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crisis de pánicoHe tratado de buscar en internet algo creíble de las crisis de pánico. Pero siempre llego a lo mismo: a la desregulación de alguna sustancia que actúa a cierto nivel en la corteza cerebral o en otro lado, producida por disfunciones desconocidas, pero fuertemente influenciadas por el estrés. O sea nada. Ni una razón valedera, ni una causa, ni una explicación. Tratamiento: medicación, drogas, aturdimiento corporal y emocional.
Hoy, las crisis de pánico son, según me cuentan, y veo, bastante frecuentes y recurrentes. A veces llega alguien a consultarme por eso. Se pueden definir como episodios de terror intenso, con sensación de que viene la muerte, o algo muy grave y doloroso está por ocurrir, o nos ocurrirá. Las más de las veces la gente dice algo como “nunca me había pasado, yo no era así”.
En el mundo actual, la emoción predominante es el miedo. Está presente en todas nuestras actividades, en nuestras acciones, en nuestro vocabulario, en nuestro trabajo, en los seguros, en los planes de salud, en el pensamiento invariable en el mañana: vivimos en el futuro y no en el presente. Todo lo que se hace se hace pensando en el futuro, no en el vivir el presente. Este vivir en el futuro, con toda la carga de incertidumbre que tiene –y que cada día es mayor por la destrucción del planeta, la sobrepoblación, la fragilidad del sistema económico imperante, la enfermedad, la vejez y otras amenazas modernas- provoca en nosotros una angustia de tal magnitud que terminamos presas de este monstruo llamado el mañana. Queremos dominarlo todo, que nada se escape de nuestro control, que nada se aparte un ápice de lo que pensamos que es bueno, que es normal y que es conveniente para nuestro devenir en la tierra.
Pero la vida no es así.
La certidumbre no existe.
El temor al futuro nos desgasta energéticamente, nos hace vulnerables. Y cuando sucede algo que nos saca de la tranquilidad y nos envuelve en el terror se producen las debacles en el campo luminoso. Dejamos de ser nosotros, para dejar campo libre a otras energías que nos pueden invadir, porque estamos sin defensas. La medicina mapuche habla de que cuando estamos en desorden entre el cuerpo y el alma dejamos el campo propicio para ser inundado por otras energías, y eso es lo que hay que limpiar para retornar al equilibrio de la salud. Las medicinas ancestrales saben esto y los hombres y mujeres medicinas saben cómo actuar en estos casos. Hay que limpiar.
Voy a explicar algo referente a ello. Normalmente se nos mete miedo con que las almas de muertos son energías malas, de baja vibración, demonios, y muchos hablan mal de ellas, y les temen. No es así. En mi experiencia, las almas de las personas muertas, especialmente aquellas que han muerto en estado de terror, en estado de shock, en forma intempestiva, quedan en un estado de confusión de tal magnitud que no atinan a seguir el camino establecido para ellas, y permanecen en ese estado aterrado. Con pánico. Y los terapeutas les temen, porque no las conocen, y hablan de demonios. No, son iguales a usted o yo, pero con su camino perdido.
Entonces, en un episodio de crisis de pánico, lo normal es que una de estas almas se manifieste. Esa alma entró en el campo luminoso de la persona afectada porque esta persona bajó su vibración producto de algún episodio de crisis, ya sea por temor, por alguna pelea, por presenciar un acto violento, por presenciar accidentes fatales, por penas profundas, por dolores emocionales. Por cualquier causa que le genere una pérdida de su energía vital, que las hay muchas. Y en ese momento ha quedado el campo propicio para esta intrusión. Luego, cuando pasa algo en vida de la persona hace que gatille el actuar de esa alma, por afinidad con la situación, y entonces esa alma recuerda el episodio de su muerte, con el mismo pánico, con el mismo terror de la situación original cuando su cuerpo murió, y se desata la “crisis de pánico”.
El asunto es tratar a esta alma, esa es el verdadero paciente. Una vez que se libera, que se envía a la Luz, donde no hay juicios ni condenas, sino solamente el amor de Dios, el paciente original sana, y se acaba la crisis de pánico.
No le temas terapeuta a las almas perdidas, ayúdalas, y ayudarás a tu paciente original. Confía en tus medios y acompaña.
Que Dios nos bendiga.

