ya que no logran captar que no es su cuerpo. Ruego que observen que en ese estado no se puede razonar en la forma en que lo está haciendo usted, el lector en este momento, por lo que el análisis debe ser prudente, sin juicios, y de mucha flexibilidad. De otro modo el asunto pasará a ser inentendible y se descalificará.

Cuando se toma contacto con las almas de los suicidas manifiestan, por lo general, que ellos causan en las personas que los llevan a cuestas, cuadros de depresión más o menos agudos, y tratan de inducirles a que repitan su experiencia, el suicidio. Por eso, muchos depresivos manifiestan que durante sus períodos más tensos observan y analizan las situaciones más fáciles o conducentes a quitarse la vida. Por ejemplo, si están en una ventana calculan si la caída será suficientemente alta, o si los barrotes o vigas podrán sostener su cuerpo si se cuelgan. Es normal que las almas de suicidas manifiesten que su cuerpo original murió por mano propia hace varias décadas o siglos. Todo un calvario para esa alma extraviada.

Los hospitales, consultorios, cárceles, bares, moteles parejeros, centros de acogida, centros de reclusión, clínicas, manicomios, morgues, cementerios o lugares de antiguos sufrimientos son lugares propensos para la existencia y actuar de las almas perdidas. Esto es sabido desde antiguo. Por ello, las personas que trabajan con personas en condiciones de insalubridad mental están propensas a la invasión de estas almas suicidas. Los médicos siquiatras están doblemente expuestos por lo tanto. Siempre se recomienda que las personas se protejan adecuadamente, diariamente, antes de estar o trabajar en esos lugares. Y nunca se deben llevar niños pequeños a estos lugares, especialmente cuando pueden tener pena.

El caso más reciente del actuar de estas almas de suicidas se da en Tongoy, donde una seguidilla de casos ha conmocionado al país en el último tiempo. La historia de alcohol, violencia física y drogas en la que se desenvuelve la juventud de escasos recursos económicos de ese balneario hace propensa la situación. Por ello es que se repiten los casos, sin encontrarse desde lo racional alguna explicación.

El asunto entonces no está radicado en el funcionamiento del sistema nervioso ni en tal o cual glándula ni en las hormonas ni en los genes ni en lo que los suicidas comen, sino en otras causas que no pueden ser mensuradas y son por ello descalificadas por la ciencia que en su arrogancia ha desterrado estos asuntos al baúl de la superstición e incultura, pero no pudiendo dar explicaciones plausibles a esta situación que parece estar siendo cada día más frecuente.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Nota: este artículo lo publiqué por vez primera el 8 de mayo de 2008

Hace unos días, jugando a la pelota, o fútbol, para los más finos, me lesioné duramente la rodilla izquierda. Aguanté el partido, casi a la rastra, pero el dolor era francamente insoportable. Un amigo me dio un anti-inflamatorio, y me lo tomé, pero solamente uno. Cómo sería mi dolor que lo acepté. Poco después de terminado el partido ya no podía doblar la rodilla y me costaba caminar. Una rodillera hacía algo de soporte y lograba movilizarme. Durante todo el día estuve pensando en el mensaje de la lesión. El pelotazo en esa parte y el esfuerzo desplegado a mis 55 años, sin entrenamiento formal por más de 8, sin zapatos de fútbol –chuteadores decíamos en mis años mozos- y sin hacer siquiera un precalentamiento adecuado, son solamente detonantes de la lesión. Podría, hecha esta somera descripción de mi forma, haberme lesionado de uno de los tobillos, de algún dedo de algún pie, de algún problema muscular como desgarro en alguno de los muslos, de algún problema en algún tendón, de alguna lesión en los hombros, o los brazos, o en cualquier otra parte del tensionado cuerpo físico. Pero, ¿por qué fue justamente la rodilla?, ¿y a qué se debe que sea la rodilla izquierda y no la derecha?

Y mi cabeza corría a mil por hora: ¿cuál era el mensaje del síntoma? Analizaba el síntoma y bullía.

Las preguntas de rigor para el análisis como siempre son:

-¿Qué me impone el síntoma?

-¿Qué me impide el síntoma?

Analicé entonces:

Me impone quedarme quieto, no moverme.

Me impone pedir ayuda para movilizarme.

Me impone depender de otros.

Me impone ser cuidadoso por donde camino, cuando debo desplazarme.

Me impone estar rígido.

Me impone descansar.

Me impide moverme sueltamente.

Me impide ser flexible.

Me impide ir adonde quiero o donde debo ir.

Me impide pasarlo bien al 100%.

Me impide saltar como niño o joven.

