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Archive for the ‘Terapias’ Category

manos-ayudaHay un taller que realizo desde hace muchos años, que se llama “El Propósito del Alma”, cuyo creador es José Luis Cabouli, mi querido y recordado profesor de mi curso de formación como Terapeuta de Vidas Pasadas, en Argentina. En ese taller, que se hace bajo la forma de una regresión, vamos al espacio entre vidas, antes de nacer a esta vida actual, y en él se revisan los diferentes aspectos de lo que será lo que viene, la forma en que se diagrama la existencia futura y las elecciones y acuerdos que se hacen para llevarla adelante. Es un taller muy poderoso, de mucho descubrimiento, de mucho trabajo interno, y de sanación profunda.
Hace dos días fui invitado a un taller de mi querida amiga Cecilia, donde nos planteó la revisión de lo que era ayudar y servir, y una cosquilla recorrió mi espalda, al recordar el ejercicio cuando lo hice de alumno de José Luis en el curso de formación hace algunos años, por lo que ello significaba como concepto.
Nada hay casual en la vida en este planeta de aprendizaje.
A continuación transcribo el ejercicio que hice ese día, como lo ha escrito José Luis en el libro llamado “El Propósito del Alma”, en que recopila su trabajo, y lo pone a disposición de las gentes:

-¿Cómo es el espacio donde tu alma se encuentra diagramando el anteproyecto para esta vida?
Es un ambiente alegre y vívido.
-¿Estás sólo o acompañado?
Está mi maestro y hay tres energías mayores.
-Fíjate quienes son y qué aspecto tienen los seres o energías que te acompañan
Son altos maestros del consejo kármico. Ellos son los que tienen los libros y los hojean. Revisan los libros de allá    para acá y de acá para allá a medida que yo expongo el plan.
-¿Qué te dicen estos seres?
Me dicen que debo ser consciente; que el plan será difícil, será duro y requerirá mucho esfuerzo.
-Fíjate cómo se prepara tu anteproyecto para esta vida. ¿Lo decides por ti mismo o te ayudan estos seres?
El plan lo diseño yo mismo. Lo discutimos seriamente, pero es lo que yo propongo. Yo lo tengo preparado, pero ellos me sugieren que lo haga más suave. Mi maestro se preocupa mucho. Me dice que soy muy porfiado y se molesta bastante al principio y trata de hacerme ver la necesidad de suavizarlo, pero después acepta el plan y me da su amor y decide apoyarme firmemente. Ellos están contentos por mi proposición de esfuerzo y me preguntan si dispongo de la fortaleza para cumplirlo.
-¿Cuál es la idea básica de este anteproyecto?
Servir y aprender.
-Fíjate qué otros aspectos acompañan a la idea central de tu plan de vida.
Son regalos para cumplir el plan. Será difícil, pero hay que ser valiente.
-¿Qué parte o aspecto de este plan te resultará lo más difícil de realizar o aprender?
Lo más difícil será trabajar la soberbia y el orgullo.
-¿Traes alguna asignatura pendiente de otras vidas? ¿Hay algo de otras vidas que tengas que resolver ahora?
Arrastro culpas, rabia y frustraciones. Tengo que resolver relaciones. Está todo acordado. Así será.
-¿Qué es lo que tu alma espera lograr al término de esta experiencia?
El plan es aprender pronto y trascender. Espero acelerar el proceso de aprendizaje, hacer algo de peso y dejar de sacar el pasaje de vuelta a la Tierra.
-¿Qué ayuda o compañía tendrás del espacio para desarrollar esta experiencia?
Mi maestro me guiará y me llevará al encuentro con los que me asistirán para cumplir el plan.
-¿Hay algún otro aprendizaje a realizar?
Tener fe. De eso se trata.

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Conversábamos ayer sobre las diferentes etapas del duelo, y dejamos para analizar en forma separada un par de ellas, quizás las que más se aprecian externamente cada vez que algo muere en nuestra vida, como son la tristeza y la pena.
Es necesario decir antes del análisis que me asiste el convencimiento que nada de lo que pasa es casual y que una perdida puede ser un hito que nos cambie la vida de manera drástica, puede ser el hecho constitutivo del despertar a otro nivel de conciencia que nos lleve a otra forma de vida, algo que nos remezca hasta los cimientos y nos catapulte a un cambio drástico, y que lo que vivimos como una tragedia no tiene que serlo, sino convertirse en una puerta a otra etapa, una que se nos presenta de esa forma, pero para vivir una vida más sana.
