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Archive for the ‘Vivencias’ Category

Educación en libertad2La educación se ha convertido en una de las preocupaciones centrales del último tiempo y ha generado muchas discusiones especialmente en torno a su gratuidad y calidad. Lo primero es fácilmente entendible y argumentable tanto en pro como en contra y depende solamente del grado de compromiso que se tenga o no con la creencia que es un bien de consumo para alinearse con uno u otro bando. El concepto de calidad sin embargo es bastante más etéreo y no tiene una forma tan fácil como la anterior para poder identificar sus características a pesar de que cada cual tiene una idea instalada respecto a ello. La discusión sigue y se ve evidente que no va a parar en un buen tiempo, y me atrevo a augurar un crecimiento de ella, especialmente porque las diferencias de apreciación se harán más profundas.

Hoy la educación está diseñada para ser una cinta transportadora de niños hasta que salen al otro lado de la usina educacional convertidos en jóvenes insumos para el aparato productivo.

No hay hoy en la educación lugar para los sueños, para desarrollar los dones ni los talentos propios, sino solamente para repetir lo que alguien en una oficina cómoda y con aire acondicionado, con un buen y seguro sueldo a fin de mes, ha dispuesto que debe ser el programa educacional. No hay lugar para salir del molde. No hay posibilidad alguna. Hoy se parte de la base que todos los niños, sin excepción, son iguales y todos deben hacer lo mismo, y lo que es peor, ser lo mismo. El que se aparta o manifiesta cierta disconformidad y no acata las reglas de quien dirige el adoctrinamiento impuesto por ese alguien y no obtiene la calificación establecida como patrón adecuado es seguro candidato al Ritalín o algún químico similar.

Mientras no exista en la educación lugar para los sueños no habrá futuro. Hoy se aprende por aprender, sin objetivo más que las notas de los exámenes. Los niños no tienen meta alguna y su mirada no tiene ninguna perspectiva. Solamente viven aguijoneados por los padres que les inoculan el veneno de “estudia porque si no lo haces te vas a morir de hambre”, sin saber ellos tampoco si lo que están dando a los niños es lo adecuado. Es cierto, no solamente no lo saben sino que ni siquiera lo sospechan. Se criaron ellos en la creencia que lo único aceptable para forjarse el futuro era la rígida educación formal. Como ejemplo podemos ver la cantidad de jóvenes que abandonan las carreras recién comenzando a estudiarlas, o bien aquellos que las terminan y no tienen ninguna identificación con ellas. Han estudiado por el simple hecho de estudiar, “para no morirse de hambre”.

Mientras no tengamos una mirada espiritual no tendrán sentido ni el colegio o la escuela ni el estudio. Peor será para aquel que carece de cierto nivel cultural porque será dominado por otro que posee mayor preparación para “competir” en el mundo actual, porque pondrá las reglas a las cuales habrá que someterse, y su mirada será más estrecha. Y una sociedad que castiga severamente al que se sale de los moldes será el corolario para la cárcel social. Hoy, la vida carece de sentido para mucha gente. Todo se resume en actuar como corderos dentro de un sistema económico que gasta las mejores energías de las gentes, convirtiendo el mundo en una pesadilla de ruidos, apuros, peleas, discusiones, competencias, tacos, créditos, cuentas por pagar, contaminación, sequía, desertificación y falta de amor.

La falta de sentido en la vida actual convierte el estudio en algo a lo cual no se le puede tomar aprecio ni cariño. Y ello se está trasladando a todo ámbito de la existencia. Le estamos traspasando el sentido metafísico, el sentido espiritual de la vida al “progreso”. Pero el progreso no tiene ningún objetivo sino que alimentarse a sí mismo con más progreso. Es como la célula de cáncer que no respeta límites y no tiene consideración alguna por la célula vecina, y vive con urgencia, y, lo peor, es que no está dispuesta a morir programadamente. Y al progreso todos se rinden.

