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Archive for 26 octubre 2010

En el mundo actual el arrollar, pasar a llevar y someter a otros es signo de fortaleza, de capacidad y signo de admiración. El que lo hace es un ganador, en el nuevo lenguaje. El que es pasado a llevar, el débil o incapaz es perdedor. Para dar la lucha en el mundo así definido, hay que dar con todo, sin llorar, sin dar ni pedir tregua. La persecución del poder permite el uso de todas las armas posibles. Estamos en el siglo 21, pero el “Cambalache” es el mismo: «hoy resulta que es lo mismo derecho que traidor…, lo mismo un burro que un gran profesor…, los inmorales nos han igualao». Pareciera ser que ya aceptamos que el mundo así definido sea el adecuado, y para ello hay que prepararse con todo. Cuando nos expresamos en la vida en forma arrolladora, abriéndonos paso a la fuerza, utilizando los codos como palanca para ganar espacio y terreno, para adelantar a otros,  creando desigualdad dentro de la misma fila, se sufre de dolores en esta articulación. También, y he aquí una buena muestra de la polaridad del ser humano, es que cuando percibimos que somos apartados a la fuerza, cuando somos sacados de la ruta que llevamos, los codos acusan con dolor la situación. Los dolores y molestias del codo pueden también delatar que luchamos por hacernos valer, por hacernos notar, lo que puede significar nada más que una señal de defensa ante una sensación de agresión externa, ya sea verdadera o imaginaria. Los codos hacen ver los codazos que recibimos o los que damos en la vida, ya sea en el ámbito laboral, de los negocios, de las cosas prácticas, lógicas y racionales, relación con lo masculino (codo derecho), o en el ámbito afectivo, de la creatividad, de la suavidad y la intuición, relación con lo femenino (codo izquierdo).

Siempre digo que la enfermedad, o más bien los síntomas, no son ni un castigo ni una maldición de Dios: son solamente consecuencia de nuestro actuar como seres humanos. Es posible que esto se torne incomprensible ante la limitativa creencia de nuestra finitud terrenal, pero si nos abrimos al saber, al conocimiento y a la comprensión que somos seres espirituales, eternos, que venimos a tener experiencias terrenales de cuando en cuando, con la finalidad de conocer a Dios en toda su magnitud, para volver a Él algún día, podemos captar el significado de la enfermedad como una oportunidad de aprendizaje. La enfermedad nos puede dar la posibilidad de aprender, al ver más allá de lo simplemente externo como son los síntomas o como es el funcionamiento del cuerpo. La enfermedad no sucede por casualidad, siempre tiene una razón, y tiene un sentido profundo que va dando la oportunidad al enfermo de ir develándolo para aumentar su nivel de conciencia. Cuando tenemos problemas de salud inmediatamente se paraliza el ser humano, y pone un freno a su frenética actividad, cualquiera sea ella, y lo fuerza al reposo. Este reposo lleva a la posibilidad de la reflexión, y con ello poder encontrar el sentido más profundo de lo que sucede en su vida.  Hoy, con la profusión de químicos y drogas en utilización para combatir la enfermedad, este sentido no alcanza a ser percibido siquiera y por lo tanto no podemos tener noción de la pérdida de la oportunidad del análisis profundo de lo que hacemos, de en quién nos hemos convertido, de hacia dónde vamos o qué estamos haciendo con nuestra vida.

Los codos son utilizados en el deporte para sacar ventajas sobre el oponente: en el fútbol, en el basquetbol, en los deportes de contacto. No importa el daño que haga sobre el oponente la utilización de los codazos da ventajas en el resultado, que es al fin lo que se busca, y ello forma la base del éxito. Sin embargo, el uso de esta verdadera arma pasa la cuenta al final del camino, ya que lo que se acumula como deuda termina expresándose con dolor. Hoy, se considera normal el sacar ventajas sobre el otro, aún cuando ese otro no sea ni remotamente un verdadero oponente. Es lo que hemos creado como regla, como norma. Como lo normal.

Los codos están comprendidos en nuestros brazos, que son los órganos  con los que nos expresamos en cuanto a nuestros sentimientos, en cuanto a lo que viene desde lo más profundo de nuestro interior. Hace algún tiempo escribí un artículo sobre estas extremidades,  https://caminosdelalma.wordpress.com/2008/09/02/brazos-abrazos/, y su lectura y revisión puede darnos más luces sobre los significados de sus dolencias, codos incluidos.

