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Archive for 31 mayo 2013

huellasEn la vida adulta aparecen muchas veces síntomas en el cuerpo que son consecuencia de antiguos acontecimientos, pasajeros o bien estructurales, en la vida de las personas. Son procesos de larga data y de muy lento desarrollo, porque van unidos a los aspectos más solidificados de nuestra personalidad, a nuestras creencias más arraigadas o a nuestros miedos más profundos. Muchos de ellos provienen de los conflictos con los padres o familiares, que son por lo demás frecuentes y recurrentes. Son huellas profundas. Muchas veces insondables. Los conflictos que dan lugar entonces a estas huellas generalmente dan lugar a síntomas poderosos, por ejemplo enfermedades autoinmunes como el cáncer.

Aquellos conflictos son necesarios de identificar y trabajarlos terapéuticamente para que sean liberados y después trascendidos. Ese trabajo necesita de valor, decisión y voluntad de seguirlo y completarlo, como todos los trabajos de sanación.

Sin duda alguna que los conflictos con los padres suelen ser de una profundidad no dimensionada, especialmente cuando la intromisión de ellos es fuerte y profunda y no permite que se descubran los dictados del alma del hijo o hija. Hay una parte bien complicada en esto y es que los hijos aman a sus padres, más que a nadie, y en la manifestación de ese amor se entra al juego de solidarizar con las creencias paternas y adquirirlas como propias, para de esa manera pensar –o hacer pensar- que se ama como corresponde, con lealtad.

Los padres vienen con estructuras bien definidas y establecidas, y son en nuestros primeros años quienes nos entregan su sistema valórico y de creencias, que nos marcarán por nuestro transitar. Por el amor que los padres profesan a sus hijos creen que hacer esto por ellos los proveerá de las mejores armas y herramientas para enfrentar la vida futura. Sin embargo, puede que ese sistema de creencias –que en términos generales se confunde con valores- que los padres traspasan a los hijos e hijas no sea el precisamente necesario para que esa novel alma siga los caminos de vida que viene a transitar.

Por otro lado, la estructura de creencias de los padres puede que cause en los niños y niñas desajustes dolorosos, que culminarán en el futuro con alguna enfermedad desafiante. Por ejemplo un padre rígido y nada de cariñoso, exigente de las notas y conducta, puede que lleve al niño a una insatisfacción profunda al hacer siempre esfuerzos para lograr la aprobación paterna y con ello la manifestación física del amor, en una caricia o un beso. El conflicto puede ser agravado si el padre, o la madre, premia el esfuerzo, cuando lo hace, con cosas materiales, especialmente de entretención, que no signifiquen para el Alma de niño o niña una satisfacción verdadera sino la confirmación del equivocado camino. Hoy en día estos comportamientos se valoran fuertemente, debido a que en el sistema económico que vivimos se aprecia como exitoso la consecución de bienes materiales, sin considerar los verdaderos dictados del alma de los jóvenes, dictados que son condenados a vivir en el sótano de la conciencia, echándole de vez en cuando un saco de arena para seguir tapándolo. Pero, ese sótano maloliente y podrido, a la larga se hace carne, y con ello llega la enfermedad.

La enfermedad está en la conciencia, y ella nos dice que nos falta algo para estar sanos. Por ello se manifiesta el síntoma, que nos habla precisamente de lo que nos falta. La interpretación de él es entonces fundamental para la identificación del conflicto y comenzar a trabajar. Técnicas para trabajar hay muchas, unas más efectivas que otras, pero todas necesarias.

Mi invitación es buscar en las sombras aquello que nos falta y que nos provoca que estemos enfermos, para poder definitivamente sanar. Si entregamos el síntoma al arsenal de productos químicos de las farmacias no podremos trascender la enfermedad y no podremos sanar. El conflicto seguirá latente y se expresará en otro órgano o en otro sistema del cuerpo, pero solamente será un traslado, ya que el conflicto seguirá siendo el mismo.

Que Dios nos bendiga a todos.

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