Los jóvenes intuitivamente saben que algo anda mal en la educación. Y han protestado por ello. Los adultos, aterrados por los posibles cambios, se miran entre sí. Los que no quieren cambios los combaten con violencia. Pero el problema persiste, y mientras sigamos con la mentalidad de dictadura, en que solamente un camino es el bueno y adecuado y todo lo demás altera el curso del desarrollo viviremos en conflicto, el mismo que se vive al interior de las personas, que se traslada a la calle, o al fondo del corazón y se transforma en desesperanza.

El progreso no puede convertirse en un nuevo Dios. A lo más es un ídolo con pies de barro. La educación merece otro futuro, como nuestros niños y jóvenes.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Digo lo que digo porque puedo decirlo y porque necesito decirlo. Hago lo que quiero y no lo que otros dicen que me conviene, y por lo tanto conservo mi independencia y libertad. Algunos de mis antiguos amigos y amigas me han reprochado mi forma de proceder, y han censurado que me involucre en asuntos sociales contingentes aduciendo que mi labor está en otro plano, menos el terrenal. Algunos de mis nuevos amigos, que dicen estar en el camino espiritual, me censuran que escriba lo que escribo, alegando que mi papel está por encima de todo lo mundano y que según ellos lo que escribo me separa del resto.

A todos les digo que mi papel es el que tengo, y que mientras crea que tengo que jugarlo lo jugaré. No sé si será en la misma forma porque todo cambia tan aceleradamente, pero lo jugaré.

Puedo decir lo que digo porque puedo decirlo. Y a aquel que no le guste le invito a revisar en su interior qué es lo que no le gusta de lo que digo, porque es ahí donde está precisamente el asunto, en lo que no les gusta que diga. Y es en eso precisamente donde trato de llamar la atención.

Seguiré diciendo lo que digo, porque puedo decirlo.

Seguiré diciendo lo que digo, y cuando alguien lea algo que no le gusta observe que eso está en él o ella, y no en mí. Yo solamente lo escribo para que sea usado como espejo, para darse cuenta que eso es lo que es necesario cambiar para vivir en un mejor mundo, de inclusión, que es el que debemos dejarles a los hijos y a los nietos. Es necesario que dejemos el mundo que vivimos atrás, lejos. Aquel mundo donde no cabían todos los que estábamos en él. En que el que no pensaba como nosotros era un enemigo.

Vivimos el tiempo de cambios, el 2012. Ya lo estamos viviendo. Observen lo que pasa a nivel personal, familiar, de ciudad, de país, de continente, de la Tierra toda, para que veamos que nada es igual a ayer, nada permanece igual. Los terremotos, las tormentas personales y globales se suceden. Es el 2012, la caída de las estructuras añejas, para dar cabida a un mundo nuevo, diferente.

¿Quieres permanecer igual que hace años?, pues bien, eso no se puede más. Es irreversible.

Y seguiré diciendo lo que digo, porque soy de este mundo, vivo en él. No me voy ni me iré a la montaña como un asceta, para recibir a quien quiere ir a verme en la cima. No, pertenezco aquí, nada me separa de nadie sino que todo me une a todo. Soy un ciudadano común y corriente, no me pidan que suba a ninguna parte ni me meta en una caverna o funde alguna religión o me separe de mis semejantes. No, nada me separa, soy igual. Y seguiré diciendo lo que digo porque puedo. Simplemente por eso.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Cuando se acerca la fecha del cumpleaños entramos en un período de inquietud. Este se manifiesta por síntomas variados, como son cierta introspección, mutismo, observación, ensoñación y soledad. El cumpleaños es una fecha importante, qué duda cabe. Antes del día es el tiempo de hacer el balance de lo bueno y lo malo que sucedió, de lo hecho y lo que quedó pendiente. Entonces nos invade el silencio, la quietud y preferimos la soledad, y pareciera que todo anda más despacio. Nos permitimos, por un período, estar solos con nosotros mismos y dándonos valentía introducirnos en aquello que ya fue y no volverá. No en todas las personas este proceso se vive igual, y mucho del trabajo interno que se hace dependerá del nivel activado de conciencia y de la libertad que se dé cada cual en su vida. La recapitulación en este período es muy importante por la posibilidad de sanar que brinda, ya que la honestidad que trae esta fecha nos pone de frente con lo que fuimos y con lo que queremos ser. Sin embargo, si eso que queremos ser está influenciado por la liviandad de la materialidad, por el afán de poseer que dicta la codicia, y por el ego que siempre quiere vencer, tener la razón, tener fama y poder, la tarea de la introspección será poco honesta y por lo tanto sin frutos. A veces, cuando conscientemente nos negamos a hacer el balance que nos pide el Alma y nuestra personalidad nos lleva por los caminos de la diversión o el escape mundano, nos pillamos un resfrío que nos fuerza a detenernos, a descansar y a estar solos, corriendo a todos de alrededor con nuestra tos y estornudos. Así, descansamos y estamos solos con nosotros mismos y hacemos el trabajo, obligadamente. A lo mejor el resfrío es la muestra patente de las penas acumuladas en el año que está pasando, y es entonces una muy buena oportunidad para aprender de él.

