¿Se imaginan qué sería del mundo si hubiere imperado el ¡cuídate! en vez del ¡arriésgate!? 
Nada de lo que conocemos existiría, incluidos nosotros, ya que nuestros padres hubieron de arriesgarse alguna vez a entablar alguna relación entre ellos para que pudiéramos ser engendrados, no importando la calidad de dicha unión en este análisis, sino importando solamente que se produjo.
Me imagino a la madre de Marco Polo negándole el permiso al joven veneciano porque el viaje al Oriente lejano le iba a traer dolores, malestares, peligros, incomodidades. Dormir bajo las estrellas; viajar azotados por el viento bajo un sol inclemente; atravesar montañas nevadas; desiertos calcinados; ríos caudalosos; enfrentar temporales de agua y vientos huracanados; pasar hambre, sed, frío y calor, etc. ¿Qué hubiera sido de la aventura del fantástico viaje de este aventurero si no hubiese sido alentado a llevarlo adelante?
En la vida hay que arriesgarse para vivirla.
En la actualidad hay muchas personas que viven vidas angustiantes, planas, insatisfactorias; no pueden dejar lo poco que tienen para ir por lo mucho que quieren. Muchas veces se nos quitan cosas que tenemos y el lamento por la pérdida es profundo, hay llanto, dolor y penas. Sin embargo la mano del Invisible puede actuar en esa ocasión dejándonos livianos para emprender alguna aventura, para iniciar algún descubrimiento de lo mucho que nos espera. Culturalmente estamos condicionados a acaparar, a atesorar, a juntar, llenándonos de objetos, recuerdos, ropa, comida, e incluso personas, que no necesitamos para nada. Y cargamos la mochila con todo ello lo que hace más dificultoso el viaje. Y a veces la mochila es tan voluminosa que nos hace encorvar la espalda y no permite que podamos dar vuelta la cabeza para mirar atrás y aprender del camino que hemos recorrido.
Hoy se escucha por todos lados la palabra “Cuídate“, como muestra de afectividad. Sin embargo siempre digo que él único efecto de esa palabrita es generar miedo inconsciente en el auditor. Cuando me lo dicen a mí pregunto ¿Me cuido de qué?, y normalmente el que lo dice se sorprende. Claro, no lo piensa, es solamente una moda. ¿Me debo cuidar de qué?: ¿de los delincuentes?, ¿para ello debería salir con una armadura o con un arma presta a disparar a la calle?; ¿de las enfermedades?, ¿para ello debería salir en una burbuja aséptica con micrófono incorporado para comunicarme con el otro?, ¿o no debería dar la mano a nadie, ni menos besar a mis seres queridos, y ni pensar en un beso en la boca?; ¿de los accidentes del tránsito?, ¿cómo evitar que aquel disipado beba todo un día y de pronto tome su auto y me arrolle en la vereda frente a mi casa?
No, la palabra cuídate es tenebrosa. Mejor cuando te despidas de alguien dile: “te quiero mucho”, va a dar mucha energía positiva. Yo siempre digo “que Dios te bendiga”. Y no me importa en qué Dios crea, o si cree o no en Dios. No, solamente yo le deseo lo mejor, en una dosis de ánimo. Y si cree en Dios pido para que ese Dios -el que sea que él o ella crea- le traiga todo lo bueno que necesita.
Muchas veces me dan ganas de decir “arriésgate”, para que salga a vivir la vida, para que salga a conocer el mundo, para que comience a hablar con el del lado, para que dé las gracias y reciba de vuelta una sonrisa. Ese es el riesgo, vivir la vida.
Arriésgate a caminar sobre la pandereta, como cuando eras pequeño, antes que te dijeran “ten cuidado porque te puedes caer”. Es preferible decirle ahora a tu niño interno “sé cuidadoso y mira bien donde pisas para que llegues al otro lado”. Eso le enseña a tomar riesgos, y a tomar la vida en sus manos, no conociendo los límites antes de conocer el territorio como se quiere que hagan siempre los niños. Cuando teníamos 10 meses comenzamos a levantarnos del suelo y a poner la cabeza en alto. Eso es un riesgo. Si no hubiéramos sido alentados a caminar andaríamos aún a gatas.
¿Cómo conocer el amor en la vida si no te arriesgas a vivirlo?
¿Cómo conocer otros lugares del mundo si no te arriesgas a viajar?
¿Cómo conocer la maravilla de lo que encierran los libros si no te arriesgas a leerlos?
¿Cómo vivir la maravilla del conocimiento si no te arriesgas a la soledad del estudio persistente?
¿Cómo conocer la maravilla que encierra la otra orilla del río si no te atreves a nadar?
Es posible que los riesgos de vivir la vida te intimiden. Más aún si has tenido experiencias dolorosas anteriormente. Sin embargo, el dolor es parte del aprendizaje, y a veces llega para sacarnos del letargo y remecernos un poco -o mucho- y nos demos cuenta de hacia dónde es conveniente que nos movamos.