pareja_desnuda1edEste sistema en el ser humano es el que está encargado de la reproducción (perpetuación de la especie) y de la sexualidad, y se compone de los órganos y glándulas sexuales, pene y testículos  en el hombre,  y en las mujeres vulva, vagina, útero, trompas, y ovarios. Analógicamente el sistema genital es el que nos permite crear la vida, procrear, es decir, la capacidad de crear, de darle forma a proyectos, ideas y pensamientos en el plano material. En el plano de la sexualidad representa la capacidad de crear en un estado de gozo y placer. Lo importante de todo esto es que esa sexualidad se hace con el otro. Los problemas y afecciones en el sistema genital dan cuenta de dificultad de vivir y aceptar la capacidad de gozar en forma interna, que además se manifiesta en el o la compañera. Se puede decir con propiedad que puede significar un profundo temor a crear, ya sea por falta de soporte, de seguridad, por culpabilidad o simplemente por culpa. Esta situación puede llevar a disfunciones reales como la impotencia, la frigidez o la esterilidad.
En la mujer los problemas de la regla o menstruación pueden indicarnos un problema en el sistema hormonal. En el caso de la ausencia de regla –amenorrea- tenemos una estrecha relación con la pérdida –física o mental- de la fertilidad, de la fecundidad. Hay que buscar por norma general en los duelos por los cuales ha pasado la mujer. Pueden aparecer rupturas afectivas, pérdidas de parejas o duelos físicos. Si se hila fino puede llegarse a ver una búsqueda frenética de libertad. Esto es parecido al conflicto de la dismenorrea, que es lo conocido como regla dolorosa, en que el conflicto subyacente por lo general proviene de un deseo de libertad exacerbado, incluso queriendo dejar de ser mujer.
Las afecciones que impiden la sexualidad, como son la dificultad de erección, impotencia masculina, o frigidez femenina expresan claramente la extrema dificultad que tiene el ser humano para gozar de los placeres de la vida, ya sea a nivel personal o laboral, ya que no se permite la experiencia del placer, o gozo en la relación con el otro o con las cosas u actividades. Es común que en estos conflictos aparezca una emoción poco agradable como es la culpa. Puede exhibirse un conflicto con el poder, que es considerado como negativo o vergonzoso, en vez de verlo como una fuerte capacidad de crear. Una sexualidad insatisfactoria puede tener su vertiente en asuntos como el miedo al poder, dificultad para experimentar el placer, las extremas rigideces, las creencias limitantes o la rigidez moral en que nos desenvolvemos.
En general, las afecciones del sistema genital, cualquiera sea su causa, tienen como consecuencia directa impedir el contacto sexual, o convertir el acto sexual en algo complicado, difícil o lisa y llanamente en un acertijo. La trampa está en que se esconde tras estas afecciones la dificultad para vivir la sexualidad, o lo que expliqué ella representa. Y la mayor trampa está en que las afecciones dan una razón correctamente válida para no poder tener intimidad.
Las enfermedades de transmisión sexual podemos interpretarlas como castigos que nos imponemos a nosotros mismos, ya sea basados en culpas por pensar que infringimos ciertas reglas de comportamiento, o por sentir que abandonamos códigos morales inculcados en la temprana infancia por nuestros padres, mentores o profesores. Esta culpabilidad imposible de manejar en forma consciente puede llevar a relaciones insatisfactorias que traerán la enfermedad.
La sexualidad en el ser humano lleva un secreto en su seno, y es que en su propio sexo experimenta la carencia dada por la polaridad, la que es superada solamente con la práctica del sexo con su compañero/a de sexo contrario, buscando lo que le falta. De ese modo puede completarse en la felicidad del orgasmo. Por ello es que cuando se unen los dos polos se produce mágicamente la sensación de felicidad, y ello lleva a inferir que felicidad es unidad.
Muchos conflictos pueden tener su manifestación en el sistema genital, para darnos una pista sobre nuestra posición frente a la simplicidad de la vida, a la capacidad para dar y recibir placer –y sentir que tenemos derecho a ello-, sobre nuestro sistema de creencias limitantes –especialmente religiosas-, y sobre nuestro papel “masculino” o “femenino” en la vida cotidiana, en el trabajo, o en la relación afectiva que mantenemos con el otro/a.
Que Dios nos bendiga a todos.