Una evaluación del año que está llegando a su fin -antes de la fiesta misma del cumpleaños- puede ser provechosa, sin embargo, ella no debe ir cargada de penas ni reproches, porque posiblemente aquello que pasó y que nos causó dolor y penas, o que simplemente no se concretó y que no podemos atisbar las razones tiene alguna explicación que la conoceremos solamente en el futuro. Solamente cabe confiar.

Es un buen momento este para poder ver con claridad qué es lo que queremos, pero lo que queremos de verdad, desde el ser interno, desde lo que somos, desde ese ser espiritual que viene a tener una experiencia terrenal. ¿Sabes lo que quieres? Esta pregunta es de vital importancia, porque normalmente sabemos –y decimos- lo que no queremos. Y como se manifiesta siempre lo que decimos, entonces vamos a encontrar siempre lo que no queremos y nunca podrá ver la luz lo que queremos. Manifestarlo de manera positiva lo atraerá hacia nosotros.

Cada cual tiene una misión en esta vida. Nacimos para llevarla a cabo. Es posible que los días antes del cumpleaños nos retrotraigan a aquellos últimos días en que estábamos en el útero materno, alistándonos para el gran acontecimiento que ya venía, en que sabíamos que el verdadero desafío sería llevar adelante aquello que en algún plano acordamos y nos comprometimos a hacerlo, sin importar las dificultades que íbamos a tener y que posiblemente también estarían ahí para ser salvadas, como parte de la tarea.

Pedir, como los deseos que se piden al apagar las velas de la torta puede ser un buen ejercicio. Pedirle a Él que dé las fuerzas necesarias para llevar adelante lo que vinimos a hacer, soñando lo que queremos, valientemente, y con más valor aún seguir el camino que nos muestre, reconociendo las señales.

Que Dios nos bendiga a todos, especialmente a quienes están de cumpleaños por estos días.

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El país ha estado conmovido en las últimas semanas. Pasan muchas cosas simultáneamente. Conflicto estudiantil, toma de conciencia que el sistema económico solamente satisface a algunos y que para otros es una carga difícil de sostener, fraudes económicos, crisis institucional, social, religiosa, política, accidentes y muertos. Es época de profundos conflictos, y se vienen uno sobre otro, no se detienen, no dan tregua. Hemos pedido tanto y tantas veces que las cosas cambien que parece que todo se nos viene de golpe. Por eso hay que ser cuidadoso con lo que pedimos, porque puede cumplirse.

El accidente de Juan Fernández, que dejó 21 personas muertas ha remecido al país. Es posible que las razones no las podamos conocer aún, porque ellas lo más probable es que estén en el futuro. Hoy solamente nos aventuramos a dar alguna tímida, esforzándonos algunos en ser lo menos emotivo que se pueda, o lo más que se pueda los más, y las columnas, ruegos y plegarias se suceden una tras otra. Ahora se sumó un nuevo fallecido por un accidente de un avión en tierra. Son entonces 22 los muertos.

