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Archive for the ‘Testimonios’ Category

manos-ayudaHay un taller que realizo desde hace muchos años, que se llama “El Propósito del Alma”, cuyo creador es José Luis Cabouli, mi querido y recordado profesor de mi curso de formación como Terapeuta de Vidas Pasadas, en Argentina. En ese taller, que se hace bajo la forma de una regresión, vamos al espacio entre vidas, antes de nacer a esta vida actual, y en él se revisan los diferentes aspectos de lo que será lo que viene, la forma en que se diagrama la existencia futura y las elecciones y acuerdos que se hacen para llevarla adelante. Es un taller muy poderoso, de mucho descubrimiento, de mucho trabajo interno, y de sanación profunda.
Hace dos días fui invitado a un taller de mi querida amiga Cecilia, donde nos planteó la revisión de lo que era ayudar y servir, y una cosquilla recorrió mi espalda, al recordar el ejercicio cuando lo hice de alumno de José Luis en el curso de formación hace algunos años, por lo que ello significaba como concepto.
Nada hay casual en la vida en este planeta de aprendizaje.
A continuación transcribo el ejercicio que hice ese día, como lo ha escrito José Luis en el libro llamado “El Propósito del Alma”, en que recopila su trabajo, y lo pone a disposición de las gentes:

-¿Cómo es el espacio donde tu alma se encuentra diagramando el anteproyecto para esta vida?
Es un ambiente alegre y vívido.
-¿Estás sólo o acompañado?
Está mi maestro y hay tres energías mayores.
-Fíjate quienes son y qué aspecto tienen los seres o energías que te acompañan
Son altos maestros del consejo kármico. Ellos son los que tienen los libros y los hojean. Revisan los libros de allá    para acá y de acá para allá a medida que yo expongo el plan.
-¿Qué te dicen estos seres?
Me dicen que debo ser consciente; que el plan será difícil, será duro y requerirá mucho esfuerzo.
-Fíjate cómo se prepara tu anteproyecto para esta vida. ¿Lo decides por ti mismo o te ayudan estos seres?
El plan lo diseño yo mismo. Lo discutimos seriamente, pero es lo que yo propongo. Yo lo tengo preparado, pero ellos me sugieren que lo haga más suave. Mi maestro se preocupa mucho. Me dice que soy muy porfiado y se molesta bastante al principio y trata de hacerme ver la necesidad de suavizarlo, pero después acepta el plan y me da su amor y decide apoyarme firmemente. Ellos están contentos por mi proposición de esfuerzo y me preguntan si dispongo de la fortaleza para cumplirlo.
-¿Cuál es la idea básica de este anteproyecto?
Servir y aprender.
-Fíjate qué otros aspectos acompañan a la idea central de tu plan de vida.
Son regalos para cumplir el plan. Será difícil, pero hay que ser valiente.
-¿Qué parte o aspecto de este plan te resultará lo más difícil de realizar o aprender?
Lo más difícil será trabajar la soberbia y el orgullo.
-¿Traes alguna asignatura pendiente de otras vidas? ¿Hay algo de otras vidas que tengas que resolver ahora?
Arrastro culpas, rabia y frustraciones. Tengo que resolver relaciones. Está todo acordado. Así será.
-¿Qué es lo que tu alma espera lograr al término de esta experiencia?
El plan es aprender pronto y trascender. Espero acelerar el proceso de aprendizaje, hacer algo de peso y dejar de sacar el pasaje de vuelta a la Tierra.
-¿Qué ayuda o compañía tendrás del espacio para desarrollar esta experiencia?
Mi maestro me guiará y me llevará al encuentro con los que me asistirán para cumplir el plan.
-¿Hay algún otro aprendizaje a realizar?
Tener fe. De eso se trata.