Pero no podía entender. No había caso.

Comencé a analizar el costado del cuerpo en donde se produjo la lesión, el izquierdo.

El costado izquierdo corresponde al área que maneja el lado derecho del cerebro, que dice relación con lo intuitivo, con lo afectivo, lo emocional, es decir lo irracional de nuestro ser. También manifiesta las relaciones con las distintas mujeres que en nuestra vida ha habido: madre, abuelas, novias, amantes, esposas, hijas. Entonces el análisis seguía a full.

La rodilla es el órgano del equilibrio entre la humildad y el orgullo decía un distinguido y antiguo profesor con el cual estuve algunos años estudiando estas artes curativas. Decía que cuando éramos demasiado orgullosos la rodilla acusaba el golpe, lesionándose. Yo he modificado un poco esta acepción, diciendo que es el órgano del equilibrio entre la humildad y la soberbia. Parecido, comprendo.

Cuando no queremos aceptar lo que nos sucede, o lo que le sucede a alguien cercano en nuestra vida, la rodilla lo acusa inmediatamente. Es entonces también el órgano de la aceptación. Esto significa sencillamente que cuando no aceptamos lo que sucede en la vida la rodilla nos obliga a arrodillarnos ante ella, y a aceptar lo que sucede. Aceptar no significa que nos guste lo que sucede, sino actuar responsablemente y ser humildes ante los acontecimientos que están ahí para nuestro aprendizaje. Entonces para mí la rodilla tiene otra interpretación y es el órgano de agachar el moño.

Cuando nos arrodillamos ante alguien -como se arrodillan los súbditos ante los reyes-, o ante Dios estamos reconociendo conscientemente la autoridad o el poder superior, y entonces somos humildes.

Y también están relacionadas con la flexibilidad, y son imprescindibles para mantener la posición.

Pero ¿cuál era el mensaje de la lesión de mi rodilla izquierda?

Mi rodilla es parte de mí, por lo tanto tiene que ver conmigo la lesión. No puedo separar la rodilla de mi ser. Está conmigo, ha estado siempre conmigo, desde que se formó, ahí en el útero de mi querida madre, con mi cuerpecito. ¿Entonces, qué me quiere decir la lesión?

La lesión de la rodilla manifiesta arrogancia, soberbia. Que no se quiere agachar el moño. Puede manifestar también una alta dosis de inflexibilidad, de obstinación. Y entonces el caminar hacia adelante –y hacia atrás- por la vida es dificultoso y doloroso.

Cuando converso de la rodilla me viene a la mente la situación de futbolistas de elite que sufren lesiones invalidantes en las rodillas. El caso de Salas cuando fue a la Juventus, después de haber estado en Roma viviendo cómodamente. En ese período además se separó. No fue capaz de aceptarlo. Otro caso es Redondo, un excepcional jugador argentino del Real Madrid que fue transferido, después de pasar varias temporadas en Madrid, al Milan en Italia. No alcanzó a jugar cuando su rodilla izquierda se reventó. Nunca más volvió a mostrar su talento en las canchas, retirándose al cabo de un par de años, vencido absolutamente.

¿Adónde iba entonces el análisis de mi lesión? ¿Qué parte de mi vida estaba aflorando inconscientemente?

Pero, había algo más que analizar. Las rodillas son parte de las piernas, y éstas son las que nos llevan hacia el objetivo en la vida, por lo tanto representan la dirección que seguimos.

Entonces, ¿qué no quería aceptar?, ¿qué no me gustaba de la dirección que estaba tomando mi vida?

El día domingo siguiente fue de profunda reflexión, y ya en la tarde estaba bastante aliviado, sin calmantes ni anti nada. Ya podía caminar y sostenerme. Pero el conflicto no estaba aclarado.

El lunes ya estaba bastante bien y caminaba con una cojera leve, con algún dolor, pero soportable. Debía acomodarme al sentarme y al caminar, pero la mejoría era evidente. El martes y el miércoles vieron fuertes progresos. Y el jueves fui donde mi terapeuta favorito a conversar con él y a ponerme en sus manos.

Al final lo comprendí, supe cual era la mujer involucrada en el conflicto, y revisé mi vida calmadamente. Mi sanador actuó. Y Juan Carlos me hizo el tratamiento.

Hoy ando normalmente y pegué un trote corto ayer. Sin consecuencias.

Las rodillas me enseñaron lo que debían, y hoy estoy más conectado con el pasarlo bien, y cuando lo esté pasando bien en el futuro mi rodilla izquierda no me detendrá en el goce.

Podemos ser felices por derecho de conciencia.

Que Dios les bendiga

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