Vivir la tristeza del duelo puede llegar a ser la tarea más dura por la que tenemos que pasar: esta emoción siempre está presente en una pérdida. Nos sentimos solos, vulnerables, impotentes y desvalidos; nada nos satisface; nos marginamos de lo social y dejamos de comunicarnos verbalmente; rehuimos los contactos físicos y queremos estar en soledad, recluirnos y estar con nosotros mismos. Nos convertimos en ermitaños. Nuestros ojos expresan esta tristeza que se graba si no en el corazón en la frente.
Junto a la tristeza puede comenzar a manifestarse lo que llaman depresión. Es común que durante este gran período de pena la tristeza y la depresión hagan su aparición, y permanezcan por un largo período. Es cuando tomamos conciencia que ese alguien que se fue, ya sea un familiar muerto, el marido, o la novia, ya no estarán más, que no los volveremos a ver. ¿Qué voy a hacer?, ¿qué puedo hacer?, son preguntas recurrentes en esta etapa. La soledad y la tristeza y el dolor se hacen carne en nosotros. Esto mismo nos puede pasar cuando perdemos un trabajo, tenemos una crisis financiera, cuando nos tenemos que cambiar de ciudad obligadamente, cuando perdemos el hogar, o alguien querido, o nosotros mismos, sufrimos una enfermedad desafiante. Hemos estado acostumbrados por largo período de nuestra vida a esa persona, a ese trabajo, a los trayectos, a esa casa, y nuestra rutina se ha hecho ya dura, cuando sucede lo impensado, lo imprevisto, y tenemos que reconocer que todo ha cambiado y ya nada volverá a ser igual.
Es muy importante poder reconocer las señales de la depresión asociada a esta tristeza y pena, porque si es muy larga puede dejar secuelas físicas. Sin embargo no hay que temerle, porque la depresión es pena de amor, y una vez que se sale de ello siempre se está un peldaño más arriba de cuando se entró en ella. Siempre hay una toma de conciencia asociada a la depresión.
Los síntomas de la depresión son variados y conocidos. Muchos de ellos los traté en el artículo Depresión de hace algunas semanas: https://caminosdelalma.wordpress.com/2014/10/28/depresion/
Hay que agregar que en el caso de la muerte de parientes cercanos es común que se comience a manifestar en algún deudo las mismas características de personalidad del difunto. Ello puede producirse porque un trozo del alma de este último se queda con aquel, por alguna circunstancia. También puede suceder que la depresión lleve asociado ideas suicidas. En los casos en que el duelo sea por alguien que murió por propia mano esto es frecuente, y es justamente provocado por el fenómeno descrito antes.
El miedo es también parte de esta etapa del duelo, especialmente en este mundo moderno que nos ha condicionado a ser ansiosos, a vivir en el futuro, a andar siempre preocupados por el porvenir, por acaparar, lo tener lo que pensamos nos dará seguridad. Así, este miedo y la ansiedad pueden manifestarse de distinta forma, como por ejemplo: dolores de cabeza, dolores de estómago, pérdida de apetito, dificultad para tragar alimentos, insomnio, falta de higiene personal, desinterés por lo cotidiano, desconexión con los cercanos.
Es conveniente entender que lo que nos pasa cuando procesamos el duelo es algo completamente normal y no es señal de desórdenes mentales o de locura. Por favor entienda que no es necesario tratamiento siquiátrico para llevar el duelo. Desde que el mundo es mundo, es decir desde hace millones de años, desde que comenzó la vida en el planeta ha existido la muerte, porque una no puede ser sin la otra. Son los pares opuestos en este mundo polar. Y por ello tenemos el duelo incorporado en nuestra existencia, en nuestra sabiduría. Debemos aceptarlo y vivirlo, ceremonialmente incluso, como cerrando etapas. Expresar los sentimientos, vivir el duelo, sentirlo a fondo, puede parecer duro, pero es necesario, porque para sanar es necesario ser sinceros, y la expresión de las emociones ayuda en esa sinceridad. No es conveniente reprimir las lágrimas, porque ellas son necesarias y un buen llanto puede ser liberador y llevarse la pena y la tristeza. Ahogar el llanto puede ser perjudicial a la larga.
Luego de pasar por la tristeza, por la pena y por la depresión damos paso a la aceptación, que es la etapa final del duelo, y tal como decía ayer, es ahí cuando podemos descubrir las oportunidades que aparecieron después de nuestra pérdida, de lo que ocasionó el duelo, y seguir con lo hermosa que es la Vida en este planeta.
Que Dios nos bendiga a todos.