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Decimos en el chamanismo que el camino a la maestría tiene cuatro etapas:
1 – el despertar
2 – la gran partida
3 – las pruebas del camino
4 – la iluminación
Siempre se nos dice que los chamanes somos sanadores heridos, y lo vamos comprendiendo en nuestro proceso de toma de conciencia. A menudo cuento la historia que dicen que el chamán se hace picar por la serpiente para saber cómo es la picadura, qué se siente, cuáles son los síntomas físicos, mentales y emocionales que se presentan, y luego va a buscar los minerales, las raíces, las flores o las aguas que pueden curarlo. De ese modo, sabe entonces cómo asistir a los que vienen a él buscando ayuda cuando son picados por la serpiente. Esa es la analogía de la capacidad de sanación.
Cuando hay una pérdida en nuestra vida, como son la muerte de un ser querido, el término de una relación amorosa, un divorcio, el fin de una actividad o proyecto, el despido de un trabajo, un cambio de casa, de ciudad o de país, se produce inevitablemente un duelo. Este duelo puede ser pasajero o muy largo, dependiendo del grado y calidad de la relación con lo que se ha perdido.
Nosotros decimos que cuando se produce una situación como esta es muy posible que el Alma se fragmente, y un trozo de ella se salga de nosotros. Observen que el lenguaje popular siempre da cuenta de ello: “se le partió el Alma cuando él la dejó”, “se le fue el Alma al suelo cuando se dio cuenta que lo despedían”, “su corazón se quedó en su pueblo natal”.
Y un duelo muchas veces es lo que constituye el despertar en el camino a la maestría.
El duelo tiene varias etapas más o menos definidas en sucesión.
La primera de ellas es la etapa del shock. Este shock habla de la incredulidad, ya que todo se pone patas para arriba, y se siente que no hay control de lo que sucede. En esta etapa puede que no sepamos comprender el impacto que el acontecimiento trae a nuestra vida y no podamos aceptarlo como algo real. Frases como “no puede ser”, “no lo puedo creer”, “no puede estar muerto”, “esto no me está pasando”, son comunes muestras de estar viviendo esta conmoción.
Esta etapa puede incluso durar meses, y durante este período parece que hasta se camina con lentitud, es difícil sostener conversaciones con atención, se olvidan detalles cotidianos y hasta puede haber pérdida de memoria. Poco a poco vamos saliendo de este estado de shock, hasta que comenzamos a comprender la realidad.
La segunda etapa del duelo es la negación. A veces se manifiesta simultánea con el shock, y funciona como un amortiguador de la situación que ocasiona el duelo. La negación se hace casi exclusivamente para no vivir el dolor y no pasar por la pena y tristeza que ocasiona la pérdida. Nos hemos criado en una sociedad que promueve el escapar de las emociones. Así, en vez de pasar por este estado emocional lo ahogamos en alcohol, lo recubrimos de drogas –recreativas o fármacos-, o bien comenzamos otra relación amorosa inmediatamente después del quiebre –un clavo saca otro clavo reza el dicho popular-, sin darnos la oportunidad de vivir el duelo en forma sana. Pero, para poder curarnos debemos pasar por la pena, y llorarla, como en una ceremonia. Cuando somos capaces de sentir y vivir la pena somos capaces de sentir todas las otras emociones, incluidas las que nos curarán.