Interpretar

Sombras2Un buen ejercicio para entender lo que nos pasa es traducir el lenguaje corporal, la manifestación del síntoma, al lenguaje simbólico de una realidad en un plano superior, más allá de la mente, -aquella parlanchina que con sus juicios de valor y creencias quiere, entre otras cosas, justificar todo, y sin callar-, al plano del Alma o más arriba aún, el del Espíritu.

Recurrimos siempre a los textos en busca de generalizaciones de los síntomas. Por ejemplo asociamos, justificadamente por lo demás, las dolencias del hígado a las frustraciones; de las manos y brazos a la acción que realizamos o no realizamos; de las piernas y pies al caminar por la vida y la dirección que llevamos, o al no caminar; del corazón a la manifestación del amor, e interpretamos que un infarto es un llamado profundo y dramático de nuestra alma a que abramos nuestro corazón. En fin, hay asuntos que nos muestran analógicamente de acuerdo a la función del órgano lo que puede estar afectándonos. Sin embargo, la interpretación individual es la que realmente funciona, porque somos todos diferentes. Los grandes lineamientos nos pueden dar una buena idea y nos pueden guiar en la finalidad buscada, pero cada uno de nosotros tiene un presente y ha tenido un pasado, únicos e irrepetibles. El método de la interrogación profunda nos da luces del conflicto subyacente en el síntoma, y el conocimiento de los lineamientos puede ayudar grandemente en la toma de conciencia y resolución del conflicto. Hay que hacer las preguntas, y seguir interrogando, o seguirse interrogando, aunque esto requiere de honestidad y firmeza, ya que difícilmente se va a llegar a aquellas preguntas molestas, las desagradables, las que provocan rechazo, y que nos muestran la sombra, aquello que está disfrazado detrás del síntoma de la enfermedad. La observación acertada duele, y ahí detrás de ese dolor está posiblemente la causa, porque elegimos casi siempre los caminos más duros para aprender lo que vinimos a aprender.

Hace ya más de 15 años que recorro el camino de la sanación personal, y en la extensa práctica de la  terapia de vidas pasadas y del chamanismo he observado que no hay inocencia en lo que nos pasa, y que tampoco existen las casualidades, y que el destino no es tan malo como se supone en una primera aproximación. Debemos a veces beber el trago amargo en la copa que el Alfarero moldeó con el barro de nuestras tantas y tantas encarnaciones para poder conocer que ese polo nos puede sanar. Y siempre después de la tormenta sale el sol. Sin embargo es necesario salir prontamente de las culpas que nos conducen a caminos errados de interpretación, y comprender que los síntomas no significan necesariamente que seamos culpables de algo sino más bien internalizar que hay algo que nos falta para estar completos, y muchas veces ese algo es amor por nosotros mismos, que es lo que nos lleva a culparnos. Los síntomas están ahí para mostrarnos lo que nos falta y de ese modo poder integrarlo a nosotros y lograr la ansiada sanación.