Yo no hablo de víctimas ni mártires ni santos. Aunque muchos lo ignoran –o lo quieran ignorar- las Almas tienen un propósito en la vida y se juntan para partir al mismo tiempo. Cada una sabe lo que tiene que aprender en su paso por la vida, y en su muerte, y qué dejar para que el resto aprenda. Todos aprendemos con las experiencias de vida, y esta ha sido una más. Los muertos han terminado su caminar por esta experiencia, aprendiendo de la vida y de la muerte. Los vivos aprendemos de su muerte, y vivimos entonces lo que debemos aprender sin ellos. Pero es todo un aprendizaje, y los que se van son unos maestros para que el resto aprendamos. No hay víctimas, no hay mártires. Cada cual hizo lo que tenía que hacer, como sea que lo hizo ya lo hizo. Y no hay santos, porque el simple hecho de morir no convierte a nadie en santo.

La muerte de figuras públicas, especialmente de la televisión, ha causado un fenómeno muy particular, y es la muestra de dolor de mucha gente, que no encuentra consuelo. Pero la pregunta que me hago es, ¿Por qué tanto dolor? Las muestras de dolor vividas y transmitidas a todo color las 24 horas del día por la televisión llegan por momentos a sobrecoger. Llanto, gritos, canciones, flores, lágrimas, algunas reprimidas, velas, fotografías, discursos, gargantas apretadas, desconsuelo desplegado cual bandera al viento. Sin embargo me pregunto ¿qué es lo que se llora? Las personas están tan identificadas con las figuras públicas que viven sus vidas, interpretan sus cosas, visten sus ropas, y la propia vida, la que tienen por misión divina vivir la han dejado de lado. A tanto llega su identificación que comienzan a vivir la vida de la figura pública, y ya no viven la propia. Los programas de farándula y los matinales fomentan el elevar a los más altos altares a sus figuras, y la delgada línea de lo público y lo privado se pierde ante la visión del fuego fatuo de la fama, efímera, y del dinero rápido y cuantioso. Y cuando se comienza a vivir la vida del otro, del famoso, comienza la muerte propia. Ese es parte del dolor que se ha visto profusamente, la propia muerte en vida. Y lo doloroso es darse cuenta que se está muerto en vida, y se vive a través de otro que ni siquiera se ha conocido, sino que solamente se ha visto por la pantalla.

Ha sido de tal magnitud la manipulación de lo acontecido que el país ha estado casi paralizado por días, pendientes todos de la aparición de restos materiales y humanos, buscando culpables y haciendo elucubraciones técnicas y de las otras. Juicios a raudales por doquier, y oraciones para que se cumpla lo que la gente quiere. Lo humano en su más alta dimensión. Incluido el juicio a Dios por la “injusticia” del suceso. Dos semanas en que se abatió la epidemia del resfrío. Claro, la pena cuando no tiene otra forma de expresarse se expresa a través del cuerpo como resfrío. Y ello porque como no estamos preparados para la propia muerte manipulamos el conflicto que se nos provoca su cercanía, resfriándonos.  Cercanía digo porque es cuando nos damos cuenta que es parte de nuestra muerte, de lo que pasó y no nos dimos cuenta, de lo que dejamos de ser para ser otro. A muchas personas se les produjo afección a la garganta, y ni siquiera palabras les podían salir. Perdieron, literalmente, el habla. Otras personas sufrieron problemas circulatorios, algunos graves y otras sufrieron simples alzas de presión. Cuando no se pueden controlar los acontecimientos la presión se dispara. Por eso, el hipertenso, con la sola mención de la muerte se descompone, porque no puede controlar la muerte ajena, y lo que pretende –en el fondo- es controlar la propia. Sabe que algún día el momento de dejar el cuerpo llegará, pero el temor del proceso lo mantiene tenso, muy tenso, hipertenso.

Para aquellos preocupados por las Almas de todos lo que iban en el avión es probable que todos hayan pasado sin problemas a la Luz, ayudados por sus maestros y por los seres de Luz. En mi experiencia personal he visto, y leído en otros reportes, que en el caso de muertes masivas, todas las almas son encauzadas compasivamente hacia la Luz, calmándoseles al ser recibidas con mucho amor. Es probable que haya pasado lo mismo en este caso, y más aún si las muertes son para el aprendizaje y toma de conciencia de los que quedamos aún vivos.