La tercera etapa del duelo es lo que llamamos de los contratos. Como es casi seguro que hemos perdido un trozo de nuestra bella Alma, comenzamos a hacer contratos, prometiendo cosas o comportamientos con dos fines: uno, tratar que la situación vuelva a ser como antes, lo que es imposible, y dos, que en el futuro no se vuelva a presentar de nuevo una situación similar. Esto es como un proceso de aprendizaje. Estas promesas son escritas a veces a fuego sobre pergaminos que comienzan a hacerse leyes en nuestras vidas, con consecuencias que no son del todo sanadoras. Son los contratos que hacemos cuando se nos escapa un trozo de nuestra Alma.
La cuarta etapa que podemos diferenciar en un duelo es la de la rabia. Y la rabia procede de la impotencia que sentimos ante situaciones que no podemos controlar. En esta etapa buscamos a los que creemos son los responsables de lo que sufrimos y queremos castigarlos: la esposa que nos dejó, el personal médico que creemos no actuó responsablemente, la ambulancia que no llegó a tiempo, a Dios por permitir que suceda lo que sucedió, al jefe que nos despidió, y también a uno mismo. Esos juicios contra nosotros son muy lapidarios.
La rabia es conveniente expresarla, y no guardarla. Es sabido que la acumulación de rabia no expresada causa muchos problemas físicos como enfermedad, especialmente en la vesícula y en el hígado, dificultades en nuestras relaciones con otros, disminuir la capacidad de trabajar y también llevarnos a una situación de depresión.
Esta etapa puede durar mucho tiempo, incluso el resto de la vida. Es necesario saber manejarla.
La quinta etapa es la culpa. Repito que en general no es tan fácil identificar la etapa porque suelen presentarse varias de ellas en forma copulativa, con probable mayor manifestación de alguna.
En esta etapa concluimos por culparnos a nosotros por lo que pasó, y es una trampa para la sanación. La culpa es una emoción proveniente de la religión, y tiene como objetivo manipularnos. Pero en la cultura occidental la hemos internalizado y la usamos para castigarnos. Sentirse culpable por algo que pasó claramente no cambiará lo que sucedió, e impedirá la sanación. Es conveniente darse cuenta de qué es lo que tengo que aprender de lo que pasó, y ver si ello me convertirá en una mejor persona en el futuro, y avizorar cómo cambiará mi vida luego de todo lo que pasó.
La sexta etapa es la etapa de la tristeza y de la pena. Esta suele ser la etapa más dura, y puede venir acompañada por la depresión. De esta etapa hablaremos en extenso en otra oportunidad.
La etapa final del duelo es la aceptación. Cuando ello sucede podemos comenzar a mirar la vida, a las gentes, a los que nos rodean, a la sociedad y al mundo que nos rodea de otra forma. Somos capaces de analizar la situación que causó nuestro duelo de una forma diferente, sanadora. Es aquí cuando podemos sinceramente comenzar a respondernos preguntas como ¿qué me ha enseñado todo esto que viví?, ¿qué tan diferente soy ahora?, ¿qué nuevas competencias tengo para la vida?
En esta etapa, podemos descubrir las oportunidades que aparecieron después de nuestra pérdida, de lo que ocasionó el duelo, y seguir con lo hermoso que es la Vida.
Y desde ahí podemos hacer la gran partida hacia la maestría.