Así como las rodillas son el órgano del equilibrio entre la humildad y el orgullo y la soberbia, los codos me atrevo a definirlos como el órgano del equilibrio entre la codicia y la generosidad, o entre la ambición y el desprendimiento.

Para hacer los codos más poderosos los hombres buscan desarrollar al máximo los músculos de la parte superior de los brazos, en una demostración de fuerza y poder. Pero, este mismo desarrollo inhibe las muestras de ternura o afecto, por ser consideradas atributos femeninos.

Los codos son, al final, quienes acusan los golpes que vamos dando o que vamos recibiendo en nuestro camino. Por ello, cuando tengamos dolencias a esta articulación, observemos si estamos en una o en otra, para que podamos enmendar el rumbo, y no crear karma en el primer caso, o simplemente cuidar nuestra integridad en el segundo.

Que Dios nos bendiga a todos.

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La muerte de un menor en el vehículo de su profesora parvularia ha conmocionado a nuestro país, una vez más. E inmediatamente se han levantado voces exigiendo castigos ejemplares y mayor y más fuerte fiscalización de los vehículos de transporte de menores escolares. Y la consabida búsqueda de culpables. Y de penas. Y aparecen las preguntas sobre la actuación de Dios en este acontecimiento, y las fuertes críticas hacia Él.

Los que tenemos fe en Dios sabemos que nada sucede sin su consentimiento, y que de Él provienen todas las cosas. Por lo tanto, lo que ha pasado, independientemente de lo que pensemos o de la emoción que nos embargue, cualquiera sea ella, es también parte del plan divino. Aunque nos rebelemos. Aunque reneguemos. Aunque rezonguemos. Podemos comprender y solidarizar con el dolor que sufren los familiares del niño y su comunidad cercana. Incluso podemos comprender el profundo dolor de la familia de la profesional que tenía a su cuidado el niño, y de su círculo personal y laboral. Podemos incluso sentir esas emociones que acompañan esta nueva realidad, como pena, frustración y rabia. Sin embargo, lo necesario es solidarizar, realizando acciones de bondad como orar por todos, enviar la Luz, meditar, y aquietarnos. Es necesaria ahora la compasión. Y compasión no es más que amor. No es compasión el juicio rápido y severo, la condena y la búsqueda de revancha. El juicio no es de Dios, es de los hombres. Cuando hacemos el juicio y emitimos las consabidas opiniones de búsqueda de culpables y petición de penas y castigos, y tildamos de injusto e incomprensible lo sucedido no estamos haciendo nada más que enjuiciar al mismo Dios. Los seres humanos no podemos, ni por asomo, conocer el plan divino para cada uno, para la comunidad, para el planeta Tierra ni para el Universo. Dios sí lo conoce, sí lo sabe. Y lo que sucede está en ese plan. La humildad para aceptar ese plan es dura tarea.

Nuestra actual existencia, la de todos, no es más que como lo es un día de colegio en todo el proceso educacional, y el objetivo de ella no es más que aprender, igual que en el colegio. Todos pasamos por diferentes existencias, y en ellas lo que hacemos es aprender, para poder algún día completarnos y volver al lado de Dios, desde donde salimos algún día para conocerlo en toda su magnitud. Es un largo camino, aceptado, en el cual gozamos, como desde siempre, del libre albedrío, la gran ley universal. Cuando tenemos una experiencia terrenal, vivimos como humanos, y adquirimos experiencia, y creamos nuestras realidades. Cuando actuamos contra la ley divina del amor universal, de nuestro amor filial, creamos deuda, la cual debe en algún momento ser saldada. Los tiempos de Dios no son los mismos nuestros, y es posible que se liquide en una o unas de las siguientes experiencias en la Tierra. Y ello no tiene otro fin que aprender. Siempre aprendemos, nos guste o no. No sabemos y es posible que ni siquiera sospechemos cuál debe ser el aprendizaje de los actores de esta tragedia humana: el niño, sus padres, sus abuelos, sus familiares directos, la profesora, sus padres, sus hijos si los tiene, sus abuelos, su familia directa, las comunidades de cada cual, compañeros de colegio, de universidad, de trabajo, la comunidad entera, el país todo.