Por eso, la explicación de lo que ha pasado es probable que esté en el futuro, y no seamos capaces aún de verla, pero mientras podemos hacer algo por nosotros mismos, y es tomar nuestra vida en nuestras propias manos, vivirla, soñar, recorrer el mundo, sentir la Tierra bajo nuestros pies, gozar de los atardeceres y contemplar los amaneceres, abrazar a los seres queridos, reír, divertirnos, hacer más de lo que queremos y menos de lo que no queremos, ser congruentes con nuestra Alma, para hacer lo que tenemos que hacer y no lo que nos conviene en un determinado momento, porque lo mismo que hoy es la fuente de nuestra tristeza mañana será la de nuestra alegría.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Estimados amigos, el 2012 anunciado no será el fin del mundo, sino que es la culminación de un proceso de cambio de estado de conciencia. Para que ello ocurra deben haber ciertas catástrofes -como fue anunciado: terremotos, temblores, maremotos, huracanes, sequías, inundaciones, lluvias torrenciales-. Sin embargo cuando se nos ha hablado de terremotos, por ejemplo, también están los terremotos personales, que son aquellos acontecimientos traumáticos que nos mueven el piso y que nos indican entonces que debemos movernos hacia otro lugar, hacia otra realidad, en fin, a tomar conciencia de lo que pasa. A muchos se nos mueve el piso con los asuntos laborales -¿cuántos hay que ven su vida laboral finalizada a temprana edad, sin cabida en los especializados mercados?- , financieros -pérdidas de patrimonio, deudas con instituciones financieras-, afectivos -disolución de vínculos, separaciones, divorcios, muertes de seres queridos-, o de salud -aparición de cada vez más síntomas y nuevos síntomas-. Nadie se escapa. Eso es el 2012, que es un proceso y no un fin en si mismo. El piso se nos mueve, y eso nos mueve al cambio. Ya nos está pasando, lo estamos viviendo, y estamos todos aprendiendo de ello, aunque nos duela. No existe inmunidad, y lo que le pasa al del lado es también lo que me pasa a mi.
El 2012 es el nacimiento a una nueva realidad, a una nueva manera de relacionarnos, a una nueva manera de convivir en el mundo y con el mundo. Pero para que ello se produzca se nos debe sacar el piso para movernos hacia otro espacio diferente, en que seremos diferentes. La pregunta es , ¿y es que ya no lo somos? Evidentemente que con la simple experiencia de examinar lo que nos pasa, mirar nuestra realidad, podemos ver que somos diferentes a como éramos, y eso es avanzar en el desarrollo del estado de conciencia. Hoy ya tomamos conciencia de lo que somos, para dónde vamos, qué realidad queremos y qué mundo queremos dejar a los que vienen.
Se nos pondrá a prueba para aprender el desapego, para mirar aquellos lugares dentro nuestro que no nos gusta ver, para ver nuestra sombra y enfrentarla y sanarla convirtiéndonos en Luz, y para practicar el amor y la compasión.
El que no quiere aprender por las buenas aprende por las malas, pero debe aprender.
El gran secreto ahora es que en este período de cambio tan acelerado, drástico e impredecible en dimensión y destino, el futuro pasa a ser algo tan incierto que se hace válida la acepción de su no existencia, para dejarnos entonces lo único importante: el presente. Es ello también parte del 2012, enseñarnos -o recordar- a vivir el presente como lo único que tenemos. Este concepto de vivir el presente -el aquí y el ahora- adquiere tal relevancia que afecta el sistema social que tenemos creado, y que se basa en el miedo como herramienta de motivación para la actuación de los actores de este sistema. Eliminando el descontento, aquella artimaña mental que nos niega el presente y que hace que nos identifiquemos con una situación ideal que solamente está en la imaginación, podremos vivir el presente como un acto de agradecimiento por haber llegado hasta donde estamos.