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imagesrfgtrLa medicina ancestral, la de las culturas llamadas aborígenes, entienden muy bien el concepto de fragmentación del Alma, y sostienen que ello es lo que produce enfermedades. En el chamanismo la recuperación del fragmento del Alma constituye parte fundamental de su visión y práctica de la sanación: el chamán viaja al inframundo a recuperar y liberar ese trozo de Alma para devolverlo al paciente, quien al completarse restablece su equilibrio y su salud. Simplemente es así. En nuestro país, la medicina mapuche, que no tiene una palabra para denotar “enfermedad” ya que según ellos el tener la palabra llama la realidad –y no tuvieron nunca clases de PNL ni escucharon a Humberto Maturana-, nos indica que cuando el cuerpo enferma es porque el hombre ha sido intervenido, afectado en su voluntad y su Alma ha sido robada. El machi (o la machi) viaja a ese mundo paralelo donde está el Alma prisionera, incluida la “cueva del brujo”, para rescatarla y traerla de vuelta, ayudado además por el uso de plantas sagradas como el canelo, el palqui o el laurel.
Es en el Alma donde están almacenadas nuestras memorias de tantas y tantas vidas, es donde están grabadas la suma total de quienes hemos sido en otras encarnaciones, de nuestras experiencias, lo que nos va definiendo en nuestros cuerpos y formas de vida. Todas las experiencias quedan registradas en el Alma. El Alma, lo que somos en realidad, nunca muere, y conforma nuestra individualidad y define nuestro carácter.
El fenómeno de la fragmentación del Alma es un concepto milenario que los antiguos comprenden muy bien, y que ha quedado plasmado en el vocabulario popular metafóricamente, por ejemplo: “se me partió el Alma cuando me dejaste”, “te fuiste y algo en mí se murió”, “sentí que se me fue el alma al suelo”, “ese hombre es un desalmado”, “dejé mi corazón con ella”, “me siento vacío”, “siento un vacío en mi corazón”, “un trozo de mí se fue cuando él murió (se fue, me abandonó)”, y muchas más. Frases como estas describen claramente la condición de fragmentación del Alma.
Cuando vivimos situaciones angustiantes, experiencias cercanas a la muerte, apremios físicos como torturas, violaciones, asaltos, golpizas, secuestros u otros acontecimientos traumáticos, abandono de seres queridos, muerte de seres amados, despidos de trabajos, cambios no deseados de ciudad o país, como el exilio, y otras situaciones por el estilo, hay una gran probabilidad de que nuestra Alma se fragmente y un trozo de ella se quede en el lugar en que sucede el acontecimiento. Y dejamos de estar completos, ya no estamos enteros, algo nos falta. Los traumas físicos o emocionales pueden ser causa de “admitir” un trozo de Alma ajeno a nosotros, una posesión al final, especialmente los que consideramos internamente como amenazas para nuestra vida. Dentro de ellos podemos mencionar como frecuentes las intervenciones quirúrgicas en que perdemos la conciencia por la anestesia. Es como dejar el cuerpo abandonado. También las donaciones de órganos, ya sea como receptor o dador, al igual que las amputaciones de miembros pueden causar fragmentación. Afectación de algo muy personal como son los genitales, ya sea en forma de violación, incesto, mutilación, o abusos como los que vemos se denuncian a diario, son causales de fragmentación muy seria.
Siempre hay que escuchar al paciente atentamente, porque siempre el paciente dice lo que le pasa: no hay que interpretar nada, porque es literal. Es necesario aprender a escuchar en silencio y no hacer juicios ni interpretaciones alambicadas. Solamente basta escuchar.
La persona afectada siempre va a describir su situación de fragmentación del Alma. Puede decir por ejemplo que está o se siente vacía, desconectada, que siente que no es ella, o que no tiene interés en la vida o que el corazón está vacío, o que anda perdida por la vida, sin encontrar rumbo. Es necesario aprender a escuchar. Y a observar su realidad. Por ejemplo, quienes sufren por este fenómeno, bastante común por lo demás, se ven afectados habitualmente por la depresión, por la pérdida de interés en participar en asuntos sociales convirtiéndose en solitarios y callados, por la reticencia a entablar relaciones amorosas, o a buscar y mantener un trabajo. Observar y escuchar es la clave.
Quienes trabajamos en este fenómeno, recuperando Almas, jamás hacemos juicios de valor a la persona que llega, y solamente preguntamos. Yo aclaro además que no es mi papel juzgar ni condenar a nadie, y que solamente me limito a ayudar a quienes me lo piden.
El fenómeno de la fragmentación del Alma es muy común, y puede producirse a cualquier edad en el ser humano. Entenderlo puede significar grandes ahorros de tiempo y dinero en tratamientos.
Que Dios nos bendiga a todos.