Cuidado hay que tener en este asunto: no es lo mismo interpretar que valorar. La interpretación se logra haciendo las preguntas, muchas preguntas, pero sin carga emocional. Las preguntas deben ser neutras. Cuando valoramos estamos perdiendo el foco y puede causarnos daño, o si estamos tratando de ayudar a otro, podemos dañar a ese otro. Y ello es porque cuando valoramos lo hacemos basados en nuestros prejuicios que solamente hablan del observador que somos, y ello es solamente una ínfima parte de lo que es, y no conduce a poder ver la sombra, porque esa es la que se rechaza. No hay dos personas iguales, es necesario recordarlo siempre: somos únicos e irrepetibles. Y requerimos valentía para interpretar lo que nos pasa, para ver la sombra, y descubrir lo que nos falta para estar completos.

Todo proviene de Dios, y existimos porque existe Dios, al igual que todo existe porque Él existe, y nada se nos dará que no podamos manejar, incluidos los síntomas de la enfermedad.

Que Dios nos bendiga a todos por siempre.

Odio

 

MuertosEl odio es una palabra demonizada, temida, escandalizadora, y proscrita. Según la Real Academia Española de la lengua, el odio es “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.” Lo que no explica es que el odio es una emoción, y como tal no se puede evitar su aparición. Es una emoción humana y es natural, como es natural ser humanos. Diferente es darse cuenta de cuando se siente y actuar para que ella no haga carne en nosotros, porque su manifestación provoca evidentemente daño a otros y a nosotros mismos. Pero, es necesario insistir en que no hay nadie que esté libre de la emoción del odio. El odio lleva a la violencia, y tiendo a creer que la base del odio es el miedo. Miedo a lo desconocido, a lo diferente, a lo que me saca de mis creencias, a lo que amenaza las varas y pilares en los que me afirmo para seguir con la forma de vida que llevo. Uno de los grandes dramas de la humanidad ha sido el odio, y no solamente es causado por el temor, sino también por la ignorancia. La ignorancia que lleva a odiar lo diferente, lo que no se comprende o lo que no se ha visto antes.

Un odio muy propagado en el mundo, desde que se inventaron, es el religioso. Las religiones han derramado mucha sangre y han marcado muchas generaciones y muchos pueblos y continentes. Es natural querer destruir aquello que se odia.

El odio está en nuestra sombra, y como tal no queremos verlo, no queremos aceptarlo, no queremos ni siquiera escuchar que está ahí, dentro de nosotros, agazapado, listo, esperando su oportunidad para manifestarse. Lo negamos, lo escondemos. Todo lo que no queremos ser, lo que no queremos encontrar en nosotros, lo que no queremos admitir en nuestra identidad constituye nuestra sombra. El odio, que no queremos admitir vive con nosotros, está también en nuestra sombra. Y el repudio al odio no lo hace desaparecer.

Todo lo que el ser humano rechaza pasa a ser parte de su sombra, y ella es la sumatoria de todo lo que no se quiere. Tememos a nuestra sombra porque en ella encontramos las causas de nuestra infelicidad, y al no querer verla se manifiesta siempre en el cuerpo a través de la enfermedad. Somos tan ingenuos los seres humanos que creemos que suprimiendo un polo de la realidad que apreciamos lo vamos a hacer desaparecer. Y nos creemos los amos del Universo.

Una muestra de la sombra ha sido la iglesia católica que ha tratado de hacer desaparecer la sexualidad y ella ha explotado como volcán, antes por siglos y siglos contra las mujeres y ahora en la homosexualidad desatada que la tiene al borde del desastre final.

El odio es inherente al ser humano, de otra forma no se puede explicar tanta sangre que ha sido derramada por su causa. Y tampoco es irracional porque se odia a quien amenaza nuestras posesiones o nuestra existencia o de nuestros seres queridos, o a quien nos ha hecho daño personal, grupal o socialmente. Y esa amenaza es percibida desde el miedo, en una percepción básica, que es la de la supervivencia y es justamente el odio lo que se utiliza para manipular conciencias, sembrándolo para incitar a la violencia.