El 2012 es terremoto, crisis, cambio acelerado, pero también toma de conciencia. La serpiente muda su piel cada cierto tiempo, para dar nacimiento a una nueva, más grande. Hagamos como ella, aceptemos los cambios y mudemos la piel para que crezcamos. A lo mejor esas crisis es lo que necesitamos para que se afloje la nuestra, la que nos mantiene prisioneros a las situaciones que no nos gustan y que no nos sirven.

Mas, en este período de cambios acelerados, profundo y remecedores es necesario recordar la promesa: Nada se te dará que no puedas manejar.

Que Dios nos bendiga

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Los tiempos que estamos viviendo son turbulentos. Ya nos lo habían anunciado los comunicadores de pueblos antiguos: los hopis, los mayas, los incas. Mas, no hemos querido escuchar sus predicciones ni tampoco sus peticiones, porque no los avala el “rigor científico”. Sin embargo, hoy nos vemos afectados por diversos fenómenos en muchos ámbitos del acontecer diario y seguimos adormecidos, y nos vamos acostumbrando a vivir con esa presión. En poco más de un año –desde el terremoto de Haití hasta el de Japón- hemos sido testigos de varios movimientos telúricos en diferentes partes del mundo, con una impresionante cantidad de víctimas fatales, una mayor de damnificados y afectados y con la naturaleza seriamente dañada, ahora bien a fondo con la liberación al mar de miles de toneladas de agua con material radiactivo, que circunscribe la última catástrofe ya no solamente a un pequeño y remoto lugar en Japón, sino que a una parte importante del planeta. El océano es una inmensa cadena alimenticia, y los desechos radiactivos viajarán desde el más pequeño ser vivo al más grande, y con unos y otros y a través de otros, a enormes distancias, a través de peces y aves, algas y moluscos, plancton y agua. Nadie ha aventurado siquiera a cuantificar la catástrofe. Es mejor, dicen algunos que ven sus economías personales y corporativas seriamente amenazadas, no pensar en lo que puede venir, ejercer sus influencias para bajar el tenor de las comunicaciones, pagar a prominentes universidades y a influyentes “investigadores” para que digan lo que se quiere decir y que no se alarme nadie. Y aquí no ha pasado nada.

Pero los tiempos que corren no están para estos cálculos y actuaciones. Son tiempos en que lo que se ocultó, utilizando el poder especialmente,  salga a la luz, y se vayan conociendo los detalles de una verdad diferente a la que se nos contaba y contó, una verdad que va despertando conciencias y creando opinión fuerte, poderosa, que ya no se deja manipular ni comulga con ruedas de carreta. Es tiempo de cambios, y cada vez más pronunciados y dramáticos. La naturaleza ya no admite más errores; no es capaz de soportar más depredaciones; no puede resistir más contaminación; no puede ya aguantar más explotación irracional. Actuemos, aunque esa actuación sea a nivel personal, por mínima que sea. En cualquier ámbito, en cualquier circunstancia. Tomemos el poder de nuevo, a nivel humano.

Pero la crisis no solamente es ecológica, en que la parte física de la Tierra está amenazada, enferma de muerte, sino que también es crisis espiritual. Cuando hablamos de espiritual inmediatamente la mente nos hace volar hacia las religiones, pero el concepto es mucho mayor que eso. Las religiones ya no dan respuestas válidas, sino que están llenas de rituales monolíticos, muchos de ellos incomprensibles, áridos, repletos de dogmas que en vez de dar fuerzas le quitan el poder a las gentes, y que no permiten al hombre, como ser humano, cambiar, elemento indispensable para elevar el estado de conciencia que le signifique comprender la realidad que se ha creado y se sigue creando. Las religiones crean sus propios enemigos, que son todos aquellos que no las siguen. El amigo es el que está al lado; enemigo el de la vereda de enfrente. ¿Y dónde está Dios, el Amor mismo? Cada uno se dice dueño de Su palabra, de Su verdad, pero ha permitido matar al prójimo sin miramientos, o lo ha hecho por mano propia. ¿Y Dios, el creador de todas las cosas, incluido el prójimo, dónde está?