El Padre Nuestro que aprendí en mis días de infancia decía:

…perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…

Esas deudas a las que se refería eran precisamente las que habíamos generado y creado. Pero se nos ofrecía y pedíamos perdón, por nosotros y los otros. Todos con derecho al perdón.

El niño muerto ha cumplido un rol importante, y es un vehículo de aprendizaje. Y él ha aprendido por sí sólo. A lo mejor, solamente Dios lo sabe, ha equiparado acciones pasadas en las que estuvo involucrado. O ha venido a aprender todo lo que puede desprenderse de una temprana muerte. O ha venido a servir con su corta existencia para el aprendizaje de los padres, o de todos los que lo rodean y que nombré antes. Su muerte como servicio permite hacer una reflexión, como la que me atrevo a hacer ahora. Podemos pensar en muchas cosas, en muchas razones más. Como por ejemplo que sus padres deban aprender con su pérdida, para prepararse para otra existencia en la que deberán ayudar a otros en esta misma condición. O para ayudar en esta existencia. Como aquel padre de un niño discapacitado que fue capaz de desarrollar la silla de ruedas, que ha ayudado a millones de seres humanos desde ese día. Seguramente ha habido muchos padres que han mejorado los diseños e incrementado las prestaciones de ellas para ayudar a algún familiar cercano. Pero, debía existir algún discapacitado necesitado para que con su servicio pudiera alentar a otro a servirlo. La profesora puede estar equilibrando acciones pasadas, cobrando cuentas, o simplemente siendo parte por omisión de esta situación. Solamente Dios sabe de esto. Pero ninguno es inocente: alguna vez acordaron pasar por la experiencia.

La oración en silencio, las cadenas de oración por el alma del pequeño, enviar la Luz, esas son acciones que hoy sirven. El alma de ese niño tiene que hacer su tránsito hacia el plano espiritual en buena forma, seguro, completo. De otra forma, si abundan las emociones negativas puede ser retenido y quedarse apegado a la tierra, pero en el campo energético de alguien, con las consiguientes consecuencias negativas para ambos.

Eso podemos pedir a Dios, pero siempre se hará su voluntad. Y eso es lo que pedimos cuando oramos:

…hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo…

Entonces aceptemos su voluntad.

Que Dios nos bendiga a todos.

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Han pasado algunos días desde que se produjo el feliz acontecimiento del rescate de los  33 mineros que estuvieron 69 días atrapados a 700 metros bajo la superficie de la tierra. Ya todo se está aquietando, muchos están volviendo a reinsertarse en su medio, tratando de retomar la vida, que es claro no será la misma de antes del encierro. Hoy quiero exponer este fenomenal acontecimiento desde otra óptica, la de la enseñanza y el aprendizaje.

Como siempre digo y afirmo, nada de lo que sucede es casual. Todo acontece por algo. Dios no nos hace sufrir, pero alguien debe tomar algún papel para poder servir de instrumento de enseñanza. Jesús no hubiere podido ser crucificado si no hubiere existido Judas Iscariote. Si Judas no hubiere estado en su papel de traidor Jesús de Nazareth no podría haber muerto asesinado en la cruz, y ni siquiera es imaginable otra realidad. ¿Qué hubiera pasado si Poncio Pilatos le hubiera liberado y con ello no hubiera muerto en la cruz? No, nada de eso podría haber sido, porque lo que debía suceder debía ser. Y fue. Posteriormente a ese hecho se desencadenaron los acontecimientos conocidos, que de otra forma no hubieren podido ocurrir. Judas Iscariote hizo lo suyo. Otra cosa distinta es que no nos guste lo que le sucedió a Jesús y nos imaginemos su dolor físico en el calvario que le tocó vivir.

En la mina San José ocurrió lo mismo. Un grupo de almas, en el cuerpo de cada minero, ha jugado un rol que recién estamos comenzando a dimensionar. Pero, analicemos por parte para poder comprender el todo.

