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Archive for 30 marzo 2017

Un amigo ayer me decía en tono cariñoso, pero también con cierta severidad, “Luis, hace tiempo que no escribes”. Y es cierto. A veces las musas pasan de mí, como decía Serrat. Pero en fin. A veces comienzo algo y me cuesta concluirlo, como el artículo sobre la glándula tiroides, por ejemplo, que me da vueltas hace meses y aún no ve la luz. Y hoy escuchaba a un siquiatra hablando del llamado “trastorno afectivo bipolar” en una entrevista radial, y me acordé de mi amigo y lo que me decía. Y de ello escribo ahora, de la “bipolaridad”. La entrevista tenía lugar porque hoy se “conmemora” el día de esta “enfermedad”, y se eligió este día por ser el del natalicio del pintor holandés Vincent Van Gogh, a quien declaran los siquiatras haber hecho un diagnóstico póstumo de bipolar.

¡Cuánta arrogancia para hacer diagnósticos, y póstumos más encima! Seres iluminados los autoerigidos en mantener la “salud mental” de la población.

Lo primero que me mueve es la afirmación de la llamada “enfermedad mental”. Ahí partimos mal. ¿Cómo se puede asegurar que la mente es la afectada con esta llamada enfermedad, partiendo de la base que definen la mente como alojada en el cerebro? La definen como una enfermedad cerebral crónica y recurrente: “Hemos detectado que pareciera que a nivel del sistema nervioso central hay un termostato del ánimo que no está funcionando”, es la explicación de por qué se produce esta “enfermedad”. “Pareciera”. Categórico. Entonces, como no funciona bien a nivel cerebral hay que someter al paciente a un “tratamiento” con fármacos en forma permanente. Y me surge de inmediato la pregunta, ¿hay algún examen de laboratorio -de orina, de sangre, de tejido, de algún fluido corporal- que explicite esta llamada enfermedad cerebral?, ¿hay alguna imagen que atestigüe el daño en el cerebro, algún scanner, tomografía computarizada, rayos x, o lo que sea que se pueda ver el daño cerebral? Nada. No existe.

En la entrevista con Fernando Paulsen en Radio La Clave, el siquiatra entrevistado aseveró tantas cosas en forma tan categórica que cualquier persona puede quedar aturdida por la explicación, mezclando cifras y datos con apreciaciones livianas, como apelar al estrés, a la “carga biológica”, desarrollo etario y otras. Y en base a ello lleva a conclusiones que espantan.

El desconocimiento por la negación de los otros planos aparte del físico, de aquel que es tridimensional, del mensurable, hace que la siquiatría sea casi lo mismo que la charlatanería. Lo que la diferencia de ella es que tiene un poder enorme, respaldado por la industria farmacéutica que mantiene y hace crecer el sistema, que le da además un marco formal, jurídico, que incluye la reclusión para los pacientes y la cárcel para sus detractores, todo rodeado de un lenguaje médico inentendible para el lego, que es altamente intimidante por lo demás, y la profusión de cifras y estadísticas, provenientes de numerosos estudios, financiados en su inmensa mayoría por la propia industria farmacéutica. Esta intimidación llega a su clímax con la descalificación a sus detractores, en que se incluyen en la epítetos como esotéricos, ignorantes, fanáticos, hechiceros y, la más socorrida, supersticiosos.

Los siquiatras católicos -o que trabajan en hospitales católicos- desconocen la labor de Jesús, que iba de pueblo en pueblo “expulsando espíritus impuros”, labor que enseñó a sus discípulos y les encomendó encarecidamente hacerla: «Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia»

Pues bien, como es necesario llevar el conocimiento a todos, y de ese modo disminuir la ignorancia proveniente del fanatismo religioso, debemos considerar esta labor de Jesús, y entender qué son esos espíritus impuros que se dedicaba a expulsar. Pues bien, gran parte de ellos no son más que almas perdidas. Estas almas perdidas son almas de personas muertas que por alguna razón no han completado su tránsito espiritual y se quedaron apegadas a la tierra, en este plano físico, pero en condición incorpórea. Estas almas pueden “ingresar” al campo energético de una persona normal cuando esta sufre algún trauma que hace que ese campo se debilite. Esto puede suceder en episodios de violencia física, dolor profundo, rabia, odio, accidentes u otro parecido. A partir de ahí puede desarrollarse el fenómeno de manifestación de esta alma parásita, comenzando una lucha de voluntades con el alma “anfitriona”. Puede ser que el alma intrusa no tenga una “personalidad” fuerte y no se imponga a la del dueño del cuerpo, pero si lo hace, comienza a manifestarse en los gustos y preferencias que tenía en vida. Junto a lo anterior, el alma llegada “roba” energía al anfitrión, por lo que puede aparecer cansancio, somnolencia, distracción, pérdida de memoria, desánimo.

Las manifestaciones de las almas en calidad de huésped no deseado, posesión espiritual en el fondo, llevan a casos como los descritos por los siquiatras como “trastorno afectivo bipolar”. Ya he escrito sobre ello en otros artículos (https://caminosdelalma.wordpress.com/2010/01/14/vamos-hacia-la-luz/, https://caminosdelalma.wordpress.com/2010/04/20/%C2%A1por-amor-no-lo-hagas/, https://caminosdelalma.wordpress.com/2016/12/20/senales-de-estar-poseido-por-un-alma-perdida/) y se puede ahondar mucho en este tema.

Lo que trato de hacer con esto es llevar una pequeña luz de esperanza en el entendimiento de este fenómeno tratado como “enfermedad mental”.

En mi camino he conocido a muchos sanadores, especialmente mujeres, que tienen la facultad, el don, el carisma de hacer esto que Jesús encomendó, ayudando a la gente desde la compasión, desde la bondad, desde el amor, considerando al prójimo como otro, sin más objetivo que servir.

Es necesario que recuperemos el poder, la sabiduría ancestral, y no nos atormentemos ni dejemos avasallar por las cifras y las descalificaciones de los “científicos” que como no tienen habilidades ni dones -ni tampoco creen poder desarrollarlos- desacreditan y combaten, por la fuerza incluso, a quienes sí entienden los planos paralelos. No hace mucho quemaban a las mujeres por esto.

Que Dios nos bendiga a todos.

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