La espiritualidad es mucho más que la religión, y cuando la religión se convierte en organismos para manipular las conciencias, y para crear organizaciones en pos del poder político, administrativo, financiero, y mucho más, entonces ya la espiritualidad se pierde. El verdadero enemigo del Amor es el miedo, y el miedo es la llave maestra de la manipulación. No nos damos cuenta cuando nos manipulan por el miedo y nos hacen permitir entonces las aberraciones que se comenten en nuestra contra, sin siquiera percatarnos. Por ello es que debemos tomar conciencia.

Miedo es, por ejemplo, inventar vacunas contra gripes inexistentes: ahí aparecen los gobernantes preocupados por la gente. Ganan votos, se gastan los impuestos, justifican su sueldo, y su ego se satisface. ¿Quién paga los costos?: los contribuyentes que fueron manipulados. ¿Quién recibe los beneficios?: los políticos que serán votados en las próximas elecciones y los accionistas de las grandes compañías farmacéuticas. ¿Se sana la gente?: ¿de qué va a sanar, de lo que no existe?

Es tiempo de cambios, es tiempo de despertar. La vida de nuestros hijos, de nuestros nietos, está en peligro, porque la Tierra está en peligro.

Podemos hacer cambios, microscópicos, pero cambios al fin. Uno de ellos, es dejar de ver los noticieros en la televisión. No digo que no haya que enterarse de lo que pasa, pero hay que evitar la vibración del miedo a la hora de las noticias: muertes, accidentes, balaceras, guerras, drogas, enfermedades, tragedias. Es el miedo en su más alta expresión. Y el miedo es todo lo contrario del Amor.

Se nos anunciaron catástrofes naturales y tecnológicas, ya están aquí. Las crisis ya se instalaron y no se detendrán: se caen a pedazos las “instituciones”. Y solamente cambiando, volviéndonos hacia el sentir -que no necesita de “método científico” para estar ahí, ni requiere comprobación- desde el corazón, aplicar el saber –esa sabiduría interna, que está con nosotros desde siempre- y no la información, nos podrá asegurar aumentar nuestro nivel de conciencia y con ello ir dejando un mejor planeta Tierra donde podrán vivir los que vendrán, los hijos de los hijos de nuestros hijos.

Que Dios nos bendiga.

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La edición dominical de El Mercurio trae un artículo intitulado “Por qué se ha deteriorado la salud de las chilenas”, el que expone lo siguiente en su introducción:

Nada que decir. La salud de las chilenas empeora y los mensajes para tener una vida sana parecen no tener efecto. Esto, a pesar de que son más preocupadas de su salud y, en general, se alimentan en forma más saludable que los hombres. Esta es la paradoja que ha quedado retratada en la reciente Encuesta Nacional de Salud 2010”.

Esta afirmación del principal diario de Chile nos sumerje en una afirmación comúnmente aceptada, y tremendamente repetida, de que la salud está en función de la alimentación, vale decir, lo que comemos es lo responsable de las enfermedades que nos aquejan.

Nada hay más alejado de la realidad que ello.

La medicina occidental nos invade con estudios de todo tipo e índole, con el apellido de científico, y nos fuerza a confundir, como sus cultores lo están, la estadística con la causalidad. Los porcentajes abundan en todos los estudios y las explicaciones, haciéndonos creer que la enfermedad entonces tiene que ver con un número de acontecimientos estadísticamente “comprobados”.

Lo otro que afirma el periodista autor de este artículo sobre la salud de las mujeres chilenas en su introducción es “que son más preocupadas por su salud”. Sin duda que esta otra afirmación está basada en que las personas objetos de los estudios se realizan mucho más exámenes que años antes, o van más al médico o a los consultorios. Pero ello lleva otra visión equivocada en relación a la salud, en que se ha confundido la prevención con la realización de exámenes. Los exámenes no previenen nada de nada, solamente dan una información puntual reducida a ciertos índices expresados en décimales, porcentajes, y medidas y mensuras de volumen, peso y otras unidades físico químicas, que los profesionales del área leen e interpretan. Entonces, se nos ha manipulado hasta el cansancio en el asunto de la prevención, que sería cierta si se conocieran las causas de la enfermedad, pero que como ello no sucede, no pasa de ser entonces mera estadística.