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DepresiónSe comprende la depresión como un concepto que está compuesto por varios síntomas que abarcan desde un simple abatimiento hasta la apatía total de un ser humano. Es un trastorno del estado de ánimo. Hay muchos que consideran que este síndrome (conjunto de síntomas) es artificial y que lo que padecen las personas pueden ser diferentes estados emocionales en que la tristeza es una de las principales. Pero, para efectos del análisis aceptemos la depresión como un síndrome de síntomas corporales, que va acompañado de paralización de la actividad, apatía generalizada, melancolía, sensación de infelicidad y culpabilidad. Los síntomas corporales más conocidos son: irritabilidad, cambios de humor repentinos, tristeza, ansiedad, pérdida del placer sexual, taquicardia, inapetencia, estreñimiento, trastornos menstruales, baja de tono muscular, trastornos del sueño, pérdida del ánimo, cansancio, dolor de cabeza, llanto incontrolado, ideas de ruina (económica, laboral, financiera, amorosa), dolor de espalda y pérdida de interés general en todos los ámbitos. Hay que tener cuidado en los síntomas porque no son copulativos, es decir, no aparecen todos los descritos juntos en una persona. Puede ser que alguien no sienta tristeza, pero sí un decaimiento y pérdida de interés en lo cotidiano, y se retire de sus actividades hasta antes normales.
Hay un par de aspectos importantes en la depresión sobre los que es conveniente llamar la atención, y que son por un lado la culpabilidad y por otro la tristeza y necesidad de llevar una vida diferente a la que se ha llevado. Es una retirada hacia adentro, en que se hace el depresivo reproches internos –y a veces exteriorizados- buscando perdón, y una lucha interna entre lo que se ha sido y se es contra lo que se desea ser. El profundo anhelo de llevar una vida distinta, y no poderlo concretar por la razón que fuere genera esta lucha silenciosa y profunda.
La depresión es más común entre las mujeres que entre los hombres, y entre las que han vivido relación de pareja que en las solteras. Se estima que afecta entre el 12 % y el 20 % de la población.
Es frecuente que se desencadene un proceso de depresión como se ha descrito cuando suceden eventos como los siguientes: muerte de seres queridos, desilusiones sentimentales, conflictos laborales, problemas interpersonales, jubilación no asumida, pérdida de trabajo, problemas económicos o financieros, quiebras, perturbaciones por pésimas noticias, vivir tragedias personales como asaltos, agresiones físicas y verbales, y accidentes graves.
Es necesario llamar la atención sobre un punto importante, y es que muchas personas atraviesan por estas situaciones y no se les desencadena una depresión. La explicación es que las causas de la depresión son fundamentalmente internas antes que externas. Y pueden ser de larga data. Estas causas pueden ser, entre otras, las siguientes: rigidez de pensamiento que lleva a una incapacidad de cambiar, apego al pasado ya ido, miedos, soledad, preocupaciones, tristeza, frustraciones (de todo tipo), dificultad de comunicarse con otros, dependencias afectivas, pesimismo recurrente, tensión nerviosa, y pérdida de vitalidad.
Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dalhke en su famoso libro “La enfermedad como camino” plantean que lo que en realidad deprime al depresivo puede ser una de estas tres causas:
a. La agresividad bloqueada y no exteriorizada, que al final de dirige contra uno mismo. La agresividad dirigida contra uno mismo encuentra su expresión más clara en el suicidio.
b. La responsabilidad rehuida. La depresión es una forma de rehuir la responsabilidad, y ella está alimentada por la culpa escondida. El miedo a asumir la responsabilidad está en primer término en todas las depresiones que se producen cuando la persona tiene que entrar en otra etapa de su vida. Ejemplo de ello es la depresión post-parto.
c. Renuncia, soledad, vejez, muerte. El depresivo es obligado por la vida a enfrentarse súbitamente al otro polo de la vida, la muerte. Todo lo vivo, como cambio, movimiento, relación social y comunicación es arrebatado al depresivo y se le ofrece el polo opuesto a lo vivo: apatía, soledad, pensamientos sobre la muerte. El conflicto radica en que se teme tanto a la vida como a la muerte. La vida activa trae consigo culpabilidad y responsabilidad y es justamente lo que se trata de evitar.
La depresión nos hace sinceros: hace visible la incapacidad de vivir y de morir.
La depresión es claramente la resistencia al cambio. Es la manifestación de la existencia de fuertes apegos, y ellos impiden el crecimiento personal. Nos atan al ayer, y el pasado es lo que cerré, lo que quedó atrás. Es pena de amor. Cuanto más apego tenemos más fuerte es la depresión y el apego se basa en el temor y la inseguridad, por ello la depresión es la experiencia constitutiva del desapego.
Creo que una vez que superamos la depresión salimos embellecidos.
Hay un aspecto al que quiero referirme brevemente y es que en mi experiencia terapéutica gran parte de las depresiones son causadas porque cargamos con energías extrañas a nosotros en nuestro campo vibratorio. Ellas son por lo general almas perdidas, que son aquellas almas –o fragmentos de almas- de personas depresivas y ya muertas que por alguna razón no siguieron el camino natural de ir a la Luz una vez que el cuerpo falleció, y que se quedan en este plano paralelo, invadiendo nuestro campo luminoso, y provocando desórdenes conductuales. Dentro de las razones pueden estar los trabajos de brujería que nos afectan, ya sean dirigidos a nosotros o a parientes cercanos y que por ende nos afecten por cercanía. Así, el alma perdida de un suicida ejercerá presión para que el anfitrión se suicide a su vez. El alma de una persona que murió en soledad ejercerá presión para que sienta esa misma soledad. Y el alma de una persona muerta de tristeza forzará al anfitrión a sentir esa misma tristeza.
Recordemos que los lugares en que más se encuentran estas almas errantes o perdidas son los hospitales, clínicas, morgues, cementerios y otros lugares de este estilo. Por eso, es fácil ir a una intervención quirúrgica y volver a casa con uno o más huéspedes indeseados, lo que puede suceder a las parturientas.
La sanación de este depresivo pasa por sanar al huésped, es decir el alma perdida, enviándolo a la Luz. Una vez hecho esto, el anfitrión, es decir la persona deprimida, sana inmediatamente.
Que Dios nos bendiga a todos.

