Hace un par de semanas atrás, coincidiendo con un seminario de actualización para terapeutas en Terapia de Vidas Pasadas que dio mi profesor José Luis Cabouli en Buenos Aires, fui invitado a compartir micrófonos en el programa Menage a trois que conduce mi amiga y condiscípula Laura Cardellini y que se transmite los jueves a las 21:00 en Radio Cristal de Buenos Aires, por el 89.7 FM. En esta especial oportunidad el tema a tratar eran los extraterrestres.
Uno de los panelistas, Marcelo Lippi, antes de comenzar el programa me consultó si era yo un ufólogo, es decir un investigador del fenómeno de los ovnis, a lo cual respondí que no lo soy, sino que lo que me interesa y es mi afán solamente el tratamiento terapéutico de los resultados de las abducciones extraterrestres y que el paciente sane sus emociones, y que los avistamientos de naves extra planetarias y otros detalles adjuntos no son de mi interés actual. La pregunta de Marcelo es común entre las personas, quienes no pueden entrar en detalles que van más allá de lo material, es decir, solamente aquello que pueden ver y tocar, y no pueden romper la barrera que deja entrar al más allá, a lo que hay tras los sentidos, a lo acostumbrado, a lo aprendido. Sin duda alguna, este buen hombre, no imaginaba lo que hablaríamos en el programa en el cual él lleva la voz cantante por su amplia experiencia y amor a esa actividad.
Las personas comunes no imaginan –y debo confesar que hasta no ha mucho yo tampoco- que suceda y haya sucedido desde antiguos tiempos el fenómeno de las abducciones por extraterrestres. Abducción significa literalmente secuestro, y es precisamente lo que hacen estos seres, y es un asunto que trae múltiples consecuencias en la vida de los afectados, especialmente en la salud física y en conflictos emocionales de diferente grado.
El fenómeno de la abducción extra terrestre tiene, según relatan los pacientes, ya sea en estado de conciencia expandida o en estado de conciencia normal, siempre la misma estructura y proceder. En estado de conciencia normal no es común que las personas relaten sus experiencias, debido fundamentalmente a que se les tachará de locos y pronto los médico siquiatras les llenarán de químicos y tratarán de internarle en algún establecimiento de “salud” mental. Y los sicólogos tampoco sirven porque los enviarán donde los anteriores. Por lo tanto prefieren guardar sus experiencias para ellos mismos o para un círculo muy pequeño y seguro.
La experiencia comienza con la aparición de extraños seres, algunos en forma y apariencia humana, que aparecen cuando se atraviesa algún proceso emocional especialmente significativo. Aparecen de la nada, pueden atravesar paredes sólidas, y su lenguaje es telepático. Nunca las personas relatan haber sentido temor ante su presencia sino, por el contrario, sienten mucha paz y tranquilidad. Muchas narran ver una brillante luz blanca, hacia la cual se sienten atraídas, algunas otras refieren escuchar un ligero zumbido, y al estar en contacto con estos seres se sienten cobijadas, comprendidas y acogidas. El objetivo de los seres extraterrestres es lograr que los contactados entreguen su consentimiento –ley de los universos para poder hacer cualquier intervención- para llevarlos a la nave a realizar la misión que se les ha encomendado. Por lo general el consentimiento es obtenido en forma engañosa, prometiéndole a la persona afectada algún beneficio que no guarda relación con lo entregado. Por ejemplo, un jovencito de 10 años estaba particularmente triste por no haber algún amiguito con quien jugar, y se sentía bastante apenado y melancólico. Aparecen estos seres, desde alguna parte, y le preguntan si quieren que le acompañen por un rato y si quiere jugar. El niño pregunta que a qué cosa y ello contestan que a lo que quiera él. Cuando el pequeño dice que sí, en ese momento, es abducido y llevado a la nave, como si fuera chupado en un haz de luz. Dentro de la nave es puesto sobre una camilla metálica e inmovilizado, sin necesidad de cuerdas, y sin que él se dé cuenta siquiera. En este lugar, que los pacientes describen como correctamente iluminado, limpio, aséptico, circular, o semicircular, con máquinas metálicas y tableros y equipos electrónicos, igual a un quirófano de alta tecnología, se le practican procedimientos médico quirúrgicos de variado tipo. Son comunes los sondajes recto intestinales, los procedimientos urológicos y ginecológicos, exámenes manuales, instrumentales, extracción de muestras de tejidos –cabellos, piel, óvulos-, fluídos –sangre, semen-, etc. También proceden a dejar implantes en zonas específicas del cuerpo –nariz, mentón, frente, cerebro, hipófisis, manos, brazos, piernas, dedos, corazón, etc.- y a colocar sensores para monitoreo desde las naves.