La siembra del odio político es un arma efectiva para generar movimientos violentos para ascender al poder en los diferentes países. La siembra del odio religioso es un arma efectiva también para disfrazar todos los movimientos violentos que vienen después de ello, y que indefectiblemente terminan en la toma de poder político y económico al final. Las acciones de violencia aparecen justificadas y lícitas cuando se ha sembrado el odio.

El odio está presente en nosotros, aunque lo neguemos o lo escondamos. Lo importante es que comprendamos cuando se nos quiere manipular usándolo, ya que seremos tarde o temprano víctimas de él.

Es necesario dejar de creer que somos santos y que el odio no existe en nosotros ni en los que nos rodean, y aceptarlo. Somos humanos al final de cuentas y como tal somos seres emocionales y no racionales. La razón es el disfraz de la emoción.

Que Dios nos bendiga.

8664_10151528191722917_1742194736_nUn par de asuntos bien importantes en el desarrollo de un sanador son la ocasión y el deber. La ocasión tiene que ver con cuándo actuar. El deber tiene que ver con la pertinencia en ese actuar.

Un sanador va generando una conciencia con su quehacer, con su ejemplo. Puede ser sanador quien sea, no es necesario ser un santón viviendo en una gruta o un repartidor de milagros. Alguien que esté realizando una labor cualquiera puede estar sanándose el mismo, sanando a su familia, a sus siete generaciones anteriores y preparando el camino para las siguientes siete, sanando una comunidad, una región, un país o al planeta.

Si lo vemos desde la perspectiva del sanador, que es aquel que interactúa con otro para producir en esta un cambio que mejore su calidad de vida, o su salud, hay una obligación y es que no se debe interferir a menos que lo haya pedido claramente. No se puede andar por ahí dando clases, porque no hay clases que dar a nivel del Alma. Estamos acostumbrados a la misericordia cristiana que nos ha hecho pensar con gran falta de humildad y sabiduría que debemos andar siempre socorriendo a quien creamos está en situación desmejorada, y que eso está bien y es deseable. Eso es arrogante, y no está alejado de la soberbia. No debemos interferir con otra gente a no ser que se nos pida; no podemos dar consejos a quien no nos los pide, porque si lo hacemos estamos quebrando una ley importantísima, que es la del libre albedrío, y nosotros, en nuestro libre albedrío, al hacerlo, estamos adquiriendo karma. Los sabios sanadores ancestrales –y cualquier sabio de cualquier otra cultura- jamás abren la boca si no se les pregunta, e incluso cuando se les pregunta son cuidadosos en la respuesta, porque es necesario poder intuir qué tanto de lo que se pueda decir podrá la persona manejar: eso es ser responsable de lo que se dice. Estamos acostumbrados a escuchar frases como “por qué no le dices, o cómo no hay alguien que le diga”; eso es interferir con la otra persona y no se debe permitir. Estamos en este planeta para aprender, somos aprendices representando un papel en el gran teatro universal, y esa representación tiene una finalidad y que no es más que aprender a amar todo lo que se nos presenta. Cada cual tiene un camino que recorrer, y nadie más que él sabe lo que debe hacer para hacerlo. Por lo tanto, cualquier interferencia no es permitida.

Si lo veo desde la perspectiva de aquel que aparece en nuestra vida, en nuestro trabajo, en nuestro vecindario, compañero de colegio, de universidad, de club o de viaje de un lugar a otro, no hay derecho a interrumpir su trabajo, su manifestación, porque además puede ser muy posible que se nos presente en nuestra vida no para que desde nuestras creencias, desde nuestros juicios, desde nuestra experiencia de alegrías y penas le digamos lo que debe hacer sino que puede ser que sea un Alma mucho más evolucionada que nosotros que nos viene a mostrar lo que no hemos atravesado, lo que no nos hemos atrevido, lo que evitamos, lo que despreciamos, en fin, lo que no queremos reconocer y que está en nuestra sombra. La humildad para reconocernos en ese plano de aprendizaje es básica para crecer y ser mejores.