Arriésgate a vivir la vida, merece ser vivida. Piensa un instante en la aventura de Colón y en las consecuencias que ello tuvo. Y en las condiciones en que se aventuró. Arriésgate.
Que Dios nos bendiga a todos, especialmente cuando nos arriesgamos.
La medicina actual nos ha tratado de convencer –y vaya que lo ha logrado- que el hacerse exámenes periódicamente, y que mientras más complejos y numerosos sean ellos mejor será entonces la seguridad del proceso, servirá al objetivo de prevenir las posibles enfermedades. Sin embargo, en el mundo actual en que cuesta enormes sacrificios personales mantener la medicina de alta tecnología que se ha desarrollado no se ha podido prevenir sino solamente detectar precozmente. Y eso es el asunto importante. Con tanta tecnología y con tanta inversión en estudios ha sido una tarea imposible el prevenir, siendo lo único importante la detección precoz. Pero, ¿es lo mismo? Es posible que en la interpretación de los numerosos exámenes e imágenes pueda llegarse a algo cercano a la prevención, pero para llegar a ello es necesario saber cuál es “la amenaza a combatir”, en el lenguaje de la medicina occidental.
Existe una ley inmutable y además inexorable, y es la ley de causa y efecto, o ley del karma. Esta es la ley del equilibrio que pone al hombre ante la misma situación una y otra vez hasta que por medio de sus acciones la supere, una vez aprendida la lección. Entonces, a cada acto humano –y también a los pensamientos- le corresponde uno en dirección opuesta. Los que han estudiado física conocen la tercera ley de Newton, o ley de acción y reacción, que enuncia que a cada fuerza ejercida sobre un cuerpo este responde con una fuerza de igual magnitud pero de sentido y dirección contrarios. Lo mismo pasa en la existencia humana, en que todos nuestros actos son nivelados, más temprano que tarde, por un movimiento en dirección inversa. Este tema fue presentado en
Me sorprendí cuando una gran amiga –amiga de verdad- me envió un e-mail para saludarme por haber sobrepasado las 50 mil visitas en el blog. Mi sorpresa no es por su saludo, ya que ella acostumbra a estos delicados detalles que le dan alegría a la vida, sino por el hecho de la cantidad de personas que se pasan por aquí para leer lo que he comenzado a escribir y a hacer público. Este blog nació sin más pretensión que ser un lugar desde donde dar a conocer algunas ideas, conceptos y formas de ver las cosas para ayudar a la reflexión, ingrediente esencial para poder ser mejores personas, y contribuir a poner un granito de arena de Luz en las montañas que necesita la Tierra.
Son comunes las advertencias que me hacen algunas personas acerca de mi calidad de “extraño” o “raro” o “esotérico”, ya que ella, a su juicio, causa rechazo en ciertas personas. Puede que ese rechazo en ocasiones sea cierto –y a veces lo percibo, es verdad-, sin embargo no se convierte ello en mi preocupación debido a que no falto a ninguna regla ni provoco mal alguno. Solamente digo lo que sé –lo que trato de hacer en forma suave, por lo general-, y algunas cosas de las que me voy dando cuenta, y que forman parte del recorrido en esta vida. Lo que sí es claro es que no le entrego mi poder a los asuntos del ego o a las manipulaciones de la ambición. En los últimos días hemos asistido a una exposición de las debilidades humanas más grandes de los últimos tiempos como ha sido el publicitado mini apocalipsis de la fiebre porcina que aniquilaría al mundo sin contemplaciones. El miedo ha llegado a corroer a personas que son consideradas como muy inteligentes, cultas, influyentes y con poder de decisión. Este miedo no les permite razonar ni reflexionar suficientemente profundo para llegar a descubrir lo evidente. Comprendo que el miedo haya hecho presa de aquellos en los cuales se ha arraigado por condiciones culturales, sociales o educacionales precarias, sin embargo me resisto a creer que domine a algunos y algunas que claramente tienen los recursos personales para dilucidar el dilema. Pero sucede.
La palabra esotérico es utilizada como un término descalificador y hasta discriminatorio por quienes ven en ello algo oscuro, liviano, poco riguroso y simple. Sin embargo nada está más lejos de la verdad que esos prejuicios.
A no dudarlo, el miedo es una de las emociones que se imponen con regularidad en el mundo. Este tema de la publicitada fiebre porcina, rebautizada ahora como influenza humana –al menos se está exculpando a los marranos de este “flagelo” y ya uno de los jinetes del apocalipsis no tiene las orejas puntiagudas ni la cola enroscada- ha puesto en evidencia la facilidad que presentamos los seres humanos de ser manipulados por otros. La manipulación es claramente enemiga del amor, porque precisamente no permite que se desarrollen las condiciones en que este florece y llene de felicidad lo que toque.