Cada persona tiene una historia personal. Un karma propio. Tiene asuntos que equilibrar, deudas que pagar, y también tiene una misión especial y única. A lo mejor debe prepararse para una futura existencia en que deba ayudar a otros, o simplemente ser instrumento de un plan mayor, para enseñar a otros. Es posible, y no sería raro, que más de alguno de los que quedó atrapado haya tenido alguna historia en alguna vida anterior en que fue verdugo de alguno o algunos. Puede haber matado a alguien enterrándolo, o haber mandado a morir a otros, a lo mejor en una mina similar a la del norte. O puede haber sido un torturador despiadado, que causó mucho dolor y sufrimiento a otros seres humanos. Ahora, puede haber llegado la hora de aprender lo mismo que causó. A lo mejor alguno tiene que aprender algo relacionado con la vivencia del encierro: a tener fe, a ser fuerte, a confiar en los otros. O bien, alguno ha tenido que prestarse para enseñar a otros con su situación.

Lo que más pronto ha venido a la mente de los chilenos ha sido el tomar conciencia de las precarias condiciones en que se trabaja en muchas minas en Chile. 33 almas que se han prestado para unir a un país en una epopeya sin parangón alguno en la historia de la humanidad. Incluso más, el mundo entero fue por largo rato mejor, con mejores deseos, gracias a estos mineros. Sin embargo, en la mente y emociones de todos subyacía la certeza de la poca seguridad de la mina, que era lo que había provocado este accidente tan grave. Ellos, con su servicio, nos han ayudado a tomar conciencia de las faltas en que incurrieron los administradores y dueños del yacimiento, y a la deficiente fiscalización de los organismos encargados de ello.

Hubo cinco de los 33 mineros que en un principio no aparecieron ante las cámaras una vez que se llegó a ellos en el día 17: eran los que pertenecían a un subcontratista de la sociedad explotadora de la mina. Los subcontratos son un resquicio creado con la finalidad de aumentar el empleo, pero que tiene como consecuencia hacer precario el trabajo, con trabajadores que no tienen en general los mismos derechos de los contratados, pero que realizan labores de similares características. Una injusticia a todas luces. Esas cinco almas se prestaron también para la toma de conciencia de muchos ante esta anómala situación. 28 más 5, 33, todos enterrados vivos, en similares condiciones, pero con contratos diferentes, sueldos diferentes, beneficios diferentes, pero todos enfrentados a la misma muerte. Con su experiencia ponen en el tapete nuevamente este artilugio que no tiene en su seno la igualdad de los trabajadores, sino el sello de la codicia.

Hay karmas sociales, de pueblos, ciudades, países, hemisferios.

Podemos imaginar un karma como país, como el nuestro, que desde hace poco menos de 500 años ha tenido una historia de dolor, llanto, sangre y sacrificio. Este episodio ha unido a los connacionales, y  ha hecho ver a estos 33 seres humanos como propios hermanos, a quienes se quería ver en la superficie de la tierra. Un sacrificio colectivo, para unirnos a los chilenos bajo una misma bandera, con la misma esperanza de recuperar a nuestros hermanos, que llevan en sus venas la misma sangre de los que fuimos espectadores del drama. Un acontecimiento como este nos puso a todos al amparo de la tricolor de la estrella solitaria; a ellos bajo tierra, a nosotros sobre su superficie.

Aprendieron los parientes y familiares, las autoridades, la gente común y corriente, el mundo entero. Aprendimos todos, muchas cosas. Para eso los necesitamos a ellos, que con su donación han hecho posible que escriba esto y que usted lo lea, por ejemplo.

Por eso, Dios no los ha hecho sufrir para después salvarlos y con eso aumentar su poder. Todo ha sido una enseñanza y un aprendizaje. Y ellos, en algún plano y en alguna ocasión, dieron su consentimiento para pasar por esta experiencia, para aprender, para que todos aprendamos.

No pidamos a Dios cosas ni situaciones que creamos nos van a traer mejores beneficios económicos o sociales o laborales: pidamos que se haga su voluntad, para los más altos fines y el bien mayor de todos los involucrados. Así nos daremos cuenta que lo que parecía una terrible catástrofe se convirtió en una bendición, tanto para los 33 como para sus parientes cercanos y para sus parientes lejanos, que somos todos.

Que Dios nos bendiga a todos.