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Decimos en el chamanismo que el camino a la maestría tiene cuatro etapas:
1 – el despertar
2 – la gran partida
3 – las pruebas del camino
4 – la iluminación
Siempre se nos dice que los chamanes somos sanadores heridos, y lo vamos comprendiendo en nuestro proceso de toma de conciencia. A menudo cuento la historia que dicen que el chamán se hace picar por la serpiente para saber cómo es la picadura, qué se siente, cuáles son los síntomas físicos, mentales y emocionales que se presentan, y luego va a buscar los minerales, las raíces, las flores o las aguas que pueden curarlo. De ese modo, sabe entonces cómo asistir a los que vienen a él buscando ayuda cuando son picados por la serpiente. Esa es la analogía de la capacidad de sanación.
Cuando hay una pérdida en nuestra vida, como son la muerte de un ser querido, el término de una relación amorosa, un divorcio, el fin de una actividad o proyecto, el despido de un trabajo, un cambio de casa, de ciudad o de país, se produce inevitablemente un duelo. Este duelo puede ser pasajero o muy largo, dependiendo del grado y calidad de la relación con lo que se ha perdido.
Nosotros decimos que cuando se produce una situación como esta es muy posible que el Alma se fragmente, y un trozo de ella se salga de nosotros. Observen que el lenguaje popular siempre da cuenta de ello: “se le partió el Alma cuando él la dejó”, “se le fue el Alma al suelo cuando se dio cuenta que lo despedían”, “su corazón se quedó en su pueblo natal”.
Y un duelo muchas veces es lo que constituye el despertar en el camino a la maestría.
El duelo tiene varias etapas más o menos definidas en sucesión.
La primera de ellas es la etapa del shock. Este shock habla de la incredulidad, ya que todo se pone patas para arriba, y se siente que no hay control de lo que sucede. En esta etapa puede que no sepamos comprender el impacto que el acontecimiento trae a nuestra vida y no podamos aceptarlo como algo real. Frases como “no puede ser”, “no lo puedo creer”, “no puede estar muerto”, “esto no me está pasando”, son comunes muestras de estar viviendo esta conmoción.
Esta etapa puede incluso durar meses, y durante este período parece que hasta se camina con lentitud, es difícil sostener conversaciones con atención, se olvidan detalles cotidianos y hasta puede haber pérdida de memoria. Poco a poco vamos saliendo de este estado de shock, hasta que comenzamos a comprender la realidad.
La segunda etapa del duelo es la negación. A veces se manifiesta simultánea con el shock, y funciona como un amortiguador de la situación que ocasiona el duelo. La negación se hace casi exclusivamente para no vivir el dolor y no pasar por la pena y tristeza que ocasiona la pérdida. Nos hemos criado en una sociedad que promueve el escapar de las emociones. Así, en vez de pasar por este estado emocional lo ahogamos en alcohol, lo recubrimos de drogas –recreativas o fármacos-, o bien comenzamos otra relación amorosa inmediatamente después del quiebre –un clavo saca otro clavo reza el dicho popular-, sin darnos la oportunidad de vivir el duelo en forma sana. Pero, para poder curarnos debemos pasar por la pena, y llorarla, como en una ceremonia. Cuando somos capaces de sentir y vivir la pena somos capaces de sentir todas las otras emociones, incluidas las que nos curarán.
La tercera etapa del duelo es lo que llamamos de los contratos. Como es casi seguro que hemos perdido un trozo de nuestra bella Alma, comenzamos a hacer contratos, prometiendo cosas o comportamientos con dos fines: uno, tratar que la situación vuelva a ser como antes, lo que es imposible, y dos, que en el futuro no se vuelva a presentar de nuevo una situación similar. Esto es como un proceso de aprendizaje. Estas promesas son escritas a veces a fuego sobre pergaminos que comienzan a hacerse leyes en nuestras vidas, con consecuencias que no son del todo sanadoras. Son los contratos que hacemos cuando se nos escapa un trozo de nuestra Alma.
La cuarta etapa que podemos diferenciar en un duelo es la de la rabia. Y la rabia procede de la impotencia que sentimos ante situaciones que no podemos controlar. En esta etapa buscamos a los que creemos son los responsables de lo que sufrimos y queremos castigarlos: la esposa que nos dejó, el personal médico que creemos no actuó responsablemente, la ambulancia que no llegó a tiempo, a Dios por permitir que suceda lo que sucedió, al jefe que nos despidió, y también a uno mismo. Esos juicios contra nosotros son muy lapidarios.