Podemos asistir al otro cuando se nos pregunta. Y ello sucederá cuando esa persona ha tenido un aumento del nivel de conciencia y manifestando su libre albedrío inquiere lo suyo. Ese es el momento en que se puede ayudar, cuando el otro ha manifestado su deseo de ser ayudado.

Es normal encontrarse con personas que no pueden ver lo que les pasa. Eso también está perfecto. Lo que no se debe permitir es que se interfiera con esa persona. Si necesita cambiar algo despertará a eso y pedirá ayuda, o su Alma hará lo que deba para lograr los cambios.

Cuando se interfiere con alguien se crea karma. No interfieras, no le hagas caso al ego; domínalo.

Cada uno vino al planeta a tener su propia experiencia. Desde nuestra limitadísima creencia polar acerca de lo que está bien o está mal hemos creído siempre que tenemos el derecho a enjuiciar al otro, como si supiéramos lo que el otro está aprendiendo. Es posible que mientras vivamos no podamos entender que lo correcto o incorrecto está en nuestro razonamiento y no es una norma para el resto, y que tampoco entendamos que no actuamos en la perfección, como creemos que lo hacemos.

Cada uno es mi profesor en esta gran sala de clases que es la Tierra.

Que Dios nos bendiga.

1425728_617766771594715_137846650_nCuando estamos en el nivel del jaguar nada es como parece ser.

Todo es ilusión.

Todo.

Y tengo una noticia, y ella es que generalmente vivimos en ese nivel de percepción, el del nivel del jaguar. Es el plano del dominio de la mente, de las razones, de las creencias, de los juicios y de las justificaciones. Y en ese plano estamos condicionados por el pasado. Ese pasado que se mezcla con el presente por las rendijas de las construcciones que hemos levantado a medida que cae la arena en el reloj. Nada es lo que parece ser, porque siempre hay algo detrás de lo que decimos, de lo que hacemos o de lo que aparentamos. Aunque no nos demos cuenta, y de hecho no lo hacemos. Nada es como parece, y lo defendemos sin darnos cuenta que lo importante es eso que lo genera, para verlo, y para sanarlo.

En el nivel del jaguar aparece una trampa: la razón. Y ella es la que se valida como verdadera, como la única que puede tener cabida en el desempeño humano, la iluminada. Pero la razón no es más que un disfraz de la emoción, y ella es la que hay que buscar, ver, desmenuzar, vivir y entender.

Sin duda alguna que a medida que avanza la mal llamada “civilización” es el miedo la emoción que nos va dominando.

El miedo nos somete como la niebla que se va levantando desde el mar al amanecer y que envuelve la ciudad sumiéndola en frías incertidumbres. El miedo, ese que desde el pasado asoma para prevenirnos, para recordarnos lo que sufrimos, lo que nos dolió, y para paralizarnos entonces. Vivimos siempre bombardeados con el “no repetir el pasado”, forzándonos a no olvidar y entonces privarnos de la  experiencia. ¿Cómo la atravesaremos entonces, cómo aprenderemos si evitamos todo, hasta el contacto con la tierra, con el prójimo, con la vida?

El miedo como la niebla se mete por las rendijas, susurrándonos, insistiendo en que no nos arriesguemos, llenándonos de ansiedad por lo que no existe aún, porque vivimos angustiados por el mundo inseguro y amenazante. Nada es como parece ser en el nivel de percepción del jaguar. Cuando compro un seguro de vida no estoy asegurando la vida, estoy siendo dominado por el temor a perder bienes materiales.

A lo mejor dirás “sé razonable, piensa en los riesgos”. Sí, es verdad, eso es justamente la emoción disfrazada de razón, llamando a que se piense de la forma como lo haces: basado en el miedo.

