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Archive for 9 junio 2010

Cuando me suceden cosas desagradables, dolorosas o que siento injustas tiendo a pensar que la persona que hace los “agravios” está acumulando un karma que deberá en alguna oportunidad futura, tarde o temprano, pagar. Sin embargo, a poco andar vuelvo sobre el pensamiento y al recapacitar puedo concluir que es muy posible que yo haya acumulado antes el karma que ahora se está pagando, ya que todo debe equilibrarse, y por eso pasa lo que me pasa. Esa experiencia personal ayuda a comprender algunos aspectos de la vida.

Uno de ellos es que no existe la inocencia: nadie llega impoluto a la vida. Se habla con mucha liviandad en los medios de comunicación cuando sucede algún hecho trágico o traumático de que están pagando “inocentes”. Esta calificación se utiliza generalmente para los recién nacidos o niños en general, para transeúntes en lugares de los accidentes, para espectadores en acontecimientos masivos, pasajeros en accidentes de tránsito o en un sinfín de situaciones. Pues bien, los inocentes no existen, y con su experiencia están solamente equilibrando acciones pasadas o asistiendo a un proceso de aprendizaje propio o de lecciones para un tercero o un colectivo de personas. Y los niños son almas grandes en envases pequeños, aunque sean recién nacidos o nonatos.

El segundo aspecto importante es adquirir la responsabilidad por lo que sucede: nada es casual y todo tiene una causalidad.  Ser responsable es simplemente responder con habilidad, y una de ellas puede ser que cuando nos suceden eventos desagradables debemos ser humildes para aceptar que lo que sucede, ya que eso puede estar equilibrando alguna acción anterior nuestra, aunque no tengamos conciencia de ello. Eso es el aprendizaje. Y a veces es duro, algo así como que “al que no quiere caldo, taza y media”.

Nadie es inocente y todo está puesto para nuestro aprendizaje. Y a lo mejor lo que está sucediendo con nosotros es solamente el accionar de la justicia, que equilibra todo. Y cuando somos responsables nuestra actitud cambia, nuestro comportamiento entonces es diferente y los resultados son definitivamente distintos.

Por eso, cuando nos pasan cosas desagradables, o aparecen personas que tienen una cierta autoridad jerárquica poco feliz sobre nosotros, o suceden acontecimientos duros, o alguien te segrega por las creencias filosóficas, religiosas, políticas, el color de piel, la posición social o el monto de la cuenta corriente, es necesario pensar que a lo mejor se está equilibrando lo desafortunado que antes fui con mis actuaciones, y se me está enseñando con firmeza, es decir, se está equilibrando mi karma, que es algo de lo cual no se puede escapar, nunca.

Que Dios nos bendiga.

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Lo que creemos, lo que somos, nos habla de los síntomas que presentamos. En lo que pensamos en eso nos convertimos. Los legados familiares lo constituyen todas aquellas ideas que acarreamos de la casa paterna y que buscamos validar, y se convierten en creencias firmemente arraigadas, con códigos que se respetan bajo cualquier condición y en cualquier situación.

Cuando las personas tienen dificultad para deshacerse de las viejas ideas que fueron aprendidas sufren del colon o intestino grueso. El colon está lleno de caca, y es el lugar del cuerpo en el que le es extraída el agua y los últimos nutrientes antes de pasar al recto y a su evacuación final. La analogía entonces es que el paciente está sumido en una vida de “porquería” y está tratando de sacar de ella lo poco de bueno que le queda, para justificar entonces sus creencias e ideas arraigadas desde la más tierna infancia, adoptando una postura falsa ante el resto. Pero el cuerpo habla, y hace evidente la mentira: la enfermedad nos hace sinceros. Es común además que las personas que sufren de problemas del colon presenten hinchazón del vientre, que hace con el correr del día insoportable la ropa. La inflamación nos habla a las claras de una irritación íntima, que va creciendo con el correr de las horas: el conflicto que tenemos en la vida se materializa.

El colon nos habla de viejas estructuras que son difíciles de abandonar, de dejar. Viejas creencias que no queremos abandonar por el miedo a tener que desarrollar unas nuevas que nos acompañen en el cambio necesario. La necesidad de descargar lo acumulado con el tiempo, botando las viejas ideas anquilosantes, y dejar de revolcarse en la caca de la vida son aspectos básicos para superar el síntoma. Pero lo más importante de todo esto es que para superar estos molestos síntomas es necesario hacer los cambios –aunque sean dolorosos al principio- para salir de la “mierda” y  poder volver a la vida limpia y floreciente.

Es de singular importancia en la producción de estos síntomas los problemas con la materialidad, con la provisión, cuya solución parte con la valentía para abandonar, para desprenderse de lo viejo, de lo que no sirve –como la caca-, para dar espacio a lo nuevo.

Que Dios nos bendiga.

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