La rabia es conveniente expresarla, y no guardarla. Es sabido que la acumulación de rabia no expresada causa muchos problemas físicos como enfermedad, especialmente en la vesícula y en el hígado, dificultades en nuestras relaciones con otros, disminuir la capacidad de trabajar y también llevarnos a una situación de depresión.
Esta etapa puede durar mucho tiempo, incluso el resto de la vida. Es necesario saber manejarla.
La quinta etapa es la culpa. Repito que en general no es tan fácil identificar la etapa porque suelen presentarse varias de ellas en forma copulativa, con probable mayor manifestación de alguna.
En esta etapa concluimos por culparnos a nosotros por lo que pasó, y es una trampa para la sanación. La culpa es una emoción proveniente de la religión, y tiene como objetivo manipularnos. Pero en la cultura occidental la hemos internalizado y la usamos para castigarnos. Sentirse culpable por algo que pasó claramente no cambiará lo que sucedió, e impedirá la sanación. Es conveniente darse cuenta de qué es lo que tengo que aprender de lo que pasó, y ver si ello me convertirá en una mejor persona en el futuro, y avizorar cómo cambiará mi vida luego de todo lo que pasó.
La sexta etapa es la etapa de la tristeza y de la pena. Esta suele ser la etapa más dura, y puede venir acompañada por la depresión. De esta etapa hablaremos en extenso en otra oportunidad.
La etapa final del duelo es la aceptación. Cuando ello sucede podemos comenzar a mirar la vida, a las gentes, a los que nos rodean, a la sociedad y al mundo que nos rodea de otra forma. Somos capaces de analizar la situación que causó nuestro duelo de una forma diferente, sanadora. Es aquí cuando podemos sinceramente comenzar a respondernos preguntas como ¿qué me ha enseñado todo esto que viví?, ¿qué tan diferente soy ahora?, ¿qué nuevas competencias tengo para la vida?
En esta etapa, podemos descubrir las oportunidades que aparecieron después de nuestra pérdida, de lo que ocasionó el duelo, y seguir con lo hermoso que es la Vida.
Y desde ahí podemos hacer la gran partida hacia la maestría.

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imagesrfgtrLa medicina ancestral, la de las culturas llamadas aborígenes, entienden muy bien el concepto de fragmentación del Alma, y sostienen que ello es lo que produce enfermedades. En el chamanismo la recuperación del fragmento del Alma constituye parte fundamental de su visión y práctica de la sanación: el chamán viaja al inframundo a recuperar y liberar ese trozo de Alma para devolverlo al paciente, quien al completarse restablece su equilibrio y su salud. Simplemente es así. En nuestro país, la medicina mapuche, que no tiene una palabra para denotar “enfermedad” ya que según ellos el tener la palabra llama la realidad –y no tuvieron nunca clases de PNL ni escucharon a Humberto Maturana-, nos indica que cuando el cuerpo enferma es porque el hombre ha sido intervenido, afectado en su voluntad y su Alma ha sido robada. El machi (o la machi) viaja a ese mundo paralelo donde está el Alma prisionera, incluida la “cueva del brujo”, para rescatarla y traerla de vuelta, ayudado además por el uso de plantas sagradas como el canelo, el palqui o el laurel.
Es en el Alma donde están almacenadas nuestras memorias de tantas y tantas vidas, es donde están grabadas la suma total de quienes hemos sido en otras encarnaciones, de nuestras experiencias, lo que nos va definiendo en nuestros cuerpos y formas de vida. Todas las experiencias quedan registradas en el Alma. El Alma, lo que somos en realidad, nunca muere, y conforma nuestra individualidad y define nuestro carácter.
El fenómeno de la fragmentación del Alma es un concepto milenario que los antiguos comprenden muy bien, y que ha quedado plasmado en el vocabulario popular metafóricamente, por ejemplo: “se me partió el Alma cuando me dejaste”, “te fuiste y algo en mí se murió”, “sentí que se me fue el alma al suelo”, “ese hombre es un desalmado”, “dejé mi corazón con ella”, “me siento vacío”, “siento un vacío en mi corazón”, “un trozo de mí se fue cuando él murió (se fue, me abandonó)”, y muchas más. Frases como estas describen claramente la condición de fragmentación del Alma.