La vida tiene luz y sombra, claro y oscuro. Y queremos evitar siempre lo ingrato, lo penoso, lo trágico, como si no fuera parte de la naturaleza de este planeta. Y ese rechazo al sufrimiento que nos puede deparar lo que se considera “riesgoso”. Al final, lo que sucede no tiene connotación positiva o negativa, ni feliz o triste, sino lo que hay es nuestra interpretación, el significado que le damos. Si vivimos bombardeados en todos los medios que todo lo que pasa es “doloroso o lamentable” somos carne propicia para que los temores se alimenten de ella como los gusanos de un cadáver.

Nada es como parece ser.

Es la percepción en el nivel del jaguar.

El asunto es aprender a ver más allá de lo aparente, pero para mejorar la vida propia y de los demás, no para generar karma produciendo lo que puede comprar aquello que está disfrazado en esa apariencia, especialmente el miedo, que es lo opuesto al amor.

En el nivel de percepción del jaguar nada es como parece ser, recuérdalo.

“Llamo a los vientos del oeste, invoco a la madre jaguar.
Vengan, vengan y abran y protejan este espacio medicinal para mí y mis hermanos, muéstrenme el camino de la suavidad y de la paz, y hagan de este espacio uno de amor y de cambio.

Vengan y enséñenme a ver más allá de lo aparente, a vivir sin posesiones, sin angustias y sin ansiedades.
Y muéstrenme el camino más allá del miedo, más allá de la muerte.”

Ahóóó.

Drama moderno

Vieja estirada1) No puedo vencer a la muerte, ni la mía ni la de los otros.

2) No puedo impedir que mi cuerpo envejezca.

Estas son dos de doce verdades enunciadas por Jorodowsky, y qué tremendas son.

En el mundo actual todo está enfocado a combatirlas. Por una, quiere vencerse a ambas, utilizando todo artificio posible, desde la tecnología hasta los “alimentos naturales” y también los producidos tecnológicamente. Los tibetanos comienzan la formación de sus monjes haciéndoles meditar por largos años sobre la muerte, para que de esa manera puedan comprender y conocer la vida. Ni siquiera sé si esos verbos sobre las consecuencias son correctos, pero el asunto importante es reflexionar sobre la muerte. La muerte es parte de la vida misma: desde que nacemos comenzamos a llevar un cadáver con nosotros; a cada instante algo muere, algo nace y se renueva, pero el todo físico se encamina a la muerte, y no se puede evitar, ni menos vencer. Es efímera la vida.

La paradoja es que nadie quiere morir, pero nadie quiere llegar a viejo. Se desecha lo antiguo, se destruye, se bota, se denigra. No se acepta la sabiduría de los viejos sino se les desprecia. No hay espacio ni tiempo para masticar la sabiduría en la vorágine del futuro que amenaza con llegar a cada instante. El mañana domina sobre el hoy, que es donde mora la sabiduría adquirida en el ayer. No hay presente, sino solamente futuro.

Y como nadie quiere llegar a viejo se modelan los cuerpos con cirugía, con ácidos, siliconas y bótox, para dar la impresión de ser dotados de cuerpos perfectos y eternamente juveniles. Las drogas legales de las farmacéuticas y las ilegales de los narcotraficantes, los químicos en bebidas artificiales y alimentos energéticos entregan la ilusión de apariencia y funcionamiento perfecto. Pero ello no es nada más que el temor a conocerse a sí mismos, a aceptar que somos lo que somos, mortales.

Escapamos todo el tiempo, despreciando incluso aquello en lo que nos convertimos, escondiéndolo. Pero no nos podemos esconder de nosotros mismos ni del mundo que hemos creado. Pero no podemos escapar a la muerte, que se viene tan callando, como dijo el poeta.

El drama es que por evitar la muerte no se vive la vida.

Que Dios nos bendiga.

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