El objetivo de todo ello no es otro que experimentar con los contactados, y obtener información sobre el funcionamiento del cuerpo humano. Una de las experiencias que describen habitualmente los y las pacientes son las de reproducción híbrida –humana-extraterrestre-, con el fin de crear una raza nueva que permita sobrevivir a la alienígena, cuya existencia está amenazada por alguna razón que no es del caso analizar ahora. Otro objetivo es poder tomar de la energía de los seres humanos, que la transmiten por medio de los sensores, para aprovecharla ellos.
Dentro de los relatos más impactantes están los de mujeres que han sido abducidas y fecundadas con óvulos híbridos. Ellas cobijan el ser durante un tiempo y luego les es extraído el feto, el cual toman y se lo llevan a algún lugar. Es notorio que las abducciones de jovencitas pre y púberes se produce para extraerles óvulos.
Como terapeuta mi trabajo va dirigido a la sanación de las emociones de los pacientes, y en los abducidos las secuelas emocionales son variadas: miedos –agujas, hospitales o quirófanos, viaje en avión, oscuridad-; fobias; bloqueos; depresiones; crisis de pánico; ansiedad grave; insomnio; obesidad; cefaleas; trastornos sexuales; confusión mental, etc.
Sin embargo, algunos de los abducidos presentan un conflicto muy profundo, que se ha dado en llamar el shock ontológico, vale decir, el trauma de la significación del ser, su trascendencia y sus características fundamentales, dentro de la cual está la relación con algún ser superior. Cuando sucede la abducción o secuestro los abducidos relatan que no hay ayuda posible y no la obtienen, y al estar en la mayor de las indefensiones no reciben ayuda de ese ser que ellos invocan. Este parece ser uno de los traumas más importantes. “Nadie me puede ayudar”.
Hay algunas complicaciones físicas que me ha sido posible observar como experiencias en el camino terapéutico, como son la obesidad, la sangre de narices, los abortos espontáneos y el insomnio. La obesidad pareciera ser una constante en aquellos a los cuales se les experimenta en la hipófisis –glándula especializada ubicada en el cerebro encargada de la producción hormonal, y que estudian para conocer el funcionamiento reproductivo y sexual-, al alterarse su funcionamiento. La sangre de narices se produce porque llegan a través de ella al cerebro y a la hipófisis, utilizando instrumentos quirúrgicos que destrozan los tejidos internos. Los abortos espontáneos se producen porque retiran los óvulos fecundados después del tiempo necesario. Por último el insomnio se produce porque el paciente no quiere quedarse dormido, porque es en la noche cuando duerme cuando lo abducen desde su cama. Esto último es muy aterrador. Las abducciones de este tipo se han dado en llamar como “visitantes nocturnos”.
No soy investigador del fenómeno de los ovnis. Soy solamente un terapeuta y me mueve únicamente ayudar a sanar las emociones de quienes solicitan mi asistencia.
Ese es uno de mis servicios a la humanidad, porque a eso vine, a servir.
Que Dios nos bendiga a todos.