Cuando vivimos situaciones angustiantes, experiencias cercanas a la muerte, apremios físicos como torturas, violaciones, asaltos, golpizas, secuestros u otros acontecimientos traumáticos, abandono de seres queridos, muerte de seres amados, despidos de trabajos, cambios no deseados de ciudad o país, como el exilio, y otras situaciones por el estilo, hay una gran probabilidad de que nuestra Alma se fragmente y un trozo de ella se quede en el lugar en que sucede el acontecimiento. Y dejamos de estar completos, ya no estamos enteros, algo nos falta. Los traumas físicos o emocionales pueden ser causa de “admitir” un trozo de Alma ajeno a nosotros, una posesión al final, especialmente los que consideramos internamente como amenazas para nuestra vida. Dentro de ellos podemos mencionar como frecuentes las intervenciones quirúrgicas en que perdemos la conciencia por la anestesia. Es como dejar el cuerpo abandonado. También las donaciones de órganos, ya sea como receptor o dador, al igual que las amputaciones de miembros pueden causar fragmentación. Afectación de algo muy personal como son los genitales, ya sea en forma de violación, incesto, mutilación, o abusos como los que vemos se denuncian a diario, son causales de fragmentación muy seria.
Siempre hay que escuchar al paciente atentamente, porque siempre el paciente dice lo que le pasa: no hay que interpretar nada, porque es literal. Es necesario aprender a escuchar en silencio y no hacer juicios ni interpretaciones alambicadas. Solamente basta escuchar.
La persona afectada siempre va a describir su situación de fragmentación del Alma. Puede decir por ejemplo que está o se siente vacía, desconectada, que siente que no es ella, o que no tiene interés en la vida o que el corazón está vacío, o que anda perdida por la vida, sin encontrar rumbo. Es necesario aprender a escuchar. Y a observar su realidad. Por ejemplo, quienes sufren por este fenómeno, bastante común por lo demás, se ven afectados habitualmente por la depresión, por la pérdida de interés en participar en asuntos sociales convirtiéndose en solitarios y callados, por la reticencia a entablar relaciones amorosas, o a buscar y mantener un trabajo. Observar y escuchar es la clave.
Quienes trabajamos en este fenómeno, recuperando Almas, jamás hacemos juicios de valor a la persona que llega, y solamente preguntamos. Yo aclaro además que no es mi papel juzgar ni condenar a nadie, y que solamente me limito a ayudar a quienes me lo piden.
El fenómeno de la fragmentación del Alma es muy común, y puede producirse a cualquier edad en el ser humano. Entenderlo puede significar grandes ahorros de tiempo y dinero en tratamientos.
Que Dios nos bendiga a todos.

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sexto-sentidoNo es primera vez que escribo o hablo sobre ello. Ni va a ser la última. Por allá por el año 98, cuando tuve las primeras experiencias con la técnica terapéutica de las regresiones, quedé sorprendido con el fenómeno y con la importancia que pueden tener en nuestras vidas las posesiones por espíritus ajenos. Una posesión espiritual puede llevar nuestra vida por una vereda completamente diferente a la de nuestra voluntad, por más fuerte que parezcamos ser. El trabajo terapéutico que realizo con las Almas posesoras me ha llevado a profundas reflexiones sobre las creencias que he tenido sobre la vida, la muerte y la vida después de la muerte, así también como lo que he pensado sobre la conciencia y las consecuencias de nuestros actos. Con el acercamiento al chamanismo y a las medicinas ancestrales he tenido la fortuna de comprender el fenómeno de la fragmentación del Alma y los atrapamientos de la conciencia en episodios dolorosos y traumáticos del pasado, que constituyen verdaderos hitos que marcan el presente, con todas las consecuencias que ello puede tener. Tengo el convencimiento profundo después de años trabajando con cientos de pacientes que los espíritus posesores existen y que las técnicas que utilizo en el trabajo funcionan.
El temor a tener que cambiar las creencias, lo que lleva a quedarse sin un marco de referencia y un poste en el cual afirmarse, y la ignorancia, unida al fanatismo religioso, lleva a muchos a pensar que las posesiones espirituales son malignas, infernales, oscuras, fantasmales y terroríficas. Es cierto que las hay de este tipo, pero en su inmensa mayoría son solamente Almas, como la suya o la mía, que no han podido, no han sabido o no han querido ir a la Luz, a seguir el camino que seguimos todas las Almas una vez que el cuerpo que nos ha alojado en la vida muere. Como siempre digo, mi verdadero paciente es la entidad alojada en el campo vibratorio de la persona que me pide ayuda, ya que es un prisionero, que está atrapado en este plano manifestando el mismo estado anímico y emocional que antes de dejar su cuerpo original tras la muerte de éste, asunto que pudo ocurrir meses, años o décadas atrás. He tenido experiencias con entidades cuyos cuerpos originales han muerto hace más de 100 o 150 años, ¡más de un siglo! Esta entidad cautiva no evoluciona a la par que su anfitrión, y muchas veces entorpece, dificulta o anula el crecimiento y educación de este. El no ir a la Luz las priva de la propia evolución como Alma, ya que no pueden acceder al plano “superior” donde se regenera la energía, se restañan las heridas, se recibe amor, comprensión y cuidados, y se prepara para una próxima experiencia terrenal, o donde sea. No tienen progreso espiritual.