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pareja_desnuda1edEste sistema en el ser humano es el que está encargado de la reproducción (perpetuación de la especie) y de la sexualidad, y se compone de los órganos y glándulas sexuales, pene y testículos  en el hombre,  y en las mujeres vulva, vagina, útero, trompas, y ovarios. Analógicamente el sistema genital es el que nos permite crear la vida, procrear, es decir, la capacidad de crear, de darle forma a proyectos, ideas y pensamientos en el plano material. En el plano de la sexualidad representa la capacidad de crear en un estado de gozo y placer. Lo importante de todo esto es que esa sexualidad se hace con el otro. Los problemas y afecciones en el sistema genital dan cuenta de dificultad de vivir y aceptar la capacidad de gozar en forma interna, que además se manifiesta en el o la compañera. Se puede decir con propiedad que puede significar un profundo temor a crear, ya sea por falta de soporte, de seguridad, por culpabilidad o simplemente por culpa. Esta situación puede llevar a disfunciones reales como la impotencia, la frigidez o la esterilidad.
En la mujer los problemas de la regla o menstruación pueden indicarnos un problema en el sistema hormonal. En el caso de la ausencia de regla –amenorrea- tenemos una estrecha relación con la pérdida –física o mental- de la fertilidad, de la fecundidad. Hay que buscar por norma general en los duelos por los cuales ha pasado la mujer. Pueden aparecer rupturas afectivas, pérdidas de parejas o duelos físicos. Si se hila fino puede llegarse a ver una búsqueda frenética de libertad. Esto es parecido al conflicto de la dismenorrea, que es lo conocido como regla dolorosa, en que el conflicto subyacente por lo general proviene de un deseo de libertad exacerbado, incluso queriendo dejar de ser mujer.
Las afecciones que impiden la sexualidad, como son la dificultad de erección, impotencia masculina, o frigidez femenina expresan claramente la extrema dificultad que tiene el ser humano para gozar de los placeres de la vida, ya sea a nivel personal o laboral, ya que no se permite la experiencia del placer, o gozo en la relación con el otro o con las cosas u actividades. Es común que en estos conflictos aparezca una emoción poco agradable como es la culpa. Puede exhibirse un conflicto con el poder, que es considerado como negativo o vergonzoso, en vez de verlo como una fuerte capacidad de crear. Una sexualidad insatisfactoria puede tener su vertiente en asuntos como el miedo al poder, dificultad para experimentar el placer, las extremas rigideces, las creencias limitantes o la rigidez moral en que nos desenvolvemos.
En general, las afecciones del sistema genital, cualquiera sea su causa, tienen como consecuencia directa impedir el contacto sexual, o convertir el acto sexual en algo complicado, difícil o lisa y llanamente en un acertijo. La trampa está en que se esconde tras estas afecciones la dificultad para vivir la sexualidad, o lo que expliqué ella representa. Y la mayor trampa está en que las afecciones dan una razón correctamente válida para no poder tener intimidad.
Las enfermedades de transmisión sexual podemos interpretarlas como castigos que nos imponemos a nosotros mismos, ya sea basados en culpas por pensar que infringimos ciertas reglas de comportamiento, o por sentir que abandonamos códigos morales inculcados en la temprana infancia por nuestros padres, mentores o profesores. Esta culpabilidad imposible de manejar en forma consciente puede llevar a relaciones insatisfactorias que traerán la enfermedad.
La sexualidad en el ser humano lleva un secreto en su seno, y es que en su propio sexo experimenta la carencia dada por la polaridad, la que es superada solamente con la práctica del sexo con su compañero/a de sexo contrario, buscando lo que le falta. De ese modo puede completarse en la felicidad del orgasmo. Por ello es que cuando se unen los dos polos se produce mágicamente la sensación de felicidad, y ello lleva a inferir que felicidad es unidad.
Muchos conflictos pueden tener su manifestación en el sistema genital, para darnos una pista sobre nuestra posición frente a la simplicidad de la vida, a la capacidad para dar y recibir placer –y sentir que tenemos derecho a ello-, sobre nuestro sistema de creencias limitantes –especialmente religiosas-, y sobre nuestro papel “masculino” o “femenino” en la vida cotidiana, en el trabajo, o en la relación afectiva que mantenemos con el otro/a.
Que Dios nos bendiga a todos.