La manipulación a que se nos ha sometido por parte de la industria farmacéutica, por la industria de insumos médicos, por la de equipos de imagenología y monitoreo, apoyada fuertemente por gran parte del gremio médico, nos han apartado de la esencia verdadera de la enfermedad, de sus causas más profundas, centrándo el análisis solamente en los alimentos que ingerimos. El temor a la enfermedad ha pasado a ser ya un asunto que raya en lo increíble, combatiéndose con fiereza y ahinco hasta el más simple de los resfríos.  La fiebre, que no es más que un síntoma que indica claramente un aumento en la función de defensa del organismo, es combatida como si fuera una de las plagas de Egipto. Y entonces, se cataloga de “paradoja” la realidad que aparece por debajo de las falsedades que se han adoptado como dogma de fe. 

La enfermedad no es material en su origen, y no provienen de lo que comemos, sino que obedecen a causas fundamentalmente emocionales. En el estudio que se comenta se trata de asociar la depresión –que no es una enfermedad en sí misma, sino un conjunto de síntomas perceptibles, pero no cuantificables, como la escala de Mercali para expresar la intensidad de los fenómenos telúricos- con el consumo de cigarrillos, creando entonces una peligrosa sociedad que puede llevar a conclusiones erradas sobre la salud de las personas.

Pero, lo más grave de todos los análisis que se hacen, incluído este mencionado artículo, es que parten de la más profunda de las falsas premisas, y es que la enfermedad puede ser evitada. Y esta se basa en que se establece que el ser humano es sano por excelencia y puede ser protegido de la enfermedad bajo ciertas circunstancias y condiciones y acertados métodos. La enfermedad no puede ni podrá ser evitada ni mucho menos erradicada de la faz de la Tierra, ya que ella forma parte de la salud, como polaridad, igual como la muerte forma parte de la vida.

Cuando las personas tratan de “llevar una vida sana” o “comer sano”, lo único que hacen es darle más fuerza a la enfermedad, ya que su preocupación por la mantención de la salud les hace vulnerables a la enfermedad producida por dicha preocupación. 

Es necesario cambiar la forma de ver las cosas, en especial lo relacionado con la salud y enfermedad –las dos caras de la misma moneda- para poder llegar a tener una nueva comprensión sobre ambos estados –o uno en el fondo- y convertir entonces a la enfermedad el camino para llegar a la salud, y llevar una vida –la finita que tenemos- en un paso placentero y feliz. Si seguimos acpetando estas ruedas de carreta -y comulgando con ellas- no podremos tener nunca acceso a otro nivel de conciencia y no podremos crecer entonces. Ya he expresado antes que la enfermedad, el envejecimiento del cuerpo y la muerte son inevitables compañeros de nuestra ruta desde que llegamos al planeta, y si los comprendemos, entendemos y aceptamos pueden convertirse en maravillosos amigos que nos ayuden a mantener una salud adecuada en cada etapa de la vida.

Ya son muchos los que nos han dejado como legado el entendimiento que los seres humanos no somos solamente cuerpo que debe funcionar siguiendo ciertas leyes físicas, sino que somos mucho, pero mucho más: somos seres con emociones, con espíritu, con mente y con Alma, habitando un cuerpo que nos ha sido prestado para manifestarnos en esta existencia.

Los síntomas nos dicen lo que nos pasa o ha pasado; dan cuenta de lo que hemos hecho o no hemos hecho; de lo que nos falta; de lo que nos duele; en fin, de lo que nos ha pasado en este hermoso paseo que es la vida: debemos tener la valentía para ver su mensaje y hacer los cambios necesarios, aunque duela, o aunque otros digan que lo que pretendemos no es correcto o sale de lo establecido. A lo mejor los cambios que sugieren los síntomas son los necesarios para transformar una vida de dolor y sufrimiento en una de felicidad y placer.

Que Dios nos bendiga a todos.

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