La desposesión espiritual tiene resultados inmediatos en las personas. Y además esos cambios permanecen en el tiempo. Los síntomas por los que llega la persona que consulta pueden ser físicos, emocionales, mentales o espirituales, y pueden remitir instantáneamente.
La desposesión espiritual necesita valentía para enfrentarse a lo desconocido, a entidades sufrientes, a traumas inimaginables, a crueldades que van casi más allá de lo soportable, a dolores profundos y a escuchar acciones de bajeza indescriptible. Es un trabajo para valientes. Hay entidades de todo tipo, y muchas de ellas se vuelven después de un tiempo en tiranos que tratan de hacer prevalecer su voluntad por sobre la del dueño del cuerpo, llevando a situaciones límite o trágicas.
Un Alma que no va a la Luz puede ser capturada y convertida en esclava, para ser enviada a alguna persona a causarle daño, ruina, o muerte. Ese es el trabajo de magia negra tan recurrente y conocido en nuestros países. Muchas veces son utilizadas también para hacer amarres de parejas, para inducir quiebras económicas y producir enfermedades. Incluso se utilizan para llevar maldiciones familiares, las que se transmiten de padres a hijos, por ejemplo.
El Alma prisionera no tiene conciencia de que está ocupando un cuerpo que no le pertenece. Cree que es el suyo, ya que no muchas veces no asimila que el propio murió anteriormente. Algunas almas se resisten a ir a la Luz, y en su testarudez hacen del trabajo de desposesión uno cansador y hasta agotador, pues se niegan a dejar a sus anfitriones. Muchas veces esas almas son parientes que no quieren despegarse por un mal entendido amor familiar. Hay que explicarles con mucha calma lo que sucede y lo que están haciendo, ya que quiebran la ley del libre albedrío al poseer un cuerpo sin autorización del dueño que una vez que se da cuenta de ello reclama su libertad.
Las almas que se quedan en este plano tratan muchas veces de seguir con lo que estaban acostumbrados a hacer cuando su cuerpo tenía vida. Muchos están confusos, infelices, frustrados y muchas veces rabiosos. En el estado de Almas perdidas no tienen nada que los satisfaga y tampoco tienen energía para cambiar su estado deplorable. Entonces comienzan a producir estragos en los anfitriones.
¿Ha notado en usted o en personas cercanas cambios súbitos de humor, de comportamiento, de forma de pensar o actuar?, ¿ha visto cómo se transforma un ser querido cuando consume una copa de alcohol? ¿Ha escuchado decir que alguien no parece el mismo? Bueno, estas pueden ser claramente indicios de presencias extrañas en el campo vibratorio de usted o alguien que conoce. La desposesión espiritual puede ser una buena terapia para liberar las almas perdidas y lograr paz y armonía en la vida.
Que Dios nos bendiga a todos, incluidas las posesiones espirituales.

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DepresiónSe comprende la depresión como un concepto que está compuesto por varios síntomas que abarcan desde un simple abatimiento hasta la apatía total de un ser humano. Es un trastorno del estado de ánimo. Hay muchos que consideran que este síndrome (conjunto de síntomas) es artificial y que lo que padecen las personas pueden ser diferentes estados emocionales en que la tristeza es una de las principales. Pero, para efectos del análisis aceptemos la depresión como un síndrome de síntomas corporales, que va acompañado de paralización de la actividad, apatía generalizada, melancolía, sensación de infelicidad y culpabilidad. Los síntomas corporales más conocidos son: irritabilidad, cambios de humor repentinos, tristeza, ansiedad, pérdida del placer sexual, taquicardia, inapetencia, estreñimiento, trastornos menstruales, baja de tono muscular, trastornos del sueño, pérdida del ánimo, cansancio, dolor de cabeza, llanto incontrolado, ideas de ruina (económica, laboral, financiera, amorosa), dolor de espalda y pérdida de interés general en todos los ámbitos. Hay que tener cuidado en los síntomas porque no son copulativos, es decir, no aparecen todos los descritos juntos en una persona. Puede ser que alguien no sienta tristeza, pero sí un decaimiento y pérdida de interés en lo cotidiano, y se retire de sus actividades hasta antes normales.