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MuertosEl odio es una palabra demonizada, temida, escandalizadora, y proscrita. Según la Real Academia Española de la lengua, el odio es “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.” Lo que no explica es que el odio es una emoción, y como tal no se puede evitar su aparición. Es una emoción humana y es natural, como es natural ser humanos. Diferente es darse cuenta de cuando se siente y actuar para que ella no haga carne en nosotros, porque su manifestación provoca evidentemente daño a otros y a nosotros mismos. Pero, es necesario insistir en que no hay nadie que esté libre de la emoción del odio. El odio lleva a la violencia, y tiendo a creer que la base del odio es el miedo. Miedo a lo desconocido, a lo diferente, a lo que me saca de mis creencias, a lo que amenaza las varas y pilares en los que me afirmo para seguir con la forma de vida que llevo. Uno de los grandes dramas de la humanidad ha sido el odio, y no solamente es causado por el temor, sino también por la ignorancia. La ignorancia que lleva a odiar lo diferente, lo que no se comprende o lo que no se ha visto antes.

Un odio muy propagado en el mundo, desde que se inventaron, es el religioso. Las religiones han derramado mucha sangre y han marcado muchas generaciones y muchos pueblos y continentes. Es natural querer destruir aquello que se odia.

El odio está en nuestra sombra, y como tal no queremos verlo, no queremos aceptarlo, no queremos ni siquiera escuchar que está ahí, dentro de nosotros, agazapado, listo, esperando su oportunidad para manifestarse. Lo negamos, lo escondemos. Todo lo que no queremos ser, lo que no queremos encontrar en nosotros, lo que no queremos admitir en nuestra identidad constituye nuestra sombra. El odio, que no queremos admitir vive con nosotros, está también en nuestra sombra. Y el repudio al odio no lo hace desaparecer.

Todo lo que el ser humano rechaza pasa a ser parte de su sombra, y ella es la sumatoria de todo lo que no se quiere. Tememos a nuestra sombra porque en ella encontramos las causas de nuestra infelicidad, y al no querer verla se manifiesta siempre en el cuerpo a través de la enfermedad. Somos tan ingenuos los seres humanos que creemos que suprimiendo un polo de la realidad que apreciamos lo vamos a hacer desaparecer. Y nos creemos los amos del Universo.

Una muestra de la sombra ha sido la iglesia católica que ha tratado de hacer desaparecer la sexualidad y ella ha explotado como volcán, antes por siglos y siglos contra las mujeres y ahora en la homosexualidad desatada que la tiene al borde del desastre final.

El odio es inherente al ser humano, de otra forma no se puede explicar tanta sangre que ha sido derramada por su causa. Y tampoco es irracional porque se odia a quien amenaza nuestras posesiones o nuestra existencia o de nuestros seres queridos, o a quien nos ha hecho daño personal, grupal o socialmente. Y esa amenaza es percibida desde el miedo, en una percepción básica, que es la de la supervivencia y es justamente el odio lo que se utiliza para manipular conciencias, sembrándolo para incitar a la violencia.

La siembra del odio político es un arma efectiva para generar movimientos violentos para ascender al poder en los diferentes países. La siembra del odio religioso es un arma efectiva también para disfrazar todos los movimientos violentos que vienen después de ello, y que indefectiblemente terminan en la toma de poder político y económico al final. Las acciones de violencia aparecen justificadas y lícitas cuando se ha sembrado el odio.

El odio está presente en nosotros, aunque lo neguemos o lo escondamos. Lo importante es que comprendamos cuando se nos quiere manipular usándolo, ya que seremos tarde o temprano víctimas de él.