La medicina actual nos ha tratado de convencer –y vaya que lo ha logrado- que el hacerse exámenes periódicamente, y que mientras más complejos y numerosos sean ellos mejor será entonces la seguridad del proceso, servirá al objetivo de prevenir las posibles enfermedades. Sin embargo, en el mundo actual en que cuesta enormes sacrificios personales mantener la medicina de alta tecnología que se ha desarrollado no se ha podido prevenir sino solamente detectar precozmente. Y eso es el asunto importante. Con tanta tecnología y con tanta inversión en estudios ha sido una tarea imposible el prevenir, siendo lo único importante la detección precoz. Pero, ¿es lo mismo? Es posible que en la interpretación de los numerosos exámenes e imágenes pueda llegarse a algo cercano a la prevención, pero para llegar a ello es necesario saber cuál es “la amenaza a combatir”, en el lenguaje de la medicina occidental.
Existe una ley inmutable y además inexorable, y es la ley de causa y efecto, o ley del karma. Esta es la ley del equilibrio que pone al hombre ante la misma situación una y otra vez hasta que por medio de sus acciones la supere, una vez aprendida la lección. Entonces, a cada acto humano –y también a los pensamientos- le corresponde uno en dirección opuesta. Los que han estudiado física conocen la tercera ley de Newton, o ley de acción y reacción, que enuncia que a cada fuerza ejercida sobre un cuerpo este responde con una fuerza de igual magnitud pero de sentido y dirección contrarios. Lo mismo pasa en la existencia humana, en que todos nuestros actos son nivelados, más temprano que tarde, por un movimiento en dirección inversa. Este tema fue presentado en
Me sorprendí cuando una gran amiga –amiga de verdad- me envió un e-mail para saludarme por haber sobrepasado las 50 mil visitas en el blog. Mi sorpresa no es por su saludo, ya que ella acostumbra a estos delicados detalles que le dan alegría a la vida, sino por el hecho de la cantidad de personas que se pasan por aquí para leer lo que he comenzado a escribir y a hacer público. Este blog nació sin más pretensión que ser un lugar desde donde dar a conocer algunas ideas, conceptos y formas de ver las cosas para ayudar a la reflexión, ingrediente esencial para poder ser mejores personas, y contribuir a poner un granito de arena de Luz en las montañas que necesita la Tierra.
Son comunes las advertencias que me hacen algunas personas acerca de mi calidad de “extraño” o “raro” o “esotérico”, ya que ella, a su juicio, causa rechazo en ciertas personas. Puede que ese rechazo en ocasiones sea cierto –y a veces lo percibo, es verdad-, sin embargo no se convierte ello en mi preocupación debido a que no falto a ninguna regla ni provoco mal alguno. Solamente digo lo que sé –lo que trato de hacer en forma suave, por lo general-, y algunas cosas de las que me voy dando cuenta, y que forman parte del recorrido en esta vida. Lo que sí es claro es que no le entrego mi poder a los asuntos del ego o a las manipulaciones de la ambición. En los últimos días hemos asistido a una exposición de las debilidades humanas más grandes de los últimos tiempos como ha sido el publicitado mini apocalipsis de la fiebre porcina que aniquilaría al mundo sin contemplaciones. El miedo ha llegado a corroer a personas que son consideradas como muy inteligentes, cultas, influyentes y con poder de decisión. Este miedo no les permite razonar ni reflexionar suficientemente profundo para llegar a descubrir lo evidente. Comprendo que el miedo haya hecho presa de aquellos en los cuales se ha arraigado por condiciones culturales, sociales o educacionales precarias, sin embargo me resisto a creer que domine a algunos y algunas que claramente tienen los recursos personales para dilucidar el dilema. Pero sucede.
La palabra esotérico es utilizada como un término descalificador y hasta discriminatorio por quienes ven en ello algo oscuro, liviano, poco riguroso y simple. Sin embargo nada está más lejos de la verdad que esos prejuicios.