Hay un par de aspectos importantes en la depresión sobre los que es conveniente llamar la atención, y que son por un lado la culpabilidad y por otro la tristeza y necesidad de llevar una vida diferente a la que se ha llevado. Es una retirada hacia adentro, en que se hace el depresivo reproches internos –y a veces exteriorizados- buscando perdón, y una lucha interna entre lo que se ha sido y se es contra lo que se desea ser. El profundo anhelo de llevar una vida distinta, y no poderlo concretar por la razón que fuere genera esta lucha silenciosa y profunda.
La depresión es más común entre las mujeres que entre los hombres, y entre las que han vivido relación de pareja que en las solteras. Se estima que afecta entre el 12 % y el 20 % de la población.
Es frecuente que se desencadene un proceso de depresión como se ha descrito cuando suceden eventos como los siguientes: muerte de seres queridos, desilusiones sentimentales, conflictos laborales, problemas interpersonales, jubilación no asumida, pérdida de trabajo, problemas económicos o financieros, quiebras, perturbaciones por pésimas noticias, vivir tragedias personales como asaltos, agresiones físicas y verbales, y accidentes graves.
Es necesario llamar la atención sobre un punto importante, y es que muchas personas atraviesan por estas situaciones y no se les desencadena una depresión. La explicación es que las causas de la depresión son fundamentalmente internas antes que externas. Y pueden ser de larga data. Estas causas pueden ser, entre otras, las siguientes: rigidez de pensamiento que lleva a una incapacidad de cambiar, apego al pasado ya ido, miedos, soledad, preocupaciones, tristeza, frustraciones (de todo tipo), dificultad de comunicarse con otros, dependencias afectivas, pesimismo recurrente, tensión nerviosa, y pérdida de vitalidad.
Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dalhke en su famoso libro “La enfermedad como camino” plantean que lo que en realidad deprime al depresivo puede ser una de estas tres causas:
a. La agresividad bloqueada y no exteriorizada, que al final de dirige contra uno mismo. La agresividad dirigida contra uno mismo encuentra su expresión más clara en el suicidio.
b. La responsabilidad rehuida. La depresión es una forma de rehuir la responsabilidad, y ella está alimentada por la culpa escondida. El miedo a asumir la responsabilidad está en primer término en todas las depresiones que se producen cuando la persona tiene que entrar en otra etapa de su vida. Ejemplo de ello es la depresión post-parto.
c. Renuncia, soledad, vejez, muerte. El depresivo es obligado por la vida a enfrentarse súbitamente al otro polo de la vida, la muerte. Todo lo vivo, como cambio, movimiento, relación social y comunicación es arrebatado al depresivo y se le ofrece el polo opuesto a lo vivo: apatía, soledad, pensamientos sobre la muerte. El conflicto radica en que se teme tanto a la vida como a la muerte. La vida activa trae consigo culpabilidad y responsabilidad y es justamente lo que se trata de evitar.
La depresión nos hace sinceros: hace visible la incapacidad de vivir y de morir.
La depresión es claramente la resistencia al cambio. Es la manifestación de la existencia de fuertes apegos, y ellos impiden el crecimiento personal. Nos atan al ayer, y el pasado es lo que cerré, lo que quedó atrás. Es pena de amor. Cuanto más apego tenemos más fuerte es la depresión y el apego se basa en el temor y la inseguridad, por ello la depresión es la experiencia constitutiva del desapego.
Creo que una vez que superamos la depresión salimos embellecidos.
Hay un aspecto al que quiero referirme brevemente y es que en mi experiencia terapéutica gran parte de las depresiones son causadas porque cargamos con energías extrañas a nosotros en nuestro campo vibratorio. Ellas son por lo general almas perdidas, que son aquellas almas –o fragmentos de almas- de personas depresivas y ya muertas que por alguna razón no siguieron el camino natural de ir a la Luz una vez que el cuerpo falleció, y que se quedan en este plano paralelo, invadiendo nuestro campo luminoso, y provocando desórdenes conductuales. Dentro de las razones pueden estar los trabajos de brujería que nos afectan, ya sean dirigidos a nosotros o a parientes cercanos y que por ende nos afecten por cercanía. Así, el alma perdida de un suicida ejercerá presión para que el anfitrión se suicide a su vez. El alma de una persona que murió en soledad ejercerá presión para que sienta esa misma soledad. Y el alma de una persona muerta de tristeza forzará al anfitrión a sentir esa misma tristeza.
Recordemos que los lugares en que más se encuentran estas almas errantes o perdidas son los hospitales, clínicas, morgues, cementerios y otros lugares de este estilo. Por eso, es fácil ir a una intervención quirúrgica y volver a casa con uno o más huéspedes indeseados, lo que puede suceder a las parturientas.