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El español diario El País nos trajo un periodista corresponsal para cubrir la noticia del rescate de los 33 mineros en Copiapó llamado Francisco Peregil. Este enviado especial permaneció cerca de dos meses en el Campamento Esperanza, y en ese tiempo se formó una idea de nuestra gente, de los mineros y de las autoridades, así como de ciertas realidades como país, que plasmó en un reportaje para La Tercera del domingo próximo pasado. Una de las situaciones que le ha llamado la atención ha sido la de recibir la para nosotros cotidiana pregunta cuando compramos con tarjeta de crédito: “¿Con cuotas o sin cuotas?”, y acota que las deudas han sido una de las mayores preocupaciones de los mineros enterrados a 700 metros. Ha acaparado su atención también el conocer la realidad de la facilidad que existe en nuestro mercado para conseguir créditos, lo fácil que es endeudarse y lo difícil que es salir de las listas de morosos cuando se cae en ellas.

Los bancos en Chile obtienen utilidades enormes. Al mes de julio la banca chilena había acumulado como utilidades la friolera de casi dos mil millones de dólares (¡$ 1.000.000.000.000!, ¿cómo se lee?), y no hay ninguna señal que diga que esa cifra pueda proporcionalmente disminuir hasta fin de año. La banca nacional se queda sola, porque adquiere un poder casi intocable, que incluso llegó a influir en dejar sin efecto una de las medidas anunciadas por el nuevo gobierno, que era darle atribuciones financieras al Servicio Nacional del Consumidor, organismo estatal cuyo objetivo es proteger al hombre común y corriente de las actuaciones de los que le venden bienes y servicios.

Hace algunos años comenzaron la campaña de acostumbrar al consumidor a adoptar el hábito de comprar en cuotas: “Compre ahora y pague en 6 cuotas precio contado” se escuchaba y leía en todos lados. Hasta que nos acostumbraron. Claro, era buen negocio. El costo de hacerlo no era una pérdida, ya que se equiparaba en los cobros de comisiones por mantención, o en el interés que se le cobra al comerciante por la operación: era simplemente dejar de ganar algo. Hoy, la famosa pregunta recorre la columna vertebral del país, pero ya no está el “precio contado en tres cuotas”, sino que simplemente corren los intereses siempre. Pero ya nos acostumbramos. Los expertos en marketing de largo plazo, ese marketing científico que estudia paciente y eficientemente los comportamientos del consumidor, ha logrado cambiar las percepciones de las gentes e introducir las cuotas, y siempre hay un saldo insoluto en las tarjetas de crédito o en las de casas comerciales, que se transforman al poco rato en tarjetas de crédito bancarias.

En su encierro, a oscuras, sin noción del día ni la noche, y a pleno sol, sobre la tierra yerma, los mineros y sus familiares respectivamente, estaban preocupados por las deudas, por las cuotas impagas, y por la posibilidad de caer en Dicom, sabiendo el calvario que le espera a quien cae en este listado que las empresas compran para no dar trabajo a quienes se hunden en él bajo el criterio de que quien no es sujeto de crédito bancario o comercial no tiene derecho a trabajar para poder pagar sus deudas. Un maldito círculo vicioso.

La tragedia de los mineros nos toca por todos lados. Ya no somos los mismos, ni en Chile ni en ninguna parte del mundo, y hemos debido tomar conciencia de muchas situaciones y realidades en medio del dolor, del sufrimiento y la angustia de un grupo de mineros y sus familias, que se extendió a su comunidad, a su región y al país entero, para remecernos hasta los tuétanos.

Nada sucede por casualidad, y el sacrificio en el plano de las almas de estos 33 seres humanos, trabajadores, humildes, pobres la mayoría, nos lleva a admirarles, por estar ahí, para pasar esta experiencia, para ser nuestros maestros en este aprendizaje. ¿Cuántos cambios se producirán como consecuencia de este hecho en muchos ámbitos del acontecer nacional?, ¿cuántos cambios sufriremos cada uno de nosotros con esta fuerte experiencia? A lo mejor muchos de ellos tenían que pasar por esta situación para equilibrar acciones propias pasadas. Eso puede ser, pero lo que importa es el aprendizaje,  y no hay nadie que no haya aprendido.

Hemos hecho las cosas no de la mejor manera, y esta experiencia nos transporta a la revisión, a ver aquello que es bueno para el ser humano, y que está lejos de la codicia, de la explotación, de la manipulación y del uso y abuso del poder. Somos iguales, hijos del mismo Dios, y nos debemos respeto, para que prime el amor en nuestro devenir.