Es necesario dejar de creer que somos santos y que el odio no existe en nosotros ni en los que nos rodean, y aceptarlo. Somos humanos al final de cuentas y como tal somos seres emocionales y no racionales. La razón es el disfraz de la emoción.

Que Dios nos bendiga.

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1425728_617766771594715_137846650_nCuando estamos en el nivel del jaguar nada es como parece ser.

Todo es ilusión.

Todo.

Y tengo una noticia, y ella es que generalmente vivimos en ese nivel de percepción, el del nivel del jaguar. Es el plano del dominio de la mente, de las razones, de las creencias, de los juicios y de las justificaciones. Y en ese plano estamos condicionados por el pasado. Ese pasado que se mezcla con el presente por las rendijas de las construcciones que hemos levantado a medida que cae la arena en el reloj. Nada es lo que parece ser, porque siempre hay algo detrás de lo que decimos, de lo que hacemos o de lo que aparentamos. Aunque no nos demos cuenta, y de hecho no lo hacemos. Nada es como parece, y lo defendemos sin darnos cuenta que lo importante es eso que lo genera, para verlo, y para sanarlo.

En el nivel del jaguar aparece una trampa: la razón. Y ella es la que se valida como verdadera, como la única que puede tener cabida en el desempeño humano, la iluminada. Pero la razón no es más que un disfraz de la emoción, y ella es la que hay que buscar, ver, desmenuzar, vivir y entender.

Sin duda alguna que a medida que avanza la mal llamada “civilización” es el miedo la emoción que nos va dominando.

El miedo nos somete como la niebla que se va levantando desde el mar al amanecer y que envuelve la ciudad sumiéndola en frías incertidumbres. El miedo, ese que desde el pasado asoma para prevenirnos, para recordarnos lo que sufrimos, lo que nos dolió, y para paralizarnos entonces. Vivimos siempre bombardeados con el “no repetir el pasado”, forzándonos a no olvidar y entonces privarnos de la  experiencia. ¿Cómo la atravesaremos entonces, cómo aprenderemos si evitamos todo, hasta el contacto con la tierra, con el prójimo, con la vida?

El miedo como la niebla se mete por las rendijas, susurrándonos, insistiendo en que no nos arriesguemos, llenándonos de ansiedad por lo que no existe aún, porque vivimos angustiados por el mundo inseguro y amenazante. Nada es como parece ser en el nivel de percepción del jaguar. Cuando compro un seguro de vida no estoy asegurando la vida, estoy siendo dominado por el temor a perder bienes materiales.

A lo mejor dirás “sé razonable, piensa en los riesgos”. Sí, es verdad, eso es justamente la emoción disfrazada de razón, llamando a que se piense de la forma como lo haces: basado en el miedo.

La vida tiene luz y sombra, claro y oscuro. Y queremos evitar siempre lo ingrato, lo penoso, lo trágico, como si no fuera parte de la naturaleza de este planeta. Y ese rechazo al sufrimiento que nos puede deparar lo que se considera “riesgoso”. Al final, lo que sucede no tiene connotación positiva o negativa, ni feliz o triste, sino lo que hay es nuestra interpretación, el significado que le damos. Si vivimos bombardeados en todos los medios que todo lo que pasa es “doloroso o lamentable” somos carne propicia para que los temores se alimenten de ella como los gusanos de un cadáver.

Nada es como parece ser.

Es la percepción en el nivel del jaguar.

El asunto es aprender a ver más allá de lo aparente, pero para mejorar la vida propia y de los demás, no para generar karma produciendo lo que puede comprar aquello que está disfrazado en esa apariencia, especialmente el miedo, que es lo opuesto al amor.

En el nivel de percepción del jaguar nada es como parece ser, recuérdalo.

“Llamo a los vientos del oeste, invoco a la madre jaguar.
Vengan, vengan y abran y protejan este espacio medicinal para mí y mis hermanos, muéstrenme el camino de la suavidad y de la paz, y hagan de este espacio uno de amor y de cambio.

Vengan y enséñenme a ver más allá de lo aparente, a vivir sin posesiones, sin angustias y sin ansiedades.
Y muéstrenme el camino más allá del miedo, más allá de la muerte.”

Ahóóó.

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