La sanación de este depresivo pasa por sanar al huésped, es decir el alma perdida, enviándolo a la Luz. Una vez hecho esto, el anfitrión, es decir la persona deprimida, sana inmediatamente.
Que Dios nos bendiga a todos.

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crisis de pánicoHe tratado de buscar en internet algo creíble de las crisis de pánico. Pero siempre llego a lo mismo: a la desregulación de alguna sustancia que actúa a cierto nivel en la corteza cerebral o en otro lado, producida por disfunciones desconocidas, pero fuertemente influenciadas por el estrés. O sea nada. Ni una razón valedera, ni una causa, ni una explicación. Tratamiento: medicación, drogas, aturdimiento corporal y emocional.
Hoy, las crisis de pánico son, según me cuentan, y veo, bastante frecuentes y recurrentes. A veces llega alguien a consultarme por eso. Se pueden definir como episodios de terror intenso, con sensación de que viene la muerte, o algo muy grave y doloroso está por ocurrir, o nos ocurrirá. Las más de las veces la gente dice algo como “nunca me había pasado, yo no era así”.
En el mundo actual, la emoción predominante es el miedo. Está presente en todas nuestras actividades, en nuestras acciones, en nuestro vocabulario, en nuestro trabajo, en los seguros, en los planes de salud, en el pensamiento invariable en el mañana: vivimos en el futuro y no en el presente. Todo lo que se hace se hace pensando en el futuro, no en el vivir el presente. Este vivir en el futuro, con toda la carga de incertidumbre que tiene –y que cada día es mayor por la destrucción del planeta, la sobrepoblación, la fragilidad del sistema económico imperante, la enfermedad, la vejez y otras amenazas modernas- provoca en nosotros una angustia de tal magnitud que terminamos presas de este monstruo llamado el mañana. Queremos dominarlo todo, que nada se escape de nuestro control, que nada se aparte un ápice de lo que pensamos que es bueno, que es normal y que es conveniente para nuestro devenir en la tierra.
Pero la vida no es así.
La certidumbre no existe.
El temor al futuro nos desgasta energéticamente, nos hace vulnerables. Y cuando sucede algo que nos saca de la tranquilidad y nos envuelve en el terror se producen las debacles en el campo luminoso. Dejamos de ser nosotros, para dejar campo libre a otras energías que nos pueden invadir, porque estamos sin defensas. La medicina mapuche habla de que cuando estamos en desorden entre el cuerpo y el alma dejamos el campo propicio para ser inundado por otras energías, y eso es lo que hay que limpiar para retornar al equilibrio de la salud. Las medicinas ancestrales saben esto y los hombres y mujeres medicinas saben cómo actuar en estos casos. Hay que limpiar.
Voy a explicar algo referente a ello. Normalmente se nos mete miedo con que las almas de muertos son energías malas, de baja vibración, demonios, y muchos hablan mal de ellas, y les temen. No es así. En mi experiencia, las almas de las personas muertas, especialmente aquellas que han muerto en estado de terror, en estado de shock, en forma intempestiva, quedan en un estado de confusión de tal magnitud que no atinan a seguir el camino establecido para ellas, y permanecen en ese estado aterrado. Con pánico. Y los terapeutas les temen, porque no las conocen, y hablan de demonios. No, son iguales a usted o yo, pero con su camino perdido.
Entonces, en un episodio de crisis de pánico, lo normal es que una de estas almas se manifieste. Esa alma entró en el campo luminoso de la persona afectada porque esta persona bajó su vibración producto de algún episodio de crisis, ya sea por temor, por alguna pelea, por presenciar un acto violento, por presenciar accidentes fatales, por penas profundas, por dolores emocionales. Por cualquier causa que le genere una pérdida de su energía vital, que las hay muchas. Y en ese momento ha quedado el campo propicio para esta intrusión. Luego, cuando pasa algo en vida de la persona hace que gatille el actuar de esa alma, por afinidad con la situación, y entonces esa alma recuerda el episodio de su muerte, con el mismo pánico, con el mismo terror de la situación original cuando su cuerpo murió, y se desata la “crisis de pánico”.
El asunto es tratar a esta alma, esa es el verdadero paciente. Una vez que se libera, que se envía a la Luz, donde no hay juicios ni condenas, sino solamente el amor de Dios, el paciente original sana, y se acaba la crisis de pánico.
No le temas terapeuta a las almas perdidas, ayúdalas, y ayudarás a tu paciente original. Confía en tus medios y acompaña.
Que Dios nos bendiga.

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