Los bancos y su actuación están lejos del amor al prójimo: la codicia de ellos se ha traducido en que la mente y emociones de los enterrados vivos y sus familias girara en poder pagar las cuotas.

¿Es este el mundo en el que queremos vivir?

Que Dios nos bendiga a todos, sin excepción, para hacer de este mundo un mejor lugar donde vivir.

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Algunos beneficios terapéuticos de la TVP

Dentro de la amplia gama de síntomas que pueden tener un exitoso tratamiento con la Terapia de Vidas Pasadas, se destacan, entre otros, el tratamiento de algunos dolores físicos, fobias, crisis de pánico, irritabilidad, miedos y adicciones.

Recuerdo que hace algunos años, una regresión que hice a una querida amiga, en que descubrimos la causa de su migraña –dolor de cabeza recurrente- producto de un trauma de una vida pasada. En el trabajo terapéutico fue a una vida hace unos cientos de años atrás, en que era un miembro de una tribu indígena centroamericana,  y cuya labor era ser cazador y proveer comida para su gente. En una salida de caza se alejó de su territorio, persiguiendo a un animal, y no se percató que comenzó a internarse en terrenos desconocidos para él, hasta que finalmente fue hecho prisionero por miembros de otra tribu. Fue llevado al poblado y puesto en una choza en que había un tronco al medio de ella. Ahí fue amarrado a él, y como característica especial fue amarrado por la frente, con lo cual estaba completamente inmovilizado. Al cabo de unos días murió, después de una agonía dura, sin alimentos ni agua. El dolor de mi amiga en esta vida tenía las mismas características que la presión que hacía la cuerda en la frente en aquel cautiverio. Al trabajar terapéuticamente la situación pudo terminar con las sensaciones y emociones de esa muerte y salir del atrapamiento que le producía en esta vida los insoportables dolores, que la forzaban a andar con medicamentos en su cartera. Según me comentó, no ha vuelto a sufrir de migraña.

En otra oportunidad una señora relata que tiene imposibilidad de tomar cuchillos, con las imaginables complicaciones que ello ha acarreado en su vida. Esta señora, ya mayor, sufría con sólo ver algún cuchillo. El trabajo terapéutico consistió en llevarla a la vida en que se originaba el problema con dichos artefactos, revivir la situación y agotar las emociones involucradas en aquella muerte. Había sido asesinada en una vida anterior en forma sádica y violentamente acuchillada. Al terminar el trabajo, y mientras conversábamos, fui a la cocina y sin disimulo traje un cuchillo con una manzana en un plato y lo puse sobre la mesa en que nos apoyábamos. Le pasé el cuchillo, el que tomó en su mano, y con la otra comenzó a pasar sus dedos sobre la hoja del utensilio. Sonrió y me miró con una mezcla de sorpresa y naturalidad, y me dijo que jamás pensó antes en poder tomar el cuchillo.

Últimamente he sido requerido para ayudar a dejar de fumar a algunos pacientes. Este trabajo consiste en investigar para determinar en dónde se produce, y cómo, la adicción, y desde ahí hacer los cambios necesario para dejarla. Se complementa el trabajo con algunas técnicas de refuerzo, para no recaer. En muchos casos el tratamiento es exitoso, y en alguno es necesario un nuevo trabajo de reforzamiento para completar el proceso definitivamente.

Hay muchos dolores que se solucionan con una sesión de trabajo. Dentro de ellos puedo mencionar por ejemplo los dolores de la espalda superior. Una de las razones puede ser que en alguna vida pasada la persona encontró la muerte acuchillada por la espalda, por ejemplo. El dolor puede presentarse o verse acrecentado cuando él o la paciente atraviesa por alguna situación en que se siente traicionado , –o sencillamente lo es-, en algún ámbito de su vida –amoroso, laboral, negocios, etc.-  por lo que se desatan las mismas emociones y sensaciones que tenía cuando sufrió el ataque primero. Al trabajar terapéuticamente la fuente original del dolor este se soluciona y deja de presentarse en esta existencia.

La TVP puede llevarnos a solucionar problemas como los descritos, sin traumas, sin químicos ni largos y tediosos tratamientos, que además cuestan mucho dinero. A veces basta una corta sesión para sanar conflictos de larga data como los que he descrito hoy.

Que Dios nos bendiga a todos.

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